ORQUESTA SINFÓNICA DE LA UNIVERSIDAD MAYOR

                                       UN EVENTO EXTRAORDINARIO.

En medio de la tensa situación que vive el país, que tiene a muchas personas abatidas por el pesimismo, con pocas señales que predigan certezas esperanzadoras, nos correspondió asistir a un concierto de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Mayor, en el Teatro Municipal de Las Condes, que fue de tal calidad, que como bien dijo alguien: esto es como para pensar, que el futuro no es tan negro como lo pintan.

El director Sebastián Espinoza, entra al escenario junto a la Orquesta de la Universidad Mayor. foto fundación TMLC

La orquesta está conformada por un sólido conjunto de jóvenes, que provienen del Conservatorio de la Universidad Mayor, que siguiendo la senda de las FOJI,  (Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles) la creación de ese visionario que fue Fernando Rosas, y que a lo largo de los años, ha cambiado la vida de muchos jóvenes de ambos sexos, tanto como las de sus familias; algo que sin duda, también ocurre con estos jóvenes del Conservatorio de la U. Mayor.

La presentación, fue una muestra cabal de la seriedad del proyecto, que está produciendo músicos sólidamente formados en la técnica instrumental, fomentando su musicalidad, y lo más importante encauzándolos en la seriedad de su trabajo, produciendo resultados como los escuchados en su presentación, los que con justa razón enardecieron de entusiasmo al público que tuvo el privilegio de escucharlos.

La Orquesta interpretando su versión de la obertura de Wagner. foto fund. TMLC

Para la universidad y su Conservatorio, esta orquesta debe ser un orgullo, y deja en claro la seriedad de un proyecto universitario, que aspira a la excelencia en todas las áreas, dejando atrás aquellas opiniones que miran con cierto desdén, los proyectos privados, que muchas veces con gran calidad, se vuelcan hacia la comunidad.

La Orquesta nace el 2009 como Orquesta de Cámara de la U. Mayor, iniciando labores de extensión, para posteriormente ampliarse hasta convertirse en la sorprendente Orquesta Sinfónica que es hoy, durante su desarrollo además de conciertos, han realizado giras y actividades didácticas de difusión.

La pianista Beatrice Berthold, interpretando las Variaciones de Chopin. foto F. TMLC

Sebastián Espinoza es su director desde el 2017, se trata de un talentoso joven, que ha absorbido inteligentemente, no solo su formación en la UC como alumno de contrabajo, pues sus diversas experiencias internacionales, que le han permitido trabajar con grandes maestros, le otorgan un plus a su innegable talento. Posee un gesto claro, que encuentra en sus músicos siempre una respuesta alerta, tanto en sus indicaciones de tempo, como en dinámica, notable es su manejo de los rubatto y los cambios de velocidad.

Otro aspecto que destacamos, es su cabal conocimiento del repertorio al que asistimos, sin vacilaciones ante su propósito, con un manejo ejemplar en la conducción de sus atentos músicos. Quisiéramos destacar al Concertino, un musical y dotado violinista de solo 16 años, como podemos apreciar, estamos ante uno de los conjuntos más prometedores en el campo musical.

Cada una de las familias, responde con el mayor profesionalismo, bello sonido y musicalidad, que hace que olvidemos que se trata de un conjunto juvenil universitario.

Beatrice Berthold, agradece luego de su estupenda interpretación de las Variaciones de    Chopin. foto F.TMLC

El programa consultó tres obras de gran exigencia, la Obertura de la ópera Los Maestros Cantores de Richard Wagner, las Variaciones sobre “La ci darem la mano” para piano y orquesta de Frederic Chopin, escrita sobre un dúo de la ópera Don Giovanni de Mozart y la Sinfonía Nº 8 de Antonin Dvorak.

La Obertura de Wagner, recibió una muy buena versión, no solo en el carácter, también lo fue en manejo dinámico, con ajustados contrastes dinámicos, en ella cada familia instrumental respondió de gran manera, las cuerdas con bello sonido y musicalidad, las maderas estupendas en sonido y en manejo de contrastes dinámicos y articulaciones, los bronces sorprendentemente sólidos en afinación y bello sonido, tal como también lo fueron las percusiones.

Seguidamente la destacada pianista alemana Beatrice Berthold, de gran trayectoria internacional y de fructífero trabajo en nuestro país, tanto como solista y docente en la Universidad Mayor, interpretó las Variaciones sobre “La ci darem la mano” de Chopin.

En ellas dio cuenta no solo de una gran técnica pianística, pues entregó toda su musicalidad al servicio de la partitura, no solo en las partes de bravura, ya que fue exquisita en las partes líricas; el acompañamiento Espinoza y la orquesta, fue muy ajustado al carácter que le impuso la solista, pues la batuta mantuvo un balance perfecto entre la solista y la orquesta, siguiendo además todas las ambigüedades rítmicas y dinámicas exigidas por Chopin.

La estupenda versión, arrancó ovaciones que obligaron a Beatrice Berthold a entregar como encore, un Vals del mismo Chopin.

Otro momento de la Obertura de Wagner. foto F. TMLC

El concierto finalizó brillantemente con la Sinfonía N.º 8 en Sol mayor de Antonin Dvorak, en la que el director consiguió una gran unidad de carácter y estilo en sus cuatro movimientos, con claridad de conceptos en cada uno de ellos, solucionando musical y certeramente los incesantes cambios de pulso y ritmo que existen, además de plantear precisos contrastes dinámicos.

El primer movimiento Allegro con brío, mostró sonido sólido y hermoso, particularmente en el “solo” de los chelos, al tiempo que los bronces fueron brillantes en su desempeño.

El segundo, que está marcado Adagio, pero que en verdad es más un Andante expresivo, dio cuenta de la belleza del sonido de las cuerdas en la introducción, antes de los diálogos de entre maderas, bronces y cuerdas, en un ensamblaje de impecables fraseos, debemos mencionar la hermosura del sonido de la flauta y oboe, que se complementa con el solo excelente del concertino, en el desarrollo predominó la expresividad.

Sebastián Espinoza, dirigiendo la Sinfonía de Dvorak. foto F. TMLC

Las cuerdas jugaron con elegancia en el Allegretto grazioso, que es el tercer movimiento, el resto de las familias complementó con eficaces diálogos el desarrollo de esta parte.

La fanfarria que da inicio al cuarto Allegro ma no troppo, mostró el poderoso sonido de las trompetas, antes de la entrada de los chelos (magníficos) que anuncian el desarrollo donde la orquesta ratificó todos los valores que hemos enunciado antes.

Las ovaciones del público que repletaba el Teatro Municipal de Las Condes, donde se desarrolló el concierto, fueron el justo tributo para este sólido conjunto de jóvenes que conforman la Orquesta Sinfónica de la Universidad Mayor, que sin duda llegarán a convertirse en un nuevo referente musical, de continuar el serio trabajo que han realizado hasta el momento, bajo la dirección de Sebastián Espinoza.

Gilberto Ponce (CCA)

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ROMÁNTICOS EN LA FILARMÓNICA.

             PROGRAMA ROMÁNTICO EN LA FILARMÓNICA.

Bajo la dirección de Roberto Rizzi-Brignoli, la Orquesta Filarmónica de Santiago ofreció como parte de su Temporada 2022 un programa dedicado al repertorio romántico, evento que permitió a su director mostrar su acercamiento certero a este tipo de programa.

Del mismo modo, al ser este concierto solo para orquesta, permitió al conjunto dar cuenta de muchos de los valores que la distinguen, entre otros; la fortaleza y musicalidad de sus familias instrumentales, así como la categoría de aquellos músicos a los que les cabe fragmentos a solo, tanto como del profesionalismo de cada instrumentista, pero por sobre todo la musicalidad, belleza sonora y estupenda afinación del conjunto.

Sin temor a equivocarnos, podemos afirmar, que el público gozó cada una de las obras, al premiar con entusiastas y largos aplausos el total del programa.

La Obertura de la ópera “El cazador furtivo” de Carl Maria von Weber, que dio inicio al programa, ya mostró la solidez del conjunto, pues no se trata de una pieza menor, ya que a la manera wagneriana, nos muestra parte del material que se escuchará posteriormente, el que nos conduce al mundo mágico y misterioso, a la vez que popular que impregna la obra, representando tan bien el espíritu de lo romántico alemán. Ya desde la sombría y sugerente introducción, tanto como en su desarrollo percibimos los contrastes que marcan el mundo real y el fantástico, para culminar posteriormente en su jubiloso final, que consiguió los primeros grandes aplausos de la noche. Rizzi-Brignoli acertó plenamente al espíritu de esta obertura.

