MANON DE MASSENET EN EL MUNICIPAL DE SANTIAGO.

MANON DE JULES MASSENET EN EL MUNICIPAL. (ELENCOS 1 y 2)

Por fin el público del Teatro Municipal de Santiago, se pudo reencontrar con una producción de ópera, con todas las de la ley, esto es; con escenografía, vestuario e iluminación, en una puesta en escena, algo que los operáticos añoraban, aunque lo anterior, no pretende desvalorizar en absoluto, las propuestas en formato de concierto, con cierta dirección escénica.

Esta razón llevó a que los presentes en ambos elencos, reaccionaran con gran entusiasmo al final de ambas presentaciones, lo que significó reconocimiento al trabajo vocal y musical de ambos elencos, al tiempo de valorar el trabajo de ambos directores concertadores.

No obstante lo anterior, quisiéramos hacer algunas reflexiones en torno a la puesta en escena, que a nuestro juicio, restó elementos para el logro de un éxito total, sobre todo considerando que a cargo de la propuesta, estaba nada menos que el aclamado Emilio Sagi, que en este mismo escenario, ha conseguido rotundos y ovacionados trabajos.

Escena del Hotel Transsylvanie, en primer plano, las Tres Cortesanas, poco más atrás Monsieur de Brétigny (Patricio Sabaté) y Manon (Sabina Puértolas) foto Patricio Melo

Es sabido que algunas óperas, además de elementos de formidable factura, tienen otros más débiles, que hacen que no lleguen al nivel de obras maestras, y según nuestra opinión, es lo que ocurre con Manon de Jules Massenet, debido a la irregularidad de su inspiración, a manera de ejemplo, las progresiones dramático musicales, no siempre prevalecen, y los clímax se deben a magníficos ejemplos de coherencia entre texto y música, expuestos en algunas de las bellas arias,y algunos de sus espléndidos dúos, tanto como en el estupendo trabajo del compositor para las partes corales.

En contraste en otras secciones, la gravedad del libreto suele ser acompañado por un acompañamiento instrumental de una liviandad sorprendente, es así entonces, que el éxito está librado a la calidad de los cantantes y su capacidad de transmitir las pasiones y desvelos del argumento, y sin duda en el inteligente trabajo de los directores musicales, en quienes recae la responsabilidad de aunar los elementos que expone la partitura.

Manon (Sabina Puértolas) llegando al Hotel Transylvanie

Nos pareció muy atinado, la ubicación temporal en tiempos de la Francia de los Luises, que nos mostró un hermoso vestuario desarrollado por Pablo Núñez, el que desafortunadamente solo pudo ser bien apreciado, por aquellos que se encontraban cerca del escenario, debido a que la iluminación de Eduardo Bravo, fue en general bastante oscura, que creó ambientes en colores azules y verdes y en sus degradaciones, que impide apreciar detalles.

Este factor lumínico, fue la constante a lo largo de toda la ópera, lo que por su falta de contrastes, muy necesarios en cualquier obra, convierte el trabajo en algo que fluye con dificultad, solo en la habitación de los amantes, existe algo más de luz, pero en otras, esta no contribuye a resaltar los ambientes, como el de la posada en Amiens del comienzo, o el de la fiesta en el Cours-la-Reine, así como en el Hotel de Transylvanie y su sala de juego.

Esta falta de contrastes, no acentúa, lo sensual y hasta lujurioso que atraviesa la ópera, tampoco la exultante fiesta popular, o las fricciones en la sala de juego, la iglesia de Saint Sulpice fue bien definida en su ambiente solemne y oscuro, tanto como la desolación del final, donde Manon morirá en brazos de su amante, el caballero Des Grieux, rodeada de prostitutas, con las que Manon iba camino al exilio.

Daniel Blanco, estuvo a cargo de la escenografía, consistente en una serie de grandes escaleras móviles, con las que se pretendió abordar las diversa escenas, algo no plenamente logrado, debido a lo pesado de las estructuras, y que muchas veces mostraban estas escaleras de frente, juntas o separadas, que sin duda no lograron mostrar el propósito del escenógrafo, no obstante, debemos señalar el estupendo trabajo de los tramoyas, que a la vista del público y con precisión milimétrica movían y ubicaban las estructuras, en algo casi coreográfico, lo que habla muy bien del trabajo de Sagi.

Interior Iglesia de San Sulpice; Des Grieux (Galeano Salas) y Manon (Sabina Puértolas) cuando ella le seduce, para abandonar la vida religiosa. foto Patricio Melo

La casi permanente ubicación del Coro, en la parte superior, en el fondo y costados de la escenografía, comentando las acciones y actuando, bien podría semejarse a los coros del teatro griego, pero creemos que no contribuyó al todo, la especie de cortinas en tiras, que suben y bajan, como en la escena de la fiesta, nos pareció un agregado intrascendente.

El trabajo escénico de Sagi, una vez más, se demostró acucioso en detalles, hasta en pequeñas sugerencias, pero lamentablemente por el factor de iluminación pasaron muchas veces desapercibidos, es curioso, que a una personalidad del calibre y experiencia de Sagi, no reparara en estos detalles, ya que el espectáculo debiera ser muy bien apreciado por todos los espectadores, y no solo por quienes están en las primeras filas.

