SINFONÍAS DE CÁMARA DE SCHOENBERG EN EL GAM.

BORTOLAMEOLLI EXCELENCIA MUSICAL Y PEDAGÓGICA.

A escasos días de haber sido nombrado Director Asistente de la Sinfónica de Los Ángeles, que dirige Gustavo Dudamel, el joven director chileno Paolo Bortolameolli realizó en Santiago y otras ciudades una serie de conciertos con las más variadas agrupaciones y orquestas.

Paolo Bortolameolli. foto biobio

Con una carrera en ascenso Bortolameolli, continúa mostrando lo que consideramos sus mayores virtudes; estudio profundo de las obras que aborda, trabajo acucioso con los conjuntos que dirige, una gran formación cultural como sustento de sus enfoques, que se complementan con su gran intuición y talento.

La seriedad que muestra en cada presentación, debe haber sido sin duda uno de los factores que incidieron en su importante nombramiento, recordemos que el último chileno en alcanzar una altura semejante, fue Juan Pablo Izquierdo quien hace ya algunas décadas, fue nombrado asistente de Leonard Bernstein en la Filarmónica de New York.

Paolo Bortolameolli, detrás la imponente sede de la Sinfónica de Los Ángeles. foto mercurio

Pues bien una de estas tantas presentaciones la realizó en el GAM, en lo que sin duda transformó a este concierto en uno de los más importantes del año, lo realizó junto a la orquesta de cámara Solístico de Santiago, formada por miembros de la Filarmónica de Santiago, agregando para la segunda obra, un grupo importante de jóvenes y notables músicos.

El programa fue un desafío mayor, pues se interpretaron las dos Sinfonías de Cámara de Arnold Schoenberg, en la que tal vez haya sido una de las pocas oportunidades en que estas obras se han interpretado juntas, el caso es que ante una sala desbordante de un público ansioso, bajo la dirección de Bortolameolli se llevó a efecto la presentación.

Arnold Schoenberg. foto thefamouspeople

Bortolameolli posee un gran carisma personal, el que utiliza para realizar en forma clara y concisa explicaciones introductorias de las obras de sus programas, así lo hizo en esta oportunidad, y sus palabras resultaron más que pertinentes, por tratarse de obras desconocidas para muchos auditores, con un lenguaje musical que corresponde a uno de los padres de la música contemporánea, pero fundamentalmente además, porque no existió un programa de mano.

Ambas sinfonías recibieron precisas explicaciones, incluyendo la audición de fragmentos temáticos de la primera preparando entonces al público para su audición.

Afiche de la Orquesta de Cámara Solístico de Santiago. foto youtube

La versión de la Primera Sinfonía se realizó según el estreno realizado por el propio Schoenberg, cuarteto de cuerdas más contrabajo, y conjunto de maderas y cornos, señalaremos que el mismo autor, la dirigió posteriormente con un grupo mayor de cuerdas, existiendo versiones para orquesta completa.

Bortolameolli dio muestras de un profundo dominio de la partitura, manejando frases y semifrases de manera que llegaran nítidamente a los auditores, utilizando con precisión el balance para que las cuerdas no perdieran presencia.

Asimismo destacó tensiones y relajaciones, contando con la musicalidad y profesionalismo del espléndido conjunto, que respondió a su sentido de fraseo y expresividad, durante el desarrollo señalaremos algunos momentos que en su compleja polifonía instrumental, recuerdan fuertemente a Richard Strauss.

Si en la interpretación de la Primera Sinfonía fue evidente el absoluto compromiso de los intérpretes, este se ratificó en la versión de la Segunda Sinfonía, a la que concurrieron los invitados, para formar la orquesta de cámara que requiere la obra, sinfonía que en su estreno recibió algunas críticas, por haber abandonado supuestamente su autor el estilo de la primera, estilo que mostraba los caminos de un Schoenberg que estaba cambiando la música, la segunda es sin duda más posromántica, llegando al expresionismo, pero sin alcanzar el rupturismo de la primera.

Paolo Bortolameolli ensayando con la Sinfónica de Concepción. foto corcudec

En ella se advierte una sujeción a la forma mucho más clara que en la precedente, aunque muestre un mundo dramático y oscuro. La danza grotesca e irónica del segundo movimiento de enorme dificultad rítmica, que recuerda algunos movimientos de algunas sinfonías de Mahler, recibió una interpretación que nos atrevemos a calificar de soberbia, en una complejidad que se disuelve súbitamente en remansos armónicos.

El director se movió a través de ella con intuición, planteando claramente todos los contrastes, encontrando en sus músicos no solo entusiasmo, también la calidad musical propia del desafío planteado.

Las largas ovaciones de pie, retribuyeron un trabajo de excelencia de Solístico de Santiago y el grupo de invitados, que dirigidos por Paolo Bortolameolli realizaron uno de los conciertos más significativos del año.

Gilberto Ponce. (CCA)

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LA CENICIENTA CONQUISTA EL MUNICIPAL.

BRILLANTE CENICIENTA EN EL MUNICIPAL.

Con una enorme ovación, finalizó la función del sábado recién pasado en el estreno de la Versión Internacional de la ópera La Cenicienta de Gioacchino Rossini, en el Municipal de Santiago, aplausos que reconocieron el desempeño de los cantantes tanto como su puesta en escena, que se constituyó en un goce de principio a fin.

Tisbe (Marcela González), Cenicienta (Josè María Lo Monaco) y Clorinda (Yaritza Véliz), las hermanastras humillando a Cenicienta. foto Patricio Melo

En un marco escenográfico de Ezio Toffolutti, que recrea en cierta medida esos mágicos cuentos infantiles, donde al abrir una página se elevaban paisajes o residencias con sus personajes, se llevó a cabo la régie de Jérôme Savary, que en esta ocasión fue extraordinariamente repuesta por Frédérique Lombart.

La iluminación de Ricardo Castro según diseño de Sébastien Bohm, contribuyó a mantener siempre el aura mágica, donde el vestuario del mismo Toffolutti de gran belleza cierra el círculo virtuoso.

Tisbe (Marcela González), El Mendigo (Alidoro disfrazado) en esta foto del ensayo general Ricardo Seguel, en el estreno cantó Matías Moncada, tratando de comprobar la bondad de las tres mujeres, Cenicienta (Josè María Lo Monaco) y Tisbe (Yaritza Veliz). foto Patricio Melo

Frédérique Lombart agregó a la régie original movimientos coreográficos tan acertados que, sin convertirse en protagonistas fueron el complemento perfecto a la acción, estos fueron ejecutados por bailarinas que equilibraron la presencia solo masculina del coro, con quienes interactuaron en varias ocasiones; debemos destacar la tormenta, tan propia de las óperas de Rossini, en la que las bailarinas realizaron un hermosa a la vez que sutil coreografía.

