APERTURA DE LA TEMPORADA DE LA FILARMÓNICA.

BRILLANTE INAUGURACIÓN FILARMÓNICA.     

Muy placentero fue asistir al primer concierto de la Temporada Oficial de la Orquesta Filarmónica de Santiago, en el Municipal de Santiago.

La primera razón es que el maestro Juan Pablo Izquierdo volvió a abrir la temporada, mostrando toda su vasta experiencia en los notables logros de la jornada, y la otra es que la orquesta ratifica una vez más su altísimo nivel musical.

Juan Pablo Izquierdo. foto visionescriticas

El programa debió readecuarse al enfermarse la solista de la obra de Mahler, la que fue reemplazada por uno de los conciertos para violín de Mozart, todo muy encima de la presentación, no obstante siempre fue la excelencia la que primó en todo el programa.

Es así que solo obras de Mozart y Strauss se enfrentaron estilísticamente, primero se escuchó la obertura de la ópera Don Giovanni de Wolfgang Amadeus Mozart, en una versión donde primó la transparencia y claridad de cada uno de los temas y motivos, agreguemos el impecable balance sonoro que permitió escuchar nítidamente las articulaciones, acentuaciones e intencionalidades, Izquierdo rescató todos los elementos dramáticos que la partitura ofrece, consiguiendo su primer triunfo con un conjunto completamente entregado al estilo.

Luego el Concertino de la orquesta, el venezolano Richard Biaggini abordó el Concierto Nº 4 en Re mayor, K. 218, para violín y orquesta, el solista, a quien no habíamos tenido la oportunidad de escuchar, sorprendió tanto por la belleza sonora, como por su estupenda afinación y musicalidad, elementos que le llevaron a conseguir exquisitos diálogos con la orquesta.

En la introducción la orquesta mostró liviandad y logrado balance sonoro entre las diversas familias, dejando el camino abierto para que Biaggini, en una interpretación del más alto nivel, nos hiciera creer que la obra la habían tocado muchas veces juntos, claro está que en este aspecto la mano de Izquierdo fue fundamental en la fusión solista orquesta; la cadenza de Biaggini fue de notable virtuosismo.

El violinista Richard Biaggini. foto ktep

El Andante que sigue, mostró en la orquesta cuidadosos fraseos y acentuaciones de gran musicalidad, dando pie posteriormente para que el solista dialogara con ellos con enorme musicalidad.

El Rondó, fue gracioso permitiendo que el violín solista se entrelazara con las voces de algunos de los solistas instrumentales, que decir de la clásica fuerza de los tutti o la sutileza de los piano.

La sobriedad de Richard Biaggini no le resta en absoluto la necesaria expresividad o fuerza cuando la partitura lo requiere, él y la orquesta conducida por Izquierdo mostraron claramente el significado de tocar en riguroso estilo clásico.

Richard Biaggini en pleno concierto. foto Patricio Melo

Los calurosos aplausos no cesaron hasta que Richard Biaggini interpretó con total maestría la Sonata Nº 5 para violín solo de Ysaye, que terminó por rendir al público.

La segunda parte nos llevó a gozar de una de las mejores versiones que hemos escuchado en vivo de Así habló Zaratustra, el Poema Sinfónico de Richard Strauss, esta monumental obra responde a la impresión que causó en el compositor la lectura de la obra del mismo nombre de Friedrich Nietzsche, por ello y sin pretender hacer filosofía Strauss recoge nueve de los discursos de Zaratustra, llevándolos a la partitura; no obstante creemos que la música se independiza del texto, permitiendo que el auditor se sumerja y maraville ahora con el discurso musical.

Richard Strauss. foto visionescriticas

La famosa introducción archiconocida y amada por el público, es el anticipo de un enjambre de ideas que se desarrollan coherentemente, por medio de una gran y a veces abigarrada orquestación, y es en este punto donde solo los grandes directores son capaces de desentrañar la infinidad de temas, motivos y alusiones, tanto como aquellos elementos más concretos expuestos en la partitura.

Juan Pablo Izquierdo mostró un dominio absoluto de la obra, haciendo salir a luz una infinidad de detalles, que a veces pasan desapercibidos, manejó con destreza contrastes y progresiones en un continuo que no dejó descansar nunca a los oyentes, pasó de lo grandioso a lo sutil, debemos mencionar las intervenciones de algunos instrumentos a solo, como el exquisito sonido del chelo de Katharina Paslawski, o el violín de Richard Biaggini ahora cumpliendo como concertino, por solo mencionar algunos.

La Orquesta Filarmónica de Santiago y Juan Pablo Izquierdo, saludando en medio de las ovaciones del público. foto Patricio Melo

El sonido de la Filarmónica fue de lo noble a lo musical explosivo, con gran belleza sonora, rivalizando el brillo de los bronces, con la musicalidad de las maderas, la belleza del sonido de las cuerdas y la siempre certera percusión.

Creemos sin temor a equivocarnos que esta versión se convirtió en una verdadera experiencia estética, en manos de Juan Pablo Izquierdo y la Filarmónica de Santiago.

Gilberto Ponce. (CCA)

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NOVENA SINFONÍA DE BEETHOVEN EN EL CEAC.

NOVENA DE BEETHOVEN EN LA TEMPORADA DE EXTENSIÓN DEL CEAC.

El joven director chileno Helmuth Reichel avecindado en Alemania, dirigió a la ahora llamada Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, en el último de los conciertos de la Temporada de Extensión organizado por el CEAC de la Universidad de Chile en el tradicional teatro de la Plaza Baquedano.

Independiente del fervor que despierta el solo anuncio de la Sinfonía en Re Menor Op. 125, llamada Coral de Ludvig van Beethoven, es necesario referirse una vez más no solo a los aspectos musicales, pues también es preciso conectarla con los propósitos que el compositor tuvo con ella, algo clave para su interpretación.

Busto de Ludwig van Beethoven. foto visionescriticas

La cantidad enorme de valores musicales que la han convertido en una obra maestra, no pueden distraernos del entorno ético que sin duda la envuelve, razón que explica el que se haya incorporado en el último movimiento la voz humana, para que de esta forma el mensaje que Beethoven quería transmitir, no tuviera interpretaciones equívocas, el texto de Schiller es el vehículo que junto a la música no debe dejar dudas.

Es así que el abordar esta sinfonía resulta siempre una aventura por descubrir, pero cuidando de no apartarse del propósito del compositor, esto es su mensaje de fraternidad universal, una invitación a que los hombres nos sintamos hermanos cobijados bajo la mirada de un padre bondadoso que debemos buscar más allá de las estrellas.

Es el llamado casi angustioso de un compositor inmerso en un mundo donde imperaban guerras y revoluciones, marcado por el derrumbe de los imperios; y aunque parezca contradictorio en ese escenario, Beethoven estaba cumpliendo su imperativo, señalar los caminos que creía adecuados para la humanidad.

El joven director Helmuth Reichel. foto elmostrador

Es así que la obra es un continuo que se inicia en el primer compás con ese trémolo en pianissimo de las cuerdas, para luego en su desarrollo y en los tres movimientos restantes aparezcan las ideas contrastantes que eclosionarán en el emblemático movimiento final donde se incorpora el Himno a la Alegría, a cuyo texto de Friedrich Schiller, se agregan algunas intervenciones menores del propio compositor, momento en que se manifiesta exultante la idea de la alegría que hermana a todos los hombres sin distingos de ninguna clase, tal como lo señala el texto: desde el gusano hasta el ángel.

No en vano creemos que cada audición de la magnífica obra, sigue entregando claves en su comprensión, como ocurre siempre con cada obra maestra en el ámbito que sea.

Sección del Coro Sinfónico y Camerata Vocal de la Universidad de Chile, que dirige Juan Pablo Villarroel. foto ceac

Estimamos que la Sinfónica Nacional realizó un trabajo serio, de acuerdo a las indicaciones de la joven batuta de Reichel, restando aún recuperar el sonido de sus grandes jornadas, manejar las durezas sonoras, afiatar las familias, especialmente maderas y bronces, evitando entradas falsas de algunos de sus integrantes, entre otros aspectos.

