MANON DE MASSENET EN EL MUNICIPAL DE SANTIAGO.

MANON DE JULES MASSENET EN EL MUNICIPAL. (ELENCOS 1 y 2)

Por fin el público del Teatro Municipal de Santiago, se pudo reencontrar con una producción de ópera, con todas las de la ley, esto es; con escenografía, vestuario e iluminación, en una puesta en escena, algo que los operáticos añoraban, aunque lo anterior, no pretende desvalorizar en absoluto, las propuestas en formato de concierto, con cierta dirección escénica.

Esta razón llevó a que los presentes en ambos elencos, reaccionaran con gran entusiasmo al final de ambas presentaciones, lo que significó reconocimiento al trabajo vocal y musical de ambos elencos, al tiempo de valorar el trabajo de ambos directores concertadores.

No obstante lo anterior, quisiéramos hacer algunas reflexiones en torno a la puesta en escena, que a nuestro juicio, restó elementos para el logro de un éxito total, sobre todo considerando que a cargo de la propuesta, estaba nada menos que el aclamado Emilio Sagi, que en este mismo escenario, ha conseguido rotundos y ovacionados trabajos.

Escena del Hotel Transsylvanie, en primer plano, las Tres Cortesanas, poco más atrás Monsieur de Brétigny (Patricio Sabaté) y Manon (Sabina Puértolas) foto Patricio Melo

Es sabido que algunas óperas, además de elementos de formidable factura, tienen otros más débiles, que hacen que no lleguen al nivel de obras maestras, y según nuestra opinión, es lo que ocurre con Manon de Jules Massenet, debido a la irregularidad de su inspiración, a manera de ejemplo, las progresiones dramático musicales, no siempre prevalecen, y los clímax se deben a magníficos ejemplos de coherencia entre texto y música, expuestos en algunas de las bellas arias,y algunos de sus espléndidos dúos, tanto como en el estupendo trabajo del compositor para las partes corales.

En contraste en otras secciones, la gravedad del libreto suele ser acompañado por un acompañamiento instrumental de una liviandad sorprendente, es así entonces, que el éxito está librado a la calidad de los cantantes y su capacidad de transmitir las pasiones y desvelos del argumento, y sin duda en el inteligente trabajo de los directores musicales, en quienes recae la responsabilidad de aunar los elementos que expone la partitura.

Manon (Sabina Puértolas) llegando al Hotel Transylvanie

Nos pareció muy atinado, la ubicación temporal en tiempos de la Francia de los Luises, que nos mostró un hermoso vestuario desarrollado por Pablo Núñez, el que desafortunadamente solo pudo ser bien apreciado, por aquellos que se encontraban cerca del escenario, debido a que la iluminación de Eduardo Bravo, fue en general bastante oscura, que creó ambientes en colores azules y verdes y en sus degradaciones, que impide apreciar detalles.

Este factor lumínico, fue la constante a lo largo de toda la ópera, lo que por su falta de contrastes, muy necesarios en cualquier obra, convierte el trabajo en algo que fluye con dificultad, solo en la habitación de los amantes, existe algo más de luz, pero en otras, esta no contribuye a resaltar los ambientes, como el de la posada en Amiens del comienzo, o el de la fiesta en el Cours-la-Reine, así como en el Hotel de Transylvanie y su sala de juego.

Esta falta de contrastes, no acentúa, lo sensual y hasta lujurioso que atraviesa la ópera, tampoco la exultante fiesta popular, o las fricciones en la sala de juego, la iglesia de Saint Sulpice fue bien definida en su ambiente solemne y oscuro, tanto como la desolación del final, donde Manon morirá en brazos de su amante, el caballero Des Grieux, rodeada de prostitutas, con las que Manon iba camino al exilio.

Daniel Blanco, estuvo a cargo de la escenografía, consistente en una serie de grandes escaleras móviles, con las que se pretendió abordar las diversa escenas, algo no plenamente logrado, debido a lo pesado de las estructuras, y que muchas veces mostraban estas escaleras de frente, juntas o separadas, que sin duda no lograron mostrar el propósito del escenógrafo, no obstante, debemos señalar el estupendo trabajo de los tramoyas, que a la vista del público y con precisión milimétrica movían y ubicaban las estructuras, en algo casi coreográfico, lo que habla muy bien del trabajo de Sagi.

Interior Iglesia de San Sulpice; Des Grieux (Galeano Salas) y Manon (Sabina Puértolas) cuando ella le seduce, para abandonar la vida religiosa. foto Patricio Melo

La casi permanente ubicación del Coro, en la parte superior, en el fondo y costados de la escenografía, comentando las acciones y actuando, bien podría semejarse a los coros del teatro griego, pero creemos que no contribuyó al todo, la especie de cortinas en tiras, que suben y bajan, como en la escena de la fiesta, nos pareció un agregado intrascendente.

El trabajo escénico de Sagi, una vez más, se demostró acucioso en detalles, hasta en pequeñas sugerencias, pero lamentablemente por el factor de iluminación pasaron muchas veces desapercibidos, es curioso, que a una personalidad del calibre y experiencia de Sagi, no reparara en estos detalles, ya que el espectáculo debiera ser muy bien apreciado por todos los espectadores, y no solo por quienes están en las primeras filas.

Elenco 1

La conducción musical la realizó Maximiano Valdés, en un repertorio que consideramos le es afín, por ello fue en extremo cuidadoso, en el manejo de la orquesta y en el de los cantantes a quienes siguió permanentemente, realzando acertadamente algunas escenas claves, siempre con discreta elegancia, y la orquesta le respondió segura y certeramente a todos sus requerimientos.

Este elenco fue encabezado por la soprano española Sabina Puértolas, quien mostró una Manon en diversos estados emocionales; ingenua al llegar a París, pero siempre con una voz interior, que la lleva a vivir en forma más intensa los placeres de la vida, lo que realiza luego como amante de Des Grieux, y sus coqueteos con Monsieur de Brétigni y en la liviandad con que enfoca su vida, particularmente cuando en la iglesia de San Sulpice, reconquista a Des Grieux, quien a esas alturas había optado por la vida religiosa, siendo a la sazón abate, en la escena final fue muy convincente, en su arrepentimiento, antes de su muerte. En lo vocal, hizo gala de un gran registro, con coloraturas muy fáciles, con hermoso y poderoso timbre.

           En San Sulpice Des Grieux (Galeano Salas) es seducido por Manon (SabinPuértolas) foto Patricio Melo      

Des Grieux fue el tenor mexicano Galeano Salas, de hermosa y expresiva voz, con fáciles y sólidos agudos, manejando diestramente fraseos, que suman a su natural expresividad, y como además se trata de un muy buen actor, sus arias y dúos con Manon fueron de enorme expresividad, por la compenetración entre ambos cantantes.

Manel Steve, fue Lescaut, el tío de Manon, en él se reúnen una hermosa voz, expresividad de canto y natural actuación, asumiendo bien los dobleces de su personaje. El Conde Des Grieux, padre del amante de Manon, fue asumido con su habitual prestancia vocal y escénica, por Homero Pérez-Miranda.

Guillot de Morfontaine, lo cantó y actuó en excelente forma Gonzalo Araya, dotando a su personaje de toda su ansiosa lujuria y malas artes sociales. Patricio Sabaté, fue Monsieur de Brétigny, en estupendo momento vocal, con su habitual prestancia escénica.

(Elenco 2) Des Grieux (Andrés Presno) y Manon (Annya Pinto) foto Patricio Melo

Las Tres cortesanas, amigas de Morfontaine, fueron cantadas y actuadas con excelencia y propiedad por Andrea Aguilar, Marcela González y Evelyn Ramírez, mientras que, David Gáez, Nicolás Noguchy, Ismael Correa y Paola Rodríguez, completaron muy profesionalmente el elenco.

Elenco 2.

Pedro Pablo Prudencio fue el director musical, imprimiendo mucho de su sello, es así que a la cuidadosa dirección orquestal y de cantantes, donde fue cuidadoso en las inflexiones expresivas, infundiéndole a la dramática segunda parte, una fuerza que exaltó a los presentes. El rendimiento de la Filarmónica de Santiago, fue con ambos directores de encomiable musicalidad, bello sonido y expresividad.

En San Sulpice Manon (Annya Pinto) seduce a Des Grieux (Andrés Presno) foto P. Melo

Annya Pinto la ascendente soprano chilena, fue Manon, haciendo uso de bella voz, de timbre cálido y parejo en todo su registro, mostrando ágiles coloraturas, así como exhibiendo gran musicalidad; su enfoque del personaje resalta lo lábil e ingenua, que de pronto descubre el placer, que no esquiva, por ello es que, asoma lo caprichoso de su personaje; sus arias y dúos con Des Grieux fueron notables, en particular cuando seduce a este, en San Sulpice, llegando a conmover en el final.

Des Grieux, lo cantó el tenor uruguayo Andrés Presno, que posee una hermosa voz de fáciles agudos, que combina con gran musicalidad, sus dúos y arias fueron estupendas, pero creemos que debiera desarrollar más su nivel de actuación, que a ratos resulta poco convincente.

