VISITA UKRANIANA EN LA BEETHOVEN.

KIEV VIRTUOSI EN EL MUNICIPAL DE LAS CONDES.

La Fundación Beethoven trajo en la segunda fecha de la Temporada Internacional de Conciertos Fernando Rosas 2019 a la orquesta de cámara Kiev Virtuosi, formada por un entusiasta grupo de jóvenes guiado por el experimentado violonchelista Dmitri Yablonsky, el conjunto formado el año 2016 muestra bastante entusiasmo, pero creemos que aún tienen camino que recorrer para llegar el nivel que sin duda pretenden, pues aún manejan fraseos muy convencionales y las articulaciones todavía distan de ser homogéneas.

La Orquesta de Cámara Kiev Virtuosi. foto teatrosolis

En este aspecto, nos parece que no basta la la experiencia de Yablonsky quien tiene muy claro lo que desea, pero no lo concreta debido a que su gesto en general es blando y no siempre preciso, y al cuidar algunas voces pierden perfil otras, este punto es vital, para que el talentoso grupo logre la excelencia a que aspiran. Bien sabemos que la excelencia de otros conjuntos de cámara es producto de años de tocar juntos.

Johann Christian Bach y Henri Casadesus. foto minnesotasinfonia

El programa mostró un abanico de cinco obras de los más variados estilos, iniciándose con una obra del compositor y director de orquesta francés Henri Casadesus (1879- 1947), en cuya producción se encuentran varias operetas y música para el cine. La obra en cuestión fue su Concierto para violonchelo y orquesta en Do menor, escrito al estilo de Johann Christian Bach, razón por la que durante años se atribuyera la obra al hijo de Bach, el concierto fue escrito originalmente para viola, pero se interpreta también en violonchelo.

El solista en violonchelo Dmitri Yablonsky. foto belenalonso

El solista fue Dmitri Yablonsky que mostró además de su innegable musicalidad, bello sonido e impecable afinación, en una obra demostrativa de todas las características del clasicismo. Destacaremos la belleza del Adagio tocado sensiblemente a la manera de melodía con acompañamiento, aquí el solista mostró toda su capacidad expresiva, y Allegro final de gran virtuosismo.

De Wolfgang Amadeus Mozart vino una de sus obras más hermosas, el famoso Adagio y Fuga en Do menor, donde el Adagio la primera parte fue un tanto desperfilada, mejorando importantemente en la Fuga, de sonido pastoso.

Dmitri Yablonsky dirigiendo a Kiev Virtuosi. foto martinwullich

Siguieron con una de las obras juveniles de Félix Mendelssohn, su Sinfonía para cuerdas N.º 10 en la que aparecieron algunas rudezas, como sonido y articulaciones poco homogéneas que le restaron éxito a la versión, no obstante debemos reconocer algunas secciones de gran calidad.

El violinista Haik Kazazyan. foto fundacionproarte

En la segunda parte se produjo un vuelco con la intervención del violinista Haik Kazazyan, en la obra del compositor ucraniano israelí Alexey Shor (1970 – ), cuyo lenguaje es absolutamente clásico tradicional, el violinista impregnó de energía al conjunto con su aplomo e interesantes fraseos e intencionalidad expresiva.

“Seascapes” o Paisajes marinos en cuatro partes, es una obra de carácter popular con un cierto aire gitano en”Faro abandonado” la primera de ellas, luego muy descriptiva y emocional es “Vela solitaria”, que permitió al solista mostrar toda su capacidad expresiva, “Amenaza de tormenta” la tercera, con su aire levemente español la acerca a la música ligera, siendo muy exigente para el solista y “Granizo de verano” la última, es un un hermoso juego rítmico melódico tan desafiante para solista y la orquesta, que logró una enorme ovación del público, por ello Kazazyan ofreció un lírico y hermoso encore.

Kiev Virtuosi y el director Dmitri Yablonsky. foto bamanagement

Finalizaron con la Suite Holberg de Edvard Grieg en una versión, a nuestro parecer, muy irregular, con momentos logrados en expresión pero no homogéneos en sonido, fraseos y articulaciones, no obstante la prestancia del grupo, les llevó a ofrecer dos encore de gran factura, un Anderson y el celebérrimo Vuelo del moscardón, que encendieron a los presentes.

Gilberto Ponce. (CCA)

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PRIMERA NOCHE DE WALPURGIS DE MENDELSSOHN.

VILA, MOZART y MENDELSSOHN SINFÓNICOS.

En el último concierto de la Temporada 2019 de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, contó el el podio con la batuta del director nacional José Luis Domínguez, quien en la actualidad reside en USA, el programa de bastante interés por los estilos muy diferentes de las tres obras presentadas, pero sus resultados fueron dispares, debido al enfoque que la batuta dio a las obras.

José Luis Domínguez durante el concierto. foto Patricio Melo

Germinal obra del recordado compositor chileno Cirilo Vila, que inicio el concierto, recibió una versión correcta, donde sus atmósferas y timbres se destacaron eficazmente, no obstante la progresión la encontramos bastante plana, haciéndose larga, a pesar de su brevedad, por ello solo con el cambio de ritmo al final de la obra, se reactivó el interés, pero esta sección bastante breve, no alcanzó a motivar y la reacción del publico fue solo discreta para lo que consideramos solo una lectura de Germinal.

Continuaron con la interpretación de la Sinfonía N.º 25 de Wolfgang Amadeus Mozart, versión que a pesar de haber disminuido la cantidad de cuerdas, haciendo pensar en una interpretación transparente y liviana, se contradijo al tocarse en forma gruesa y más bien pesada en carácter, debemos reconocer el trabajo en las articulaciones de las cuerdas, pero el carácter impreso diluyó ese atributo, el otro punto de conflicto fue el manejo inadecuado del balance instrumental, maderas y bronces con gran volumen hicieron desaparecer el sonido de las cuerdas en amplias secciones.

Parte del Coro Sinfónico y Camerata Vocal y miembros de la Sinfónica Nacional. foto Patricio Melo

En el primer movimiento, sin duda el más conocido de todos, se escuchó casi sin contrastes y sus diálogos entre familias no siempre resultaron lo suficientemente claros. El Andante que sigue, se inició muy confuso en pulso, luego la falta de balance entre cuerdas y vientos desdibujó completamente fraseos y sentido temático, por ello una vez más se diluyeron los diálogos entre familias, escuchándose varios finales de frases sucios, con instrumentos que no cortaron junto al resto.