La meticulosa dirección de escena, llegó incluso a gestos faciales complementarios de los corporales, como de piernas y brazos, diferenciando cada personaje, es así que otorgó a las hermanastras la necesaria y ridícula presencia, contrastada con la serena sencillez de Cenicienta, le otorgó una cierta frescura a Dandini, realzando a la vez el atribulado arribismo de Don Magnífico, en severo contraste con la nobleza del Príncipe Don Ramiro, o la prestancia y humildad de Alidoro.

Llegada de los emisarios de El Príncipe anunciando que busca esposa, provocando la locura de las hermanastras, mientras observa Alidoro disfrazado de Mendigo. foto Patricio Melo

Sus guiños al cuento clásico, con una calabaza que presentan a Cenicienta cuando Alidoro le regala el vestido para el baile, o el divertido juego-enredo entre zapato de cristal y brazalete, son de potente efecto; en otro aspecto, de gran belleza plástica estimamos la escena de la cata de vinos, donde Don Magnífico será ordenado de “cantinero”.

En verdad podríamos seguir señalando numerosas virtudes de una producción que no por el hecho de ser tradicional, deja de presentar muchas novedades y aciertos en los variados juegos escenográficos.

La dirección musical estuvo a cargo de José Miguel Pérez Sierra, la que consideramos solo correcta, pues no logró resolver o sacar a luz muchas de las genialidades de la partitura orquestal, la que en muchos momentos se convierte en verdadero cómplice de los cantantes, su gesto amplio que tiende más bien a marcar pulsos, evita desajustes o los minimiza, pero creemos que este elenco merecía un manejo orquestal más fino, pues solo se limitó a un correcto manejo de contrastes forte-piano, pero sin mayor chispa y sin las sutilezas instrumentales de Rossini.

La sección Masculina del Coro del Municipal de Santiago dirigido por Jorge Klastornick, con la excelencia acostumbrada en lo vocal y en actuación.

El Príncipe Don Ramiro (Michele Angelini), disfrazado de criado conoce y se enamora de Cenicienta (Josè María Lo Monaco). foto Patricio Melo

Josè María Lo Monaco fue Angelina, la Cenicienta, ella es dueña de un hermoso timbre, aunque de reducido volumen en el sector medio, no obstante sus coloraturas son seguras y hermosas, su aria final fue notable por ello el público la aplaudió efusiva y calurosamente.

Don Ramiro el Príncipe encontró en Michele Angelini un intérprete con gran facilidad de coloraturas y agudos, las que despliega generosamente, si bien creemos que tiene presencia escénica, pensamos que a ratos le falta algo de naturalidad, aunque esto podría ser un requerimiento de la régie, pero igualmente su trabajo recibió una contundente ovación.

Pietro Spagnoli fue un gran Don Magnífico, debido a su poderosa genial actuación, que le hace transitar por diversos estados emocionales, vocalmente sin duda responde a todas las exigencias de su papel, por ello no extrañó el fervor que le prodigó el público.

El Mendigo transformándose en Alidoro. foto Patricio Melo

Joan Martín-Royo posee todas las condiciones para que su personaje Dandini, el criado que debe disfrazarse de Príncipe, conquiste totalmente al público, vocalmente impecable, con una simpatía arrolladora, gesticulación graciosa y atingente, es un cantante que quisiéramos ver en otras producciones, fue ovacionado al final.

Matías Moncada, que canta en la versión estelar, se vio obligado a reemplazar a Ricardo Seguel que se encontraba enfermo, este joven valor posee una hermosa y generosa voz, y su actuación se acrecienta, convincente como el Mendigo del inicio y luego como Alidoro que maneja gran parte de los enredos.

Simplemente geniales Yaritza Véliz y Marcela González como las hermanastras Clorinda y Tisbe, impecables en lo vocal y graciosísimas en lo actoral, se ganaron con justicia una enorme ovación del público.

Don Magnífico en la foto Sergio Gallardo, que cantó en el ensayo general reemplazando al enfermo Pietro Spagnoli y las hermanastras acosan aCenicienta. foto Patricio Melo

Sin duda una versión que quisiéramos ver varias veces, para así apreciar mejor la gran cantidad de detalles de esta estupenda puesta en escena.

Gilberto Ponce. (CCA)

Aclaración; las fotos que me fueron enviadas desde el Municipal, corresponden al ensayo general, donde no cantaron por enfermedad; Pietro Spagnoli y Joan Martín-Royo, por esta razón no aparecen en las fotos de la crítica.

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HOMENAJE A CLAUDIO MONTEVERDI POR LA UAH.

MADRIGALES DE AMOR Y GUERRA DE MONTEVERDI EN EL GAM.

El Departamento de Música de la Universidad Alberto Hurtado, se ha caracterizado por venir realizando con sus alumnos las más diversas propuestas musicales, algunas de ellas escenificadas, permaneciendo siempre una constante, un señalado buen gusto y ajustado estilo.

El Chambelán de la Corte del Duque de Mantua, junto a los cantantes que actuarán ante el Duque.

Uno de los campos abordados ha sido el de la música antigua, que suponemos seguirá desarrollándose en forma óptima, con la incorporación a la universidad del prestigioso y experto violinista barroco Raúl Orellana.

En el GAM, y participando en canto solo alumnos de la universidad, se presentó como espectáculo homenaje a Claudio Monteverdi, una selección de sus libros de Madrigales, Scherzi Musicali y un fragmento de L´incoronazione de Poppea, todo bajo el título Madrigales de Amor y de Guerra, los que fueron acompañados por un conjunto instrumental barroco La Consonancia, de estupendo cometido encabezado por su director Cristián Gutiérrez, tiorba, Raúl Orellana y Álvaro Carreño violines, Luciano Taulis viola da gamba y Felipe Arias clavecín, junto a cuatro bailarines actores (Magnus Rassmussen, Betania González, Jorge Carrasco y Paulina Vielma) incluyendo a un actor y una actriz (Marcela Sáiz y Rodrigo Carrasco), con una puesta en escena de responsabilidad de Gustavo Acevedo, actuando todos bajo la dirección musical de la talentosa Jessica Quezada.

Chambelán y cantantes en pleno ensayo de su espectáculo.

En un marco escenográfico barroco, con algunos elementos movidos por los mismos cantantes, una precisa iluminación y bello vestuario, se escenificó un ensayo para representación que se realizaría ante el Duque de Mantua; no olvidemos que a instancia de este Duque, fue que Monteverdi creo Orfeo, considerada la primera ópera de la historia.