En el Hotel Transylvanie, Monsieur de Brétigny (Javier Weibel) recibe a Manon (Annya Pinto) foto Patricio Melo

Ramiro Maturana, el barítono chileno, de expectante carrera en Europa, fue Lescaut, un rol que le permitió exhibir su hermosa voz, gran musicalidad y sólida actuación. Sergio Gallardo le otorgó al Conde Des Grieux una cierta dosis de prepotencia y maldad, haciendo uso de sus dotes vocales y de actor.

Gonzalo Araya volvió a mostrar sus notables condiciones, como Guillot de Morfontaine, ahora en este elenco, mientras que Javier Weibel, desplegó todas sus estupendas condiciones vocales y de actor, para el cínico y doble personaje de Monsieur de Brétigny.

Las Tres Cortesanas, fueron muy bien cantadas y actuadas, por Tabita Martínez, Camila Guggiana y Camila Aguilera, y el resto de los personajes fueron asumidos por quienes lo hicieron en el elenco 1.

El Coro del Teatro Municipal que dirige Jorge Klastornick, cumplió con la excelencia a que nos tiene acostumbrados, tanto en canto, con sus hermosas voces, y gran actuación. Los figurantes hicieron un estupendo aporte.

En síntesis, una Manon de Jules Massenet, de excelencia musical, y con luces y sombras en la puesta en escena, lo que no fue obstáculo para que el público aplaudiera incansablemente a quiene la representaron.

Gilberto Ponce (CCA)

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DEBUTA NUEVO DIRECTOR EN EL CORO DE CÁMARA UC.

GERARD RAMOS DEBUTA CON BACH CON EL CORO DE CÁMARA UC.

En medio del desarrollo del ambicioso proyecto, que dará a conocer en Santiago la integral de las Cantatas de Johann Sebastian Bach, el Coro de Cámara de UC, dio inicio a un nuevo ciclo, en la dirección del conjunto, con la llegada del director catalán Gerard Ramos.

Este joven músico de poco más de treinta años, cuenta con una sólida formación, que se inicia en su tierra natal, para continuar luego perfeccionándose en Alemania, a nuestro país llegó primero a trabajar al Teatro del Lago en Frutillar, para luego asumir como docente, en dirección coral y tomar la dirección del Coro de Cámara UC, conjunto que ya cuenta con más de cuarenta años de vida.

El director Gerard Ramos, saludando al final del concierto. foto Carlos Arriegada

Siempre será enriquecedora, la llegada de una nueva mirada, en la dirección de un coro, en particular, si este puede aportar su experiencia en otros lugares, pero además por la opción de incorporar nuevas formas de trabajo, que ayuden al desarrollo del conjunto.

Es así que, había grandes expectativas ante el debut de la nueva batuta, que además del coro, dirigiría a una orquesta de cámara, en la interpretación de tres Cantatas de Johann Sebastian Bach, las número 27 «Quién sabe cuán cerca esrá mi fin», la 109 «¡Creo, Dios amado ayuda a mi incredulidad» y la 62 «Ven, Salvador de los gentiles», razón que llevó a un numeroso público a llenar la iglesia de La Anunciación, de la Plaza Pedro de Valdivia en Providencia.

Pero a veces las mejores intenciones se topan con imprevistos, que hacen que estas no se puedan cumplir a cabalidad, y precisamente fue una, y tal vez la más importante, la que jugó en contra de la indudable preparación que tuvieron coro y orquesta, nos referimos a la acústica, que en las iglesias en general, es muy reverberante, algo que obliga a voces y conjuntos a ensayar previamente en el lugar, para corregir las imperfecciones resultantes de esa reverberación.

Todos los participantes en el Concierto, en primer plano Florencia Novoa soprano, Javiera Lara maezzosoprano, el director Gerard Ramos, Gonzalo Quinchahual tenor e Ismael Correa barítono. foto Carlos Arriagada

En esta ocasión, solo se pudo realizar una breve prueba acústica, ocasionándose, que al menos en las dos primeras cantatas, existieran problemas de balance, poco perfil en las articulaciones, y en ciertos momentos confusiones de pulso, a pesar del gesto bastante claro del Gerard Ramos.

Además, creemos que la orquesta de cámara, ocupó tal vez un espacio demasiado grande, o su distribución afectó por ello a los instrumentistas que tenían dificultades para escucharse entre si, razón que creemos les llevó a realizar pocos contrastes, y tocar en una dinámica generalmente forte, lo que incidió en que, al menos en las primeras cantatas, los solistas debieron luchar para sobreponerse a los instrumentos.

En pleno desarrollo del concierto, el Coro de Cámara UC y la Orquesta de Cámara, dirigidos poe Gerard Ramos. foto Carlos Arriagada

El coro, enfrentó mejor la dificultad, pero gran parte de fraseos, se percibieron con dificultad, aunque en todo momento y al igual que la orquesta, evidenciaron hermosas y timbradas voces y seguridad en las numerosas escalas, asimismo, debemos dejar constancia de la belleza sonora da cada familia instrumental, en aquellas partes de mayor importancia melódica.

Lo importante, es que, tanto director, como cada uno de los instrumentistas y las voces, fueron paulatinamente sobreponiéndose a la dificultad acústica, alcanzando por fin, lograr interpretar de acuerdo a su evidente musicalidad.

Como decíamos, en la tercera cantata, el equilibrio se consiguió, logrando así hacer justicia con la obra, algo que sin duda se habría logrado en las tres, de haber podido contar con un ensayo del programa completo in situ.

Pensamos que los solistas, lograron verdaderas proezas, en algunas de las arias, que son de dificultad mayúscula, tanto en tesitura, como en articulaciones, pensamos en las arias de tenor en las que, en medio de las dificultades, logró salir airoso Gonzalo Quinchahual, quien sigue dando muestras de su talento musical.

Florencia Novoa, que fue la soprano solista, tiene un hermoso timbre y es musical, y creemos que con lo exhibido en esta ocasión, tendrá una promisoria carrera. Javiera Lara la mezzosoprano, posee un cálido timbre, que acompaña con una natural musicalidad, el barítono Ismael Correa, de hermoso timbre afrontó con hidalguía los enormes desafíos, que incluyen demasiadas notas graves, que creemos resolverá a futuro.

El director Gerard Ramos, foto Carlos Arriagada

Cómo nos habría gustado escuchar a este cuarteto en favorables condiciones acústicas, apreciar los diálogos entre sus voces y algunos instrumentos solistas que les acompañaron.

De ninguna manera, fue posible evaluar completamente el desempeño de Gerard Ramos, por las razones expuestas, aunque siempre se vio empoderado en las obras, que conoce en profundidad, pero impedido a nuestro juicio, de mostrar todo su talento, a la vez que desarrollar todas las ideas que tenía para la interpretación de las obras, y que seguramente ensayó; es por ello esperaremos una próxima presentación al frente del Coro de Cámara UC, para realizar un análisis más detallado.

De todas formas, los amantes de la obra de Bach, agradecen la oportunidad de escucharlas, y pasan por alto las dificultades de orden acústico, que se pueden originar.

Gilberto Ponce (CCA)

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PATAGONIA LA NUEVA ÓPERA CHILENA.

       ESTRENO DE PATAGONIA, ÓPERA DE SEBASTIÁN ERRÁZURIZ.

Siempre será una buena noticia, saber del estreno de una nueva ópera chilena, algo que en nuestro país, aunque suene extraño, se está constituyendo en una práctica de cierta frecuencia, el año pasado se estrenó para formato digital, “La compuerta 12” de Miguel Farías.

Ikalemen (la actriz María Paz Grandjean) recordando relatos antiguos. foto producción

En este caso se trata de uno de los compositores chilenos que más ha incursionado en el género, y con bastante éxito, nos referimos a Sebastián Errázuriz, quien dio inicio en el año 2018, a la aparición de nuevas obras en el repertorio lírico, cuando estrenó en el Teatro Municipal de Santiago, su ópera “Viento blanco”, basada en la tragedia del Volcán Antuco, en la que perdió la vida un grupo importante de conscriptos del ejército.

Xorenken (Marcela González) y Kentelan (actor Francisco Arrázola)

Posteriormente el 2012 vino “Gloria”, ópera de cámara, que fue una mirada sarcástica, al mundo de la farándula de la TV, para incursionar luego el 2015 con “Papelucho”, otra vez para el Municipal de Santiago, en una acertada mirada al mundo infantil, desde los ojos del inmortal personaje creado por Marcela Paz.

Patagonia se escribe para conmemorar uno de los hechos más trascendentales, de la Historia de la Humanidad, el descubrimiento del Estrecho de Magallanes, que permitió la primera circunvalación del mundo, hecho que por su trascendencia, requiere sin duda, de un vastos y profundos enfoques.

Xorenken (Marcela González) y Kentelan (actor Francisco Arrázola)

Esta dificultad, llevó a sus creadores Sebastián Errázuriz, como compositor y a Rodrigo Ossandón su libretista, a esbozar una serie de escenas, que intentan recoger la magnitud del evento, tal vez por ello se permitieron incorporar algo del lenguaje patagón o tehuelche, que Antonio Pigafetta anotó en su crónica, y aún más, decidieron enfocarlo desde una perspectiva de género, pues veremos a una mujer contemporánea, reflexionando sobre su significado.