La versión de Helmuth Reichel, es pura pasión y a veces desbocada, a una velocidad que frecuentemente hace desaparecer motivos importantes, traduciéndose en que roza peligrosamente lo superficial; asimismo el manejo del balance instrumental no fue siempre exitoso, resultando las cuerdas perjudicadas en relación a las maderas y en ocasiones a los bronces; no obstante en algunas secciones consiguió de maderas y cuerdas un noble y musical sonido.

Asimismo llamó poderosamente la atención la importancia casi estridente del timbal en los dos primeros movimientos y en parte del cuarto; el tercero lo encontramos sin ninguna trascendencia, cuando se lo ha considerado casi “filosofía en música”, allí no apareció nada de la profundidad que el autor plantea, pues fue diluida por una velocidad cercana a la danza, el clímax con esa casi fanfarria de bronces pasó casi desapercibido. En contrario estimamos que los mayores logros de la versión estuvieron en el cuarto movimiento, con un discurso bastante coherente, en particular en la sección con voces de solistas y coro.

La soprano Claudia Pereira. foto visionescriticas

Pero sin duda alguna los puntos más altos de la versión estuvieron en el formidable Coro, formado por el Coro Sinfónico y la Camerata Vocal de la Universidad de Chile, preparados estupendamente por Juan Pablo Villarroel, y en el soberbio cuarteto vocal. El coro mostró voces timbradas, de perfil muy hermoso en aquellas secciones en que llevan los motivos principales, con muy buena dicción y ajustado enfrentamiento del sentido del texto.

La mezzosoprano Ana Isabel Navarro. foto uchile

La experimentada soprano Claudia Pereira cantó con el profesionalismo acostumbrado, manejando inteligentemente el vibrato, convirtiéndose en un gran puntal; Ana Isabel Navarro la mezzo, dio pasos importantes en cuanto a volumen, haciéndolo con musicalidad y muy afiatada con los demás solistas.

El tenor Felipe Catalán. foto InspirArte

Felipe Catalán cantó con voz firme, musical y gran prestancia en la compleja marcha; creemos que en esta oportunidad Ramiro Maturana el barítono, se mostró como un cantante en plena madurez, mostrando ampliamente su hermosa voz y cualidades musicales, desde su ingreso en el recitativo, que tiene texto de Beethoven, tanto como en el desarrollo posterior donde triunfó plenamente.

Ramiro Maturana, barítono. foto corcudec

Creemos que Helmuth Reichel es una muy buena promesa, tiene ideas claras, maneja bien a los instrumentistas, solo resta que insista en la belleza sonora, cuidar el balance instrumental, y seguramente la madurez le hará abordar en profundidad en las versiones de las obras que acomete.

Helmuth Reichel en plena dirección. foto radiouchile

Gilberto Ponce. (CCA)

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ARROLLADOR ZORBA EL GRIEGO.

BRILLANTE Y ENERGÉTICO ZORBA CON EL BALLET DE SANTIAGO.

En dos días se realizaron cuatro funciones a tablero vuelto, con un Municipal de Santiago expectante y ovacionando a la estupenda compañía en su temporada veraniega; y tal como el Ballet Nacional tuvo por muchos años como carta segura Carmina Burana, con la inolvidable coreografía de Ernst Uthoff, el Ballet de Santiago, además del imbatible Cascanueces, está logrando otra carta que revoluciona al público, se trata de Zorba, el Griego la coreografía de Lorca Massine con música de Mikis Theodorakis, que cuenta con la hermosa y funcional escenografía de Jorge Gallardo y la precisa iluminación de Ricardo Castro.

Zorba (Rodrigo Guzmán) fanfarroneando con el cuerpo femenino. foto Patricio Melo

En una versión algo reducida y en un solo acto se presentó este Zorba, que viene llegando una exitosa gira internacional, su argumento plantea un suerte de confrontación de dos culturas, la popular griega y la sofisticada estadounidense, terminando esta última cautivada por la fuerza arrolladora de la helénica.

Uno de los elementos más llamativos de la presentación, es la actitud de cada uno de los integrantes del cuerpo de baile -que en esta obra es muy numeroso-, mostrando un profesionalismo del más alto nivel, certeros tanto en los números mixtos, como en aquellos dedicados a mujeres y varones, en un lenguaje que se acerca a lo moderno en una síntesis con lo clásico, no dudamos en creer que se acercaron a la perfección en líneas de desplazamiento así como en manejo de brazos y piernas.

Manolios (José Manuel Ghiso) y cuerpo de baile . foto Patricio Melo

Sensuales y gráciles, sin abandonar la fuerza el cuerpo femenino, y los varones en un derroche casi arrollador de fuerza viril, sin descuidar la gracia, destacaremos un detalle no menor, pues deben además emitir exclamaciones y gritos de acuerdo con la música, siempre con resultado impecable.

Es importante destacar como el coreógrafo, diferencia la manera de enfrentar los pasos de los dos personajes principales, algo que ayuda en la caracterización de Zorba y John.

El desarrollo argumental requiere nos solo de grandes bailarines, deben ser además buenos actores, y al menos en el elenco que vimos, esta premisa se cumplió ampliamente.

El coreógrafo Lorca Massine, ha declarado que Rodrigo Guzmán es tal vez en este momento el mejor Zorba del mundo, y en verdad pareciera que el rol fue creado pensando en él, pues Rodrigo posee una personalidad y corporalidad extraordinariamente adecuada para el personaje, se muestra desfachatado en su ignorancia envuelta en una enorme nobleza de alma, asimismo es tanto sensual como tajante en sus valores, no olvidemos que este es considerado como uno de los grandes personajes creados por Nikos Kazantzakis, autor de la novela en que se basa al coreografía.

Zorba (Rodrigo Guzmán) y John (Emmanuel Vásquez) en sus enfrentamientos del comienzo. foto Patricio Melo

Guzmán transita por cada una de las facetas de su personaje con naturalidad, fuerza y simpatía, convirtiéndolo en entrañable, para ello pone en marcha toda su impecable técnica; como olvidar la evolución en la relación con el extranjero John, la ternura con Madame Hortense, su relación con sus coterráneos, y su arrebatadora fuerza en el Sirtaki, la ovación que recibe al final es merecidísima.

Marina (Natalia Berríos) en uno de sus momentos dramáticos. foto Patricio Melo

No era menor el desafío que tenía Emmanuel Vásquez al enfrentar el rol de John, papel bailado con excelencia por Luis Ortigoza, pero este joven valor, que recién el día anterior había sido premiado por el Círculo de Críticos como una de las grandes figuras emergentes, junto a Romina Conteras y Gustavo Echevarría, demostró ampliamente el porqué ha llegado a ese lugar, además de su empatía, presencia y prestancia escénica, agrega a su estupenda técnica una capacidad actoral del mejor nivel, haciendo evolucionar a John que desde su llegada entra en conflicto con “el pueblo”, al enamorarse de Marina, quien el corresponde a pesar de ser pretendida por Manolios, para luego comenzar a impregnarse guiado por Zorba de las costumbres griegas, dejando de ser el sofisticado del comienzo, transformándose al final en un personaje aceptado por todos, cuya cima es bailar como todos el Sirtaki. El público lo premió con una enorme ovación.

John (Emmanuel Vásquez) y Marina (Natalia Berríos) foto Patricio Melo

Natalia Berríos, que es muy querida por el público fue recibida con un fuerte aplauso en su primer ingreso, bailó como solo ella puede hacerlo el rol de Marina, utilizando su exquisita técnica haciendo visibles los conflictos emocionales en su indecisión entre Manolios y John, tanto como al enfrentar el enojo del pueblo, por su preferencia con el extranjero en una escena de gran impacto emocional, su figura copa el escenario y a ratos se la puede comparar con las grandes y trágicas heroínas griegas.

El sutil y a ratos desgarrador rol de Madame Hortense lo asumió María Dolores Salazar, en un conmovedor retrato de la antigua prostituta que intenta inútilmente recobrar la perdida juventud, notables sus escenas de su flirteo con Zorba y en la escena de su muerte.

John (Emmanuel Vásquez) y Zorba (Rodrigo Guzmán) dan inicio al Sirtaki final junto a la compañía. foto Patricio Melo

Manolios el despechado enamorado de Marina, lo bailó otro de los bailarines que seguramente pronto alcanzará el título de Primer Bailarín Estrella, se trata de José Manuel Guiso, quien una vez más a través de estupenda técnica, dio vida al recio personaje, algo que no es novedad en él, pues es capaz de desdoblarse eficazmente en cada rol que le corresponde abordar, la ovación recibida al final da cuenta que además, es ya otro de los grandes favoritos del público.