El talento del joven grupo de cantantes se puso a prueba, pues cantaron de espaldas al grupo instrumental, haciéndolo con increíble precisión tomando en cuenta que algunas de las obras son de compleja polifonía, factor que revela acuciosos ensayos.

Uno de los dioses interactuando con las ninfas.

La puesta en escena mezcla en un todo armónico a un grupo de cantantes, que serán ninfas y pastores, junto a un grupo de bailarines actores, representando a dioses que influirán en los humanos, todos coordinados por el chambelán de la corte, rol a cargo de la actriz y creadora del libreto Marcela Sáiz, que logró algunos importantes aciertos, incluso se permitieron un guiño a la Comedia del Arte, con la inclusión de un personaje cómico en múltiples roles.

Dúo de amor, ante los pastores y ninfas, atrás en lo alto el conjunto instrumental.

A partir de este formato se construyó el hilo argumental, que inteligentemente fue contrastando madrigales en sus más diversas combinaciones, algunos enlazados por danzas (Orquesografía de Arbeau), utilizando todo el escenario, incluida la parte superior, donde además se instaló el conjunto instrumental.

La serie de madrigales fueron cantados por un total de siete intérpretes, Jade Berk y Stefanía Alegre sopranos, Francisca Aravena mezzosoprano, Víctor Muñoz contratenor, Christian Moscoso tenor, Franco Oportus barítono y Kevin Mansilla bajo, los que mostraron tanto en sus intervenciones a solo, como en las diversas combinaciones vocales una sólida preparación, no obstante destacaremos la musicalidad entrañable de Stefanía Alegre y Francisca Aravena, la solvencia vocal y escénica de Víctor Muñoz y la calidez vocal de Kevin Mansilla; Jade Berk fue de conmovedora expresividad en su fragmentos a solo y Franco Oportus aportó indudable musicalidad, creemos que el más novato fue Christian Moscoso, en quien se aprecia un hermoso material vocal, pero aún demasiado tímido en actuación.

El grupo de dioses.

Del mismo modo debemos destacar la musical solvencia del grupo en las obras a capella, donde además de cantar actuaban, en las otras que fueron acompañadas por instrumentos, el pulso era más identificable.

Sin duda se trató de un valioso aporte al conocimiento de uno de los grandes compositores de la historia de la música, el que fue vigorosamente aplaudido por los asistentes que reconocieron las virtudes de este trabajo universitario.

Saludo final, en primer plano Jessica Quezada, Dirección general, Gustavo Acevedo, Dirección escénica, Magnus Rasmussen, Dirección Danzas y Marcela Sáiz, Libreto y Chambelán, atrás cantantes y bailarines, arriba el Conjunto Instrumental dirigido por Raúl Orellana.

Gilberto Ponce. (CCA)

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JAVIER CAMARENA DESLUMBRA EN CORPARTES.

JAVIER CAMARENA UNA FIESTA DE CANTO.

En la espléndida acústica del Teatro de CorpArtes (CA 660) se presentó una de las figuras de meteórico ascenso en la lírica, el tenor Javier Camarena, que ya había debutado en nuestro país, en el Teatro del Lago de Frutillar. Ahora al igual que hace dos años se presentó junto al estupendo pianista Ángel Rodríguez, en un recital dividido en dos partes, la íntima expresividad del lied en la primera y por supuesto arias de ópera en la segunda.

Javier Camarena y Ángel Rodríguez en pleno concierto.

Camarena simplemente enfervorizó a los asistentes, tanto por la belleza de voz, su extraordinario manejo de la dinámica, con pianissimo expresivos y bellos, sus crescendo y diminuendo naturales, así como el manejo de las coloraturas, tanto como por su facilidad al enfrentar agudos, características suficientes tal vez para otros, pero creemos que lo más importante en él es, su poderosa y expresiva fuerza interpretativa, con la que emociona cuando no conmueve.

El abanico de compositores le obligó a recorrer estilos muy diversos, y sin duda, sale absolutamente triunfador, para eso cuenta con el acompañamiento soberbio de Ángel Rodríguez que aborda el repertorio con imperio propio de los mejores acompañantes, impecable dinámica, musicalidad exquisita, respira con el cantante y suple eficientemente la ausencia orquestal en las arias, fundiéndose en un todo con Camarena, que sin duda confía no solo en su profesionalismo, también en su intuición.

Agradeciendo aplausos, Ángel Rodríguez y Javier Camarena.

En forma serena y casi introspectivamente enfrentó los Tres Lieder de Ludwig van Beethoven, que tienen textos de Goethe, su versión transitó entre lo clásico y romántico, con un hermoso arco expresivo.

Posteriormente cantó Tres Sonetos de Francesco Petrarca, puestos en música por Franz Liszt, aquí el despliegue y exigencia al pianista es enorme no solo en lo técnico, también en lo expresivo, para ser soporte y complemento del canto, es así que en Pace non trovo (de los Sonetos a la muerte de Laura) mostró estupendamente las contradicciones y ansiedades de quien cae preso del amor, tanto como en Benedetto sia´l giorno, en que viendo por primera vez a la amada, se extasía en ella; o en el tercero con aquella especie de transfiguración al creer ver en la tierra a los ángeles, de más está decir que la versión de Javier Camarena arrancó ovaciones, ya que no era preciso conocer los textos pues la intencionalidad de Camarena, sirvió para adentrarse en el espíritu de cada canción.

Gaetano Donizetti. foto reprodart

La segunda parte fue solo arias de ópera, iniciándose con una serena y contenida Dies Bildnis de la Flauta Mágica de Mozart, seguidamente A te, o cara de Los Puritanos de Bellini con rubato preciso en una bella línea de canto, en que los agudos fueron naturales. Luego en Languir per una bella de La Italiana en Argel de Rossini, le permitió enfrentar brillantemente las coloraturas, para posteriormente emocionar con la expresividad del aria de Lucia de Lammermoor de Donizetti en una muestra del poderío de su voz.

Finalizando con uno de sus más grandes éxitos, Ah! mes amis, de La hija del regimiento del mismo Donizetti, cantado con extraordinaria vitalidad e histrionismo, haciendo delirar al público con la sucesión de agudos.

Los asistentes no querían retirarse, por ello vinieron cinco encore, primero el emocionante Pourquoi me reveiller de Werther de Massenet , concluyendo con varias obras más populares entre ellas dos de María Grever, Júrame y la Despedida, junto a un picaresco Yo vendo unos ojos negros, apoyado por el entusiasta público.

Sin duda una velada que solo puede ser definida como Una Fiesta de Canto.