Golenkon líder espiritual (Evelyn Ramírez) invocando

Para conseguir plasmar estas ideas, se contó con la participación de Marcelo Lombradero, uno de los más renombrados directores de escena en el ámbito internacional, que ha realizado estupendos trabajos en el Municipal de Santiago. Y creemos que probablemente, es en este aspecto donde la producción logra sus mayores logros, debido a que Lombardero creó en conjunto con Noelia González Svoboda, un marco hermoso y mágico en lo escenográfico, con apoyo de multimedia, la belleza de la mayoría de las escenas propuestas, provocaron en gran medida, el éxito de esta propuestas lírica.

Antonio Pigafetta (Nicolás Fontecilla) escribiendo la crónica del viaje.

El vestuario de de Luciana Gutman, que en general no propone ni pretende acercarse a la supuesta realidad de los habitantes de esa parte de la Patagonia, cumple ampliamente el propósito de la puesta en escena, pero donde sí existe un acercamiento certero, es en el vestuario que asigna al cronista Antonio Pigafetta y al representante de Carlos V, Juan de Cartegena.

Golenkon (Evelyn Ramírez) en otro momento de invocación

A partir de la crónica de Pigafetta, se construyen las escenas, enfatizando el supuesto impacto que causó en los originarios, la llegada de los españoles, pero abarcando solo los incidentes ocurridos en el Estrecho.

Errázuriz escribe para un conjunto de cámara de diez instrumentistas, cinco de cuerdas y cinco de viento, creando para ellos una base melódica, que en ciertos momentos logra gran belleza, en la que a menudo aparecen los motivos rítmicos reiterativos, propios de la música de aquellos pueblos. No obstante en la obra, aparece una de las constantes en las obras vocales del compositor, los intervalos descendentes, los que al reiterarse en demasía pierden su eficacia, a pesar que él, como director musical, da lo mejor de sí, para conseguir sus objetivos, en particular en lo relativo al carácter de la música.

Juan de Cartagena (Sergio Gallardo) y Golenkon (Evelyb Ramírez)

Toda la primera sección es bastante atrayente, tanto en lo vocal como en lo instrumental, siendo particularmente exigente en el caso de la soprano, posteriormente esa energía se diluye un poco, debido a que hay secciones con poca progresión dramática, es así que los clímax, tan importantes en una ópera, se consiguen más bien con las imágenes, como aquellas impresionantes de la mar gruesa, o las de la pampa patagónica o bien los cielos estrellados.

Xorenken (Marcela González)

Sin duda alguna, los solistas vocales fueron grandes triunfadores, ellos fueron la soprano Marcela González, que asumió el rol de Xorenken, con gran presencia escénica, debido a que ella no solo es una gran cantante, pues como actriz es muy convincente, correspondiéndole realizar con sutileza el encuentro sexual con Kentelan, encarnado por el actor Francisco Arrázola, de recia y contundente actuación, en particular cuando posteriormente es trasladado a uno de los barcos para ser llevado a presencia de Carlos V; donde tal vez el estrés provocado por el hecho de sentirse prisionero, le conducirá a la muerte, pero antes Pigafetta le bautizará, para “salvar su alma”.

Juan de Cartagena (Sergio Gallardo), Golenkon (Evelyn Ramírez) y Xorenken (Marcela González)

Golenkon la líder espiritual de la tribu, fue asumido por Evelyn Ramírez, dando muestras una vez más, de su exquisito talento, plasmado en su hermosa voz y poderosa actuación, obteniendo un resonante éxito, muy reconocido por el público. Antonio Pigafetta el cronista, fue cantado y actuado muy en propiedad por el tenor Nicolás Fontecilla, con una muy natural actuación, mostrando sólido timbre y hermosa voz. Sergio Gallardo el bajo barítono, fue un estupendo y dramático Juan de Cartegena, quien fue condenado a ser abandonado en la playa de San Julián, donde será encontrado y salvado por Xorenken y Golenkon, ayudándole a intentar encontrar las embarcaciones españolas, mientras ellas intentarán encontrarse con Kentelan, sin saber que ha muerto en el barco.

Juan de Cartegena (Sergio Gallardo) abandonado en la playa de San Julian.

Existe además un personaje Ikalemen, mujer contemporánea que a través de retazos escuchados cuando niña, reconstruye elementos de la historia de la llegada española al Estrecho, y su encuentro con los habitantes de la Patagonia, este rol lo asumió la actriz María Paz Granjean, con una dicción no siempre perfecta, para un papel que se diluye con el transcurso de la obra, sin quedar plenamente justificado su inserción en la trama.

Escena final Juan de Cartagena (Sergio Gallardo), Golenkon (Evelyn Ramírez) y Xorenken (Marcela González) en una orilla del Estrecho, tratando de visualizar las embarcaciones españolas, y a la derecha en el lejano barco, Antonio Pigafetta (Nicolás Fontecilla), junto al cadaver de Kentelan (actor Francisco Arrázola)

El desempeño del Ensamble de la Orquesta Sinfónica de Concepción, fue del mejor nivel musical y profesional, tanto como la breve intervención del percusionista Manuel Páez, quien representó a un español en una especie de justa con Kentelan, mientras que la dirección, del mismo compositor Sebastián Errázuriz, fue bastante clara en gestos, ajustándose muy bien a cada uno de los participantes, en esta nueva ópera “Patagonia”, que fue muy bien recibida por el público.

Gilberto Ponce. (CCA)

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LAGO DE LOS CISNES EN EL MUNICIPAL DE SANTIAGO.

TRIUNFAL REGRESO DEL LAGO DE LOS CISNES AL MUNICIPAL.

El Lago de los Cisnes, es sin duda uno de los ballets más populares de toda la historia de la danza, y a pesar de los años transcurridos desde su estreno, y de todas las diferentes coreografías basadas en el original, sigue imbatible, conquistando públicos de los más diversos rincones y culturas del mundo, sin que pierda su frescura y encanto.

Del mismo modo, creemos que no existe solista que no sueñe con interpretar alguno de los roles principales, o bien bailar cualquier papel secundario, pues para todos representa un desafío mayor, y si en otro plano se quiere evaluar a una compañía, esta coreografía permite, aquilatar toda la potencialidad y calidad de la misma.

Los amigos del Príncipe (Emmanuel Vásquez) y parte de la corte, lo saludan por su cumpleaños, en el primer acto. foto Patricio Melo

Los factores de tamaño éxito, radican en la formidable música de Piotr Ilich Tchaikovsky, de una riqueza melódica y originalidad que asombra cada vez que se la escucha, música compleja que representa también un desafío para las orquestas, tanto como para el director que debe ensamblar y rescatar el espíritu que el compositor quiso plasmar; no menores son los desafíos de los instrumentistas que deben enfrentar partes a solo.

A lo anterior, sumemos un libreto de carácter universal, que habla de la búsqueda del amor, más allá de las consecuencias.

Y por último, creemos que a todos nos encanta la magia y la fantasía, y en este ballet, cuyo argumento es un cuento de hadas, encontramos magia y fantasía, en contraste con el mundo real.

            El príncipe (Emmanuel Vásquez) en el primer acto. foto Patricio Melo

El Ballet de Santiago, que dirige Luis Ortigoza, ha montado varias coreografías, siempre con gran éxito, en esta oportunidad se remontó la perteneciente a Iván Nagi, que fuera años atrás también director de la compañía, en esta, los amantes solo encuentran la felicidad, en la eternidad, después de la muerte de ambos. Trágico final para un cuento de hadas, pero muy típico de la época de su estreno, aunque debemos aclarar que otras coreografías finalizan con la muerte de Rothbart a manos de los mismos cisnes que él esclaviza, para que Odette pueda quedarse con el príncipe.

En todo caso, cualquier final mantiene su enorme impacto, por la fuerza inmensa de la música de Tchaikovsky.

Rothbart (Miroslav Pejic) el malvado brujo que esclaviza a los cisnes. foto Patricio Melo

Nos correspondió presenciar la segunda función del primer elenco, pero antes del análisis, nos permitimos una reflexión; en la vida de los artistas existen momentos, que podríamos calificar de extraordinarios, porque en ellos se conjugan todos los factores para producir finalmente una obra de arte, en ella todo fluye armónicamente, nada falla, razón que hace que el público se rinda ante esa perfección y estalle en ovaciones; fue lo ocurrido en esta ocasión, donde al final, se tuvo que cerrar las cortinas y encender las luces, para que el público, que se negaba a abandonar la sala, ovacionando sin cesar, por fin la abandonara.

Odette el Cisne blanco (Katherine Rodríguez) en el primer acto. foto Patricio Melo

El marco mágico de este Lago de los Cisnes, estuvo dado por la hermosa y sugerente escenografía de Enrique Campuzano, quien acertó plenamente en varios aspectos, donde el “lago” fue omnipresente en todas las escenas, además empleó simbolismos que la ubicaron entre lo real y lo mágico, como en la primera escena, mientras que aquellas propias del lago donde viven las damas cisnes, fue de ensoñadora magia, más concreto fue la tercera escena en el palacio, y de gran fuerza en final, contando para su objetivo, con la certera y sutil iluminación de Ricardo Castro.

