OCTAVA DE MAHLER UN HITO MUSICAL Y CULTURAL.

      OCTAVA SINFONÍA DE MAHLER POR PAOLO BORTOLAMEOLLI.

La Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles de Chile (FOJI), que sin duda alguna, es una de las iniciativas culturales de mayor relevancia de nuestro país, está celebrando 30 años de vida y fructífera labor.

Iniciativa, que liderada por ese visionario que fue Fernando Rosas, ha venido, desde sus inicios desarrollando una labor clave, en la vida de los miles de jóvenes que se han integrado a ella, abriendo sus mundos a intereses, que tienen que ver con lo mejor del espíritu humano; las Artes y en particular la Música.

Pero es preciso señalar que su labor no concluye en esos jóvenes, pues consecuentemente se traspasa a sus familias y a las comunidades que les rodean, generando un círculo virtuoso que se ha ido ampliando generosamente en el tiempo; para aquellos que quieran saber más del significado de esta afirmación, le invitamos a ver el magnífico documental; “Valor para seguir tocando”, que recorre esta experiencia a través de todo el país, incluida la Isla de Pascua.

Los solistas; Constanza Olguín soprano, Andrea Aguilar soprano, Evelyn Ramírez contralto, Camila Guggiana soprano, Ramiro Maturana, barítono y María Luisa Merino mezzosoprano, previo al concierto.  foto foji

Rosas se inspiró en el modelo de la orquestas juveniles de Venezuela, creado por el maestro Abreu, llamado “El Sistema”, tanto como en la Orquesta Juvenil de la Serena del maestro Peña Hen, logrando una verdadera revolución cultural y musical en nuestro país. La iniciativa contó con la irrestricta colaboración de la señora Luisa Durán, quien fue la primera “madrina” de la fundación, luego las siguientes primeras damas, se incorporaron siempre con el mayor entusiasmo en el apoyo a la iniciativa.

El trabajo de las orquestas, se distingue por su seriedad, y tanto es así que la Orquesta Nacional Juvenil, no solo ha realizado exitosas presentaciones en Chile, también lo ha hecho en el extranjero con señalado éxito, sin duda un hito fue su presentación el la principal Sala de conciertos de Viena, destacaremos que por el podio han pasado los mejores directores, siendo su actual director, el ya afamado Paolo Bortolameolli, que sucedió en el cargo a Maximiano Valdés.

Los solistas Juan Pablo Dupré tenor y Sergio Gallardo bajo, antes del concierto. foto foji

La calidad, es la meta de las Foji, y esta se ha mantenido e incrementado en el tiempo, y sus egresados – que deben hacerlo al cumplir 24 años-, están entregando su calidad, en orquestas profesionales, tanto chilenas, como en el extranjero.

Paolo Bortolameolli, quien ya es una figura internacional, creyó oportuno celebrar estos 30 años, con el estreno en Chile, de una de las obras más desafiantes y complejas, jamás escrita, la Sinfonía Nº 8 en Mi bemol mayor de Gustav Mahler, que se conoce también como “De los Mil”, porque su compositor la imaginó con esa cantidad de intérpretes, aunque no aprobó que la llamaran así, pero en la actualidad se ejecuta con una cantidad menor de músicos, como fue en este caso, donde con la orquesta y coros sumaron cerca de 600, lo que obligó a buscar un lugar que permitiera esa cantidad, y recibiera a su vez, una gran cantidad de público. Se llegó entonces al mítico Teatro Caupolicán, que además ofrece una estupenda acústica.

No olvidemos allí se han presentado entre otros espectáculos, la Filarmónica de Santiago, la Sinfónica Nacional, la Filarmónica de New York, sin olvidar a Claudio Arrau, por ello ese recinto reunía las característica requeridas, la gran orquesta en un escenario que ocupó más de la mitad de la platea, junto a siete de los solistas y al coro de niños, y en la platea alta y parte de la galería los coros adultos, la soprano solista, y al frente de ellos entre platea alta y galería, los siete bronces que intervienen en el final de los dos movimientos que configuran la obra.

Vista general, al centro de la platea la orquesta, solistas y coro de niños, a la derecha en platea alta y galería los coros adultos, a la izquierda parte del público. foto foji

Esta sinfonía, una vez más, muestra esa constante búsqueda espiritual, que acompaño a Mahler a lo largo de toda su vida, y en ella queda claro el triunfo del Amor, a través de la Salvación.

La obra está estructurada en dos partes, la primera utilizando el texto latino de Pentecostés; Veni Creator Spiritus (Ven Espíritu Creador), que es exultante en su glorificación; y en la segunda, en alemán la más más extensa, cuyos textos pertenecen al final del Fausto II de Goethe, que es cuando Fausto se salva gracias a la contemplación del “Eterno Femenino” o la “Mater Gloriosa” (la Virgen María) llevado hasta ella por Margarita, la que antes fuera traicionada por Fausto, y a pesar de ello, esta pide a la Virgen por el alma de Fausto.

Con una duración de más de noventa minutos, la obra no es solo un desafío por su extensión, lo es también por las colosales exigencias que presenta tanto para instrumentistas, como para coros y solistas vocales, los que deben cantar casi siempre en los límites de su tesitura, luchando por sobreponerse a la enorme masa instrumental y a los coros.

                        Todos los intérpretes al inicio de la Sinfonía. foto foji

Estas características, exigen del director un conocimiento profundo no solo de la partitura, también debe entender la relación que existe entre los textos y la música, y sin duda, adentrarse en el porqué, Mahler utilizó esos textos, entendiendo además las circunstancias por las que pasaba el compositor en ese momento de su vida.

Como vemos, nada de lo anterior sencillo, pero no nos cabe duda, que Bortolameolli ya alcanzó la madurez necesaria, como para enfrentar este, y muchos de los desafíos que en el futuro deberá enfrentar, tiene como respaldo su rigurosidad en el estudio, lo que le otorga seguridad, como la que apreciamos en esta oportunidad, en él no hay improvisaciones, todo es producto del trabajo serio, con que enfrenta sus programas.

Apreciamos la férrea unidad, que le dio a su versión, incluso en esa aparente disparidad, entre cada una de sus partes, fue profundo y exultante, lírico y poético, sus tempi, no tuvieron nada de arbitrarios, respondieron al carácter preciso que quiso darle, a cada de las múltiples secciones de la obra. Su enfoque dinámico fue sólido tanto en sus bellísimos pianísimos como en los fortíssimos, acentuó algunos textos, y varió la velocidad, según lo pedían textos y música.

Momento de la primera parte, director, solistas masculinos, parte de la orquesta y coros de niños y adultos. foto foji

Qué decir de la magia del coro con eco, o la transición hacia el glorioso final, cómo no mencionar el manejo de las masas sonoras de la primera parte, que fueron resueltas con asombrosa claridad, o bien haciendo unitario el canto de los solistas y el coro, destacándolos cuando era preciso, manejando los volúmenes orquestales, para que fueran soporte o protagonista.

La extensa introducción orquestal de la segunda parte, fue casi pictórica a la vez que musicalmente poética, antes del ingreso de los personajes diseñados por Goethe, personajes asumidos por los siete solistas del escenario y la soprano desde las alturas.

Las tres trompetas y cuatro trombones, tocando desde el límite de la platea alta. foto foji

La Orquesta Nacional Juvenil y sus invitados, demostraron largamente su excelente formación, puesto que durante toda la función tocaron con un profesionalismo, de nivel internacional, siempre alertas a las indicaciones de la batuta, fraseando y articulando con maestría; el hermoso sonido de las cuerdas, de afinación impecable, los solos del concertino, la solidez certera de las maderas, y sus solistas, los bronces maravillaron con sus sólidos forte y musicales piano, a las percusiones solo les cabe, «brillantes»; estupendo el desempeño del órgano; en suma una gloriosa celebración de sus 30 años.

Si en algún momento, alguien dudó de la capacidad de los cantantes nacionales, para asumir los solos de la sinfonía, todos ellos confirmaron un nivel propio del desafío, logrando un desempeño digno del mayor elogio.

Andrea Aguilar, fue la primera soprano (Magna Peccatrix), creemos que esta ha sido, su trabajo más sobresaliente, dentro de muchos otros, aquí debe cantar casi siempre en el extremo de la tesitura, además de ser muy exigida en volumen, fue brillante, musical y expresiva, con estupendo fraseo y siempre en comunión con el resto.

Una muy grata sorpresa fue Constanza Olguín, a quien no habíamos escuchado, fue la segunda soprano (Margarita), tiene hermosa voz, muy afinada, con poderosos agudos y es muy expresiva.

Cantando desde las alturas, entre el público, Camila Guggiana, quien como tercera soprano, fue la Mater Gloriosa (Virgen María) con bella voz e intencionalidad, asumió el breve papel que le asigna Mahler.

                 Paolo Bortolameolli en plena dirección de la Sinfonía.  foto foji

María Luisa Merino, a quien habíamos escuchado antes, fue la primera contralto, (Mulier Samaritana), mostró un hermoso y sólido timbre, sin problemas en sus grandes saltos de tesitura, y muy expresiva, realizando un sobresaliente trabajo.

Evelyn Ramírez, como María Aegyptiaca, asumió como segunda contralto, poniendo al servicio de la obra, todas sus innumerables condiciones vocales, bellísimo y expresivo timbre, y musicalidad a toda prueba.

Un tremendo desafío fue para el tenor Juan Pablo Dupré, asumir como Doctor Marianus (Alma transformada de Fausto), por la enorme cantidad de feroces agudos de ambas partes, cantando siempre con musicalidad e intención, logrando un merecido éxito.

Ramiro Maturana el barítono, cantó con extrema musicalidad y poderosa voz, tanto en la primera parte y posteriormente como Pater Ecstaticus, con su bello y característico timbre, lo hizo con prestancia y notable fraseo, por ello obtuvo un rotundo éxito.

Pater Profundus, lo cantó el bajo Sergio Gallardo, con una certera aproximación a los textos tanto de la primera como en la segunda parte, mostrando gran volumen, además de su acostumbrada musicalidad.

