TERCERA SINFONÍA DE MAHLER EN EL CEAC.

LEONID GRIN DIRIGE LA TERCERA SINFONÍA DE MAHLER EN EL CEAC.

En el sexto concierto de la Temporada oficial de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, se escuchó una de las obras más monumentales de la historia de la música, nos referimos la Sinfonía Nº 3 en Re menor de Gustav Mahler, que Leonid Grin dirigió a una solista, la sección femenina de los Coros Sinfónico y Camerata Vocal de la Universidad de Chile y al Coro de Niñas del Colegio Almendral de La Pintana.

El compositor Gustav Mahler niño. foto diewelt

La vida de Mahler fue una verdadera odisea de carácter espiritual, pues a lo largo de ella el autor buscó intensamente en diversas fuentes un reposo trascendente, bien se sabe que desciende de una familia judía tradicional, no obstante se ve constantemente tensionado por el cristianismo, finalmente se bautizará como católico, pero sin abandonar ideas panteístas.

Sus obras reflejan este azaroso camino, dejando en claro la constante inquietud que en este ámbito vivió el compositor, tal vez esta sea la razón que le llevó a utilizar tanto la palabra en sus obras, recordemos que podemos encontrar textos orientales, cristianos y muchos de la tradición popular germánica, que se cruzan con algunos de Nietzsche o de Goethe.

Gustav Mahler. foto visionescriticas

Esta sinfonía es casi una síntesis de este vagar, y no es menor que haya llevado como subtítulo el de “La Gaya Ciencia” obra de Nietzsche y tome el Poema de la Medianoche de Así habló Zaratustra, para incorporarlo antes del movimiento donde utiliza un poema del ciclo  El cuerno mágico del Juventud, en un vuelco a lo cristiano.

Incluso los nombres de cada movimiento nos hablan de esa mirada panteísta y religiosa; 1.- “El dios Pan hace su entrada triunfal”, 2.- Lo que me dicen la flores de la pradera, 3.- Lo que me dicen los animales del bosque, 4.- Lo que me dice la Medianoche, sobre el poema de Nietzsche, 5.- Lo que me dicen la campanas de la mañana, sobre una poesía de carácter religioso, para finalizar con el sexto; Lo que me dice Dios o el Amor, como vemos una aventura expuesta con una enorme orquesta, una mezzosoprano solista y dos coros.

Leonid Grin dirigiendo la Sinfonía de Mahler. foto Patricio Melo

La versión de Leonid Grin tuvo una serie de valores en particular el carácter que imprimió a los diversos movimientos, donde plasmó en gran medida su trasfondo, sin embargo para el logro pleno de sus ideas tuvo en contra la deficiente acústica del Teatro del CEAC, que amplifica los errores instrumentales e impide conseguir balances entre familias, además como se trata de un escenario pequeño los coros se ubicaron de forma tal que no fue posible esa suerte de antifonía entre el coro adulto y el de niños, y aún más, según nuestro parecer al colocar a las niñas entre las sopranos y las contraltos, sus timbres se confundieron sin el necesario contraste en sus voces.

Sinfónica Nacional, Coro femenino de la Universidad de Chile, Coro de Niñas del Colegio Almendral de la Pintana, la mezzosoprano Nora Sourouzian dirigidos por Lenid Grin. foto Patricio Melo

Independiente de lo anterior es necesario consignar la estupenda preparación de ambos conjuntos, Juan Pablo Villarroel en el femenino y Marcela Serrano las niñas, que debieron tratar de suplir el timbre de los niños varones pedidos por Mahler.

Algo importante de destacar, es el enorme interés que provoca la programación de obras de Mahler, en esta oportunidad, al igual que en otras el teatro se encontraba atestado de un público ansioso de escuchar, particularmente esta sinfonía que ejecuta tan poco.

El extenso primer movimiento tuvo luces y sombras, con secciones de bello sonido y gran sentido del carácter, destacamos los unísonos de los cornos del inicio, poderosos y musicales, algún desliz de algunos en algún momento posterior no empañó el total, asimismo las partes del solista a lo largo de toda la obras, fueron notables.

La mezzosoprano Nora Sourouzian, en el cuarto movimiento. foto Patricio Melo

Si bien habría que destacar la excelencia algunos de los frecuentes solos instrumentales, lo más sensible fue el sonido crudo de algunas familias en algunos fragmentos, tanto como una afinación dudosa particularmente en chelos y contrabajos, agreguemos un balance instrumental donde maderas y bronces excesivos en sonido tapando muchas veces a las cuerdas, que en general tuvieron un gran rendimiento, los solos del concertino fueron hermosos y musicales.

Las partes más íntimas del segundo movimiento fueron un gran logro destacándose el oboe solista, además a nuestro parecer este movimiento fue uno de los más exitosos, en el tercero se destacó la musicalidad de la trompa de caza, que toca desde fuera del escenario, logrando un instante de magia.

Integrantes de los Coros participantes. foto Patricio Melo

Una de las partes más hermosas es el breve cuarto movimiento donde una mezzosoprano canta el texto de Nietzsche, que fue cantado por Nora Sourouzian, ella tiene una hermosa voz, muy afinada y estupenda presencia, pero su interpretación la encontramos un tanto inexpresiva sin lograr la trascendencia del texto, pero esto perfectamente puede una apreciación personal.

En el quinto además de la solista cantan los coros, su carácter fue logrado y la conjunción solista coros plenamente conseguida.

El apoteósico final. foto Patrcio Melo

El movimiento final, otro de los extensos, fue muy bien abordado por Grin desde la idea inicial que lentamente se desarrolla en expresividad para culminar en la gloriosa afirmación del sentido del Amor y Dios.

Una versión de la que se pueden objetar algunos elementos, pero que indudablemente refleja el sentido que Leonid Grin quiso darle de acuerdo a lo expuesto por Gustav Mahler.

Gilberto Ponce. (CCA)

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EL CRISTO DE ELQUI ESTRENO MUNDIAL.

ESTRENO DE “EL CRISTO DE ELQUI” DE MIGUEL FARÍAS.

Sin duda se trata de una buena noticia, en nuestro país se estrenó una nueva ópera de un compositor nacional, trabajo que para su autor tiene ya un precedente pues hace seis años, Miguel Farías estrenó “Renca, París y Liendres” obra que provocó polémica y que el Círculo de Críticos de Arte le entregó el Premio de ese año, en razón al aporte que significó para la música y arte de nuestro país.

Miguel Farías. foto visionescriticas

Ahora Farías trabajó junto al sociólogo Alberto Mayol, quien escribió el libreto sobre dos obras del renombrado escritor Hernán Rivera Letelier, se trata de “La reina Isabel cantaba rancheras” -sin duda su trabajo más importante-, y “El arte de la resurrección”, obras que aluden al norte de Chile, la primera sobre el prostíbulo que regentaba la Reina Isabel en la pampa nortina de las salitreras y la segunda sobre Domingo Zárate Vega quien recorriendo el norte se hacía llamar El Cristo de Elqui.