La Orquesta Sinfónica Nacional, los Coros Sinfónico y Camerata Vocal, solistas durante la obertura de la obra de Mendelsson. foto Patricio Melo

El Minuetto que sigue adoleció de gracia en medio de una dinámica plana, en el trío enfocado en las maderas, se produjeron varias severas confusiones. El Allegro final de compleja resolución mostró poca claridad en la exposición temática y poca gracia en contrastes. Creemos que el director quedó muy al debe con esta versión fuera de estilo de una sinfonía que es bastante icónica en la producción del genio de Salzburgo.

El tenor Alexis Sánchez al inicio de la obra de Mendelssohn. foto Patricio Melo

Un cambio importante se produjo con la obra que finalizó el concierto. Nos referimos a la Cantata de Félix Mendelssohn La primera noche de Walpurgis que pertenece al Op. 60, obra inspirada en la balada del mismo nombre de Johann Wolfgang von Goethe, obra brillante de gran exigencia instrumental y vocal, que describe el rito del inicio de la primavera, que tiene como personajes a Druidas, Cristianos y Sacerdotes entre otros, allí solistas y coro asumen diferentes roles, esta razón nos hace preguntarnos, porqué no se incluyeron los textos en las pantallas del teatro como en otras obras, creemos que gran parte del público tuvo que conformarse con la bellísima música y la buena interpretación, y tal vez formarse su propia versión, algo injusto para esta verdadera joya sinfónico coral.

Francisca Muñoz como la aterrada cristiana que contempla el rito pagano. foto Patricio Melo

Sin duda que el carácter descriptivo de la partitura, le es más afín a Domínguez, a quien se le vio muy a gusto con ella, la orquesta respondió de buena forma con desajustes menores, sin empañar el éxito de la versión. Debemos destacar el hermoso sonido conseguido por los instrumentos, y señalar el gran cometido de los cornos hacia el final de la obertura que describe el final del Invierno y la llegada de la Primavera anunciando la nueva estación.

El bajo Francisco Salgado cantando la obra de Mendelssohn. foto Patricio Melo

El Coro Sinfónico y la Camerata Vocal de la Universidad de Chile, lo hicieron en forma estupenda, lo que habla muy bien de la preparación de su Director Juan Pablo Villarroel, voces timbradas y seguras en una obra de enormes exigencias de tesitura, además con muy buena dicción incluso en las escenas del aquelarre, que exigen cantar a gran velocidad. Sus forte fueron poderosos y tan musicales como sus piano.

El barítono Arturo Jiménez durante su actuación. foto Patricio Melo

Alexis Sánchez el tenor experto en barroco, ahora abordando otro estilo, mostró claramente el porqué ha alcanzado el lugar que tiene en la música de nuestro país, cada uno de los roles que cantó fue un gran éxito.

Francisca Muñoz la mezzosoprano, es muy musical y tiene una hermosa voz, sus graves son poderosamente sólidos, sus intervenciones le significaron el mayor de los reconocimientos.

Arturo Jiménez no pudo lucir su timbre de barítono, pues se encontraba enfermo, por ello comenzó con muy poca voz y solo al final se escuchó mejor.

Francisco Salgado posee una hermosa voz de bajo, propia del rol de quien invita a atacar a los cristianos, pero sin duda debe mejorar su afinación que es muy irregular. En síntesis una versión con muchas luces de esta Primera noche de Walpurgis, que encantó, como lo hace cada vez que se interpreta, logrando grandes y merecidas ovaciones, para todos los interpretes.

Los interpretes reciben los aplausos del público al final de La Primera noche de Walpurgis de Mendelssohn. foto Patricio Melo

Gilberto Ponce. (CCA)

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DÚO ELSCHENBROICH GRYNYUK

DÚO DE EXCELENCIA INAUGURA TEMPORADA BEETHOVEN.

La Temporada Internacional de Conciertos Fernando Rosas 2019, que organiza la Fundación Beethoven, tuvo un excelente comienzo con la presentación del estupendo dúo que integran Leonard Elschenbroich en violonchelo y el pianista Alexei Grynyuk, quienes demostraron enorme musicalidad, técnica pasmosa y un afiatamiento propio de aquellos que llevan largo tiempo tocando juntos.

Alexei Grynyuk piano y Leonard Elschenbroich chelo. foto elcomercio

Llegaron hasta el Teatro Municipal de Las Condes con un programa de gran belleza y dificultad, dejando muy en claro su musicalidad y enfoque estilísistico, todo más allá de su perfecta técnica.

En la primera parte interpretaron dos sonatas de Ludwig van Beethoven, primero la Sonata N.º 1 en Fa mayor, Op. 5 que se encuentra entre las llamadas tempranas, donde que queda en evidencia la condición de pianista del compositor, por la importancia que le otorga al teclado, a ratos pareciera una gran sonata para piano con chelo agregado, pero no olvidemos que estas obras son el comienzo del trabajo del autor en esta combinación.

Ludwig van Beethoven a los 33 años. foto wikipedia

Los artistas abordaron sensiblemente la introducción, siendo evidente su manejo del balance instrumental, luego al abordar el Allegro mostraron sólidos fraseos y precisas articulaciones en diálogos perfectos.

El segundo movimiento Rondó, lo enfrentaron con gracia y refinado virtuosismo, mientras que la sección central que muestra un carácter más popular, se destacó por el manejo de los contrastes dinámicos, es necesario destacar la perfecta y virtuosista digitación de Grynyuk.

Alexei Grynyuk. foto youtube

El peso interpretativo cambió notablemente en su versión de la Sonata N.º 3 en La mayor, Op. 69 en ella Beethoven ya le otorga al chelo una mayor gravitación, por ello es que los diálogos entre ambos instrumentos poseen gran contundencia, llegando a notable grados de expresividad demostrativos del estilo beethoveniano.

Beethoven introduce un cambio en el segundo movimiento al colocar un Scherzo en su lugar, el que recuerda temas húngaros, que permitieron a los visitantes a mostrar todo su espléndido virtuosismo, en poderosos forte o sutiles piano, maravillando por el suspendido final.

Leonard Elschenbroich. foto WQXR

El tercero Adagio cantábile- Allegro vivace, mostró al inicio el expresivo canto del chelo de Elschenbroich, complementado con la musicalidad del piano, un juego de contrastes llegó con el Allegro, que exige al máximo del pianista. algo para lo que Grynyuk respondió magistralmente, la expresividad de ambos conmovió completamente al público que les ovacionó con el mayor entusiasmo.

En la segunda parte ofrecieron una estupenda versión de la Sonata en Fa mayor Op. 6 de Richard Strauss, obra que escribiera antes de cumplir 20 años y única obra para esta combinación, aunque pudiera pensarse que se trata de una obra liviana, nada más alejado de ello, pues es sólida en su estructura, y aunque acusa algunas influencias como la de Mendelssohn, en ella aparecen muchos indicios del lenguaje que desarrollará posteriormente su autor.