Gilberto Ponce. (CCA)

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UNA EXQUISITA EUROPA GALANTE.

LA MAGIA DE EUROPA GALANTE.

Una jornada de lujo se vivió en el quinto concierto de la Temporada Internacional de Conciertos Fernando Rosas, que organiza anualmente la Fundación Beethoven, con la presentación del conjunto barroco Europa Galante, uno de los mejores exponentes a nivel mundial de la música de ese período.

El conjunto barroco Europa Galante. foto musicaAntigua

La justa y reconocida fama hizo que el Municipal de Las Condes se viera copado por un público que vio satisfechas todas sus expectativas, con la maestría del conjunto.

Cuatro compositores italianos ocuparon su programa, en el que los intérpretes demostraron tanto sus semejanzas como sus diferencias, las que a veces presienten el próximo clasicismo.

El director y violinista Fabio Biondi. foto listeners

Europa Galante presentó una formación instrumental de siete u ocho instrumentistas incluidos Tiorba y Clavecín, según fuera la necesidad de la obra, tal como ocurrió en Las Cuatro Estaciones donde se agregó un violinista, ya que Fabio Biondi su director fue el solista.

Arcangelo Corelli. foto palomavaleva

De uno de los iniciadores del barroco Arcangelo Corelli, interpretaron primero su Concerto Grosso Op. 6 Nº 4 en Re mayor, obra en la que se apreció la exquisitez de arcos y articulaciones desde el primer movimiento, marcado por el diálogo entre violines, luego y sin interrumpir pasaron al Adagio, en que destacó la elegancia de la tiorba de Giangiacomo Pinardi como base al resto de las cuerdas, en un delicioso juego dinámico expresivo; antes del Allegro final la clavecinista Paola Poncet realizó un enlace tan sutil como elegante, que luego concluyeron con notable virtuosismo.

Francesco Geminiani. foto seventeenth

El Concerto Grosso Op. 3 Nº 2 en Sol menor de Francesco Geminiani, les mostró con mayor peso sonoro y marcada intencionalidad en los diálogos en el Largo e staccato del comienzo, cantabile y profundo fue el dúo de violines del Adagio, tanto como vital y virtuoso fue el Allegro final.

Pietro Locatelli. foto baroquemusic

Con otro carácter y peso fue la interpretación del Concerto Grosso Op. 1 Nº 5 de Pietro Locatelli, sin duda el más cercano al clasicismo, por ello el Largo del comienzo fue expresivamente cantabile, contrastándose con el Allegro siguiente que mostró rigor rítmico en sus acentuaciones, el Largo posterior fue interpretado como si fuera un aria de ópera, para concluir con el jubiloso y perfecto Allegro final, que público a esas alturas aplaudía rendido ante la calidad del conjunto.

Las celebérrimas Cuatro Estaciones (Cuatro Conciertos para Violín cuerdas y continuo) de Antonio Vivaldi, finalizaron su presentación marcada por la absoluta solvencia de los visitantes.

Como se sabe estos conciertos, son probablemente uno de los primeros ejemplos de música programática, esto es, describe situaciones, paisajes, personajes o paisajes, que es lo que pretende Vivaldi al incorporar unos sonetos que aluden a cada una de las estaciones del año, la certeza de su autor no existe por ello incluso se les atribuye al mismo Vivaldi.

Fabio Biondi fue un espléndido intérprete, salvando con maestría todas las grandes dificultades técnica y expresivas, contando para el logro con la solvencia absoluta de sus músicos.

Destacaremos solo algunas de las mejores características; el bellísimo trío que describe varios pájaros en la Primavera, así como sutiles rubato que acentuaron la expresividad; el forte “ladrido” del perro guardián a cargo de la viola del segundo movimiento, tanto como la sutileza de la suave brisa; la importancia del solo de la tiorba en el tercero.

Antonio Vivaldi (caricatura). foto redmayor

El juego de tempo en el Verano, ora libre, ora justo al inicio, así como los precisos e increíbles contrastes en dinámica, la sutileza de los dos violines en el segundo contra el forte del resto, asimismo el virtuosismo enérgico y sobresaliente del solista Biondi en el tercero.

Las pequeñas virtuosas ornamentaciones del solista en el Otoño, tanto como nuevas acentuaciones, la belleza casi improvisada de la clavecinista Paola Poncet acompañada sutilmente por el resto en el Adagio Molto del Otoño, y por supuesto los juegos crescendo-diminuendo en el Allegro final.

Antonio Vivaldi. foto visionescriticas

Del Invierno, los musicales arpegios del clavecín y la tiorba mientras que el resto mostraba novedosos arcos. El canto del violín solo acompañado del pizzicato del resto, mientras que chelo marca solemnemente el ritmo en el segundo. El arrebatador final que incluyó musicales libertades del solista.

Las ovaciones consiguieron de Europa Galante como encore un estupenda versión del Canon de Pachelbel, sin duda una visita que marcará esta temporada.

Gilberto Ponce. (CCA)

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CUARTO FESTIVAL DE COREÓGRAFOS.

RITMO Y GRANDES GRUPOS TRIUNFAN EN FESTIVAL DE COREÓGRAFOS.

Con una gran convocatoria de público se realizó este año el Cuarto Festival de Coreógrafos, que el Ballet de Santiago viene realizando en el Teatro Municipal, la idea de Marcia Haydée para esta ocasión fue acotar a solo tres coreografías el encuentro, en la que participaron grupos importantes de bailarines pertenecientes al Ballet Nacional Chileno BANCH y a los anfitriones el Ballet de Santiago, los que incluso participaron conjuntamente en dos de ellas.

Momento de Noces de Mathieu Guilhaumon. foto Patricio Melo

Esta mezcla con compañías de estilos y técnicas tan diferentes, sin duda es enriquecedora, aunque puede resaltar las diversas formaciones de los conjuntos, pues al menos en Noces, quedó en evidencia esta diversidad.

El estreno de Noces (Bodas) coreografía de Mathieu Guilhaumon, director del BANCH con música de Igor Stravinsky, abrió la jornada participando en ella las dos compañías.

Consideramos que este es uno de los mejores trabajos que le hemos visto a Guilhaumon, para una coreografía que contiene citas casi textuales a los trabajos que Vaslav Nijnsky, realizara tanto para estas Noces como para la Consagración de la Primavera, recordemos que fue este el coreógrafo que trabajó con Stravinsky en sus respectivos estrenos.

En su desarrollo se alude tangencialmente al argumento original, dividiéndolo solo en dos partes, no en las tres originales del argumento.