Hernán Rivera Letelier. foto duna

Este estreno mundial provoca sensaciones encontradas, algunas positivas y otras que nos merecen objeciones; comenzaremos analizando la composición cuyo lenguaje ecléctico no es rupturista, pero sí esencialmente atonal, encontrándose bastantes alusiones a Fernando García y al minimalismo de Philip Glass, sin olvidar la estupenda estilización de una ranchera, Farías incluye además recursos que acentúan timbres y algunas atmósferas, particularmente en la introducción del Prólogo donde utiliza unas mangueras para simular el viento de la pampa.

Alberto Mayol. foto cnnchile

Tratándose de su segunda incursión en el género lírico, extraña que el autor considere tan poco las tesituras de los cantantes, obligándolos a esfuerzos importantes para que su voz se escuche razonablemente pues en demasiadas ocasiones los abruma con una orquestación muy gruesa. Es así que cantantes notables como Patricio Sabaté o Evelyn Ramírez no logran mostrar plenamente sus virtudes, el personaje mejor tratado en lo vocal es Magalena a quien concede pasajes hermosos y de acuerdo a la tesitura de soprano.

Cardenal (Gonzalo Araya) y Obispos
Cardenal (Gonzalo Araya) y Obispos (Claudio Cerda y Eleomar Cuello) foto Marcela González

Consideramos que el uso casi permanente del ostinato tratado como pedal, termina agotando el recurso diluyendo su interés, asimismo estimamos que la obra no posee progresiones dinámico-expresivas que conduzcan a los necesarios clímax. En contrario, creemos que desde el punto de vista musical lo más atrayente es el inicio del tercer acto con el funeral de la Reina Isabel, que incluye al poeta y coro femenino.

Uno de los Trabajadores junto al Cristo de Elqui (Patricio Sabaté) foto Marcela González

El libreto de Alberto Mayol es de gran simpleza y a veces una tanto “soso” con reiteraciones que resultan cómicas, en nuestra opinión el Prólogo sí tiene un desarrollo conducente, en el resto solo en contadas ocasiones se adentra en las estructuras operáticas, pero asimismo creemos que lamentablemente algunos fragmentos más dramáticos se diluyen con la dirección de escena que divaga entre la comedia y el drama.

La puesta en escena del experimentado Jorge Lavelli, se aleja de lo popular folclórico, y no pretende para nada recrear la luminosidad de las salitreras, solo muestra una cierta cercanía en el funeral de la Reina Isabel, donde se proyectan cerros secos, pero los personajes se mueven sobre un mullido “pasto verde”, en el resto predomina la oscuridad en espacios amplios.

Sabemos que en la actualidad las puestas en escena intentan alejarse de lo real, para plantear los conflictos interiores que “actualizan” las obras, pero en este caso era un estreno donde todo ocurre en el luminoso sol de las salitreras, salvo en las escenas del prostíbulo y la estación de ferrocarril.

En el Prostíbulo el Cliente (Pedro Espinoza) y la Reina Isabel (Evelyn Ramírez) atrás las prostitutas, foto Marcela González

En el tratamiento del vestuario (Graciela Galán) resulta contradictorio que en todos los personajes este sea más bien realista, y el Cristo de Elqui aparezca con algo similar a soldados eslavos, cuando existen fotos reales del personaje, por ello nos preguntamos si se fue tan puntilloso en el vestuario del Cardenal y los Obispos, o con la Reina Isabel, Magalena y Ambulancia, no lo fue con el protagonista.

Bastante recargadas y fellinianas las prostitutas de Isabel, pero cercanas al propósito de lo vulgar; la coherencia total estuvo en el vestuario de los santiaguinos que reciben al profeta, quien llega en un tren con múltiples focos en un efecto confuso.

Reina Isabel (Evelyn Ramírez) y Cristo de Elqui (Patricio Sabaté) en el prostíbulo. foto Marcela González

No obstante en líneas generales Lavelli logra un espectáculo que acierta en el movimiento de los personajes en el escenario, y sus guiños humorísticos cercanos al cien mudo, hacen sonreír sobre todo en los estereotipos de los personajes de iglesia. Otro momento de interés es el baile del caño (adelantándose en el tiempo) realizado por una bella y excelente bailarina acróbata, como espectáculo del prostíbulo.

La iluminación (Roberto Traferri y Jorge Lavelli) para la escenografía de Ricardo Sánchez Cuerda, es cuidadosa, pero exagerando la oscuridad.

Cristo de Elqui (Patricio Sabaté) y Magalena (Yaritza Véliz) foto Marcela González

La Orquesta Filarmónica de Santiago fue dirigida por Pedro Pablo Prudencio, quien logró una sobresaliente respuesta de sus músicos, certero en contrastes, fraseos y articulaciones, logrando crear atmósferas particularmente en los interludios, Prudencio mantuvo absoluto control tanto en el foso como con cada uno de los cantantes en el escenario; merecidísima la ovación recibida al final por el director y sus músicos.

El Coro del Municipal de Santiago que dirige Jorge Klastornick realizando una vez más una excelente presentación en lo vocal y en actuación.

Son quince los personajes que requiera la obra y señalaremos la solvencia actoral de Patricio Sabaté como Cristo de Elqui, quien debió lidiar con una tesitura extremadamente alta, pero logrando otro éxito más en su carrera; tampoco pudo lucir todas sus virtudes vocales Evelyn Ramírez, quien perfiló a una entrañable Reina Isabel quien canta una sentida “ranchera”, diremos que ella no tiene responsabilidad alguna en su jocosa “resurrección”.

Funeral de la Reina Isabel, el Poeta Mesana (Francisco Melo) y prostitutas. foto Marcela González

Yaritza Véliz como Magalena sí pudo exponer su hermosa voz, en un rol muy bien escrito vocalmente, Paola Rodríguez como la prostituta Ambulancia asumió profesionalmente su rol; muy histriónico y certero estuvo Gonzalo Araya como el Cardenal y flemáticamente cómicos los Obispos de Claudio Cerda y Eleomar Cuello; respondieron muy bien a lo satírico de sus personajes de policías Rony Ancavil y Javier Weibel, este último conformó también al sólido trío de trabajadores junto a Francisco Huerta y Jaime Mondaca; no extrañó el buen desempeño de Pedro Espinoza como el cliente del prostíbulo, mientras que Francisco Melo derrochó toda su experiencia actoral como el Poeta Mesana.

Un estreno que fue en general bien recibido por el público, que brindó una ovación a Hernán Rivera Letelier, quien saludó efusivamente al compositor Miguel Farías, más no así al libretista Alberto Mayol.

Gilberto Ponce (CCA)

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NATALIE CLEIN Y SERGIO TIEMPO DE EXCELENCIA.

INAUGURACIÓN ESTELAR NATALIE CLEIN Y SERGIO TIEMPO.