              Todos los intérpretes en la segunda parte, desde otro ángulo.  foto foji

Los Coros son piedra angular en la obra, siendo sometidos a exigencias monumentales, a manera de ejemplo los agudos de las sopranos, algo parecido ocurre con los tenores, mientras que los bajos deben cantar notas muy graves y agudos desafiantes, mientras que, exigidas en tesitura las contraltos deben aportar con su timbre a la textura sonora, no obstante estas dificultades, todos los coros las salvaron con excelencia, hermosos y sólidos fortes y entrañables pianíssimos.

Con plena satisfacción podemos decir, que todos los coros participantes aportaron generosamente al éxito de la empresa, todos se fundieron a partir de sus experiencias, en un todo soberbio, tanto los adultos como los niños, para los que, sin duda esta experiencia sin duda les acompañará para siempre.

                 Parte de la orquesta y el Coro de Niños y Niñas.  foto foji

Participaron:

Coro de niñas y niños FOJI, directora Cecilia Barrientos

Coro Liceo Carmela Silva Donoso, director Fernando Pavéz

Coro Polifónico de Rancagua y Coro de la Universidad de Concepción, dirigidos por Eduardo Díaz

Coro de la Universidad de Santiago de Chile, director Andrés Bahamondes.

    La soprano Camila Guggiana cantando  desde el límite de la platea alta. foto foji

Coro de la Fac, de Humanidades y Educación de la Universidad de Valparaíso, directora Ximena Soto

Coro Alumni UC; Coro Singkreis Arturo Junge y Coro de la Facultad. De Ciencias Químicas de la Universidad de Chile, dirigidos por Karin Friedli

Coro de la Escuela de Ingeniería UC, director Eduardo Jahnke.

El director Paolo Bortolameolli, agradece a todos los intérpretes la estupenda participación en el estreno en Chile de la Octava Sinfonía de Mahler, foto foji

De esta forma, se completó en nuestro país, con una ovación de más de quince minutos, el ciclo de las sinfonías de Gustav Mahler, con esta Octava convertida en hito musical, que será recordado como uno de los grandes eventos culturales de los últimos tiempos, el que fue dirigido estupendamente por el gran director chileno Paolo Bortolameolli.

     Conmocionado Paolo Bortolameolli, agradece las interminables ovaciones.  foto foji

Gilberto Ponce (CCA)

Se nos ha comunicado que la fecha de la transmisión de este concierto, por TVN, será durante el mes de marzo.

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SÓLIDA SINFONÍA RESURRECCIÓN DE GUSTAV MAHLER.

PAOLO BORTOLAMEOLLI Y LA SINFONÍA RESURRECCIÓN DE MAHLER.

No existe duda, que todo artista deja algo de sí en las obras que crea, y es en esa verdad donde radica la grandeza de su arte; sabemos que Beethoven se sentía obligado a exponer su filosofía de vida en sus obras; por ello no es extraño que otro de los grandes, Gustav Mahler (1860 – 1911), también lo hiciera, más aún, si tuvo una vida personal azarosa, que incluyó una constante búsqueda espiritual y religiosa, tanto es así que dejó muchas de estas inquietudes, dudas y certezas plasmadas en sus partituras, algunas de las cuales, y para ser más explícito aún, llevan textos que exponen o dan pistas sobre ello, con palabras pertenecientes a grandes poetas y pensadores, incluso de él mismo.

         Paolo Bortolameolli, en un momento de la Sinfonía. foto Patricio Melo

Una vida que se inicia en el seno de una familia judía, por ello con todas las discriminaciones propias de la época, tanto, que se sintió siempre extranjero en muchos de los lugares donde trabajó y vivió, probablemente, fueron razones que le llevaron a indagar en el panteísmo, el cristianismo, rozar los pensamientos de Nietzsche, hasta llegar incluso a bautizarse como católico. Esta heterogeneidad de ideas, nos muestran indicios de su permanente búsqueda, y han suscitado múltiples teorías para explicarlas, algunas, afirmando, que todo era producto de su ambición por el éxito, tanto como director de orquesta, así como compositor; en la vereda opuesta, otros concluyen que, toda esta incesante búsqueda, es fruto de su alma inquieta.

            El Director, en otro momento de la Sinfonía. foto Patricio Melo

La Sinfonía N.º 2 en Do menor, que se subtitula “Resurrección”, plantea sin ambages su mirada hacia la fe, desde el punto de vista católico-cristiano, y su afirmación en esta obra es tan rotunda que, ha llevado a muchos a considerar, que el haberse convertido al catolicismo, fue producto de una sólida transformación espiritual, y no, como algunos dicen, por el hecho de querer llegar a ocupar el cargo de director de la Ópera de Viena, pues afirman: no es posible fingir un sentimiento de esa profundidad; la elección de los textos y el desarrollo musical de los movimientos finales, que rozan lo místico, les confirma esa creencia.

Al igual que el resto de las obras de Mahler, esta sinfonía es un universo de imágenes, sentimientos, dudas y afirmaciones, por ello, abordarla supone un conocimiento mucho más allá de la partitura, debe existir, creemos, una mirada profunda desde la fe, sea cual sea esta, reconociendo que el hombre es una criatura de Dios, además, de entrar en el espíritu y los recovecos del compositor.

La Filarmónica de Santiago, el Coro del Teatro Municipal, las solistas Evelyn Ramírez (mezzosoprano), Yaritza Véliz (soprano) junto al director Bortolameolli. foto P. Melo 

Como vemos, nada sencillo de realizar, pero aún así, podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que Paolo Bortolameolli, tiene la madurez y el conocimiento necesarios para enfrentar esta poderosa partitura.

Su versión, revela una aprehensión, que nos hace pensar que se está transformando en un gran especialista del compositor, algo que el público que asistió al estreno de la Sinfonía, en el Teatro Municipal de Santiago, comprendió perfectamente, ovacionando de pie por diez minutos a todos los participantes de la versión; hemos sabido, que algo similar ocurrió en el resto de las funciones.

      Parte de las Cuerdas y maderas, junto a una sección del Coro. foto Patricio Melo

Bortolameolli sabe lo que quiere, algo que concreta en cada uno de los movimientos, en cuanto al carácter que estos debieran tener; en el primer movimiento, llamado “Ritos fúnebres”, que plantea todas las dudas frente a la muerte, con su inmenso horror y la pregunta eterna: “existe vida después de la muerte”; este movimiento que en su extensión, lleva al auditor por las más diversas sensaciones, a través de lo heterogéneo de su material, en cuanto a melodías, ritmos y secciones contrastantes; recibió por parte de la batuta, un desarrollo lleno de contrastes dinámicos, progresiones dramáticas y una coherencia de correlato, de primer orden.

Las solistas Evelyn Ramírez mezzosoprano, y Yaritza Véliz soprano. foto Patricio Melo

La Filarmónica, muy atenta, respondió a cada uno de sus requerimientos con sólido sonido. Algo similar ocurrió con el segundo movimiento, que se aparta de los fúnebres pensamientos del primero, pues posee bastantes contrastes dinámicos y juega bastante con los timbres, aquí encontramos a las cuerdas y maderas desarrollando diálogos exquisitos, y no podemos dejar de destacar la sección en pizzicato de las cuerdas, de enorme gracia; solo que, a nuestro gusto, encontramos que tal vez esta parte fue llevada un poco rápido.

Los golpes de timbal que inician el tercero, nos llevan al siguiente, que parece aludir a las dudas en la fe, en el encontramos los típicos cambios de carácter de las obras de Mahler, con alusiones a lo grotesco, así como una serie de preguntas musicales, que insisten en las dudas primeras, la versión, la encontramos de primer orden.

La vuelta a la fe, reaparece en el cuarto, uno de los más profundos escritos por el autor, aquí utiliza un texto del ciclo de poemas “El cuerno maravilloso de la juventud” y requiere de la participación de una contralto o mezzosoprano, cantó en esta oportunidad Evelyn Ramírez, iniciando su participación con un impresionante pianissimo, dando un carácter casi místico a este “Urlicht o Luz prístina”, francamente conmovedor, la sección central, de afirmación en la fe fue sólida en carácter y musicalidad, la interacción solista, director y orquesta, mantuvo en vilo a los presentes.

    Plano general, todos los intérpretes en el escenario del Municipal. foto Patricio Melo

El quinto, otro de los grandes movimientos de Mahler, en el que, después de una extensa sección instrumental, que en cierta medida nos retrotrae a los movimientos anteriores, en cuanto a lo programático, y que en su heterogeneidad debe ser cuidadosamente enfocado, fue otro de los grandes triunfos de Bortolameolli, por la continuidad dentro de la diversidad, que le otorgó. Esta parte además consulta dos grupos instrumentales fuera del escenario, para aquella sección, de los llamados a la Resurrección, en esta oportunidad fueron ubicados detrás del escenario y en foyer del teatro, creando una sensación de fuerte impacto.

En la resolución del movimiento participaron las solistas, Yaritza Véliz soprano y la mezzo Evelyn Ramírez, ambas de estupendo y dramático cometido, además del Coro del Teatro Municipal (dirigido por Jorge Klastornick), cantando los textos del poema de Klopstock “Resurrección”, con frases como: ¡Resucitarás, polvo mío resucitarás, tras breve descanso!; ¡Vida inmortal te dará quien te llamó!; Oh, créelo corazón mío, créelo; lo que ha perecido resucitará; ¡deja de temblar! ¡prepárate a vivir”; ¡levantaré el vuelo hacia la luz que no ha alcanzado ningún ojo! ¡moriré para vivir!; ¡resucitarás, sí, resucitarás, corazón mío, en un instante! Lo que ha latido, ¡habrá de llevarte a Dios!

Las Solistas, el Coro y la Orquesta junto a Bortolameolli en el último movimiento de la Sinfonía Resurrección de Gustav Mahler. foto Patricio Melo

Toda esta sección, lleva a un apoteosis de increíble impacto, en una síntesis vocal e instrumental, de sólido lenguaje donde todo fluye y se desarrolla para desembocar en una afirmación instrumental, que cierra esta aventura espiritual.

    Evelyn Ramírez, cantando el emotivo «Urlicht» (Luz Prístina). foto Patricio Melo

La Filarmónica de Santiago, brillante, musical, de impecable afinación, hermoso sonido y musicales fraseos y articulaciones, las dos solistas, bellas voces, timbradas, perfectamente afiatadas, entre si y con el Coro, salvando todas las dificultades de tesitura y expresividad.

