SORPRENDENTE CARMINA BURANA EN EL MUNICIPAL 2024

                                       CARMINA BURANA; REDESCUBRIENDO UN CLÁSICO.

En la Historia de Arte, se suele hablar, de la vigencia y permanencia de las llamadas Obras Maestras, a las que, se les reconoce la virtud, de tener una vida que les permite, continuar, y desde que se crearon, seguir entregando el mensaje que pretendió su creador, mensaje o interpretación, que se transforma, a través del tiempo, según la percepción, de quienes acceden a ellas.

En todos los ámbitos del Arte, se concluye el mismo efecto, pinturas, esculturas, poesía o literatura, obras arquitectónicas emblemáticas, teatro, música, ópera y ballet, continúan entregando sus mensajes, a todos aquellos, que manifiesten interés en esas obras, muchas de las cuales, ya están en el inconsciente colectivo.

Entre esa gran cantidad de Obras Maestras, que conmueven desde su estreno, nos encontramos con Carmina Burana, del bávaro Carl Orff, quien en la década de los treinta, del siglo XX, creara su Trilogía “Trionfi”, compuesta por Carmina Burana (sin duda la más popular de las tres), Catulli Carmina y El Triunfo de Afrodita (aún no estrenada en nuestro país), cantatas escénicas, cuyo eje argumental, se centra en el amor y los placeres mundanos, según poemas de Catullo, el poeta clásico romano, para Catulli Carmina (Cantos de Catullo); poemas eróticos griegos, para los ritos de la fertilidad, en El Triunfo de Afrodita y una colección de cantos y poemas medievales, que fueron descubiertos en un convento benedictino en Alemania, para Carmina Burana.

Coro del Teatro Municipal, Orquesta Filamónica de Santiago, solistas y Pedro Pablo Prudencio dirigiendo la estupenda versión de Carmina Burana. foto Patricio Melo

Sobre esta numerosa colección, Orff seleccionó, partes relativas al poder omnímodo que ejerce la Fortuna, sobre el destino de los hombres (introducción y final), el descubrimiento del amor y el deseo carnal (primavera o Primo Vere, en el original), los placeres sensuales, la gula y la burla a la iglesia (In taberna), el encuentro frágil del amor verdadero (Cours d´amour), porque bien puede ser destruido por la Fortuna, en el epílogo.

La música de Orff, es tan poderosa como atrayente, y es difícil, que alguien quede indiferente ante ella, razón por la que, hasta se la ha calificado de música tóxica, por lo adictiva que resulta. En ella encontramos, melodías y ritmos poderosos, reiteraciones estróficas, colores y timbres que son realzados por una gran orquesta, que cuenta con una nutrida percusión, todo esto mezclado con un gran coro, coro de niños y tres solistas que son muy exigidos exigidos, en tesitura y expresividad.

El estreno, como ballet/oratorio, se realizó en Chile, en el Teatro Municipal de Santiago, el año 1953, con la inolvidable coreografía de Ernst Uthoff, actuando el Ballet Nacional Chileno, la Orquesta Sinfónica de Chile, El Coro de la Universidad de Chile junto a tres solistas, todos dirigidos por Víctor Tevah, con un clamoroso éxito, que se repitió durante décadas, incluso la misma Compañía, lo presentó en diversos teatros de América, incluido el Lincoln Center de New York, en 1964, escenario donde con gran éxito la Compañía realizó ocho presentaciones, totalizando aproximadamente 15.500 espectadores, que alabaron la poderosa y poética coreografía de Uthoff.

Sin duda, estamos frente a una de las obras, que cuenta con una enorme cantidad de grabaciones, por ello sus versiones, varían según el concepto de quien la dirija, y a pesar que, a veces se realizan versiones rutinarias, la obra, siempre tiene gran éxito, entre el público, debido a su poderosa música.

Pedro Pablo Prudencio dirigiendo Carmina Burana, foto Patricio Melo

Este aspecto, es el que quisiéramos destacar, en la versión ofrecida por, la Orquesta Filarmónica de Santiago, el Coro del Teatro Municipal, un trío cantando como Coro de niños, y tres destacados solistas, todos dirigidos por Pedro Pablo Prudencio, en la Temporada de Verano del Municipal de Santiago.

No tenemos duda, que Prudencio decidió que su versión, sería renovada, pero no en base a entelequias, solo novedosas, o con efectos de dudoso gusto, en este caso, a nuestro juicio, el director se sumergió en los textos, su significado y el como estos, se traducen en la orquestación, en la forma como deben trabajar coros y solistas, y siempre en un todo coherente que aborde el espíritu de la obra.

Prudencio logró crear, desde el inicio hasta el final, una atmósfera, que mantuvo en vilo expectante al público, pues la progresión expresivo dramática, fue constante, en medio de una perfección, que llevó a algunos a afirmar, que la versión parecía una grabación de estudio.

Lo anterior, que bien podría ser una exageración, se vio ampliamente justificada, por las siguientes razones; el trabajo de una soberbia Filarmónica, con afinación impecable, belleza sonora y musicalidad, en todas las familias, además con un balance instrumental, que destacó todo aquello, que la batuta deseaba, incluso, sacando a luz, sonoridades y timbres, que no siempre se aprecian; bellos y poderosos forte, entrañables pianissimo; juegos dinámicos, siempre precisos, jugando certeramente con la velocidad, aumentando o disminuyendo, y todo de acuerdo al carácter del fragmento que se ejecutaba.

Podríamos destacar una enorme cantidad de logros instrumentales, solo nos detendremos en el musical diálogo entre la flauta con timbal de la primera parte, por su exquisita musicalidad, además de alabar la belleza sonora y afinación de los bronces, en sus desafiantes partes.