Las ovaciones que se escucharon en la inauguración de la Temporada Internacional Fernando Rosas de la Fundación Beethoven, dieron cuenta del enorme impacto que causó la presentación de dos estrellas de la música; la extraordinaria chelista Natalie Clein y el pianista Sergio Tiempo, ocasión en que se los pudo escuchar a dúo y como solistas.

Natalie Clein. foto visionescriticas

Es absolutamente inoficioso intentar señalar categorías en calidad, pues ambos demostraron todo su talento y musicalidad tanto en dúos como individualmente, en un programa interesantísimo con obras de comienzos del siglo XX.

Si bien podemos calificar de romántico el contenido del concierto, también es preciso notar lenguajes diferentes en cada obra, lo que enriqueció aún más la presentación.

Claude Debussy. foto discogs

Se escuchó primero la Sonata para violonchelo y piano en Re menor de Claude Debussy, obra que no es posible asimilar plenamente al impresionismo, por sus arrebatos románticos, cercanos a Chopin, y sus avances hacia un lenguaje más moderno, convirtiéndola en una obra de gran atractivo.

La estructura le otorga mayor protagonismo al chelo, lo que permitió que Natalie Clein desarrollara expresivos cantábile, logrados a través de su gran y hermoso sonido, contando con el ajustado acompañamiento de Sergio Tiempo. Su segundo movimiento Serenade plantea un precioso contraste entre el pizzicato del chelo con staccato del piano, tocado sensible y encantadoramente por ambos intérpretes. Lleno de contrastes y a ratos apasionado es el tercero en el que ambos derrocharon expresividad y virtuosismo.

Sergio Tiempo. foto clarin

Natalie Clein introdujo luego la monumental Sonata para violonchelo solo, Op. 8 de Zoltán Kodály, aludiendo al hecho que tal vez sea esta el mayor desafío que pueda enfrentar un solista, algo que no cabe duda, pues se trata de un verdadero compendio de dificultades para el instrumento, en la que tal vez no queden más recursos y exigencias para su intérprete. Obra que inspirándose mucho en material de carácter folclórico y popular de Hungría, navega en un lenguaje ecléctico que no elude lo moderno, construyendo una obra muy atractiva tanto como exigente de escuchar para el público.

Zoltán Kodály. foto asociacionkodaly

Abrumadoramente perfecta fue la interpretación de Clein, como no recordar el exquisito manejo de contrastes dinámicos y de carácter, o el como frasea o articula, mientras con la mayor naturalidad entrega armónicos, dobles cuerdas, o esa mezcla de staccato con pequeñas melodías del segundo movimiento, para culminar en la expresividad y vertiginosidad del tercero, dando cuenta de todo su virtuosismo, lógicamente fueron incansables los aplausos.

Sergio Tiempo. foto visionescriticas

Vinieron luego las Cuatro partes de Romeo y Julieta de Sergei Prokofiev, las que permitieron ahora apreciar toda la potencialidad de Sergio Tiempo, un detalle que nos pareció del mayor interés fue la manera de tocar del pianista, a ratos con enorme fuerza (martellato) acentuando el estilo del lenguaje de Prokofiev, como lo fue en la Danza de los Caballeros (Montescos y Capuletos) y la Danza final (Mercutio) que se contrastó con el lirismo de las secciones dedicada a Julieta y la de las muchachas de las flores de lys.

Tiempo contrastó con musicalidad y carácter cada una de ellas, permitiéndose mostrar toda su perfecta digitación y virtuosismo.

Sergei Rachmaninov. foto youtube

Finalizaron con la Sonata para violonchelo y piano en Sol menor Op.19 de Sergei Rachmaninov, verdadero triunfo del romanticismo que permitió a los intérpretes alcanzar cimas de expresividad en la más completa comunión musical.

En ella es evidente que su autor fue un gran pianista, es así que el instrumento tiene gran preeminencia en la obra, no obstante están siempre presentes diálogos de carácter apasionado y muy expresivos.

Natalie Clein. foto theguardian

 

La obra a ratos recuerda las rapsodias juega con todo tipo de contrastes siendo de enorme exigencia algo que a Natalie Clein y Sergio Tiempo no les quita el sueño, son músicos de excelencia.

Las gigantescas ovaciones les llevaron a ofrecer un íntimo y hermoso Ernst Bloch, cerrando una magnífica velada de apertura.

Gilberto Ponce. (CCA)

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OBRAS DE BACH POR ORQUESTA Y CORO DE STUTTGART.

ACADEMIA BACH DE STUTTGART EN CORPARTES.

El cuarto concierto de la Temporada Internacional de Conciertos que organiza CorpArtes, tuvo como protagonista a la aclamada Academia Bach de Stuttgart, que está conformada por una orquesta y un coro, los que junto a cuatro solistas, actuaron bajo la dirección de Hans-Christoph Rademann, en un programa que consultó solo dos obras de Johann Sebastian Bach, la Cantata Nº 21 y el Magnificat en Re mayor.

La Akademia Bach de Stuttgart durante su presentación en CorpArtes. foto latercera

Sin duda será muy difícil olvidar el sonido de la orquesta y el coro, de una belleza, pureza de sonido y musicalidad excepcionales, en la orquesta que toca con instrumentos de época es preciso destacar el soberbio desempeño de la oboísta solista, tanto como las dos flautas traveseras, sin que desmerezca el resto, pues todos muestran una disposición hacia la música que se traduce en goce de escuchar.

Algo similar ocurre con el coro que a sus hermosas y timbradas voces agregan, precisión y extrema musicalidad, no obstante señalaremos la belleza de las voces de sopranos y tenores.

La dirección de Rademann nos parece un tanto manierista en la búsqueda de fraseos, intencionalidades y articulaciones, los que sin duda resultan perfectos, pero eso redunda en que en demasiadas oportunidades consigue una expresividad contenida y a veces plana; lo anterior es independiente al hecho que su gesticulación nos pareció excesiva, lo que provocó algún pequeño desajuste en más de algún compás, particularmente en la Cantata. Pero por favor no se entienda que estos reparos afectaron un resultado ampliamente valorado por los presentes.

En el caso de los solistas pensamos que ellos deben ser miembros del coro, debido a que su desempeño no destaca particularmente, no obstante creemos que la contralto Sophie Harmsen sobresale no solo por su hermosa voz, también lo es por extrema musicalidad y expresividad y sin mostrar problema alguno de tesitura.

Monumento a Johann Sebastian Bach en el patio de la Iglesia de Santo Tomás en Leipzig. foto languages

 

En relación a lo anterior, bien se sabe que Bach es de una exigencia enorme para las voces, no solo en solistas, también lo es para los coros, y es este el punto que provocó los mayores problemas para el resto de los solistas, esto en la extensión hacia las notas graves.

La soprano Miriam Feuersinger, tiene hermosa voz, pero su manejo dinámico y expresivo es irregular, con algunos momentos muy solventes en las arias, pero no destaca mayormente en los dúos.

Sin duda, el solista de más bajo desempeño es el tenor Patrick Grahl de timbre poco grato, irregular emisión, casi inaudible en el registro bajo, agregando pasmosa inexpresividad, incluso su actitud física es reflejo de estas características.