El Lago de los Cisnes cuenta con un numeroso reparto que incluye los solistas, y otros secundarios para los pas de trois, pas de quatre, los amigos del príncipe, su madre, miembros de la corte, y los invitados de diversos países, para la fiesta, además de las damas cisnes, el mago brujo y Odile, el cisne negro, entre otros, como se puede apreciar, se debe crear una multiplicidad de vestuario, que tiene que transitar entre los real y lo mágico, guardando las diferencias entre ellos, a la vez que buscando una armonía general en sus contrastes; creemos que el trabajo de Pablo Nuñez como vestuarista, fue de excelencia, para cada uno de los numerosos bailarines, combinando la elegancia con la belleza, sin exagerar en nada, el juego de degradaciones de color y su relación con la escenografía, la consideramos un logro mayor, asimismo los trajes de Odile, de Rothbart, como los del Príncipe, hermosos y elegantes.

Odette (Katherine Rodríguez) y el Príncipe (Emmanuel Vásquez) junto a los Cisnes a orillas del Lago. foto Patricio Melo

Otro aspecto fundamental en esta función que consideramos en “estado de gracia”, fue la Filarmónica de Santiago, que no cesa de dar ejemplo de excelencia; en primer lugar destacaremos el trabajo de su director Pedro Pablo Prudencio, en un estupendo desempeño tanto en el manejo orquestal, pues además, fue fundamental en el acompañamiento de los bailarines, acentuando el carácter de la música, en cada una de las danzas. La orquesta brilló una vez más, hermoso sonido, afinación impecable, fraseos y articulaciones así como en el manejo de contrastes, de gran naturalidad y musicalidad. Tenemos la obligación de destacar a los solistas instrumentales, que son claves en muchas de las escenas, mencionaremos los solos de violín y chelo, claves en los pas de deux, el arpa, así como el oboe y el clarinete, pero por favor no se entienda que desmerecemos al resto de los integrantes.

Beno, (Cristopher Montenegro) en el Pas de trois junto a Esperanza Latuz y Mariselba Silva en el Pas de trois. foto Patricio Melo

Los solistas principales fueron Katherine Rodríguez, en el doble rol de Odette (cisne blanco) y Odile (cisne negro), junto a Emmanuel Vásquez, quienes se están consolidando como una gran pareja en la danza, ella tiene la obligación de encarnar dos roles contrastantes, primero como la dama cisne Odette, que debe mostrar sutilmente sus sentimientos, para desdoblarse luego como el Cisne negro (Odile) en el que surge toda la sensualidad femenina, ambos los desarrolló con destreza, encontrando en el Príncipe de Emmanuel Vásquez la contraparte perfecta, su destreza técnica, que acompaña con elegancia en sus movimientos de brazos, así como en sus saltos y figuras, al tiempo que demuestra enorme seguridad al elevar a su pareja, acompañándola como un todo en sus desplazamientos. No podemos dejar de mencionar los pas de deux con el Cisne negro, de una perfección notable, las ovaciones para ellos fueron más que merecidas.

Los invitados de diversos países, a la fiesta en el palacio del Príncipe. foto Patricio Melo

Beno el amigo del Príncipe, fue Cristopher Montenegro, que sigue dando pasos firmes, para llegara a ser una de las figuras de la compañía, sus solos, tanto como como acompañante en el pas de trois con Esperanza Latuz y Mariselba Silva, fue de gran nivel.

Miroslav Pejic, tuvo un destacado trabajo como Rothbart, perfilando muy bien al malvado mago que esclaviza a las damas cisnes y se opone al amor del Príncipe con Odette.

Los Pequeños cisnes (Lara Gonçalves, Alexia Comisso, Mariselba Silva y Monserrat López, foto Patricio Melo

Uno de los momentos más esperados por el público, es el celebérrimo pas de quatre de los Pequeños cisnes, que hizo delirar al público por su perfección, el que fue bailado por Lara Gonçalves, Alexia Comisso, Mariselba Silva y Monserrat López.

Los Grandes cisnes, encontraron en Deborah Oribe y Esperanza Latuz, las intérpretes ideales.

El Príncipe (Emmanuel Váquez) y Odile (Katherine Rodríguez). foto Patricio Melo

Queremos dejar el párrafo final para los integrantes de la Compañía, bailarinas y bailarines, que en verdad a lo largo del tiempo se han ido convirtiendo en un verdadero lujo que enorgullece, su prestancia, técnica, trabajo de conjunto y su presencia escénica, la convierten en un pilar del conjunto, lo concreto de las escenas en palacio o jardines se contrapone con la evanescencia perfecta de las escenas de las damas cisnes.

Odette (Katherine Rodríguez) y el Príncipe (Emmanuel Vásquez) junto a los cisnes durante el primer acto. foto Patricio Melo

Como decíamos nos correspondió presenciar una función, en “estado de gracia”, que debe enorgullecer a las autoridades del Teatro Municipal, tanto como al director del Ballet de Santiago Luis Ortigoza.

Gilberto Ponce (CCA)

Como se canceló la función del día 14, no pudimos asistir al elenco 2.

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GRAN ÉXITO DE LA TRAVIATA EN ELENCO 1 (Segunda función)

            ELENCO UNO DE LA TRAVIATA DE G. VERDI. (Segunda función)

Es de justicia relevar los esfuerzos, realizados por las autoridades del Teatro Municipal de Santiago, en su afán por devolver a este, la mayor normalidad posible, en su programación habitual, esfuerzos que han sido retribuidos por el público, que ha acudido en gran medida, e incondicionalmente a sus presentaciones.

Todas ellas, de acuerdo a las condiciones dictadas por la pandemia, afortunadamente la ocurrencia de dos hechos, se han transformado en buenas noticias, el primero, es que una gran cantidad de los espectadores, corresponde a personas que recién se asoman a estos espectáculos, siendo estimulante, el entusiasmo que muestran frente a ellos, el segundo, es que los aforos ya permiten una mayor cantidad de espectadores, por lo que ver el teatro, casi totalmente lleno, se convierte en un gran estímulo tanto para los artistas, como para el mismo público.

Violeta (Francesca Sassu) y Alfredo (Long Long) en una escena. foto Patricio Melo

En relación a La Traviata, hicimos consideraciones sobre la “puesta en escena” con el elenco 2, que no reiteraremos, refiriéndonos solo al desempeño del elenco 1, al que presenciamos en su segunda función.

No obstante, previamente nos vemos obligados a manifestar nuestro entusiasmo, frente a los cuerpos estables, en este caso la Orquesta Filarmónica de Santiago (Roberto Rizzi-Brignoli y Pedro Pablo Prudencio) y el Coro del Teatro Municipal (Jorge Klastornick), que muestran una calidad que enorgullece, su hermoso sonido y afinación, la musicalidad y entrega incondicional, son muestras de un trabajo constante y dedicado, que el público reconoce ruidosamente.

Giorgio Germont (Javier Arrey) y Violeta (Francesca Sassu). foto Patricio Melo

La soprano italiana Francesca Sassu que cuenta con una nutrida presencia internacional, dio vida a Violeta, lo hizo con una poderosa presencia escénica, que le permite transitar sin problema alguno por los diversos estados emocionales de la protagonista, además, cuenta con un registro muy amplio, timbre muy hermoso y parejo, además de manejar con soltura y musicalidad las coloraturas.

Creemos que Violeta es un rol que le acomoda, pues su manejo y evolución del personaje lo consideramos del mejor nivel.

Otro aspecto donde destaca, es el ámbito de la actuación, la que sin llegar a extremos inútiles, es natural y convincente.

La fortaleza y desparpajo, del primer acto, y su aria “siempre libre”, fue su primer éxito; luego la veremos transformándose en el segundo, donde hace surgir la humanidad, que en verdad es propia de Violeta -el dúo con Germont fue espléndido-, la que volverá a aparecer en el desgarrador acto final –notable su aria “adiós al pasado-, mientras que antes antes en la fiesta en casa de Flora, la vemos debatirse ambiguamente entre el horror ante el peligro que puede correr Alfredo, y la firmeza en mantener su compromiso, de alejarse de él.

El público no escatimó ovaciones, para celebrar el gran desempeño que tuvo en el escenario.

Germont (Javier Arrey) es enfrentado por Alfredo (Long Long) foto Patricio Melo

El tenor chino Long Long, fue un apasionado Alfredo, destaquemos, que además es muy buen actor, con gran presencia escénica, él es de aquellos que cantan y actúan con todo el cuerpo, pero al mismo tiempo con con gran naturalidad, tiene hermosa voz, potente y agudos firmes, sus dúos y arias, le significó cosechar grandes éxitos, que fueron ruidosamente celebrados por el público, su segundo acto fue espléndido, particularmente en la evolución sicológica de Alfredo, que va desde, el dichoso por el amor que en ese momento está viviendo, hasta el atónito y enfurecido, al no comprender el porqué ha sido abandonado; luego en casa de Flora, su imprecación a Violeta, frente a todos, fue de fuerza arrolladora, para finalmente quebrarse ante el inevitable fin de su amada.