Elschenbroich y Grynyuk la abordaron con el peso propio del romanticismo que anticipa el estilo que vendrá, sonido amplio y casi siempre poderoso, con expresividad más desbordante.

Encontramos con carácter bastante heroico el primer movimiento Allegro con brío, que exige de gran virtuosismo de sus intérpretes, la versión fue a ratos arrebatadora y expresiva.

Richard Strauss joven. foto visionescriticas

El Andante no troppo que sigue, tiene una estructura que recuerda el lied, una de las formas cultivadas por Strauss, los intérpretes rescataron su carácter íntimo en el diálogo entre ambos instrumentos, posteriormente el desarrollo se va haciendo más complejo y oscuro, desarrollando una tensión y expresividad que logró suspender de emoción al público.

El final Allegro vivo, ya muestra una estructura bastante libre y de fervorosa expresividad, permitiéndoles desarrollar progresiones dinámicas y expresivas de gran efectividad, realizadas como si se tratara de un juego.

El público estalló en ovaciones, llevándoles a ofrecer un movimiento de Rachmaninov que cerró este círculo de exquisita calidad que ofrecieron Leonard Elschenbroich y Alexei Grynyuk.

Gilberto Ponce. (CCA)

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PAGLIACCI DE LEONCAVALLO.

PAGLIACCI DE RUGGERO LEONCAVALLO EN RANCAGUA.

Rancagua, ciudad que había impactado al mundo lírico con sus producciones de ópera, todas realizadas en su hermoso Teatro Regional que posee condiciones acústicas y técnicas notables; afortunadamente y luego de un receso, volvió con una propuesta para una de las óperas favoritas del verismo; Pagliacci de Ruggero Leoncavallo, demostrando que las ganas y calidad pueden hacer un muy buena dupla si se tiene un equipo solvente a cargo.

Llegada de la compañía de Payasos a la ciudad. foto TRR

El tema de la infidelidad y los celos son atemporales, por lo que este drama de viscerales personajes bien puede ser ambientado en diversos lugares y épocas; en esta oportunidad se ambientó en la ciudad de Sewell, de gran importancia para Rancagua, contando con una muy buena escenografía de Marianela Camaño, que permitió desarrollar fluidamente la acción, incluyendo la Comedia que presenta la compañía de payasos, del mismo modo el vestuario (Loreto Monsalve) y maquillaje representó con propiedad los años 50 del siglo pasado, la iluminación de Ricardo Castro cerró el círculo virtuoso de la puesta en escena.

Matías Moncada como El Prólogo al inicio de la ópera. En el foso Eduardo Díaz dirigiendo la Orquesta Sinfónica Juvenil de Rancagua. foto TRR

Rodrigo Navarrete fue el responsable de la régie, en la que acentuó el carácter verista, tanto para las escenas colectivas como aquellas de interacción entre personajes, realzando las pasiones simples y directas de los protagonistas, derrochando cierta violencia y sensualidad, por ello es que nos pareció adecuada la escena entre Nedda y Silvio, que semi desnudos realizan un estilizado acto sexual, para nada chocante y con buen gusto.

Nedda (Marcela González) y su amante Silvio (Eleomar Cuello) foto. TRR

Un cambio importante fue el hecho que Canio al final no asesina por celos a Nedda su esposa, pues dispara, matando a otro personaje y luego se suicida, y como creemos que tampoco trasgrede la esencia, funciona y bien; en cambio a pesar de los muchos aciertos, creemos que faltó a la dirección de escena diferenciar mejor los movimientos de los personajes en la Comedia de Colombina y Arlequín, que resultaron similares al resto; ahora no sabemos si por la dirección de escena o por falla en actuación, algunos de los momentos de duda de Nedda, resultaron poco convincentes, pero estos aspectos no empañan para nada el éxito logrado.

Canio (José Azocar) observa a su esposa engañádolo, gracias a la denuncia de Tonio (Matías Moncada) foto TRR

El Coro Polifónico de Rancagua dirigido por Eduardo Díaz y Eleomar Cuello, tanto como el Coro Infantil de Rancagua de Geraldine Palma, muy sólidos en canto y actuación.

Canio (José Azocar) durante la Comedia jurando venganza. foto TRR

La Orquesta Sinfónica Juvenil de Rancagua que dirige Eduardo Díaz, quie también lo hizo en esta ocasión, fue sorprendente, se sabe que la obra es compleja, por ello alabamos su musicalidad y entusiasmo, algunos detalles en filigranas no desmerecen su estupendo desempeño, y creemos que se les avisora un gran futuro.

Canio (José Azocar) y Nedda como Colombina (Marcela González) foto TRR

En el rol de Canio el payaso enceguecido y con razón por los celos, recayó en el experimentado José Azocar, quien a través de su hermosa voz perfiló estupendamente su dramático papel, bien sabemos que él asume perfectamente sus personajes, por ello creemos que su escena final fue de enorme y convincente emocionalidad.

Canio enceguecido por los celos amenza a Colombina antes de suicidarse. foto TRR

Marcela González fue Nedda la infiel esposa de Canio, quien se sabe deseada por muchos y por supuesto goza la situación, ella lo hizo explotando se bella voz, con gran expresividad vocal, pero no siempre convincente en actuación, en particular en el papel de Colombina, algo que atribuimos a la régie, pues ha demostrado ser una gran actriz.

Tonio (Matías Moncada) intenta vanamente de seducir a Nedda (Marcela González) foto TRR

Las ovaciones que se llevó al final Matías Moncada, fueron más que merecidas, en primer lugar –en una acierto de la dirección de escena– como El Prólogo, que inicia la escena desde la platea, desplegando una sólida actuación y magnífica voz, después asumió como Tonio el libidinoso y deforme personaje, que desea a Nedda, denunciándola al no ver correspondido sus deseos.

Beppe (David Rojas) caracterizado como Arlequín en la Comedia. foto TRR

David Rojas tiene una hermosa voz y actuación mejorable, asumiendo como Beppe, su buen desempeño fue estropeado por los agudos en su Serenata a Colombina cuando actúa como Arlequín.

El breve pero importante papel de Silvio fue cantado con solvencia por Eleomar Cuello.

Niños del Coro Infantil de Rancagua. foto TRR

En síntesis una muy buena producción, que fue ovacionada por los asistentes, confirmando al menos que en cuanto a ópera, existen lugares más allá de Santiago, donde campea la calidad.