El bajo, más bien barítono Tobias Berndt, tiene un bello timbre y denota gran musicalidad, pero su volumen es escaso y presenta las dificultades en la tesitura baja.

Los momentos más destacados de las versiones los encontramos en el noble sonido instrumental de la Sinfonía de la Cantata, el primer coro de la misma por la claridad temática de las voces en la acentuación del texto, en un balance vocal perfecto.

La primera aria de soprano acompañada de un excepcional oboe, que sin duda contribuyó a que este fuera el momento más alto de la soprano.

El brillo del primer coro del Magnificat y la precisión de las coloraturas, el aria Et exsultavit spiritus meus de la contralto. El aria de la soprano Quia respexit por el musical diálogo entre la solista el oboe y el chelo. Brillante encontramos el coro Omnes generaciones tanto como el coro Fecit potentiam.

La Akademia Bach interpretando el Magnificat, de izquierda a derecha el tenor Patrick Grahl, la contralto Sophie Harmsen, la soprano Miriam Feuersinger y el barítono Tobias Berndt. foto clarin

El aria de contralto Esurientes por la expresividad del canto y el genial acompañamiento del dúo de flautas, junto a los dos coros finales.

Le fervorosos aplausos lograron que los invitados respondieran con dos encore; una bellísima versión del Coral de la Cantata 147 y una conmovedora versión del Dona nobis pacem de la Misa en Si menor.

Así Finalizó un concierto que será recordado por la belleza y musicalidad de la voces del coro tanto como el extraordinario sonido de la orquesta.

Gilberto Ponce (CCA)

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GRAN TRIUNFO DE ROMEO Y JULIETA EN EL MUNICIPAL.

ENCUENTRO DE MAESTROS, ROMEO Y JULIETA.

Cuando se produce un encuentro de obras maestras, solo cabe rendirse ante un resultado de excepción, y eso es precisamente lo que ocurre con el ballet Romeo y Julieta en el que coinciden dos de estas obras maestras, por un lado la formidable música de Sergei Prokofiev junto a la soberbia coreografía John Cranko para la inmortal historia de Shakespeare.

No obstante, esos factores no aseguran que el éxito corone ese encuentro, para ello es preciso contar con una Compañía muy solvente que complemente el trabajo de sólidos bailarines solistas.

Por ello es que creemos que una vez más, el Ballet de Santiago obtuvo un resonante suceso con su versión de Romeo y Julieta que en esta oportunidad fue remontado por Jane Bourne, debido a que tanto solistas como compañía mostraron el nivel que los ha posicionado entre lo mejor de América.

La escena de Baile donde Julieta conocerá a quien sus padres decidieron como su esposo. A la izquierda Paris (Cristopher Montenegro, Lady Capuleto (Marcela Goicoechea) y Lord Capuleto e invitados. foto municipal

Bien se sabe que la música de Prokofiev con su poderosa orquestación y todo su modernismo armónico, recrea a la perfección tanto los sentimientos de los personajes como las acciones de los múltiples personajes de la historia, pero cuidado no es solo marcar tempos al dirigirla, hay que ponderar balances instrumentales, manejar contrastes dinámicos y expresivos en una progresión que jamás detiene su tensión, y es en este aspecto donde se produjo el otro elemento del éxito conseguido, pues Konstantin Chudovsky condujo a una espléndida Filarmónica de Santiago en todos los vericuetos sensibles y expresivos de la partitura, fundiendo su sonido con lo que ocurría en el escenario, por ello no fue extraño que el público aplaudiera fervorosamente su desempeño al final de la función, debiendo Chudovsky levantar a sus músicos en el foso varias veces, para recibir el reconocimiento.

Reyerta en la Plaza del Mercado donde Teobaldo matará a Mercucio. foto municipal

La escenografía y vestuario de Elizabeth Dalton mantienen toda su belleza y fuerza, mostrando una vigencia propia de los grandes trabajos, Ricardo Castro realizó un gran trabajo de iluminación que destacó estupendamente los contrastes en el vestuario, solo creemos que la escena del Carnaval pudo más iluminada.

Romeo (Emmanuel Vásquez) y Julieta (Natalia Berríos) en un momento de la escena del Balcón. foto municipal

Romeo y Julieta, requiere de una gran cantidad bailarines que deben incluso en algunos de los breves roles mostrar todas su condiciones técnicas y de carácter, es así que destacaremos el desempeño de Lucas Alarcón en su rol de Mercucio, donde brilló en su desenfado burlón ante los Capuletos, su escena de la muerte fue notablemente expresiva y sensible; el carácter fuerte y arrogante de Teobaldo encontró en Miroslav Pejic el bailarín más adecuando; Marcela Goicoechea mantiene intacto su carisma y presencia escénica, por eso es que llena los espacios en el significativo papel de Lady Capuleto, emocionando con su desgarro ante la muerte de Teobaldo.

Teobaldo (Miroslav Pejic) hiere de muerte a Mercucio (Lucas Alarcón) foto municipal

Con gran presencia y prestancia escénica se desempeñó Cristopher Montenegro como Paris; de gran simpatía fue Francisca Moya como la Nodriza, mientras que Cyril de Marval fue un juvenil Fray Lorenzo, brillantes, sensuales y magníficas en la danza fueron; María Dolores Salazar como Rosalina y Katherine Rodríguez, María Lovero y Montserrat López como las tres gitanas, encontramos genial el desempeño de Gustavo Echevarría como el Rey del Carnaval y el sólido grupo que le acompaña.

Escena en la Plza del Mercado. foto municipal

Del resto de la compañía solo podemos alabar sin reservas su desempeño, de gran técnica, certeros en los movimientos colectivos, naturalmente expresivos, creemos que sus escenas de la Plaza del Mercado, el Gran Salón del Baile, fueron el complemento perfecto al sólido grupo de solistas.

Otro momento de la escena del Balcón Julieta (Natalia Berríos) y Romeo Emmanuel Vásquez). foto municipal

Cerramos este comentario con la sólida pareja principal Natalia Berríos como Julieta y Emmanuel Vásquez debutando como Romeo; la danza de Cranko además de sintetizar lo clásico y lo contemporáneo, establece una sólida alianza con lo teatral (danza-teatro) por eso es que a los protagonistas secundarios y en particular a los principales se les exige una expresividad que va más allá de lo usual, deben transmitir naturalmente la sucesión de emociones y sentimientos expuestos en la coreografía, deben transformarse en sus personajes, e idealmente conmover a los espectadores, es precisamente lo ocurrido con este elenco y en particular con Natalia Berríos y Emmanuel Vásquez, ella haciendo el mejor uso de su madurez como bailarina creó una entrañable Julieta, con todas las características adolescentes del personaje, como olvidar su alegría ante su primera gran fiesta donde conocerá a Paris a quien sus padres han elegido como esposo, luego su confusión al conocer a Romeo en esa misma fiesta, más tarde su espontánea negativa al matrimonio, o sus dudas antes de beber la pócima para aparentar estar muerta, y dejamos al final sus dos escenas cumbres, la del balcón y la escena final cuando muere junto a Romeo producto de la infeliz confusión, en ellas Natalia puso al servicio de una conmovedora emocionalidad, toda su estupenda técnica.