Los eufóricos asistentes, que en el final acompañan con palmas el Sirtaki de toda la compañía, no cesaban de aplaudir una función “veraniega”, que tuvo una la excelencia propia de la temporada oficial.

Gilberto Ponce. (CCA)

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EN EL MUNICIPAL TRIUNFA CASCANUECES.

EL IMBATIBLE FENÓMENO DE CASCANUECES.

Al igual que ocurre con todos los clásicos, ya sea en el ámbito de la pintura, literatura, arquitectura u ópera, entre otros, así ocurre también con Cascanueces el ballet con música de Piotr Ilich Tchaikovsky, que continúa atrayendo multitudes en todas partes del mundo, y como se trata de un buen cuento de Navidad, es difícil que las compañías se sustraigan a su encanto casi hipnótico.

Fritz aterroriza a Clara en la fiesta navideña. foto Patricio Melo

Decidor es el hecho que las dos producciones que llegaron a los escenarios en Santiago, hayan tenido que programar funciones adicionales para satisfacer el interés del público, por esta joya coreográfica, de la que existen múltiples versiones.

Niños en la fiesta (Alumnos de la Escuela del Municipal) foto Patricio Melo

El Ballet de Santiago viene realizando desde hace varias temporadas la coreografía de Jaime Pinto, que conservando el eje argumental, concede gran importancia al cuerpo masculino, en particular a la figura de Drosselmeyer, que se transforma en su conductor argumental.

Drosselmeyer (Rodrigo Guzmán) irrumpe mágicamente en la fiesta. foto Patricio Melo

En la bella escenografía y vestuario de Pablo Núñez, se desarrolla la historia donde dos hermanos Fritz y Clara celebrarán la Navidad junto a sus familiares, fiesta en la que Clara recibirá de regalo un Cascanueces, que le robará el corazón, para luego en sueños hará que ella y su hermano tengan un fantástico viaje.

Clara baila encantada con su Cascanueces. foto Patricio Melo

Pinto da inicio a su coreografía en el mundo de la fantasía donde Drosselmeyer convoca a sus elfos asistentes para que le ayuden a elaborar su fantástica visita a la familia de los hermanos en esa Navidad.

Los ratones amenazan a Clara y Fritz que duermen con el Cascanueces. foto Patricio Melo

Más tarde cuando todos se han retirado y los hermanos se han quedado dormidos junto al Cascanueces bajo el árbol de Navidad, llegarán el Rey de los ratones y cohorte a robar el juguete, pero este transformado en humano y con sus soldados se defienden, pero el Cascanueces será herido, entonces Clara golpeará al Rey de los ratones huyendo estos, por ello Clara pedirá a Drosselmeyer que cure al Cascanueces, y este entonces lo transforma en un príncipe, con quien partirán en un viaje fantástico hacia el Reino de la Nieve y luego al de las Flores.

En el fragor de la batalla Fitz en el suelo. foto Patricio Melo

La coreografía mezcla inteligentemente lo mágico con el humor, particularmente en la escena de la batalla entre ratones y soldados, así como algunos gags en la fiesta, para ello fueron fundamentales los estupendos y mágicos cambios escenográficos, acentuados por la iluminación de Ricardo Castro.

El cuerpo de baile mostró ampliamente su potencialidad técnica, tanto en gracilidad y belleza del cuerpo femenino, o la reciedumbre del masculino.

Cascanueces (José Manuel Ghiso) junto a fritz y Clara. foto Patricio Melo

Este ballet requiere de una gran cantidad de solistas además de los principales roles, y no creemos equivocarnos al sostener que todos triunfaron ampliamente en su cometido.

La Reina de la Nieve (María Dolores Salazar) y Drosselmeyer (Rodrigo Guzmán) en el Reino de la Nieve. foto Patricio Melo

Rodrigo Guzmán bailó con su espléndida técnica un enérgico y sólido Drosselmeyer, brillando particularmente en sus pas de deux y pas de trois del segundo acto; Cascanueces fue asumido por un José Manuel Guiso en constante ascenso, no solo en aspectos técnicos, pues se transforma de muñeco a príncipe como perfecto partenaire tanto con Clara, como con las Reinas de los Confites, la Nieve o las Flores.

Cascanueces (José Manuel Ghiso) transformado en Príncipe. foto Patricio Melo

Mágica y etérea con exquisita técnica bailó María Dolores Salazar como la Reina de la Nieve, mientras que la Reina de los Confites fue una creación en los pies de Maite Ramírez, asimismo mostró estupenda técnica y prestancia escénica María Lovero como la Reina de las Flores.

Pas de Trois del segundo acto Drosselmeyer (Rodrigo Guzmán) Reina de las Flores (María Lovero) y Cascanueces (José Manuel Ghiso). foto Patricio Melo

En las diversas danzas de segundo acto, nos llamaron particularmente la atención, la sutileza y sensualidad de la Danza Árabe a cargo de Elizabeth Espinoza y Miroslav Pejic; la Danza China con el histrionismo jubiloso con estupenda técnica de Gustavo Echevarría graciosamente acompañado por Michele Bittencourt, Mariselba Silva, Sonia Ossandón y Milenka Kisilak, asimismo la fogosa fuerza acrobática de Yerko Navia, Simón Hidalgo, Carlos Inostroza y Mauricio Serendero en su Danza Rusa.

Danza Árabe (Elizabeth Espinoza y Miroslav Pejic). foto Patricio Melo

Del mismo modo creemos en la proyección como bailarines que tienen los alumnos que representaron a Clara y Fritz, cuyos nombres desconocemos.

Danza China en primer plano Gustavo Echevarría. foto Patricio Melo

La Orquesta Filarmónica de Santiago fue dirigida por Pedro-Pablo Prudencio, a quien se agradece que realice los contrastes dinámicos marcados en la partitura, quien logró en esta ocasión un estupendo resultado con la orquesta en particular en el segundo acto, ya que en el primero se produjeron algunas suciedades menores, que no lograron empañar el resultado final.

Momento de la Danza Rusa. foto Patricio Melo

Como era de esperar, el público que repletaba el teatro ovacionó de pie la estupenda función presenciada, que confirma la absoluta vigencia y popularidad de uno de las más bellos ballet de todos los tiempos.

Gilberto Ponce. (CCA)

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NAVIDAD 2016 EN EL CAMPUS ORIENTE.

HERMOSO REGALO NAVIDEÑO EN LA UC.

Como es habitual en esta época del año, la Pontificia Universidad Católica de Chile ofreció su ya tradicional Concierto de Navidad, en el que participan los conjuntos de esa casa de estudios, es así que tuvimos la oportunidad de escuchar en el Templo Mayor del Campus Oriente UC al Coro de Cámara UC que dirige Mauricio Cortés, la Orquesta de Estudiantes UC a cargo del profesor y concertino Gonzalo Beltrán y a un grupo de distinguidos solistas vocales, todos bajo la dirección de Alejandro Reyes.

Orquesta y Coro de Cámara UC, dirigidos por Alejandro Reyes en otra presentación. foto uc

Dos jubilosas cantatas de Johann Sebastian Bach fueron escogidas para la ocasión, una de ellas perteneciente al Oratorio de Navidad del mismo Bach, y los resultados musicales fueron de importante calidad.

Primero interpretaron la Cantata Unser Mund sei voll Lachens, escrita para el primer día de Navidad, esta obra tiene en su primer coro una estructura, que se asocia a las oberturas de sus suites orquestales, en las que se alternan fragmentos lentos y rápidos, lo que le otorga una originalidad especial.

Alejandro Reyes organista y director del concierto. foto musicauc

En ella se apreció un bello sonido instrumental, donde brillaron trompetas y maderas, el coro a su vez rescató lo mejor de su sonido, con alguna dureza pasajera en sopranos, pero para ellos en general la acústica demasiado reverberante del Templo Mayor jugó en contra de la claridad de las líneas melódicas.

El aria de tenor que cantó Rodrigo del Pozo, fue de gran expresividad, solo podemos señalar algunos desajustes ocurridos en el pulso instrumental.

