LA SINFÓNICA ESTRENA OBRA DE PHILIP GLASS

LA SINFÓNICA Y EL SIGLO XX EN DOS TIEMPOS. MILLER, STRAVINSKY & GLASS.

En el séptimo concierto de su Temporada 2024, la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile abordó sólo obras del Siglo XX, con autores nacidos en 1892, 1937 y 1992, una verdadera muestra de estilos que abarcan hasta el XXI, con la conducción del titular Rodolfo Saglimbeni, desafío interesante porque teniendo como eje una partitura fundamental del S. XX, se escuchó en estreno para nuestro país una de Philip Glass y otra de una joven compositora chilena. Como se aprecia un variado e interesante programa de casi una hora de duración.

Un siglo exacto después del nacimiento de Stravinsky, nació Tamara Miller, quien como proyecto final del grado en composición escribió; “Recuerdo de ahora” su primera obra orquestal, que obtuvo un premio en Italia y posteriormente fue grabada en Alemania; notable trayectoria para alguien de poco más de treinta años.

Gerardo Salazar y Juan Coderch (timbalistas) interpretando a Glass junto a la Sinfónica. Juan Pablo Garretón

La obra, tal como lo indica el epígrafe son “Impresiones orquestales”, inspirada en el poema “Mujer Fueguina, Recuerdo de Ahora” de Rolando Cárdenas, y precisamente son seis impresiones provocadas por el texto, en las que existen algunas concretas y otras más alegóricas, cuya cuidadosa orquestación evoca imágenes, colores y atmósferas, en un lenguaje que no pretende ser provocador, y tal vez por ello mantiene interés permanente. Sus nueve minutos de duración recibieron una cuidadosa versión de Saglimbeni y sus músicos, siendo bien recibida por el público.

Una de las obras claves de comienzos del S. XX, la Suite del ballet “El pájaro de fuego” de Igor Stravinsky continuó el programa, partitura con la que dio inicio a su colaboración con los Ballets rusos de París, en ella ya es posible reconocer su gran maestría en la orquestación.

La versión de Rodolfo Saglimbeni, la consideramos bastante acertada en el carácter, podremos tal vez diferir de algunos de sus tempi, y de la progresión del final, que perdió fuerza, no obstante es justo alabar el poderío de la Danza infernal de Katshei.

Gerardo Salazar y sus siete timbales, interpretando la obra de Philip Glass, foto Juan Pablo Garretón

En lo orquestal reconocemos el trabajo realizado por las cuerdas, de bello sonido, gran musicalidad y estupenda afinación, del mismo modo reconocemos el gran trabajo realizado por el corno solista en sonido y afinación.

El desempeño de las maderas lo consideramos bastante irregular, a frases hermosas y certeras, le seguían otras dudosas, a manera de ejemplo, señalemos los solos del oboe y la flauta, el resto de la familia en nivel más parejo el pero sin descollar, los bronces correctos, también con secciones brillantes y otras algo estridentes, la percusión tuvo gran desempeño.

El programa concluyó con una vibrante versión del “Concierto Fantasía para dos Timbalistas y Orquesta» del estadounidense Philip Glass, con Juan Coderch y Gerardo Salazar como solistas.

Juan Coderch y sus cinco timbales, interpretando la obra de Glass. foto Juan Pablo Garretón

Referirse a Glass es hacerlo sobre un ícono, que tiene una numerosa producción tanto en música de cámara, como sinfónica, así como música vocal para solistas y coro, sin olvidar su música para el cine y su colaboración con músicos populares como Paul Simon; pero sin duda llama la atención la notable cantidad de óperas que tiene en su catálogo.

Encontró su estilo cuando abandonó la influencia de sus maestros europeos, el que ha sido caracterizado como: minimalista, repetitivo y hasta provocador, sin duda por la influencia de Robert Wilson, el controvertido director de escena, con quien trabajó algunas óperas, una de ellas Syatagraha en sánscrito sin traducción, o bien en idiomas arcaicos, como el hebreo bíblico o el egipcio antiguo en Akhenatón.

Ha planteado que desconfía de los intérpretes, por ello formó su propio conjunto instrumental para interpretar sus obras, en lugares alternativos. Como vemos un personaje, que además trata, aunque lo niegue de llamar la atención, es sugerente el que como algunas obras son extensas y reiterativas, ofrezca licencia al público para salir y entrar cuando le plazca. Generalmente los estrenos de sus obras causan expectación, pero luego el interés disminuye y dejan de interpretarse.

Un momento de la versión de la obra de Philip Glass. foto Juan Pablo Garretón

Como se ve, discutido o alabado en sus composiciones, Glass se ha ganado un lugar en el mundo de la música, razón por la que fue importante el hecho que la Sinfónica estrenara esta obra, la conocíamos por grabaciones y la encontrábamos más bien tediosa, pero es radicalmente distinta su versión en vivo, sin duda por el espectáculo que brindan los percusionistas, con el fondo sinfónico, donde ellos tocan nada menos que doce timbales, siete Salazar y cinco Coderch, quienes dieron una verdadera clase de virtuosismo, pues Glass exige que los instrumentos sean explotados al máximo de sus posibilidades, glissando, con pedal, golpes secos, entre muchos otros, que además de las diversas sonoridades que producían, fue un verdadero espectáculo observar a estos geniales músicos, explotando al máximo sus capacidades, para resolver todos los desafíos planteados por la partitura.

El acompañamiento de la Sinfónica guiada por Saglimbeni fue el adecuado a la obra, destacando en todos los contrastes dinámicos, al finalizar y ante la desbordante respuesta del público, como encore los solistas ofrecieron una improvisación, que recordó muy bien los desafíos del original.

Gerardo Salazar, Juan Coderch, Rodolfo Saglimbeni y Sinfónica agradecen. foto Juan Pablo Garretón

Gilberto Ponce (CCA)

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