          Roberto Rizzi-Brignoli dirigiendo a la Filarmónica. foto Patricio Melo

Seguidamente se pudo escuchar una muy buena versión de la Sinfonía Nº 4 en La mayor de Félix Mendelssohn, inspirada en las impresiones provocadas al autor, luego de una visita a Italia, obra que no pretende describir cuestiones concretas, como paisajes o acciones, más bien se trata de una captura del carácter de los habitantes de la península, razón por la que la obra se la conoce como; “la italiana”.

En forma vibrante, casi exultante en carácter fue su inicio, para luego en su desarrollo encontrar algunas alusiones descriptivas, logradas mediante precisos contrastes dinámicos, no obstante en las finísimas filigranas, frecuentes en las obras de Mendelssohn, se pudo observar leves desajuste, que no empañaron el resultado final.

Tal vez el mayor logro de la versión, lo encontramos en el sereno y casi misterioso segundo movimiento, en el que se estaría aludiendo a una procesión religiosa, aquí la batuta consiguió magia en la sutiles sugerencias, en ese ostinato de las cuerdas que se oponen al canto de las maderas.

En el tercero, destacó el fraseo de las secciones iniciales y conclusivas, mientras que en el “trío”, el diálogo de los cornos y las cuerdas, que dio paso a la brillante conclusión.

El “saltarello”, que exige gran virtuosismo de los músicos, fue resuelto brillantemente, mencionaremos los diálogos y fraseos instrumentales de enorme precisión y carácter. La ovación del público respondió a las virtudes de la versión.

  El director y parte de la orquesta en otro momento del concierto. foto Patricio Melo

Se dice que a Johannes Brahms le costó bastante iniciar la composición de su Primera sinfonía en Do menor; la razón, Brahms decía que para hacerlo debía superar el trabajo de Beethoven con su sinfonía coral, tanta era su admiración, que lo haría solo cuando encontrara algo que no fuera copia, sino que continuara el camino abierto por el genio de Bonn.

En verdad, cuando se estrenó la obra, Brahms demostró que si era un continuador del legado beethoveniano, al parecer sus contemporáneos pensaron lo mismo, razón por la que la sinfonía fue recibida con admiración; creemos que en esta ocasión la dirección de Roberto Rizzi-Brignoli, acertó plenamente en el carácter y enfoque de la partitura, si consideramos el profundo sentido romántico que impuso a su versión, pues tanto lo poderoso como lo sutil dialogaron permanentemente en la interpretación.

Ya desde la poderosa y solemne introducción del primer movimiento, acentuada por la musicalidad de le estupenda timbalista, quedó claro el destino de la versión del talentoso director italiano, donde primó una acentuación del carácter de tintes graves, incluso en el desarrollo marcado en el “allegro”, donde percibimos inteligentes fraseos en los diversos diálogos que lo componen, logrando un continuo coherente en el carácter que le imprimió. En este logro cada uno de los integrantes de la Filarmónica evidenció una entrega ejemplar.

El Andante sostenuto, que sigue destacó por la musicalidad a ratos íntima que logró la orquesta, con un notable desempeño del oboe, que da inicio a una espléndida participación de las maderas en su juego de fraseos con las cuerdas, que mostraron bellísimo sonido. No podemos dejar de mencionar el sonido musical del corno solista.

             Otro momento de Románticos Filarmónicos. foto Patricio Melo

El tercer movimiento “Un poco allegretto e grazioso”, mostró un alto rendimiento de las maderas, así como estupendas progresiones dinámicas y expresivas en el desarrollo, envueltas en un hermoso sonido de todo el conjunto.

El cuarto que transcurre en diversos caracteres, que responden a “Adagio; piú andante; allegro non troppo; piú allegro”, fue sin duda un logro absoluto, desde la introducción hasta los pizzicato de las cuerdas que conducen al tutti, todo en una progresión dramática que concluye en esa paz del solo de trombón, con el eco de las maderas antes del bellísimo andante, luego vino la nobleza del emblemático canto de las cuerdas, que calificamos de exquisito, para finalizar con la apoteosis de la sección final, en la que cada músico puso lo mejor de sí, para conseguir un resultado que enardeció a los asistentes, que no se cansaban de aplaudir la magnífica versión de la Filarmónica dirigida por Roberto Rizzi-Brignoli.

Gilberto Ponce. (CCA)

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ALEJANDRA URRUTIA Y LA SINFÓNICA.

SINFÓNICA SABATINA CON ALEJANDRA URRUTIA.

Una noticia que sin duda alegró a los melómanos, fue el que la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, retomara sus temporadas, pues hasta el momento, sus actuaciones habían sido esporádicas, a veces en el Baquedano o en otros escenarios. Sin duda alguna, este fue tal vez el conjunto más afectado por el “estallido social”, y luego por los desórdenes de los viernes en Plaza Italia, todo sin considerar la pandemia, es resumen, la Sinfónica se vio impedida de realizar sus temporadas habituales en su sede del Teatro Baquedano.

El lugar donde se emplaza el Teatro de la Universidad de Chile, luego de ser óptimo pasó a pesadilla, convirtiéndose en una verdadera maldición, tanto para los conjuntos (orquesta, ballet y coros). como para el público que incondicionalmente asistía a sus funciones de viernes y sábados. Para salvar los inconvenientes se realizaron funciones de la orquesta los sábados a las 13:00 horas, hora muy inconveniente para mucho público, no obstante siempre a pesar del aforo restringido, llegaba una cantidad de público que debía ingresar casi clandestínamente por un costado del teatro.

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La directora Alejandra Urrutia, miembros de la Sonfónica y la Camerata Vocal, interpretando la obra de Zelenka. foto ceac

Ahora por fin, se anuncia una temporada de varios sábados a las 17:00 horas, y con ingreso por la entrada principal, hecho que causó enorme alegría en el público que llegó al recinto, para volver a escuchar a la sinfónica, en un halo de normalidad.

Asistimos al segundo de la serie, que dirigió la talentosa directora Alejandra Urrutia, en un programa que consultó dos obras; una obra barroca con orquesta y voces, y una sinfonía como plato de fondo.

Primeramente la orquesta y la Camerata Vocal de la Universidad de Chile, que dirige Juan Pablo Villarroel abordaron el Miserere del compositor barroco checo Jan Dismas Zelenka, escrita para coro, soprano solista, cuerdas, dos oboes, fagot y continuo, autor que desarrolló la parte más importante de su carrera en Alemania; de hecho fue muy admirado por J. S. Bach, de quien fue contemporáneo, su obra en general recoge influencias de sus maestros y de otros contemporáneos, como Antonio Vivaldi a quien admiraba mucho.

Muy justificado, fue el estreno del Miserere en Do menor, de Zelenka, obra que no solo es interesante, pues además es bastante hermosa. Pero hubo un hecho que llamó bastante la atención, pues la Camerata Vocal, que cuenta con 16 integrantes, y cuyo rendimiento vocal, es normalmente muy satisfactorio cuando canta con orquesta, en esta oportunidad, sus voces se escucharon muy disminuidas frente a los instrumentos, no sabemos si debido a la ubicación en el escenario, casi como parte de la orquesta, y no en las usuales tarimas, o por otra razón.

Bien sabemos que este conjunto profesional, es uno de los más solventes en nuestro medio, cuenta con bellas, poderosas y musicales voces, las que lamentablemente en esta oportunidad no pudieron rendir de acuerdo a sus pergaminos.

El enfoque de Alejandra Urrutia, fue bastante blando en general, es así que las articulaciones se desdibujaron y los fraseos fueron en general confusos, como en el primer coro, asimismo en el aria de la soprano, cuyo nombre desconocemos, y que la cantó con seguridad y hermosa voz, el acompañamiento fuese tan ambiguo, que se perdió el contraste que plantea el autor entre solista y orquesta. En otro aspecto, los contrastes tan importantes en la música del barroco, prácticamente no existieron. No sabemos si faltaron ensayos para obtener en general, un resultado más adecuado.

La directora Alejandra Urrutia, el director de la Camerata Vocal Juan Pablo Villarroel y todos los intérpretes, agradecen los aplausos del público, foto ceac

Seguidamente se escuchó la Sinfonía en Re menor de Cesar Franck, sin duda la obra más reconocida de su autor, cuyo estreno fue a fines del siglo XIX, y que un lenguaje algo ecléctico rinde homenaje al romanticismo alemán, con algunos tintes wagnerianos, y por último hasta se encuentran alusiones a los románticos franceses.

