MAESTRO SUECO DIRIGE LA SINFÓNICA NACIONAL.

OLA RUDNER DIRIGE LA SINFÓNICA NACIONAL DE CHILE.

Desde hace algún tiempo que no escuchábamos a la ahora llamada Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, por ello es que nos reconforta escucharla en un muy buen nivel en sonido y afinación, no sabemos si esto se debe al trabajo de los últimos directores, o específicamente al realizado por Ola Rudner el director sueco que dirigirá tres conciertos, pero lo realmente importante es que el conjunto muestra acercarse a los niveles a que nos tenía acostumbrados.

El maestro Ola Rudner. foto facebook

Rudner abordó tres obras para gran orquesta, en las que desarrolló un pulcro trabajo, incluido el de la obra del chileno (aunque en el programa de mano aparece como francés) Edgardo Cantón, obra que abrió el concierto cuyo nombre es “Ul Kantum, o Retratos de Arauco” en la que al igual que otros compositores nacionales, aborda en tema del folclor mapuche en arreglos sinfónicos con un cierto carácter de Fantasía.

Con un lenguaje que pretende aludir a los esquemas de la música mapuche, a ratos es atmosférica mientras que en otros se enfoca en los timbres, usando además las fórmulas reiterativas melódico-rítmicas que caracterizan la música de este pueblo originario; pero al final, nos parece más bien una Fantasía sobre aires mapuche, que hasta podría constituirse en la banda sonora del un film, pero consideramos que estos Retratos de Arauco tienen un interés variable, aunque debemos destacar que los músicos sinfónicos tocaron con rigurosidad la obra, que tuvo una recepción más bien discreta del público.

El percusionista Gerardo Salazar. foto uchile

Gerardo Salazar fue el gran triunfador en la obra que continuó con el programa, se trató del Concierto para Timbal y Orquesta del saxofonista y compositor estadounidense Russel Peterson, autor que no tiene problema alguno en citar casi textualmente a otros compositores en cada uno de los tres movimientos que posee.

Asimismo pensamos que Peterson no extrajo todas las posibilidades técnicas de los timbales, remitiéndose solo a juegos rítmicos a cargo del solista, aspecto en el que Salazar se irguió por sobre las debilidades de la partitura.

Russel Peterson. foto concordiacollege

Salazar acometió cada movimiento impregnándolo de un carácter particular, especialmente el segundo, a nuestro juicio el más hermoso de los tres, que en su ambiente oriental, no oculta un fuerte influjo de Ravel. Los diálogos entre la numerosa orquesta y el solista fueron cuidadosamente manejados por Rudner, quien logró darle un interés mayor a la partitura, en particular para destacar al solista que simplemente maravilló con su precisión y técnica; el público ovacionó tanto a Gerardo Salazar como a la orquesta.

Manuel de Falla. foto coroiessanpascual

La segunda parte consultó las Suites 1 y 2 del ballet de Manuel de Falla, El sombrero de tres picos, en ella Rudner realizó un trabajo de calidad en cuanto al sonido de sus instrumentistas, pero solo calificamos de bastante correcta la versión, pues salvo en una de las danzas más famosas, el resultado general careció de carácter hispano, donde los rubato, a manera de ejemplo casi no existieron, sin duda el espíritu de Ola Rudner el estupendo director se aviene mejor con otro repertorio, no tan extrovertido como este.

Pero si hemos hablado del buen sonido orquestal, tenemos que destacar el desempeño de algunos ilustres solistas, que brillaron en sus intervenciones, tales como el corno, corno inglés y flautín entre otros, que con su destacada participación agregaron valor a una versión que fue entusiastamente aplaudida por el público que llegó hasta el Baquedano.

Gilberto Ponce. (CCA)

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GUSTAVO MIRANDA-BERNALES.

GUSTAVO MIRANDA-BERNALES EN LOS GRANDES PIANISTAS.

Sin duda, Gustavo Miranda-Bernales ya dejó de ser una promesa, pues a pesar de juventud muestra una madurez sorprendente, de la que dio cuenta en el recital ofrecido en el marco del Ciclo Grandes Pianistas del Municipal de Santiago.

Gustavo Miranda-Bernales. foto visionescriticas

En esta oportunidad ofreció un programa con obras muy exigentes y de estilos muy variados, mostrando una sólida técnica tanto como una interesante aproximación estilística, no obstante pensamos que este último aspecto no fue plenamente logrado en esta oportunidad, sin duda debido a una enfermedad de la que lentamente se irá curando, se trata simplemente de la madurez que dan los años de experiencia, tanto como las contingencias de la vida.

La Sonata en La bemol mayor de Franz Joseph Haydn que dio inicio a su presentación, permitió apreciar desde el primer movimiento su pulcra digitación, tanto como transparencia en las líneas melódicas, todo envuelto en una gran elegancia; el Menuetto que sigue lo convirtió en un verdadero juego de contrastes, mientras que la sección central se caracterizó por un enfoque cantabile; el Rondó que finaliza marcado Presto, le permitió exhibir precisa digitación y gran virtuosismo a través de las diversas variaciones que plantea.

Los grandes aplausos que recibió la versión, mostraron una característica en Miranda-Bernales que se transformó en una constante, una sobria y casi ascética forma de agradecer.

Alexandr Scriabin. foto alchetron

Luego interpretó de Alexandr Scriabin su Sonata Nº 2 en Sol sostenido menor, obra que en sus dos únicos movimientos nos muestra un estilo que transita cercanamente entre el impresionismo y un romanticismo tardío, aunque con una estructura y forma muy definidas.

Se trata de una obra bastante compleja que fue muy bien resuelta por el pianista, enfocándola con un peso sonoro correspondiente al estilo, aquí la densidad juega un rol muy importante obligando al solista a desentrañar multiples claves de interpretación, objetivo ampliamente conseguido por Miranda-Bernales pues una logró óptima claridad en las diversas voces; señalaremos la estupenda progresión dinámico- expresiva del primer movimiento. El segundo le permitió desplegar un virtuosismo que no descuidó los temas que apenas se sugieren destacándolos con precisión.

Claude debussy. foto bio

Una selección del Libro segundo de Preludios de Claude Debussy finalizó la primera parte, de ellos destacaremos Nieblas por sus sutiles atmósferas en pianissimo, la envolvente melancolía de Bruyères, pero en Fuegos de artificio, y su extrema vertiginosidad fue aquel que provocó mayor asombro, debido a su complejidad y exigente virtuosismo, los que encontraron en Miranda-Bernales un soberbio intérprete.