El manejo que Guilhaumon hace del espacio es bastante interesante, y pretende que los bailarines representen un tanto vagamente a novios y sus padres, así como la ceremonia, esta contó con la participación de ambos cuerpos de baile con algunos solistas como una espléndida Romina Contreras (Novia) y Lateef Williams (Novio) que destacaron tanto en la delicadeza de Romina, como en la impulsividad casi agresiva de Lateef, en todo caso pensamos que estos novios interactuaron generalmente a demasiada distancia, mientras que las figuras de los padres quedaron casi sumergidos en la masa.

Momento de la primera parte de Noces. foto Patricio Melo

En los movimientos grupales de danza moderna, se apreció claramente la disciplina férrea del Ballet de Santiago, mientras que el BANCH acostumbrado a una mayor libertad en sus movimientos, no entró fácilmente en lo riguroso del trabajo de Ghilhaumon. No obstante la fuerza de la música como la de la coreografía y del trabajo conjunto, consiguió una muy entusiasta respuesta del público.

Cantata la coreografía de Mauro Bigonzetti, que fue estupendamente respuesta por Carlos Padro, siguió con el programa, esta fue bailada por el Ballet de Santiago, obra que además de grupo, requiere de solos, dúos, tríos, dos pas de Quatre y un pas de six. 

El Ballet de Santiago se ha adentrado con singular éxito en la danza contemporánea, como lo atestiguan varios de sus trabajos, y esta Cantata fue ocasión para ratificar este eclecticismo, dado que no solo deben bailar, también cantar y realizar diálogos hablados.

Momento de Cantata, coreografía de Mauro Bigonzetti. foto Patricio Melo

La música del Gruppo Musicale Assurd corresponde a la propia del sur de Italia, que se cantaba en 1700 y 1800, y posee una poderosa fuerza a ratos tan desgarrada como exultante, y es en este contraste donde triunfa rotundamente Bigonzetti, encontrando en los bailarines y solistas del Ballet de Santiago intérpretes del más alto nivel, debemos señalar que la iluminación de Ricardo Castro según el diseño de Carlos Cerri fue perfecta.

Andreza Randisek y compañía en Cantata. foto Patricio Melo

Sería largo detallar las bondades de este trabajo, por ello y a riesgo de ser injustos, señalaremos los pas de Quatre de María Lovero, Emmanuel Vásquez, Katherine Rodríguez y Lucas Alarcón, tanto como el segundo. El brillante solo de Andreza Randisek, el estupendo trío de Natalia Berríos, José Manuel Ghiso y Rodrigo Guzmán, tanto como el dúo posterior de los citados solistas. El público respondió vibrantemente al gran trabajo de la compañía.

Una obra maestra que convoca a multitudes cerró la velada, se trata de Bolero cuya música de Maurice Ravel fue magistralmente coreografiada por Maurice Béjart, en esta ocasión al Ballet de Santiago se agregaron algunas figuras del BANCH, contando asimismo con el formidable trabajo solista del bailarín del Ballet de Stuttgart, Friedemann Vogel.

Friedemann Vogel y el cuerpo masculino en Bolero. foto Patricio Melo

Béjart creó un hipnótico trabajo para la música de Ravel, cuyo eje es el solista que sobre la mesa redonda se convierte en el imán para el resto de los varones que se van integrando a medida de su avance, es aquí donde Vogel cautivó tanto con su presencia escénica, como por su impecable técnica y enorme expresividad, del mismo modo el resto de los varones mostraron una perfección y disciplina que maravillaron a los espectadores, que al final explotaron en larguísimas ovaciones, cerrando así este notable Cuarto festival de Coreógrafos.

Momento de Bolero. foto Patricio Melo

(Una observación aparte, será posible que a futuro se cuente con mejores registros grabados para que estos sean bien trabajados por los sonidistas, a manera de ejemplo, el Bolero comienza en pianissimo.)

Gilberto Ponce. (CCA)

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MAESTRO SUECO DIRIGE LA SINFÓNICA NACIONAL.

OLA RUDNER DIRIGE LA SINFÓNICA NACIONAL DE CHILE.

Desde hace algún tiempo que no escuchábamos a la ahora llamada Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, por ello es que nos reconforta escucharla en un muy buen nivel en sonido y afinación, no sabemos si esto se debe al trabajo de los últimos directores, o específicamente al realizado por Ola Rudner el director sueco que dirigirá tres conciertos, pero lo realmente importante es que el conjunto muestra acercarse a los niveles a que nos tenía acostumbrados.

El maestro Ola Rudner. foto facebook

Rudner abordó tres obras para gran orquesta, en las que desarrolló un pulcro trabajo, incluido el de la obra del chileno (aunque en el programa de mano aparece como francés) Edgardo Cantón, obra que abrió el concierto cuyo nombre es “Ul Kantum, o Retratos de Arauco” en la que al igual que otros compositores nacionales, aborda en tema del folclor mapuche en arreglos sinfónicos con un cierto carácter de Fantasía.

Con un lenguaje que pretende aludir a los esquemas de la música mapuche, a ratos es atmosférica mientras que en otros se enfoca en los timbres, usando además las fórmulas reiterativas melódico-rítmicas que caracterizan la música de este pueblo originario; pero al final, nos parece más bien una Fantasía sobre aires mapuche, que hasta podría constituirse en la banda sonora del un film, pero consideramos que estos Retratos de Arauco tienen un interés variable, aunque debemos destacar que los músicos sinfónicos tocaron con rigurosidad la obra, que tuvo una recepción más bien discreta del público.

El percusionista Gerardo Salazar. foto uchile

Gerardo Salazar fue el gran triunfador en la obra que continuó con el programa, se trató del Concierto para Timbal y Orquesta del saxofonista y compositor estadounidense Russel Peterson, autor que no tiene problema alguno en citar casi textualmente a otros compositores en cada uno de los tres movimientos que posee.

Asimismo pensamos que Peterson no extrajo todas las posibilidades técnicas de los timbales, remitiéndose solo a juegos rítmicos a cargo del solista, aspecto en el que Salazar se irguió por sobre las debilidades de la partitura.

Russel Peterson. foto concordiacollege

Salazar acometió cada movimiento impregnándolo de un carácter particular, especialmente el segundo, a nuestro juicio el más hermoso de los tres, que en su ambiente oriental, no oculta un fuerte influjo de Ravel. Los diálogos entre la numerosa orquesta y el solista fueron cuidadosamente manejados por Rudner, quien logró darle un interés mayor a la partitura, en particular para destacar al solista que simplemente maravilló con su precisión y técnica; el público ovacionó tanto a Gerardo Salazar como a la orquesta.