Escena del Balcón. foto municipal

Por su parte el Romeo creado por Emmanuel Vásquez, es el adolescente nato, loco de amor por Julieta, como tan idealista al creer que puede torcer el odio entre Montescos y Capuletos, el bailarín se encuentra dando significativos pasos para convertirse en un gran solista, certero en las escenas de conjunto, particularmente en la reyerta donde mata a Teobaldo, luego da cuenta de una enorme expresiva sensibilidad en la escena del balcón, que lo mostró como gran partenaire y finalmente conmoviendo en la escena final donde ambos mueren. La seriedad con la que Emmanuel Vásquez enfrenta sus desafíos sin duda le llevarán a consagrarse pronto.

La muerte de los amantes. foto municipal

La calidad de la función hizo que el público la ovacionara sin cansarse, agradeciendo el profesionalismo de todos los participantes en ella, un verdadero lujo como dijo una pareja de extranjeros a la salida del Municipal de Santiago.

Gilberto Ponce. (CCA)

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WEBERN, BERNSTEIN Y BEETHOVEN EN LA FILARMÓNICA.

SOBRESALIENTE CUARTO CONCIERTO FILARMÓNICO.

Bajo la dirección de Juan Pablo Izquierdo la Orquesta Filarmónica de Santiago presentó en su cuarta jornada un notable programa, confirmando ampliamente el altísimo nivel en que se encuentra el conjunto.

En este logro, sin duda alguna jugó un rol clave Juan Pablo Izquierdo, quien como en casa dirigió al conjunto que respondió con el mismo grado de compromiso obras de muy dispares lenguajes, las que no obstante tienen en común una sutil línea de espiritualidad.

Anton Webern. foto visionescriticas

La Passacaglia Op. 1 de Anton Webern, que no es la primera de las obras que compuso, todavía mantiene un fuerte lenguaje más bien pos romántico-expresionista que no presagia la atonalidad que manifestará posteriormente. Escrita para una gran orquesta requiere de un director que pueda desentrañar toda la riqueza temática en sus breves exposiciones, sacándolas a luz en medio del entramado polifónico orquestal.

La Orquesta Filarmónica de Santiago dirigida por Juan Pablo Izquierdo interpretan la Passacaglia de Webern. foto Josefina Pérez

Izquierdo transmitió su empoderamiento a sus músicos que respondieron con total atención y musicalidad a todos su requerimientos, esto es cuanto a balance instrumental, fraseos, articulaciones y contrastes dinámico- expresivos, asimismo se destacaron los elementos de carácter popular que tiene la obra que aluden a la música del cabaret alemán previo a la primera guerra mundial, rompiendo aquellas secciones de gran tensión.

Creemos que si saliera una grabación de la versión, esta se convertiría en un referente de interpretación, la respuesta del público fue particularmente entusiasta reconociendo el gran trabajo de los intérpretes.

El Compositor y Director Leonard Bernstein. foto britannica

Continuó el programa con Tres Meditaciones de la Misa de Leonard Bernstein, obra que en su original no es fácil de clasificar por lo ecléctico de su lenguaje, que va desde el Gregoriano hasta el Jazz y el Rock; estas meditaciones corresponden a Interludios de la obra, en arreglos del propio Bernstein primero para chelo y piano y posteriormente para chelo y orquesta, la estupenda solista de la Filarmónica Katharina Paslawski fue la intérprete.

Katharina Paslawski interpretando la obra de Bernstein. foto Josefina Pérez

Paslawski es dueña de un poderoso y bello sonido acompañado de su gran musicalidad, a ello agregaremos la perfección técnica mostrada a lo largo de las complejas secciones de la obra, por mencionar algunas sus dobles cuerdas, armónicos y pizzicato en una amplia gama dinámica, Izquierdo fue un acompañante perfecto complementando plenamente los diálogos entre la solista y la orquesta que plantean variados desafíos dinámicos y expresivos que deben observar total coherencia. Sin menoscabar otras secciones destacaremos, el pizzicato de la solista con el pianissimo de las cuerdas y el canto dramático y bello del chelo con el ostinato de las percusiones. El público cautivado por la versión ovacionó largamente a los intérpretes.

El cúmulo de bondades del concierto tuvo su culminación con la interpretación de la Sinfonía Nº 3 en Mi bemol mayor, llamada Heroica de Ludwig van Beethoven, obra considerada la primera escrita en estilo romántico, en todo caso lo cierto es que su autor abrió nuevos rumbos no solo por su extensión, también por los avances en cuanto a la forma, como la inserción de una Marcha fúnebre y considerar en ella un programa, reflejando en cierto modo la vida del héroe que quiere representar; Beethoven se refiere a Napoleón a quien admiraba por representar el fin del antiguo régimen, admiración que después se convertiría en repudio cuando este se autoproclamó emperador.

Busto de Ludwig van Beethoven. fofo wikipedia

La versión de la Filarmónica, puede considerarse de lo mejor que hemos escuchado, con un inspirado Izquierdo fue capaz de descubrir nuevos elementos que enriquecieron aún más la magnífica partitura.

El primer movimiento fue abordado con una contención casi apolínea que acentuó su carácter, logrado con fraseos y acentuaciones que resaltaron los contrastes dinámicos; otro factor de gran importancia fue el manejo de su progresión expresiva, que sutilmente se desarrolló a lo largo de todo el movimiento culminando en los acordes finales.

El público quedó arrebatado y casi en vilo para escuchar el segundo movimiento Marcha fúnebre, que fue abordado en tempo estricto pero muy expresivo, se dice que pretende reflejar la Humanidad que contempla la despedida del héroe. Aquí se enfatizaron conmovedores diálogos entre familias, en un perfecto balance sonoro, esta congoja instrumental se transmitió al público que se sumó al sentimiento que fluía desde el escenario, el clímax que antecede al final fue tan conmovedor como el desolado final del movimiento.

Juan Pablo Izquierdo dirigiendo la Sinfonía de Beethoven. foto Josefina Pérez

El tercero se inició con un sugestivo a la vez que expresivo pianissimo, que lentamente construye los elementos para el forte que sigue, sucediéndose contrastes de absoluta perfección; la emblemática sección de los cornos fue un lujo por su hermoso sonido, manejo dinámico ejemplar y absoluta musicalidad.

El movimiento final sintetizó las bondades de la versión, apareciendo ahora en varias secciones filigranas sonoras, en medio de un despliegue de exquisita musicalidad, por ello no fue extraño que al final el público estallara en ovaciones, gritos y pataditas celebrando la soberbia versión de Juan Pablo Izquierdo y la Filarmónica de Santiago.