Interior de la Iglesia de Santo Tomás en Leipzig, lugar fundamental en la obra de Bach. foto visionescriticas

Con estupenda dicción y tomando en consideración la acústica, cantó su recitativo Patricio Sabaté; posteriormente María Fernanda Carter la contralto, cantó muy hermosamente su aria, no obstante pensamos que debe cuidar mejor el sentido del fraseo y las articulaciones, sobre todo pensando en ese tipo de acústica.

El dúo para soprano y tenor con Andrea Aguilar y Rodrigo del Pozo, fue cantado con gran equilibrio sonoro, pero con una gran contención vocal de Andrea Aguilar, que tiene un gran caudal sonoro, esta parte fue muy bien interpretada, y en general con certero acompañamiento, salvo lo plano del sonido del fagot, que doblaba al chelo.

Coro de Cámara UC en otra presentación. foto visionescriticas

El aria de bajo que sigue, confirmó la experiencia de Patricio Sabaté para enfrentar acústicas desfavorables, pues con una articulación inteligente consiguió que su voz y dicción se escucharan perfectamente, permitiéndose una precisa expresividad.

El Coral final, que no posee figuras complejas, permitió apreciar la belleza vocal del coro en su fusión con la orquesta.

Mauricio Cortés director del Coro de Cámara UC foto. beethovenfm

La segunda parte incluyó la tercera cantata del Oratorio de Navidad que se inicia y cierra con uno de los más jubilosos coros escritos por Bach; nos pareció que el tempo muy ágil, casi leggero que le imprimió Alejandro Reyes, es muy apropiado para manifestar lo exultante del texto, no obstante ese gran valor se vio ensombrecido por la reverberancia, que hizo poco claro el discurso musical, tal vez más lento y marcando casi exageradamente las articulaciones, esto se habría atenuado, en todo caso en la repetición con que finaliza esta cantata, los desajustes del comienzo desaparecieron.

Monumento a Johann Sebastian Bach, situado en el exterior de la Iglesia de Santo Tomás en Leipzig. foto dreamstime

En esta obra las partes de tenor, se circunscriben solo a recitativos, algo en que Rodrigo del Pozo brilla sin contrapeso.

El coro Lasset uns nun gehen, fue brillante con insignificantes desajustes de pulso, el Coral que sigue fue estupendamente resuelto.

El dúo para soprano y bajo, fue uno de los momentos altos de la velada, ambos Andrea Aguilar y Patricio Sabaté dialogaron con precisión, en perfecto balance, tanto entre ellos como con las maderas que principalmente los acompañan.

La ubicación de espaldas al director afectó a María Fernanda Carter en su aria Schliesse, mein Herze, traduciéndose en pequeñas inseguridades en algunos inicios de frase, los que pasaron a segundo plano con su musicalidad y hermosa voz, a ello contribuyó el estupendo acompañamiento del violín de Gonzalo Beltrán.

Un concierto que da cuenta del alto nivel y valor musical de los conjuntos de la UC que bajo la guía experimentada de Alejandro Reyes, entregaron un concierto que fue ruidosamente aplaudido por los presentes que atestaban el Templo Mayor, incluidos los pasillos exteriores, donde inteligentemente se colocaron pantallas para que esas personas también pudieran gozar de la música.

Gilberto Ponce (CCA)

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EXCELENCIA FILARMÓNICA.

BRILLANTE CONCIERTO FILARMÓNICO CON DUPLA RUSA.

El noveno concierto de la Temporada de la Orquesta Filarmónica de Santiago, dio cuenta del estupendo estado en que se encuentra el conjunto, que ha cumplido a lo largo de este año notables jornadas tanto en lo sinfónico, como en ópera y ballet, un asistente dijo al salir, escuchar esta orquesta se ha convertido en símbolo de calidad.

Konstantin Chudovsky y la Orquesta Filarmónica de Santiago. foto municipal.cl

Calidad que se apreció desde la interpretación de la primera obra, que como ya es casi una tradición, lo ocupa una partitura de un compositor nacional, en esta oportunidad, y en una notable coincidencia, fueron los Instantes para Orquesta, de Miguel Letelier, quien en la noche de la primera función fallecería, constituyéndose en un premonitorio homenaje al ilustre músico nacional.

El compositor nacional Miguel Letelier Valdés. foto beethovenfm

La versión de Konstantin Chudovsky, el director titular de la orquesta, fue en extremo cuidadosa, manejando con claridad contrastes, al tiempo que destacaba timbres y atmósferas, presentes en una partitura para gran orquesta que utiliza una gran cantidad de recursos rítmicos mezclados con células melódicas, y que en cierta medida recuerda el lenguaje de otros compositores extranjeros y nacionales, algo que no debe extrañar en obras contemporáneas.

Posteriormente uno de los grandes intérpretes contemporáneos en piano Alexei Volodin, abordó las complejas y hermosas Variaciones sobre un tema de Paganini de Sergei Rachmaninov.

De ella es importante destacar el balance perfecto logrado a través de toda la obra entre piano y orquesta, a lo que contribuyó el peso sonoro de Volodin, que mezcla tanto fuerza como sutileza, con una claridad melódica simplemente asombrosa.

Alexei Volodin. foto medici

La fusión con el gesto de Chudovsky fue total, en medio de los grandes cambios de tempo, pulso y dinámica que plantea, por ello es justo alabar ataques, cortes y secuencias dinámicas y melódicas; notables la precisión en acelerando y retardando, así como la expresividad conseguida en las secciones líricas, contrastadas con aquellas de carácter casi agresivo.

Volodin, dio sobradas muestras de su musical virtuosismo, en comunión con los precisos y musicales gestos de Chudovsky.

La enorme ovación agradeció la brillante versión, que nos lleva a pensar que esta ha sido una de las mejores versiones que hayamos escuchado en vivo, Volodin respondió a su vez con un encore tan deslumbrante como la Variaciones.

Modest Mussorgsky. foto bbc.uk

Finalizó el concierto con una soberbia interpretación de otro de los clásicos favoritos del público, nos referimos a Cuadros de una Exposición de Modest Mussorgsky en la singular y brillante orquestación de Maurice Ravel, versión en la que las diferentes familias instrumentales rivalizaron en belleza sonora, musicalidad y expresión.

Chudovsky logró para cada uno de los Promenade, que se repiten a lo largo de la obra, diversa expresividad, intencionalidad, dinámica y fraseo, haciendo de estos trozos el enlace perfecto para cada uno de los cuadros descritos.

Es así que Gnomo destacó por la gran cantidad de detalles y los certeros contrastes, mientras que El viejo castillo logró mágicas sugerencias, a través de la sordina de las cuerdas en diálogo con las maderas.

Podríamos seguir detallando las virtudes de una versión que será recordada por sus excelencias, en particular por la belleza sorprendente del sonido logrado por la Filarmónica, solo nos limitaremos a destacar de las cuerdas su ya alabada belleza sonora, de impecable afinación, fraseos y articulaciones, contrastando sonidos desde poderosa fuerza hasta sutil y sensual sonido en algunas secciones.

Lo homogéneo del sonido de las maderas, en las que cada instrumento que tiene secciones a solo, rivalizó en musicalidad cono los demás, el hermosísimo sonido logrado por los bronces, timbrados y certeros en ataques y cortes, con impecables contrastes dinámicos.

Konstantin Chudovsky. foto visionescriticas

Para culminar con la musical excelencia de la percusión, que en este caso es muy numerosa, que es la coronación de un conjunto que de la mano de Konstantin Chudovsky a logrado cotas notables en calidad y musicalidad.

La interminable ovación con que el público agradeció la versión dio perfecta cuenta del impacto causado, y aunque existe entre el público del Municipal, muchos que tratan de salir de la sala rápidamente, en esta ocasión, parecía que nadie quería retirarse debido a la magia creada.

Gilberto Ponce. (CCA)

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ÓPERA DE GLUCK EN LA USACH.

ORFEO Y EURIDICE DE GLUCK EN LA USACH.

Orfeo y Euridice, ópera de Christoff Willibald Gluck, primer paso en la reforma de la ópera barroca, es sin duda una las manifestaciones más hermosas en lo musical, debido a lo apolíneo de su estructura.

En este caso Gluck reduce la numerosa cantidad de personajes que posee el Orfeo de Monteverdi, a solo a tres, siendo el sustento de toda la obra el personaje de Orfeo acompañado a la manera griega por el coro.