Saludo final de los Solistas, Coros y Figurantes. foto TRR

Gilberto Ponce. (CCA)

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MAHLER POR BORTOLAMEOLLI.

LA MADUREZ DE PAOLO BORTOLAMEOLLI.

El último concierto de la Filarmónica de Santiago, que tuvo como eje la compleja Sinfonía Nº 7 de Gustav Mahler, fue ocasión para comprobar el grado de madurez alcanzado por Paolo Bortolameolli, algo que no debiera extrañar, si observamos la ascendente carrera internacional que el joven director chileno está desarrollando.

No obstante dirigir variadas orquestas, particularmente Los Ángeles donde es asistente de Gustavo Dudamel, así como un intenso repertorio de los más variados estilos, es insuficiente sino concurren el talento y el estudio en su máxima expresión, es así que podemos afirmar que estamos ante un director que conjuga ambos aspectos, por eso el éxito que ha cosechado.

Sin duda hay camino por recorrer (no se termina nunca), pero el empoderamiento que muestra Bortolameolli sobre las obras que conduce, nos hace concluir que sus pasos son cada vez seguros, y no dudamos que está ante una expectante carrera.

Paolo Bortolameolli en pleno concierto. foto Patricio Melo

Dirigir obras de Mahler es siempre un desafío, porque implica no solo desentrañar las complejidades musicales -que siempre abundan-, también hay que adentrarse en el mundo propuesto por un compositor, el que además, de exponer sus ideas sobre cuestiones trascendentales, en ocasiones da pistas de aspectos de su vida personal; como de su búsqueda en el ámbito espiritual, que podemos sintetizar en el hecho de haber crecido en el seno de una familia judía, en sus acercamientos a movimientos de carácter panteísta, tanto como en su controvertida conversión al catolicismo entre otros; y si sumamos a lo anterior las dificultades de carácter, que desembocaron en conflictos familiares, donde la infidelidad de Alma su mujer, tanto como la de él mismo fueron una constante que se suma a la tragedia de la muerte de una de sus hijas.

La sumatoria de lo expuesto nos ayuda a comprender a Mahler, considerando toda su obra, que es donde siempre queda expuesto algo vital, por ello su Séptima sinfonía es una muestra magnífica de esto.

Bortolameolli saluda al Concertino antes de la Sinfonía. foto Patricio Melo

Consideramos formidable el trabajo de Bortolameolli en esta obra, pues mostró profundo conocimiento de la partitura, manejando con maestría a una Filarmónica que concentradamente respondió a sus indicaciones e incluso a sus más mínimos gestos, la orquesta mostró una vez más y ampliamente la enorme jerarquía alcanzada, además de elogiar a todo el conjunto debemos en particular señalar a cada uno de los instrumentistas que tuvieron partes a solo.

Paolo Bortolameolli en plena conducción. foto Patricio Melo

Destacaremos algunos de los muchos logros de la versión; nos pareció clave en el éxito la perfección en los numerosos cambios de tempo y pulso, pero sobre todo el manejo de los rubato, todos de inusitada perfección y que son parte fundamental en la obra mahleriana, asimismo el manejo de fraseos y articulaciones con sentido, alejadas de cualquier enfoque superficial o efectista.

El director consiguió sonido poderoso y de una sensualidad casi lujuriosa en el primero y en el último de los movimientos, destacaremos del primero un aspecto donde no es para nada difícil, reconocer alusiones a la monumental Tercera Sinfonía del mismo Mahler.

En el segundo, que tiene como eje el tema enunciado por el corno, mostró reciedumbre en muchas de sus partes, contrastándose con aquellas a la manera de un lied, las que a su vez transitan hacia otro de los aspectos recurrentes en Mahler, las marchas militares de tanta presencia en la infancia del autor, este mundo contrastante entre tensión-relajación fue otro de los logros de la versión.

Parte de la Filarmónica de Santiago durante sinfonía. foto Patricio Melo

No podemos dejar de mencionar el genial inicio del tercer movimiento, por las sutilezas y el misterioso carácter logrado, donde ese vals algo grotesco juega a favor de una oscura expresividad, mientras que una vez más nos muestra enormes contrastes de todo tipo, como de tempo y carácter.

A nuestro parecer el cuarto movimiento es el más complejo de todos, por la enorme cantidad de elementos que lo constituyen, convirtiéndose en cierto modo en un verdadero rompecabezas, es por eso que al lograr Borlolameolli unificar en un todo coherente sus partes, nos señala claramente el concepto en cuanto a versión, que tiene el joven director.

En el quinto, aparece una recapitulación del material utilizado antes convirtiéndose en otro de los ejes de atracción, manifestado en múltiples contrastes, como aquellos poderosos forte y su respuesta en los livianos y casi sutiles piano.

La sección final, con esa respiración que lleva al poderoso final, simplemente desató la euforia de los presentes que sin cansarse ovacionaron a una Filarmónicaen estado de gracia-, y a Paolo Bortolameolli, que empapado en sudor mostraba su satisfacción por la brillante jornada, luego a las pataditas de admiración del público, se agregaron las de la orquesta, manifestando así su respeto y admiración por el trabajo de la batuta.

La Filarmónica de Santiago y Paolo Bortolameolli reciben las ovaciones del público que colmó el Municipal de Santiago. foto Patricioi Melo

En la primera parte, se realizó el estreno absoluto de Nocturno del compositor nacional Miguel Farías, obra inspirada en los nocturnos de la sinfonía de Mahler, obra que consideramos muy bien orquestada, que logra colores, atmósferas y timbres, que desembocan hacia el final en un bolero, que irrumpe en el lenguaje mahleriano, en una fusión impactante. La versión fue cuidadosa, siendo recibida con entusiasmo por el público.

Gilberto Ponce (CCA)

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FUNCIÓN ESTELAR DE LA FUERZA DEL DESTINO.

LA FUERZA DEL DESTINO ESTELAR.

Asistimos a la segunda función del elenco Estelar de la ópera de Giuseppe Verdi La Fuerza del Destino, ante un Municipal colmado de espectadores, que al final de la función aplaudieron larga y entusiastamente, y en verdad tenía razón fue una estupenda función, en la que pudimos apreciar en profundidad el trabajo de la puesta en escena, de una coherencia enorme, sin arbitrariedades manteniendo tanto el drama como la comedia que exige el trabajo de Verdi.