Manuel de Falla. foto coroiessanpascual

La segunda parte consultó las Suites 1 y 2 del ballet de Manuel de Falla, El sombrero de tres picos, en ella Rudner realizó un trabajo de calidad en cuanto al sonido de sus instrumentistas, pero solo calificamos de bastante correcta la versión, pues salvo en una de las danzas más famosas, el resultado general careció de carácter hispano, donde los rubato, a manera de ejemplo casi no existieron, sin duda el espíritu de Ola Rudner el estupendo director se aviene mejor con otro repertorio, no tan extrovertido como este.

Pero si hemos hablado del buen sonido orquestal, tenemos que destacar el desempeño de algunos ilustres solistas, que brillaron en sus intervenciones, tales como el corno, corno inglés y flautín entre otros, que con su destacada participación agregaron valor a una versión que fue entusiastamente aplaudida por el público que llegó hasta el Baquedano.

Gilberto Ponce. (CCA)

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GUSTAVO MIRANDA-BERNALES.

GUSTAVO MIRANDA-BERNALES EN LOS GRANDES PIANISTAS.

Sin duda, Gustavo Miranda-Bernales ya dejó de ser una promesa, pues a pesar de juventud muestra una madurez sorprendente, de la que dio cuenta en el recital ofrecido en el marco del Ciclo Grandes Pianistas del Municipal de Santiago.

Gustavo Miranda-Bernales. foto visionescriticas

En esta oportunidad ofreció un programa con obras muy exigentes y de estilos muy variados, mostrando una sólida técnica tanto como una interesante aproximación estilística, no obstante pensamos que este último aspecto no fue plenamente logrado en esta oportunidad, sin duda debido a una enfermedad de la que lentamente se irá curando, se trata simplemente de la madurez que dan los años de experiencia, tanto como las contingencias de la vida.

La Sonata en La bemol mayor de Franz Joseph Haydn que dio inicio a su presentación, permitió apreciar desde el primer movimiento su pulcra digitación, tanto como transparencia en las líneas melódicas, todo envuelto en una gran elegancia; el Menuetto que sigue lo convirtió en un verdadero juego de contrastes, mientras que la sección central se caracterizó por un enfoque cantabile; el Rondó que finaliza marcado Presto, le permitió exhibir precisa digitación y gran virtuosismo a través de las diversas variaciones que plantea.

Los grandes aplausos que recibió la versión, mostraron una característica en Miranda-Bernales que se transformó en una constante, una sobria y casi ascética forma de agradecer.

Alexandr Scriabin. foto alchetron

Luego interpretó de Alexandr Scriabin su Sonata Nº 2 en Sol sostenido menor, obra que en sus dos únicos movimientos nos muestra un estilo que transita cercanamente entre el impresionismo y un romanticismo tardío, aunque con una estructura y forma muy definidas.

Se trata de una obra bastante compleja que fue muy bien resuelta por el pianista, enfocándola con un peso sonoro correspondiente al estilo, aquí la densidad juega un rol muy importante obligando al solista a desentrañar multiples claves de interpretación, objetivo ampliamente conseguido por Miranda-Bernales pues una logró óptima claridad en las diversas voces; señalaremos la estupenda progresión dinámico- expresiva del primer movimiento. El segundo le permitió desplegar un virtuosismo que no descuidó los temas que apenas se sugieren destacándolos con precisión.

Claude debussy. foto bio

Una selección del Libro segundo de Preludios de Claude Debussy finalizó la primera parte, de ellos destacaremos Nieblas por sus sutiles atmósferas en pianissimo, la envolvente melancolía de Bruyères, pero en Fuegos de artificio, y su extrema vertiginosidad fue aquel que provocó mayor asombro, debido a su complejidad y exigente virtuosismo, los que encontraron en Miranda-Bernales un soberbio intérprete.

Gustavo Miranda-Bernales. foto latercera

En la segunda parte, el solista enfrentó una de las obras monumentales de la literatura del teclado, la Sonata Nº 29, en Si bemol mayor, Op. 106 de Ludwig van Beethoven, conocida como Hammerklavier (Pianoforte), en ella el autor no solo explota al máximo las posibilidades sonoras del instrumento, pues a la vez sirve de vehículo para que Beethoven manifieste lo más profundo de sus ideas espirituales y estéticas, tanto es así, que algunos estudiosos estiman que su segundo movimiento llega a manifestar filosofía en música, en esa aparente divagatoria unidad que posee.

Nos parece bien que un pianista joven aborde obras de esta magnitud, pues no existe otra forma para que descubra la infinidad de mundos planteados, que sin duda seguirán apareciendo a medida que una serena madurez lo alcance.

Su enfoque ahora es juvenilmente apasionado, por ello a ratos resulta algo superficial, así como las velocidades con que aborda algunos pasajes, resultan más espectaculares que profundas, por ejemplo en los acordes del comienzo resultan rítmicamente confusos, en contrario estupendos fueron sus resultados en el manejo de los contrastes dinámicos, pero en general creemos que el primer movimiento se vio afectado por la velocidad que le imprimió.

Ya dijimos que en el segundo Adagio sostenuto faltó mayor profundidad, mientras que en el tercero encontramos un logrado el carácter de la introducción, luego el desarrollo a la manera de una fuga fue brillante, pues a pesar de lo abigarrado de su estructura cada voz fue expuesta clara y sólidamente.

Un recital que dio cuenta de la solidez de su ascendente carrera.

Gilberto Ponce. (CCA)

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RIGOLETTO AHORA EN VERSIÓN ESTELAR.

VERSIÓN ESTELAR DE RIGOLETTO EN EL MUNICIPAL.

Nos correspondió presenciar la segunda función de la controversial puesta en escena de Walter Sutcliffe, que subió al escenario del Teatro Municipal ahora con el elenco Estelar, que mezcló a cantantes argentinos con chilenos.

El Duque de Mantua (Juan Pablo Dupré) con Borsa (Rony Ancavil), a la derecha Rigoletto (Fabián Veloz) en el supuesto palacio del Duque con cortesanos. foto PatricioMelo

En el análisis de la versión con elenco Internacional, dimos cuenta de lo que a nuestro juicio, eran incoherencias que se apartaban del planteamiento original, como la inserción de personajes, al menos en el vestuario, de obras muy distantes de lo propuesto por Verdi para el libreto de Francesco María Piave, por eso es que nos preguntamos, cuál fue el aporte real de esta producción, en qué se enriqueció la ópera?, porque el solo hecho que esta puesta pretenda introducirse en los negros pensamientos del protagonista, no es algo que quede claramente explícito, salvo por la iluminación de Ricardo Castro, que con sus “encierros” sumerge algunos personajes y la trama en ese ambiente oscuro.