El Coro del Teatro Municipal (Jorge Klastornick), mostró una vez más su solidez, tanto en lo vocal como en expresividad; el increíble pianissimo de su entrada, quedará grabado como una de las intervenciones más hermosas que hemos escuchado, para luego durante el desarrollo, crecer hasta llegar hasta el poderoso fortissimo del final, que conmocionó a los presentes, quienes por más de diez minutos, ovacionaron la versión y a todos sus intérpretes, particularmente al director Paolo Bortolameolli.

Todos los intérpretes, agradecen las enormes ovaciones del público, luego de la estupenda versión de la Sinfonía Nº 2 en Do menor de Gustav Mahler. foto Patricio Melo

Gilberto Ponce. (CCA)

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NUEVA TRILOGÍA DEL BALLET DE SANTIAGO.

ESTUPENDA “TRILOGÍA” DEL BALLET DE SANTIAGO. (ELENCOS 1 y 2)

Sin duda alguna, el Ballet de Santiago, ha logrado posicionarse en un lugar de privilegio, en el contexto del resto de las compañías latinoamericanas, las solidez de sus principales figuras, y la consistencia que muestra permanentemente el cuerpo de baile, hace que sus presentaciones, sean ruidosamente celebradas por el público, en reconocimiento a un trabajo serio, tanto en lo técnico como en lo interpretativo.

Lo planteado, es fruto de acucioso trabajo de los diversos directores que han pasado por ese cargo, trabajo que se ha acrecentado en el transcurso del tiempo, por ello es que no dudamos en manifestar que, esta compañía es un valor que hay que cuidar en todas las instancias; alcanzar este nivel, cuesta muchos años de arduo entrenamiento, perderlo, no cuesta nada.

Final de Paquita; Emmanuel Vásquez y Katherine Rodriguez, junto a la Compañía. foto Patricio Melo

Nuestra opinión se basa en el siguiente hecho, hemos tenido la oportunidad de presenciar algunos de los ballets, con al menos con dos elencos, mostrando ambos, características de excelencia. Sin duda mientras algunos se han consolidado, otros avanzan con paso seguro en esa senda, por lo que los naturales cambios, en cualquier compañía, no serán traumáticos, ello producto de un completo plan de formación, donde la técnica y el trabajo constante juegan un rol preponderante.

El estreno de “Trilogía”, que consultó obras clásicas y contemporáneas, mostró la ductilidad del conjunto en estos diferentes estilos, algo que se percibe con naturalidad, incluso en la diversidad de las dos obras modernas, de lenguajes bastante diferentes entre si.

Paquita, que posee música de Deldevez y Minkus, en arreglos de Albena Dobreva, nos introduce de lleno al ballet clásico, en esta ocasión vimos la la coreografía de Luis Ortigoza, el actual director de la compañía, que se basa en la original de M. Petipa, contando con hermosa escenografía y vestuario de Pablo Núñez y la acertada iluminación de Ricardo Castro.

Es sabido que mucha música escrita para los ballets clásicos, es tan funcional a la danza como débil en su concepción, esta razón nos hace alabar el trabajo de Ortigoza, quien ante la ausencia de una progresión musical, construye una progresión en cuanto a dificultad técnica, y de las variaciones de sus bailarines, creando un continuo siempre atrayente, donde el público siempre aspira a más, razón que hace que tanto solos, dúos o conjuntos, consiguen espontáneos aplausos, tanto por su técnica como por su capacidad interpretativa.

                        Katherine Rodríguez, en Paquita. foto Patricio Melo

El Gran Pas de Deux, tuvo en el elenco 1 a los consagrados Katherine Rodríguez y Emmanuel Vásquez, quienes han generado una sólida dupla que da garantías por su prestancia, sensibilidad y despliegue técnico, de más está decir sobre el manejo de las variaciones, en sus respectivos solos, que causaron gran admiración, siendo objeto de merecidas ovaciones.

En elenco 2, vimos a una pareja en plena consolidación, Laleska Seidel y Gustavo Echevarría, ella muy grácil y sensitiva, con estupenda técnica y sentido de pareja, tanto como con el resto del cuerpo de baile, él mostrando presencia escénica y sólida técnica, convirtiéndose en un estupendo partenaire, los solos de ambos consiguieron los más entusiastas aplausos del público. Alguna mínima inseguridad, desaparecerá en el futuro, pues ambos muestran gran talento.

Las Variaciones para el cuerpo femenino, fueron espléndidamente desarrolladas por ambos elencos que conquistaron con su prestancia y sentido de cuerpo, en el elenco 1 ellas fueron; Noelia Sánchez, Laleska Seidel, María Lovero y Mariselba Silva, mientras que en el 2 estuvieron; Montserrat López, Deborah Oribe, María Dolores Salazar y Alexia Comisso.

Una visión renovada para la nueva coreografía de Luis Ortigoza, de uno de los grandes clásicos de la danza.

El programa continuó con el bellísimo Réquiem para una Rosa, coreografía de Annabelle López Ochoa, que utiliza como acompañamiento el Adagio de uno de los quintetos de Franz Schubert, con un breve agregado sonoro de Almar Kok, con el vestuario de Tatyana Van Walsun, y la certera iluminación de Ricardo Castro.

            Esperanza Latuz, en Réquiem para una Rosa. foto Patricio Melo

Este ballet, que bien podría ser catalogado de “danza pura”, a pesar de tener un correlato, es muy sensorial, y creemos que sus movimientos tan sensibles como expresivos, son una traducción perfecta de la maravillosa música de Schubert a la coreografía, en ella todo fluye, se enlaza y se disuelve con naturalidad.

Ya cuando se estrenó, causó una enorme impresión, algo que se mantiene en su impacto emocional, su belleza visual y en particular, por la perfección con que la Compañía la interpreta; la obra es muy exigente no solo en lo técnico, pues requiere de gran expresividad de los bailarines, en este sentido ambos elencos descollaron, maravillando a los espectadores, que ovacionaron ambas versiones.

                 Momento de Réquiem para una Rosa. foto Patricio Melo

De gran interés, resulta analizar a las dos solistas que actuaron en ambos elencos, puesto que si bien ambas bailan lo mismo, cada una le impone una característica muy propia de su personalidad; Esperanza Latuz del elenco 1, se ve sensual, a la vez que etérea, en su perfección técnica, mientras que, la sensualidad de Ethana Escalona, es acompañada de una postura más concreta, y de similar perfección técnica.

                  Momento a cinco de Réquiem para una Rosa. foto Patricio Melo

Es inútil el ejercicio de realizar una comparación entre los dos elencos, ya que ambos son de una homogeneidad expresiva y técnica de la mejor factura.

El programa finalizó con el esperado estreno de Petite Mort, la coreografía del mundialmente famoso Jirí Kylián, en estreno absoluto para el Ballet de Santiago, conjunto que por su prestigio internacional, consiguió que la obra se remontara en el Municipal de Santiago.

Momento de Petite Mort, se observan los floretes en suelo. foto Patricio Melo

La obra es una gran metáfora, centrada fundamentalmente en el encuentro sexual, previo y posterior al éxtasis, algo que sin duda representa un desafío enorme, pues fácilmente se puede caer en lo vulgar y chabacano, pero en este caso nos encontramos con una obra maestra, de exquisita sensibilidad y buen gusto en sus sugerencias, además de representar desafíos técnicos de magnitud.

           Emmanuel Vásquez y Lorena Borja en Petite Mort. foto Patricio Melo

Las seis parejas se ven enfrentadas a mucho trabajo a nivel suelo, como así mismo su contacto les exige preciso manejo de brazos y piernas, por las contorsiones que deben realizar, además los varones deben realizar un hermoso trabajo con floretes de esgrima, en manos y pies.

La música, dos andantes de conciertos de piano y orquesta de W. A. Mozart, ayuda a una leve sensación de ingravidez que atraviesa la obra, en la que el vestuario (Joke Visser) de color neutro, alude a la desnudez, mientras que la iluminación de Joop Caboort, acentuó a partir de la idea del coreógrafo, tanto lo escenográfico como el desarrollo de las diversas escenas, en una de las cuales las bailarinas, desplazan esculturas femeninas, sin cabeza ni brazos.

Momento de Petite Mort, pareja y atrás las mujeres y las esculturas. foto Patricio Melo

Estas breves descripciones, ayudan a comprender la multiplicidad de ideas y metáforas propuestas por Kylián, algunas de las cuales deben ser cerradas por el espectador.

La hermosa perfección de ambos elencos, dificulta una categorización, ello habla del nivel actual de la Compañía, pues en ambos elencos tanto como figuras consagradas, como del cuerpo de baile, rindieron en forma óptima, compenetrados en sólida unidad.

          Cristopher Montenegro y Ethana Escalona en Petite Mort. foto Patricio Melo

En ambos elencos, algunas parejas bailaron todas las funciones, por ello mencionaremos solo al total de ellos; Carlos Aracena, Katherine Rodríguez; Mauricio Serendero, Mariselba Silva; Felipe Arango, Laleska Seidel; Gustavo Echevarría, María Lovero; Matías Romero, Noelia Sánchez; Cristopher Montenegro, Ethana Escalona y Emmanuel Vásquez con Lorena Borja.

La reposición del ballet estuvo a cargo de Urtzi Aranburu, quien bailó muchos años en la compañía de Kylián.

Las ovaciones fueron tan interminables como merecidas, completando otra jornada inolvidable del Ballet de Santiago, que dirige Luis Ortigoza.

Gilberto Ponce (CCA)

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MANON DE MASSENET EN EL MUNICIPAL DE SANTIAGO.

MANON DE JULES MASSENET EN EL MUNICIPAL. (ELENCOS 1 y 2)

Por fin el público del Teatro Municipal de Santiago, se pudo reencontrar con una producción de ópera, con todas las de la ley, esto es; con escenografía, vestuario e iluminación, en una puesta en escena, algo que los operáticos añoraban, aunque lo anterior, no pretende desvalorizar en absoluto, las propuestas en formato de concierto, con cierta dirección escénica.

