SEGUNDO CONCIERTO FILARMÓNICO TEMPORADA 2024

           ORQUESTA FILARMÓNICA DE SANTIAGO SEGUNDO CONCIERTO 2024.

El segundo concierto de la Temporada 2024, de la Orquesta Filarmónica de Santiago, consultó un programa de enorme interés para el público, que agotó completamente ambas funciones, con una audiencia que vio ampliamente satisfechas sus expectativas.

Con Roberto Rizzi Brignoli en el podio, la orquesta sigue confirmando, el altísimo nivel en que se encuentra, por ello la respuesta entusiasta de los presentes ante cada obra del programa.

Este se inició, con la que sin duda, es la obra más popular de Samuel Barber, el famoso “Adagio para cuerdas”, cuyo original pertenece al segundo movimiento de un Cuarteto del mismo Barber, a su vez el compositor, realizó el arreglo para cuerdas, que se estrenó en 1938, con la Orquesta de la NBC, dirigida nada menos que por Arturo Toscanini, en versión desde el estudio de la Radio, luego en 1940, fue parte del repertorio de la orquesta en una gira, convirtiendo la obra en éxito internacional, incorporándose al repertorio de prácticamente todas las orquestas.

El director Roberto Rizzi Brignoli, dirigiendo la obra de Barber. foto Patricio Melo

La versión de Rizzi Brignoli, rescató los aspectos mágico místicos, con una expresividad contenida de gran efecto, desde el pianissimo del comienzo y en su desarrollo, la batuta destacó los temas de cada una de las cuerdas, en un fraseo limpio a la vez que expresivo, los elocuentes aplausos, agradecieron la sensible versión.

Martina Filjak, una espectacular pianista croata, debutó en nuestro país, con un de los conciertos más célebres de todos los tiempos, nos referimos al Segundo Concierto para piano y orquesta de Sergei Rachmaninov, obra que el mismo compositor estrenó en 1901, y que representa fielmente su estilo, el que no abandonaría nunca, a pesar que muchos esperaban que asumiera las nuevas tendencias, no transó, incluso en 1934, tocando él como solista, estrenó con la Orquesta de Filadelfia, su bellísima “Rapsodia sobre un tema de Paganini”, dirigiendo Leopoldo Stokowski, con enorme éxito.

El Concierto al igual que la Rapsodia, exudan pasión y romanticismo, y como todas sus obras, también estas son de gran complejidad técnica, y en particular, el segundo concierto, está atravesado por melodías entrañables y sensibles, tanto en el piano, como en la orquesta, la que además es muy exigida.

Martina Filjak y Roberto Rizzi Brignoli, durante el Concierto de Rachmaninov. foto Patricio Melo

Martina Filjak, impresiona no solo por su espectacular técnica, también, porque es muy hermosa. Ella combina con naturalidad fuerza y dulzura, nunca es sobrepasada por la orquesta, aunque esté en fortissimo, y no solo eso, porque además es muy numerosa.

El comienzo solemne, dio paso al tema principal, en el que los arpegios de la solista, se fundieron natural y musicalmente con la orquesta, en el desarrollo hizo lujos con los juegos dinámicos, dulces piano, con poderosas arremetidas de virtuosismo, en los que demostró prodigiosa digitación, acompañada siempre certeramente por la batuta de Rizzi Brignoli, el rotundo final de este primer movimiento, llevó a gran parte del público a aplaudir espontáneamente.

El segundo es esencialmente lírico, lo que permitió a la solista, desplegar una exquisita musicalidad, en los sensibles diálogos con la orquesta, las partes rítmicamente contrastantes en velocidad, fueron de total precisión, y al igual que en resto del concierto, los ascelerando o ritardando, fueron absolutamente concordantes.