Parte de las cuerdas, pianos, maderas y percusión durante la versió

El Coro del Teatro Municipal que dirige Jorge Klastornick, mostró todas las virtudes necesarias, para una interpretación, como la que escuchamos; bellísimas y timbradas voces, cada cuerda con sonido preciso, afinación impecable, observando seguros y musicales contrastes dinámicos, pianissimos de gran belleza, con sólidos y poderosos forte. Un detalle no menor, es que, la obra posee exigencias de tesitura, enormes para el coro, en particular en los agudos, que no tienen piedad, particularmente para las sopranos, y alguna partes de tenores, y debemos decir, que estos fueron no solo exactos en afinación, también con hermoso sonido y realizados con la prestancia necesaria; qué decir del “Blanziflor et Helena” de las sopranos de inusitada belleza.

Coro de Niños (cantado por trío de muchchas) en palco lateral. foto Patricio Melo

La Introducción y Epílogo, con la contundencia pedida por la batuta, el final de la primera parte, de tal poderío, que llevó a buena parte del público, a interrumpir con aplausos, luego electrizante fue In taberna, del coro masculino, tanto como musical, la tercera parte.

Un Trío de muchachas, asumió con hermosas, timbradas y muy afinadas voces, la parte del coro de niños.

El Coro del Teatro Municipal y partes de las maderas, bronces y percusión. foto Patricio Melo

Solistas; Para cualquier solista, sus partes de Carmina, son desafío mayor, por sus enormes exigencias en tesitura y expresividad, pues bien, a estas Prudencio decidió ir no solo a la esencia de los textos, agregó además, un desarrollo dramático, en gesticulación con algo de escena, otorgándole, a la versión un plus, que generalmente, no tiene, ante estas exigencias, la respuesta de los solistas fue contundente.

La soprano Tabita Martínez, durante la presentación. foto Patricio Melo

La soprano Tabita Martínez, cantó bellamente, siendo tanto ingenua como sensual, según piden los textos, con muy sólidos agudos, aunque extrañamente, en algunos momentos de ciertas frases, su afinación se alejó de la perfección del resto, no obstante, su elegante y preciso fraseo, junto a su expresividad, la convirtió en una gran intérprete, que conquistó con facilidad al público, que la ovacionó al final.

El tenor Felipe Gutiérrez, en su sobrecogedora interpretación del cisne. foto Patricio Melo

Otro desafío de magnitud, lo tiene el tenor/contratenor, que asume como el cisne, que está siendo asado, para satisfacer la gula de los parroquianos de la Taberna; creemos que Felipe Gutiérrez, simplemente, deslumbró, no solo por su actitud física, hasta caminó casi tambaleante, para llegar a su lugar, luego, atacó cada estrofa con todo el dramatismo requerido, para el canto de un cisne, que está siendo asado, para ser comido por los borrachos de la taberna, transmutando su voz desde contratenor hasta el tenor, con sorprendente naturalidad, tanto, que el público, quedó en vilo con su intervención, razón por la que fue ovacionado con gritos, al final.

El histriónico y soberbio barítono Javier Weibel, en uno de sus tantos roles. foto Patricio Melo

El barítono, tiene la responsabilidad mayor, en extensión y diversidad de personajes, debiendo transitar desde el ciego enamorado, hasta los vericuetos de la libido, llegando incluso hasta convertirse, en un falso “abate de Cucania”, rector de los borrachos de la taberna, por supuesto, él también lo está.

Creemos que Javier Weibel, posee naturalmente, las condiciones histriónicas, para asumir todos esos roles, además vocalmente, su rango en tesitura, le permite cantar con solidez, en cualquier altura; pero no  solo es eso, Weibel vive cada estrofa, según el carácter de esta, llegando a deslumbrar con su abate borracho, hasta con algunos hipos de por medio, por supuesto y con justicia, el público fue exultante en las ovaciones.

Vista general desde las localidades altas, escenario, platea, palcos, balcón y galería, antes de comenzar.

foto Patricio Melo

Una versión, que redescubrió un clásico, con nuevas aristas de interpretación, cuidando siempre la musicalidad y el espíritu de la obra; sin duda, este ha sido uno de los triunfos más resonantes de Pedro Pablo Prudencio, que al concluir recibió, no solo el reconocimiento y ovación del público, también de todos los intérpretes en el escenario.

Gilberto Ponce (CCA)

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Elisa Álvarez
Elisa Álvarez
1 Mes Hace

Asistí al estreno y soy testigo de las ovaciones que premiaron a todos los artistas intervinientes en este concierto.Conozco bastante la obra,pero no así los antecedentes de donde fue el estreno hace tantos años,también tuve ocasión de cantar la obra durante mi permanencia en el Coro de la Universidad de Chile,en la época que se hacía con el Ballet Nacional Chileno y la hermosa coreografía de Uthoff.Se echa de menos que hace muchos años no se repone esa coreografía que calza tan bien con la música y el texto,recuerdo la escena de la taberna con los borrachos golpeando los jarros contra la mesa redonda muy a ritmo,o bien un cisne de utileria girando en el asador mientra el tenor cantaba,era impresionante.La versión del Maestro Prudencio fue espectacular,como si la escuchara por primera vez,a veces sus tempi muy exigentes para el coro,pero todo salió a la perfección,me gustaron especialmente las interpretaciones del contratenor y del barítono.Muy merecidas ovaciones para todos en las cuales participé muy activamente.Destaco las fotografías de Patricio Melo que acompañan las críticas,son realmente buenas.
Una jornada para recordar por mucho tiempo.

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