Esta razón llevó a que los presentes en ambos elencos, reaccionaran con gran entusiasmo al final de ambas presentaciones, lo que significó reconocimiento al trabajo vocal y musical de ambos elencos, al tiempo de valorar el trabajo de ambos directores concertadores.

No obstante lo anterior, quisiéramos hacer algunas reflexiones en torno a la puesta en escena, que a nuestro juicio, restó elementos para el logro de un éxito total, sobre todo considerando que a cargo de la propuesta, estaba nada menos que el aclamado Emilio Sagi, que en este mismo escenario, ha conseguido rotundos y ovacionados trabajos.

Escena del Hotel Transsylvanie, en primer plano, las Tres Cortesanas, poco más atrás Monsieur de Brétigny (Patricio Sabaté) y Manon (Sabina Puértolas) foto Patricio Melo

Es sabido que algunas óperas, además de elementos de formidable factura, tienen otros más débiles, que hacen que no lleguen al nivel de obras maestras, y según nuestra opinión, es lo que ocurre con Manon de Jules Massenet, debido a la irregularidad de su inspiración, a manera de ejemplo, las progresiones dramático musicales, no siempre prevalecen, y los clímax se deben solo a magníficos ejemplos de coherencia entre texto y música, expuestos en algunas de las bellas arias,y algunos de sus espléndidos dúos, tanto como en el estupendo trabajo del compositor para las partes corales.

En contraste en otras secciones, la gravedad del libreto suele ser acompañado por un acompañamiento melódico instrumental de una liviandad sorprendente, es así entonces, que el éxito está librado a la calidad de los cantantes y su capacidad de transmitir las pasiones y desvelos del argumento, y sin duda en el inteligente trabajo de los directores musicales, en quienes recae la responsabilidad de aunar los elementos que expone la partitura.

Manon (Sabina Puértolas) llegando al Hotel Transylvanie

Nos pareció muy atinado, la ubicación temporal en tiempos de la Francia de los Luises, que nos mostró un hermoso vestuario desarrollado por Pablo Núñez, el que desafortunadamente solo pudo ser bien apreciado, por aquellos que se encontraban cerca del escenario, debido a que la iluminación de Eduardo Bravo, fue en general bastante oscura, creando ambientes en colores azules y verdes en sus degradaciones, algo que impide apreciar detalles.

Este factor lumínico, fue la constante a lo largo de toda la ópera, lo que por su falta de contrastes, muy necesarios en cualquier obra, convierte el trabajo en algo que fluye con dificultad, solo en la habitación de los amantes, existe algo más de luz, pero en otras, esta no contribuye a resaltar los ambientes, como el de la posada en Amiens del comienzo, o el de la fiesta en el Cours-la-Reine, así como en el Hotel de Transylvanie y su sala de juego.

Esta falta de contrastes, no acentúa, lo sensual e incluso lujurioso que atraviesa la ópera, tampoco acierta en la exultante fiesta popular, no resalta las fricciones en la sala de juego, pero la iglesia de Saint Sulpice si fue bien definida en su ambiente solemne y oscuro, tanto, como la desolación del final, donde Manon muere en brazos de su amante, el caballero Des Grieux, rodeada de prostitutas, con las que Manon iba camino al exilio.

Daniel Blanco, estuvo a cargo de la escenografía, consistente en una serie de grandes escaleras móviles, con las que se pretendió abordar las diversa escenas, algo no plenamente logrado, debido a lo pesado de las estructuras, las que muchas veces mostraban estas escaleras de frente, juntas o separadas, que sin duda no lograron acercarse el propósitoque tal vez tuvo el escenógrafo, no obstante, debemos señalar el estupendo trabajo de los tramoyas, que a la vista del público y con precisión milimétrica movían y ubicaban las estructuras, en algo casi coreográfico, lo que habla muy bien del trabajo de Sagi.

Interior Iglesia de San Sulpice; Des Grieux (Galeano Salas) y Manon (Sabina Puértolas) cuando ella le seduce, para abandonar la vida religiosa. foto Patricio Melo

La casi permanente ubicación del Coro, en la parte superior, en el fondo y costados de la escenografía, comentando las acciones y actuando, bien podría semejarse a los coros del teatro griego, pero creemos que no contribuyó al todo, además esa especie de cortinas en tiras, que suben y bajan, como en la escena de la fiesta, nos pareció un agregado inútil e intrascendente.

El trabajo escénico de Sagi, una vez más, se demostró acucioso en detalles, hasta en pequeñas sugerencias, pero lamentablemente por el factor de iluminación pasaron muchas veces desapercibidos, es curioso, que a una personalidad del calibre y experiencia de Sagi, no reparara en estos detalles, ya que el espectáculo debiera ser muy bien apreciado por todos los espectadores, y no solo por quienes están en las primeras filas.

Elenco 1

La conducción musical la realizó Maximiano Valdés, en un repertorio que consideramos le es afín, por ello fue en extremo cuidadoso, en el manejo de la orquesta y en el de los cantantes a quienes siguió permanentemente, realzando acertadamente algunas escenas claves, siempre con discreta elegancia, y la orquesta le respondió segura y certeramente a todos sus requerimientos.

Este elenco fue encabezado por la soprano española Sabina Puértolas, quien mostró una Manon en diversos estados emocionales; ingenua al llegar a París, pero siempre con una voz interior, que la lleva a vivir en forma más intensa los placeres de la vida, lo que realiza luego como amante de Des Grieux, y sus coqueteos con Monsieur de Brétigni y en la liviandad con que enfoca su vida, particularmente cuando en la iglesia de San Sulpice, reconquista a Des Grieux, quien a esas alturas había optado por la vida religiosa, siendo a la sazón abate, en la escena final fue muy convincente, en su arrepentimiento, antes de su muerte. En lo vocal, hizo gala de un gran registro, con coloraturas muy fáciles, con hermoso y poderoso timbre.

           En San Sulpice Des Grieux (Galeano Salas) es seducido por Manon (SabinPuértolas) foto Patricio Melo      

Des Grieux fue el tenor mexicano Galeano Salas, de hermosa y expresiva voz, con fáciles y sólidos agudos, manejando diestramente fraseos, que suman a su natural expresividad, y como además se trata de un muy buen actor, sus arias y dúos con Manon fueron de enorme expresividad, por la compenetración entre ambos cantantes.

Manel Steve, fue Lescaut, el tío de Manon, en él se reúnen una hermosa voz, expresividad de canto y natural actuación, asumiendo bien los dobleces de su personaje. El Conde Des Grieux, padre del amante de Manon, fue asumido con su habitual prestancia vocal y escénica, por Homero Pérez-Miranda.

Guillot de Morfontaine, lo cantó y actuó en excelente forma Gonzalo Araya, dotando a su personaje de toda su ansiosa lujuria y malas artes sociales. Patricio Sabaté, fue Monsieur de Brétigny, en estupendo momento vocal, con su habitual prestancia escénica.

(Elenco 2) Des Grieux (Andrés Presno) y Manon (Annya Pinto) foto Patricio Melo

Las Tres cortesanas, amigas de Morfontaine, fueron cantadas y actuadas con excelencia y propiedad por Andrea Aguilar, Marcela González y Evelyn Ramírez, mientras que, David Gáez, Nicolás Noguchy, Ismael Correa y Paola Rodríguez, completaron muy profesionalmente el elenco.

Elenco 2.

Pedro Pablo Prudencio fue el director musical, imprimiendo mucho de su sello, es así que a la cuidadosa dirección orquestal y de cantantes, donde fue cuidadoso en las inflexiones expresivas, infundiéndole a la dramática segunda parte, una fuerza que exaltó a los presentes. El rendimiento de la Filarmónica de Santiago, fue con ambos directores de encomiable musicalidad, bello sonido y expresividad.

En San Sulpice Manon (Annya Pinto) seduce a Des Grieux (Andrés Presno) foto P. Melo

Annya Pinto la ascendente soprano chilena, fue Manon, haciendo uso de bella voz, de timbre cálido y parejo en todo su registro, mostrando ágiles coloraturas, así como exhibiendo gran musicalidad; su enfoque del personaje resalta lo lábil e ingenua, que de pronto descubre el placer, que no esquiva, por ello es que, asoma lo caprichoso de su personaje; sus arias y dúos con Des Grieux fueron notables, en particular cuando seduce a este, en San Sulpice, llegando a conmover en el final.

Des Grieux, lo cantó el tenor uruguayo Andrés Presno, que posee una hermosa voz de fáciles agudos, que combina con gran musicalidad, sus dúos y arias fueron estupendas, pero creemos que debiera desarrollar más su nivel de actuación, que a ratos resulta poco convincente.

En el Hotel Transylvanie, Monsieur de Brétigny (Javier Weibel) recibe a Manon (Annya Pinto) foto Patricio Melo

Ramiro Maturana, el barítono chileno, de expectante carrera en Europa, fue Lescaut, un rol que le permitió exhibir su hermosa voz, gran musicalidad y sólida actuación. Sergio Gallardo le otorgó al Conde Des Grieux una cierta dosis de prepotencia y maldad, haciendo uso de sus dotes vocales y de actor.

Gonzalo Araya volvió a mostrar sus notables condiciones, como Guillot de Morfontaine, ahora en este elenco, mientras que Javier Weibel, desplegó todas sus estupendas condiciones vocales y de actor, para el cínico y doble personaje de Monsieur de Brétigny.

Las Tres Cortesanas, fueron muy bien cantadas y actuadas, por Tabita Martínez, Camila Guggiana y Camila Aguilera, y el resto de los personajes fueron asumidos por quienes lo hicieron en el elenco 1.

El Coro del Teatro Municipal que dirige Jorge Klastornick, cumplió con la excelencia a que nos tiene acostumbrados, tanto en canto, con sus hermosas voces, y gran actuación. Los figurantes hicieron un estupendo aporte.

En síntesis, una Manon de Jules Massenet, de excelencia musical, y con luces y sombras en la puesta en escena, lo que no fue obstáculo para que el público aplaudiera incansablemente a quiene la representaron.

Gilberto Ponce (CCA)

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DEBUTA NUEVO DIRECTOR EN EL CORO DE CÁMARA UC.

GERARD RAMOS DEBUTA CON BACH CON EL CORO DE CÁMARA UC.

