LA CANCIÓN DE LA TIERRA EN SANTIAGO A MIL.

LA CANCIÓN DE LA TIERRA CON BORTOLAMEOLLI Y LA SINFÓNICA.   

En el marco de las múltiples presentaciones del festival Santiago a Mil, se ofreció una versión de La Canción de la Tierra (Das Lied von der Erde) de Gustav Mahler, a cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional, dos solistas y la dirección de Paolo Bortolameolli, todo inserto en la imaginería de la Compañía Teatro Cinema.

Gustav Mahler. foto allmusic

Llamada por Mahler sinfonía, La Canción de la Tierra es una verdadera síntesis de los recursos del compositor, en particular en lo que algunos han llamado su soberbio manejo del lied apreciado en sus múltiples canciones, aquí Mahler da curso a sus deseos, aprensiones, temores y a veces esperanza, pero en esta obra ahonda más, universaliza sentimientos al utilizar poemas chinos de diversos autores (el famoso Li Tai Po entre otros) transfigurando sus textos en expresiones occidentales, donde las metáforas son a veces tan sutiles como ambiguas.

Paolo Bortolameolli dirigiendo. foto Patricio Melo

Utiliza para ello una gran orquesta, que al igual que otras obras, toca como tal solo en determinados momentos, en el resto a manera de contraste, usa solo lo pertinente a la descripción de los textos sin perder nunca la unidad.

Lo anterior nos hace comprender el porqué esta obra debe ser interpretada por directores con la suficiente madurez, para así no quedarse en la superficie de la simple lectura, son demasiadas las claves a descubrir, porque cada uno de sus seis movimientos, incluyen tanto poesía, descripción y filosofía.

Creemos que Paolo Bortolameolli ha alcanzado la madurez necesaria para enfrentarla con el éxito de esta oportunidad, y nos gustaría mucho poder oírla sin la interferencia de la puesta en escena, su trabajo con la Sinfónica revela un conocimiento mayor, tal vez por ello consiguió un notable resultado, mejoró importantemente el sonido instrumental, los violines recuperaron el pastoso y bello sonido, el resto de las cuerdas les acompañaron a la par, en el resto de las familias no obstante los reconocibles logros, aún persisten cosas por resolver.

Javier Weibel en la primera canción. foto Patricio Melo

Los cornos deben homogeneizarse, no basta solo la solvencia del solista, el resto de los bronces tienen una tarea similar para nivelar sus grandes momentos, en las maderas los solistas cumplieron un destacado y musical desempeño, salvo el dubitativo trabajo del flautín, tan importante en la obra.

Resultó muy interesante escuchar a la orquesta sin la cámara acústica, que funciona como una bocina que amplifica todo en exceso, particularmente los errores, el balance sonoro fue importantemente mejor.

Evelyn Ramírez y Javier Weibel asumieron los roles solistas, por supuesto de memoria ya que deben actuar insertos en las imágenes de la puesta, cantaron detrás de la orquesta y del telón donde se proyectan las imágenes, por lo tanto elevados sobre la orquesta.

Evelyn Ramírez en la sexta canción. foto Patricio Melo

El barítono Javier Weibel, respondió con la solvencia que le reconocemos, para un rol que canta habitualmente un tenor, no obstante salvo en las partes de orquestación más gruesa de la primera canción tuvo alguna dificultad de proyección, pero esto también ocurre con los tenores en las versiones en vivo, no obstante en cuanto al carácter de cada una de sus partes las abordó muy certeramente. El desgarro de la primera canción (Brindis por la miserias de la Tierra) que concluye con ese texto repetido varias veces; “Sombría es la vida, Oscura es la muerte”. En la tercera (De la juventud) captó muy bien la ambigüedad de sentimientos, tanto como el carácter de la quinta, (El borracho en Primavera), donde el ebrio bebe para olvidar todo aquello que le duele.