Parroquianos en la Taberna. foto Patricio Melo

Una vez más destacó el impecable trabajo de la régie, en el movimiento de los coros, ballet y figurantes, que resolvió eficazmente lo que con facilidad se puede transformar en caótico, algo nada fácil pues ellos interactúan con los protagonistas y también entre ellos, sin duda este fue un triunfo mayor de Stefano Vizioli. Ya habíamos destacado el notable trabajo de Nicolás Boni, Monse Catalá y Ricardo Castro en escenografía, vestuario e iluminación, por ello no repetiremos los conceptos expuestos para la versión Internacional.

En el aspecto musical, es redundante, pero debe decirse, el extraordinario desempeño del Coro del Municipal de Santiago que dirige Jorge Klastornick.

Leonora (Lilit Soghomonyan) es maldecida por su padre El Marqués de Calatrava (Jaime Mondaca) foto Patricio Melo

La Orquesta Filarmónica de Santiago fue dirigida en esta oportunidad por su director residente Pedro Pablo Prudencio, manteniendo el bello sonido instrumental, acompañando cuidadosamente a los cantantes y coros, y creemos que algunas partes llevadas un poco más lento, fue buscando intencionalidad expresiva, así mismo y no es menor el que haya hecho dialogar a la orquesta con los cantantes, exponiendo con mayor claridad tanto los leit motiv como las respuestas a frases de solistas tanto como del coro. Esto nos pareció, acentuó la expresividad dramática de la ópera. Fue otro junto a la orquesta, los que recibieron una ovación de parte del público.

Escena general en la Taberna. foto Patricio Melo

El numeroso elenco fue encabezado por la soprano armenia Lilit Soghomonyan, cuya voz sin ser particularmente grande es adecuada para el rol de Leonora, su registro medio es poderoso y aunque sus agudos no siempre le son cómodos, los logra; su principal virtud está en su actuación, con ella conmovió a los espectadores: la dualidad en que debe transitar, con su amor por Álvaro, tanto como su deseo de vengarse, los evidenció con fuerza.

Leonora (Lilit Soghomonyan) foto Patricio Melo

El tenor mexicano Héctor Sandoval, fue Don Álvaro, quien sin poseer una gran voz, alcanza toda la tesitura cómodamente, y muy importante es el hecho que su timbre es parejo, no cambia de color según la altura en que le corresponde cantar, y si a ello agregamos que posee una actuación natural, convenció en el papel del sufrido personaje que mata casualmente al padre de su enamorada Leonora, para luego buscar redención en la religión, y de paso batirse a duelo (algo que no desea) con el hermano de esta, quien solo busca vengar a su padre, para finalmente en un duelo matarlo.

Efectos de la guerra. foto Patricio Melo

Don Carlo el vengativo hermano de Leonora, lo cantó el barítono mexicano Ricardo López, si bien es musical, su voz es demasiado pequeña, esto significó que en algunas ocasiones se escuchara con dificultad, y en actuación debe todavía dar pasos significativos, ya que solo en algunas escenas esta es natural.

el Padre Guardiano (Taras Berezhansky) prando en el convento. foto Patricio Melo

El bajo ucraniano Taras Berezhansky fue uno los cantantes más ovacionados, las razones; una poderosa y bellísima voz, tiene enorme musicalidad y convincente actuación, creemos que sería una gran noticia saber que volvería al escenario del Municipal, su Padre Guardiano fue de prestancia inolvidable.

Patricio Sabaté como Fray Melitone, confirmó todas las virtudes que lo han llevado al lugar en que se encuentra, sin poseer una gran voz, su musicalidad es garantía, y como además es estupendo actor, no extrañó que fuera otro de los triunfadores.

Preziosilla (Evelyn Ramírez) atrás Don Carlo (Ricardo López) y parroquianos. foto Patricio Melo

Evelyn Ramírez parece no tener límites, dijo un espectador, y la razón se encuentra en que ella acierta en cada uno de los roles que enfrenta, de hermosa y gran voz, exquisita musicalidad, gran presencia escénica, creó una Preziosilla sensual y dominante con la que deslumbró.

Jaime Mondaca, Paola Rodríguez y Matías Moncada reeditaron muy bien sus roles de Marqués de Calatrava, Curra y Alcalde/Cirujano, mientras que Maestro Trabuco lo hizo ahora con mucha gracia y buena voz Pablo Ortiz.

Don Álvaro (Héctor Sandoval) herido es asistido por Don Carlo y soldados. foto Patricio Melo

Una función que encantó a los asistentes quienes valoraron la seriedad de la propuesta.

Don Álvaro camina hacia la redención luego de la muerte de Leonora y Don Carlo. foto Patricio Melo

Gilberto Ponce. (CCA)

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EXITOSA APERTURA DE TEMPORADA DE ÓPERA

EL RETORNO DE LA FUERZA DEL DESTINO DE VERDI.

La Fuerza del Destino de Giuseppe Verdi es una sólida obra que da pistas de los caminos que el compositor transitará posteriormente. Trabajo en el que Verdi expone todos los elementos que se supone debe contener una ópera, no se trata solo de grandes cantantes, pues posee poderosos y complejos números corales, así como escenas que incluyen ballet y numerosos figurantes; más de alguien dirá que tal profusión de elementos, alarga en exceso la ópera, pero creemos que en ellos Verdi impone la ley de contrastes, necesarios en una obra de arte, según lo dictan algunas normas estéticas.

La Fuerza del destino transcurre en un largo lapso de tiempo, en medio de una serie de acontecimientos de carácter histórico, los que de algún modo aluden al nacionalismo imperante en algunos países europeos, movimiento al que Verdi adhería fuertemente, pero los acontecimientos que rodean a los protagonistas, poseen algo de inverosímiles, por ello la dirección de escena debe esforzarse por dar credibilidad, a elementos incluso algo truculentos. El otro elemento que atraviesa la obra es la religiosidad a la que recurren de una u otra forma protagonistas y pueblo. Como se ve una heterogénea mezcla de elementos, que obliga a una síntesis de todos los factores, otorgándole verosimilitud, este es el gran mérito de Stefano Vizioli a cargo de la régie, porque se aventuró en la modernidad y se atuvo pertinentemente a lo argumental.

Escena de conjunto de la Fuerza del Destino. foto Marcela González

La escenografía de Nicolás Boni ubica toda la acción en un teatro de características similares al Municipal, el que se va derruyendo durante el transcurso de la ópera, tal como ocurre en la historia con los personajes, por ello fragmentos de la estructura se van acumulando en el suelo, como recordando el pasado, los palcos son utilizados con precisión por el coro y los figurantes, y en un momento la pesada estructura se abre, para mostrar el cielo y permitir la salida de los protagonistas en dos escenas claves.

