TEMPORADA DE VERANO EN LA SINFÓNICA.

FRANCISCO RETTIG DE MENOS A MÁS. (06/01/12)

Con ocasión del Aniversario N° 71 de la fundación de la Orquesta Sinfónica de Chile, el conjunto ofreció, su tradicional concierto, que estuvo dirigido por el maestro nacido en Chile, nacionalizado italiano Francisco Rettig.

Orquesta Sinfónica de Chile y Francisco Rettig. foto ceac

Como es propio en estas celebraciones, hubo un discurso del Rector Víctor Pérez y entrega de distinciones, por ello la velada se alargó más de lo habitual, lo que pudo haber influido, en que los resultados fueran un tanto dispares.
La versión del Himno de la Universidad de Chile, que abrió la parte musical, fue en extremo plácida, sin que evidenciara ese; “vibra entera la Universidad”.

Johannes Brahms. foto audio.ya

Posteriormente, y en relación al evento, se interpretó de Johannes Brahms, su “Obertura Festival Académico” Op. 80, escrita en agradecimiento a los grados académicos de “Doctor honoris causa” de las universidades de Cambrigde y Breslau.
Obra luminosa, que recoge algunas melodías, cantadas en los ambientes universitarios, que son mezcladas magistralmente por su autor, antes de finalizar grandiosamente, con el himno universitario por excelencia, el famoso “Gaudeamus Igitur”.

Algo contagiados por el espíritu del himno anterior, la versión fue bastante plana, sin mayores contrastes, bien armada, pero excesivamente formal y mostrando sonido poco pulcro, y balance sonoro descuidado.
Características similares, se observaron en la versión de la hermosa “Sinfonía N° 2 en Re mayor, Op. 36” de Ludwig van Beethoven.
En su primer movimiento, hubo pequeños desajustes de pulso, finales de frase descuidados, sonido “crudo” en algunas de las cuerdas, e insólitamente, más de alguna nota falsa.
Algo similar ocurrió con el “Larghetto” que le sigue, debiendo sumar, unos golpes fuera de estilo, en el final del movimiento.

Ludwig van Beethoven en la época en que compuso la sinfonía. foto wikipedia

Como en otro mundo, Rettig dirigió el tercer movimiento, y no pudo ser de otra forma, por lo disperso, con ausencia de gracia, incluso el trío, no aportó nada, a todo esto, contribuyó su tempo extraordinariamente lento.
El “Allegro molto” final, fue tomado, tan rápido, que las figuras de los violines desaparecieron, en cuanto a carácter, este fue apareciendo durante su desarrollo, elevando bastante la versión, que en su totalidad, no hizo justicia a la obra, ni mostró los pergaminos de Rettig.

Francisco Rettig. foto ceac


Afortunadamente, el concierto finalizó con versión bastante lograda de la “Sinfonía Fantástica” compuesta por Héctor Berlioz, a la edad de 27 años.
La obra, que bien puede ser catalogada, de “Poema Sinfónico”, por la gran cantidad de elementos descriptivos que contiene, es de una gran exigencia para la orquesta, y requiere del director, un acabado conocimiento de ella.
En esta oportunidad, la orquesta y el director, estuvieron completamente a la altura de las exigencias, en los cuatro últimos movimientos de la obra.

Como parafraseando el título del comienzo, llamado “Ensueños y pasiones”, donde el protagonista visualiza al objeto de su amor, la versión se fue acercando, al objetivo de Berlioz, lentamente fueron desapareciendo, desajustes, desbalances y ripios de sonido.
Ya, en “Un baile” que le sigue, y desde el primer compás, apareció la orquesta, cuyo sonido se ha transformado en característico; inspiradas y con bello sonido las cuerdas y las arpas, balance sonoro perfecto entre las diferentes familias, predominando elegancia y finura.
Estupendo el ambiente logrado en “Escenas del campo”, que se inicia con el diálogo entre el corno inglés, y el oboe, que responde desde fuera del escenario, la gran musicalidad de ambos intérpretes, contagiaron su magia al resto, a ello contribuyó el sutil pedal de las violas.

Héctor Berlioz. foto wikipedia

En su desarrollo, fue perfecta la progresión, en la que debemos destacar el desempeño de los chelos y fagotes, en la sección donde predominan, al final los redobles de los timbalistas, que simulan truenos, provocaron una musical tensión.
La “Marcha al Cadalso” fue espléndida en su progresión dinámica y dramática, lo que anticipó el triunfal final del “Sueño de un Aquelarre de Brujas”, en el, los bronces tuvieron destacadísima participación, en estos movimientos finales Rettig, consiguió tal vez, todo aquello que se propuso, en cuanto a fraseo, articulaciones, expresión y hermoso sonido orquestal.
Por ello, el público les aplaudió largamente, al final de un concierto, que se inició con justificadas dudas.
Gilberto Ponce. (CCA)

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Jaime Torres Gómez
Jaime Torres Gómez
12 Años Hace

Gilberto:

Estuve el viernes sólo para Berlioz, repiténdomelo el sábado con la totalidad del programa.
Curioso que el sábado hubiera más gente, considerando que el viernes era el Día de la Sinfónica y que siempre llega un buen marco de público.
En cuanto al resultado del sábado, puedo decir que en Berlioz el resultado salió mucho más unificado el primer movimiento y con una calidad de ejecución estupenda más un mayor vuelo en comparación al día anterior, habiéndola disfrutado mucho más. No me cabe duda que Rettig maneja más que autorizadamente la Fantástica.
En cuanto a Brahms y Beethoven (que no los vi el viernes), puedo decirte que en el primero me encantó lo que hizo Rettig, y justamente cuidó mucho la calidad sonora, muy transparente y con muy eficaces diferenciacciones de planos. Quizás fue en exceso analítica por sobre espontánea, pero más-menos, una versión importante. Sin embargo, lamentablemente en Beethoven, Rettig no fue afortunado. De hecho, hubo una gran cantidad de desajustes de la orquesta, fraseos poco claros, graves problemas de ensamble, etc., etc., y, a mi juicio imperdonable, que Rettig adoptó unos tempi en el tercer movimiento verdaderamente soporíferos y totalmente descontextualizados respecto a los otros movimientos, cayendo en mucha asimetría global (en eso coincido contigo y con Donoso en El Mercurio). Cuesta entender esta desafortunada caída de Rettig, quien es un reconocido beethoveniano y cultor de la música clásica y romántica germana. Y es más, recuerdo hace unos 4 años que la dirigió con la misma orquesta, siendo otra cosa. Pero en fin, la música y el arte -se supone- es dináminico y nunca un día es el mismo de otro.
Veremos cómo siguen los proximos programas dirigidos por Rettig, quien, en todo caso, tiene pergaminos musicales muy sólidos.
Con toda cordialidad,
Jaime Torres G.

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