EL LAGO DE LOS CISNES DESLUMBRA EN EL VERANO 2026 AL TEATRO MUNICIPAL DE SANTIAGO.
.Hablar sobre El Lago de los Cisnes es hacerlo no solo sobre un ícono del ballet, pues estamos frente a una de las obras maestras del arte, aquellas cuya trascendencia excede con largueza muchos de los patrones que rodean las artes en general.
Las razones por las que una obra como esta adquiere el calificativo de Obra Maestra, así con mayúsculas, radican principalmente entre otros aspectos en su perfección, belleza, expresividad, pero fundamentalmente por su trascendencia que la hace permanecer en el tiempo, como si siempre fuera nueva, estos son algunos de los múltiples factores por los que El Lago de los cisnes lo es, sin duda alguna.
Por supuesto, y clave es la inmortal música de Piotr Ilich Tchaikovsky, que la escribió muy joven como su primer aporte al ballet, en una partitura que derrocha increíble creatividad, riqueza en timbres y colores, todo tipo de contrastes, gran expresividad y una variedad melódica, que ha instalado muchas de ellas en el inconsciente colectivo, en una obra que para cualquier orquesta presenta múltiples desafíos tanto en los tutti, como en múltiples solos instrumentales.
En esta oportunidad se presentó la coreografía de Ivan Nagy y Marilyn Burr, que cuenta con la escenografía de Enrique Campuzano que mezcla lo simbólico con lo concreto, con el lago siempre presente, el hermoso y refinado vestuario de Pablo Nuñez y la precisa iluminación de Ricardo Castro, que ahora sí ilumino muy adecuadamente a Rothbart.
Odette (Inés Mcintosh) y el príncipe Sigfrido (Shale Wagman) foto Alberto Díaz
La Orquesta Filarmónica de Santiago fue dirigida por Pedro Pablo Prudencio, quien parece insuperable dirigiendo ballet, acompaña a los bailarines con impresionante precisión, a la vez que consigue de sus músicos no solo hermoso sonido e impecable afinación, también fervor por hacer las cosas bien, aclaramos que presenciamos las funciones de los días 13 y 20 de enero, en las que el público ovacionó al borde del rugido al director y los músicos.
Elencos 13 y 20 de enero.
El Ballet de Santiago se dio el lujo de subir tres elencos al escenario, nosotros vimos solo a los solistas de la Ópera de París Inés Mcintosh con Shale Wagman y a los primeros bailarines del Ballet de Santiago Laleska Seidel y Felipe Arango.
Pensamos que tal vez Inés Mcintosh y Shale Wagman sean de los mejores exponentes que hemos visto en los solistas de la Ópera de París que nos han visitado, ella es de una sutileza casi ingrávida, la elegancia de sus movimientos y giros perfectos, que combinados con la expresividad que le otorgó a sus dos personajes, Cisne blanco (Odette) y Cisne negro (Odile), mostrando primero ingenuidad deslumbrada al conocer y enamorarse de Sigfrido como Odette, para luego con una sensualidad mezclada con algo de fría maldad como Odile, obedeciendo a Rothbart, fue la constatación de que se trata de una gran estrella.
Odette (Inés Mcintosh) foto Alberto Díaz
Shale Wagman como Sigfrido fue el complemento perfecto, con una estupenda técnica y elegancia viril dio cuenta de las vacilaciones del príncipe al escoger a su futura esposa, pues no se ha enamorado de ninguna de las “pretendientes” que le ofrecen, sólo lo hará de Odette y se deslumbrará con Odile, en su actuación fue bastante convincente, mientras que como bailarín en sus Pas de deux y solos, derrochó toda su estupenda técnica. Ambos fueron con justicia ovacionados.
El príncipe Sigfrido (Shale Wagman) foto Alberto Díaz
En la función del 20 y última de la serie nos correspondió ver a Laleska Seidel como Odette/ Odile y a Felipe Arango como Sigfrido, ambos recién ascendidos a primeros bailarines de la Compañía y fue emocionante observar el grado de madurez que han logrado, ellos ya asumieron la técnica, ahora la pusieron al servicio de expresividad, y como son muy jóvenes convencieron con las vicisitudes amorosas de los protagonistas.
Odile (Laleska Seidel) y Sigfrudo (Felipe Arango) foto Alberto Díaz
Bailaron con una seguridad y prestancia propias de consagrados siendo ovacionados en los Pas de deux y sus respectivos solos.
Laleska se desdobló primero deslumbrada y con algo de ternura como Odette, luego como Odile desplegó una fría sensualidad que conquista fácilmente al príncipe, finalmente defenderá a su amado de los peligros de Rothbart, la inmensa ovación que les brindó el público dio cuenta del impacto causado por su actuación.
Sigfrido (Felipe Arango) y Odette (Laleska Seidel) foto Alberto Díaz
La Compañía mostró ampliamente el alto nivel en que se encuentra, con una perfección deslumbrante en el cuerpo femenino, el cuerpo masculino de recia presencia y técnica, sorprendió en la función del día 13, algún pequeño desajuste en los primeros cuatro de ocho, en las danzas colectivas del primer acto, desapareciendo absolutamente en la del día 20. Compartimos con un matrimonio alemán de visita, fanáticos del ballet, quienes estaban admirados del gran nivel del conjunto.
13 de enero.
Christopher Montenegro fue un muy convincente Rothbart, con gran presencia escénica, carácter y con la maldad necesaria recreó al brujo que esclaviza a las damas cisnes.
Matías Romero otro de los bailarines en ascenso, encarnó con soltura y estupenda actuación a Beno el asistente del príncipe, para luego hacerlo en al Pas de trois del primer acto con expresividad, siendo estupendo como partner de María Lovero y Alexia Comisso que encantaron con su gracia, notable técnica y prestancia escénica.
Odette (Laleska Seidel) foto Alberto Díaz
Arrollador éxito obtuvieron en las dos funciones a que asistimos Milagros Perrella, Alexia Comisso, María Lovero y Mariselba Silva en el emblemático Pas de quatre del Los cuatro pequeños cisnes, bailado con inusitada perfección.
También y con elegancia y exquisita técnica lo hicieron en ambas funciones Deborah Oribe y Noelia Sánchez bailando como los dos grandes cisnes
El príncipe Sigfrido (Felipe Arango) foto Alberto Díaz
20 de enero.
Lucas Alarcón uno de los primeros bailarines lo hizo como Rothbart, haciendo un segundo acto bastante desdibujado algo que superó ampliamente en el cuarto en el que afloró el bailarín que conocemos con un extraordinario y dramático desempeño, tanto que fue ovacionado, cuando generalmente lo abuchean, reprochando a su personaje.
En esta función no vimos cómodo a Christopher Montenegro como Beno y luego en el Pas de trois en el que solo fue correcto.
Un ovacionado Lago de los cisnes que atestó todas las funciones, donde fue evidente la enorme potencialidad de la compañía, comprobándose una vez más que los grandes clásicos, atraen siempre multitudes.
Gilberto Ponce (CCA)









