LA SINFÓNICA NACIONAL EN UNA DESAFORTUNADA PRESENTACIÓN.

                                                                             SERIAS DUDAS EN CONCIERTO SINFÓNICO.

Continuando con su Temporada Oficial 2026 la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, ofreció en la Gran Sala Sinfónica un concierto dirigido por la debutante en nuestro país, la maestra brasilera, Priscila Bomfim con obras de Soro, Lalo y Falla, contando además con la participación de dos destacados solistas.

Desafortunadamente sus resultados distaron mucho de la expectativas generadas, resultando bastante perjudicados los solistas convocados, quienes han demostrado su solvencia en múltiples oportunidades, la razón, la creemos en una dirección más bien errática de la maestra Bomfim, quien, o bien estuvo en un muy mal día, o aún le falta bastante experiencia.

                                                      La maestre Priscila Bomfin foto Ana Clara Miranda

El programa se inició con la interpretación de los Preludios Sinfónicos del compositor chileno Enrique Soro, obra que transita entre el pos romanticismo con algunas alusiones expresionistas, partitura para gran orquesta, en la que el compositor indaga en timbres y colores instrumentales.

La versión fue correcta, sin errores evidentes, aunque con una permanente insistencia de parte de la batuta por privilegiar los forte, la respuesta del público fue amablemente discreta.

Continuaron con la famosa Sinfonía Española de Edouard Lalo, con la participación del solista austríaco Yury Revich en violín, que en una anterior presentación con la misma Sinfónica Nacional causó justificado furor, debido a su virtuosismo.

Creemos que el solista no debe haber quedado conforme, no por su desempeño de virtuosismo indudable, sino por el acompañamiento orquestal dirigido por Bomfim, que una vez más insistió en la dinámica forte, sobrepasando con creces el sonido del solista, a lo que debemos agregar pulsos desajustados en gran parte de la obra, con respuestas o diálogos con el  violín con golpes poco musicales y sonidos sucios en los bronces. En cuanto al carácter este distó bastante de lo hispano.

                                                    El solista Yury Revich. foto Juan Pablo Garretón

Yury Revich se pudo reivindicar con el extraordinario Bach que ofreció como encore, donde pudo dar cuenta de su formidable técnica, de abrumadores pizzicato y dobles cuerdas y en el más rotundo estilo, fue ovacionado por los presentes.

Finalizaron con El amor Brujo de Manuel de Falla, una de sus partituras más populares y conocidas, obra concebida primero como ballet, que se estrenó en 1915, la que posteriormente recibió muchas modificaciones, que la transformaron en obra de concierto, para volver a ser ballet, sacando o agregando partes, hasta que en 1925 se estrenó la versión definitiva en formato de concierto, que fue la que se interpretó, en ella se contó con la participación de la reconocida cantante por su hermosa voz, musicalidad y profesionalismo, la mezzosoprano Evelyn Ramírez.

                                                               La mezzosoprano Evelyn Ramírez foto ceac

La versión fue inmisericorde con la cantante, por el grueso volumen instrumental, y solo en aquellos momentos en que la instrumentación es más liviana, la voz y la interpretación de Evelyn Ramírez se pudieron apreciar como una gran interpretación, por ello es que nos cuesta comprender esta inútil búsqueda por ese tipo de dinámica, sin indagar en las sutilezas de su orquestación.

Por respeto a la Sinfónica Nacional y en consideración a que esta presentación tal vez no refleje la real potencialidad de de la maestra Priscila Bomfim, es que no continuamos con el análisis del concierto, que nos dejó demasiadas dudas.

Gilberto Ponce (CCA)

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