ESTUPENDA INAUGURACIÓN DE LA TEMPORADA DE LA FILARMÓNICA DE SANTIAGO.
Con un poderoso y variado programa, la Orquesta Filarmónica de Santiago dio inicio a su Temporada 2026 en el Teatro Municipal de Santiago, ocasión que permitió conocer a una extraordinaria directora, a un formidable violinista y comprobar una vez más el sobresaliente estado en que se encuentra la orquesta, algo ampliamente comprobado ya desde hace años.
La ucraniana Oksana Lyniv es una de las estrellas de la dirección del momento, no en vano fue la primera mujer en dirigir una ópera en el Festival Wagner de Bayreuth, por ello su agenda la está llevando por los principales teatros del mundo, su concierto en Santiago fue su debut en Sudamérica, ocasión en quedó en claro del porqué ha llegado al lugar de privilegio en que se encuentra.
El programa se inició con una obra de la compositora ucraniana Bohdana Frolyak, llamada “Let there be light” (Hágase la luz) obra de carácter programático que alude a sentimientos opresivos y esperanzadores de la guerra, con el clamor por la Paz o la Luz.
Con un lenguaje esencialmente expresionista, sin eludir otros estilos, transita por estados emocionales que se traducen en contrastes de timbres y colores, donde a momentos de gran transparencia se oponen otros de gruesa orquestación, incluyendo instantes de instrumentos a solo, junto a otros de cámara, que se alternas con otros de gran potencia sonora.
El final sereno en pianissimo pareciera plantear la pregunta ¿cuándo llegarán la Luz y la Paz?.
La dirección fue certera en lograr los ambientes y sus contrastes obteniendo una estupenda respuesta de Filarmónica, y tanto, que la respuesta del público fue extraordinariamente entusiasta, para una obra desconocida.
La directora Oksana Lyniv dirigiendo a la Orquesta Filarmónica de Santiago. foto Alberto Díaz
Continuaron con el afamado Concierto para violín y orquesta en Re mayor de Piotr Ilich Tchaikovsky, actuando como solista y también debutando en nuestro país el joven ucraniano Andrii Murza, quien posee una sólida formación desarrollada con afamados maestros.
La obra que fuera calificada de intocable antes de su estreno debido a sus enormes dificultades técnicas, tuvo en esta oportunidad, y a nuestro juicio, una de las mejores versiones que hemos escuchado en vivo, tanto por el desempeño del solista, como por el rendimiento orquestal, tanto que a ratos parecía una grabación.
Murza además de un poderoso y bello sonido, posee afinación perfecta, incluso en los sonidos armónicos, es musical, frasea con elegancia o impetuosamente, sus dobles cuerdas son de gran calidad, mientras que sus articulaciones son perfectas y musicales independiente de la velocidad del fragmento.
Oksana Lyniv y Abrii Murza durante la interpretación de Tchaikovsky
Consideramos que la compenetración con la dirección es total, con momentos de mayor amplitud rítmica o bien acotándola, sus intenciones expresivas son un verdadero triunfo. Y como si fuera poco su poderoso o sutil sonido corre de tal forma, que jamás es sobrepasado por la orquesta.
La versión será recordada por su sinuoso y exultante primer movimiento, que indujo a muchos de los presentes a aplaudir con entusiasmo al finalizar esta parte, por lo lírico segundo movimiento y sus hermosos diálogos con instrumentos a solo, tanto como por el extremo virtuosismo del tercero, que asombró a un publico que al finalizar se levantó en una enorme ovación, la que fue agradecida por Murza con una versión entrañable de una “Sarabanda” de Bach.
Finalizaron con la Sinfonía N.º 4 en Mi bemol de Anton Bruckner, obra que tal vez sea la que tenga la mayor cantidad de correcciones e intervenciones en la historia de la música, incluso el director Simon Rattle contabiliza catorce versiones, muchas de ellas grabadas, las que abarcan entre 1874 hasta casi 1890, en esta oportunidad se escuchó la de 1880.
Lo más complejo es que incluso intervinieron varios compositores, siendo lícito dudar sobre cuanto hay de Bruckner en ellas, claro está que el espíritu del compositor está presente en ella a pesar de todas las vicisitudes.
Oksana Lyniv con gesto siempre muy claro, que va en pro de las inflexiones expresivas, fue tan dulce como enérgica logrando estupendos contrastes de carácter, dirigiendo con apabullante seguridad, nunca pareció dubitativa en sus objetivos, este factor sin duda influyó en el gran rendimiento orquestal.
No es posible establecer categorías sobre el resultado de cada movimiento, debido a la excelencia pareja de cada uno de ellos en los que destacó el estupendo manejo de los balances sonoros, escuchándose siempre la familia o el instrumento que debía escucharse.
Es preciso detenerse en el sobresaliente y bello sonido conseguido en cada familia, el brillo incuestionable de los bronces, que en esta obra tienen gran relevancia, lo homogéneo de las maderas en su hermoso sonido, el musical y bello sonido de las cuerdas de impresionante fraseo y expresividad así como la pareja calidad de las percusiones, incluido el brillante desempeño de “la timbalista”.
La directora Oksana Luniv y el violinista Andrii Murza durante el concierto. foto Alberto Díaz
Poderoso en contrastes dinámicos y de carácter fue el primer movimiento, de poética y sensible belleza fue el segundo, con el tema que transita por todas las cuerdas alternándose los legatto con los musicales y perfectos pizzicato, los restantes rivalizando en perfección, en una versión que sacó a luz todos los intrincados elementos que conforman esta monumental sinfonía, cuya versión se convertirá sin duda en un referente en virtud las excelencias como directora mostró la joven y hermosa Oksana Lyniv.
Las ovaciones fueron en justicia, tan interminables como fervorosas en esta inauguración de la Temporada 2026 de la Orquesta Filarmónica de Santiago.
Gilberto Ponce (CCA)