Martina Filjak (piano) y la Filarmónica dirigida por R. Rizzi Brignoli en Rachmaninov. foto Patricio Melo

Este movimiento se enlaza con el tercero, que tiene al comienzo particularmente,tiene un carácter casi marcial, con mucha percusión, de las que debemos alabar sus contrastes dinámicos. En esta parte la solista abrumó con la perfección de fraseos y articulaciones y gran despliegue virtuosístico, la progresión dramática fue de tal impacto, que luego de los acordes finales, el público estalló en larguísimas ovaciones, que premiaron el estupendo desempeño de Martina Filjak, de quien deseamos que vuelva pronto a este escenario, tanto como solista, en el inolvidable ciclo “Grandes Pianistas”, o con otro concierto con orquesta.

El desempeño de la Filarmónica, fue de altísimo nivel, no olvidemos las exigencias para los bronces, tanto como para las otras familias, que respondieron con excelencia.

Martina Filjak, Roberto Rizzi Brignoli y la Orquesta Filarmónica, agradecen las ovaciones. foto Patricio Melo

La Sinfonía Nº 4 en Fa menor, de Piotr Ilich Tchaikovsky, cerró brillantemente la jornada. La sinfonía conocida también como Fatum, o destino trágico inevitable, fue escrita luego del rompimiento de su tormentoso matrimonio, y después de iniciar esa extraña relación, con la Baronesa Nadezhda von Meck, que se convirtió en su mecenas, la que le había solicitado al compositor, “no verse nunca”, la obra, quiso dedicársela a ella, pero no se concretó.

La sinfonía es de gran complejidad para la orquesta, con importantes desafíos técnicos y partes muy expuestas, las maderas tienen solos de importancia, y los bronces deben lidiar no solo en grupo, también tienen frases a solo, muy claves, las cuerdas como base melódica, no solo deben “cantar”, pues tienen también un complejo movimiento en pizzicato, mientras que, las percusiones deben ser certeras y musicales.

La fanfarria de los cornos y fagotes, con que se inicia la obra, y que algunos la comparan, con los cuatro acordes de la Quinta de Beethoven, por su alusión al destino, estará presente de alguna forma en el desarrollo de la obra, acentuándose en el último movimiento, en forma perentoria.

De allí en adelante Rizzi Brignoli, destacó las secciones contrastantes, con un verdadero derroche de musicalidad, con cada instrumentista dando todo por la interpretación, tanto en las secciones de bravura, como en las calmas y sensibles.

Tchaikovsky tomó como tema para algunas de sus obras, canciones o danzas populares rusas, y un buen ejemplo está en el melancólico segundo movimiento, cuyo tema eje, lo presenta el oboe solista, de muy buen desempeño, el tema es traspasado al resto de las familias, manteniendo siempre su carácter, mientras generalmente las maderas realizan figuraciones sobre el tema. Luego de un perfecto y expresivo desarrollo, el movimiento se disuelve en diversos instrumentos, hasta que lo concluye el fagot.

El tercero, Scherzo, pizzicato ostinato, fue de impresionante perfección, pues a ello debemos agregar los múltiples contrastes dinámicos, desde el pianissimo al forte, siempre con musicalidad y gracia, la sección central, con intervención de las maderas, en un jubiloso tema, mostró la belleza sonora y musicalidad de estos instrumentistas, volviendo luego al tema original que se disuelve en la nada.

Riberto Rizzi Brignoli, director de la Orquesta Filarmónica de Santiago. foto Patricio Melo

El exultante inicio del cuarto movimiento, con un Rizzi Brignoli encendido, mostró todo el poderío sonoro y musical, que la orquesta puede mostrar; luego una vez más, el compositor recurre a una canción popular, que alude a un abedul, que desarrolla en timbres y colores diversos, mediante juegos rítmicos, a esta altura, del desarrollo, se confirmaron todos los valores que el conjunto ha adquirido, así se llegó al rotundo final, que provocó una ruidosa y muy larga ovación con gritos incluídos, un gran éxito del director Roberto Rizzi Brignoli y la Filarmónica de Santiago.

Gilberto Ponce (CCA

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