Flora (Evelyn Ramírez) coqueteando con dos amigos. foto Patricio Melo

Javier Arrey el barítono chileno, que es otra de las promesas en el extranjero, fue Giorgio Germont, mostrando hermosa voz y musicalidad, algunas de sus grandes cualidades, no obstante creemos, que en esta oportunidad, en cuanto a expresividad, estuvo al debe, sobre todo en lo corporal, si comparamos como lo fue el resto de los protagonistas, tal vez el formato de concierto semi actuado no le acomoda, y sin duda, esto le jugó en contra en esta ocasión.

Flora, la amiga de Violeta, encontró en la mezzosoprano chilena Evelyn Ramírez, la intérprete ideal, vocalmente impecable y como actriz adueñándose, dentro de su breve rol, de las escenas donde le correspondió actuar.

Final del tercer acto, donde todos condenan la ofensa que Alfredo le hizo a Violeta, en la fiesta en casa de Flora. foto P. Melo

Una muy acertada Annina, fue Paola Rodríguez, mientras que, con profesionalismo se desempeñaron en sus respectivos papeles, Gonzalo Araya, Arturo Espinoza, Pedro Alarcón, junto a Eleomar Cuello (Barón Duphol), Alexis Valencia y Francisco Salgado, que también lo hicieron en el otro elenco.

Annina (Paola Rodríguez) anuncia a Violeta (Francesca Sassu) la llegada de Alfredo (Long Long) que se acerca desde el fondo. foto Patricio Melo

Dos versiones, de una de las óperas favoritas del público, que sigue conmoviendo al igual que siempre, a un público que rinde ante ella, y que en esta oportunidad, con sus propios valores en cada versión, consiguió un triunfo de envergadura, ante un público que no ahorró ovaciones de entusiasmo.

Gilberto Ponce. (CCA)

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ELENCO 2 DE LA TRAVIATA DE VERDI.

                              ROTUNDO ÉXITO DE LA TRAVIATA (ELENCO 2).

Alguna vez le escuché decir a alguien, que: “Verdi escribe con el corazón”, aunque es justo decir que, sin duda la mayoría de los compositores lo hace, debido a que en sus obras siempre queda algo de su alma.

La afirmación relativa a Verdi, es en La Traviata, particularmente cierta, pues a lo largo de la partitura desfila una amplia gama de sentimientos que develan el alma de sus protagonistas.

Vista general desde la platea de la puesta en escena, todo el elenco. foto Patricio Melo

Pero es necesario señalar, que La Traviata en general, está atravesada por el dolor, incluso en las escenas festivas, donde la tensión que se manifiesta a veces en ellas, esconde anuncios de tragedia; ya en el preludio del primer acto se nos anuncia, el desgarrador “ámame Alfredo” que será después uno de los clímax de la ópera.

Del mismo modo, en cada uno de los actos el dolor está presente, como en los soliloquios de Violeta en el primer acto, llenos de dudas y entereza ante la vida que lleva, junto a la enfermedad que la acosa; en el segundo los diálogos con el padre de Alfredo; la premonición de eventos trágicos que tiene la protagonista, en la fiesta en casa de Flora, y por supuesto el desgarrador acto final, donde el “fatum” de Violeta concluye.

        Violeta (Yaritza Véliz) y Alfredo (Santiago Ballerini) foto  Patricio Melo

La paleta orquestal de Verdi es un apoyo contundente para cada escena y carácter de los personajes, en un juego de contrastes, que obliga al director musical a desentrañar los sentimientos humanos que el compositor quiso mostrar, en el caso del elenco 2 que fue dirigido por Pedro Pablo Prudencio, pensamos que acertó plenamente tanto en el acompañamiento a los cantantes, como en la acentuación del carácter de las diversas escenas, logrando diferenciar el ambiente de cada acto; exultante el primero, más profundo y dramático el segundo, brillante a la vez que tenso en tercero, mientras que el cuarto, fue la síntesis de la tragedia. La respuesta de la orquesta, los solistas y el coro  dirigido por Jorge Klastornick, fue del mejor nivel, particularmente en los cambios de pulso, o en los ascelerando y ritardando, que impuso en ciertas ocasiones; algunas de las escenas donde el coro participa, las tomó a una velocidad que pudo ser peligrosa, pero el profesionalismo y musicalidad de orquesta y coro, respondieron fantásticamente.

       Violeta (Yaritza Véliz) junto a sus amigos en el primer acto. foto Patricio Melo

Aunque parezca redundante, debemos reiterar el notable profesionalismo de estos conjuntos pues tanto Pedro Pablo Prudencio, como Roberto Rizzi-Brignoli, director del primer elenco, impusieron sus propias visiones, reflejadas en tempi y contrastes, así como diferencias de dinámica, logrando en las dos funciones que presenciamos, solo alabanzas a su desempeño.

El entorno de la presentación, sin olvidar que fue en formato de concierto, diferenció los ambientes grandes, de los íntimos, con uso de todo el escenario en las fiestas en las casas de Violeta y Flora, con énfasis en la iluminación, así como achicándolo en la casa de campo, en el segundo, con una sugerencia de flores, en sutil alusión al campo, en un acierto de iluminación (Ricardo Castro), en el último, se acota en los costados, mientras se abre el fondo muy iluminado, tal vez aludiendo a la esperanza de Violeta, y desde allí se producirá la llegada de Alfredo, para encontrarse con su amada, en sus últimos momentos.

Giorgio Germont (Javier Weibel), pidiendo a Violeta (Yaritza Véliz), que deje a su hijo Alfredo, durante el segundo acto. foto Patricio Melo

Todo lo anterior inserto en la dirección dramática de Francisco Krebs, quien planteó en esta, la acentuación de sentimientos, consiguiendo en ambos elencos muy buenos resultados; en relación al vestuario, este nos pareció poco convincente, particularmente en sus contrastes, y en lo que parece ser, una cierta libertad para algunos, como en el caso de Germont, donde no coincidieron para nada los cantantes de ambos elencos; en contraste creemos muy acertado el camisón de Violeta en el acto final.

Yaritza Véliz, la soprano chilena, que ya está en medio de una prometedora carrera internacional, logró un enorme éxito, que el público ratificó con ovaciones. Posee un bello timbre en toda la tesitura, con agudos muy fáciles tanto como sus coloraturas, que sin duda alcanzarán todo el brillo que desea, cuando estas se asienten corporalmente.

Realizó una evolución dramática que se inició, con la dualidad de su personaje, primero segura de si misma, tratando de ocultar la enfermedad, y el trastorno que significa enamorarse de Alfredo, en el primer acto, donde su aria “siempre libre”, fue con más enojo, que orgullosa, pero con tal fuerza que conmovió completamente al público. En el acto del campo, abandonó el rol de cortesana, para enfrentarse con hidalguía al padre de Alfredo, para luego entregarse a la decisión de este, de abandonarlo, para así conceder la felicidad a la hermana de su amado, notable fue el “ámame Alfredo”, antes de abandonarlo. En la fiesta en casa de Flora, creemos que faltó énfasis en la dualidad entre, la amante del Barón y el hecho de no poder revelar el porqué de la decisión de dejarlo, algo nada de fácil, que sin duda resolverá cuando madure aún más el personaje. El acto final, fue un éxito absoluto, en su lucha por segur viviendo luego de la llegada de Alfredo; su aria “adiós al pasado”, fue sobrecogedora.

Giorgio Germont (Javier Weibel), consuela a su hijo Alfredo, por el abandono de Violeta, durante el segundo acto. foto Patricio Melo

Santiago Ballerini, tenor argentino, que nos ha visitado en otras ocasiones, cantó como Alfredo, mostrando su hermosa voz, de amplia tesitura, que corre con facilidad y se distingue sin problemas en las escenas grupales, ello a pesar de no poseer una gran volumen, y como posee una actuación muy natural, fue muy convincente y dramático en el acto del campo, primero haciendo notar su felicidad por Violeta, para luego mostrar ira incontenible, ante lo que supone traición de su amada. Su dúo con Violeta en el último acto, no solo fue de gran convicción, también conmovedor.

Giorgio Germont, lo asumió Javier Weibel, rol que le permitió desarrollar toda su musicalidad y capacidad actoral, a través de su hermosa voz, como actor se desenvolvió con naturalidad y convicción tanto frente a Violeta, cuando la consuela (llora, llora) por tener que dejar a Alfredo, como con su hijo en su discusión en el acto del campo; su imprecación a su hijo al final del acto tres, luego que este ofendiera gravemente a Violeta, fue una muestra de su capacidad actoral.

Violeta (Yaritza Véliz), es increpada por Alfredo, en la fiesta en casa de Flora, ante el horror de los presentes. foto Patricio Melo

Flora la amiga de Violeta, fue cantado por María Luisa Merino, ella tiene bonita voz y es musical, pero aún debe desarrollar más su volumen, y lograr un desempeño más creíble como actriz, ella es muy joven sin duda lo conseguirá.

