EL CRISTO DE ELQUI ESTRENO MUNDIAL.

ESTRENO DE “EL CRISTO DE ELQUI” DE MIGUEL FARÍAS.

Sin duda se trata de una buena noticia, en nuestro país se estrenó una nueva ópera de un compositor nacional, trabajo que para su autor tiene ya un precedente pues hace seis años, Miguel Farías estrenó “Renca, París y Liendres” obra que provocó polémica y que el Círculo de Críticos de Arte le entregó el Premio de ese año, en razón al aporte que significó para la música y arte de nuestro país.

Miguel Farías. foto visionescriticas

Ahora Farías trabajó junto al sociólogo Alberto Mayol, quien escribió el libreto sobre dos obras del renombrado escritor Hernán Rivera Letelier, se trata de “La reina Isabel cantaba rancheras” -sin duda su trabajo más importante-, y “El arte de la resurrección”, obras que aluden al norte de Chile, la primera sobre el prostíbulo que regentaba la Reina Isabel en la pampa nortina de las salitreras y la segunda sobre Domingo Zárate Vega quien recorriendo el norte se hacía llamar El Cristo de Elqui.

Hernán Rivera Letelier. foto duna

Este estreno mundial provoca sensaciones encontradas, algunas positivas y otras que nos merecen objeciones; comenzaremos analizando la composición cuyo lenguaje ecléctico no es rupturista, pero sí esencialmente atonal, encontrándose bastantes alusiones a Fernando García y al minimalismo de Philip Glass, sin olvidar la estupenda estilización de una ranchera, Farías incluye además recursos que acentúan timbres y algunas atmósferas, particularmente en la introducción del Prólogo donde utiliza unas mangueras para simular el viento de la pampa.

Alberto Mayol. foto cnnchile

Tratándose de su segunda incursión en el género lírico, extraña que el autor considere tan poco las tesituras de los cantantes, obligándolos a esfuerzos importantes para que su voz se escuche razonablemente pues en demasiadas ocasiones los abruma con una orquestación muy gruesa. Es así que cantantes notables como Patricio Sabaté o Evelyn Ramírez no logran mostrar plenamente sus virtudes, el personaje mejor tratado en lo vocal es Magalena a quien concede pasajes hermosos y de acuerdo a la tesitura de soprano.

Cardenal (Gonzalo Araya) y Obispos
Cardenal (Gonzalo Araya) y Obispos (Claudio Cerda y Eleomar Cuello) foto Marcela González

Consideramos que el uso casi permanente del ostinato tratado como pedal, termina agotando el recurso diluyendo su interés, asimismo estimamos que la obra no posee progresiones dinámico-expresivas que conduzcan a los necesarios clímax. En contrario, creemos que desde el punto de vista musical lo más atrayente es el inicio del tercer acto con el funeral de la Reina Isabel, que incluye al poeta y coro femenino.

Uno de los Trabajadores junto al Cristo de Elqui (Patricio Sabaté) foto Marcela González

El libreto de Alberto Mayol es de gran simpleza y a veces una tanto “soso” con reiteraciones que resultan cómicas, en nuestra opinión el Prólogo sí tiene un desarrollo conducente, en el resto solo en contadas ocasiones se adentra en las estructuras operáticas, pero asimismo creemos que lamentablemente algunos fragmentos más dramáticos se diluyen con la dirección de escena que divaga entre la comedia y el drama.

La puesta en escena del experimentado Jorge Lavelli, se aleja de lo popular folclórico, y no pretende para nada recrear la luminosidad de las salitreras, solo muestra una cierta cercanía en el funeral de la Reina Isabel, donde se proyectan cerros secos, pero los personajes se mueven sobre un mullido “pasto verde”, en el resto predomina la oscuridad en espacios amplios.

Sabemos que en la actualidad las puestas en escena intentan alejarse de lo real, para plantear los conflictos interiores que “actualizan” las obras, pero en este caso era un estreno donde todo ocurre en el luminoso sol de las salitreras, salvo en las escenas del prostíbulo y la estación de ferrocarril.