Inicio de la ópera, a la derecha los mimos Euridice y Orfeo, al fondo la Orquesta Clásica USACH. foto Pablo González

Inicio de la ópera, a la derecha los mimos Euridice y Orfeo, al fondo la Orquesta Clásica USACH. foto Pablo Gutiérrez

El autor llamó a su trabajo ópera-pantomima, pues sería esa pantomima la que realizaría la alegoría del canto, en sus diversos interludios orquestales, esta proposición es desafiante porque debe equilibrar el protagonismo de los cantantes solistas, con la acción de bailarines o mimos.

Sin duda para el tiempo de Gluck, este aspecto permitió al publico comprender mejor aún lo cantado por los protagonistas, esto en cualquiera de sus versiones en alemán, francés o italiano.

Tuvimos la ocasión de presenciar la propuesta de los conjuntos de la USACH dirigidos por Nicolas Rauss, en una versión con muchas más luces que sombras, constituyéndose en un muy buen aporte a la difusión de la hermosa obra.

Otro momento del primer acto Euridice y Orfeo, cuando supuetamente él la busca desolado. foto Pablo González

Otro momento del primer acto Euridice y Orfeo, cuando supuestamente él la busca desolado. foto Pablo Gutiérrez

El concepto que Rauss tiene de la partitura, le lleva a una contenida y clásica contención, que bien puede sorprender en algunas de sus partes, no obstante logró de la Orquesta Clásica de la Universidad de Santiago, un sonido bastante homogéneo, brillantemente hermoso en las cuerdas que triunfaron ampliamente en su cometido, maderas y bronces algo disparejos en sonido, pero eficaces en el todo, no podemos dejar de destacar al primer flauta de la orquesta Diego Vieytes, que de memoria realizó una entrañable versión del famoso solo del tercer acto. Algunos ocasionales desajustes de pulso en la orquesta, particularmente en la Obertura, en nada empañaron el resultado total.

Tercer acto, el espíritu de Euridice se encuentra con su cuerpo amortajado. foto Pablo González

Tercer acto, el espíritu de Euridice se encuentra con su cuerpo amortajado. foto Pablo Gutierrez

Nos mereció dudas el que Rauss, haya llevado el comienzo del segundo acto siempre muy rápido en el coro y con un pulso muy lento y constante a Orfeo, cuando este dúo junto a la progresión del texto, incluso las indicaciones de la partitura indican cambios, tal vez se debió a la ubicación del coro, no lo sabemos.

El Coro de la Universidad de Santiago, que dirige Andrés Bahamondes realizó un interesante trabajo en lo musical, hermosas voces pero creemos que debe mejorar sustancialmente la fonética; sin duda algunos momentos de afinación poco precisa en el tercer acto, se debieron a su ubicación ( a un costado del escenario en las graderías) al no escuchar bien la orquesta, asimismo los desajustes con la orquesta en la primera escena del segundo acto, pudieron deberse a lo mismo, no obstante muy interesante resultó su gesticulación en el diálogo con Orfeo en esa misma escena.

El Coro USACH, en las graderías laterales. foto Pablo González

El Coro USACH, en las graderías laterales. foto Pablo Gutiérrez

El agotador rol de Orfeo lo cantó el experimentado tenor Rodrigo del Pozo, haciendo gala de enorme expresividad y musicalidad, él como experto en música antigua, enfrentó su papel con clarísima dicción otorgándole toda la sensibilidad necesaria. En sus dúos con Euridice cantada por Paulina González su voz se vio disminuida, pero no es problema de él, ya que la soprano posee una poderosa voz más propia de grandes roles en la ópera. Creemos que Rodrigo del Pozo tuvo uno de sus mejores momentos en la desoldada aria “He perdido a mi Eurídice” de exquisita expresividad.

Los solistas Rodrigo del Pozo (Orfeo), Paulina González (Euridice) y Carolina Grammelstorff (Amor), a la izquierda Nicolas Rauss el director. foto Pablo González

Los solistas Rodrigo del Pozo (Orfeo), Paulina González (Euridice) y Carolina Grammelstorff (Amor), a la izquierda Nicolas Rauss el director. foto Pablo Gutiérrez

Como dijimos el breve rol de Euridice (solo aparece en el tercer acto) fue cantado por la gran soprano Paulina González, poniendo al servicio de su papel todas sus condiciones histriónico-vocales, las que ha desarrollado en una gran cantidad de roles operáticos, su dúo con Orfeo cuando vuelven de infierno, fue de enorme expresividad.

Otro papel breve es el de Amor, presenta en el primer y tercer acto, lo cantó Carolina Grammelstorff, lo hizo con gracia y musicalidad, planteando un contrapunto con el resto de los personajes.

Tercer acto Nicolas Rauss dirigiendo hacia el Coro, en primer plano Orfeo. foto Pablo González

Tercer acto Nicolas Rauss dirigiendo hacia el Coro, en primer plano Orfeo. foto Pablo Gutiérrez

Participó además la Compañía Mimo Corpus Movens, que dirige Leopoldo Martínez, de la que se dijo haría más comprensible la historia, algo que en verdad solo en ciertos momentos fue logrado. Ellos utilizaron la desnudez propia de cuerpos pintados, y con solo tres mimos encarnaron a Orfeo, Euridice, Amor y una sola Furia, afortunadamente no se incorporó en escena el anunciado personaje “El Barquero”, mencionado en el programa, que no está en la ópera.

El Amor cantado (Carolina Grammelstorff) y en mimo (Daniela Pacheco). foto Pablo González

El Amor cantado (Carolina Grammelstorff) y en mimo (Daniela Pacheco). foto Pablo Gutiérrez

Creemos que los momentos más débiles de la puesta en escena correspondieron a los mimos; Orfeo (Gabriel Riquelme) es un héroe que lucha por recobrar a su esposa, aquí se lo mostró dubitativo y con movimientos más propios de una gárgola, encorvado y con expresividad plana, incluso cuando se recupera finalmente a su esposa, más parecía un padre con su hija, y sin mayor expresividad.

Orfeo y Euridice en el tercer acto. foto Pablo Gonzñalez

Orfeo y Euridice en el tercer acto, a la derecha Orfeo (Rodrigo del Pozo y Euridice (Paulina González). foto Pablo Gutiérrez

Euridice (Juliette Tillería) también fue plana en expresividad, y al comienzo al parecer era un alma que inquieta esperaba a su esposo, nos pareció que lo mejor de ella estuvo en la escena de los Espíritus, cuando se pasea entre la orquesta, y en el dúo con Orfeo cuando ambos viajan hacia la superficie. Amor y la Furia (Daniela Pacheco) fue en exceso sobreactuada, diferenciando poco sus dos roles.

En todo caso, es indudable el valor que tiene esta propuesta -a la que sin duda le faltaron los sobretítulos-, en particular por sus aspectos musicales encabezados por Nicolas Rauss, que fueron muy superiores a los escénicos.

Gilberto Ponce. (CCA)

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CORO DE LA UAI EN DIÁLOGO DE CULTURAS.

Por deferencia de la Crítica de Música señora Sylvia Wilckens, publicamos la crítica que ella realizara de este concierto, la que fue publicada en el Diario chileno-alemán Condor.

UN CONCIERTO DE EXTRAORDINARIO INTERÉS EN LA CATEDRAL   METROPOLITANA.

Al asistir a este muy singular acontecimiento en la Catedral, nunca nos imaginamos   cuánta sorpresa nos causaría escuchar a alumnos de la Universidad Adolfo Ibáñez en un concierto de tan alto nivel. Es asombroso lograr este resultado de esta categoría con un coro formado hace pocos meses, con alumnos que provienen de diversas facultades y cuyos conocimientos de lectura musical son prácticamente nulos. Por lo tanto, es de suponer que ha sido necesario para ellos aprender todas las partituras de memoria, lo que significa una asombrosa hazaña.

El Coro UAI en plena presentación.

El Coro UAI en plena presentación.

Y hablando de hazaña debemos felicitar efusivamente la labor de su director, el profesor Gilberto Ponce, quien hace pocos años formó la agrupación que está integrada por alumnos de las dos sedes de la universidad, de Santiago y Viña del Mar.