En la obra existen varios temas recurrentes, que incluso se repiten en alguno de sus tres movimientos, factor que le otorga un interés particular, pues estas apariciones, presentan variaciones de dinámica o carácter.

Hemos presenciado otras presentaciones de Alejandra Urrutia, en las que ha mostrado gran afinidad con el repertorio, por ello y sin desconocer sus indudables y abundantes méritos musicales, creemos que este repertorio no le es tan afín. En el caso de la sinfonía de Franck, hubo estupendos momentos, con otros más débiles, los músicos de la sinfónica intentaron responder de la mejor forma, los requerimientos de la batuta, no obstante ello, se sucedieron algunos desajustes menores, y poca claridad en el carácter que pretendía la directora.

Todo el inicio desde la lenta introducción y posterior allegro, fue corajudo en carácter, muy de acuerdo a lo que pide la partitura, el desarrollo fue más difuso. El segundo movimiento, se constituyó en lo mejor de la presentación, con ese canto que va pasando por diversas maderas, de notable desempeño, con el acompañamiento en pizzicato de las cuerdas, que es uno de los momentos entrañables de la sinfonía.

El tercero y final, se caracterizó por un comienzo más bien débil en carácter, mejorando bastante en su desarrollo, donde se apreció un buen manejo de contrastes, pero con balance sonoro no siempre adecuado, como contrapartida las secciones de clímax, encontraron a la directora Alejandra Urrutia y a la orquesta, con la fuerza que requería el autor, para esos momentos.

En síntesis un concierto con grandes aciertos, al tiempo que mostró debilidades, que impidieron a la batuta mostrar toda su potencialidad.

La directora Alejandra Urrutia y la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, agradecen los aplausos del público asistente, luego de interpretar la Sinfonía de Franck. foto ceac

Gilberto Ponce (CCA)

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UN RÉQUIEM ALEMÁN DE BRAHMS.

                             UN RÉQUIEM ALEMÁN EN EL MUNICIPAL.

Cuando hablamos del Réquiem Alemán de Johannes Brahms, nos referimos a una de las obras más importantes de la música sinfónico-coral de todos los tiempos, obra que antes de su versión definitiva, fue objeto por parte de su autor, de varias modificaciones.

La muerte de su madre fue el factor gatillante de la partitura, en el, Brahms da cauce a un sinnúmero de sentimientos y emociones, utilizando textos bíblicos, aquellos que, según su autor resumían mejor el dolor y la esperanza, frente al fenómeno definitivo que es la muerte, todo en un cúmulo de sentimientos que atraviesan toda la obra.

Al revés de otros réquiem, Brahms no utiliza el texto latino, y no pretende seguir el orden litúrgico tradicional, es así que, la obra se acerca más a la liturgia luterano-protestante, poniendo énfasis en que cada texto tenga la mejor traducción en música, empeño donde logra sin duda alguna cimas expresivas.

El director Pedro Pablo Prudencio, la Filarmónica de Santiago y el Coro del Teatro Municipal, interpretando el primer número del Réquiem de Brahms. foto Patricio Melo

Las siete partes en que se divide, muestran en toda su magnitud la genialidad de su autor, al crear una obra donde cada parte vocal como instrumental, está íntimamente unida con el resto; la orquesta, coro y solistas constituyen un todo a la manera polifónica, pues aquí la orquesta no es la base del resto, es parte de ese todo.

Brahms, en su intento, de reflejar en la música los textos escogidos, utiliza todos los recursos musicales conque podía contar, y en el ámbito rítmico, intercala tanto los tradicionales “cuartos”, como los menos frecuentes “medios”, en las marcas de los compases, a manera de ejemplo; se mezclan 3/4 con 3/2, los que a veces son intempestivos, este recurso le permite una cierta ambigüedad de ritmo o pulso en algunas frases o fragmentos, lo que aumenta la expresividad.

Los solistas, son exigidos de forma contundente tanto en tesitura como en expresividad, y aunque sus partes no son de gran extensión, son codiciados en razón de la belleza de las mismas.

Creemos que el director Pedro Pablo Prudencio, logró un certero enfoque de la obra, cuidando especialmente la expresividad, consiguiendo del coro algunos interesantes y novedosos fraseos, que acentuaron algunas frases, los que fueron más evidentes en los números 1, 3 y 6.

El director Pedro Pablo Prudencio, dirigiendo el Réquiem, foto Patricio Melo

Condujo en forma unitaria, en un continuo desde el generalmente sereno y reflexivo primer número, hasta su conclusión en el séptimo de similar factura, haremos una breve síntesis de nuestras percepciones, de una versión que creemos del más alto nivel.

Comenzando por la sensible expresividad del primero; “Selig sind, die da Leid tragen” (Bienaventurados los que sufren), luego el sentido profundo de la primera sección y la fuerza de la fuga posterior de; “Denn alles Fleisch, es ist wie Grass” (Pues toda carne es como la yerba). “Herr lehre doch mich” (Señor, revélame), la tercera parte que incluye en la primera sección la participación de un barítono, se enfatizó el sentido del diálogo solista con el coro marcando un profundo sentido expectante que desemboca en esa efusión del coro, en sus tresillos ascendentes que concluyen en la extensa y compleja fuga para el coro, con esa suerte de pedal en las cuerdas bajas.

Un remanso en las tensiones planteadas en las otras secciones, lo constituye la cuarta parte; “Wie lieblich sind deine Wohnungen” (Qué amables son tus moradas), que según nuestra percepción, fue tomada demasiado rápida en la primera sección, no obstante con gran musicalidad, la sección central contrastante, tuvo el vigor preciso.

La quinta parte; “Ihr habt nun Traurigkeit” (Ahora estáis afligidos) que incluye el bello solo de soprano con coro en pianissimo, tuvo toda sensibilidad necesaria.

“Denn wir haben hie keine bleibende Statt” (Pues, no tenemos en la tierra una morada permanente), la sexta parte, en la que el barítono comparte con el coro en la primera sección, mostró un diálogo casi incisivo entre solista y coro, acentuando el sentido de los textos, luego con gran dramatismo viene la sección donde el coro interpela a la muerte; dónde está tu aguijón, dónde está tu victoria? uno de los tantos triunfos expresivos de la jornada, que concluye con la sección fugada hasta llegar al clímax musical que cierra poderosamente esta parte.

La serena reflexión llega una vez más en el número final; “Selig sind die Toten” (Bienaventurados los muertos) presentado con el carácter preciso según los textos en una fusión coro orquesta, a momentos entrañable, luego del último acorde Prudencio se tomó un tiempo solemne, antes de bajar los brazos, iniciándose una interminable ovación de los presentes.

Los solistas Ramiro Maturana, barítono y Vanessa Rojas, soprano. foto Patricio Melo

La Filarmónica de Santiago, cumplió una destacada participación, con hermoso sonido y musicalidad, destacando algunos instrumentos que tienen momentos destacados en el imbricado todo.

El Coro del Teatro Municipal que dirige Jorge Klastornick lo hizo con la musicalidad acostumbrada, con timbradas voces; solo podríamos señalar dos aspectos a considerar, el primero, creemos que debieron participar más voces, no por volumen, sino por peso sonoro; el entramado instrumental y vocal lo merecían para llegar a lo óptimo. El segundo aspecto, pensamos que la ubicación del coro, muy atrás en el escenario y la distancia que media entre cada corista, conspira en contra de la precisión en los momentos de cambio de pulso o tempo, por lo que existieron algunos momentos de cierta fragilidad en ese sentido. En todo caso, estas consideraciones en nada opacan el brillante resultado final.

Los solistas fueron la joven soprano Vanessa Rojas y el barítono Ramiro Maturana, quien luego de un importante y notable trabajo en Chile se encuentra trabajando en la Scala de Milán.

La joven y hermosa soprano, posee una bella voz y limpia línea de canto, no obstante creemos que debe trabajar mucho más la expresividad, particularmente en este tipo de repertorio, porque posee talento que la puede encumbrar en su campo.

Ramiro Maturana, en sus dos intervenciones, dio cuenta una vez más de su notable talento, a su bello material vocal, agrega muy buena fonética, prestancia y musicalidad, con las que consigue gran expresividad, que le permiten triunfar ampliamente.

Las largas y entusiastas ovaciones del público asistente, dieron cuenta del impacto provocado en el público.