Gustavo Miranda-Bernales. foto latercera

En la segunda parte, el solista enfrentó una de las obras monumentales de la literatura del teclado, la Sonata Nº 29, en Si bemol mayor, Op. 106 de Ludwig van Beethoven, conocida como Hammerklavier (Pianoforte), en ella el autor no solo explota al máximo las posibilidades sonoras del instrumento, pues a la vez sirve de vehículo para que Beethoven manifieste lo más profundo de sus ideas espirituales y estéticas, tanto es así, que algunos estudiosos estiman que su segundo movimiento llega a manifestar filosofía en música, en esa aparente divagatoria unidad que posee.

Nos parece bien que un pianista joven aborde obras de esta magnitud, pues no existe otra forma para que descubra la infinidad de mundos planteados, que sin duda seguirán apareciendo a medida que una serena madurez lo alcance.

Su enfoque ahora es juvenilmente apasionado, por ello a ratos resulta algo superficial, así como las velocidades con que aborda algunos pasajes, resultan más espectaculares que profundas, por ejemplo en los acordes del comienzo resultan rítmicamente confusos, en contrario estupendos fueron sus resultados en el manejo de los contrastes dinámicos, pero en general creemos que el primer movimiento se vio afectado por la velocidad que le imprimió.

Ya dijimos que en el segundo Adagio sostenuto faltó mayor profundidad, mientras que en el tercero encontramos un logrado el carácter de la introducción, luego el desarrollo a la manera de una fuga fue brillante, pues a pesar de lo abigarrado de su estructura cada voz fue expuesta clara y sólidamente.

Un recital que dio cuenta de la solidez de su ascendente carrera.

Gilberto Ponce. (CCA)

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RIGOLETTO AHORA EN VERSIÓN ESTELAR.

VERSIÓN ESTELAR DE RIGOLETTO EN EL MUNICIPAL.

Nos correspondió presenciar la segunda función de la controversial puesta en escena de Walter Sutcliffe, que subió al escenario del Teatro Municipal ahora con el elenco Estelar, que mezcló a cantantes argentinos con chilenos.

El Duque de Mantua (Juan Pablo Dupré) con Borsa (Rony Ancavil), a la derecha Rigoletto (Fabián Veloz) en el supuesto palacio del Duque con cortesanos. foto PatricioMelo

En el análisis de la versión con elenco Internacional, dimos cuenta de lo que a nuestro juicio, eran incoherencias que se apartaban del planteamiento original, como la inserción de personajes, al menos en el vestuario, de obras muy distantes de lo propuesto por Verdi para el libreto de Francesco María Piave, por eso es que nos preguntamos, cuál fue el aporte real de esta producción, en qué se enriqueció la ópera?, porque el solo hecho que esta puesta pretenda introducirse en los negros pensamientos del protagonista, no es algo que quede claramente explícito, salvo por la iluminación de Ricardo Castro, que con sus “encierros” sumerge algunos personajes y la trama en ese ambiente oscuro.

El Duque (Juan Pablo Dupré) coqueteando con la Condesa de Ceprano (Pamela Flores). foto Patricio Melo

Si analizamos la escenografía, los paneles que crean el túnel que encierra y no permite la salida a la angustiosa situación de Rigoletto como de Gilda, funciona como idea general, pero los dos módulos de movimiento circular ubicados en ambos lados del escenario tienen resultados mixtos, recrean bien el parque de la segunda escena, pero se diluye penosamente en el dormitorio de Gilda, opuesto a la cocina de la casa; funciona algo mejor en el salón del “palacio ducal”, en la dramática escena cuando el “bufón” pide dolidamente a los “cortesanos” que le devuelvan su hija, y tampoco contribuye al desarrollo de la escena en casa de Sparafucile, pues resulta que el Duque coquetea a gran distancia con Magdalena, pero donde sin duda acierta es en la escena final, cuando Rigoletto recibe en una “yegua” de transporte de mercaderías el cuerpo de Gilda, para verla morir en sus brazos, hacemos notar que en esta versión Fabián Veloz (Rigoletto), no huye hacia el fondo negro luego que esta muere, aquí cae desgarradoramente sobre el cuerpo de su hija iluminado solamente por un cenital agrandando la sensación de tragedia, para cerrar el círculo abierto con la maldición que Monterone lanza a Rigoletto y al Duque en la primera escena.

Gilda (Jaquelina Livieri) con Rigoletto (Fabián Veloz). foto Patricio Melo

En el aspecto musical, la dirección de Maximiano Valdés logró un buen sonido de la Filarmónica de Santiago, pero creemos que relajó demasiado los pulsos, haciendo perder tensión dramática en algunas escenas, asimismo en esta ocasión se produjeron desajustes bastante notorios entre el foso y los cantantes.

Cocina y Dormitorio en casa de Rigoletto; Giovanna (Claudia Lepe), Rigoletto (Fabián Veloz) y Gilda (Jaquelina Livieri) en su cama con peluches. foto Patricio Melo

Fabián Veloz en barítono argentino fue Rigoletto, mostrando estupenda voz, y acentuando excelentemente los fragmentos más dramáticos, en actuación fue irregular, su desplazamiento en el escenario correspondió a alguien más bien común y corriente y su deformidad no se trasluce, asimismo cuando ingresa a imprecar a los cortesanos lo hizo sin mayor sentido dramático, aunque en canto sin duda logró sus objetivos, consideramos que su mayor triunfo estuvo en su desgarradora escena final, donde al parecer él realizó el cambio en la régie.

Gilda (Jaquelina Livieri) antes de ser raptada por los cortesanos. foto Patricio Melo

El Duque de Mantua fue cantado por el joven tenor chileno Juan Pablo Dupré, hacemos notar que Dupré inició su carrera como barítono, volcándose a tenor luego que audicionando con Plácido Domingo este le manifestara que esa era su cuerda, por ello tuvo que partir desde cero, y ahora ya lo vemos enfrentando este codiciado rol, por ello si bien reconocemos en su presentación momentos estupendos, como su Donna e mobile, en otros muestra un promisorio futuro vocal, al que debe agregar mayor convicción en la actuación, no obstante creemos que tiene un gran futuro.

