UN RÉQUIEM ALEMÁN DE BRAHMS.

                             UN RÉQUIEM ALEMÁN EN EL MUNICIPAL.

Cuando hablamos del Réquiem Alemán de Johannes Brahms, nos referimos a una de las obras más importantes de la música sinfónico-coral de todos los tiempos, obra que antes de su versión definitiva, fue objeto por parte de su autor, de varias modificaciones.

La muerte de su madre fue el factor gatillante de la partitura, en el, Brahms da cauce a un sinnúmero de sentimientos y emociones, utilizando textos bíblicos, aquellos que, según su autor resumían mejor el dolor y la esperanza, frente al fenómeno definitivo que es la muerte, todo en un cúmulo de sentimientos que atraviesan toda la obra.

Al revés de otros réquiem, Brahms no utiliza el texto latino, y no pretende seguir el orden litúrgico tradicional, es así que, la obra se acerca más a la liturgia luterano-protestante, poniendo énfasis en que cada texto tenga la mejor traducción en música, empeño donde logra sin duda alguna cimas expresivas.

El director Pedro Pablo Prudencio, la Filarmónica de Santiago y el Coro del Teatro Municipal, interpretando el primer número del Réquiem de Brahms. foto Patricio Melo

Las siete partes en que se divide, muestran en toda su magnitud la genialidad de su autor, al crear una obra donde cada parte vocal como instrumental, está íntimamente unida con el resto; la orquesta, coro y solistas constituyen un todo a la manera polifónica, pues aquí la orquesta no es la base del resto, es parte de ese todo.

Brahms, en su intento, de reflejar en la música los textos escogidos, utiliza todos los recursos musicales conque podía contar, y en el ámbito rítmico, intercala tanto los tradicionales “cuartos”, como los menos frecuentes “medios”, en las marcas de los compases, a manera de ejemplo; se mezclan 3/4 con 3/2, los que a veces son intempestivos, este recurso le permite una cierta ambigüedad de ritmo o pulso en algunas frases o fragmentos, lo que aumenta la expresividad.

Los solistas, son exigidos de forma contundente tanto en tesitura como en expresividad, y aunque sus partes no son de gran extensión, son codiciados en razón de la belleza de las mismas.

Creemos que el director Pedro Pablo Prudencio, logró un certero enfoque de la obra, cuidando especialmente la expresividad, consiguiendo del coro algunos interesantes y novedosos fraseos, que acentuaron algunas frases, los que fueron más evidentes en los números 1, 3 y 6.

El director Pedro Pablo Prudencio, dirigiendo el Réquiem, foto Patricio Melo

Condujo en forma unitaria, en un continuo desde el generalmente sereno y reflexivo primer número, hasta su conclusión en el séptimo de similar factura, haremos una breve síntesis de nuestras percepciones, de una versión que creemos del más alto nivel.

Comenzando por la sensible expresividad del primero; “Selig sind, die da Leid tragen” (Bienaventurados los que sufren), luego el sentido profundo de la primera sección y la fuerza de la fuga posterior de; “Denn alles Fleisch, es ist wie Grass” (Pues toda carne es como la yerba). “Herr lehre doch mich” (Señor, revélame), la tercera parte que incluye en la primera sección la participación de un barítono, se enfatizó el sentido del diálogo solista con el coro marcando un profundo sentido expectante que desemboca en esa efusión del coro, en sus tresillos ascendentes que concluyen en la extensa y compleja fuga para el coro, con esa suerte de pedal en las cuerdas bajas.

Un remanso en las tensiones planteadas en las otras secciones, lo constituye la cuarta parte; “Wie lieblich sind deine Wohnungen” (Qué amables son tus moradas), que según nuestra percepción, fue tomada demasiado rápida en la primera sección, no obstante con gran musicalidad, la sección central contrastante, tuvo el vigor preciso.

La quinta parte; “Ihr habt nun Traurigkeit” (Ahora estáis afligidos) que incluye el bello solo de soprano con coro en pianissimo, tuvo toda sensibilidad necesaria.