En medio del desarrollo del ambicioso proyecto, que dará a conocer en Santiago la integral de las Cantatas de Johann Sebastian Bach, el Coro de Cámara de UC, dio inicio a un nuevo ciclo, en la dirección del conjunto, con la llegada del director catalán Gerard Ramos.

Este joven músico de poco más de treinta años, cuenta con una sólida formación, que se inicia en su tierra natal, para continuar luego perfeccionándose en Alemania, a nuestro país llegó primero a trabajar al Teatro del Lago en Frutillar, para luego asumir como docente, en dirección coral y tomar la dirección del Coro de Cámara UC, conjunto que ya cuenta con más de cuarenta años de vida.

El director Gerard Ramos, saludando al final del concierto. foto Carlos Arriegada

Siempre será enriquecedora, la llegada de una nueva mirada, en la dirección de un coro, en particular, si este puede aportar su experiencia en otros lugares, pero además por la opción de incorporar nuevas formas de trabajo, que ayuden al desarrollo del conjunto.

Es así que, había grandes expectativas ante el debut de la nueva batuta, que además del coro, dirigiría a una orquesta de cámara, en la interpretación de tres Cantatas de Johann Sebastian Bach, las número 27 «Quién sabe cuán cerca esrá mi fin», la 109 «¡Creo, Dios amado ayuda a mi incredulidad» y la 62 «Ven, Salvador de los gentiles», razón que llevó a un numeroso público a llenar la iglesia de La Anunciación, de la Plaza Pedro de Valdivia en Providencia.

Pero a veces las mejores intenciones se topan con imprevistos, que hacen que estas no se puedan cumplir a cabalidad, y precisamente fue una, y tal vez la más importante, la que jugó en contra de la indudable preparación que tuvieron coro y orquesta, nos referimos a la acústica, que en las iglesias en general, es muy reverberante, algo que obliga a voces y conjuntos a ensayar previamente en el lugar, para corregir las imperfecciones resultantes de esa reverberación.

Todos los participantes en el Concierto, en primer plano Florencia Novoa soprano, Javiera Lara maezzosoprano, el director Gerard Ramos, Gonzalo Quinchahual tenor e Ismael Correa barítono. foto Carlos Arriagada

En esta ocasión, solo se pudo realizar una breve prueba acústica, ocasionándose, que al menos en las dos primeras cantatas, existieran problemas de balance, poco perfil en las articulaciones, y en ciertos momentos confusiones de pulso, a pesar del gesto bastante claro del Gerard Ramos.

Además, creemos que la orquesta de cámara, ocupó tal vez un espacio demasiado grande, o su distribución afectó por ello a los instrumentistas que tenían dificultades para escucharse entre si, razón que creemos les llevó a realizar pocos contrastes, y tocar en una dinámica generalmente forte, lo que incidió en que, al menos en las primeras cantatas, los solistas debieron luchar para sobreponerse a los instrumentos.

En pleno desarrollo del concierto, el Coro de Cámara UC y la Orquesta de Cámara, dirigidos poe Gerard Ramos. foto Carlos Arriagada

El coro, enfrentó mejor la dificultad, pero gran parte de fraseos, se percibieron con dificultad, aunque en todo momento y al igual que la orquesta, evidenciaron hermosas y timbradas voces y seguridad en las numerosas escalas, asimismo, debemos dejar constancia de la belleza sonora da cada familia instrumental, en aquellas partes de mayor importancia melódica.

Lo importante, es que, tanto director, como cada uno de los instrumentistas y las voces, fueron paulatinamente sobreponiéndose a la dificultad acústica, alcanzando por fin, lograr interpretar de acuerdo a su evidente musicalidad.

Como decíamos, en la tercera cantata, el equilibrio se consiguió, logrando así hacer justicia con la obra, algo que sin duda se habría logrado en las tres, de haber podido contar con un ensayo del programa completo in situ.

Pensamos que los solistas, lograron verdaderas proezas, en algunas de las arias, que son de dificultad mayúscula, tanto en tesitura, como en articulaciones, pensamos en las arias de tenor en las que, en medio de las dificultades, logró salir airoso Gonzalo Quinchahual, quien sigue dando muestras de su talento musical.

Florencia Novoa, que fue la soprano solista, tiene un hermoso timbre y es musical, y creemos que con lo exhibido en esta ocasión, tendrá una promisoria carrera. Javiera Lara la mezzosoprano, posee un cálido timbre, que acompaña con una natural musicalidad, el barítono Ismael Correa, de hermoso timbre afrontó con hidalguía los enormes desafíos, que incluyen demasiadas notas graves, que creemos resolverá a futuro.

El director Gerard Ramos, foto Carlos Arriagada

Cómo nos habría gustado escuchar a este cuarteto en favorables condiciones acústicas, apreciar los diálogos entre sus voces y algunos instrumentos solistas que les acompañaron.

De ninguna manera, fue posible evaluar completamente el desempeño de Gerard Ramos, por las razones expuestas, aunque siempre se vio empoderado en las obras, que conoce en profundidad, pero impedido a nuestro juicio, de mostrar todo su talento, a la vez que desarrollar todas las ideas que tenía para la interpretación de las obras, y que seguramente ensayó; es por ello esperaremos una próxima presentación al frente del Coro de Cámara UC, para realizar un análisis más detallado.

De todas formas, los amantes de la obra de Bach, agradecen la oportunidad de escucharlas, y pasan por alto las dificultades de orden acústico, que se pueden originar.

Gilberto Ponce (CCA)

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PATAGONIA LA NUEVA ÓPERA CHILENA.

       ESTRENO DE PATAGONIA, ÓPERA DE SEBASTIÁN ERRÁZURIZ.

Siempre será una buena noticia, saber del estreno de una nueva ópera chilena, algo que en nuestro país, aunque suene extraño, se está constituyendo en una práctica de cierta frecuencia, el año pasado se estrenó para formato digital, “La compuerta 12” de Miguel Farías.

Ikalemen (la actriz María Paz Grandjean) recordando relatos antiguos. foto producción

En este caso se trata de uno de los compositores chilenos que más ha incursionado en el género, y con bastante éxito, nos referimos a Sebastián Errázuriz, quien dio inicio en el año 2018, a la aparición de nuevas obras en el repertorio lírico, cuando estrenó en el Teatro Municipal de Santiago, su ópera “Viento blanco”, basada en la tragedia del Volcán Antuco, en la que perdió la vida un grupo importante de conscriptos del ejército.

Xorenken (Marcela González) y Kentelan (actor Francisco Arrázola)

Posteriormente el 2012 vino “Gloria”, ópera de cámara, que fue una mirada sarcástica, al mundo de la farándula de la TV, para incursionar luego el 2015 con “Papelucho”, otra vez para el Municipal de Santiago, en una acertada mirada al mundo infantil, desde los ojos del inmortal personaje creado por Marcela Paz.

Patagonia se escribe para conmemorar uno de los hechos más trascendentales, de la Historia de la Humanidad, el descubrimiento del Estrecho de Magallanes, que permitió la primera circunvalación del mundo, hecho que por su trascendencia, requiere sin duda, de un vastos y profundos enfoques.

Xorenken (Marcela González) y Kentelan (actor Francisco Arrázola)

Esta dificultad, llevó a sus creadores Sebastián Errázuriz, como compositor y a Rodrigo Ossandón su libretista, a esbozar una serie de escenas, que intentan recoger la magnitud del evento, tal vez por ello se permitieron incorporar algo del lenguaje patagón o tehuelche, que Antonio Pigafetta anotó en su crónica, y aún más, decidieron enfocarlo desde una perspectiva de género, pues veremos a una mujer contemporánea, reflexionando sobre su significado.

Golenkon líder espiritual (Evelyn Ramírez) invocando

Para conseguir plasmar estas ideas, se contó con la participación de Marcelo Lombradero, uno de los más renombrados directores de escena en el ámbito internacional, que ha realizado estupendos trabajos en el Municipal de Santiago. Y creemos que probablemente, es en este aspecto donde la producción logra sus mayores logros, debido a que Lombardero creó en conjunto con Noelia González Svoboda, un marco hermoso y mágico en lo escenográfico, con apoyo de multimedia, la belleza de la mayoría de las escenas propuestas, provocaron en gran medida, el éxito de esta propuestas lírica.

Antonio Pigafetta (Nicolás Fontecilla) escribiendo la crónica del viaje.

El vestuario de de Luciana Gutman, que en general no propone ni pretende acercarse a la supuesta realidad de los habitantes de esa parte de la Patagonia, cumple ampliamente el propósito de la puesta en escena, pero donde sí existe un acercamiento certero, es en el vestuario que asigna al cronista Antonio Pigafetta y al representante de Carlos V, Juan de Cartegena.

Golenkon (Evelyn Ramírez) en otro momento de invocación

A partir de la crónica de Pigafetta, se construyen las escenas, enfatizando el supuesto impacto que causó en los originarios, la llegada de los españoles, pero abarcando solo los incidentes ocurridos en el Estrecho.

Errázuriz escribe para un conjunto de cámara de diez instrumentistas, cinco de cuerdas y cinco de viento, creando para ellos una base melódica, que en ciertos momentos logra gran belleza, en la que a menudo aparecen los motivos rítmicos reiterativos, propios de la música de aquellos pueblos. No obstante en la obra, aparece una de las constantes en las obras vocales del compositor, los intervalos descendentes, los que al reiterarse en demasía pierden su eficacia, a pesar que él, como director musical, da lo mejor de sí, para conseguir sus objetivos, en particular en lo relativo al carácter de la música.

Juan de Cartagena (Sergio Gallardo) y Golenkon (Evelyb Ramírez)

Toda la primera sección es bastante atrayente, tanto en lo vocal como en lo instrumental, siendo particularmente exigente en el caso de la soprano, posteriormente esa energía se diluye un poco, debido a que hay secciones con poca progresión dramática, es así que los clímax, tan importantes en una ópera, se consiguen más bien con las imágenes, como aquellas impresionantes de la mar gruesa, o las de la pampa patagónica o bien los cielos estrellados.