¿ Cómo logra este director estos resultados con prácticamente legos de la música? Y hay que recalcar que los ensayos se limitaron a uno semanal durante tres meses y medio entre Santiago y Viña, pero esta es la realidad de muchos coros de estudiantes universitarios.

Para nosotros, se nos imaginaba estar escuchando alumnos que durante mucho tiempo actuaban juntos, pero la realidad es que sólo en pocos meses el director, con una habilidad profesional fuera de serie, logró presentar un programa variadísimo, con obras que incluían trozos del barroco, clasicismo, música religiosa y popular de Africa, América Virreinal y Europa, para finalmente presentar una de las primeras operas escritas en América (1749) en El Cuzco.

Altar del Monasterio de San Antonio Abad en El Cuzco, donde se realizó el estreno de "Venid, venid Deidades" foto tripadvisor

Altar del Monasterio de San Antonio Abad en El Cuzco, donde se realizó el estreno de “Venid, venid Deidades” de Fray Esteban Ponce de León. foto tripadvisor

Un programa tan variado en épocas y estilos, requiere intensísimos ensayos con coristas aficionados. Asombroso es además el hecho que Gilberto Ponce haya encontrado acceso a estas partituras escasas y difíciles de ubicar en el comercio musical. Todo esto requiere una dedicación fuera de serie de parte del director y confirma su seriedad profesional y su amor por la música. Mencionaremos además el hecho que el director dirigió todo el programa sin partitura.

Gilberto Ponce se formó entre otros maestros con el notable director alemán Volker Wangenheim, director de los Festivales Beethoven de Bonn y director de la Musikhochschule en Colonia, haciéndolo durante tres años. Además fue director del Coro de Cámara de la Universidad de Chile, con el que ganó diversos premios internacionales.

Últimamente hemos tenido la oportunidad de asistir a conciertos corales variadísimos, pero es éste coro, el de la UAI, es el que nos ha bridado el programa más original y único.

El alumno Matías Romero canta su solo en "Esa noche yo Bailá" junto al coro.

El alumno Matías Romero canta su solo en “Esa noche yo Bailá” junto al coro.

Comenzó con un Villancico “Esa noche yo bailá” de los esclavos negros en el sur de América, con el solista barítono Matías Romero, – excelente en voz, ritmo y dicción del dialecto de esos negros –acompañado de percusión. Luego del francés barroco Marc Antoine Charpentier un fascinante y melodioso SANCTUS de su ” Misa de Medianoche” con acompañamiento de órgano. Es admirable cómo estos dos jóvenes coros haciendo uno solo, logran adaptarse a los diferentes estilos – un loable mérito-.

Esta facilidad de adaptación del coro se demostró también en el “ Sanctus” de la “Missa Luba” proveniente del Congo interpretada con percusión. Las intérpretes femeninas se lucieron en este trozo.

El Coro UAI en pleno concierto.

El Coro UAI acompañado por Juan Pablo Navarro en pleno concierto.

Del Clasicismo :

De la misa llamada “Heiligmesse” de Franz Joseph Haydn, cantaron el “Goria” con teclado, en excelente estilo clásico y dicción. Luego se nos ofreció otro “Gloria”, ahora del Clasicismo americano obra muy sui generis perteneciente a la Misa en Fa del primer compositor mulato nacido en Brasil, José Joaquim Emérico Lobo de Mesquita (segunda mitad de 1700), acompañado de teclado. También este trozo, tan distinto y atrayente, pues en parte insinúa un ritmo de baile, fue muy bien interpretada con acertado estilo y ritmo.

El compositor José Joaquim Emerico Lobo de Mesquita. foto canta del-Rei

El compositor José Joaquim Emerico Lobo de Mesquita. foto canta del-Rei

Del repertorio religioso y popular:

La leyenda rusa de Stenka Razin (anónima) nos llevó a visualizar el ambiente de las extensas estepas heladas siberianas, fue entregada con intensa emocionalidad y espíritu típico, cantada en su idioma con admirable dicción. Una melodía bellísima plena de nostalgia eslava.

Luego vinieron dos trozos del “Romancero Gitano” con textos de Federico García Lorca y música de Mario Castelnuovo Tedesco, se trató de “Cristo Moreno” y “Crótalo”. En ellas se percibe una muy interesante mezcla de tonalidad con atonalidad, con ocasionales ritmos muy españoles, de difícil interpretación, y excelentemente bien lograda.  

En la última parte, el coro (un total de 40 coristas) nos brindó una espectacular interpretación de una de las primeras óperas escritas en América en El Cuzco en 1749. Se le llamó por su brevedad “Opera Serenata”.

La música pertenece a Fray Esteban Ponce de León, compositor nacido en Lima, y se titula “VENID, VENID DEIDADES.” – Fue dedicada y en homenje a Fernando Pérez de Oblitas, por haber sido nombrado Obispo del Paraguay.

Felipe Gutiérrez (Heraldo) junto al coro cantando la Ópera Serenata "Venid, venid Deidades"

El tenor Felipe Gutiérrez (Heraldo) junto al Coro cantando la Ópera Serenata “Venid, venid Deidades”

Se compone de 11 diferentes trozos, que relatan la rivalidad entre las ciudades Arequipa y El Cuzco, para saber cual de ellas contribuyó más en la formación del Prelado. Enuncia el juicio el Heraldo (el tenor Felipe Gutiérrez) con el coro, este tenor fue muy convincente, posee una atractiva voz y un gran espíritu histriónico.

Luego argumenta en el papel de Arequipa la soprano Magdalena Amenábar, con un recitativo y una aria, quien confirmó su musicalidad luciendo su bello timbre; el Coro canta una alabanza a Arequipa, luego y a pesar que le correspondía argumentar al Cuzco, interrumpe la Doncella de Arequipa cantada por Camila García, a favor de Arequipa en una hermosa y muy bien cantada aria.

Por fin la soprano Soledad Mayorga, como El Cuzco, puede cantar argumentado, ella lo hizo muy bien vocalmente y con gran expresividad. Continua el coro ahora con sus alabanza para El Cuzco. Sigue el coro de Deidades señalando al Cuzco que no se confíe. Por ello se presenta la Deidad Principal (María Fernanda Carter contralto) a dirimir la “sagrada cuestión” con un recitativo y dos arias, definiendo el Trofeo (una lira) para El Cuzco, lo hizo con excelente voz y muy expresiva; todo finaliza con el CORO FINAL “ Viva, Viva”, acompañado del tenor solista en una exultante y feliz entrega. La labor del coro en esta tan compleja ópera fue realmente sin tacha, en afinación exactitud rítmica y matización.

Agradeciendo los aplausos del público al final de la Ópera Serenata "Venid, venid Deidades" Juan Pablo Navarro teclado. órgano y percusión, Magdalena Amenábar, Felipe Gutiérrez, Soledad Mayorga, Camila García y María Fernanda Carter.

Agradeciendo los aplausos del público al final de la Ópera Serenata “Venid, venid Deidades” Juan Pablo Navarro teclado. órgano y percusión, Magdalena Amenábar (Arequipa), Felipe Gutiérrez (Heraldo), Soledad Mayorga (El Cuzco), Camila García (Doncella de Arequipa) y María Fernanda Carter (Deidad Principal).

Debemos felicitar al pianista y organista acompañante Juan Pablo Navarro, quien logró superar exitosamente las dificultades de tener que tocar en un instrumento defectuoso cuyas fallas sólo se constataron a última hora antes del concierto. Felicitaciones Juan Pablo!

Rara vez este tipo de presentaciones se nos hacen demasiado “cortas”, pero en este caso el entusiasta público habría deseado que siguiera y siguiera. Con razón, pues la vivencia que nos presentó el Coro de la UAI, no hace desear que el próximo año se repita la fortuna de volver a escucharlos.

Sylvia Wilckens.

(Círculo de Críticos de Arte de Chile)

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LA VIUDA ALEGRE EN EL MUNICIPAL DE SANTIAGO.

EL BRILLO DE LA VIUDA ALEGRE CON EL BALLET DE SANTIAGO.

Se entiende perfectamente el éxito que el Ballet de Santiago ha obtenido con sus presentaciones del ballet La Viuda Alegre, coreografía que con arreglos de la música de la opereta del mismo nombre de Franz Lehár, ocupó el escenario del Municipal de Santiago en días pasados.