Gilberto Ponce. (CCA)

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DON GIOVANNI ESTELAR 2018

VERSIÓN ESTELAR DE DON GIOVANNI.

Subió ahora al escenario del Municipal de Santiago, la versión del Elenco Estelar para la ópera Don Giovanni de Wolfgang Amadeus Mozart que cuenta con el genial texto de Lorenzo da Ponte.

Al ver por segunda vez la puesta en escena de Pierre Constant, que se apoya en la pesada escenografía de Roberto Platé, solo se logra disimular esa pesadez gracias al inteligente uso de las numerosas puertas, que a veces están completa o semiabiertas, incluso en ocasiones cerrándolas sonoramente siguiendo el ritmo de la música, también los sutiles cambios de iluminación como un vestuario pertinente y hermoso, del que solo disentimos en el utilizado por Doña Elvira en la escena final, cuyo pañuelo en la cabeza afea a nuestro juicio al personaje.

Leporello (Sergio Gallardo) es golpeado por Don Giovanni (Daniel Miroslaw) en una de sus tantas burlas. foto Marcela González G.

Ya señalamos que la régie que enfoca la ópera más hacia lo giocoso que a lo dramático, es otro factor que mantiene una constante tensión dramática, no obstante insistimos que el exceso de minimalismo escenográfico excluyó elementos importantes del drama; la tumba y estatua del Comendador en la escena del cementerio donde Don Giovanni en forma desfachatada le invita a cenar a su casa, la mesa de la cena donde se producirá el encuentro de Don Giovanni con el asesinado Comendador, que viene para castigar al “disoluto” llevándolo al infierno, asimismo el que este se escuche y no se vea, como señalando que se trata de la imaginación de Don Giovanni, le resta fuerza al clímax, perdiendo peso la moraleja final, si bien el burlador termina colgando en un infierno imaginario, reconocemos el impacto visual que produce.

Leporello (Sergio Gallardo) disfrazado de Don Giovanni, seduce a Doña Elvira (Pamela Flores) foto marcel González G.

La dirección orquestal correspondió a Pedro Pablo Prudencio, quien consiguió estupendos resultados de la Orquesta Filarmónica de Santiago sin replicar el enfoque de Cremonesi, pues algunos de sus tempo son un poco más lentos, resultando más cómodos para los cantantes, destacamos que en la obertura resalta vigorosamente las escalas ascendentes y descendentes que aparecerán en la escena final con ese maravilloso trío de voces graves (Comendador, Giovanni y Leporello) con el agregado de las voces masculinas del coro.

El Coro del Municipal de Santiago, volvió a encantar con su presencia escénica y calidad vocal.

Doña Anna (Oksana Sekerina) es consolada por Don Octavio (Santiago Burgi) foto Marcela González G.

Un elenco bastante parejo que incluyó tanto cantantes extranjeros como chilenos dio vida a este Don Giovanni cuya puesta en escena provocó opiniones encontradas, pero en general positivas

El barítono polaco Daniel Miroslaw fue Don Giovanni, el posee una figura que se aviene muy bien al personaje, enfatizando el aspecto del libertino e irresponsable al que solo le interesa seducir y gozar de la vida, su timbre es hermoso aunque su voz tiene poco volumen, sus grandes escenas fueron en la fiesta donde es castigado por los cortesanos y en el enfrentamiento imaginario con el Comendador.

Don Giovanni (Daniel Miroslaw) en una fiesta en su palacio, mientras llegan las “Máscaras” (Anna, Elvira y Octavio) foto Marcel González

El barítono chileno Sergio Gallardo fue un histriónico Leporello, tanto en lo corporal como en lo facial, sus grandes escenas fueron en la aria del Catálogo o cuando finge ser Don Giovanni, también la escena del cementerio y en la cena final.

La soprano rusa Oksana Sekerina fue una convincente Doña Anna, ella tiene una gran presencia escénica además de una muy bella voz muy adecuada para el rol, y en su interpretación se aprecia su gran musicalidad que aplica en los contrastes dinámicos, sus arias fueron conmovedoras.

Zerlina (Yaritza Véliz) coquetea con Masetto Eleomar Cuello) foto Marcela González

El tenor argentino Santiago Burgi fue un débil Don Octavio, su voz para este rol es muy pequeña y si bien tiene presencia escénica este factor no compensa la parte vocal.

La soprano chilena Pamela Flores como Doña Elvira se mostró en plena madurez vocal y actoral, mostrando a una Elvira que ha enloquecido de amor por Don Giovanni, no importándole humillarse, vocalmente acertó en las implicancias sicológicas del rol, y como actriz fue totalmente convincente.

Doña Elvira (Pamela Flores) ruega por el amor de Don Giovanni (Daniel Miroslaw) foto Marcela González

El bajo estadounidense Soloman Howard que ya había maravillado en la versión Internacional, en esta ocasión ratificó todas sus bondades vocales, que nos hacen desear escucharlo en otros roles.

Don Giovanni (Daniel Miroslaw) es llevado al infierno mientras Leporello (Sergio Gallerdo) trata de rescatarlo. foto Marcela González G.

Yaritza Véliz soprano chilena fue la encargada de representar a Zerlina, sin duda posee una muy hermosa voz y es musical, pero en esta ocasión su actuación la encontramos forzada, muy poco natural, como le hemos visto en otras producciones, pensamos que tal vez este papel no le es afín.

El barítono cubano Eleomar Cuello fue un Masetto sin demasiado perfil, vocalmente discreto al igual que actuación.

Moraleja final, Zerlina, Don Octavio, Doña Anna, Doña Elvira, Leporello y Masetto, señalan al público que ese será su final si actúan como Don Giovanni que cuelga detrás de ellos. foto Marcela González Guillén

La fuerza y belleza de la ópera, así como la honesta entrega de todo el elenco lograron que el público los ovacionara largamente.

Gilberto Ponce. (CCA)

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APERTURA DE TEMPORADA LÍRICA 2018 (INTERNACIONAL)

DON GIOVANNI ABRE TEMPORADA 2018. (VERSIÓN INTERNACIONAL)

Son muchos los aspectos que hacen del estreno de Don Giovanni de Wolfgang Amadeus Mozart, un éxito importante inaugurando la temporada lírica.

Acción durante Obertura, el Comendador y cófrades sevillanos de Semana Santa, mientras Don Giovanni y Leporello observan. foto Marcela Gonzalez Guillén

En la misma y pesada escenografía (Roberto Platé) que vimos para Las Bodas de Fígaro del año pasado, sube a escena esta puesta, que logra en buena medida alivianar la pesadez con recursos bastante simples, como son el jugar abriendo o cerrando las numerosas puertas del original, agregando una sugerente puerta negra al fondo del escenario, pero más importante consideramos el uso de la iluminación (Christophe Naillet según diseño de J. Rouveyrollis) que logra recrear los diversos ambientes que se requieren, a ello se suma el inteligente y contrastante vestuario (Emmanuel Peduzzi).