En el Prostíbulo el Cliente (Pedro Espinoza) y la Reina Isabel (Evelyn Ramírez) atrás las prostitutas, foto Marcela González

En el tratamiento del vestuario (Graciela Galán) resulta contradictorio que en todos los personajes este sea más bien realista, y el Cristo de Elqui aparezca con algo similar a soldados eslavos, cuando existen fotos reales del personaje, por ello nos preguntamos si se fue tan puntilloso en el vestuario del Cardenal y los Obispos, o con la Reina Isabel, Magalena y Ambulancia, no lo fue con el protagonista.

Bastante recargadas y fellinianas las prostitutas de Isabel, pero cercanas al propósito de lo vulgar; la coherencia total estuvo en el vestuario de los santiaguinos que reciben al profeta, quien llega en un tren con múltiples focos en un efecto confuso.

Reina Isabel (Evelyn Ramírez) y Cristo de Elqui (Patricio Sabaté) en el prostíbulo. foto Marcela González

No obstante en líneas generales Lavelli logra un espectáculo que acierta en el movimiento de los personajes en el escenario, y sus guiños humorísticos cercanos al cien mudo, hacen sonreír sobre todo en los estereotipos de los personajes de iglesia. Otro momento de interés es el baile del caño (adelantándose en el tiempo) realizado por una bella y excelente bailarina acróbata, como espectáculo del prostíbulo.

La iluminación (Roberto Traferri y Jorge Lavelli) para la escenografía de Ricardo Sánchez Cuerda, es cuidadosa, pero exagerando la oscuridad.

Cristo de Elqui (Patricio Sabaté) y Magalena (Yaritza Véliz) foto Marcela González

La Orquesta Filarmónica de Santiago fue dirigida por Pedro Pablo Prudencio, quien logró una sobresaliente respuesta de sus músicos, certero en contrastes, fraseos y articulaciones, logrando crear atmósferas particularmente en los interludios, Prudencio mantuvo absoluto control tanto en el foso como con cada uno de los cantantes en el escenario; merecidísima la ovación recibida al final por el director y sus músicos.

El Coro del Municipal de Santiago que dirige Jorge Klastornick realizando una vez más una excelente presentación en lo vocal y en actuación.

Son quince los personajes que requiera la obra y señalaremos la solvencia actoral de Patricio Sabaté como Cristo de Elqui, quien debió lidiar con una tesitura extremadamente alta, pero logrando otro éxito más en su carrera; tampoco pudo lucir todas sus virtudes vocales Evelyn Ramírez, quien perfiló a una entrañable Reina Isabel quien canta una sentida “ranchera”, diremos que ella no tiene responsabilidad alguna en su jocosa “resurrección”.

Funeral de la Reina Isabel, el Poeta Mesana (Francisco Melo) y prostitutas. foto Marcela González

Yaritza Véliz como Magalena sí pudo exponer su hermosa voz, en un rol muy bien escrito vocalmente, Paola Rodríguez como la prostituta Ambulancia asumió profesionalmente su rol; muy histriónico y certero estuvo Gonzalo Araya como el Cardenal y flemáticamente cómicos los Obispos de Claudio Cerda y Eleomar Cuello; respondieron muy bien a lo satírico de sus personajes de policías Rony Ancavil y Javier Weibel, este último conformó también al sólido trío de trabajadores junto a Francisco Huerta y Jaime Mondaca; no extrañó el buen desempeño de Pedro Espinoza como el cliente del prostíbulo, mientras que Francisco Melo derrochó toda su experiencia actoral como el Poeta Mesana.

Un estreno que fue en general bien recibido por el público, que brindó una ovación a Hernán Rivera Letelier, quien saludó efusivamente al compositor Miguel Farías, más no así al libretista Alberto Mayol.

Gilberto Ponce (CCA)

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