LA FILARMÓNICA EN CONTRASTANTE Y EXIGENTE PROGRAMA.

            HELMUTH REICHEL TRIUNFA EN EXIGENTE Y VARIADO PROGRAMA.

Si hay algo que nos puede llenar de satisfacción, es el hecho que exista gran cantidad de jóvenes músicos chilenos, que se están abriendo paso y con mucho éxito, en el ámbito internacional; cantantes, intérpretes y en particular directores de orquesta.

No deja de llamar la atención el que un puñado de directores jóvenes, ya estén ocupando importantes podios, frente a renombradas orquestas de diversos continentes, entre ellos, Paolo Bortolameolli, Luis Toro Araya y Helmuth Reichel quien dirigió el pasado concierto de la Filarmónica de Santiago, quien hasta el momento ha dirigido en América, Asia y Europa, particularmente en Alemania.

El director Helmuth Reichel dirigiendo a la Filarmónica de Santiago. foto Patricio Melo

A él le correspondió enfrentar un programa particularmente complejo, al tratarse de cuatro obras de dispares estilos, las que enfrentó con sabiduría, carácter y musicalidad, con gesto preciso para cada una de sus indicaciones, provocó una espléndida respuesta de la orquesta, tanto en sonido como en el carácter de las diferentes obras, dejando en claro un profundo estudio de cada partitura y sus singularidades, de allí el enorme éxito obtenido en la jornada.

La primera de ellas fue la desafiante partitura de la versión para orquesta de “El Mandarín maravilloso” de Béla Bartók, el ballet pantomima que en su estreno causó gran escándalo debido a lo fuerte de su argumento, incluso hasta con prohibición de continuar sus representaciones, posteriormente el propio compositor realizó la suite solo para orquesta, que reúne las partes esenciales, y que es la que se interpreta habitualmente en conciertos.

Helmuth Reichel dirigiendo a la Filarmónica en el Mandarín Maravilloso de Bartók. foto Patricio Melo

Esta, está llena de desafíos rítmicos y sonoros en medio de grandes exigencias técnicas para los músicos, tanto como de sorpresivos contrastes dinámicos. En este sentido la batuta de Reichel fue certera para la consecución del carácter oscuro y morboso del argumento, consiguiendo siempre un sonido de excelencia tanto en los poderosos forte, como en los sensibles piano, otro aspecto a notar fue el balance entre las diferentes familias, en particular por la numerosa cantidad de bronces y la variada percusión, a pesar de ello siempre se escuchó lo esencial; esta soberbia versión fue el primero del los éxitos de la jornada.

Un violento contraste estilístico vino con la estupenda versión de Rhapsody in Blue de George Gershwin, con el talentoso Danor Quinteros en piano.

Danor Quinteros y la Filarmónica durante Rhapsody in Blue de Gershwin. foto Patricio Melo

La obra escrita y estrenada en 1924, por el mismo compositor, acompañado por una banda de jazz, que es el original, siendo posteriormente orquestada por Ferde Grofe y después el mismo Gershwin realizó la propia.

La partitura al igual que casi toda la obra de Gershwin en una síntesis entre lo docto y lo popular (jazz, blues), por ello es necesario encontrar el término medio entre ambas tendencias para acertar en la interpretación, y creemos que tanto Reichel como Quinteros lo hicieron con largueza.

Quinteros dio muestras de una exquisita musicalidad, además de una perfecta digitación particularmente en las partes de bravura, y siempre entrando con autoridad en el estilo, al tiempo que sus diálogos con la orquesta fueron notablemente complementarios, rozando con naturalidad lo melancólico y lo sensual que tiene esta música, el acompañamiento de Reichel fue preciso en tempo y estilísticamente certero.

El público no escatimó en sus muestras de entusiasmo, obligando a un jazzista encore de Quinteros.

Danor Quinteros agradece las ovaciones del público por su interpretación. foto Patricio Melo

La Rapsodia española de Maurice Ravel, es demostrativa del inmenso atractivo que la música española ejerció sobre muchos compositores, aunque debemos aclarar que la partitura también reúne las características de la música francesa, esta escrita en cuatro movimientos (Preludio a la noche, Malagueña, Habanera y Feria), creemos que en sus tres primeras partes es más evocadora que concreta, mientras que el cuarto es más descriptivo y festivo. Pensamos que Reichel buscó objetivamente la elegancia sutil francesa, más que lo extrovertido español, por ello su versión fue de gran finura, con pianíssimos alados, obteniendo de la orquesta una respuesta pictóricamente poética, podemos decir que la batuta produjo un verdadero encantamiento en estas tres primeras partes, en la última surgió la luminosidad y fuerza españolas, provocando que el público ovacionara fervorosamente la versión.

Para finalizar la jornada de contrastes, otra partitura que sintetiza perfectamente lo docto y lo popular, las Danzas sinfónicas de West Side Story, del musical homónimo de Leonard Bernstein, que con su estreno provocó un drástico cambio en la composición del género, la selección que el compositor hace de la partitura, no sigue el orden argumental, y fue orquestada para su versión sinfónica por Irwin Kostal y Sid Ramin, siendo su gran atractivo la yuxtaposición rítmica y melódica de lo latinoamericano con lo estadounidense, teniendo como eje la canción Somewhere que habla de un mejor lugar en el mundo sin rivalidades, esa, la de ambas bandas que no son más que una metáfora, de las rivalidades existentes en el mundo.

Helmuth Reichel y la Filarmónica interpretando las Danzas sinfónicas de West Side Story.  foto Patricio Melo

Helmuth Reichel realizó una estupenda versión de la suite, resaltando al máximo su brillante orquestación destacando los contrastes rítmicos y las síncopas, vitales en este tipo de música, desentrañó temas esenciales, mientras jugaba con los contrastes dinámicos, creando las tensiones necesarias, en este drama que es la recreación contemporánea de la inmortal tragedia de Shakespeare, Romeo y Julieta. Reichel lo dirigió, al igual que el resto del programa con la naturalidad de algo más que conocido, de allí el rotundo éxito de su versión, lo que provocó un entusiasmo eufórico en el público que la ovacionó largamente.

Gilberto Ponce (CCA)

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