Duque (Juan Pablo Dupré) en el salón de su palacio, atrás cortesanos algunos sentados sobre una mesa de billar, en la que dejarán a Gilda que raptaron para el Duque. foto Patricio Melo

Jaquelina Livieri la soprano argentina fue Gilda, su inicio fue bastante dubitativo, pero en el desarrollo dio cuenta una vez más (cantó antes en el Municipal La Traviata), de su hermoso material vocal y su facilidad en las coloraturas, además de ser una excelente actriz, creemos que sus mejores momentos los tuvo en la escena cuando confiesa a su padre que a pesar de haber sido violada por el Duque, lo ama verdaderamente, también su Caro nome y la escena final. Se agradece que no haya exagerado los berrinches marcados por la régie.

El sicario Sparafucile lo cantó muy solventemente Marcelo Otegui, quien posee gran facilidad y volumen en los graves y es muy convincente en actuación, su hermana Magdalena lo asumió Francisca Muñoz con gran presencia escénica y hermosa voz.

Magdalena (Francisca Muñoz) en el bar de la casa de Sparafucile. foto Patricio Melo

Con su hermosa voz Claudia Lepe asumió también en este elenco como la criada Giovanna. Cristián Lorca fue un Monterone en general débil en lo vocal y con actuación poco convincente.

No es novedad que Cristián Moya asuma en propiedad sus roles, aunque sean pequeños, por ello es que su Marullo fue muy exitoso, asimismo encontramos de enorme valor el desempeño de Rony Ancavil como Borsa, dando cuenta de una hermosa y poderosa voz, además de ser un estupendo actor, él es otra de las figuras emergentes a tener en cuenta.

Augusto de la Maza fue ahora un Conde de Ceprano muy convincente, mientras que replicaron las estupendas actuaciones con el otro elenco, Pamela Flores, Carolina Grammelstorff y Francisco Salgado.

Gilberto Ponce. (CCA)

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CONTROVERTIDO RIGOLETTO EN EL MUNICIPAL.

RIGOLETTO ENTRE OVACIONES Y ABUCHEOS.

De un tiempo a esta parte, es común que las personas manifiesten de alguna forma su disconformidad ante aquello que les parece injusto o francamente malo, llegando a veces hasta los desmanes por parte de los vociferantes en las calles, no obstante algunos reductos seguían exentos de ellos.

El Teatro Municipal se mantenía incólume, y el eventual rechazo ante algunas de sus producciones, se limitaba solo a no aplaudir; ahora bien, esto finalizó al parecer con el estreno de la versión Internacional de Rigoletto, la ópera de Giuseppe Verdi, donde al final hubo ovaciones para los cantantes y abucheos para los responsables de la puesta en escena, (Walter Sutcliffe régie, Kaspar Glarner escenografía y vestuario y Ricardo Castro iluminación) incluso estos aumentaron cuando Sutcliffe provocadoramente hizo un gesto como que no escuchaba bien esas manifestaciones. No cabe duda, si Sutcliffe pretendía provocar, lo consiguió al igual que muchos directores de escena en la actualidad.

Primera escena, en el supuesto palacio del Duque de Mantua, a la izquierda el Duque (Yijie Shi), Borsa (Claudio Cerda), cortesanos y a la derecha Rigoletto (Sebastian Catana) foto Patricio Melo

El malestar fue palpable luego del primer acto, cuando se desocuparon algunas de las butacas de platea, algo preocupante porque suponemos que el empeño del teatro está en cautivar audiencias, pero al parecer una parte del público se cansó de fundamentaciones sicológicas o sociológicas que pretenden justificar cualquier “brillante” idea de los creadores de estas puestas en escena, que a veces en un afán de modernidad, pasan por encima de los propósitos de los creadores originales.

Una estancia del palacio del Duque, Rigoletto (Sebastian Catana) hacia la izquierda de chaqueta, en una de las escenas más conmovedoras enfrenta a los cortesanos preguntando por su hija desaparecida. foto Patricio Melo

Creemos sano y estimulante entregar nuevas visiones sobre las óperas, pues a veces las enriquecen, siempre y cuando tengan pertinencia conservando el espíritu del original, sin provocar incoherencias entre el texto cantado y aquello que se ve, sabemos que existen argumentos con cierta atemporalidad cuya acción puede aplicarse a diversas épocas por su universalidad, pero colocar arbitrariamente cualquier elemento o transformar personajes en lo que no son, nos parece cuestionable.

Rigoletto (Sebastian Catana) cuando es engañado por los cortesanos a quienes ayuda en el rapto de su  propia hija. foto Patricio Melo

Es el caso de esta producción, donde al parecer la idea oscura del drama, cuyo eje central es la venganza, se tradujo en una escenografía fea y oscura, incluso su movilidad que al inicio funciona y muy bien, luego se convierte en elemento distractor diluyendo las tensiones propias del drama, recordamos el final del aria de Gilda “Caro nome”, entre varios otros.

Otro elemento cuestionable fue transformar los personajes en algo muy alejado del original, tal vez esto resulte gracioso para sus responsables, pero convertir a Gilda en un personaje de una serie infantil, con chapes, pijama, jugando con peluches y con berrinches de niñita, o a Giovanna su criada en una nana mapuche, que como sabemos traiciona la confianza de Rigoletto por ayudar a Gilda; qué se quiso transmitir con ello?, grave sería catalogar a los mapuches como poco dignos de confianza, tal vez escucharon del conflicto en la Araucanía, pero se confundieron con esa concesión; asimismo Magdalena la hermana del sicario Sparafucile fue convertida en un personaje del film Grease, provocando risas cuando entra con una faldita naranja muy corta, zapatillas blancas y polerón del mismo color, pues no consideraron que la cantanteque posee indudablemente una bellísima voz-, es una verdadera musa de Rubens.

Escena Final, Rigoletto (Sebastian Catana) sostiene a su hija Gilda (Sabina Puértolas) recién asesinada por salvar al Duque. Foto Patricio Melo

La régie tiene momentos desconcertantes, como lo abigarrado de la primera escena, en el palacio de Duque, que aquí ocurre en un feo salón, en el que cortesanos? o amigos del dueño de casa, vestidos de la peor forma posible se solazan en sus placeres; la bolsa de supermercado con un peluche que Rigoletto lleva a Gilda, cuando se encuentra en un parque con el sicario vestido como motoquero; los movimientos casi infantiles del Duque y Gilda cuando flirtean, o los graciosos tirones entre Gilda y Giovanna para retener o empujar al Duque, creyendo que Rigoletto vuelve a casa. Sería largo seguir detallando, mejor nos concentraremos el lo positivo, la parte musical.

