NOCHE DE GRANDES COREÓGRAFOS 2026 POR EL BALLET DE SANTIAGO.
FUNCIÓN 28 / X
Tal como si fuera un símil de los tormentosos y oscuros tiempos que nos está tocando vivir, en los que el optimismo y la luz son más bien esquivos, la Noche de Grandes Coreógrafos 2026 que presentó el Ballet de Santiago que dirige César Morales en el Teatro Municipal, fue más bien en tonos grises y opacos, con apenas un solo espacio para la luz y el optimismo.
No obstante, es necesario al mismo tiempo reconocer que las cuatro coreografías que presenciamos, dieron cuenta del altísimo nivel en que se encuentra el Ballet de Santiago (primeros bailarines, solistas y cuerpo de baile), algo que por lo demás acaba de mostrar en su exitosa reciente gira a Irlanda y Colombia.
Escena de La Puerta foto Alberto Díaz
“La Puerta” es un trabajo coreográfico del chileno Eduardo Zúñiga, que fue comisionado por el Ballet de Santiago para esta ocasión, siendo elegido para abrir la velada, además lo hizo en su condición de estreno mundial.
La obra pretende exponer el espíritu del Tango a través de sugerencias que resultan tan abiertas como herméticas de interpretar.
En una escenografía de Luis Crespo con un vestuario algo andrógino de Carlos Mora y la fundamental iluminación de Ricardo Castro se recrea un ambiente onírico que alude al deseo en sus diversas manifestaciones, teniendo el tango como soporte (música de Astor Piazzolla fundida con antiguos tangos cantados) en ella se desarrollan solos, dúos, tríos y grupos, con una iluminación que objetivamente trata de ocultar lo femenino o masculino como pretendiendo solo acentuar la sensualidad que el baile provoca en sus intérpretes.
Fue bailado con certera y sensual pasión por doce primeros bailarines y solistas.
Thierry Malandain se basó en la inmortal música de Camille Saint- Saëns, para crear su versión de La Muerte del Cisne, uno de los solos más codiciados por las más famosas bailarinas.
La coreografía original corresponde a Mijail Fokine, y a partir de ella Malandain creo esta suerte de variaciones para tres bailarinas.
Uno de los solos de La Muerte del Cisne foto Alberto Díaz
Durante su desarrollo cada una de ellas, y siempre con la misma música, recrea algo que rememora el original, pero por más que las tres ( Noelia Sánchez, Deborah Oribe y Oriana Scheidegger) lo hicieron con estupenda técnica, la reiteración sonora termina por agotar, y además que al parecer, importa más la técnica que la expresividad restando emocionalidad al relato, pero aún más, pues para finalizar, las tres “vuelven a la vida” para una cuarta repetición que finaliza sin un mayor clímax la coreografía.
Sin duda, es a nuestro juicio la más débil del programa.
Luego vino la ovacionada “The vertiginous thrill of exactitude” (La vertiginosa emoción de la exactitud) creación de William Forsythe, que es considerada una de las coreografías más difíciles de bailar debido a sus dificultades técnicas, que se acrecientan con la velocidad y perfección que requiere.
Los cinco intérpretes de La vertiginosa emoción de la Exactitud foto Alberto Díaz
Obra arrebatadora y energética que toma la música del movimiento final de la “Sinfonía La Grande” de Franz Schubert, ejecutada en un escenario luminoso ideado por Tanja Rühl y con el vestuario de Stephen Galloway de colores contrastantes.
Los cinco bailarines (pas de cinc) tres mujeres y dos varones desarrollan un alucinante juego de complejos pasos, giros, saltos, solos, dúos, tríos además de conjuntos en estricto estilo clásico, pero con la variante de la velocidad con que se ejecuta.
Los intérpretes fueron Katherine Rodríguez, María Lovero, Felipe Arango, Gustavo Echevarría y Ekaterina Breau obteniendo resultados tan asombrosos, que el público los ovacionó en forma fervorosa y largamente.
El Ballet de Santiago encargó expresamente a los coreógrafos ingleses James Pett y Travis Clausen- Knight una obra que se estrenó el año pasado en la noche de coreógrafos.
Utilizando un trabajo del compositor Max Richter, quien “revisitó” algunos fragmentos de Las cuatro Estaciones de Vivaldi(de resultados muy dispares), creando una pesimista alegoría de la existencia humana, que llamaron Bodies of Division (Cuerpos divididos), que alude a la experiencia sensorial en torno al amor, desamor, deseos, frustraciones entre otros sentimientos, en un mundo que muta independiente de los seres humanos, los que continúan impasibles con sus pulsiones.
Fragmento de Cuerpos Divididos foto Alberto Díaz
El concepto integral en escenografía y vestuario corresponde a Loreto Monsalve quien recoge muy bien el sórdido ambiente, auxiliado por la iluminación casi asfixiante de Ricardo Castro.
La coreografía requiere de un gran contingente de bailarines, por ello actuaron primeros bailarines, solistas y cuerpo de baile, obteniendo un resultado admirable en su perfección, pues se trata de un trabajo que no da tregua en cuanto a movimientos e interacciones, las que fueron siempre impecables.
La respuesta del público fue eufórica, reconociendo primeramente el gran trabajo colectivo y por supuesto los valores implícitos de la Coreografía.
Gilberto Ponce (CCA)






