LA SINFÓNICA CELEBRA SUS 85 AÑOS DE EXISTENCIA

CUMPLEAÑOS DE LA SINFÓNICA NACIONAL.

Como ya es tradicional en enero, la Orquesta Sinfónica Nacional celebró un año más de vida, y fueron nada menos que 85 de fructífera labor, que le ha llevado a convertirse no solo en la más antigua, también a ser una de las más importantes del país.

A su haber, tiene el privilegio de ser el conjunto que ha estrenado y grabado, la mayor cantidad de obras de compositores chilenos, además haber sido dirigida por batutas consagradas a nivel mundial, incluyendo a innumerables directores chilenos, mientras que a la vez realiza una importante labor de extensión que data casi desde la fecha de su primer concierto, ocurrido el día 7 de enero de 1941 en el Teatro Municipal de Santiago, dirigida por quien fuera su primer director titular Armando Carvajal.

En esta oportunidad la celebración tuvo dos momentos, la académica con discursos de la Rectora de la Universidad de Chile Rosa Devés, de la Directora del CEAC Dominique Thomann y otro estupendo por lo cercano y humano de uno de los Concertinos de la orquesta Alberto Dourthé, que en palabras de todos destacaron la concreción del anhelado sueño de la Gran Sala Sinfónica Nacional inaugurada en julio del 2025.

                           La directora Barbara Dragan en un momento del concierto, foto Jacqueline Uribe

El segundo momento fue la parte musical, que consistió en tres obras dirigidas por la directora invitada Barbara Dragan, que además es consejera artística de la orquesta.

No sabemos la razón del porqué la primera obra consistió solo en la tercera parte de los “Tres aires chilenos” de Enrique Soro, para una obra que en su totalidad dura cerca de 10 minutos.

En rigor la versión rozó apenas lo formal sin acercarse al carácter de “tempo de cueca”, entendemos que no es simple que una directora polaca capte esta esencia folclórica.

De dulce y agraz fue la segunda obra del programa, el Divertimento concertante para Contrabajo y orquesta, del afamado compositor de música para el cine Nino Rota, donde inexplicablemente fue sobre amplificado el contrabajo, desvirtuando el equilibrio sonoro propuesto por el compositor.

En cambio la excelencia estuvo en el sorprendente y musical desempeño del solista, el joven Claudio Faúndez, de técnica sorprendente, afinación, dobles cuerdas y fraseos impecables, captando muy bien el carácter de cada uno de los cuatro movimientos, recordamos especialmente el segundo de ellos, que recuerda a Prokofiev, en una perfecta fusión con la orquesta, conjunto que desarrolló una gran labor en toda la partitura, en una obra que la batuta condujo con precisión provocando una fuerte impresión en el público, sobre todo por el sobresaliente desempeño del solista, que fue largamente aplaudido.

           El solista en Contrabajo Claudio Faúndez, Barbara Dragan y la Sinfónica foto Jacqueline Uribe

La celebración culminó con la versión de la Sinfonía Nº 5 en Do menor de Ludwig van Beethoven una de las obras fundamentales de la Historia de la Música, obra que representaría la la denodada lucha del compositor en contra de la trágica enfermedad que lo aquejaba, una sordera que trató inútilmente de ocultar, aislándose acrecentándose su reconocido carácter neurótico.

Pero Beethoven sentía la obligación de comunicar a sus semejantes sus múltiples pensamientos y sentimientos a través de su música, es así que llega a su quinta sinfonía en la que planteará su lucha por sobreponerse a su cruel destino, que estará representado por el motivo de las cuatro notas, que se inicia opresivo e implacable, que luego comenzará a modificar sutilmente de manera que el motivo descendente derivará en el último movimiento a ascendente, y aún más en tonalidad mayor exponiendo el triunfo de su espíritu sobre la adversidad, algo que el autor enfatiza con insistencia en sus compases finales.

Como vemos, una obra no solo compleja y exigente en lo técnico, también lo es en lo emocional, y es en este aspecto donde la maestra Dragan desconcertó con su versión, particularmente con los dos primeros movimientos; la “liviandad” del primero que incluye el famoso tema, llamado del destino, con cambios de pulso inorgánicos, que incluso provocaron varios desajustes y cruces, con tempis algo atolondrados.

La mejoría en los dos movimientos finales se debió a que la versión se ordenó mejor, en particular en el cuarto, aunque la dramática transición del tercero al cuarto fue con escasa tensión, luego el cuarto escaló en mejoría, pero creemos que lo emocional fue más externo que profundo.

No obstante, con Dragan más involucrada y el fervor de los músicos, se llegó a un celebrado final, que consiguió grandes ovaciones.

                           Claudio Faúndez agradeciendo las ovaciones del público foto Jacqueline Uribe

Un cumpleaños más en la fructífera vida de las Sinfónica Nacional, del que habría que destacar el estupendo cometido de Claudio Faúndez en contrabajo y el entusiasmo y entrega de cada uno de los integrantes de la orquesta que con su profesionalismo, intentan sobreponerse a las dificultades acústicas que aún presenta la Gran Sala.

Gilberto Ponce (CCA)

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