Hanna  (Natalia Berríos) y Danilo (José Manuel Ghiso) en uno los momento brillantes de la fiesta. foto Patricio Melo

Hanna (Natalia Berríos) y Danilo (José Manuel Ghiso) en uno los momento brillantes de la fiesta. foto Patricio Melo

Música hermosa en arreglos muy bien concebidos, por John Lanchbery, con vestuario y escenografía de Peter Docherty que a pesar de provenir del estreno en 1975, conserva vigencia y belleza, y una compañía que confirma el porqué es una de las más importantes de America Latina, con un sólido cuerpo de baile y solistas en plena madurez danzística, justificando las largas ovaciones al final de espectáculo.

Camille (Rodrigo Guazmán) y Valencienne (Maite Ramírez) en uno de sus furtivo encuentros. foto Patricio Melo

Camille (Rodrigo Guazmán) y Valencienne (Maite Ramírez) en uno de sus furtivo encuentros. foto Patricio Melo

Creemos que uno de los grandes aciertos de Marcia Haydée su directora, es el de permitir a los solistas que además de respetar la coreografía, pongan su impronta personal en los roles, esto consigue versiones de gran potencia expresiva, en cada uno de los elencos que suben a escena.

Hanna (Natalia Berríos) y Danilo (José Manuel Ghiso) en la escena del sueño. foto Patricio Melo

Hanna (Natalia Berríos) y Danilo (José Manuel Ghiso) en la escena del sueño. foto Patricio Melo

Nos correspondió presenciar dos de ellos, lo que confirma lo dicho en el párrafo anterior, haciéndonos ver un notable relevo entre los solistas principales.

La Viuda Alegre, que es una comedia de equivocaciones de la mejor escuela, requiere no solo técnica, debido a que utiliza una cantidad enorme de complejos pasos y figuras, agreguemos que deben tener capacidad actoral particularmente en comedia haciéndolo con espontaneidad y fino humor, algo no menor pues muchas cosas suceden en el escenario simultáneamente, sin parecer extemporáneas, factor que se dio perfectamente, además el cuerpo de baile debe interactuar con cada elenco, como si lo hicieran siempre; elementos que fueron ampliamente logrados, justificando el suceso conseguido.

Hanna (Natalia Berríos) y el Barón (Miroslav Pejic) en la fiesta ofrecida a Hanna. foto Patricio Melo

Hanna (Natalia Berríos) y el Barón (Miroslav Pejic) en la fiesta ofrecida a Hanna. foto Patricio Melo

En esta oportunidad la Orquesta Filarmónica de Santiago fue dirigida por Pedro Pablo Prudencio, que se ha posicionado como un gran valor entre el público, razón que explica el caluroso aplauso con que fue recibido al ingresar en ambas funciones, él condujo con gesto claro y firme, realzando fraseos y articulaciones mientras que rubato y acelerando fueron de extrema pulcritud, acentuando aquellos temas que se encuentran casi en el inconciente colectivo por lo entrañables, que decir de la sutil finura del emblemático vals. Algo que redunda en la compañía y los solistas que bailan con tranquilidad, potenciando la calidad de cada uno de los bailarines.

La fiesta en el Maxim´s Danilo (José Manuel Ghiso) y dos damas. foto Patricio Melo

La fiesta en el Maxim´s Danilo (José Manuel Ghiso) y dos damas. foto Patricio Melo

La coreografía de Ronald Hynd, remontada en esta ocasión por Lyn Vella-Gatt, permite que el público comprenda perfectamente la seguidilla de enredos del argumento, que nos introduce en el mundo sofisticado de la socialité de fines de 1800 en el imaginario Pontevedro.

El país está en la ruina, y solo los impuestos que pagaría Hanna la Viuda al casarse con un pontevedrino, los salvaría, ese el eje de la historia cruzada por el romance de la infiel Valencienne con Camille, en una corte desesperada por casar a Hanna con el pontevedrino Danilo antiguo prometido de ella.

Elenco 2 del ballet Valencienne (Katherine Rodríguez) Camille (Emmanuel Vásquez) sorprendidos por Njegus (Edyson Araya), foto Patricio Melo

Elenco 2 del ballet Valencienne (Katherine Rodríguez) Camille (Emmanuel Vásquez) sorprendidos por Njegus (Edyson Araya), foto Patricio Melo

El primer elenco lo encabezó Natalia Berríos como Hanna en una poderosa creación de su personaje, altiva y señorial pues bien sabe que todos dicen amarla, pero solo quieren su dinero, no obstante no disimula su coquetería con Danilo, a quien ama de verdad; con técnica sobresaliente y perfecta, saltó desde la noble viuda a la campesina de antaño en la hermosa escena del sueño de Danilo, pasando por diversos estados emocionales en la escena de jardín y en la de Maxim´s, donde culminó en la excelencia en su pas de deux con Danilo, en el reencuentro. En ella todo fluye naturalmente, haciendo de la técnica solo un medio para lograr la emoción de su personaje.

Hanna (Andreza Randisek) con el Barón (Cyril de Marval) foto Patricio Melo

Hanna (Andreza Randisek) con el Barón (Cyril de Marval) foto Patricio Melo

Danilo el pontevedrino demasiado aficionado al alcohol, permitió a José Manuel Ghiso mostrar en plenitud su carrera en ascenso, su estupenda y segura técnica copa el escenario, transitando desde el despreocupado ebrio, hasta el desesperado enamorado que lucha por recobrar su antiguo amor; mostrando además la prestancia de un noble, que inútilmente trata de disimular su ebriedad, hasta el arrebato cuando trata de batirse a duelo con Camille, mostró muy bien el impacto al reencontrarse con Hanna, fue sutil en la escena del sueño y arrobadoramente romántico en la escena final, él y Natalia Berríos forman una de las grandes parejas en el ballet.

Hanna (Andreza Randisek) y sus invitados saludan la bandera de Pontevedro. foto Patricio Melo

Hanna (Andreza Randisek) y sus invitados saludan la bandera de Pontevedro. foto Patricio Melo

La coquetería desfachatada en su infidelidad, fue asumida plenamente por Maite Ramírez, al bailar como Velencienne creando un personaje de enorme simpatía, volcando en el toda su segura técnica, sus pas de deux con Camille fueron de gran factura.

Conocemos muy bien las dotes de comediante de Rodrigo Guzmán, que asumió en esta oportunidad como el seductor Camille, rol que calza muy bien a su personalidad permitiéndole mostrar su sólida técnica.

El marido de Valencienne, el engañado Barón que bailó Miroslav Pejic, fue dotado de un porte noblemente diplomático, primero suspicaz y al final con una dignidad de la mejor estirpe, donde las emociones no se traslucen a la sociedad.

Hanna (Andreza Randisek) y Danilo (Gabriel Bucher) en la fiesta. foto Patricio Melo

Hanna (Andreza Randisek) y Danilo (Gabriel Bucher) en la fiesta. foto Patricio Melo

Njegus el secretario del Barón fue caracterizado con divertida prestancia por Edyson Araya, quien actuó en ambos elencos.

El segundo elenco estuvo encabezado por Andreza Randizeck como Hanna, quien una vez más demostró el porqué ha llegado al lugar que ocupa actualmente en la danza, con su impecable técnica dotó su personaje de exuberante elegancia, con una enorme levedad en la escena del sueño con Danilo y en las escena finales donde se reencuentra con su verdadero amor; mostró además su prestancia al superar con soltura un cuasi accidente, con el grupo de varones que debía subirla en el final de una de las escenas.

El hermoso final Hanna (Andreza Randisek) y Danilo (Gabriel Bucher). foto Patricio Melo

El hermoso final Hanna (Andreza Randisek) y Danilo (Gabriel Bucher). foto Patricio Melo

Gabriel Bucher asumió un recio Danilo, tal vez no tan dado a la comedia, pero sí manifestando todas emociones por la que transita su personaje, es un gran partenaire, por lo que sus escenas con Hanna fueron muy convincentes y casi ensoñadas.

Pensamos que a su hermosa técnica de Katherine Rodríguez, le sumó una picardía que a ratos llegó al más fino humor bailando como Valencienne, la infiel esposa del Barón, nos parecieron estupendas sus escenas con Camille, que bailó con gran elegancia Emmanuel Vázquez, él dotó a su personaje más bien de un aura de juvenil candor romántico, en su enamoramiento sin límites por Valencienne, es otro de los bailarines que da firmes pasos para llegar a ser una gran figura.