Leonora (Oksana Sekerina) y Don Álvaro (Giancarlo Monsalve) en el primer acto. foto Marcela González

Asimismo cobran importancia elementos como la camilla, que recibirá a Don Álvaro herido, la carreta colmada de muertos en batalla y el gran Cristo colgante en diagonal, que posteriormente se destruirá como parte del derrumbe paralelo del mundo interior de los personajes. Objetamos lo que consideramos un error, pues los palcos del teatro se topan con los bordes del escenario real, quedando fuera de la visión de gran parte del público, el fragmento que Leonora canta desde allí, mientras que al otro lado se coloca en una escena una cruz a la que se alude recurrentemente, pero gran parte del público no la ve; creemos que es necesario considerar esos factores, por respeto a todos los asistentes.

El Marqués de Calatrava (Jaime Mondaca) maldice a su hija Leonora (Oksana Sekerina) luego de ser herido de muerte accidentalmente por Don Álvaro. foto Marcela González

El vestuario de Monse Catalá de una gran belleza dentro de su sobriedad, muy acorde a la escenografía, el que fue realzado por la iluminación de Ricardo Castro. La dirección musical correspondió al italiano Giuseppe Grazioli, quien entregó un muy buena versión de la obertura, y en el resto de la ópera respetó permanentemente el pulso de los cantantes, acompañándolos eficientemente, pero sin lograr lograr mayores perfiles en la orquesta, sin resaltar los leit motiv, recurrentes durante la ópera, creemos además que algunos muy pequeños desajustes con el coro, en las escenas donde este no solo canta, pues debe moverse entre bailarines y figurantes, no empañan para nada el buen desempeño de la batuta. La orquesta, una vez más en su acostumbrado alto rendimiento, donde destacaron algunos importantes solos instrumentales

Preziosilla (Anna Lepkovskaja) foto Marcela González

El Coro del Municipal de Santiago que dirige Jorge Klastornick, dio muestras una vez más de su enorme calidad vocal y de toda su experticia como actores. Lamentablemente no se consigna en el programa de mano, el coreógrafo de las originales y bellas danzas, asimismo creemos que los figurantes fueron aporte fundamental en el realismo a las escenas masivas. La poderosa y hermosa voz de Oxsana Sekerina dio vida a Leonora, creemos que ella tiene la voz precisa para el rol, asumiendo en propiedad todas las variables dramáticas, un triunfo absoluto de ella fue su gran aria final, la que fue sobrecogedora, al final el público la ovacionó sin reservas.

Leonora y el Padre Guardiano (Maxim Kuzmin-Karavaev) foto Marcela González

Giancarlo Monsalve posee el físico y una presencia escénica adecuadas para el papel de Don Álvaro, no se puede objetar como evoluciona dramáticamente su personaje, y a pesar que tiene un hermoso timbre, su manejo vocal es bastante irregular, a veces sus agudos son fáciles y hermosos, pero otros se escuchan apretados y con otro timbre, factor que desconcierta, no obstante su honestidad como actor fue premiada con entusiastas aplausos.

Don Carlo de Vargas lo cantó Vitaliy Bilyy, su bello timbre de barítono, tanto como su sólida actuación perfilaron en propiedad al vengativo y hermano de Leonora; su dúo con Álvaro tanto como sus solos fueron de extrema musicalidad.

Álvaro es redimido, mientras el Padre Guardiano ora por Leonora y Don Carlo. foto Marcela González

Maxim Kuzmin-Karavaev otorgó toda la solemne sobriedad del Padre Guardiano a través de su hermosa y musical voz. Fray Melitone de Ricardo Seguel sirvió para que el barítono mostrara no solo hermosa voz, también toda la gracia requerida por el personaje.

Anna Lapkovskaja fue una histriónica Preziosilla, con espléndida voz y actuación. Asimismo gran trabajo vocal y en actuación mostraron Jaime Mondaca y Paola Rodríguez, como el Marqués de Calatrava y Curra la camarera de Leonora. Completaron el elenco Matías Moncada muy bien como Alcalde / Cirujano y Gonzalo Araya como un simpatiquísimo Maestro Trabuco.

Gilberto Ponce. (CCA)

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REQUIEM DE MOZART.

CONCIERTO DE SEMANA SANTA EN EL CEAC.

Ola Rudner director del Réquiem de Mozart. foto Patricio Melo

El tiempo previo a la Semana Santa, es ocasión propicia para que muchos conjuntos programen obras de carácter religioso, las que en general, atraen gran cantidad de público interesado en escuchar algunas de las obras religiosas más importantes de todos los tiempos.

El Centro de Extensión Artística y Cultural de la Universidad de Chile (CEAC) programó el celebérrimo Réquiem de Wolfgang Amadeus Mozart, una de las más bellas que se hayan escrito, que posee una profunda carga espiritual.

La Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, los solistas Andrea Aguilar, Marisol Hernández, Francisco Huerta y Sergio Gallardo, y los Coros Sinfónico y Camerata Vocal de la Universidad de Chile, dirigidos por Ola Rudner durante el concierto. foto Patricio Melo.

Fue interpretado por sus conjuntos la Orquesta Sinfónica Nacional junto al Coro Sinfónico y la Camerata Vocal, ambos de la Universidad de Chile, junto a cuatro solistas, todos bajo la dirección del maestro sueco Ola Rudner.

Más allá de todas las leyendas en torno a la obra, o de la validez de las partes que completó su discípulo Süssmayr, pues Mozart completó solo hasta un tercio del Lacrimosa, dejando escritas partes incompletas hasta el Agnus Dei, por ello al no haber fragmentos de Mozart para el final, recurrió a la música del comienzo (Introito y parte del Kyrie) agregándole los textos finales de la misa, a pesar de estos antecedentes, existe consenso que se trata de una obra maestra y fundamental en la historia de la música.

TLa soprano Andrea Aguilar y la mezzosoprano Marisol Hernández durante la presentación. foto Patricio Melo

Curiosamente el Teatro Baquedano no estaba completamente lleno, al menos en la primera de las cuatro funciones programadas, y aunque muchos asistentes manifestaban una gran expectación, otros estaban inmersos en sus celulares, actividad que curiosamente continuaron durante la ejecución de la obra.

El tenor Francisco Huerta y el bajo-barítono Sergio Gallardo. foto Patricio Melo

No resulta fácil escribir este comentario por la disparidad de elementos observados, el más importante sin duda la dirección de Rudner, de notable inexpresividad, aparentemente sin interesarle la relación texto-música, además creemos que no existió una progresión expresiva general, fueron números independientes; en otro aspecto nos parecieron arbitrarios los contrastes dinámicos de algunas partes, tanto como la insistencia en el pianissimo de las cuerdas – de hermoso sonido – en relación con el resto de la orquesta, factor que creemos incidió en algunas desafinaciones del coro, algo muy extraño en el conjunto.

