EL VIAJE A REIMS, EL SABROSO Y COMPLEJO ENREDO DE ROSSINI.

                          EL VIAJE A REIMS, UN JUBILOSO «NON SENSE» DE ROSSINI.

En la segunda mitad del siglo XX, se redescubrió, la partitura de El viaje a Reims de Gioacchino Rossini, obra que su autor escribió como, ocasional o de circunstancia, debido a que fue un encargo, como parte de las celebraciones de la coronación del rey Carlos X, que como bien sabemos, se realizó en la ciudad de Reims, donde eran coronados los reyes franceses.

La fama del compositor, le aseguró la participación de los mejores cantantes de la época, razón por la que, la ópera, es una sucesión de brillantes y desafiantes arias, dúos, tríos, cuartetos, y concertatos de hasta 14 intérpretes, lo que sin duda representa, un desafío tanto para el libretista, como para el compositor. Porque a quién privilegiar y a quienes reservar un discreto, aunque importante lugar secundario, conocemos de las rivalidades y divismos, que abundan en este ambiente.

El grupo sigue muy atento, la lectura que hace Don Profondo (Pietro Spagnoli) foto Patricio Melo

La solución no pudo ser más salomónica, una suerte de hilo argumental, que permitiera dejar a todos los intérpretes, más o menos conformes, entregando partes contundentes a todos, aunque, reservando momentos estelares, a un grupo más reducido, pero, siempre buscando la interacción entre los diversos personajes.

En pocas líneas, un grupo de aristócratas, viaja a Reims a participar de las celebraciones de la coronación de Carlos X, quienes por problemas con las diligencias que los transportaban, quedan varados, en la Posada (Spa) El lirio de Oro, lugar donde afloran todas las contingencias humanas, entre ellas, celos, romances, envidias, etc.

Personajes que, ante la imposibilidad de llegar a destino, deciden realizar su propia celebración en ese mismo lugar, incluyendo la llegada del recién coronado Rey, que será, para esta puesta en escena, un niño, que los dejará conformes, pues se habrá cumplido el objetivo del viaje, debido a que no pueden aceptar el hecho, que sus deseos se vean frustrados.

Como vemos, un viaje sin destino, que permite a Rossini, desarrollar todas sus capacidades creativas, en esta comedia de equivocaciones, que no da tregua, ni a cantantes, orquesta y director, en esta ocasión un inspirado Paolo Bortolameolli, quien con precisión y chispa condujo a la Filarmónica de Santiago, que respondió atenta, a todos los fraseos, articulaciones, como contrastes dinámicos y de carácter. Con hermoso sonido y su acostumbrada musicalidad; es de justicia destacar la participación de gran importancia, del arpa y flauta solistas, cuyo desempeño fue un goce de musicalidad.

 Don Profondo (Pietro Spagnoli) y participantes durante la celebración. foto Patricio Melo

Bortolameolli fue cuidadoso y atento, en el seguimiento de los solistas, y con gesto firme condujo los complejos concertatos, uno de los cuales cuenta con 14 cantantes, que deben hacerlo, mientras, se sacan la ropa del spa, y se visten de gala, para la celebración, esto al finalizar el primer acto, en una de las cumbres de la función.

Emilio Sagi, de notables trabajos en el Municipal, estuvo a cargo de la puesta en escena, optando por la que realizó para el Festival Rossini de Pésaro, replicada con algunos cambios, para el Teatro Real de Madrid, opción minimalista que desarrolla toda la acción, en una especie de terraza, del Spa donde ocurren los sucesos, esto obliga, a nuestro juicio, a ser puntilloso en las acciones, algo logrado plenamente, en el segundo acto, al que contribuyó sin duda, el espléndido vestuario de Pepa Ojanguren, en el primero, esto no fue tan logrado, debido a que todos los personajes, estaban vestidos de blanco, correspondiente al Spa, lo que dificultó la identificación de los mismos, a pesar de los aciertos de Sagi, en los movimientos de algunas escenas, asimismo creemos que, la iluminación a todo sol, propia de un Spa, tendió a una cierta monotonía visual, contrastando con el segundo, cuyos cambios, agilizaron el resultado final.

No obstante estas objeciones, Sagi logró recrear muy bien, los múltiples enredos del argumento, logrando genialidad, al final del primer acto, en el enorme concertato, de casi todos los protagonistas, cuando estos, se sacan los atuendos blancos, para vestirse de gala, todo mientras cantan, poniéndose calcetines, zapatos y ropas, esta escena, sin duda, pasará a la historia del teatro, como una de las más logradas, tanto por lo cómica, como por lo compleja; una verdadera proeza de los cantantes y de la dirección musical.