El Duque (Juan Pablo Dupré) coqueteando con la Condesa de Ceprano (Pamela Flores). foto Patricio Melo

Si analizamos la escenografía, los paneles que crean el túnel que encierra y no permite la salida a la angustiosa situación de Rigoletto como de Gilda, funciona como idea general, pero los dos módulos de movimiento circular ubicados en ambos lados del escenario tienen resultados mixtos, recrean bien el parque de la segunda escena, pero se diluye penosamente en el dormitorio de Gilda, opuesto a la cocina de la casa; funciona algo mejor en el salón del “palacio ducal”, en la dramática escena cuando el “bufón” pide dolidamente a los “cortesanos” que le devuelvan su hija, y tampoco contribuye al desarrollo de la escena en casa de Sparafucile, pues resulta que el Duque coquetea a gran distancia con Magdalena, pero donde sin duda acierta es en la escena final, cuando Rigoletto recibe en una “yegua” de transporte de mercaderías el cuerpo de Gilda, para verla morir en sus brazos, hacemos notar que en esta versión Fabián Veloz (Rigoletto), no huye hacia el fondo negro luego que esta muere, aquí cae desgarradoramente sobre el cuerpo de su hija iluminado solamente por un cenital agrandando la sensación de tragedia, para cerrar el círculo abierto con la maldición que Monterone lanza a Rigoletto y al Duque en la primera escena.

Gilda (Jaquelina Livieri) con Rigoletto (Fabián Veloz). foto Patricio Melo

En el aspecto musical, la dirección de Maximiano Valdés logró un buen sonido de la Filarmónica de Santiago, pero creemos que relajó demasiado los pulsos, haciendo perder tensión dramática en algunas escenas, asimismo en esta ocasión se produjeron desajustes bastante notorios entre el foso y los cantantes.

Cocina y Dormitorio en casa de Rigoletto; Giovanna (Claudia Lepe), Rigoletto (Fabián Veloz) y Gilda (Jaquelina Livieri) en su cama con peluches. foto Patricio Melo

Fabián Veloz en barítono argentino fue Rigoletto, mostrando estupenda voz, y acentuando excelentemente los fragmentos más dramáticos, en actuación fue irregular, su desplazamiento en el escenario correspondió a alguien más bien común y corriente y su deformidad no se trasluce, asimismo cuando ingresa a imprecar a los cortesanos lo hizo sin mayor sentido dramático, aunque en canto sin duda logró sus objetivos, consideramos que su mayor triunfo estuvo en su desgarradora escena final, donde al parecer él realizó el cambio en la régie.

Gilda (Jaquelina Livieri) antes de ser raptada por los cortesanos. foto Patricio Melo

El Duque de Mantua fue cantado por el joven tenor chileno Juan Pablo Dupré, hacemos notar que Dupré inició su carrera como barítono, volcándose a tenor luego que audicionando con Plácido Domingo este le manifestara que esa era su cuerda, por ello tuvo que partir desde cero, y ahora ya lo vemos enfrentando este codiciado rol, por ello si bien reconocemos en su presentación momentos estupendos, como su Donna e mobile, en otros muestra un promisorio futuro vocal, al que debe agregar mayor convicción en la actuación, no obstante creemos que tiene un gran futuro.

Duque (Juan Pablo Dupré) en el salón de su palacio, atrás cortesanos algunos sentados sobre una mesa de billar, en la que dejarán a Gilda que raptaron para el Duque. foto Patricio Melo

Jaquelina Livieri la soprano argentina fue Gilda, su inicio fue bastante dubitativo, pero en el desarrollo dio cuenta una vez más (cantó antes en el Municipal La Traviata), de su hermoso material vocal y su facilidad en las coloraturas, además de ser una excelente actriz, creemos que sus mejores momentos los tuvo en la escena cuando confiesa a su padre que a pesar de haber sido violada por el Duque, lo ama verdaderamente, también su Caro nome y la escena final. Se agradece que no haya exagerado los berrinches marcados por la régie.

El sicario Sparafucile lo cantó muy solventemente Marcelo Otegui, quien posee gran facilidad y volumen en los graves y es muy convincente en actuación, su hermana Magdalena lo asumió Francisca Muñoz con gran presencia escénica y hermosa voz.

Magdalena (Francisca Muñoz) en el bar de la casa de Sparafucile. foto Patricio Melo

Con su hermosa voz Claudia Lepe asumió también en este elenco como la criada Giovanna. Cristián Lorca fue un Monterone en general débil en lo vocal y con actuación poco convincente.

No es novedad que Cristián Moya asuma en propiedad sus roles, aunque sean pequeños, por ello es que su Marullo fue muy exitoso, asimismo encontramos de enorme valor el desempeño de Rony Ancavil como Borsa, dando cuenta de una hermosa y poderosa voz, además de ser un estupendo actor, él es otra de las figuras emergentes a tener en cuenta.

Augusto de la Maza fue ahora un Conde de Ceprano muy convincente, mientras que replicaron las estupendas actuaciones con el otro elenco, Pamela Flores, Carolina Grammelstorff y Francisco Salgado.

Gilberto Ponce. (CCA)

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CONTROVERTIDO RIGOLETTO EN EL MUNICIPAL.

RIGOLETTO ENTRE OVACIONES Y ABUCHEOS.

De un tiempo a esta parte, es común que las personas manifiesten de alguna forma su disconformidad ante aquello que les parece injusto o francamente malo, llegando a veces hasta los desmanes por parte de los vociferantes en las calles, no obstante algunos reductos seguían exentos de ellos.

El Teatro Municipal se mantenía incólume, y el eventual rechazo ante algunas de sus producciones, se limitaba solo a no aplaudir; ahora bien, esto finalizó al parecer con el estreno de la versión Internacional de Rigoletto, la ópera de Giuseppe Verdi, donde al final hubo ovaciones para los cantantes y abucheos para los responsables de la puesta en escena, (Walter Sutcliffe régie, Kaspar Glarner escenografía y vestuario y Ricardo Castro iluminación) incluso estos aumentaron cuando Sutcliffe provocadoramente hizo un gesto como que no escuchaba bien esas manifestaciones. No cabe duda, si Sutcliffe pretendía provocar, lo consiguió al igual que muchos directores de escena en la actualidad.