El final del elenco 1 Hanna (Ntalia Berríos) y Danilo (José Manuel Ghiso. foto Patricio Melo

El final del elenco 1 Hanna (Ntalia Berríos) y Danilo (José Manuel Ghiso. foto Patricio Melo

El Barón fue asumido por Cyril de Marval, con un enfoque definitivamente más teatral, convirtiendo al marido engañado en un ingenuo personaje, al que su amor por su esposa le lleva a aceptar con dignidad su engaño, además jugó mucho mas a la comedia.

Los roles más breves a cargo de Gustavo Echevarría, Cristopher Montenegro, Fabrizio Montenegro, Romina Contreras, Elizabeth Espinoza, Noelia Sánchez y María Lovero, además de Emmanuel Vásquez alternándose en ambos elencos, lo hicieron con gran solvencia.

Sería injusto no mencionar la disciplina ejemplar del cuerpo de baile.

Dos elencos que dieron vida a un delicioso ballet, que encantó al público que aplaudió sin reservas a cada uno de sus participantes.

Gilberto Ponce. (CCA)

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VERSIÓN ESTELAR DE LA CONDENACIÓN DE FAUSTO.

LA ESTELAR CONDENACIÓN DE FAUSTO.

Creemos que el título lo dice todo, pues fue radical el cambio observado en la presentación del elenco Estelar de La Condenación de Fausto la ópera de Héctor Berlioz, que se presentó en el Municipal de Santiago.

Como dijimos en el comentario de la versión Internacional, se trata de una ópera muy compleja de presentar y con una estructura musical más cercana al oratorio que a la ópera, con largas escenas donde los personajes cavilan, por ello toda la expresividad queda a merced de la interpretación de los cantantes, y es en este aspecto donde la versión del elenco Estelar, logró establecer un contacto emocional con el público, transformando lo estático en algo vivo y dramático.

Brillante Baile Campesino en la escena 1. foto Patricio Melo

Brillante Baile Campesino en la escena 1. foto Patricio Melo

En el aspecto de la puesta en escena, volvemos a ratificar el mérito de Ramón López en escenografía, cuyos aciertos de vieron realzados con la actuación fluida y natural de los protagonistas.

Observamos algunos cambios en la puesta, como la aparición de unas momias tipo zombie, en la escena del pandemónium, que provocó hilaridad en parte de los asistentes, así como una mayor naturalidad y precisión en la escena de la taberna.

Fausto (Antonio Bürgi) cavilando en su estudio. foto Patricio Melo

Fausto (Antonio Bürgi) cavilando en su estudio. foto Patricio Melo

Del mismo modo, la primera escena, tal vez una de las más hermosas, adquirió mayor relevancia con la interacción de Fausto con las imágenes proyectadas, a modo de ejemplo, Fausto sigue con la vista y gestos el vuelo de las bandadas de pájaros, y se conmueve con los cantos y bailes campesinos.

Otro aspecto de interés es el como los personajes lograron interactuar entre ellos, revelando emociones, ironías, esperanzas y deseos, asumiendo el escenario y los pocos elementos de la minimalista escenografía; convincente la escena de amor entre Fausto y Margarita, tanto como los desafiantes diálogos de Mefistófeles con Fausto, o como este último se dirige a los parroquianos en la taberna, a sus huestes sean estos espíritus, silfos, fuegos fatuos o habitantes del inframundo.

Fausto (Antonio Bürgi) y Mefistófeles (Homero Pérez-Miranda) se encuentran por primera vez. foto Patricio Melo

Fausto (Antonio Bürgi) y Mefistófeles (Homero Pérez-Miranda) se encuentran por primera vez. foto Patricio Melo

Maximiano Valdés obtuvo un señalado éxito en esta función, perfilando estupendamente los temas esenciales de la música, logrando de la Filarmónica de Santiago el sonido a que el conjunto nos tiene acostumbrados, además en ningún momento se produjeron desajustes, acompañó secundando la expresividad de los solistas y realzó muy bien las partes corales y las de ballet, y en la compleja escena final que incluye además el coro de niños, ubicado en los palcos laterales superiores al lado de escenario, fluyó a la perfección, contrastándose perfectamente los timbres del coro adulto con el infantil.

Brander (Sergio Gallardo) cantando la Canción de la Rata a los parroquianos de la Taberna. foto Patricio Melo

Brander (Sergio Gallardo) cantando la Canción de la Rata a los parroquianos de la Taberna, a la izquierda Mefistófeles (Homero Pérez-Miranda). foto Patricio Melo

En cuanto al ballet, en este no se produjeron novedades, y se nos acentuó la idea que se incentivó la improvisación por lo confusas de algunas escenas, particularmente en las de los silfos y en el pandemónium, a gran distancia del acierto de la primera escena, con campesinos y soldados o con la plasticidad de los fuegos fatuos.

El Coro del Municipal, volvió a mostrar toda su potencialidad, bellísimo canto, musicalidad, expresividad y talento actoral, y volvemos a decirlo, se trata de un conjunto que es un lujo para cualquier teatro.

Margarita (Evelyn Ramírez) en su habitación. foto Patricio Melo

Margarita (Evelyn Ramírez) en su habitación. foto Patricio Melo

Antonio Bürgi, el tenor argentino que cantó el rol de Fausto, mostró su hermosa y expresiva voz, que aunque no es muy grande la maneja inteligentemente, preocupándose esencialmente de expresar el texto, y con ello las emociones que embargan al personaje, y como es naturalmente un estupendo actor, conquistó con facilidad al público, creemos y sin desmerecer nada, que sus mejores logros estuvieron en la primera escena en el ámbito natural, luego en su estudio, en la que pasa por diversos estados emocionales, como el cansancio de la falta de objetivos, la tentación de atentar contra su vida, el arrepentimiento al escuchar el canto de resurrección y su diálogo con Mefistófeles; posteriormente sus escenas con Margarita, desde cuando la sueña hasta la seducción, y posteriormente en la escena de La invocación de la Naturaleza.

Fuegos fatuos rodeando el lecho de Margarita (Evelyn Ramírez). foto Patricio Melo

Fuegos fatuos rodeando el lecho de Margarita (Evelyn Ramírez). foto Patricio Melo

Margarita fue asumida en forma espléndida por Evelyn Ramírez, la mezzosoprano chilena que confirma una vez más que es una de las voces más importantes de nuestro país, su bella y poderosa voz, acompañada de su natural musicalidad, convencen desde que se la escucha, además como posee gran talento como actriz, hizo de Margarita un personaje creíble y lleno de matices; sus escena de la canción del Rey de Thule, la Romaza posterior y sus dúos con Fausto fueron soberbios.

Escena de amor de Fausto (Antonio Bürgi) y Margarita (Evelyn Ramírez). foto Patricio Melo

Escena de amor de Fausto (Antonio Bürgi) y Margarita (Evelyn Ramírez). foto Patricio Melo

Homero Pérez-Miranda obtuvo un resonante triunfo como Mefistófeles, un papel que le queda a la medida para lucir toda su potencialidad vocal, dotando a su personaje de una verdadera galería de personalidades; astuto, cínico, irónico, desfachatado y adulador, con estupendo manejo escénico, permitiéndose interactuar con soltura maquiavélica con el resto de los personajes, genial en su aria de la Pulga, sugestivo en la escena de las invocaciones a espíritus, silfos y fuegos fatuos y potente en la escena del pandemónium.

Comienzo de Pandemonium donde Fausto es condenado, Fausto (Antonio Bürgi) y Mefistófeles (Homero Pérez.Miranda) y atrás un coro invoca a Virgen. foto Patricio Melo

Comienzo de Pandemonium donde Fausto es condenado, Fausto (Antonio Bürgi) y Mefistófeles (Homero Pérez.Miranda) y atrás un coro invoca a Virgen. foto Patricio Melo

Con mayor soltura y mejor vocalmente cantó ahora el rol de Brander, Sergio Gallardo, convirtiendo su aria de la Rata, en un gran éxito.

Una función larga y justamente aplaudida, reconociendo los grandes valores expuestos.

Gilberto Ponce. (CCA)

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