El gran concertato del final del primer acto, todos cantan mientras se desvisten y visten, en una escena, que sin duda se convertirá en antolólogica, tanto por lo cómica, como por su bien resuelta dificultad. foto Patricio Melo

Otro aspecto muy bien resuelto, fue la actitud de cada uno de los personajes, en el segundo acto, donde deben hacer un elogio al nuevo Rey, de acuerdo a su nacionalidad.

No es sencillo, entrar a detallar el rendimiento de cada uno de los solistas, por lo extenso, que podría resultar este comentario, aunque es necesario precisar su óptimo desempeño, en particular, del importante grupo de cantantes nacionales, haciéndolo a la par con los extranjeros.

La soprano chilena Annya Pinto, cantó como Corinna, correspondiéndole, dos de las mayores intervenciones acompañadas de arpa, dando cuenta de su hermosa voz y expresivo canto, en la función que asistimos, brilló desde el palco presidencial, calmando la ira de dos caballeros que se la disputaban, después en el elogio al Rey, no la vimos muy cómoda, tal vez el arpa, estaba demasiado lejos, pero sin embargo, prevaleció su abrumadora musicalidad.

Corinna (Annya Pinto), cantando el aria con arpa, del primer acto. foto Patricio Melo

Con calidad en canto y actuación Gabriela Gómez dio vida a la Marquesa Melibea, mientras que, Vanessa Rojas como la Duquesa Folleville, fue sólida, en canto y muy divertida como actriz.

Edgar Villalva acertó vocalmente y como actor, en el rol del Caballero Belfiore. Juan de Dios Mateos, el tenor español, logró convencer plenamente en el segundo acto, con su Conde Libenskof.

Matías Moncada, avanza sólido en su carrera, su Lord Sidney, mostró hermosa voz, pareja en todo su registro, y fue muy buen actor, compitiendo de igual a igual, con una de las celebridades de la lírica, hablamos de Pietro Spagnoli, que con su genial Don Profondo, conquistó al público, que lo ovacionó, tanto en actuación, como en su línea de canto.

El Barón Trombonok (Ricardo Seguel) canta su elogio al Rey, frente a los presentes. foto Patricio Melo

El Barón de Trombonok, fue desarrollado por un inspirado Ricardo Seguel, con sus grandes dotes de comediante. Otro que destacó ampliamente, fue el barítono chileno Ramiro Maturana, quien fue muy convincente en lo vocal y como actor, en su rol de Don Álvaro, su aria-elogio española, fue un gran éxito.

Completaron el sólido elenco; Tabita Martínez (Madama Cortese), Kevin Mansilla (Don Prudenzio), Felipe Gutiérrez (Don Luigino), Camila Guggiana (Delia), Javiera Saavedra (Maddalena), Camila Aguilera (Modestina), Gonzalo Araya (Zeferino y Gelsomino) y Homero Pérez-Miranda (Antonio).

Y no podríamos olvidar, al niño actor Ignacio Dougnac, como Carlos X, por su prestancia en actuación.

En resumen, un festín de hermosas melodías en manos de un solvente grupo de cantantes, que gozaron e hicieron gozar al público, con este Viaje a Reims de Rossini, que contó con el musical acompañamiento de la Orquesta Filarmónica de Santiago, todos dirigidos por el más que talentoso Paolo Bortolameolli.

Gilberto Ponce (CCA)

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jorge
jorge
6 Meses Hace

Muy buen comentario para un extraordinario fin de fiesta de una exitosa temporada

Elisa Álvarez
Elisa Álvarez
6 Meses Hace

Tuve la posibilidad de asistir al ensayo general y luego además del estreno(función de abono) a otra función,pensando que será imposible que vuelva a ver esta ópera dadas las limitaciones de mi edad.Fue en realidad una fiesta musical,los músicos,cantantes y en especial la dirección de Paolo Bortolameolli hicieron posible que a pesar de un libreto con poco y nada de argumento , el juego escénico y la música lograran que esta ópera fuera una maravillosa y gozosa experiencia.Sabía ,porque había visto la
última versión realizada en Pesaro con regie del maestro Sagi
,no me convencía la escenografía,después de verla hecha aquí,me reconcilie con ella y aunque no fue lo ideal para mi,se prestó bien para el juego escénico.No voy a pretender comentar mucho más de lo que ya hizo el crítico,siempre acertado y justo.,estoy de acuerdo que la segunda aria de Corina no fue tan lograda como la primera y a mi se me hizo un tanto larga,los cuartetos, concertados y por supuesto la tan lograda escena del cambio de ropa ,fue una hazaña musical,me imagino lo difícil que debe ser cantar y vestirse y que las voces sigan sin desarmar el tejido musical,la dirección del Maestro Bortolameolli fue fundamental,en toda la amplitud de la obra y aquí en particular.En fin ,valió la pena verla 3 veces,una fiesta musical como fije al comienzo.Felicitaciones a todos y cada uno de los involucrados en esta producción y también felicito a Patricio Melo por sus magníficas fotografías.

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