El Duque de Mantua (Yijie Shi) con dos cortesnas en la primera escena. Foto Patricio Melo

Maximiano Valdés condujo a la Filarmónica de Santiago, muy correctamente, siendo muy exitoso en el tercer acto, donde transformó a la orquesta en verdadero cómplice de los cantantes, algunos desajustes pasajeros en algunos concertatos no empañaron para nada su labor.

El Coro del Municipal de Santiago, director Jorge Klastornick, en su sección masculina, brillando como es su costumbre.

Rigoletto (Sebastian Catana) y Gilda (Sabina Puértolas) en su habitación. foto Patricio Melo

Rigoletto fue el barítono Sebastian Catana, quien realizó un formidable trabajo en actuación haciendo creíble su personaje, incluso en aquellas partes mal resueltas por la régie, vocalmente dio cuenta de su riquísimo material, manejado estupendamente con una gama dinámica conmovedora, si bien la dirección escénica no especifica si es bufón o qué, él fue capaz de crear la angustia, ira, y deseos de venganza, contrastado con la ternura hacia Gilda.

Gilda (Sabina Puértolas) y Rigoletto (Sebastian Catana) foto Patricio Melo

El tenor Yijie Shi fue el Duque de Mantua, que no sabemos si es un mafioso, o gangster, pasando al fingido adolescente conquistador de Gilda, para luego arrogante frente a sus “cortesanos”, realizó un trabajo vocal sorprendentemente hermoso, con voz limpia y segura alcanzando las notas más increíbles con pasmosa seguridad, pero no solo eso, caracteriza estupendamente cada aria de acuerdo al texto que esta posee.

Sparafucile (Alexey Tikhomirov) foto. Patricio Melo

La soprano española Sabina Puértolas fue Gilda deslumbrando con su riquísimo material vocal, demostrando un enorme dominio de los contrastes dinámicos, por ello convirtió su Caro Nome en un rotundo éxito, se mostró sólida en sus solos tanto como en dúos o concertatos, superando con su notable actuación las indudables debilidades de la régie, su angustia y arrepentimiento al llegar donde su padre luego de ser violada fue de gran fuerza dramática. Este trío de cantantes recibió una de las más grandes y justificadas ovaciones escuchadas en el teatro.

Gilda (Sabina Puértolas) se “defiende” del Duque (Yijie Shi) que se ha introducido con ayuda de Giovanna en la casa de Rigoletto.

Sólido e impecable en lo vocal fue el Sparafucile que cantó el bajo Alexey Tikhomirov, mientras que su hermana Magdalena cantado por la mezzosoprano Judit Kutasi mostró una poderosa y bella voz, cantante que quisiéramos escuchar en otros roles, y sobre todo mejor vestida.

Claudia Lepe cantó con prestancia su rol de Giovanna transformada aquí en nana mapuche. Ricardo Seguel fue otro de los grandes triunfadores en el breve pero clave personaje de Monterone, de enorme fuerza expresiva.

Muy acertados y convincentes Javier Weibel y Claudio Cerda como los cortesanos , Marullo y Borsa, tanto como la Condesa y el Conde Ceprano cantados por Pamela Flores y Rodrigo Navarrete.

Completaron el sólido elenco Carolina Grammelstorff y Francisco Salgado como el Paje y el Ujier.

Gilberto Ponce. (CCA)

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VADIM REPIN INTERPRETA SIBELIUS EN CORPARTES.

VADIM REPIN Y LA SINFÓNICA DE ESTAMBUL.

En la serie de Conciertos Internacionales que organiza CorpArtes en su estupendo teatro, se presentó el famoso violinista ruso Vadim Repin acompañado de la Orquesta Sinfónica de Estambul dirigida por Milan Turkovic.

Orquesta Sinfónica de Estambul y Vadim Repin durante el concierto. foto radiouchile

Presentación marcada por la extraordinaria performance de Repin y la regular presentación de una orquesta, que creemos está bastante alejada de la calidad del violinista.

La Sinfónica de Estambul bajo la dirección de Turkovic, solo consiguió resultados satisfactorios en la obras de autores turcos, en las que demostraron mucho carácter, afinidad y entusiasmo, como ocurrió en la Suite Telli Tuma de compositor turco Nevit Kodalli, que plantea una buena síntesis entre lo oriental y lo occidental, mostrando buen manejo dinámico y certeros ritmos, algo que lamentablemente se diluyó en Sibelius y Dvorak.

El Director Milan Turkovic. foto muk.ac.at

Pero sin duda el eje del programa, estaba en la interpretación del bellísimo y complejo Concierto para violín y orquesta en Re menor, de Jan Sibelius, interpretado en el Stradivarius de Vadim Repin, obra en la que el solista realizó un extraordinario trabajo, demostrando ampliamente el porqué ocupa el lugar que tiene en el mundo de la música.

El compositor Jan Sibelius. foto lamas

Precisamente en esta obra fue donde se produjo una suerte de divorcio entre solista y orquesta, con un director (Turkovic) que más bien se limitó a marcar pulsos, muchos de ellos lentos, tanto que el solista tuvo que gesticular con el arco para intentar apurarlos, no obstante estos inconvenientes Repin mostró toda su maestría y bello sonido, con estupendo fraseo y manejo de las tensiones, que en ese concierto en particular se presentan, no olvidemos que lo introspectivo juega un rol muy importante a lo largo de el. Su técnica le permite hacer escuchar con nitidez las diversas voces de las dobles cuerdas, tanto como los armónicos.

Vadim Repin. foto palomavaleva

El primer movimiento plantea un diálogo solista orquesta, cuyo carácter fue respondido por el conjunto solo en algunas secciones, destacaremos en particular el duro sonido de los bronces. La cadenza de Repin fue verdadero lujo en musicalidad y virtuosismo.

En el Adagio di Molto consideramos que la orquesta se mostró errática en fraseos y pulsos, y particularmente con deficiente balance instrumental con el solista, quien no encontró respuesta en ellos a su poética y musical expresividad.

Asimismo el movimiento final Allegro, ma non tanto, fue iniciado por la orquesta difusamente en esa suerte de ostinato rítmico-melódico, mientras en Repin se evidenciaba molestia por ese hecho, no obstante el solista jamás perdió pulso ni musicalidad, adentrándose en los más profundo del espíritu que Sibelius imprimió a la obra.

Vadim Repin. foto eluniversal

Al final el público agradeció largamente la versión de Vadim Repin, para uno de los más complejos y hermosos conciertos para violín que se haya escrito, y que si duda merecía una orquesta mejor para acompañarlo.

