MAX VALDÉS Y LA FILARMÓNICA.

VALDÉS y LATORRE INTERPRETAN LETELIER y SHOSTAKOVICH.

De gran interés fue el X programa de la Temporada 2012 de la Orquesta Filarmónica de Santiago, realizado en el Teatro Municipal bajo la conducción de Maximiano Valdés, interpretando dos obras muy importantes del siglo XX, nos referimos a Vida en el Campo de Alfonso Letelier estrenada en 1940 con revisión posterior en 1958,  y la Sinfonía Nº 11 en Sol menor, Op. 103 de Dmitri Shostakovich, estrenada en 1957 y que al igual que otras de sus obras, no estuvo exenta de polémica.

Vida en el Campo Op. 14 para piano y orquesta de Alfonso Letelier, es una obra que nos muestra a su autor en plena búsqueda de un lenguaje propio, en ella encontramos una aproximación  al impresionismo, algo no extraño en los compositores chilenos de esa época, aunque con tintes muy personales, en ellos no elude la influencia de otras corrientes, como la del romanticismo de Rachmaninov, y aún más, en una notable mirada al nacionalismo, incluye el ritmo de cueca en una de sus partes.

La obra que bien la podemos definir como un “Concertante para piano y orquesta”, recibió por parte de Valdés una muy cuidadosa interpretación, destacando todos los elementos expresivos que la caracterizan, asimismo manejó espléndidamente los balances con el piano, a cargo de un soberbio Luis Alberto Latorre.

Los frecuentes diálogos entre solista y orquesta, se convirtieron en un real goce de escuchar, cada frase del pianista tuvo la intencionalidad precisa, mostrando siempre  su apabullante musicalidad; que decir del manejo dinámico o de las progresiones expresivas.

Mágica fue la sección en tempo de cueca, por la sutileza con que fue enfocada.

Latorre acentuó aquellos elementos que recuerdan a Rachmaninov, muy bien secundado por Valdés que evidenció la más absoluta cercanía con esta Vida en el Campo, que no pretende describir imágenes, solo las sensaciones asociadas a la naturaleza.

Triunfo absoluto para una obra que lamentablemente se escucha poco, pero que sin duda requiere de intérpretes como los de esta ocasión.

Ante las ruidosas manifestaciones del publico, Latorre ofreció como encore una sensible versión de dos Doloras de Alfonso Leng, nada más preciso para enlazar dos compositores tan cercanos en expresividad.

Finalizaron con la Sinfonía Nº 11 en Sol menor, Op 103 de Dmitri Shostakovich, que al igual que otras de sus obras, no gozó del total afecto de Josef Stalin, quien incluso había calificado su música de “pornofónica”, aunque en este caso, la obra lleva como título 1905, en homenaje al inicio de la Revolución rusa, en la explanada del Palacio de Invierno en San Petersburgo.

Creemos que la versión de Maximiano Valdés, captó muy bien el carácter general que impregna la obra, tanto en sus descripciones de imágenes como emocionales,  logrando de sus dirigidos un rendimiento del más alto nivel, sobre todo considerando que la obra es de gran duración y posee numerosos desafíos; algún pequeña desajuste o anticipación en alguna entrada, no empaña en nada el gran resultado.

Tal vez nos habría gustado una mayor significancia expresiva en las pausas, en particular en las secciones en dinámica piano, o una mayor acentuación para destacar algunos fraseos, pero ello depende del concepto de la dirección.

Consideramos genial, el ambiente de tensión contenida logrado al inicio del primer movimiento, el que desemboca luego en la abierta tensión de la parte rápida.

Muy logrado fue el “fugato” del segundo movimiento, inserto en esa especie de leit motiv a cargo de las trompetas y el timbal (de extraordinario desempeño).

A nuestro parecer el punto más alto de la sinfonía se logró en el bellísimo tercer movimiento, con el emotivo tema a cargo de las violas mientras los bronces asumen carácter premonitorio; la progresión expresiva fue notable, antes de volver a la melodía de las violas.

Todo estaba dado entonces para el estupendo final, caracterizado por la fuerza expresiva y estupendos contrastes dinámicos; los interminables aplausos premiaron en justicia la gran versión de la Filarmónica de Santiago, y de su director Maximiano Valdés.

Gilberto Ponce. (CCA)

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Miguel Enríquez
Miguel Enríquez
11 Años Hace

Bastantes imprecisiones en este blog se va conviertiendo lentamente en una costumbre. Stalin calificó de «pornofonía» a sólo una sola de Schostakovich: «Lady Macbeth», la potente opera de los años 30′. El resto es invención suya. No en vano el compositor tuvo el respeto de la sociedad soviética hasta su muerte. Algo que difícilmente hubiese pasado si realmente Stalin odiara su música. Menos crítica, y más investigación, es una recomendación que no debería pasarse por alto.

Cristián Muñoz
Cristián Muñoz
8 Años Hace
Responder a  Gilberto Ponce Vera

«Finalizaron con la Sinfonía Nº 11 en Sol menor, Op 103 de Dmitri Shostakovich, que al igual que otras de sus obras, no gozó del total afecto de Josef Stalin».

Difícilmente la sinfonía hubiese gozado de afecto alguno por parte de Stalin, sobre todo si se considera que su composición y estreno es posterior a la fecha del fallecimiento del líder soviético.

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