MÁGICA Y CONMOVEDORA CENICIENTA POR EL BALLET DE SANTIAGO.

                   LA CENICIENTA DEL BALLET DE SANTIAGO UNA PROPUESTA MÁGICA.

Entre 1940 y 1945 Sergei Prokofiev trabajó en La Cenicienta, su nuevo ballet a partir del relato de Charles Perrault, la larga elaboración, producto de varias revisiones se vio además influida por dos hechos de gran importancia, la Segunda Guerra Mundial o Gran Guerra Patria para los rusos, y por las dificultades en su matrimonio, que terminaron en la ruptura definitiva.

                                                      La Cenicienta ( Laleska Seidel)  foto Alberto Díaz

Tal como lo hemos manifestado antes, las circunstancias que rodean a los artistas influyen irremediablemente en sus creaciones, y en este caso creemos que, la música que debiera ser luminosa en general, como buen cuento infantil que es, es bastante más oscura, enfatizando el drama de la protagonista, además que se adentra en la modernidad con todas las disonancias y quiebres armónicos ya en uso en la época, sin duda esta partitura es bastante más moderna que la de Romeo y Julieta, tendiendo en su carácter a mostrar los ataques y menosprecio de su Madrastra y Hermanastras, o también cuando muestra la tensión del tic tac del reloj, ante la llegada de la hora donde el hechizo benéfico terminaría, sin duda se trata de una parte de feroz dramatismo musical; por otra parte consideremos que incluso el famoso vals de la fiesta donde el príncipe escogería esposa, es más melancólico que brillante.

A lo anterior debemos agregar las dificultades técnicas de las partes a gran orquesta, que se contraponen a otras más de cámara llenas de sutilezas y texturas instrumentales, es así que estamos frente a un soberbio trabajo orquestal, con una potencia expresiva de primer orden, que obliga tanto a la coreografía como a la orquesta a manifestar un gran rigor en un trabajo de notables exigencias.

   La Madrastra (María Dolores Salazar) y las Hermanastras (María Lovero y Deborah Oribe) foto Alberto Díaz

En el aspecto anterior, solo cabe alabar el formidable trabajo de la Orquesta Filarmónica de Santiago, que dirigida por Pedro Pablo Prudencio realizó una impecable faena, con una finura de detalles en fraseos y articulaciones mientras derrochaba bello sonido y una afinación impecable, con una batuta siempre atenta a cada movimiento de los bailarines, mientras mantenía el carácter de cada fragmento.

La enorme y larga ovación tributada por el público al director y orquesta, a la que se agregaron los bailarines, demuestra que los asistentes no solo valoran el ballet, pues también lo hacen con la música y sus intérpretes.

                            Una de las Cuatro Estaciones, observada por dos ranitas  foto Alberto Días<

La presente versión debe ser calificada como un estreno mundial pues se trató un encargo especial que se hizo al coreógrafo australiano Lachlan Monaghan, para que la estrenara el Ballet de Santiago que dirige César Morales.

Monaghan realizó algunas modificaciones en el argumento, sin afectar la esencia de la historia, como cambiar el Hada Madrina protectora por un Gran Árbol protector y elementos de la naturaleza representando a su madre fallecida, sin alterar para nada la esencia de la historia, además de otorgar a la protagonista un carácter resiliente de gran optimismo y esperanza frente a las adversidades.

Su visión es de una gran coherencia argumental, permitiendo que niños entiendan perfectamente el argumento, mezclando la magia con la realidad en un continuo de progresiones dramáticas, pero manteniendo siempre con los necesarios contrastes, a la vez se manifiesta minucioso en la relación música y coreografía, agregando algunos detalles cercanos a la pantomima de particular genialidad, como cuando las hermanastras y madrastra se preparan para el baile, con el inútil auxilio del peluquero, el diseñador y el maestro de baile, en una escena de exquisito humor alejada de cualquier estereotipo.

                 Las Hermanastras (María Lovero y Deborah Oribe) ensayando para el Baile. foto Alberto Díaz

Importante es mencionar la gracia de algunos animales o elementos de la naturaleza, roles a cargo de los alumnos de la Escuela de Ballet, proyectándose ya como futuros bailarines.

Christopher Ash diseñó la escenografía, captando estupendamente el concepto de Monaghan, en un trabajo de gran belleza, fluidez y buen gusto, girando o moviendo elementos que cambian las escenas, otro gran acierto del montaje fue el vestuario de Loreto Monsalve de gran belleza y cuidadosos contrastes, este arco expresivo se completó con la estupenda y a ratos poética iluminación de Ricardo Castro.

El Cuerpo de Baile sigue mostrando disciplina ejemplar no solo en lo técnico también en lo dramático expresivo convirtiéndose en un sólido sustento para los solistas.

                     El Príncipe (Felipe Arango) y Cenicienta (Laleska Seidel) en el Baile  foto Alberto Díaz

Estos fueron encabezados por Laleska Seidel en el papel de Cenicienta, rol que la obliga a estar casi permanentemente en escena, demostrando una vez más su exquisita técnica y expresividad capaz de dar el perfil perfecto a sus personajes, su gracilidad de movimientos logra conmover.

Mostró un austero y recatado comportamiento ante el arrobamiento del Príncipe, a la vez que los pas de deux con este último, que poseen dificultades más allá de lo habitual, fueron simplemente perfectos.

Felipe Arango el Príncipe, es el partenaire ideal para Laleska, debido a la total compenetración que muestran en cada una de sus escenas, ya que sin duda alguna ellos viven sus roles, Arango nuevamente mostró carácter y reciedumbre en solos y pas de deux que van más allá de la técnica: iconográfica resultó la escena final con ambos sentados en un columpio, rodeados de la Naturaleza que ahora los protege a ambos.

                       Cenicienta (Laleska Seidel) minutos antes que el reloj dé las XII.  foto Alberto Díaz

El resto de este elenco, de los tres que abordaron la coreografía, fueron bailados por María Dolores Salazar que fue una Madrastra de carácter cambiante, altanera con Cenicienta y ávida de reconocimiento frente a la Corte y sus emisarios, las Hermanastras de gracia exquisita en su torpeza social y cultural, las bailaron María Lovero y Deborah Oribe conquistando al público que les aplaudió con gran entusiasmo.

Con austera presencia Mauricio Serendero fue el Jardinero, mientras que con elegancia y solvencia Milagros Perrella, Oriana Scheidegger, Mariselba Silva y Rocío Gomez encarnaron a Las Cuatro Estaciones.

Los encargados de instruir socialmente a las Hermanastras fueron un divertidísimo y genial Matías Romero como el Maestro de Baile, con gracia resignada Christopher Montenegro fue el Diseñador, mientras que Iva Martínez fue un gracioso y desesperado Peluquero.

                 Otra de Las Cuatro Estaciones observada por el Jardinero y las Ranitas. foto Alberto Díaz 

Prestancia mostraron Murilo Muniz y Maurilio Souza como los Mayordomos.

Completaron el elenco los Amigos del Príncipe que bailaron con certera elegancia ellos fueron Jacob Alvarado, David Serendero, Aaron Guzmán y Matías Romero.

Una función ovacionada larga y entusiastamente por un fervoroso público, reconociendo de esta forma el estupendo nivel en que se encuentra el Ballet de Santiago dirigido por César Morales.

                          Otra de Las Cuatro Estaciones ante el Gran Árbol Protector  foto Alberto Díaz

Gilberto Ponce (CCA)

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