Finalizó el concierto con la Sinfonía Nº 8 en Sol mayor, Op 88 de Antonin Dvorak, en una versión muy irregular, con fragmentos muy logrados contrastados con otros de afinación dudosa, balance instrumental descuidado, y sonido no siempre pulcro, algo llamativo pues sí hubo momentos muy hermosos en sonido, como en la fila de chelos, o en las frases cantabile de los violines.

Orquesta Sinfónica de Estambul. foto granteatronacional

Rescataremos lo que a nuestro juicio fueron los mejores logros de la Sinfónica de Estambul, el canto de las maderas en el segundo movimiento, replicado muy bien por los violines, la musicalidad de las cuerdas en general en el Allegretto grazioso, tanto como el carácter de la segunda sección.

Creemos que esta orquesta no respondió a los pergaminos adjuntos en el programa de mano, mostrándose distante de otros conjuntos que nos han visitado.

Gilberto Ponce. (CCA)

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MENUHIN ACADEMY SOLOIST EN LA BEETHOVEN.

SOLISTAS DE LA ACADEMIA MENUHIN.

La orquesta de cámara Menuhin Academy Soloist está integrada por estudiantes del afamado centro de estudios que lleva el nombre del insigne y recordado violinista Yehudi Menuhin, los que deben integrar el conjunto como parte de su formación integral, por ello es que através de los años sus integrantes van variando en el conjunto, pero conservando siempre la excelencia.

Menuhin Academy Soloist. foto menuhinacademy

Por cierto que los que llegaron es su gira americana hasta la Temporada Internacional de Conciertos Fernando Rosas, de la Fundación Beethoven son muestra palpable de la rigurosa formación que reciben, y como de solistas se trataba, el programa que presentaron permitió conocer la experticia de un puñado de ellos, en obras de los más diversos estilos y autores.

Como característica general se aprecia además de su afinación absoluta, precisión en articulaciones y fraseos, perfecto balance y espíritu de cuerpo, permitiéndoles logradas versiones de las obras.

Menuhin Academy Soloist, durante su presentación en el Teatro Municipal de Las Condes. foto fundbeetoven

El Capricho en Mi menor de Felix Mendelsohn mostró pastoso y bello sonido en su introducción, luego en la fuga además de precisión encontramos notable el uso de la dinámica, posteriormente el violinista y director Oleg Kaskiv junto al violista Ricardo Gaspar abordaron certeramente la Suite Nº 3 de Kurt Atterberg, obra que tiene muchas semejanzas con el Concerto Grosso a pesar de su lenguaje posromántico, aquí destacaremos sus musicales y a ratos fantásticos diálogos entre solistas y el conjunto, entregando el carácter preciso a cada una de sus partes, llamó la atención el hermoso sonido de la viola.

Enseguida Patrick Rafter interpretó bellamente el arreglo de Glazunov para la Melodía para violín y orquesta de Piotr Ilich Tchaikovsky, enfocado como si fuera lied, obra que además rememora la melancolía de la ópera Eugenio Onegin del mismo Tchaikovsky.

Oleg Kaskiv violín y Ricardo Gaspar viola en la Suite de Atterberg. foto Fundbeethoven

La Bachiana Brasieira Nº 5 de Heitor Villa-Lobos en arreglo para viola y cuerdas, permitió un derroche de musicalidad de Ricardo Gaspar, a él le sucedió la violinista Yuna Shinohara que interpretó Tambourin Chinois de Fritz Kreisler dando muestras de enorme virtuosismo y mucho carácter.

El original de la Ronde de Lutins (la ronda de los duendes) el Scherzo fantástico de Antonio Bazzini es para violín y piano, pero ahora escuchamos un estupendo arreglo para cuerdas y violín a cargo de Vasyl Zatsikha quien mostró todo el virtuosismo del que es capaz, acompañado extraordinariamente por la orquesta.

Luego del intermedio se escuchó una estupenda versión del Allegro Esaltato del joven compositor suizo Gregorio Zanon, obra que explota muy bien los recursos de las cuerdas, requiriendo de sus intérpretes gran virtuosismo, posee un solo de chelo en la segunda y sugerente sección, que fue muy bien interpretado por Hugo Paiva.

El violista Ricardo Gaspar interpretando la Bachiana Brasileira. foto fundbeethoven

El famoso Divertimento de Béla Bartók concluyó el programa, mostró una vez más la solvencia de este conjunto, a través de bellísimos contrastes, claridad en sus voces y acentuado carácter en cada uno de sus movimientos, destacaremos el sombrío y expresivo Molto adagio, tanto como el brillante, virtuoso y casi arrebatado movimiento final que arrancó tales ovaciones, que se vieron obligados a entregar tres encores, un arreglo de la Danza húngara Nº 5  de Johannes Brahms, un movimiento del Verano de las Cuatro estaciones de Vivaldi y una vibrante Jota que el público agradeció exultante.

Gilberto Ponce (CCA)

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TRIUNFO DE CANTANTES NACIONALES.

ESTELARES (NACIONALES) BODAS DE FÍGARO EN EL MUNICIPAL

Con una gigantesca ovación y con el regiseur Pierre Constant de rodillas aplaudiendo al elenco, algo absolutamente inusual en nuestro medio, finalizó la función de estreno del Elenco Estelar de la genial ópera de Wolfgang Amadeus Mozart, Las Bodas de Fígaro con un reparto muy homogéneo que incluyó solo a cantantes nacionales.

Susanna vestida como La Condesa (Patricia Cifuentes) Fígaro semi escondido bajo la mesa (Javier Weibel) y La Condesa vestida como Susanna en el suelo (Paulina González) en la escena del jardín, que en esta producción se cambió por mesas. foto Patricio Melo

Este triunfo mayor se debió sin duda al conocimiento que cada uno de ellos tiene de las potencialidades del otro, siendo muy importante el hecho que la régie se haya enriquecido con pequeñas intervenciones y con la chispa propia de cada uno, es así que con su notable actuación hasta hicieron olvidar una de las más desafortunadas y poco ingeniosas escenografías que hayamos visto, al llenar el escenario con su prestancia escénico-humorística.

Incluso hasta hicieron creer que este resultado fue producto de largos ensayos, pero bien se sabe que este elenco solo lo hace una vez en escenario con la orquesta, antes solo con piano y viendo los ensayos del elenco Internacional, este factor sin duda agrega valor a su performance.