Todos los intérpretes agradecen las ovaciones del público, la Filarmónica en primer plano, más atrás, Vanessa Rojas, Ramiro Maturana, Jorge Klastornick, dir, del Coro y Pedro Pablo Prudencio, al fondo el Coro del Teatro Municipal. foto Patricio Melo.

En la primera parte se escuchó “Cantus in memoriam Benjamin Britten” de Arvo Pärt, para cuerdas y campana en ostinato. Se trató de una estupenda versión, que cautivó al público desde el primer tañido en pianissimo de la campana tubular, que se repite en crescendo varias veces hasta la entrada de las cuerdas que desarrollan un esquema de carácter canónico, en el que algunos fragmentos se tocan en “aumentación”, esto es duplicando el valor de las notas originales, mientras que algunas de las nuevas apariciones del tema central se presentan en octavas. Todo este material se interpreta haciendo uso de todo tipo de contrates dinámicos, que le dan gran atractivo a la obra, dentro del minimalismo que ostenta, la breve partitura fue recibida con gran entusiasmo por el público, debido al notable trabajo de Pedro Pablo Prudencio y la Filarmónica de Santiago.

Un concierto que sin duda será recordado por largo tiempo.

Gilberto Ponce. (CCA)

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RÉQUIEM DE VERDI EN EL MUNICIPAL.

                           

                              CONMOVEDOR RÉQUIEM DE VERDI.

Una jornada memorable se vivió el sábado 5 de marzo en el Teatro Municipal de Santiago, con la interpretación del monumental Réquiem de Giuseppe Verdi, a cargo de la Orquesta Filarmónica de Santiago, El Coro del Teatro Municipal y un cuarteto de distinguidos solistas.

Bizantinas resultan las discusiones, sobre si se trata o no, de una obra puramente religiosa, o de una ópera disfrazada, críticas que surgieron justo después del estreno, cuando algunos arrugaron el ceño frente a su carácter de gran teatralidad; Giuseppina Strepponi soprano y esposa de Verdi, salió al paso de esas opiniones, con un tajante; “no pretendan que Verdi escriba diferente a lo que su corazón le dicta”, el autor es honesto a su lenguaje, vital en cualquier creación artística, por ello es que, ese tipo de discusiones casi ha desaparecido.

Lo que sí está fuera del cualquier discusión, es que se trata de una de las obras claves de la Historia de la Música y una de las grandes obras maestras del Arte de todos los tiempos.

            El Director Roberto Rizzi Brignoli durante la versión. foto Patricio Melo

Aunque Verdi se calificaba como agnóstico, en la obra no deja de aparecer su formación religiosa, al construir una obra que es una verdadera aventura, que recrea los sentimientos ante el hecho definitivo, que es la muerte, dando cuenta de la angustia propia de quien espera la salvación eterna, la luz perpetua a que alude parte del texto.

Estos sentimientos los representa, en términos muy pictóricos, en lo descriptivo de algunas secciones, como lo es el vertiginoso “Dies Irae”, transcurriendo la obra generalmente entre el temor y la esperanza, ante la decisión del Juez supremo (Dios) en el día final.

El texto tomado del ritual, está vertido por su autor con la fuerza propia del Romanticismo, y desde el punto de vista musical, es de una dificultad gigantesca para todos sus intérpretes, como bien lo calificó alguien, “un verdadero catálogo de dificultades”; los solistas deben asumir extremos tanto en tesitura como en contrastes dinámicos, y posee notables exigencias de afinación para sus concertados “a capella”, debiendo conservar siempre la expresividad; las dificultades descritas, también las debe enfrentar el Coro. Por su parte la orquesta debe responder a todo tipo de articulaciones y fraseos, además de poseer partes vitales como solistas instrumentales.

En este concierto se juntaron por primera vez orquesta y coro en forma completa, y si bien la distancia con el director pudo resultar excesiva para el coro, el profesionalismo de los cantantes salvó cualquier dificultad, en el caso de los solistas, su ubicación entre los violines segundos, pudo desconcertarlos al inicio, producto del cambio de sonoridad de la sala con público, lo que fue amplia y perfectamente solucionado durante el desarrollo posterior.

El director titular del la Filarmónica Roberto Rizzi Brignoli, quien por fin pudo realizar su primer concierto, luego de haber sido nombrado en el cargo el 2019, realizó un cometido de la mejor factura; coherente y unitario en el concepto general, enfatizando la expresión en cada una de las partes, en un continuo que va desde el pianissimo del inicio, hasta aquel, con que concluye en el final.

Consiguió no solo un bello sonido de sus músicos, fue cuidadoso en contrastes y articulaciones, logró espléndidos diálogos entre instrumentos y de estos con los solistas, mientras que, sus precisas indicaciones lograron una espléndida respuesta del Coro.

El excelente Coro del Teatro Municipal que dirige Jorge Klastornick, consiguió una interpretación que solo puede ser considerada de formidable, dicción perfecta, y bellísima sonoridad, a pesar de cantar con mascarillas, cada voz perfilada, fraseos y articulaciones precisas, afinación impecable, particularmente las partes “a capella”, como no destacar el emocionante final con la soprano.

Parte de la Filarmónica, el director Roberto Rizzi Brignoli, los solistas, el bajo Homero Pérez-Miranda, el tenor Pedro Espinoza, la mezzosoprano María Lujá Mirabelli y la soprano Andre Aguilar, durante el concierto. foto Patricio Melo

El cuarteto solista fue encabezado por la soprano Andrea Aguilar, la mezzosoprano María Luján Mirabelli, el tenor Pedro Espinoza y el bajo- barítono Homero Pérez- Miranda, teniendo cada uno de ellos sobresaliente desempeño.

La soprano Andrea Aguilar, que sin duda ya alcanzó notable madurez interpretativa, manejó los inmensos desafíos con prestancia ejemplar, haciendo gala de contrastes dinámicos, y emotiva expresividad en sus cuasi parlato, asimismo su manejo de los agudos, incluidos los Do sobre agudos, y en sus intervenciones a solo, siempre con afinación ejemplar, así como en su ensamblaje con el resto de los solistas y coro, la convirtieron en una gran triunfadora.

La mezzosoprano María Luján Mirabelli, quien debe abordar ya desde el inicio, un rol de gran protagonismo, lo hizo con su timbre cálido, sólidos graves y firmes agudos, dando la pauta expresiva al resto de los solistas, pues inicia muchos de los concertatos, sus dúos con la soprano fueron de exquisito fraseo y musicalidad, al tiempo que su estupenda afinación, fue parte fundamental en el andamiaje armónico de las secciones “a capella”.

Pedro Espinoza tenor, posee una musicalidad notable que acompaña con gran seguridad, sus partes más expuestas, Ingemisco y Hostias las enfrentó con gran profesionalismo, sin problemas en los feroces agudos, manteniendo en todo momento la expresividad, su dramático Kyrie eleison fue un anticipo de lo que mostraría posteriormente.

Homero Pérez-Miranda el bajo barítono, respondió con el profesionalismo a que nos tiene acostumbrados, hermosa voz, manejo expresivo, que es uno de sus rasgos más característicos, le permite dar el dramatismo necesario y preciso en sus intervenciones, como en su “salvame fons pietatis” o el emotivo “lacrimosa” con coro y el resto de los solistas, sin olvidar su poderoso “Confutatis

El público no escatimó sus ovaciones premiando el desempeño del cuarteto de solistas.

Todos los intérpretes de la memorable versión, agradecen las ovaciones del público. foto Patricio Melo.

Aunque pueda resultar injusto, nos permitimos destacar algunos de los que creemos logros más sobresalientes de la versión; el sobrecogedor inicio «Réquiem aeternam«, luego la polifonía del “Te decet hymnus”, el primer concertato de solistas y coro en elKyrie”. Triunfo absoluto en expresividad, precisión rítmica y contrastes dinámicos mostró el “Dies Irae”, con aquel espectacular “Tuba mirum” que incluye a las trompetas en diversas locaciones de la sala.

La emotividad expresiva de los solistas en el “Liber scriptus proferetur”, la exclamación dolida del coro y solistas pidiendo “Salvame fons pietatis”, el sereno y conmovedor dúo de soprano y mezzo en “Recordare” cantado con gran sutileza expresiva.

No podemos evitar cerrar este comentario, sin destacar el estupendo desempeño del coro, cantando a ocho voces el poderoso “Sanctus” con su perfecta fuga.

No creemos equivocarnos al decir que, este será uno de los momentos estelares de las temporadas musicales del 2022, el público se resistía a salir para continuar ovacionando a todos los intérpretes de la brillante jornada.