Evelyn Ramírez posee una prestancia admirable, por ello sorprende su capacidad como intérprete, así fue en la segunda canción (El solitario en Otoño) que añora el amor que le ha sido tan esquivo, mostrando la más profunda melancolía. En la cuarta canción (De la Belleza), o cuarto movimiento como le llama Mahler, Evelyn debe salir, según la propuesta de Teatro Cinema, vestida como una muñeca de teatro de títeres, cambiando el sentido de la canción, incluso al final se va con un jinete en caballo de madera, Evelyn se adentró en los textos y sus cambios de carácter, propios de quien piensa y observa imágenes (el poeta).

Evelyn Ramírez al inicio de la cuarta canción. foto Patricio Melo

En la canción final (La Despedida), el más extenso de todos los números y asimismo el más hermético y ambiguo, la solista tuvo momentos sobrecogedores, que se diluyeron con las imágenes poco pertinentes, las que además obligan a llevar un pulso bastante lento y parejo, su palabra final “eternamente” repetida quedamente, cerró el ciclo con una sensación de melancólica pregunta.

La puesta en escena de Teatro Cinema, una de las compañías más exitosas en sus propuestas, nos parece solo interesante, pues al parecer no pretende acercarse plenamente al carácter de la obra –una tarea demasiado compleja-, y creemos que busca más bien un impacto visual, que ingresar en su espíritu, con esto no queremos descalificar la propuesta, que es de impecable factura visual, solo nos preocupa que aquellos que desconocen la obra, se convenzan que esto es lo que quería Mahler, y que el impacto visual distraiga del discurso musical.

Javier Weibel y Evelyn Ramírez en el iris del ojo en la última canción. foto Paricio Melo

No obstante pensamos que la solución para la primera canción, es muy certero, con la copa de vino que cambia de tamaño y hasta hace llover vino, disolviendo las imágenes y entregar una copa real al solista cuando concluye.

Notable el inicio de El solitario en Otoño, y bellas las imágenes del resto, pero no queda perfectamente clara la melancolía. Encontramos demasiado cercano a la comedia el Borracho en Primavera, pero visualmente acertada. Muy hermosa la mirada a sus obras emblemáticas que hace Teatro Cinema en la cuarta canción (De la Belleza), transformando la escena en teatro de títeres, aunque se aleje del texto.

Paolo Bortolameolli dirigiendo. foto Patricio Melo

Sin duda que la sexta canción (La Despedida) se descontextualizó en exceso, con la obsesión de la figura del teclado, interrumpida con el ojo en cuyo iris aparecen ambos cantantes, pero su desarrollo es errático haciendo perder la tensión tanto de la dirección orquestal como del público.

Sin embargo la originalidad de la propuesta, lo impecable de su resultado, hizo que el público, muchos desconocedores de la música de Mahler y los fanáticos de Teatro Cinema, ovacionara largamente a todos los intérpretes.

Javier Weibel, Evelyn Ramírez y Paolo Bortolameolli agradeciendo las ovaciones al final de la obra. foto Patricio Melo

Gilberto Ponce. (CCA)

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2 Respuestas a LA CANCIÓN DE LA TIERRA EN SANTIAGO A MIL.

  1. Elisa Álvarez dijo:

    Estuve en la función de estreno,tenía muchas expectativas,que se cumplieron en su mayor parte.No me molestó que las imágenes en algunos casos se alejaran del texto,porque la propuesta visual era bella ,pero si estoy plenamente de acuerdo en que en la última canción Der Abschied,las imágenes no tenían nada que ver con el texto,incluso distraian,La interpretación de Evelyn Ramírez en toda la obra fue muy musical y su voz está cada vez mejor,Javier Weibel también hizo una muy buena labor y sorteó con éxito las exigencias vocales del primer número,por las notas altas que debe emitir siendo barítono.La Sinfónica tuvo un magnífico desempeño bajo la batuta de Paolo Bortolameolli,un director con un presente y un futuro lleno de éxitos,soy gran admiradora suya,no sólo es estudioso y talentoso sino además culto y muy buen conferenciantes.Encontré en Internet Ponle Pausa,justo sobre esta obra y me habría gustado ver el programa antes del concierto.Felicitaciones a los artistas.

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