Elenco 1

La conducción musical la realizó Maximiano Valdés, en un repertorio que consideramos le es afín, por ello fue en extremo cuidadoso, en el manejo de la orquesta y en el de los cantantes a quienes siguió permanentemente, realzando acertadamente algunas escenas claves, siempre con discreta elegancia, y la orquesta le respondió segura y certeramente a todos sus requerimientos.

Este elenco fue encabezado por la soprano española Sabina Puértolas, quien mostró una Manon en diversos estados emocionales; ingenua al llegar a París, pero siempre con una voz interior, que la lleva a vivir en forma más intensa los placeres de la vida, lo que realiza luego como amante de Des Grieux, y sus coqueteos con Monsieur de Brétigni y en la liviandad con que enfoca su vida, particularmente cuando en la iglesia de San Sulpice, reconquista a Des Grieux, quien a esas alturas había optado por la vida religiosa, siendo a la sazón abate, en la escena final fue muy convincente, en su arrepentimiento, antes de su muerte. En lo vocal, hizo gala de un gran registro, con coloraturas muy fáciles, con hermoso y poderoso timbre.

           En San Sulpice Des Grieux (Galeano Salas) es seducido por Manon (SabinPuértolas) foto Patricio Melo      

Des Grieux fue el tenor mexicano Galeano Salas, de hermosa y expresiva voz, con fáciles y sólidos agudos, manejando diestramente fraseos, que suman a su natural expresividad, y como además se trata de un muy buen actor, sus arias y dúos con Manon fueron de enorme expresividad, por la compenetración entre ambos cantantes.

Manel Steve, fue Lescaut, el tío de Manon, en él se reúnen una hermosa voz, expresividad de canto y natural actuación, asumiendo bien los dobleces de su personaje. El Conde Des Grieux, padre del amante de Manon, fue asumido con su habitual prestancia vocal y escénica, por Homero Pérez-Miranda.

Guillot de Morfontaine, lo cantó y actuó en excelente forma Gonzalo Araya, dotando a su personaje de toda su ansiosa lujuria y malas artes sociales. Patricio Sabaté, fue Monsieur de Brétigny, en estupendo momento vocal, con su habitual prestancia escénica.

(Elenco 2) Des Grieux (Andrés Presno) y Manon (Annya Pinto) foto Patricio Melo

Las Tres cortesanas, amigas de Morfontaine, fueron cantadas y actuadas con excelencia y propiedad por Andrea Aguilar, Marcela González y Evelyn Ramírez, mientras que, David Gáez, Nicolás Noguchy, Ismael Correa y Paola Rodríguez, completaron muy profesionalmente el elenco.

Elenco 2.

Pedro Pablo Prudencio fue el director musical, imprimiendo mucho de su sello, es así que a la cuidadosa dirección orquestal y de cantantes, donde fue cuidadoso en las inflexiones expresivas, infundiéndole a la dramática segunda parte, una fuerza que exaltó a los presentes. El rendimiento de la Filarmónica de Santiago, fue con ambos directores de encomiable musicalidad, bello sonido y expresividad.

En San Sulpice Manon (Annya Pinto) seduce a Des Grieux (Andrés Presno) foto P. Melo

Annya Pinto la ascendente soprano chilena, fue Manon, haciendo uso de bella voz, de timbre cálido y parejo en todo su registro, mostrando ágiles coloraturas, así como exhibiendo gran musicalidad; su enfoque del personaje resalta lo lábil e ingenua, que de pronto descubre el placer, que no esquiva, por ello es que, asoma lo caprichoso de su personaje; sus arias y dúos con Des Grieux fueron notables, en particular cuando seduce a este, en San Sulpice, llegando a conmover en el final.

Des Grieux, lo cantó el tenor uruguayo Andrés Presno, que posee una hermosa voz de fáciles agudos, que combina con gran musicalidad, sus dúos y arias fueron estupendas, pero creemos que debiera desarrollar más su nivel de actuación, que a ratos resulta poco convincente.

En el Hotel Transylvanie, Monsieur de Brétigny (Javier Weibel) recibe a Manon (Annya Pinto) foto Patricio Melo

Ramiro Maturana, el barítono chileno, de expectante carrera en Europa, fue Lescaut, un rol que le permitió exhibir su hermosa voz, gran musicalidad y sólida actuación. Sergio Gallardo le otorgó al Conde Des Grieux una cierta dosis de prepotencia y maldad, haciendo uso de sus dotes vocales y de actor.

Gonzalo Araya volvió a mostrar sus notables condiciones, como Guillot de Morfontaine, ahora en este elenco, mientras que Javier Weibel, desplegó todas sus estupendas condiciones vocales y de actor, para el cínico y doble personaje de Monsieur de Brétigny.

Las Tres Cortesanas, fueron muy bien cantadas y actuadas, por Tabita Martínez, Camila Guggiana y Camila Aguilera, y el resto de los personajes fueron asumidos por quienes lo hicieron en el elenco 1.

El Coro del Teatro Municipal que dirige Jorge Klastornick, cumplió con la excelencia a que nos tiene acostumbrados, tanto en canto, con sus hermosas voces, y gran actuación. Los figurantes hicieron un estupendo aporte.

En síntesis, una Manon de Jules Massenet, de excelencia musical, y con luces y sombras en la puesta en escena, lo que no fue obstáculo para que el público aplaudiera incansablemente a quiene la representaron.

Gilberto Ponce (CCA)

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