Gonzalo Quinchahual, Eleomar Cuello, Cristián Lorca, David Gáez, Pilar Garrido, Alexis Valencia y Francisco Salgado, completaron el elenco, en esta exitosa presentación de La Traviata de Giuseppe Verdi, largamente ovacionada por el público.

Gilberto Ponce. (CCA)

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SEGUNDO ELENCO DE GISELLE.

SEGUNDO ELENCO DE GISELLE EN EL MUNICIPAL.

Al presenciar una segunda función, ahora con el segundo elenco del ballet Giselle, por el Ballet de Santiago que dirige Luis Ortigoza, nos permite apreciar aún más los valores detectados en la primera función.

En el comentario anterior, hicimos mención al cuerpo de baile, alabando sus fortalezas, en esta oportunidad, reafirmamos absolutamente lo dicho, y a ello agregamos el enorme placer que produce observar a una compañía con tal nivel de afiatamiento, con un tremendo y seguro desempeño técnico, sin fallas, a lo que agrega gracia y compenetración en la historia. El público irrumpió en espontáneos aplausos en numerosas ocasiones, no solo ante los solistas, también con los grupos.

Giselle (Romina Contreras), es sostenida por Albrecht (Rodrigo Guzmán), junto al cuerpo de baile, en un momento del primer acto. foto Patricio Melo

El cuerpo femenino derrocha alegría y perfección en el primer acto tanto en los conjuntos generales, como en aquellas secciones en las que participan grupos más pequeños; en el segundo acto esa perfección se acrecienta, creando magia en sus movimientos, los que son de una levedad que asombra, qué decir de la sección donde los grupos se cruzan, mientras avanzan en un solo pie, o la fuerza atemporal conque expulsan a Hilarión. Como Pablo Núñez creó escenografía y vestuario, el equilibrio y contraste entre ambos fue perfecto, y repetimos, concreto y hermoso en el primer acto, tanto como bello y mágico en el segundo.

Giselle (Romina Contreras) y Albrecht (Rodrigo Guzmán) en otro momento del primer acto. foto Patricio Melo

Sin duda esta compañía es uno de los orgullos que nuestro país, puede exhibir en cualquier escenario, por ello alabamos el trabajo de Luis Ortigoza al mantener y acrecentar el nivel, al que Marcia Haydée llevó al Ballet de Santiago.

Roberto Rizzi-Brignoli, está dirigiendo todas las funciones a una sobresaliente Orquesta Filarmónica de Santiago, destacando su alto nivel de afinación, belleza sonora y musicalidad. Gieselle es un ballet en el que en su desarrollo, se reiteran temas acentuando esquemas emocionales, a la vez que contrasta alegrías y pasiones humanas en su primer acto, en este sentido Rizzi-Brignoli desarrolló un fino trabajo, destacando estos contrastes; en el segundo se conectó con la magia visual, completando el arco de belleza, conseguido a través de la perfección sonora de sus instrumentistas; cómo no mencionar los diversos solos instrumentales, a manera de ejemplo, el exquisito solo de viola en el segundo acto entre otros, los que en verdad conmovieron. La progresión dinámico expresiva conseguida por la batuta, fue de primer orden.

Albrecht (Rodrigo Guzmán) y el espectro de Giselle (Romina Contreras), junto al cuerpo de baile en el segundo acto. foto Patricio Melo

En el rol de Giselle estuvo Romina Contreras, quien dejó muy en claro su nivel de perfección, tanto en su exquisita técnica, como en expresividad, su absoluta seguridad le hace enfrentar saltos y giros con los que asombra, su desdoblamiento entre la inocente muchacha y aquella desbordada por la locura, en la primera parte, conmovieron intensamente, mientras que en el cuadro blanco, fue etérea y sensible en su relación con Albrecht, y decidida ante Mirtha, al interceder por él.

La perfección técnica y expresiva lograda en el segundo acto con Rodrigo Guzmán, quien asumió como Albrecht, en el dúo acompañado por la viola, fue sin la menor duda sobresaliente, y será recordado.

Giselle (Romina Contreras) ante Mirtha (Mariselba Silva) y el cuerpo de baile durante el segu

Rodrigo Guzmán, desarrolló su rol con toda su potencialidad dramática -que sin duda es fuerte-, como el príncipe que trata de parecer campesino para conquistar a Giselle, para luego explotar al ser desenmascarado por Hilarión, que ha descubierto que es un noble; el desgarro al comprobar la muerte de su amada fue de gran fuerza emocional.

Su segundo acto, fue sin duda alguna del mejor nivel, su interacción con Romina Contreras, fue completa en sensibilidad y en la escena final cuando avanza hacia el público desolado, fue de gran impacto.

En este elenco bailó como Mirtha, Mariselba Silva, de quien hicimos el comentario para el estreno, confirmando todos los valores que explicitamos en el comentario anterior.

Giselle (Romina Contreras) y Albrecht (Rodrigo Guzmán) y cuerpo de baile, en otra escena del segundo acto. foto Patricio Melo

Miroslav Pejic, fue Hilarión, muy bien en lo técnico dancístico, aunque creemos que por personalidad, su papel no lo concibió tan popular, pues su apostura natural, corresponde más bien a un noble, pero no se entienda como crítica, hablamos de una característica personal.

María Lovero y Esdras Hernánde, configuraron una sólida pareja como Pas de Paysan, bastante compenetrados ambos, transmitieron toda la alegría juvenil de los amigos de Giselle, un pequeñísimo traspiés de Esdras, no empañó en absoluto su presentación.

El público eufórico, recibió esta poderosa presentación de uno de los clásicos, con largas ovaciones, para todos los participantes.

Hilarión (Miroslav Pejic) implora ante Mirtha (Mariselba Silva), mientras la Willis y le señalan que será expulsado. foto Patricio Melo

Hemos sabido que, Romina Contreras ha sido contratada desde el 15 de agosto, como primera bailarina del Ballet Nacional Checo (Czech National Ballet) de Praga, si bien es una gran pérdida para la compañía, es una enorme oportunidad para esta joven y talentosa bailarina chilena, que sin duda dejara muy en alto el nombre del Ballet de Santiago, por ello es que deseamos muy sinceramente el mayor de los éxitos, en esta incursión profesional en un medio tan exigente como el europeo.

Gilberto Ponce. (CCA)

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MAURICIO CORTÉS SE DESPIDE DEL CORO DE CÁMARA UC.

          CONCIERTO DE DESPEDIDA DE MAURICIO CORTÉS DEL CORO UC.

Luego de una fructífera trayectoria, de más de veinte años, al frente del Coro de Cámara de la Universidad Católica, el maestro Mauricio Cortés dejó el podio, para acogerse a jubilación; “no hay plazo que no se cumpla”, dijo el mismo Cortés, en un video que se vio antes de la parte musical, ocasión donde además reconocieron su labor Felipe Ramos Taky, Coordinador de Extensión del Instituto de Música UC y Danilo Rodríguez pianista acompañante del coro, de excelente participación en su labor posterior como organista y pianista en las obras que acompañó.

El maestro Mauricio Cortés, frente al público, mientras se proyectaba una restrospectiva de su trabajo, y algunas entrevistas, en el video antes del cocierto, foto Carlos Arriagada

La velada se desarrolló en la hermosa sala del Centro de Extensión del Campus Oriente de la universidad, y de acuerdo a lo señalado por el mismo director, el programa pretendía un imposible, recoger las obras más significativas que el coro ha cantado bajo su dirección.

Menudo problema la selección, pues debido a que el Coro de Cámara es amateur, no obstante hablamos de uno de los mejores coros universitarios, donde es normal, que por el conjunto hayan pasado muchos cantantes, razón por la que, probablemente los repertorios hayan sido definidos de acuerdo a las características de los integrantes de la diferentes épocas. Por creemos que la selección debió ser sin duda muy difícil.

En pleno concierto, el Coro de Cámara de la UC acompañado al piano por Danilo        Rodríguez. foto Carlos Arriagada

En cuanto al director podemos decir, que una de las características más notables de Mauricio Cortés, está en primer lugar, una caballerosidad que le hace ser naturalmente amable y acogedor, al tiempo que en lo musical es muy estudioso, por ello cree e impone fuertemente las decisiones musicales que toma, las mismas que enfrenta con extrema pulcritud y seriedad, esta última característica, hace que a veces sus versiones sean tan extremadamente cuidadosas, que en ocasiones les falte algo de pasión, pero es su honesto concepto el que aplica, logrando siempre resultados muy satisfactorios.

                     En otro momento del concierto. foto Carlos Arriagada

El ambiente musical, no es fácil y las envidias son frecuentes, por ello es de gran valor que, con su discreta personalidad haya cosechado importantes éxitos a lo largo de su carrera, abarcando repertorios que fueron desde el canto “a capella”, la polifonía y de ahí en adelante en los más diversos estilos, llegando hasta lo contemporáneo, asimismo abarcó obras con acompañamiento de piano, órgano y orquesta, llegando a participar incluso en ópera, donde sus cantantes se disfrazaron y actuaron en algunas de las puestas en escena que dirigiera Miryam Singer.