Gilberto Ponce. (CCA)

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CASCANUECES VUELVE AL MUNICIPAL.

EL REGRESO DE CASCANUECES AL MUNICIPAL.

El Teatro Municipal de Santiago, entregó a su público un hermoso regalo de Navidad, al estrenar una nueva versión de uno de los grandes clásicos a cargo del Ballet de Santiago, nos referimos a Cascanueces la hermosa y querida coreografía que con música de Piotr Ilich Tchaikovsky, viene encantando por más de un siglo a espectadores que no se cansan de verla, en particular en las fiestas navideñas.

Luego de muchas temporadas presentando el trabajo de Jaime Pinto, que cosechó mucho elogios, el teatro de Agustinas, presentó ahora la coreografía que a partir del clásico de Petipá realizó su actual director, Luis Ortigoza ex primer bailarín estrella de compañía, versión que contó ahora, con la renovada escenografía y vestuario del afamado Jorge Gallardo, de intensa y exitosa carrera en los principales teatros del mundo.

El marco escenográfico de Gallardo, es a la vez sobrio y elegante para la casa familiar de Clara, lúdico y ensoñado en las transformaciones donde ocurriran la batalla entre ratones y los soldados de Cascanueces, y mágicamente etéreo en la escena los copos de nieve. El Mundo de los Juguetes, de sorprendente belleza, tiene como eje tres huevos Fabergé dos de los cuales giran, mientras que el central, servirá de trono para que Clara presencie el homenaje a ella. Los cambios escenográficos a la vista del público, causaron gran impacto.

                              Escena de los Copos de Nieve. foto Patricio Melo

El vestuario, es elegante en su sobriedad para la fiesta en casa de Clara, mágico y bello para la escena de los copos de nieve, y certero en su variedad en el acto final, mención especial merece los diseñados para Cascanueces y posterior Príncipe, para la Reina de los Confites tanto como para Drosselmeyer, en su doble función de tío y mago.

La Iluminación a cargo de Ricardo Castro, fue el complemento perfecto en todas las escenas y acciones.

El acompañamiento orquestal estuvo a cargo de la Filarmónica de Santiago, bajo la estupenda dirección de Pedro Pablo Prudencio, el conjunto mostró bellísimo sonido, afinación ejemplar, pero sobre todo musicalidad. Prudencio hizo derroche de contrastes dinámicos, con certeras articulaciones, al tiempo que acompañó tanto a solistas como a la compañía con extrema precisión.

Creemos pertinente señalar, que la música de este ballet, así como en la ópera Don Giovanni anterior, suenan de maravilla en la ubicación donde la orquesta se ubica ahora, pues permite interpretarla con orquesta completa, algo imposible de realizar en foso orquestal, por ello es que debiera pensarse en alguna solución, cuando la pandemia acabe, intentando agrandar el foso para que quepa una mayor cantidad de músicos, y así mejorar sustancialmente el sonido.

Nos correspondió asistir solo al segundo elenco, por ello este comentario se limitará sólo a ese elenco.

                                          Final del Vals de Las Flores. foto Patricio Melo

Lo primero que corresponde, es alabar el rendimiento del Cuerpo de Baile de la Compañía, que no defrauda en lo certeros y gráciles, tanto como en la compenetración de la coreografía, las escenas de conjunto merecen elogios mayores; del mismo modo destacaremos a los alumnos de la Escuela de Ballet, que son ya capaces de anticipar las aptitudes que desarrollarán en el futuro.

Cristopher Montenegro, asumió como Cascanueces y el Principe, en un rol que aún debe desarrollar, pues a pesar de sus innegables condiciones como bailarín, las mismas que le han hecho triunfar en otros papeles, en esta oportunidad se le vio algo inseguro y rígido en sus solos, y en los pas de deux no fue el complemento necesario para la Reina de los Confites, sin duda que, con trabajo en este sentido y aprovechando su natural talento, llegará a triunfar tanto como lo ha hecho en otros roles, no obstante en sus pasajes con Clara, su rendimiento fue superior.

Llegada de Cascanueces (Cristopher Montenegro) y Clara (Lorena Borja) al Reino de los Copos de Nieve, a la derecha Drosselmeyer (Mirolslav Pejic). foto Patricio Melo

Clara fue Lorena Borja, quien lo hizo con presencia escénica y gracilidad. El papel de la Reina de los Confites, uno de los más codiciados por las bailarinas, debido al despliegue técnico que requiere y permite, lo asumió en esta oportunidad Romina Contreras joven figura de meteórico ascenso, su bien conocido enorme talento y personalidad, lo desarrolló ampliamente en sus solos, no obstante los dúos con Cristopher Montenegro, no se la vio cómoda, sin duda, y aquí fue evidente, ambos solistas deben necesariamente trabajar mucho juntos, para lograr la necesaria simbiosis técnica y de interpretación, para ellos fue su debut, y precisan más trabajo juntos, pues ambos tienen sobrado talento.

Drosselmeyer, es un rol que permite desarrollar un personaje dual, pues es un ser humano con características de mago, y que en cierta forma conduce la trama, Mirolslav Pejic, posee condiciones histriónicas y técnicas que le permitieron lograr señalado éxito.

El Príncipe (Cristopher Montenegro), Drosselmeyer (Miroslav Pejic), la Reina de los Confites (Romina Contreras) y Clara (Lorena Borja) en el Reino de los Confites. foto Patricio Melo

La coreografía de Luis Ortigoza, es bastante innovadora y a la vez clásica, a manera de ejemplo, escena de la fiesta en casa de Clara, es bastante apolínea y responde al deseo del coreógrafo de acercarse a las raíces del origen, bien sabemos que en el ballet ruso, los personajes responden a estereotipos, más que a personas reales, y este aspecto fue evidente en esta escena de la lograda coreografía, en la que cada una de las escenas de conjunto que son abundantes, fueron un triunfo absoluto.

Las incansables ovaciones que el público otorgó a esta producción, a cada uno de los solistas, cuerpo de baile y particularmente a la Filarmónica dirigida por Pedro Pablo Prudencio, la convierten en un verdadero suceso, y sin duda en una de las mejores producciones del año.

Gilberto Ponce (CCA)

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DON GIOVANNI VUELVE AL MUNICIPAL.

DON GIOVANNI DE MOZART POR DOS.

Escena de la fiesta del primer acto; Leporello (Sergio Gallardo), Mazetto (Pablo Santa Cruz), Don Giovanni (Patricio Sabaté) y Zerlina (Marcela González), atrás el Coro del Municipal y en primer plano la Filarmónica. foto Juan Millán.

Han sido tiempos difíciles, para las artes en esta pandemia, no obstante las diversas instituciones culturales, han hecho todo lo posible, para cumplir con su misión de llevar el arte a los públicos, al tiempo que los artistas a su vez intentan retomar sus actividades.

En este contexto lleno de dificultades, el Teatro Municipal de Santiago, ha logrado reencontrarse con el público, tanto en funciones de Ballet, conciertos de la Filarmónica de Santiago, y ahora dando el paso de estrenar una ópera, donde se involucró además una sección del Coro del Municipal.

Se anunció previamente, que estas funciones sería en el formato de “ópera-concierto”, pero a pesar de aquel anuncio, los espectadores se encontraron con la grata sorpresa, que gracias a la iniciativa del Director Residente Pedro Pablo Prudencio, esta presentación, incluyó una cierta puesta en escena, con una plantilla básica de regie, así como dos tarimas a los costados del escenario, y tres atrás donde se ubicaron algunos bronces de la orquesta, además de cortinas semi transparentes que subiendo o bajando, creaban ambientes que se reforzaron con la iluminación, además de un muy interesante juego de luces y niebla en una trampa en el piso. En cuanto al vestuario, al parecer se insinuó a los cantantes el estilo y colores a utilizar.

Don Giovanni (Javier Weibel), Don Octavio (Felipe Catalán), Doña Anna (Andrea Aguilar) y Doña Elvira (Patricia Cifuentes) foto Juan Millán

Lo anterior se complementó con un cuarteto de cuerdas que tocó desde los costados de la platea, mientras la sala se iluminaba, en la escena de la fiesta, o bien la intervención de doña Elvira desde el palco del alcalde, para la escena de la Serenata, mientras en la escena final el Comendador canta desde la entrada de la platea y el coro masculino, desde la galería.

En fin, todos estos aspectos crearon un espectáculo coherente que atrapó al público, de las dos funciones que presenciamos.