Cherubino (Marcela González), La Condesa (Paulina González) y Susanna (Patricia Cifuentes) preparando la intriga en contra del Conde. foto Patricio Melo

La Filarmónica de Santiago dirigida por Attilio Cremonesi, volvió a maravillar con su sonido y enfoque historicista, tanto como insistiendo en tomar a gran velocidad muchos de los tempo, no obstante en esta oportunidad, no se produjeron desajustes entre cantantes e instrumentos, incluso Cremonesi no tuvo que gesticular ampulosamente dejando que la música fluyera con naturalidad entre foso y escenario.

El Coro replicando su estupendo trabajo de la versión Internacional.

Cherubino (Marcela González) coqueteando con Susanna (Patricia Cifuentes) foto Patricio Melo

El enamoradizo Conde de Almaviva fue asumido por Patricio Sabaté, quien con su prestancia habitual dio el perfil exacto del personaje, con sutilezas vocales como cuando asume desde el noble autoritario para llegar al sensual enamorado de Susanna, tanto como pasando por las perplejidades que le provocan las diversas trampas que le tienden desde Fígaro junto a su esposa entre otros, este ha sido otro de los grandes triunfos que Sabaté sigue cosechando en su carrera.

El Conde (Patricio Sabaté) es sorprendido por una frase de Barbarina (Annya Pinto) en medio de la fiesta. foto Patricio Melo

La Condesa que cantó Paulina González, fue desde la desencantada esposa por las infidelidades del Conde, hasta la mujer que trata de hacerle creer que ella usa sus mismas reglas, para culminar en la escena cuando disfrazada de Susanna coquetea abiertamente con él, en lo vocal dio el perfil exacto a sus dos arias importantes, incluso en Dove sono de la segunda parte, creemos que la batuta tomó el tempo un poco más lento, pudiendo la soprano desplegar su expresividad; destacaremos el musical y encantador dúo con Susanna.

Javier Weibel dio cuenta de sus notables avances vocales, pues como actor ha sido siempre excelente, destacaremos “si quiere bailar señor Condesito”, y “donde irás bravucón amoroso”, o aquella donde invita a los hombres a abrir los ojos con sus esposas, dando a cada una el carácter preciso, y por supuesto, sus juegos escénicos con el resto del elenco en las grandes escenas de conjunto, fueron extremadamente graciosos.

Fígaro (Javier Weibel), La Condesa (Paulina González), intentan detener a Susanna (Patricia Cifuentes) para que no agreda a Marcellina (Andrea Aguilar) mientras observa perplejo el Conde (Patricio Sabaté) foto biobio

Susanna de Patricia Cifuentes conquistó desde la entrada, ella añade a sus condiciones vocales, entre las que destacan además de su bella voz, su agilidad vocal y manejo dinámico, que mezcla diestramente con una actuación de enorme naturalidad, sus guiños tanto a personajes como al público, convierten a este en cómplice de sus acciones, notable su escena en el jardín con Fígaro cuando trata de engañarlo o en aquellas con el Conde cuando este quiere seducirla.

Marcela González conquistó con las mejores armas vocales y de actuación, con su Cherubino, el enamoradizo paje que simplemente ama a todas las mujeres, su delgada figura ayudó espléndidamente a sus gestos de adolescente masculino, y como posee un desplante natural convirtió a su Cherubino en un personaje inolvidable.

Escena final, en primer plano La Condesa (Paulina González), El Conde (Patricio Sabaté), arriba de la mesa Don Basilio (Francisco Huerta), Marcellina (Andrea Aguilar), Don Bartolo (Rodrigo Navarrete), Susanna (Patricia Cifuentes), Fígaro (Javier Weibel), Barbarina (Annya Pinto), Cherubino (Marcela González), Antonio (Matías Moncada), a los costados sirvientes (Coro) foto biobio

Pomposamente gracioso estuvo Rodrigo Navarrete como Don Bartolo, tanto como certeramente divertida fue Marcellina que cantó Andrea Aguilar, cambiando de carácter notablemente desde cuando pretende cobrar el préstamo a Fígaro, para casarse con él, para convertirse luego en la más amorosa de las mujeres, al descubrirse que ella es su desaparecida madre.

Notable la creación de Francisco Huerta como el intrigante Don Basilio y lleno de matices en actuación estuvo Exequiel Sánchez como Don Curzio, completaron este estupendo reparto Matías Moncada como Antonio el jardinero y encantadora como Barbarina fue el desempeño de Annya Pinto.

Una función que será recordada por mucho tiempo.

Gilberto Ponce. (CCA)

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BODAS DE FÍGARO VERSIÓN INTERNACIONAL.

SOMBRAS Y POCAS LUCES EN BODAS DE FÍGARO INTERNACIONAL.

Sería arrogante querer pontificar sobre cual es la mejor obra de Wolfgang Amadeus Mozart, su genialidad supera con creces cualquier intento pues el caudal de obras maestras del genio de Salzburgo llega a abrumar.

Wolfgang Amadeus Mozart. foto visionescriticas

Las Bodas de Fígaro con el genial libreto de Lorenzo da Ponte es sin duda una de ellas, heredera de la tradición de la ópera buffa se amplía en un abanico musical que indaga en los sentimientos y pulsiones humanas, sin obviar la crítica social muy presente en las obras del período, es así que en estas Bodas cada nota, tanto de cantantes o instrumentos tiene la intención precisa para cada personaje o situación en una complementariedad absoluta.

Como buena comedia de enredos requiere de espacios diversos para la acción, los que culminan en las escena de jardín nocturno, buen cómplice para intercambio de roles de La Condesa y Susanna.

En esta ocasión se optó por solución minimalista, que puede resultar excelente, si se cuenta con una escenografía que lleve al espectador a las diversas situaciones, pero nos encontramos con una escenografía de Roberto Platé, muy alta y pesada, demasiado fea para representar tanto el lujo de patrones, contrastado con la sobriedad de los sirvientes, esta casi no cambia haciendo uso de gran cantidad de puertas en el semicírculo que la compone, por donde entran y salen los personajes.

Fígaro (Igor Onishchenko) y Susanna (Ángela Vallone) al inicio de la ópera. foto Patricio Melo

No objetamos que solo se utilicen dos sillones de época, que los mismos cantantes mueven en la acción junto a otros mínimos elementos, pero termina por crear una situación de pobreza excesiva, que decir de las dos mesas modernas con largos manteles que reemplazan al jardín nocturno final, donde se esconden algunos personajes, aunque es justo reconocer que resultan útiles en los enredos.