Xorenken (Marcela González)

Sin duda alguna, los solistas vocales fueron grandes triunfadores, ellos fueron la soprano Marcela González, que asumió el rol de Xorenken, con gran presencia escénica, debido a que ella no solo es una gran cantante, pues como actriz es muy convincente, correspondiéndole realizar con sutileza el encuentro sexual con Kentelan, encarnado por el actor Francisco Arrázola, de recia y contundente actuación, en particular cuando posteriormente es trasladado a uno de los barcos para ser llevado a presencia de Carlos V; donde tal vez el estrés provocado por el hecho de sentirse prisionero, le conducirá a la muerte, pero antes Pigafetta le bautizará, para “salvar su alma”.

Juan de Cartagena (Sergio Gallardo), Golenkon (Evelyn Ramírez) y Xorenken (Marcela González)

Golenkon la líder espiritual de la tribu, fue asumido por Evelyn Ramírez, dando muestras una vez más, de su exquisito talento, plasmado en su hermosa voz y poderosa actuación, obteniendo un resonante éxito, muy reconocido por el público. Antonio Pigafetta el cronista, fue cantado y actuado muy en propiedad por el tenor Nicolás Fontecilla, con una muy natural actuación, mostrando sólido timbre y hermosa voz. Sergio Gallardo el bajo barítono, fue un estupendo y dramático Juan de Cartegena, quien fue condenado a ser abandonado en la playa de San Julián, donde será encontrado y salvado por Xorenken y Golenkon, ayudándole a intentar encontrar las embarcaciones españolas, mientras ellas intentarán encontrarse con Kentelan, sin saber que ha muerto en el barco.

Juan de Cartegena (Sergio Gallardo) abandonado en la playa de San Julian.

Existe además un personaje Ikalemen, mujer contemporánea que a través de retazos escuchados cuando niña, reconstruye elementos de la historia de la llegada española al Estrecho, y su encuentro con los habitantes de la Patagonia, este rol lo asumió la actriz María Paz Granjean, con una dicción no siempre perfecta, para un papel que se diluye con el transcurso de la obra, sin quedar plenamente justificado su inserción en la trama.

Escena final Juan de Cartagena (Sergio Gallardo), Golenkon (Evelyn Ramírez) y Xorenken (Marcela González) en una orilla del Estrecho, tratando de visualizar las embarcaciones españolas, y a la derecha en el lejano barco, Antonio Pigafetta (Nicolás Fontecilla), junto al cadaver de Kentelan (actor Francisco Arrázola)

El desempeño del Ensamble de la Orquesta Sinfónica de Concepción, fue del mejor nivel musical y profesional, tanto como la breve intervención del percusionista Manuel Páez, quien representó a un español en una especie de justa con Kentelan, mientras que la dirección, del mismo compositor Sebastián Errázuriz, fue bastante clara en gestos, ajustándose muy bien a cada uno de los participantes, en esta nueva ópera “Patagonia”, que fue muy bien recibida por el público.

Gilberto Ponce. (CCA)

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LAGO DE LOS CISNES EN EL MUNICIPAL DE SANTIAGO.

TRIUNFAL REGRESO DEL LAGO DE LOS CISNES AL MUNICIPAL.

El Lago de los Cisnes, es sin duda uno de los ballets más populares de toda la historia de la danza, y a pesar de los años transcurridos desde su estreno, y de todas las diferentes coreografías basadas en el original, sigue imbatible, conquistando públicos de los más diversos rincones y culturas del mundo, sin que pierda su frescura y encanto.

Del mismo modo, creemos que no existe solista que no sueñe con interpretar alguno de los roles principales, o bien bailar cualquier papel secundario, pues para todos representa un desafío mayor, y si en otro plano se quiere evaluar a una compañía, esta coreografía permite, aquilatar toda la potencialidad y calidad de la misma.

Los amigos del Príncipe (Emmanuel Vásquez) y parte de la corte, lo saludan por su cumpleaños, en el primer acto. foto Patricio Melo

Los factores de tamaño éxito, radican en la formidable música de Piotr Ilich Tchaikovsky, de una riqueza melódica y originalidad que asombra cada vez que se la escucha, música compleja que representa también un desafío para las orquestas, tanto como para el director que debe ensamblar y rescatar el espíritu que el compositor quiso plasmar; no menores son los desafíos de los instrumentistas que deben enfrentar partes a solo.

A lo anterior, sumemos un libreto de carácter universal, que habla de la búsqueda del amor, más allá de las consecuencias.

Y por último, creemos que a todos nos encanta la magia y la fantasía, y en este ballet, cuyo argumento es un cuento de hadas, encontramos magia y fantasía, en contraste con el mundo real.

            El príncipe (Emmanuel Vásquez) en el primer acto. foto Patricio Melo

El Ballet de Santiago, que dirige Luis Ortigoza, ha montado varias coreografías, siempre con gran éxito, en esta oportunidad se remontó la perteneciente a Iván Nagi, que fuera años atrás también director de la compañía, en esta, los amantes solo encuentran la felicidad, en la eternidad, después de la muerte de ambos. Trágico final para un cuento de hadas, pero muy típico de la época de su estreno, aunque debemos aclarar que otras coreografías finalizan con la muerte de Rothbart a manos de los mismos cisnes que él esclaviza, para que Odette pueda quedarse con el príncipe.

En todo caso, cualquier final mantiene su enorme impacto, por la fuerza inmensa de la música de Tchaikovsky.

Rothbart (Miroslav Pejic) el malvado brujo que esclaviza a los cisnes. foto Patricio Melo

Nos correspondió presenciar la segunda función del primer elenco, pero antes del análisis, nos permitimos una reflexión; en la vida de los artistas existen momentos, que podríamos calificar de extraordinarios, porque en ellos se conjugan todos los factores para producir finalmente una obra de arte, en ella todo fluye armónicamente, nada falla, razón que hace que el público se rinda ante esa perfección y estalle en ovaciones; fue lo ocurrido en esta ocasión, donde al final, se tuvo que cerrar las cortinas y encender las luces, para que el público, que se negaba a abandonar la sala, ovacionando sin cesar, por fin la abandonara.

Odette el Cisne blanco (Katherine Rodríguez) en el primer acto. foto Patricio Melo

El marco mágico de este Lago de los Cisnes, estuvo dado por la hermosa y sugerente escenografía de Enrique Campuzano, quien acertó plenamente en varios aspectos, donde el “lago” fue omnipresente en todas las escenas, además empleó simbolismos que la ubicaron entre lo real y lo mágico, como en la primera escena, mientras que aquellas propias del lago donde viven las damas cisnes, fue de ensoñadora magia, más concreto fue la tercera escena en el palacio, y de gran fuerza en final, contando para su objetivo, con la certera y sutil iluminación de Ricardo Castro.

El Lago de los Cisnes cuenta con un numeroso reparto que incluye los solistas, y otros secundarios para los pas de trois, pas de quatre, los amigos del príncipe, su madre, miembros de la corte, y los invitados de diversos países, para la fiesta, además de las damas cisnes, el mago brujo y Odile, el cisne negro, entre otros, como se puede apreciar, se debe crear una multiplicidad de vestuario, que tiene que transitar entre los real y lo mágico, guardando las diferencias entre ellos, a la vez que buscando una armonía general en sus contrastes; creemos que el trabajo de Pablo Nuñez como vestuarista, fue de excelencia, para cada uno de los numerosos bailarines, combinando la elegancia con la belleza, sin exagerar en nada, el juego de degradaciones de color y su relación con la escenografía, la consideramos un logro mayor, asimismo los trajes de Odile, de Rothbart, como los del Príncipe, hermosos y elegantes.

Odette (Katherine Rodríguez) y el Príncipe (Emmanuel Vásquez) junto a los Cisnes a orillas del Lago. foto Patricio Melo

Otro aspecto fundamental en esta función que consideramos en “estado de gracia”, fue la Filarmónica de Santiago, que no cesa de dar ejemplo de excelencia; en primer lugar destacaremos el trabajo de su director Pedro Pablo Prudencio, en un estupendo desempeño tanto en el manejo orquestal, pues además, fue fundamental en el acompañamiento de los bailarines, acentuando el carácter de la música, en cada una de las danzas. La orquesta brilló una vez más, hermoso sonido, afinación impecable, fraseos y articulaciones así como en el manejo de contrastes, de gran naturalidad y musicalidad. Tenemos la obligación de destacar a los solistas instrumentales, que son claves en muchas de las escenas, mencionaremos los solos de violín y chelo, claves en los pas de deux, el arpa, así como el oboe y el clarinete, pero por favor no se entienda que desmerecemos al resto de los integrantes.

Beno, (Cristopher Montenegro) en el Pas de trois junto a Esperanza Latuz y Mariselba Silva en el Pas de trois. foto Patricio Melo

Los solistas principales fueron Katherine Rodríguez, en el doble rol de Odette (cisne blanco) y Odile (cisne negro), junto a Emmanuel Vásquez, quienes se están consolidando como una gran pareja en la danza, ella tiene la obligación de encarnar dos roles contrastantes, primero como la dama cisne Odette, que debe mostrar sutilmente sus sentimientos, para desdoblarse luego como el Cisne negro (Odile) en el que surge toda la sensualidad femenina, ambos los desarrolló con destreza, encontrando en el Príncipe de Emmanuel Vásquez la contraparte perfecta, su destreza técnica, que acompaña con elegancia en sus movimientos de brazos, así como en sus saltos y figuras, al tiempo que demuestra enorme seguridad al elevar a su pareja, acompañándola como un todo en sus desplazamientos. No podemos dejar de mencionar los pas de deux con el Cisne negro, de una perfección notable, las ovaciones para ellos fueron más que merecidas.

Los invitados de diversos países, a la fiesta en el palacio del Príncipe. foto Patricio Melo

Beno el amigo del Príncipe, fue Cristopher Montenegro, que sigue dando pasos firmes, para llegara a ser una de las figuras de la compañía, sus solos, tanto como como acompañante en el pas de trois con Esperanza Latuz y Mariselba Silva, fue de gran nivel.

Miroslav Pejic, tuvo un destacado trabajo como Rothbart, perfilando muy bien al malvado mago que esclaviza a las damas cisnes y se opone al amor del Príncipe con Odette.

Los Pequeños cisnes (Lara Gonçalves, Alexia Comisso, Mariselba Silva y Monserrat López, foto Patricio Melo

Uno de los momentos más esperados por el público, es el celebérrimo pas de quatre de los Pequeños cisnes, que hizo delirar al público por su perfección, el que fue bailado por Lara Gonçalves, Alexia Comisso, Mariselba Silva y Monserrat López.