La versión de Prudencio, es una versión enérgica y en un continuo que no se interrumpe, desapareciendo los baches, que a veces se producen, particularmente entre recitativos y arias, en esta ocasión nada de eso ocurrió, y los encargados del “continuo”, clavecín, chelo y contrabajo, cumplieron ejemplarmente su cometido.

Acompañó con precisión a los cantantes, logrando musicales diálogos con la orquesta. Sería largo detallar sus logros, pero no sería justo dejar de señalar el impresionante final, con el trío de voces graves, y el salto a la moraleja con que los protagonistas invitan al público a no incurrir en los vicios de don Giovanni, para no terminar en el infierno.

Otro aspecto a destacar, es la participación de dos elencos nacionales, que demostraron gran solvencia, con algunos debutantes en ese escenario, lo que al parecer está asegurando el natural recambio.

Don Octavio (Gonzalo Quinchahual), Mazetto (Pablo Santa Cruz), Doña Elvira (Paulina González), Zerlina (Marcela González), Doña Anna (Carolina García-Valentín), Don Giovanni (Patricio Sabaté) y Leporello (Sergio Gallardo).foto Juan Millán

El llamado elenco “A”, fue encabezado por Patricio Sabaté en el rol de don Giovanni, donde una vez más dio cuenta de su enorme profesionalismo tanto como cantante y como actor, algo que para este papel es fundamental, Sabaté transitó por todas las sinuosidades del burlador, desde el cínico y arrogante, hasta el tipo que se desdobla en sentimentalismo en sus conquistas, sus logros fueron muy aplaudidos por el público.

Doña Anna la hija del Comendador, fue asumido por Carolina García-Valentín, ella es dueña de una bella y poderosa voz, que tal vez pudo haber graduado un poco más, permitiéndole así enfrentar mejor algunas de las coloraturas, no obstante lo anterior su desempeño dramático la hizo merecedora de un importante triunfo, en un rol que debe debatirse entre el deseo de vengar a su padre, asesinado por Giovanni, pero del que siente al mismo tiempo atraída, mientras mantiene su compromiso con don Octavio.

Este papel, estuvo a cargo del debutante en este escenario, el tenor Gonzalo Quinchahual, que posee una hermosa voz, acompañada de gran musicalidad, su timbre liviano, sufrió en momentos el volumen de doña Anna. Pero sin duda se trata de una joven promesa, que logrará sin duda grandes éxitos, como el conseguido en esta oportunidad.

Doña Anna (Andrea Aguilar) intenta no ser seducida por Don Giovanni (Javier Weibel) Foto Juan Millán

Paulina González fue doña Elvira, la otra protagonista, a quien no le importa ser una más, de la larga lista de conquistas de don Giovanni, ella será incansable intentando atraparlo, su hermosa y a la vez musical voz, no tiene dificultad alguna en las coloraturas, y su convincente actuación, la convirtieron en otra triunfadora.

Codiciado es el rol de Leporello, el criado del don Giovanni, que además de cuidar las espaldas de su patrón, debe asimismo asumir las consecuencias de las conductas de este. Este personaje simpático, y algo cínico, tiene que asumir lo voluble y servil que debe ser con su amo, pero con características algo bufas; la gran experiencia de Sergio Gallardo le convirtió en triunfador, sus diálogos con Giovanni, su cómico “Catálogo”, y el terror de la escena final, lo confirman como una gran figura de nuestros escenarios.

Marcela González, que a sus dotes de cantante suma sus grandes condiciones de actriz, fue una Zerlina cautivante y provocadora, meliflua en su relación con Mazetto y sensual en el cortejo que le hace Giovanni, ese dúo fue exquisito, tanto como cuando reconquista a Mazetto.

Atrás Leporello (Matías Moncada),Don Giovanni (Javier Weibel), delante Doña Elvira (Patricia Cifuentes), Don Octavio (Felipe Catalán) y Doña Anna (Andrea Aguilar) foto Juan Millán

Otro debutante en un papel importante en el Municipal, fue el barítono Pablo Santa Cruz, quien como Mazetto mostró hermosa voz, y bastante soltura en actuación, sin duda otra de las jóvenes promesas del canto.

Aunque breve en extensión, el rol del Comendador, es fundamental, particularmente en la escena final, cuando llevará a don Giovanni al infierno, creemos que el más indicado para desempeñarlo, es precisamente Homero Pérez-Miranda, que lució su notable material vocal en ambos elencos, en particular cuando lo hace desde la entrada de la platea, llenando impresionantemente la sala.

El público ovacionó entusiasta y largamente a todos los protagonistas, en esta vuelta de la ópera al escenario del Municipal.

El elenco “B”, estuvo encabezado por Javier Weibel como don Giovanni, este barítono reconocido por su calidad vocal y como intérprete, acentuó más al conquistador siendo por ello menos lúdico, pero fue un expresivo cantante de convincente escena.

Andrea Aguilar, sigue dando importantes pasos en su ascendente carrera, asumió con propiedad como doña Anna, vocalmente no solo fue expresiva, pues su actuación captó muy bien el espíritu de su personaje, con todas sus ambigüedades, al tiempo que desplegó fáciles coloraturas y línea de canto.

Zerlina (Marcela González), Mazetto (Pablo Santa Cruz), Leporello (Sergio Gallardo), Don Giovanni (Patricio Sabaté), Doña Anna (Carolina García-Valentín), Don Octavio (Gonzalo Quinchahual) y Doña Elvira (Paulina González) foto Juan Millán

Felipe Catalán, fue un austero don Octavio, que le permitió mostrar su cálido timbre de tenor, certeros fraseos y seguros agudos, pensamos que debiera trabajar más la expresividad en actuación.

Doña Elvira, otra de las perdidas enamoradas de Giovanni, fue cantado y muy bien actuado por la experimentada soprano Patricia Cifuentes, quien sin problemas transitó por los diversos estados de su personaje, no obstante su solvencia, creemos que podría cuidar un poco la emisión de algunos algunos agudos, que resultaron a veces algo excesivos. No obstante, su prestancia fue bien reconocida por el público.

Doña Anna (Carolina Garcís-Valentín) intenta descubrir a Don Giovanni (Patricio Sabaté) foto Juan Millán

Otra de las buenas sorpresas, lo fue Matías Moncada quien fue un muy acertado Leporello, sin problema alguno en lo vocal, a su hermosa voz agrega fraseos inteligentes, que se suman a una natural y convincente actuación, con la que convence plenamente.

Vanessa Rojas y Nicolás Suazo, como Zerlina y Masetto, configuraron a la pareja que pasa del amor a la duda, para volver a encontrarse, Vanessa posee una hermosa voz que acompaña con una natural actuación, en el caso de Nicolás Suazo, pensamos que debería trabajar más el volumen, pues como actor es convincente y natural.

Ya comentamos el rol del Comendador, que fue el mismo Homero Pérez-Miranda. El grupo del Coro del Municipal (dir. Jorge Klastornick) con la solvencia y prestancia que le conocemos, a pesar de las mascarillas con las que cantaron.

Don Giovanni (Patricio Sabaté) es llevado por el Comendador al infierno, ante el horror de Leporello (Sergio Gallardo, en la impresionante escena final, Pedro Pablo Prudencio en primer plano y la Filarmónica de Santiago. foto Juan Millán

El público, al igual que al otro elenco, ovacionó a todos los intérpretes, de este Don Giovanni de Wolfgang Amadeus Mozart, anunciado como ópera-concierto, pero que sorprendió, con una creativa puesta en escena,

Gilberto Ponce (CCA)

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BREVE TEMPORADA FILARMÓNICA.

DOS CONCIERTOS FILARMÓNICOS.

La Orquesta Filarmónica de Santiago, dio inicio a una breve temporada de conciertos, que se adecuó a las circunstancias de la pandemia, esto se traduce en realizar varias presentaciones de cada programa, puesto que en cada función, se debe respetar el aforo permitido para el público, y del mismo modo la orquesta, que para observar la distancia exigida entre los músicos, se ubica en buena parte de la platea, quedando otra sección con butacas para parte del público, el resto del aforo para palcos, balcón, anfiteatro, además de sillas ubicadas sobre el escenario, lo permite observar a la orquesta en 360 grados.

La acústica ha demostrado ser estupenda, permitiendo escuchar detalles muchas veces impensados, esta solución ha sido descrita por el público como muy satisfactoria, tanto en sonido como en lo visual.

En la presente temporada se han presentado solo batutas nacionales, permitiendo valorar los avances que estos directores muestran.