La iluminación de Jacques Rouvryrollis es muy plana, con cambios tan sutiles que no logra recrear los diversos espacios, incluso en escenas brillantes como las bodas simultáneas esta es bastante oscura, en contraste el vestuario de Jacques Schmidt y Emmanuel Peduzzi es hermoso y atingente. En la régie de Pierre Constant encontramos una cierta formalidad que le resta chispa a la historia, o tal vez los cantantes del elenco no son buenos actores, su escasa naturalidad les hace ver realizando movimientos simplemente estudiados, poco naturales por ello es que la progresión dramática es floja.

Fígaro (Igor Onischchenko), Marcellina (Paola Rodríguez), Don Bartolo (Sergio Gallardo), el Conde (ZhengZhong Zhou) y Don Basilio (Gonzalo Araya) en la escena cuando se reconoce a Fígaro como hijo de Marcellina y Bartolo. foto Patricio Melo

La Orquesta Filarmónica de Santiago, cumplió un trabajo extraordinario bajo la dirección de Attilio Cremonesi, con una sonoridad de época, haciendo verdaderas filigranas, no obstante estos valores, creemos que a las cuerdas le faltó perfil en algunos momentos claves, sobrepasadas por el nivel sonoro de las maderas; asimismo los tempo fueron en general muy rápidos, con una respuesta excelente de los instrumentos, pero con demasiados desajustes con los cantantes, Cremonesi de vio obligado durante casi toda la ópera a gesticular ampulosamente, para tratar de corregir estos desajustes.

El Coro del Municipal con la calidad que acostumbran tanto en canto, actuación y en la simpática danza creada por Béatrice Massin.

Fígaro (Igor Onischchenko), Susanna (Ángela Vallone), Don Bartolo (Sergio Gallardo), Marcellina (Paola Rodríguez) entre otros y los invitados a las bodas, miran inquisitivamente al Conde (ZhengZhang Zhou) foto Patricio Melo

El elenco de cantantes principales también presentó luces y sombras, este fue encabezado por ZhengZhong Zhou, que en esta oportunidad volvió a lucir su hermoso timbre, pero sin descollar mayormente, no obstante su actuación es muy débil sin mayor convicción, Nadine Koutcher, la Condesa sufrió de los tempos demasiado rápidos en sus dos arias, perdiendo el dramatismo que conllevan, en el resto fue una Condesa dubitativa y adolorida, incluso en las escenas donde prepara la intriga a su marido, en contraste se goza su bello timbre.

Fígaro que es personaje clave en la ópera, encontró en Igor Onischchenko un cantante muy alejado de lo exigido, su caudal vocal es muy reducido, solo se escucha cuando canta solo y Cremonesi hace que la orquesta toque pianissimo, en las escenas de conjunto no se escucha, y por más que a su buena figura añada una juvenil actuación, fue un punto muy débil en la jornada.

El Conde (ZhengZhong Zhou), la Condesa (Nadine Koutcher) y Susanna (Ángela Vallone) escena cuando el Conde cree que su esposa la Condesa ha escondido un amante en su habitación. foto Patricio Melo

Ángela Vallone mostró bello timbre y actuación más certera, aunque sin poner mayor énfasis en los cambios de humor en su papel de Susanna; la bella voz de Maite Beaumont dio vida a Cherubino, pero no logró dar con el carácter del personaje, sobre todo al no convencer como el muchacho enamoradizo que es el rol.

Fígaro (Igor Onischchenco), Basilio (Gonzaki Araya), la Condesa (Nadine Koutcher) Susanna (Ángela Vallone) el Conde ZhengZhong Zhou) y Marcellina (Paola Rodríguez) cuando Susanna quiere agredir a Marcellina porque ella pretende casarse con Fígaro. foto Patricio Melo

Certero en lo vocal y con gran presencia escénica se vio a Don Bartolo cantado por Sergio Gallardo quien confirma el gran momento por el que pasa, Marcellina encarnado por Paola Rodríguez apuntó simpáticamente a su personaje.

Gonzalo Araya perfiló estupendamente al intrigante Don Basilio, y solvente se mostró Víctor Escudero como Don Curzio, correcto Jaime Mondaca como Antonio el jardinero y muy expresiva la Barbarina que cantó Regina Sandoval.

Gilberto Ponce. (CCA)

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TIMOTHY Y NIKKI CHOOI VIRTUOSOS EN VIOLIN.

EL TALENTO DE LOS HERMANOS CHOOI.

En la Temporada Internacional de Conciertos Fernando Rosas, que organiza la Fundación Beethoven, se presentaron los hermanos violinistas Timothy y Nikki Chooi en un programa donde quedó en evidencia todo su talento, musicalidad, ataques y cortes precisos, afinación perfecta, además del total imperio en el estilo del repertorio que abordaron.

Timothy y Nikki Chooi. foto victoriasummerfestival

A través de los siete compositores del programa, pudieron tocar tanto como solistas y a dúo, observándose la misma excelencia en ambas combinaciones, en la primera parte lo hicieron acompañados de piano y en la segunda con un ensamble de cuerdas y clavecín.

Svetlana Kotova la pianista rusa avecindada en nuestro país fue la acompañante, confirmando su amplia experiencia y musicalidad, aunque en algunos momentos encontramos su sonido un tanto duro.

En la Suite para dos violines y piano de Moritz Mozskowski que abrió el concierto, los hermanos Chooi la interpretaron con carácter romántico, haciendo gala de un manejo dinámico expresivo en el primer movimiento. En el segundo se produjo un diálogo de gran musicalidad entre los violines y el piano realzando los elementos populares que posee, el Lento assai, lo enfocaron como si fuera una “canción sin palabras” con una expresividad exquisita, el Molto vivace que concluye les llevó a mostrar todo su virtuosismo en las secciones extremas, como con sensible musicalidad la sección central, por supuesto que Svetlana Kotova no les fue en zaga en virtuosismo.

Svetlana Kotova. foto visionescriticas

Timothy tocó enseguida de Tomaso Antonio Vitali su Chacona en Sol menor para violín y piano, obra de grandes exigencias técnicas, permitiendo al solista mostrar perfectas dobles cuerdas, limpieza de articulaciones, precisos fraseos, en una notable fusión con la pianista.

Luego Nikki tocó la Fantasía sobre temas de la ópera Carmen, de Franz Waxman partitura que conserva muy bien el espíritu del original, posee grandes dificultades técnicas de tesitura y rítmicas, este fue otro de los triunfos de la velada.