“Denn wir haben hie keine bleibende Statt” (Pues, no tenemos en la tierra una morada permanente), la sexta parte, en la que el barítono comparte con el coro en la primera sección, mostró un diálogo casi incisivo entre solista y coro, acentuando el sentido de los textos, luego con gran dramatismo viene la sección donde el coro interpela a la muerte; dónde está tu aguijón, dónde está tu victoria? uno de los tantos triunfos expresivos de la jornada, que concluye con la sección fugada hasta llegar al clímax musical que cierra poderosamente esta parte.

La serena reflexión llega una vez más en el número final; “Selig sind die Toten” (Bienaventurados los muertos) presentado con el carácter preciso según los textos en una fusión coro orquesta, a momentos entrañable, luego del último acorde Prudencio se tomó un tiempo solemne, antes de bajar los brazos, iniciándose una interminable ovación de los presentes.

Los solistas Ramiro Maturana, barítono y Vanessa Rojas, soprano. foto Patricio Melo

La Filarmónica de Santiago, cumplió una destacada participación, con hermoso sonido y musicalidad, destacando algunos instrumentos que tienen momentos destacados en el imbricado todo.

El Coro del Teatro Municipal que dirige Jorge Klastornick lo hizo con la musicalidad acostumbrada, con timbradas voces; solo podríamos señalar dos aspectos a considerar, el primero, creemos que debieron participar más voces, no por volumen, sino por peso sonoro; el entramado instrumental y vocal lo merecían para llegar a lo óptimo. El segundo aspecto, pensamos que la ubicación del coro, muy atrás en el escenario y la distancia que media entre cada corista, conspira en contra de la precisión en los momentos de cambio de pulso o tempo, por lo que existieron algunos momentos de cierta fragilidad en ese sentido. En todo caso, estas consideraciones en nada opacan el brillante resultado final.

Los solistas fueron la joven soprano Vanessa Rojas y el barítono Ramiro Maturana, quien luego de un importante y notable trabajo en Chile se encuentra trabajando en la Scala de Milán.

La joven y hermosa soprano, posee una bella voz y limpia línea de canto, no obstante creemos que debe trabajar mucho más la expresividad, particularmente en este tipo de repertorio, porque posee talento que la puede encumbrar en su campo.

Ramiro Maturana, en sus dos intervenciones, dio cuenta una vez más de su notable talento, a su bello material vocal, agrega muy buena fonética, prestancia y musicalidad, con las que consigue gran expresividad, que le permiten triunfar ampliamente.

Las largas y entusiastas ovaciones del público asistente, dieron cuenta del impacto provocado en el público.

Todos los intérpretes agradecen las ovaciones del público, la Filarmónica en primer plano, más atrás, Vanessa Rojas, Ramiro Maturana, Jorge Klastornick, dir, del Coro y Pedro Pablo Prudencio, al fondo el Coro del Teatro Municipal. foto Patricio Melo.

En la primera parte se escuchó “Cantus in memoriam Benjamin Britten” de Arvo Pärt, para cuerdas y campana en ostinato. Se trató de una estupenda versión, que cautivó al público desde el primer tañido en pianissimo de la campana tubular, que se repite en crescendo varias veces hasta la entrada de las cuerdas que desarrollan un esquema de carácter canónico, en el que algunos fragmentos se tocan en “aumentación”, esto es duplicando el valor de las notas originales, mientras que algunas de las nuevas apariciones del tema central se presentan en octavas. Todo este material se interpreta haciendo uso de todo tipo de contrates dinámicos, que le dan gran atractivo a la obra, dentro del minimalismo que ostenta, la breve partitura fue recibida con gran entusiasmo por el público, debido al notable trabajo de Pedro Pablo Prudencio y la Filarmónica de Santiago.

Un concierto que sin duda será recordado por largo tiempo.

Gilberto Ponce. (CCA)

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