El primer programa fue dirigido por Francisco Rettig, con un repertorio que abarcó un estreno de una obra de Diego González un joven compositor nacional, quien ganó el concurso abierto por la orquesta, y cuyo premio más importante, consiste en la interpretación de la partitura por la Filarmónica, en uno de sus conciertos.

La obra se titula Cantos de la Noche, y está basada en una serie de poemas donde cada una de sus partes corresponde a uno de ellos. En verdad cuesta hacer la asociación entre los textos y la música, debido a la duración a veces muy menor de cada parte, por ello es que preferimos hacer un comentario general de la obra. Este se destaca por un cuidadoso estudio de timbres y texturas sonoras, que aprovechan la gran orquesta, para la que fue escrita. En ella encontramos esquicios melódicos y en un par de ocasiones, algunas de estos fragmentos se repiten, como en el número que una parte simula una fanfarria.

La versión de Rettig y la Filarmónica fue cuidadosa y entusiasta, pero su discurso tal vez algo discursivo, no provocó mayor entusiasmo en el público que respondió con cortesía respetuosa.

El hermoso y poco frecuente en nuestras temporadas, Concierto para Arpa, Flauta y Orquesta de Wolfgang Amadeus Mozart, que siguió con el programa, encontró en sus dos solistas Alida Fabris (arpa) y Carlos Enguix (flauta) unos espléndidos intérpretes, fueron de extrema musicalidad, gran despliegue técnico e impecables en su desarrollo, las cadenzas no solo fueron virtuosas, ya que les permitieron demostrar toda su potencialidad como instrumentistas.

Nos habría gustado que batuta hubiese correspondido a sus fraseos y articulaciones, pues encontramos que el acompañamiento fue amable y justo, pero bastante plano lo que impidió apreciar mejor las bondades de la orquestación. El público no escatimó en sus aplausos para ambos solistas, a los que se agregaron con entusiasmo los músicos de la orquesta, no olvidemos que ambos son miembros de la Filarmónica.

La celebérrima Sinfonía llamada “Del nuevo Mundo”, de Antonin Dvorak, cerró el atractivo programa, en ella Francisco Rettig, hizo valer sus pergaminos musicales, en una versión de muchos logros, que vinieron luego del formidable movimiento Lento, que fue un despliegue de poética y ensoñada musicalidad, tanto, que mantuvo en vilo al publico durante su interpretación, creemos que estuvimos en una de las mejores versiones que hemos escuchado en vivo de este movimiento.

El primero fue correcto, con algo de exceso sonoro de los bronces, de hermoso sonido pero con descuido en el balance, el tercero y cuarto con la certera batuta del director, permitió apreciar todas la bondades de sonoridad y musicalidad de la Filarmónica de Santiago. El público aplaudió sin reservas la versión.

EL REGRESO DE FISCHER A LA FILARMÓNICA.

Rodolfo Fischer el director chileno de una muy interesante carrera en el exterior, volvió a dirigir a la Filarmónica de Santiago, en un programa de gran interés, debido a lo contrastante de sus obras, ya que pudimos escuchar partituras de Leni Alexander una de las compositoras de mayor proyección en nuestro país y el extranjero, junto a obras de Joseph Haydn y Johannes Brahms.

Nos correspondió escuchar el primero de los conciertos, razón por la cual creemos que en funciones posteriores se solucionarían algunas de las objeciones que encontramos en esta función.

La programación de esta temporada, y en un rasgo que la distingue, presenta en cada concierto una obra contemporánea, y generalmente de un compositor nacional, es así que ahora se pudo escuchar Equinoccio de Leni Alexander, obra cuyo estreno ocurrió en la década del 60 en el Teatro Colón y a fines de ella, le tocó el turno a Chile, donde Juan Pablo Izquierdo la dirigió a la Sinfónica.

La obra responde muy fielmente a la estética de esos años, en los que triunfaban sin contrapeso el dodecafonismo y el serialismo, tendencias que finalmente fueron superadas por otros movimientos más eclécticos, que mezclan lo moderno con lo más tradicional.

La versión de Fischer fue en extremo cuidadosa, con buen uso de contrastes, al tiempo que destacó algunos fragmentos, para darle un mayor sentido de continuidad, el público agradeció la entrega de la Filarmónica y su director.

Rodrigo Arenas, fue el gran triunfador de la velada con su interpretación del Concierto para Trompeta y Orquesta en Mi bemol mayor de Joseph Haydn. Con una versión solo puede ser calificada de magnífica en todo sentido.

Arenas, no solo posee afinación perfecta, su gran musicalidad le hace frasear con precisión y elegancia y su concepto responde al clasicismo más riguroso, haciendo uso preciso de las articulaciones y contrastes dinámicos. El acompañamiento de Fischer fue correcto, pero a nuestro juicio le faltó enfatizar fraseos y articulaciones que respondieran a lo que el solista planteaba; no obstante estas consideraciones, la versión consiguió las más entusiastas ovaciones del público, reconociendo el trabajo impecable de Rodrigo Arenas, que también es miembro de la orquesta.

La Sinfonía N.º 2 en Re mayor de Johannes Brahms que dio por finalizado el concierto, mostró un desarrollo de menos a más, con inicio algo dubitativo, que después mejoró notablemente en esamblaje y sonido orquestal, aunque creemos que a la batuta (algo extraño en Fischer) le faltó más compenetración romántica, y manejar mejor los equilibrios sonoros, en particular los bronces, cuya sonoridad opacó a las cuerdas en el primer movimiento.

El segundo movimiento mostró una mejoría importante, realzando lo lírico que lo caracteriza, en particular los diálogos entre familias instrumentales, nos pareció muy acertado que hacia el final de esta parte, se hiciera notoria aquella parte que recuerda fuertemente una sección de la segunda parte del Réquiem alemán del mismo Brahms.

El tercero mostró a Fischer plenamente empoderado de la versión, logrando sensible expresividad y muy hermoso sonido de la Filarmónica, este camino ascendente culminó con la espléndida versión del cuarto movimiento, en el que la orquesta brilló en hermoso y musical sonido, con fraseos, juegos dinámicos de gran factura, Rodolfo Fischer logró gran balance sonoro, pero sobre todo empapado del espíritu de Brahms.

El público respondió largamente con euforia, el notable trabajo.

Gilberto Ponce. (CCA)

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REAPERTURA DEL MUNICIPAL.

EL REGRESO DEL BALLET DE SANTIAGO.

En una emocionante jornada, el Teatro Municipal de Santiago reabrió sus puertas a un público presencial, dos de sus conjuntos, el Ballet de Santiago y la Orquesta Filarmónica de Santiago, fueron los encargados de hacerlo el 15 de septiembre, ante una cantidad restringida de espectadores, para seguir los protocolos que obliga la pandemia.

Emocionante fue volver a encontrarse con el personal de portería y sala, los que sin duda tenían los mismos sentimientos, observar a Carmen Gloria Larenas, directora general del teatro, al borde de la euforia por el hecho de dar la bienvenida a un público que no ocultaba la expectación por el histórico momento.

Luego de sus palabras, en las que agradeció a cada uno de los funcionarios de teatro, así como a todos los integrantes de los Conjuntos Estables, a la Municipalidad de Santiago, tanto como a las de Providencia, Las Condes y Vitacura y a los auspiciadores permanentes, invitó a los presentes a presenciar la función. El público respondió con una efusiva y larga ovación, simbolizando en ella todo el enorme afecto que se siente por el Municipal de Santiago, considerado uno de los grandes teatros a nivel internacional.

Como el teatro es monumento nacional, se debió solicitar permiso al Consejo de Monumentos, para modificar el llamado Sillón de Orquesta, para sacar las butacas, y poner las tarimas para la orquesta, de esa forma de guardar las distancias exigidas por el Covid19, afortunadamente la estupenda acústica del Municipal no se resintió, y la orquesta pudo ofrecer una gran presentación, bajo la dirección de Pedro Pablo Prudencio, su Director Residente.

El programa se llamó Trilogía + 1, que permitió a la compañía transitar por diversos estilos de danza, desde la clásica hasta la contemporánea, dando cuenta de su ductilidad y rigurosa preparación, siendo además la oportunidad para la despedida de los escenarios de su Primera Bailarina Estrella, Andreza Randisek, quien se retira luego de una brillantísima carrera en el Ballet de Santiago.

Réquiem para una Rosa de la coreógrafa belga-colombiana Annabelle López- Ochoa, dio inicio a la velada, su trabajo transita desde lo contemporáneo a lo clásico, y creemos que bien le cabe como definición, “Belleza y Poesía”, puesto que lo sensible y sutil se mezcla con la fuerza del inicio y final.