Navarra de Pablo de Sarasate para dos violines y piano, permitió a los hermanos Chooi desplegar toda su potencialidad expresiva como técnica, en diálogos tanto sensibles como arrebatados, que hicieron exaltar al público.

En la segunda parte se incorporó el Ensamble Filarmónico, además de Camilo Brandi en clavecín, este grupo fue de total excelencia, incluso dejaron la impresión que tocan con los solistas desde hace mucho tiempo, tanto por la manera coherente de frasear y articular según la usanza de los solistas, además de intuición en dinámica con enorme musicalidad.

Katharina Paslawski. foto tmunicipal

El Concerto Grosso llamado La Follia de Francesco Geminiani, obra que requiere de una exhaustiva participación del chelo, encontró excelencia en Katharina Paslawski la solista de la Filarmónica de Santiago, que compitió de igual a igual con los hermanos Chooi; en esta obra se produjo un diálogo perfecto y de gran virtuosismo entre violines, chelo y el conjunto otorgando un carácter diferente a cada una de las variaciones del tema.

Timothy Chooi. foto oakville

Continuaron con el Concierto para dos violines en La menor de Antonio Vivaldi, que se inició con un tempo vital pleno de carácter, realizando bellos juegos dinámicos con fraseos y articulaciones compartidas por todos lo integrantes; sensiblemente expresivo fue el segundo, mientras que precisos crescendo y diminuendo fueron apreciables en el tercero, que fue rabiosamente aplaudido por los presentes.

Finalizaron con el Concierto para dos violines en Re menor de Johann Sebastian Bach, percibiéndose pequeñas diferencias entre los solistas que realzaron los diálogos entre ambos, en una versión de gran vigor.

Nikki Chooi. foto michaelhill

Casi poético fue el segundo movimiento, donde la interacción solistas y conjunto fue muy expresiva, haciendo notar las articulaciones legato, non legato. El tercero mostró además del musical virtuosismo de Timothy y Nikki Choi, la perfecta interacción del Ensamble Filarmónico, por supuesto que el entusiasmo del público, llevó a que los hermanos entregaran como encore una genial versión de las Czardas de Vittorio Monti que dejó atónito al público.

Gilberto Ponce (CCA

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PINNOCK Y PAHUD TRIUNFAN EN CORPARTES.

GRAN CONCIERTO EN TEMPORADA DE CORPARTES.

Un momento realmente estelar fue el que se vivió en los llamados Grandes Conciertos Internacionales, que organiza Corpartes en su espléndido teatro, en la ocasión se presentó una de las leyendas de la dirección orquestal, nos referimos a Trevor Pinnock quien fuera fundador y director por muchos años de la orquesta barroca y clásica The English Concert, agrupación con la que realizó legendarias grabaciones que son verdaderos referentes musicales.

Trevor Pinnock. foto storify

Él en plena vigencia nos visitó ahora dirigiendo la Orquesta de Cámara de Potsdam, conjunto de cámara que al escucharlo, nos parecera estar escuchando una grabación por su belleza y perfección sonora. Junto a ellos se presentó uno de los grandes flautistas a nivel mundial Emmanuel Pahud, quien deslumbró con su técnica y musicalidad.

El programa se enfocó solo en el Clasicismo con obras de Haydn, Mozart y Devienne iniciándose con una de las más hermosas sinfonías de Franz Joseph Haydn, en la que Pinnock extrajo toda la belleza expresiva del clasicismo, a través de cuidados fraseos y articulaciones enmarcados en un exquisito juego de contrastes dinámicos, con soberbios crescendo y diminuendo, en el más perfecto balance.

La precisión de los arcos en las cuerdas, así como el sensible y hermoso sonido de maderas y bronces, maravilló a los presentes, destacaremos la elegancia y expresividad del segundo movimiento, tanto como sus soberbios pianissimo. Asimismo como olvidar el sutil manejo del humor en el último movimiento.

El solista Emmanuel Pahud continuó con una bellísima versión del Concierto Nº 2 en Re mayor, para flauta y orquesta de Wolfgang Amadeus Mozart.

Luego de la vital introducción orquestal, Pahud mostró ampliamente toda la belleza sonora de su instrumento, a través de asombrosa técnica y de un impactante fiato, por supuesto para ello contó con el impecable acompañamiento orquestal comandado por Pinnock, en Pahud recordamos la cadenza del primer movimiento simplemente espléndida.

Emmanuel Pahud. foto ecns

Permítasenos decir que el segundo movimiento fue enfocado como si fuera un aria, tanto por su estructura como por su expresividad y finura; en el tercero sobresalieron dinámica y la complementación en los diálogos solista orquesta.

Algunos consideran al compositor François Devienne, como el Mozart francés, apreciación que a nuestro juicio lo sobrevalora, él fue un destacado flautista, por ello este concierto fue escrito para exponer todas las posibilidades del instrumento, factor en el que logra su objetivo sin duda alguna, pero como composición, es una sucesión de lugares comunes predecibles, con una orquestación bastante elemental, que no se acerca en lo más mínimo a Mozart; sin duda se incluyó en el programa para apreciar toda la potencialidad técnica del solista Emmanuel Pahud, quien es más que solvente para resolver esta verdadera “summa” de dificultades de toda índole que aparecen a lo largo de la obra, mientras que algunos fragmentos recuerdan a otros compositores, en un continuo donde todo el interés se dirige exclusivamente al solista en flauta, quien asombró por la maestría en resolver todos los intríngulis técnicos, como era obvio el solista puso casi en éxtasis al público, que ovacionó esta muestra absoluta de maestría.

Volviendo a genialidad de Mozart, la orquesta interpretó como fin de programa la bellísima Sinfonía Nº 29, en La mayor, que permitió una vez más apreciar el imperio total de Pinnock como director.

Orquesta de Cámara de Potsdam. kap.

Finura y elegancia en el manejo de las progresiones tanto como los bellísimos diálogos de las cuerdas en el primer movimiento, la transparencia sutil del segundo movimiento. El Menuetto si bien ofreció perfectos contrastes dinámicos y sonido ejemplar, nos habría gustado no tan severo, pero esta es una apreciación de tipo personal que no resta en nada el éxito conseguido, mientras que el cuarto mostró gran carácter.

El público ovacionó a los intérpretes, por ello y con la vuelta al escenario de Pahud interpretaron una sensacional versión de la Danza de los Espíritus de Orfeo y Eurídice de Gluck, que dejó suspendida de emoción a la audiencia, sin duda uno de los grandes momentos del año.

Gilberto Ponce. (CCA)

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