Sin duda, Mauricio Cortés ha dejado una huella, que será imborrable para aquellos que cantaron bajo su dirección, asimismo creemos, contó con el agradecimiento de las autoridades de la Universidad Católica representadas por Ramos Taky, es por ello que el concierto de despedida fue sobre todo emocional, para cada uno de los participantes, como para el público presente y por supuesto para Mauricio Cortés, que profundamente conmovido, agradeció a sus cantantes, el hecho de haberlo hecho con él.

El maestro Mauricio Cortés, agradece los aplausos del público, luego del exitoso concierto de despedida del Coro de Cámara UC. foto Carlos Arriagada

Los autores escogidos para la ocasión, seguramente lo fueron porque tenían algún significado especial para el director, que nos llevó desde Schubert a Guastavino, pasando por Schuman, Bruckner y Rachmaninov, entre otros, sin olvidar los spiritual y esa simpática locura musical de Banchieri, “Il contrapunto Bestiale” que llevó el relajo a las emociones de la jornada.

Muchas gracias Maestro, por su gran aporte a la cultura coral y musical de nuestro país.

Gilberto Ponce. (CCA)

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ROTUNDO ÉXITO DE GISELLE EN EL MUNICIPAL.

                    ESTRENO TRIUNFAL DE GISELLE EN EL MUNICIPAL.

Con gran expectación acudieron los aficionados al ballet, al estreno de Giselle, con música de Adolphe Adam, uno de los ballets clásicos más queridos por el público, estreno que estaría a cargo del Ballet de Santiago, que dirige Luis Ortigoza, quien además firmó la coreografía.

Es

Escena del Primer acto, Giselle (Katherine Rodríguez) y el resto de la compañía, al fondo a la derecha, detrás del Heraldo de negro, Noelia Sánchez y Gustavo Echevarría (Pas Paysan) foto Patricio Melo

La hermosa escenografía y el vestuario, los realizó Pablo Núñez, uno de los mejores profesionales en estos rubros, demostrando una vez más, su buen gusto y certero profesionalismo, escenografía muy concreta, como debe ser, en el primer acto, y sugerente tanto como mágica en el segundo, que contó con la acertada iluminación de Ricardo Castro. El vestuario hermoso en diseño y colorido, marcando bien las diferencias entre nobleza y campesinos en el primer acto y delicados diseños para el acto blanco, del reino de las Willis.

Segundo acto, ante la tumba de Giselle; Albrecht (Emmanuel Vásquez) y el espíritu de Giselle (Katherine Rodríguez), a la izquierda parte de las Willis. foto Patricio Melo

Desde que Luis Ortigoza asumiera la dirección de la compañía, esta ha mantenido el nivel de excelencia, que la ha ubicado como una de las mejores del continente, por ello es, uno de los orgullos que puede exhibir nuestro país.

El estreno de Giselle, confirmó con largueza, la solidez de un grupo que se ha consolidado a través de los años, transformándose en una garantía de calidad, algo que el público que asistió en esta ocasión, no se cansó de manifestar, a través de constantes ovaciones y aplausos. El cuadro blanco, que corresponde al segundo acto, fue interrumpido entusiastamente por los asistentes, que obligaron al director Roberto Rizzi-Brignoli, ha realizar pausas en el continuo de su dirección.

Mirtha, la reina de las Willis (Mariselba Silva) y su corte. foto Patricio Melo

La Filarmónica de Santiago, ratificó una vez más su reconocida calidad, a la estupenda afinación agrega su bello sonido, siguiendo las precisas indicaciones de Rizzi-Bignoli, quien consiguió perfectos balances además de interesantes juegos dinámicos y súbitos cambios de tempi que agregaron interés a la partitura, sin que se viera afectada la danza en lo más mínimo. Las ovaciones a la orquesta y al director, fueron más que justificadas.

El espíritu de Giselle (Katherine Rodríguez), intenta consolar a Albrecht (Emmanuel Vásquez). foto Patricio Melo.

La coreografía de Ortigoza, introduce algunos cambios principalmente en el carácter de los personajes, diferenciando, a manera de ejemplo a Hilarión, como un recio personaje popular, como lo es en realidad, guarda eso sí, la inocencia de la joven Giselle, que descubre el amor tanto como su desilusión posterior, que posteriomente en un rapto de locura la conduce a la muerte, esta escena mostró toda la capacidad interpretativa de Katherine Rodríguez, que conmovió con su desgarro, mientras que poco antes fue la inocente doncella, que se abría esperanzada al amor.

Su espléndida técnica y su gracilidad, la convirtieron en la perfecta Giselle en el primer acto, mientras que en el segundo, se convirtió en ese espíritu casi concreto, que demanda ese acto, sus solos y pas de deux, fueron notables, no solo por su seguridad en giros, también por su expresividad. El complemento perfecto fue el Albrecht, que bailó Emmanuel Vásquez, quien sigue dando pasos enormes en un camino que seguramente le llevará a convertirse en uno de principales bailarines de la compañía, él posee la apostura precisa para el príncipe, a ello aporta una técnica en la que derrocha seguridad, sus solos encendieron al público en el segundo acto.

Pas de deux; Giselle (Katherine Rodríguez) y Albrecht (Emmanuel Vásquez) foto P. Melo

Esta pareja, creemos se convertirá en un referente, podemos decir que “respiran” juntos, mientras que sus arcos y figuras en el espacio son precisas y gráciles en lo técnico, además agregan poesía a su danza; ambos fueron -aunque suene contradictorio-, una sólida unidad, que fue ovacionada largamente por los asistentes.

Cristopher Montenegro, como Hilarión fue un viril y resuelto muchacho campesino, que lucha por su enamorada, para luego caer en la desesperación y la ira al contemplar el derrumbe de Giselle, luego le veremos desolado llegando hasta la tumba de su amada, hasta que sus amigos le van a buscar, este es otro giro de la versión de Ortigoza; su reconocido valor como bailarín le hizo triunfar ampliamente.

Giselle (Katherine Rodríguez) intercede por Albrecht (Emmanuel Vásquez) ante Mirtha la reina de las Willis (Mariselba Silva), mientras las Willis se aprestan a expulsar a Albrecht. foto Patricio

Mirtha, la reina de las Willis, fue encarnado por Mariselba Silva, con muy buen derroche técnico, asumiendo a su personaje que le exige, ser hierática en el poder que ejerce sobre las doncellas-almas, y en particular sobre Giselle que quiere defender a Albrecht, del acoso de esta y sus doncellas, que tratan de matarlo.

El cuerpo femenino en este cuadro blanco, mostró disciplina técnica y espíritu de cuerpo, además de sensibilidad atemporal. En el primer acto, el cuerpo de baile fue muy sólido en los grandes despliegues, y con estupenda respuesta en aquellas secciones de grupos más pequeños, siendo importante que en todo momento se les vio involucrados en el desarrollo dramático.

Albrecht es abatido por Mirtha y las Willis, mientras Giselle esquiva la escena.              foto Patricio Melo

Debemos hacer mención al Pas Paysan, lo bailaron con una prestancia que les augura gran futuro, por Noelia Sánchez y Gustavo Echevarría, mostrando talento y personalidad, tanto en sus solos como en sus dúos.

Una función que nos reencuentra con una de las mejores compañías del continente, el Ballet de Santiago, dirigido por Luis Ortigoza, compañía que cuenta con una legión de fanáticos que se regocija, con éxitos como el presenciado en esta oportunidad, y que satisfizo todas las expectativas que habían creado sobre Giselle.

Una vez que veamos los dos elencos restantes, haremos el comentario de su desempeño.

Gilberto Ponce. (CCA)

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LA BOHEME DE GIACOMO PUCCINI.

LA BOHEME DE GIACOMO PUCCINI EN EL MUNICIPAL. (ELENCOS 1 y 2)

Lentamente nuestro Teatro Municipal, está volviendo a la normalidad, a la Temporada de Conciertos se agrega ahora la Ópera; el Ballet de Santiago, también lo ha venido realizando, y como corolario de esta vuelta a la normalidad, llegó otra noticia alentadora, un porcentaje importante del público, es nuevo, personas que están incursionando por primera vez en el mágico entorno del hermoso recinto.

Carmen Gloria Larenas, su Directora General ha conducido con inteligente firmeza este renacer, luego de los avatares de la pandemia, empresa nada de fácil, el mundo artístico nunca lo ha sido, pero la voluntad de la dirección del teatro y el entusiasmo del público, al parecer están dando sus frutos.

Solo tres óperas se presentarán este año, dos en formato de concierto y la tercera con puesta en escena, en diciembre del año pasado, se presentó Don Giovanni de Mozart, en una sorprendente producción semi escenificada, que logró justificado éxito, pero ahora se anunció el formato de concierto, solo con conducción dramática en los cantantes.

Pedro Pablo Prudencio, dirigiendo al elenco 2 de La Boheme. foto Patricio Melo

A pesar de alejarse del espectáculo, que es en sí la ópera, el público acudió para encontrarse con una de las óperas más queridas, La Boheme de Giacomo Puccini, y no quedó defraudado, por el alto resultado de ambos elencos.