Requiém para una Rosa (Romina Contreras y Compañía) Foto Patricio Melo

Romina Contreras, asumió como la Rosa, que es un símbolo muy amplio que alcanza tanto a la diosa del amor, como a la belleza y el deseo, mostrando un vez más los notables avances que sigue alcanzando.

Doce bailarines, mujeres y hombres simbolizan un ramo de rosas, vestidos todos igual, en notable trabajo de Tatyana Van Walsum, la música pertenece al hermoso Adagio del Quinteto para cuerdas en Do mayor de Franz Schubert.

El trabajo perfecto de los bailarines coreografiando a Schubert, dejaron suspendido al público, que ovacionó sin pausa, uno de los trabajos más interesantes y hermosos que hayamos visto en el último tiempo, el que contó con la bella iluminación de Ricardo Castro.

Del afamado Ben Stevenson se ofreció luego “Tres Preludios” con música de Sergei Rachmaninoff, con Natalia Aquiles acompañando en piano y sobre el escenario, con un desempeño brillante en la nada fácil partitura.

Lo bailaron Noelia Sánchez y Cristopher Montenegro, mostrando con sólida y expresiva técnica, como dos bailarines se enamoran durante el trabajo técnico de ensayos. Esta obra fue remontada por la inolvidable Sara Nieto, que fuera llamada por Luis Ortigoza director del ballet, en un aporte de gran interés, por la experiencia que ella puede aportar. Una larga y merecida ovación premió a todos los intérpretes y a la repositora Sara Nieto.

Noelia Sánchez y Cristopher Montenegro en Tres Preludios. Foto Patricio Melo

Con una espontánea y cálida ovación, fue recibida después, la Orquesta Filarmónica de Santiago, al ingresar a la sala, para acompañar ahora el Pas de deux, conque finaliza el primer acto de Carmen, la estupenda coreografía que Marcia Haydée, creara para el Ballet de Santiago, coreografía que utiliza parte de la música de la ópera, agregando fragmentos de “Los pescadores de perlas” y de la Sinfonía en Do, del mismo Georges Bizet, usados en esta parte.

Andreza Randisek, Primera Bailarina Estrella, fue acompañada por Rodrigo Guzmán otro de los Bailarines Estrella de la compañía.

Andreza Randisek y Rodrigo Guzmán en el Pas de deux de Carmen. Foto Patricio Melo

Haydée crea una obra de sutil erotismo, que exige en lo técnico un dominio perfecto del cuerpo, para no caer en lo vulgar, la pasión de Don José que es conquistado sin reservas por Carmen, encontró en ambos intérpretes verdaderos referentes para estos roles, el acompañamiento de la Filarmónica fue ajustado y musical. Emocionante despedida de una de las bailarinas inolvidables del Ballet de Santiago.

El programa finalizó con el estreno de “La 5ª” inspirada en la celebérrima Quinta Sinfonía de Ludwig van Beethoven, en una coreografía de Esdras Hernández, que habla del desmoronamiento de la sociedad, debido a sus múltiples lacras, para ello usa un vestuario igual para mujeres y hombres, todo en negro, además con maquillaje facial en líneas negras (no se consigna al creador del vestuario) y la iluminación, también de Ricardo Castro, tiende a lo oscuro, acentuando lo pesimista. La única excepción la constituye, un personaje mitológico griego, vestido en túnica blanca, al parecer para interrumpir la decadencia, pero eso es solo un supuesto, ya que su rol no queda suficientemente claro.

La coreografía enfatiza el vigor y la fuerza, y en esto la compañía mostró notable solvencia, no obstante a pesar de su entrega, esta no fue suficiente como para anular algunos cabos sueltos, que le hacen perder fluidez al trabajo que consideramos irregular, tiene momentos brillantes, y otros más obvios.

La Compañía durante un momento de «La 5ª». Foto Patricio Melo

Creemos que a pesar de los valores que tiene La 5ª, esta intentó abarcar demasiado en mensajes, y se aparta del concepto fundamental de Beethoven, la tenaz lucha por vencer su terrible destino, que al final es aceptado, pero como canto de optimismo y esperanza, algo que no se refleja en el trabajo.

A pesar de estas personales observaciones, el público reconoció el tremendo trabajo de la Compañía, y el de la Filarmónica, que dirigida por Pedro Pablo Prudencio consiguió una gran respuesta de sus músicos, y por supuesto premió la honestidad del trabajo de Esdras Hernández.

El público, no cesaba de aplaudir, hubo múltiples cortinas, en una tarde cargada de emociones, por la felicidad de los asistentes ante la reapertura del Municipal.

Gilberto Ponce. (CCA)

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LA SINFÓNICA VUELVE AL BAQUEDANO.

LA VUELTA DE LA SINFÓNICA.

Una de las noticias más importantes en el ámbito de la cultura, generadas en el último tiempo, se relaciona con la vuelta a los escenarios y con público, de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, conjunto que sábado recién pasado realizó su primer concierto, en el Teatro Baquedano, luego de dos años de silencio, primero debido al estallido social y luego a la pandemia.

El concierto debió realizarse en día sábado y a las 13.45, pues es sabido que los viernes se realizan manifestaciones, que involucran gases lacrimógenos, siendo difícil tanto para el conjunto como para el público, intentar acercarse al recinto, incluso en esta oportunidad el público invitado debió ingresar por un costado, pues las puertas de entrada se encuentran cerradas por seguridad.

El teatro, pintado y refaccionado recibió a un público muy emocionado, por el hecho de reencontrarse con una de las orquestas más importantes de nuestro país, suponemos que la misma emoción, embargó a cada uno de los integrantes que participaron en esta oportunidad, los que corresponden solo a una fracción del total, pues debido a la distancia que deben mantener entre ellos, no es posible aún subir al escenario a toda la orquesta.

Este factor explica que el repertorio fuera dedicado al Barroco, cuestión que es bastante expuesta, para músicos que generalmente abordan poco este repertorio, pero que a pesar de ello, sus resultados fueron más que satisfactorios.

Bajo la dirección de su director titular Rodolfo Saglimbeni, abordaron el Stabat Mater de Antonio Vivaldi y una de las Suites de la “Música del Agua” de Georg Friedrich Haendel.

María Fernanda Carter y el Conjunto dirigidos por Rodolfo Saglimbeni, en el Stabat Mater de Antonio Vivaldi.

María Fernanda Carter, integrante de la Camerata Vocal de la Universidad de Chile, acompañada de un pequeño conjunto de cuerdas además de órgano, interpretó la obra, una de las tempranas del músico veneciano, lo hizo con hermosa voz, dando cuenta de su musicalidad, como conocemos su rendimiento, nos sorprendió su volumen, muy distante al que acostumbra, incluso sus graves, que son su fortaleza fueron débiles, Saglimbeni realizó un ajustado acompañamiento, el que fue reconocido con entusiasmo por el público presente.

Luego la orquesta ahora aumentada en cuerdas, maderas, bronces y timbales, ejecutó en forma brillante una de la suites de la célebre “Música del Agua” de Haendel.

La Sinfónica durante la brillante versión de la «Música del Agua» de Haendel. dirigidos por Rodolfo Saglimbeni.

Se escuchó en esta ocasión una en que se privilegian los cornos, algo impensado algún tiempo atrás, debido a que una gran debilidad de la orquesta, eran precisamente los cornos, pero en esta ocasión el director estuvo certero en su elección, puesto que, la participación de estos instrumentos a lo largo de toda su participación, fue un verdadero lujo, hermoso sonido, afinación impecable y sólidos contrastes dinámicos acompañado de gran musicalidad, aplausos para los dos instrumentistas.

Pero pecaríamos de injustos, si no destacáramos a los brillantes trompetistas, el ajustado y musical desempeño del timbal, y la exquisitez y enorme musicalidad de los solistas en oboe, flauta y flautín, tanto como el solista en fagot.

Las cuerdas recuperaron la musicalidad y bello sonido a que nos acostumbraron por mucho tiempo, las que junto al resto de los participantes en la versión, siguieron las precisas indicaciones del director Rodolfo Saglimbeni.

Una jornada que los asistentes recordarán por largo tiempo, primero por el hecho que la orquesta se reencontró con el público en un recinto que, ojalá pueda volver a funcionar con normalidad y por el estupendo resultado conseguido por los músicos participantes.

Gilberto Ponce. (CCA)

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