A su favor diremos que fraseos y articulaciones de algunas partes, en particular las fugas, fueron de gran limpieza y claridad, existiendo así una estrecha relación entre el canto y los instrumentos. Asimismo en consideración a que es resorte del director la velocidad que imprime a las obras, creemos que algunas partes sufrieron excesivamente por la rapidez, resultando en extremo inexpresivas.

El cuarteto vocal, si bien fue bastante correcto, sobresalieron las voces de la soprano Andrea Aguilar de musical desempeño, tanto como la del tenor Francisco Huerta, muy correcta la mezzosoprano Marisol Hernández y en el caso del solvente bajo-barítono Sergio Gallardo, sin duda la obra no le acomoda, aunque expuso toda su musicalidad y experiencia.

Grupo de integrantes de los Coros Sinfónico y Camerata Vocal, miembros de la Orquesta y los solistas Francisco Huerta y Sergio Gallardo. foto Patricio Melo

Los Coros Sinfónico y Camerata Vocal, muy bien preparados por Juan Pablo Villarroel, mostraron voces timbradas y excelente dicción, destacaremos el brillo de los tenores, y como conjunto fueron capaces de cantar expresivamente, a pesar que la batuta no lo pedía.

La Orquesta Sinfónica Nacional mostró en general buen sonido, y siguió atentamente las indicaciones de Rudner, y aquellos números de pulso algo errático, se debió al gesto blando del director.

El primer número Introito, fue expresivo permitiendo mostrar lo timbrado de las voces del coro, la soprano solista lució su hermosa voz, el Kyrie que sigue destacó por la claridad de las articulaciones de la fuga en un gran trabajo mancomunado con la orquesta.

El Dies Irae, lo encontramos con fuerza y expresividad, con buen manejo de los contrastes; el Tuba mirum que sigue se inició con notables flaquezas del trombón, a pesar de ello el bajo perfiló muy bien su parte, luego se agregaron el resto de los solistas con muy buen desempeño vocal y flojamente el fraseo e intencionalidad de la orquesta.

Los cuatro solistas durante el concierto. foto Patricio Melo

Desbalanceado el sonido entre la orquesta y el coro se escuchó el Rex Tremendae, en el Recordare para solistas y orquesta, la batuta no fue clara y se sintió inseguro el sonido orquestal, mientras que los solistas estuvieron solo correctos debido a esa inseguridad.

Muy débil fue uno de los números más conocidos el Lacrimosa, el balance voces orquesta fue equívoco, con un deslavado resultado final. El Hostias fue superficial en expresividad y se produjeron varios desajustes entre coro y orquesta, seguramente debido a la velocidad impresa.

De gran fuerza fue el Sanctus y con muy buen resultado la fuga Hossana. A pesar de las buenas voces del cuarteto y de sus esfuerzos expresivos, estos apenas se esbozaron debido a la peligrosa velocidad impresa por la batuta en el bellísimo Benedictus. Solo correcto consideramos el Agnus Dei, algo que se superó ampliamente en la parte final con el ingreso de la soprano y las partes fugadas del coro y la orquesta de gran perfección, que provocaron entusiastas aplausos de los presentes, que agradecen poder escuchar en vivo una de las más grandes obras sinfónico-corales.

Un Réquiem de Mozart que alternó luces y sombras, que atribuimos a la batuta de Ola Rudner.

Gilberto Ponce. (CCA)

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EL LABORATORIO DEL BANCH II

Fragmento de «A mis soledades» de Rodrigo Opazo. foto Patricio Melo
Fragmento de "A mis soledades" de Rodrigo Opazo. foto Patricio Melo
Fragmento de «Inclinación Asertiva » de Amaru Piñones. foto Patricio Melo

EL LABORATORIO DEL BANCH.

En una iniciativa digna de elogio Mathieu Guilhaumon, director del BANCH, le encargó a siete integrantes de la Compañía crear igual número de coreografías, la que serían interpretadas por el resto de los bailarines.

El nombre de la iniciativa fue, como resulta lógico; LABORATORIO, esto es, el lugar para experimentar y tal vez a futuro descubrir a nuevos coreógrafos, ellos no tuvieron limitantes, salvo el no traspasar un límite de tiempo, teniendo a su servicio todos los elementos técnicos del ballet.

En la experiencia fue evidente la mayor intuición y talento de algunos en este campo, en otros hay que esperar a que sus ideas encuentren un cauce mejor, entre los aspectos a desarrollar, está es el como rematar los trabajos, ya que algunos, al final perdieron el vigor mostrado en parte de su desarrollo, del mismo modo se apreció un cierto interés por el juego aleatorio con resultados que pudieron ser mejores.
Como era de esperar siguiendo una tendencia actual en el arte, en la mayoría existe una conceptualización en las líneas argumentales.

Algo muy evidente que encontramos poco positivo, fue una constante oscuridad para casi todas las coreografías, habrá sido porque el teatro tiene pocos recursos o los iluminadores no poseen la experiencia necesaria? Esto finalmente termina por agotar el interés visual ya que todo resulta bastante plano en el escenario ,y como el vestuario tampoco buscó mayores contrastes, no se crearon los necesarios contrastes visuales.

Los bailarines llamados a este laboratorio fueron Rodrigo Opazo, Gema Contreras, Amaru Piñones, Valentín Keller, Enrique Faúndes, Nicolás Berrueta y Fabián Leguizamón, según el orden en que se presentaron los trabajos.

Un aspecto que tuvo tanto elementos positivos como negativos, fue la estructura del programa que se presentó sin interrupción, lo que redundó en una fluidez que no alargó demasiado la función, pero al mismo tiempo el público no pudo leer las reseñas antes de cada obra, que sin duda es muy importante en este tipo de trabajos, y aunque estas se hayan leído todas antes, bien podrían confundirse.

Sin bien el publico reaccionó discretamente con la mayoría de ellas, fue muy estimulante la ovación recibida por los noveles coreógrafos al final de la función.

“A mis soledades” de Rodrigo Opazo mostró una serie de juegos bastante interesantes de conjunto, los que al parecer eran las visiones de un personaje sentado en un sillón a un costado, no obstante creemos que a su obra le faltó capacidad de síntesis, al caer en reiteraciones que poco aportaron.