Doña Anna (Michelle Bradley) y El Comendador (Soloman Howard) foto Marcela González Guillén

Pero sin duda alguna es la dirección de escena (régie) de Pierre Constant la que incide mayormente en el éxito, con idea más cercana a lo giocoso en la actuación de los personajes, deja el dramma para las arias de Doña Anna ya que en las de Doña Elvira su espíritu es más irónico-burlesco.

Don Giovanni (Levent Bakirci) comprueba la muerte de El Comendador (Solomon Howard) foto Marcela González Guillén

Constant logra un continuo a ratos vertiginoso en el desplazamiento de los personajes, utilizando exhaustivamente todo el escenario, con el desplazamiento de diversos elementos por parte del coro o figurantes, con aciertos notables como la metáfora de las cuerdas con que Giovanni enreda a Zerlina, las mismas que después lo atarán cuando es castigado por los cortesanos al final del primer acto, no obstante creemos que el minimalismo que resuelve bien gran parte de la acción, deja con sensación de ausencia en el caso de la estatua de El Comendador o en la mesa del banquete donde el mismo personaje llegará invitado por Don Giovanni para castigarlo llevándolo al infierno, claro que el recurso final donde el burlador es colgado como castigo es a todas luces muy impactante. En todo caso estos cambios no se apartan del espíritu de la obra y no la desnaturalizan.

Don Octavio (Joel Prieto) y Doña Anna (Michelle Bradley) comprueban la muerte de El Comendaor padre de esta. foto M. G. G.

Attilio Cremonesi condujo a la Orquesta Filarmónica de Santiago, logrando como es su costumbre un sonido hermoso y transparente, con bellos contrastes dinámicos, pianissimo entrañables, que resultaron notables al ubicar el foso de la orquesta un poco más elevado que lo acostumbrado, permitiendo que la orquesta se apreciara mejor aún.

Magnífico como ya es costumbre estuvo el Coro del Municipal de Santiago (Jorge Klastornick) tanto en lo vocal, como en lo que ya son expertos, la actuación.

Doña Elvira (Paulina González) escucha abrumada la lectura del Catálogo de las conquistas de Don Giovanni, que le hace Leporello (Edwin Crossley-Mercer) foto M. G. G.

Don Giovanni fue asumido con todo el desborde erótico y desfachatado por Levent Bakirci, con una voz de hermoso timbre y un físico que le acompaña dio estupendamente el perfil del personaje.

Don Giovanni (Levent Bakirci) conquista a Zerlina (Marcela González) foto M. G. G.

Muy simpático, con movimientos de casi un mimo, con bella voz y convincente actuación fue el Leporello de Edwin Crossley-Mercer, destacaremos el aria del Catálogo y las escenas finales.

La soprano Michelle Bradley como Doña Anna crea perfectamente el personaje que se debate entre el deseo de vengar a su padre muerto por Don Giovanni, como -en lo insinuado por la régie– su enamoramiento del mismo burlador, debatiéndose en su deber ser, como novia de Don Octavio, Bradley posee un bella y muy expresiva voz, pero algunos momentos se desborda alejándose del estilo.

Doña Anna (Michelle Bradley) y Don Octavio (Joel Prieto) en el entierro de El Comendador. foto Marcela González G.

El tenor Joel Prieto que fue Don Octavio tiene un timbre bastante hermoso aunque pequeño, que fluye muy bien, su línea de canto se desdibujó en el segundo acto en el que sus agudos fueron bastante débiles, de su actuación diremos que solo es discreta.

Don Giovanni (Levent Bakirci) y Leporello (Edwin Crossley-Mercer) en el “banquete” esperando la llegada de El Comendador. foto M. G G.

La soprano Paulina González cantó como Doña Elvira, con espléndido resultado tanto en lo vocal, donde es impecable en graves y agudos así como en manejo dinámico, en actuación plasmó muy bien a la obsesiva mujer que una vez seducida por Giovanni, queda irremediablemente enamorada de él.

El breve pero fundamental rol de El Comendador (padre de Doña Anna) fue cantado por Soloman Howard, a su notable presencia escénica agrega una hermosa y poderosa voz.

Don Giovanni cuelga castigado por El Comendador. foto Marcel González Guillén

Marcela González fue una encantadora Zerlina, con gran desplante escénico, vocalmente impecable, con los que conquistó a los presentes, su novio enamorado Masetto lo encarnó Matías Moncada en un muy buen momento vocal y convincente en los actoral.

El Comendador (Soloman Howard) saluda al final, atrás a la iz. dos figurantes y Zerlina (Marcela Gonzñalez) a la der. Masetto (Matías Mocada) el acróbata que hace Don Giovanni colgado y dos figurantes. foto Marcela González Guillén

El público aplaudió ruidosamente una función de alto nivel que abrió la Temporada de Ópera 2018 en el Municipal de Santiago.

Gilberto Ponce. (CCA)

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LA EXCELENCIA DE LA CAMERATA DE SALZBURGO.

CAMERATA DE SALZBURGO ESTELAR.

La Temporada Internacional de CORPARTES, presentó uno de esos conciertos que no dudamos de catalogar de estelar, con un conjunto y un programa que satisfizo las más exigentes expectativas.

Entre otras razones tenemos que la Camerata de Salzburgo mostró a lo largo de toda su presentación, una exquisita musicalidad, y una sonoridad entrañable en su belleza, características que serán recordadas por largo tiempo.

La Camerata de Salzburgo agradeciendo al final de concierto. foto cineyliteratura

El conjunto dirigido desde el atril por el concertino Gregory Ahss abordó con la más completa solvencia un repertorio cuya base fue Wolfgang Amadeus Mozart, llegando al romanticismo de Borodin y al neoclasicismo de Stravinsky en versiones notables.

Alexander Borodin. foto biografiasyvidas

Un arreglo de Shane Woodborne para el Nocturno del Cuarteto en Re menor de Alexander Borodin abrió la presentación, obra en la que fue posible apreciar al afiatamiento y hermoso sonido de las cuerdas, a través de los diálogos cantábile de chelos, violas, violines y contrabajo en sus partes importantes, con un balance que destacó lo esencial de la obra, mientras que la expresividad se acentuó con sus precisos contrastes y fraseos.

Posteriormente Wolfgang Klinser, quien es integrante de la Camerata, interpretó el bellísimo Concierto para clarinete y orquesta en La mayor, K 622, obra que en algunas secciones anticipa sin duda el próximo romanticismo. Klisner posee un hermoso y robusto sonido, impecable musicalidad con fraseos y articulaciones con los que dialoga coherentemente con el resto de la orquesta.

Wolfgang Klinser interpretando el concierto de Mozart. foto corpartes

El melancólico Adagio, uno de los más famosos de Mozart, fue vertido con una expresividad natural que a veces emociona, en el la sección pianissimo fue enorme belleza.