Otro aspecto de interés, fue el hecho que los cantantes principales fueron jóvenes voces emergentes en la lírica, ganadores de varios de los concursos más prestigiosos, apreciándose en cada uno de ellos sus propias características vocales, actorales y de personalidad, lo que nos permite acercarnos al futuro de una pléyade de cantantes que ya cosechan sus primeros triunfan en este difícil arte.

Con seguridad, muchos de los chilenos que incursionan en el extranjero volverán a mostrar sus progresos, entre ellos esperamos poder escuchar al notable tenor chileno-estadounidense, nacido en Castro (Chiloé) Jonathan Tetelman, quien está cantando con las solistas más afamadas y en los escenarios más exigentes, con enorme éxito.

Mimi (Alexandra Razskasoff) y Rodolfo (Iván Ayón-Rivas) foto Patricio Melo

En esta oportunidad, un abanico de extranjeros se mezcla con cantantes nacionales, en un todo que hace pensar, que nuestro país está produciendo cantantes de gran nivel artístico, lográndose de esta forma elencos homogéneos, sin pretender hacerlos competir, pues se trata simplemente de cantantes diferentes; por ello, valoramos el hecho que la producción cuente con elencos 1 y 2, desapareciendo la categoría, “internacional”, “nacional”, dando cuenta de algo de gran valor, el nivel de los cantantes nacionales ha elevado significativamente su calidad.

La Boheme cuenta con escenas íntimas, que permiten resolver de mejor manera los movimientos actorales, los que recibieron precisas instrucciones de Fabiola Matte, logrando convencer tanto en lo trágico como en lo lúdico. Sin duda que el segundo acto, en las afueras del Café Momus, en el que participa una gran cantidad de solistas, coro adulto y coro de niños y figurantes, pueda haber existido más alguna duda o confusión, en aquellos que veían por primera vez La Boheme. No obstante creemos que la solución de Matte, fue muy eficaz.

Rodolfo (Jorge Puerta), Colline (Pablo Santa Cruz), Schaunard (Sergio Gallardo) y Marcelo (Patricio Sabaté) se burlan de Benoit (Cristián Lorca) foto Patricio Melo

La ubicación de la orquesta, permite escuchar sutilezas instrumentales, que muchas veces se pierden en el foso, a la vez que se aprecia aún más la genialidad como orquestador de Puccini. El rendimiento de la Filarmónica de Santiago fue del más alto nivel, con ambos directores, Roberto Rizzi-Brignoli y Pedro Pablo Prudencio, quienes lograron estupendos resultados dramáticos, con sus respectivos elencos, dando cuenta de su solidez musical y profesional, mientras ambos respondían a sus improntas personales, que se plasmaron en algunas diferencias de énfasis en sus enfoques dramáticos, siempre con la mayor calidad. Las ovaciones que los dos directores recibieron al final de parte del público fueron en extremo justificadas.

El Coro del Teatro Municipal, dirigido por Jorge Klastornick, gozoso de volver a la ópera, mostró sus mejores atributos vocales e histriónicos, en el la escena del Café Momus.

Mimi (Alexandra Razskasoff), Rodolfo (Iván Ayón-Rivas), Marcelo (Javier Weibel) y Musetta (Annya Pinto) y el Coro del Teatro Municipal en la escena del Café Momus. foto Patricio Melo

Elenco 1

La soprano estadounidense Alexandra Razskasoff, quien ha ganado o ha sido finalista en importantes concursos fue la encargada del rol de Mimi, ella es poseedora de una voz que corre con facilidad en todo su registro, tiene un hermoso timbre, sin problemas de tesitura y con una línea de canto expresiva que logra conmover en las escenas más dramáticas; al parecer al comienzo estaba un poco nerviosa, pues en los actos 3 y 4 fue simplemente arrolladora vocal y dramáticamente.

El tenor peruano Iván Ayón-Rivas, que es otro de los cantantes emergentes, que se está abriendo camino a través de los concursos líricos, en los cuales ha cosechado significativos triunfos, fue Rodolfo. En él se conjugan varios valores, destacando su hermoso timbre, de agudos muy fáciles, pero lo que más llama la atención es su gran expresividad al cantar, viviendo cada frase, y si a eso le agregamos su natural capacidad de actor, estamos frente a un tenor que creemos, llegará a obtener resonantes triunfos.

Mimi (Yunuet Laguna), Rodolfo (Jorge Puerta), Marcelo (Patricio Sabaté), Musetta (Vanessa Rojas), Colline (Pablo Santa Cruz), Schaunard (Sergio Gallardo) y los Coros adulto y de niños, en la escena del Café Momus. foto Patricio Melo

En los dos primeros actos, su registro medio no tuvo el poderío de los actos finales, sin duda los nervios del estreno pudieron jugarle en contra, algo que desapareció posteriormente, para dar paso a un notable cantante y actor, que conmovió profundamente en las escena finales.

Marcelo, uno de los amigos de Rodolfo, lo encarnó el barítono chileno Javier Weibel, quien con su amplia experiencia, conquistó plenamente a los asistentes tanto con su bella voz, como por la naturalidad de su actuación, como el enamorado de la inconstante Musetta, que le hace transitar por los más diversos estados emocionales, todos particularmente creíbles.

Lábil es el personaje de Musetta, sus caprichos no solo vuelve loco a Marcelo, también lo hace con sus amantes ocasionales, lo cantó la soprano chilena Annya Pinto, quien ya está desarrollando carrera en el extranjero, con bella voz y desplante como actriz, consiguió gran éxito.

Schaunard, otro de los bohemios, fue cantado y actuado con gran carácter, por el barítono cubano Eleomar Cuello.

Colline, el filósofo lo asumió con propiedad Jaime Moncada. Francisco Salgado perfiló con prestancia a Benoit y Alcindoro; el resto de los comprimarios fueron Gonzalo Quinchahual, Diego Álvarez y Franco Oportus, de profesional desempeño.

Elenco 2

La soprano mexicana Yunuet Laguna, quien ya está cosechando importantes éxitos en grandes teatro, debutó en Chile y Latinoamérica en el rol de Mimi, ella posee una bellísima voz, que maneja en forma muy expresiva, un gran volumen, que expone generosamente, en algunos momentos tal vez algo excesivo, pero su convicción como actriz y expresividad en su canto, la convirtieron en una gran triunfadora. Conmovedor fue su acto final.

Colline (Jaime Moncada), Marcelo (Javier Weibel), Rodolfo (Iván Ayón.Rivas), Schaunard (Eleomar Cuello), se burlan de Benoit (Francisco Salgado) foto Patricio Melo

El tenor venezolano Jorge Puerta, quien está cosechando sus primeros triunfos internacionales, fue Rodolfo, él tiene una hermosa voz, de timbre parejo en su tesitura, con sólidos agudos, además se amalgama muy bien con el resto del elenco, no obstante estos valores, creemos que debe desarrollar mejor el aspecto dramático de su actuación, particularmente en las escenas serias, pues sin duda, al menos en esta oportunidad, fue mejor como comediante.

Patricio Sabaté, uno de nuestros grandes barítonos, quien no solo destaca en la ópera, pues triunfa además en el lied, oratorio, cantata y música contemporánea, mostró una vez más sus indudables dotes de actor, al asumir el papel de Marcelo, con su acostumbrada calidad como cantante, en sus desventuras con la casquivana Musetta.

Marcelo (Patricio Sabaté), Mimi (Yunuet Laguna), Colline (Pablo Santa Cruz), Rodolfo (Jorge Puerta), y Schaunard (Sergio Gallardo), atrás y delante de ellos Parpignol (Gonzalo Quinchahual) y los Coros. En primer plano la Filarmónica de Santiago. foto Patricio Melo

Con gran presencia escénica Vanessa Rojas, entregó una desenfadada Musetta, brillante estuvo en la escena del Café Momus, volviendo locos a Marcelo y a Alcindoro, su aria fue sensual y provocativa a la vez que graciosa y con hermosa voz.

La amplia experiencia de Sergio Gallardo, le hizo triunfar como Schaunard. Mientras que Pablo Santa Cruz asumió con gran propiedad a Colline, su aria del último acto, fue particularmente emotiva.

Cristián Lorca, asumió profesionalmente sus roles de Benoit y Alcindoro. Mientras que el resto de los personajes los asumieron los mismos cantantes mencionados en el elenco 1.

Mimi (Alexandra Razskasoff), Rodolfo (Iván Ayón-Rivas), Marcelo (Javier Weibel) Schaunard (Eleomar Cuello), Colline (Jaime Moncada) y Musetta (Annya Pinto) en la escena del Café Momus. foto Patricio Melo

Dos funciones con dos elencos que arrebataron de entusiasmo al público, que no dejaba de aplaudir, para reconocer el notable trabajo de cada uno de los participantes (orquesta, solistas, coro adulto y de niños; el notable Coro Mawünko de Cecilia Barrientos) , en la interesante propuesta que ofreció el Teatro Municipal de Santiago.

Gilberto Ponce. (CCA)

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