LA COMPUERTA Nº 12

ESTRENO MUNDIAL DE “LA COMPUERTA N.º 12” ÓPERA DIGITAL DE MIGUEL FARÍAS.

Una de las imágenes de la ópera. foto producción

En los tiempos que corren, donde primero fue el “estallido social” y luego la Pandemia del Coronavirus, fueron afectadas de una u otra forma todas las actividades de la sociedad chilena, y en particular las del arte, que tienen como soporte la presencia de público en sus diversas manifestaciones.

Se han cancelado entre muchas otras, temporadas de conciertos, ópera y ballet, que son parte importante del desarrollo cultural de nuestro país, y es así que todos los artistas se han visto sometidos a una angustiosa incertidumbre, no sabiendo cómo enfrentar el presente y el futuro de sus actividades.

El Teatro Municipal de Santiago, uno de los centros más importantes de nuestro país, se ha visto obligado no solo a cancelar espectáculos y temporadas, ha debido ir reprogramando sus actividades cada tres meses, según el anuncio de la dirección del Teatro.

Christine Hucke (Puesta en escena y Cine) y el Compositor Miguel Farías

No obstante lo anterior, y en una muestra de resiliencia muchos artistas, así como diversas instituciones han realizado esfuerzos para mantener sus actividades, aunque esta sea a través de diversas plataformas virtuales, lo que sin duda alguna se agradece, aunque no siempre los resultados sean los que esos artistas desean.

En este panorama tan incierto, con sorpresa y bastante expectación se recibió la noticia que el Teatro Municipal de Santiago, estrenaría una ópera, la que esta ocasión sería una “Ópera Digital”, algo absolutamente nuevo, de lo que se deduce; que de grandes dificultades surgen a veces grandes soluciones.

Bien por las autoridades del Teatro y sus creadores, los que con el auspicio de una serie de instituciones, entre las que se cuentan entre otras, Teatro Municipal de Santiago, Corporación Cultural Universidad de Concepción y la Fundación Centro de Estudios Avanzados de Música Contemporánea de Argentina, lograron este estreno mundial, que generó grandes expectativas.

A partir de la adaptación de uno de los cuentos de “Sub Terra” de Baldomero Lillo, un clásico de la literatura chilena, Miguel Farías el compositor de otras óperas como “Renca, París y Liendres” y “El Cristo de Elqui”, abordó el desafío en conjunto con Christine Hucke en la Dirección de Escena y Cine, entre otros avezados profesionales de plataformas digitales.

Patricio Sabaté (Pablo) foto Producción

El texto lo adaptó el mismo Farías, centrándose en la angustia propia de un niño de 8 años, quien es obligado por tradición familiar, a trabajar en la mina, abriendo y cerrando la compuerta N.º 12.

La partitura cuenta con sólo dos instrumentos, un clarinete y una viola, además de sintetizadores manejados por el mismo Farías, y solo cantante, en este caso el barítono Patricio Sabaté de vasta experiencia en ópera.

En el interesante conversatorio previo, que contó con la presencia del compositor, Miguel Farías, Christine Hucke, Carmen Gloria Larenas, directora del Municipal, entre otros, se enfatizó lo problemático que resultó enfrentar algo desconocido, con todo por crear; cómo poder en medio de las circunstancias actuales hacer algo que combinara lo tradicional de la ópera con la multimedia, asimismo se abrió la posibilidad de realizar una gira con la obra, invitándose a los espectadores a abrirse a una experiencia completamente nueva.

En verdad es nueva, y la definición del compositor denominándola “Monodrama” es acertada, pero surgen algunas dudas en torno a definirla como ópera, aunque el agregado de digital puede subsanar ese aspecto.

La producción es bastante deslumbrante en lo tecnológico, construyendo una especie de corto cinematográfico, donde Pablo el protagonista (Patricio Sabaté) recuerda su experiencia cuando a sus ocho años, su padre decide que ya es hombre, como para trabajar en la mina y aportar con dinero al hogar.

Pablo (Patricio Sabaté) foto Producción

La acción transcurre en el estudio de Pablo que ahora adulto se gana la vida como retratista “al carbón”, no se sabe ni se explica cómo ni cuando Pablo abandona la mina por el taller, en este estudio se cruzan imágenes del niño, de la mina y otras sugerencias, mientras que el cantante dobla una grabación, pues su actuación aparentemente le impediría cantar mostrándole en el sueño y ensueños, la actuación de Sabaté es convincente y poderosa, pero su línea melódica tiende al recitativo, con algunos quiebres dados por la repetición de algunas frases que enfatizan tanto el temor como la desesperanza, a nuestro gusto los momentos más logrados del canto.

El acierto cinematográfico, plantea enormes desafíos para una puesta en escena, en particular para lograr captar el interés del público, ante una música que bien puede resultar, para alguien no iniciado, como monótona.

Pablo (Patricio Sabaté) en su estudio. foto Producción

Creemos que lo visual se impone sobre lo musical, que en este caso se acerca mucho a la música incidental del cine, y este desbalance desdibuja el trabajo de Farías, que es interesante en el trabajo de los dos instrumentos, pero algo excesivo en los sintetizadores, que funcionan muy bien en las imágenes, pero diluyen un discurso musical que no obstante describe muy bien el encierro y agobio de la mina.

Aplaudimos el hecho de aventurarse en algo nuevo, que atrapa en lo visual pero desdibuja lo musical, con un sobresaliente trabajo de Patricio Sabaté, que sigue dando muestras de enorme profesionalismo, y un nuevo trabajo del inquieto y talentoso Miguel Farías, con el aporte macizo de la multimendia y dirección escénica de Christine Hucke.

Creemos que el trabajo gustará a quienes lo vean, porque en su brevedad mantiene constantemente el interés.

Gilberto Ponce (CCA)

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