Los Grandes cisnes, encontraron en Deborah Oribe y Esperanza Latuz, las intérpretes ideales.

El Príncipe (Emmanuel Váquez) y Odile (Katherine Rodríguez). foto Patricio Melo

Queremos dejar el párrafo final para los integrantes de la Compañía, bailarinas y bailarines, que en verdad a lo largo del tiempo se han ido convirtiendo en un verdadero lujo que enorgullece, su prestancia, técnica, trabajo de conjunto y su presencia escénica, la convierten en un pilar del conjunto, lo concreto de las escenas en palacio o jardines se contrapone con la evanescencia perfecta de las escenas de las damas cisnes.

Odette (Katherine Rodríguez) y el Príncipe (Emmanuel Vásquez) junto a los cisnes durante el primer acto. foto Patricio Melo

Como decíamos nos correspondió presenciar una función, en “estado de gracia”, que debe enorgullecer a las autoridades del Teatro Municipal, tanto como al director del Ballet de Santiago Luis Ortigoza.

Gilberto Ponce (CCA)

Como se canceló la función del día 14, no pudimos asistir al elenco 2.

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GRAN ÉXITO DE LA TRAVIATA EN ELENCO 1 (Segunda función)

            ELENCO UNO DE LA TRAVIATA DE G. VERDI. (Segunda función)

Es de justicia relevar los esfuerzos, realizados por las autoridades del Teatro Municipal de Santiago, en su afán por devolver a este, la mayor normalidad posible, en su programación habitual, esfuerzos que han sido retribuidos por el público, que ha acudido en gran medida, e incondicionalmente a sus presentaciones.

Todas ellas, de acuerdo a las condiciones dictadas por la pandemia, afortunadamente la ocurrencia de dos hechos, se han transformado en buenas noticias, el primero, es que una gran cantidad de los espectadores, corresponde a personas que recién se asoman a estos espectáculos, siendo estimulante, el entusiasmo que muestran frente a ellos, el segundo, es que los aforos ya permiten una mayor cantidad de espectadores, por lo que ver el teatro, casi totalmente lleno, se convierte en un gran estímulo tanto para los artistas, como para el mismo público.

Violeta (Francesca Sassu) y Alfredo (Long Long) en una escena. foto Patricio Melo

En relación a La Traviata, hicimos consideraciones sobre la “puesta en escena” con el elenco 2, que no reiteraremos, refiriéndonos solo al desempeño del elenco 1, al que presenciamos en su segunda función.

No obstante, previamente nos vemos obligados a manifestar nuestro entusiasmo, frente a los cuerpos estables, en este caso la Orquesta Filarmónica de Santiago (Roberto Rizzi-Brignoli y Pedro Pablo Prudencio) y el Coro del Teatro Municipal (Jorge Klastornick), que muestran una calidad que enorgullece, su hermoso sonido y afinación, la musicalidad y entrega incondicional, son muestras de un trabajo constante y dedicado, que el público reconoce ruidosamente.

Giorgio Germont (Javier Arrey) y Violeta (Francesca Sassu). foto Patricio Melo

La soprano italiana Francesca Sassu que cuenta con una nutrida presencia internacional, dio vida a Violeta, lo hizo con una poderosa presencia escénica, que le permite transitar sin problema alguno por los diversos estados emocionales de la protagonista, además, cuenta con un registro muy amplio, timbre muy hermoso y parejo, además de manejar con soltura y musicalidad las coloraturas.

Creemos que Violeta es un rol que le acomoda, pues su manejo y evolución del personaje lo consideramos del mejor nivel.

Otro aspecto donde destaca, es el ámbito de la actuación, la que sin llegar a extremos inútiles, es natural y convincente.

La fortaleza y desparpajo, del primer acto, y su aria “siempre libre”, fue su primer éxito; luego la veremos transformándose en el segundo, donde hace surgir la humanidad, que en verdad es propia de Violeta -el dúo con Germont fue espléndido-, la que volverá a aparecer en el desgarrador acto final –notable su aria “adiós al pasado-, mientras que antes antes en la fiesta en casa de Flora, la vemos debatirse ambiguamente entre el horror ante el peligro que puede correr Alfredo, y la firmeza en mantener su compromiso, de alejarse de él.

El público no escatimó ovaciones, para celebrar el gran desempeño que tuvo en el escenario.

Germont (Javier Arrey) es enfrentado por Alfredo (Long Long) foto Patricio Melo

El tenor chino Long Long, fue un apasionado Alfredo, destaquemos, que además es muy buen actor, con gran presencia escénica, él es de aquellos que cantan y actúan con todo el cuerpo, pero al mismo tiempo con con gran naturalidad, tiene hermosa voz, potente y agudos firmes, sus dúos y arias, le significó cosechar grandes éxitos, que fueron ruidosamente celebrados por el público, su segundo acto fue espléndido, particularmente en la evolución sicológica de Alfredo, que va desde, el dichoso por el amor que en ese momento está viviendo, hasta el atónito y enfurecido, al no comprender el porqué ha sido abandonado; luego en casa de Flora, su imprecación a Violeta, frente a todos, fue de fuerza arrolladora, para finalmente quebrarse ante el inevitable fin de su amada.

Flora (Evelyn Ramírez) coqueteando con dos amigos. foto Patricio Melo

Javier Arrey el barítono chileno, que es otra de las promesas en el extranjero, fue Giorgio Germont, mostrando hermosa voz y musicalidad, algunas de sus grandes cualidades, no obstante creemos, que en esta oportunidad, en cuanto a expresividad, estuvo al debe, sobre todo en lo corporal, si comparamos como lo fue el resto de los protagonistas, tal vez el formato de concierto semi actuado no le acomoda, y sin duda, esto le jugó en contra en esta ocasión.

Flora, la amiga de Violeta, encontró en la mezzosoprano chilena Evelyn Ramírez, la intérprete ideal, vocalmente impecable y como actriz adueñándose, dentro de su breve rol, de las escenas donde le correspondió actuar.

Final del tercer acto, donde todos condenan la ofensa que Alfredo le hizo a Violeta, en la fiesta en casa de Flora. foto P. Melo

Una muy acertada Annina, fue Paola Rodríguez, mientras que, con profesionalismo se desempeñaron en sus respectivos papeles, Gonzalo Araya, Arturo Espinoza, Pedro Alarcón, junto a Eleomar Cuello (Barón Duphol), Alexis Valencia y Francisco Salgado, que también lo hicieron en el otro elenco.

Annina (Paola Rodríguez) anuncia a Violeta (Francesca Sassu) la llegada de Alfredo (Long Long) que se acerca desde el fondo. foto Patricio Melo

Dos versiones, de una de las óperas favoritas del público, que sigue conmoviendo al igual que siempre, a un público que rinde ante ella, y que en esta oportunidad, con sus propios valores en cada versión, consiguió un triunfo de envergadura, ante un público que no ahorró ovaciones de entusiasmo.

Gilberto Ponce. (CCA)

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ELENCO 2 DE LA TRAVIATA DE VERDI.

                              ROTUNDO ÉXITO DE LA TRAVIATA (ELENCO 2).

Alguna vez le escuché decir a alguien, que: “Verdi escribe con el corazón”, aunque es justo decir que, sin duda la mayoría de los compositores lo hace, debido a que en sus obras siempre queda algo de su alma.

La afirmación relativa a Verdi, es en La Traviata, particularmente cierta, pues a lo largo de la partitura desfila una amplia gama de sentimientos que develan el alma de sus protagonistas.

Vista general desde la platea de la puesta en escena, todo el elenco. foto Patricio Melo

Pero es necesario señalar, que La Traviata en general, está atravesada por el dolor, incluso en las escenas festivas, donde la tensión que se manifiesta a veces en ellas, esconde anuncios de tragedia; ya en el preludio del primer acto se nos anuncia, el desgarrador “ámame Alfredo” que será después uno de los clímax de la ópera.

Del mismo modo, en cada uno de los actos el dolor está presente, como en los soliloquios de Violeta en el primer acto, llenos de dudas y entereza ante la vida que lleva, junto a la enfermedad que la acosa; en el segundo los diálogos con el padre de Alfredo; la premonición de eventos trágicos que tiene la protagonista, en la fiesta en casa de Flora, y por supuesto el desgarrador acto final, donde el “fatum” de Violeta concluye.

        Violeta (Yaritza Véliz) y Alfredo (Santiago Ballerini) foto  Patricio Melo

La paleta orquestal de Verdi es un apoyo contundente para cada escena y carácter de los personajes, en un juego de contrastes, que obliga al director musical a desentrañar los sentimientos humanos que el compositor quiso mostrar, en el caso del elenco 2 que fue dirigido por Pedro Pablo Prudencio, pensamos que acertó plenamente tanto en el acompañamiento a los cantantes, como en la acentuación del carácter de las diversas escenas, logrando diferenciar el ambiente de cada acto; exultante el primero, más profundo y dramático el segundo, brillante a la vez que tenso en tercero, mientras que el cuarto, fue la síntesis de la tragedia. La respuesta de la orquesta, los solistas y el coro  dirigido por Jorge Klastornick, fue del mejor nivel, particularmente en los cambios de pulso, o en los ascelerando y ritardando, que impuso en ciertas ocasiones; algunas de las escenas donde el coro participa, las tomó a una velocidad que pudo ser peligrosa, pero el profesionalismo y musicalidad de orquesta y coro, respondieron fantásticamente.

       Violeta (Yaritza Véliz) junto a sus amigos en el primer acto. foto Patricio Melo

Aunque parezca redundante, debemos reiterar el notable profesionalismo de estos conjuntos pues tanto Pedro Pablo Prudencio, como Roberto Rizzi-Brignoli, director del primer elenco, impusieron sus propias visiones, reflejadas en tempi y contrastes, así como diferencias de dinámica, logrando en las dos funciones que presenciamos, solo alabanzas a su desempeño.