El Rondó final mostró todo el virtuosismo del solista quien junto a la orquesta comunicaron todo un jubiloso optimismo de Mozart, a pesar que durante su composición el autor se encontraba en uno de sus momentos más dramáticos, poco antes de su prematura muerte; la brillante versión hizo estallar de fervor al público, consiguiendo como encore un exquisito arreglo de una parte de los Pinos de Roma de Respighi.

Luego ofrecieron una estupenda versión de la Suite Pulcinella de Igor Stravinsky, obra en la que el compositor volvió su mirada a la antigüedad barroca a partir de algunas melodías de Pergolesi, construyendo originalmente un ballet pantomima inspirado en la Comedia del Arte, género de gran éxito en el Renacimiento.

Igor Stravinsky. foto beethovenfm

Stravinsky otorgó nueva vitalidad a esta música incorporado su propio lenguaje, pero conservando el espíritu propio de la famosa Comedia del Arte, por ello la partitura es un desafío para cualquier orquesta, más si esta toca sin director.

Cada una de las partes de esta suite posee todas las características propias del compositor, esto es cambios súbitos de ritmo, secciones ostinato, y grandes exigencias instrumentales, qué decir de las planteadas para los bronces, todo en una orquestación que manteniendo el espíritu barroco acude recurrentemente a armonías modernas.

Para resolver la multiplicidad de escollos, el concertino Gregory Ahss se levantó en varias ocasiones para señalar los cambios de tempo y carácter, logrando siempre un preciso y perfecto balance sonoro, con impecables fraseos y diálogos, cuidadosos contrastes dinámicos y articulaciones, en una versión de una vitalidad arrebatadora, por ello enormes ovaciones premiaron la estupenda interpretación.

Wolfgang Amadeus Mozart. foto visionescriticas

Finalizaron soberbiamente con su interpretación de la Sinfonía “Haffner”, la número 35. K 385, que desde el formidable inicio presagió la suma de bondades de la versión, en la que cada familia brilló al máximo, introduciendo ahora trompetas de la época.

El Andante fue finamente alado en un tempo más ágil que lo tradicional, agregando mayor atractivo a esta parte, debemos señalar la belleza sonora de cuerdas y maderas.

El Menuetto fue abordado con enorme gracia, mientras que trío de esta parte trasuntó elegancia. Con un bello pianissimo se inició el Presto final, en el que dieron cuenta de todo el virtuosismo que cada instrumentista tiene, como no señalar los hermosos y musicales contrastes dinámicos, y el manejo de las acentuaciones que destacan los fraseos.

No podríamos dejar de mencionar el estupendo desempeño de la timbalista y de una precisión y estilo que la transformó en un gran sustento para el resto de la orquesta.

Sin duda alguna, presenciamos un espléndido concierto que la Camerata de Salzburgo nos trajo desde la cuna de Mozart.

Gilberto Ponce. (CCA)

 

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EL MESÍAS EN SAN IGNACIO.

EL MESÍAS DE HAENDEL POR LA UNIVERSIDAD ALBERTO HURTADO.

Siempre hemos destacado el interés del Instituto de Música de la Universidad Alberto Hurtado, por presentar programas no solo de calidad pues también ellos son desafiantes para los alumnos que enfrentan tales retos.

En esta oportunidad abordaron en su versión integral el celebérrimo oratorio de Georg Friedrich Haendel, El Mesías dirigido por Jessica Quezada quien además dirige el Coro del Instituto de Música de la UAH, lo hicieron junto a cuatro solistas y un pequeño conjunto instrumental, en la hermosa Iglesia de San Ignacio de Alonso Ovalle.

Georg Friedrich Haendel. foto operaonline

No resulta fácil hablar del desempeño del Conjunto Instrumental, debido a que por circunstancias de fuerza mayor, este se vio reducido solo a violín, oboe, violoncello y teclado, adicionando trompeta en tres números.

Esta escasa combinación fue más que insuficiente en muchos pasajes corales, así como en algunas arias, reconocemos la solvencia de Hernán Muñoz en violín, pero fue inaudible en muchos momentos, algo similar ocurrió con el oboe de Guillermo Opazo; creemos que Roberto Becerra (violoncello) estuvo muchas veces fuera de pulso y con algunas evidentes desafinaciones, Yudalys Perdomo en teclado, fue de escaso aporte en lo musical, claro está que tuvo que luchar con un defectuoso instrumento en un fragmento extenso, solo discreto consideramos el aporte de Miguel Muñoz en trompeta; pero a favor de todos insistimos en la combinación a que se vieron enfrentados no fue la mejor.

Vista general del concierto en la Iglesia de Alonso Ovalle.

El párrafo anterior podría hacer pensar que el resultado general no fue bueno, nada más alejado de la realidad, pues en razón de las grandes dificultades que presenta este monumental oratorio, el saldo es ampliamente positivo.

Jessica Quezada con gesto firme y claro condujo la obra logrando momentos de gran belleza y musicalidad, el Coro preparado por ella, mostró gran solidez, con voces timbradas y seguras, salvando con facilidad los escollos que son muy numerosos, en particular la segunda parte que posee una gran cantidad de coros muchos de gran complejidad, como las frecuentes fugas.

Coro, solistas Camila Guggiana y Pamela Zavala y parte del Conjunto Instrumental.

Los solistas mostraron un desempeño algo disparejo, siendo a nuestro juicio la más débil la joven contralto Pamela Zavala, que posee un muy hermosa y gran voz, pero su enfoque de recitativos y arias es distante, con fraseo irregular que no permite apreciar su musicalidad, habrá que verla en otra obra y oportunidad.

Ariel Reyes el tenor posee un agradable timbre y su voz que fluye con facilidad, se ve que tiene muy claro lo que debe hacer y es expresivo, pero sus coloraturas no siempre son perfectas, y en sus agudos se alternan algunos precarios con otros sólidos.

Coro y parte del Conjunto Instrumental.

Nicolás Suazo el bajo, y que es el único que no pertenece a al Instituto de Música es dueño de una hermosa voz, además es extraordinariamente musical y su dicción es notable, su tesitura le permite transitar por agudos y graves sin cambiar el timbre, agregando a todas estas características una notable seguridad, que le permite frasear y articular con naturalidad, creemos que su mayor triunfo fue su monumental aria del final The trumpet shall sound, que cantó en forma espléndida.

En primer plano izquierda a derecha Yudalis Perdomo teclado Ariel Reyes tenor y Nicolás Suazo bajo.

La soprano Camila Guggiana posee un precioso timbre, con un volumen que maneja con destreza, su afinación es perfecta tanto como su forma de frasear, permitiéndose con absoluta naturalidad realizar variaciones en la repeticiones de frases, su rango en tesitura le entrega seguridad tanto en los graves como en sus impecables agudos, que maneja con variedad dinámica, entre sus muchos logros queremos destacar su aria Rejoice greatly cantada con una gran prestancia y musicalidad.

Un concierto que da cuenta de la seriedad del trabajo que vienen realizando estos alumnos del Instituto de Música UAH, el que fue reconocido por el público con grandes y entusiastas aplausos.

Gilberto Ponce. (CCA)

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