Primera escena, en el supuesto palacio del Duque de Mantua, a la izquierda el Duque (Yijie Shi), Borsa (Claudio Cerda), cortesanos y a la derecha Rigoletto (Sebastian Catana) foto Patricio Melo

El malestar fue palpable luego del primer acto, cuando se desocuparon algunas de las butacas de platea, algo preocupante porque suponemos que el empeño del teatro está en cautivar audiencias, pero al parecer una parte del público se cansó de fundamentaciones sicológicas o sociológicas que pretenden justificar cualquier “brillante” idea de los creadores de estas puestas en escena, que a veces en un afán de modernidad, pasan por encima de los propósitos de los creadores originales.

Una estancia del palacio del Duque, Rigoletto (Sebastian Catana) hacia la izquierda de chaqueta, en una de las escenas más conmovedoras enfrenta a los cortesanos preguntando por su hija desaparecida. foto Patricio Melo

Creemos sano y estimulante entregar nuevas visiones sobre las óperas, pues a veces las enriquecen, siempre y cuando tengan pertinencia conservando el espíritu del original, sin provocar incoherencias entre el texto cantado y aquello que se ve, sabemos que existen argumentos con cierta atemporalidad cuya acción puede aplicarse a diversas épocas por su universalidad, pero colocar arbitrariamente cualquier elemento o transformar personajes en lo que no son, nos parece cuestionable.

Rigoletto (Sebastian Catana) cuando es engañado por los cortesanos a quienes ayuda en el rapto de su  propia hija. foto Patricio Melo

Es el caso de esta producción, donde al parecer la idea oscura del drama, cuyo eje central es la venganza, se tradujo en una escenografía fea y oscura, incluso su movilidad que al inicio funciona y muy bien, luego se convierte en elemento distractor diluyendo las tensiones propias del drama, recordamos el final del aria de Gilda “Caro nome”, entre varios otros.

Otro elemento cuestionable fue transformar los personajes en algo muy alejado del original, tal vez esto resulte gracioso para sus responsables, pero convertir a Gilda en un personaje de una serie infantil, con chapes, pijama, jugando con peluches y con berrinches de niñita, o a Giovanna su criada en una nana mapuche, que como sabemos traiciona la confianza de Rigoletto por ayudar a Gilda; qué se quiso transmitir con ello?, grave sería catalogar a los mapuches como poco dignos de confianza, tal vez escucharon del conflicto en la Araucanía, pero se confundieron con esa concesión; asimismo Magdalena la hermana del sicario Sparafucile fue convertida en un personaje del film Grease, provocando risas cuando entra con una faldita naranja muy corta, zapatillas blancas y polerón del mismo color, pues no consideraron que la cantanteque posee indudablemente una bellísima voz-, es una verdadera musa de Rubens.

Escena Final, Rigoletto (Sebastian Catana) sostiene a su hija Gilda (Sabina Puértolas) recién asesinada por salvar al Duque. Foto Patricio Melo

La régie tiene momentos desconcertantes, como lo abigarrado de la primera escena, en el palacio de Duque, que aquí ocurre en un feo salón, en el que cortesanos? o amigos del dueño de casa, vestidos de la peor forma posible se solazan en sus placeres; la bolsa de supermercado con un peluche que Rigoletto lleva a Gilda, cuando se encuentra en un parque con el sicario vestido como motoquero; los movimientos casi infantiles del Duque y Gilda cuando flirtean, o los graciosos tirones entre Gilda y Giovanna para retener o empujar al Duque, creyendo que Rigoletto vuelve a casa. Sería largo seguir detallando, mejor nos concentraremos el lo positivo, la parte musical.

El Duque de Mantua (Yijie Shi) con dos cortesnas en la primera escena. Foto Patricio Melo

Maximiano Valdés condujo a la Filarmónica de Santiago, muy correctamente, siendo muy exitoso en el tercer acto, donde transformó a la orquesta en verdadero cómplice de los cantantes, algunos desajustes pasajeros en algunos concertatos no empañaron para nada su labor.

El Coro del Municipal de Santiago, director Jorge Klastornick, en su sección masculina, brillando como es su costumbre.

Rigoletto (Sebastian Catana) y Gilda (Sabina Puértolas) en su habitación. foto Patricio Melo

Rigoletto fue el barítono Sebastian Catana, quien realizó un formidable trabajo en actuación haciendo creíble su personaje, incluso en aquellas partes mal resueltas por la régie, vocalmente dio cuenta de su riquísimo material, manejado estupendamente con una gama dinámica conmovedora, si bien la dirección escénica no especifica si es bufón o qué, él fue capaz de crear la angustia, ira, y deseos de venganza, contrastado con la ternura hacia Gilda.

Gilda (Sabina Puértolas) y Rigoletto (Sebastian Catana) foto Patricio Melo

El tenor Yijie Shi fue el Duque de Mantua, que no sabemos si es un mafioso, o gangster, pasando al fingido adolescente conquistador de Gilda, para luego arrogante frente a sus “cortesanos”, realizó un trabajo vocal sorprendentemente hermoso, con voz limpia y segura alcanzando las notas más increíbles con pasmosa seguridad, pero no solo eso, caracteriza estupendamente cada aria de acuerdo al texto que esta posee.

Sparafucile (Alexey Tikhomirov) foto. Patricio Melo

La soprano española Sabina Puértolas fue Gilda deslumbrando con su riquísimo material vocal, demostrando un enorme dominio de los contrastes dinámicos, por ello convirtió su Caro Nome en un rotundo éxito, se mostró sólida en sus solos tanto como en dúos o concertatos, superando con su notable actuación las indudables debilidades de la régie, su angustia y arrepentimiento al llegar donde su padre luego de ser violada fue de gran fuerza dramática. Este trío de cantantes recibió una de las más grandes y justificadas ovaciones escuchadas en el teatro.

Gilda (Sabina Puértolas) se “defiende” del Duque (Yijie Shi) que se ha introducido con ayuda de Giovanna en la casa de Rigoletto.

Sólido e impecable en lo vocal fue el Sparafucile que cantó el bajo Alexey Tikhomirov, mientras que su hermana Magdalena cantado por la mezzosoprano Judit Kutasi mostró una poderosa y bella voz, cantante que quisiéramos escuchar en otros roles, y sobre todo mejor vestida.

Claudia Lepe cantó con prestancia su rol de Giovanna transformada aquí en nana mapuche. Ricardo Seguel fue otro de los grandes triunfadores en el breve pero clave personaje de Monterone, de enorme fuerza expresiva.

Muy acertados y convincentes Javier Weibel y Claudio Cerda como los cortesanos , Marullo y Borsa, tanto como la Condesa y el Conde Ceprano cantados por Pamela Flores y Rodrigo Navarrete.

Completaron el sólido elenco Carolina Grammelstorff y Francisco Salgado como el Paje y el Ujier.

Gilberto Ponce. (CCA)

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