El entorno de la presentación, sin olvidar que fue en formato de concierto, diferenció los ambientes grandes, de los íntimos, con uso de todo el escenario en las fiestas en las casas de Violeta y Flora, con énfasis en la iluminación, así como achicándolo en la casa de campo, en el segundo, con una sugerencia de flores, en sutil alusión al campo, en un acierto de iluminación (Ricardo Castro), en el último, se acota en los costados, mientras se abre el fondo muy iluminado, tal vez aludiendo a la esperanza de Violeta, y desde allí se producirá la llegada de Alfredo, para encontrarse con su amada, en sus últimos momentos.

Giorgio Germont (Javier Weibel), pidiendo a Violeta (Yaritza Véliz), que deje a su hijo Alfredo, durante el segundo acto. foto Patricio Melo

Todo lo anterior inserto en la dirección dramática de Francisco Krebs, quien planteó en esta, la acentuación de sentimientos, consiguiendo en ambos elencos muy buenos resultados; en relación al vestuario, este nos pareció poco convincente, particularmente en sus contrastes, y en lo que parece ser, una cierta libertad para algunos, como en el caso de Germont, donde no coincidieron para nada los cantantes de ambos elencos; en contraste creemos muy acertado el camisón de Violeta en el acto final.

Yaritza Véliz, la soprano chilena, que ya está en medio de una prometedora carrera internacional, logró un enorme éxito, que el público ratificó con ovaciones. Posee un bello timbre en toda la tesitura, con agudos muy fáciles tanto como sus coloraturas, que sin duda alcanzarán todo el brillo que desea, cuando estas se asienten corporalmente.

Realizó una evolución dramática que se inició, con la dualidad de su personaje, primero segura de si misma, tratando de ocultar la enfermedad, y el trastorno que significa enamorarse de Alfredo, en el primer acto, donde su aria “siempre libre”, fue con más enojo, que orgullosa, pero con tal fuerza que conmovió completamente al público. En el acto del campo, abandonó el rol de cortesana, para enfrentarse con hidalguía al padre de Alfredo, para luego entregarse a la decisión de este, de abandonarlo, para así conceder la felicidad a la hermana de su amado, notable fue el “ámame Alfredo”, antes de abandonarlo. En la fiesta en casa de Flora, creemos que faltó énfasis en la dualidad entre, la amante del Barón y el hecho de no poder revelar el porqué de la decisión de dejarlo, algo nada de fácil, que sin duda resolverá cuando madure aún más el personaje. El acto final, fue un éxito absoluto, en su lucha por segur viviendo luego de la llegada de Alfredo; su aria “adiós al pasado”, fue sobrecogedora.

Giorgio Germont (Javier Weibel), consuela a su hijo Alfredo, por el abandono de Violeta, durante el segundo acto. foto Patricio Melo

Santiago Ballerini, tenor argentino, que nos ha visitado en otras ocasiones, cantó como Alfredo, mostrando su hermosa voz, de amplia tesitura, que corre con facilidad y se distingue sin problemas en las escenas grupales, ello a pesar de no poseer una gran volumen, y como posee una actuación muy natural, fue muy convincente y dramático en el acto del campo, primero haciendo notar su felicidad por Violeta, para luego mostrar ira incontenible, ante lo que supone traición de su amada. Su dúo con Violeta en el último acto, no solo fue de gran convicción, también conmovedor.

Giorgio Germont, lo asumió Javier Weibel, rol que le permitió desarrollar toda su musicalidad y capacidad actoral, a través de su hermosa voz, como actor se desenvolvió con naturalidad y convicción tanto frente a Violeta, cuando la consuela (llora, llora) por tener que dejar a Alfredo, como con su hijo en su discusión en el acto del campo; su imprecación a su hijo al final del acto tres, luego que este ofendiera gravemente a Violeta, fue una muestra de su capacidad actoral.

Violeta (Yaritza Véliz), es increpada por Alfredo, en la fiesta en casa de Flora, ante el horror de los presentes. foto Patricio Melo

Flora la amiga de Violeta, fue cantado por María Luisa Merino, ella tiene bonita voz y es musical, pero aún debe desarrollar más su volumen, y lograr un desempeño más creíble como actriz, ella es muy joven sin duda lo conseguirá.

Gonzalo Quinchahual, Eleomar Cuello, Cristián Lorca, David Gáez, Pilar Garrido, Alexis Valencia y Francisco Salgado, completaron el elenco, en esta exitosa presentación de La Traviata de Giuseppe Verdi, largamente ovacionada por el público.

Gilberto Ponce. (CCA)

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SEGUNDO ELENCO DE GISELLE.

SEGUNDO ELENCO DE GISELLE EN EL MUNICIPAL.

Al presenciar una segunda función, ahora con el segundo elenco del ballet Giselle, por el Ballet de Santiago que dirige Luis Ortigoza, nos permite apreciar aún más los valores detectados en la primera función.

En el comentario anterior, hicimos mención al cuerpo de baile, alabando sus fortalezas, en esta oportunidad, reafirmamos absolutamente lo dicho, y a ello agregamos el enorme placer que produce observar a una compañía con tal nivel de afiatamiento, con un tremendo y seguro desempeño técnico, sin fallas, a lo que agrega gracia y compenetración en la historia. El público irrumpió en espontáneos aplausos en numerosas ocasiones, no solo ante los solistas, también con los grupos.

Giselle (Romina Contreras), es sostenida por Albrecht (Rodrigo Guzmán), junto al cuerpo de baile, en un momento del primer acto. foto Patricio Melo

El cuerpo femenino derrocha alegría y perfección en el primer acto tanto en los conjuntos generales, como en aquellas secciones en las que participan grupos más pequeños; en el segundo acto esa perfección se acrecienta, creando magia en sus movimientos, los que son de una levedad que asombra, qué decir de la sección donde los grupos se cruzan, mientras avanzan en un solo pie, o la fuerza atemporal conque expulsan a Hilarión. Como Pablo Núñez creó escenografía y vestuario, el equilibrio y contraste entre ambos fue perfecto, y repetimos, concreto y hermoso en el primer acto, tanto como bello y mágico en el segundo.

Giselle (Romina Contreras) y Albrecht (Rodrigo Guzmán) en otro momento del primer acto. foto Patricio Melo

Sin duda esta compañía es uno de los orgullos que nuestro país, puede exhibir en cualquier escenario, por ello alabamos el trabajo de Luis Ortigoza al mantener y acrecentar el nivel, al que Marcia Haydée llevó al Ballet de Santiago.

Roberto Rizzi-Brignoli, está dirigiendo todas las funciones a una sobresaliente Orquesta Filarmónica de Santiago, destacando su alto nivel de afinación, belleza sonora y musicalidad. Gieselle es un ballet en el que en su desarrollo, se reiteran temas acentuando esquemas emocionales, a la vez que contrasta alegrías y pasiones humanas en su primer acto, en este sentido Rizzi-Brignoli desarrolló un fino trabajo, destacando estos contrastes; en el segundo se conectó con la magia visual, completando el arco de belleza, conseguido a través de la perfección sonora de sus instrumentistas; cómo no mencionar los diversos solos instrumentales, a manera de ejemplo, el exquisito solo de viola en el segundo acto entre otros, los que en verdad conmovieron. La progresión dinámico expresiva conseguida por la batuta, fue de primer orden.

Albrecht (Rodrigo Guzmán) y el espectro de Giselle (Romina Contreras), junto al cuerpo de baile en el segundo acto. foto Patricio Melo

En el rol de Giselle estuvo Romina Contreras, quien dejó muy en claro su nivel de perfección, tanto en su exquisita técnica, como en expresividad, su absoluta seguridad le hace enfrentar saltos y giros con los que asombra, su desdoblamiento entre la inocente muchacha y aquella desbordada por la locura, en la primera parte, conmovieron intensamente, mientras que en el cuadro blanco, fue etérea y sensible en su relación con Albrecht, y decidida ante Mirtha, al interceder por él.

La perfección técnica y expresiva lograda en el segundo acto con Rodrigo Guzmán, quien asumió como Albrecht, en el dúo acompañado por la viola, fue sin la menor duda sobresaliente, y será recordado.

Giselle (Romina Contreras) ante Mirtha (Mariselba Silva) y el cuerpo de baile durante el segu

Rodrigo Guzmán, desarrolló su rol con toda su potencialidad dramática -que sin duda es fuerte-, como el príncipe que trata de parecer campesino para conquistar a Giselle, para luego explotar al ser desenmascarado por Hilarión, que ha descubierto que es un noble; el desgarro al comprobar la muerte de su amada fue de gran fuerza emocional.

Su segundo acto, fue sin duda alguna del mejor nivel, su interacción con Romina Contreras, fue completa en sensibilidad y en la escena final cuando avanza hacia el público desolado, fue de gran impacto.

En este elenco bailó como Mirtha, Mariselba Silva, de quien hicimos el comentario para el estreno, confirmando todos los valores que explicitamos en el comentario anterior.

Giselle (Romina Contreras) y Albrecht (Rodrigo Guzmán) y cuerpo de baile, en otra escena del segundo acto. foto Patricio Melo

Miroslav Pejic, fue Hilarión, muy bien en lo técnico dancístico, aunque creemos que por personalidad, su papel no lo concibió tan popular, pues su apostura natural, corresponde más bien a un noble, pero no se entienda como crítica, hablamos de una característica personal.

María Lovero y Esdras Hernánde, configuraron una sólida pareja como Pas de Paysan, bastante compenetrados ambos, transmitieron toda la alegría juvenil de los amigos de Giselle, un pequeñísimo traspiés de Esdras, no empañó en absoluto su presentación.

El público eufórico, recibió esta poderosa presentación de uno de los clásicos, con largas ovaciones, para todos los participantes.

Hilarión (Miroslav Pejic) implora ante Mirtha (Mariselba Silva), mientras la Willis y le señalan que será expulsado. foto Patricio Melo

Hemos sabido que, Romina Contreras ha sido contratada desde el 15 de agosto, como primera bailarina del Ballet Nacional Checo (Czech National Ballet) de Praga, si bien es una gran pérdida para la compañía, es una enorme oportunidad para esta joven y talentosa bailarina chilena, que sin duda dejara muy en alto el nombre del Ballet de Santiago, por ello es que deseamos muy sinceramente el mayor de los éxitos, en esta incursión profesional en un medio tan exigente como el europeo.

Gilberto Ponce. (CCA)

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