Ignacia Peralta fue la intérprete de Botar trabajo de Gema Contreras, que posee elementos de pantomima, como también un curioso acercamiento al pilates por la constante interacción con una gran pelota, la obra tiene logrados elementos de humor, que tal vez debieron ser más explotados, como el juego del foco que pareciera arrancar del tramoya y posteriormente su interacción con la bailarina.

Amaru Piñones, creó una de las coreografías con más elementos de danza con su “Inclinación asertiva” logrando mostrar aspectos de la sexualidad humana con enorme sutileza. Las escena de conjunto poseen gran plasticidad y hace un muy buen uso del espacio en una coreografía que mantiene siempre el interés.

¿De verdad no te importa? Creada por Valentín Keller es otro unipersonal que baila Facundo Bustamente, alude a lo mucho que se habla y poco que se hace en la conservación del medio ambiente, inteligentemente desarrollada, el personaje demuestra su interés por la naturaleza sacando de bolsas plásticas plantas, hasta que en un guiño al Rinoceronte de Ionesco el mismo queda con cabeza convertida en una, pero entonces desde arriba (el mundo) es inundado por deshechos plásticos. Su potente progresión dramática la convirtió en una de las más exitosas .

“Que tal si….” de Enrique Faúndez es otra de la coreografías que ahora critica una de las peores costumbres de la sociedad contemporánea; la permanente “conexión” de casi todos al aparatos tecnológicos, en un planteamiento donde se ve a las personas como contentas, pero completamente desconectadas entre sí, hasta que al final en un acto libertario, todos arrojan sus celulares para encontrar la felicidad.

Poético y visualmente hermoso es Kintsugi de Nicolás Berrueta, que desarrolla un interesante juego con unas telas semitransparentes, que finalmente serán dibujadas a la manera de la escritura japonesa.

“Bestia” el último de los trabajos, pertenece a Fabián Leguizamón, la que nos muestra con gran fuerza expresiva, el surgimiento de la “bestia” que existe en cada uno de nosotros, bajo el influjo de la luna llena en un primitivo ritual, que no deja de recordar, el argumento de la Danza fantástica de Saint-Saëns.

Una interesante experiencia que dio cuenta de la potencialidad de siete noveles coreógrafos.

Gilberto Ponce. (CCA)

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FILARMÓNICA DE SANTIAGO COSECHA GRAN TRIUNFO.

ESTIMADOS LECTORES, DEBIDO A PROBLEMAS CON EL SERVIDOR, NO SE HAN PODIDO INSERTAR FOTOS DEL CONCIERTO, LAS INCORPORAREMOS UNA VEZ SOLUCIONADO. LES ROGAMOS NOS EXCUSEN.

RESONANTE TRIUNFO DE IZQUIERDO CON LA FILARMÓNICA.

El segundo concierto de la Temporada 2019 de la Filarmónica de Santiago, fue dirigido por su director emérito Juan Pablo Izquierdo, con obras de Beethoven, Vila y Bartók, con señalado éxito.

La primera parte fue dedicada a Ludwig van Beethoven, escuchándose al inicio una hermosa versión de la Obertura del Ballet Las Criaturas de Prometeo, en una versión llena de contrastes, en la que las miniaturas sonoras fueron destacadas musicalmente; el rendimiento de la orquesta fue ejemplar en cada una de las familias.

Luego se escuchó el Concierto para piano y orquesta nº 3 en Do menor, op. 37 obra donde el autor avanza un poco hacia el romanticismo, pero conservando siempre la estructura del clasicismo, su intérprete fue el pianista italiano Filippo Gamba, quien al menos en la primera función, no dio cuenta de su importante currículo, ya que encontramos que tuvo un acercamiento más bien frío a la obra, pero lo más sorprendente fue su excesivo uso de ritenuto o ascelerando que en más de una oportunidad lo desfasó en relación al director y la orquesta.

Bien sabemos lo riguroso que es Izquierdo en cuanto a pulso, por ello su cara de desconcierto, algo igual ocurrió en la orquesta en varios momentos, pero a favor del solista no debemos olvidar que el intérprete es un ser humano y como tal puede tener malos días, y este pudo ser uno de ellos.

Los problemas mayores ocurrieron en el primer movimiento, donde las excesivas “libertades” del solista en relación a tempo y pulso, transformó la versión en algo lleno de inquietudes, incluso la cadenza, la consideramos poco expresiva y dura.

El segundo movimiento mejoró bastante la musicalidad de Gamba, logrando hermosos diálogos con la orquesta, que a su vez mostraba un bello sonido. El tercer movimiento que por su estructura impide tomarse licencias de pulso funcionó mucho mejor, y logró que las cualidades del solista fueran más apreciables.

La segunda parte se inició con la Elegía (In memoriam Béla Bartók) del chileno Cirilo Vila, se trata de una contundente obra que recrea el mundo sonoro de Bartók teniendo como modelo, la famosa Música para cuerdas y percusión del homenajeado, tiene un carácter muchas veces desgarrado, que Izquierdo acentuó al tiempo que destacaba con claridad las diferentes voces, acentuando en todo momento la mayor expresividad; los valores intrínsecos de la partitura, tanto como su estupenda interpretación consiguieron una muy entusiasta respuesta del público.

Algunos han acusado que la música del ballet El Mandarín maravilloso de Béla Bartók roza lo obsceno y lo decadente (las disonancias recurrentes fueron mal recibidas), por otro lado algunas de las representaciones como ballet, provocaron más de algún escándalo debido a la crudeza de su argumento; no obstante estas y otras reacciones, en la actualidad existe consenso que se trata de una de las obras maestras del siglo XX.

En esta oportunidad se escuchó la suite, que es una síntesis todas las características y dificultades del original, exigiendo por consiguiente una respuesta instrumental superior, y es esto precisamente lo que ocurrió con la inspirada versión de Juan Pablo Izquierdo y la Filarmónica.

Con un Izquierdo totalmente empoderado de la partitura, y con una orquesta que dio lo mejor de su capacidad, escuchamos una versión que acertó plenamente en el carácter, utilizando genialmente los contrastes dinámicos y expresivos, con sonido ora sutil ora contundente, con la mayor rigurosidad rítmica, sin olvidar los constantes cambios de tempo y pulso, así como las recurrentes polirrítmias. No podríamos dejar de mencionar la excelencia de cada uno de los numerosos solos instrumentales.

Las progresiones constantes así como los clímax se insertaron en un desarrollo coherente de principio a fin, obteniendo al finalizar una gigantesca ovación, que incluyó “pataditas” del público eufórico, a las que se agregó la orquesta en pleno, en uno de los grandes éxitos de la Filarmónica de Santiago conducida magistralmente por Juan Pablo Izquierdo.

Gilberto Ponce. (CCA)

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