EXITOSA TRAVIATA DEL ELENCO ESTELAR.

LA TRAVIATA CON ELENCO ESTELAR.

Ante un Teatro Municipal repleto, se realizó el estreno de la versión con el Elenco Estelar, de la ópera de Giuseppe Verdi, La Traviata, función que finalizó con una enorme ovación, de un público entusiasmadísimo, que simplemente adora, a este, uno de los títulos más queridos de todas las audiencias.

Pedro Pablo

Pedro Pablo Prudencio en la conferencia de prensa previa al estreno estelar, junto a Omar Carrión y otros cantantes. foto twitter

No obstante el fervor mostrado, es preciso señalar que, esta función de estreno mostró luces y algunas sombras, las que seguramente en las otras funciones se perfeccionarán, en particular aquellas referidas a la naturalidad en la actuación de algunos de los cantantes, así como la seguridad en los pulsos, que al menos en un par de ellos, obligaron a Pedro Pablo Prudencio, a marcar casi ostentosamente, para evitar algún desajuste.

Ensayo acto 3

Ensayo final acto 3, en primer plano, Pedro Pablo Prudencio, y en el escenario al frente Violeta (Jaquelina Livieri) Giorgio (Omar Carrión) y Alfredo (Carlos Moreno Pelizari), comprimarios y el Coro. foto twitter

En todo caso, las virtudes de la bella puesta en escena, de Pablo Núñez, analizada para el elenco Internacional, casi disimuló estos pequeños reparos.

La dirección musical estuvo a cargo del talentoso y musical Pedro Pablo Prudencio, quien mostró sus grandes capacidades, concertando orquesta, coro y ballet, junto a un elenco, que por razones de tiempo, tiene una reducida cantidad de ensayos en el escenario, que se traduce en una cierta rigidez actoral, en aquellos que no tienen condiciones naturales de actuación, por lo que requerirían necesariamente, de mayor tiempo con el director de escena, así como acostumbrarse, a la batuta desde el foso. Pero esta es la realidad, que a pesar de ella, se han cosechado grandes éxitos en el escenario del Municipal.

No obstante, Prudencio logró un señalado éxito en esta ocasión, entregando una visión unitaria, adecuándose a las características de cada solista, convirtiéndose en un gran apoyo para cada uno, manteniendo además el excelente nivel de la Filarmónica de Santiago.

Primer acto

Primer acto El Barón Douphol (Pablo Castillo) Violeta (Jaquelina Livieri) Marqués D´Obigny (Eleomar Cuello) y Flora (Andrea Aguilar) foto elmostrador

Jaquelina Livieri la soprano argentina, que asumió como Violeta, es poseedora de una gran voz y facilidad en coloraturas, y le dio credibilidad a su personaje, pero avanzando la función, en algunos momentos sus agudos, no tuvieron el sustento necesario, tendiendo a calar, sin embargo, su capacidad de actriz, logró que estos pasaran a segundo plano, su final del primer acto, fue del mejor nivel, tanto como sus momentos previos a la muerte de Violeta.

Violeta en la fiesta en casa de Flora. foto biobio

Violeta (Jaquelina Livieri) en la fiesta en casa de Flora. foto biobio

Alfredo fue cantado por el tenor chileno Carlos Moreno Pelizari, de quien en verdad creemos, que no posee las condiciones para este rol, su voz es muy pequeña, con poca proyección, y en actuación tiene una larga carrera por delante. Además pareció inseguro, siendo uno de los cantantes, que tuvo que contener la batuta de Prudencio.

Omar Carrión, el barítono argentino, de gran trayectoria en el Municipal, fue Giorgio, el padre de Alfredo, haciéndolo con su habitual prestancia escénica, pero extrañamente, en varios momentos, tendió, o bien a atrasarse, o adelantarse, debiendo ser contenido por Prudencio, pero manejó su personaje con la sobriedad y emocionalidad necesaria.

Final acto 3

Final acto 3, Violeta (Jaquelina Livieri) en el suelo recibe un manojo de billetes de parte de Alfredo (Carlos Moreno Pelizari) ante el estupor de

Andrea Aguilar, la soprano chilena, dio vida a Flora, perfilando su personaje, no solo en lo vocal, que fue de alto nivel, también lo dotó de picardía sofisticada.

Muy interesante el perfil que Francisco Huerta, le otorgó a su personaje Gastón, tanto como el Barón Douphol de Pablo Castillo, de una casi insoportable soberbia.

Acertado como el Marqués D´Obigny de Eleomar Cuello, y con el dramatismo preciso en lo vocal y en actuación, estuvo David Gáez, como el doctor Grenvil; bastante bien en lo vocal, pero un tanto rígida en actuación fue Jessica Rivas como Annina.

El resto de los comprimarios, Gustavo Morales, Patricio Álvarez y Cristóbla Gutiérrez, con un prometedor profesionalismo.

Gilberto Ponce. (CCA)

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LA TRAVIATA DE PABLO NÚÑEZ.

LA TRAVIATA VUELVE EN TRIUFO AL MUNICIPAL.

La última vez que La Traviata subió al escenario del Municipal, fue el año 2009, en una discutible puesta en escena de Jean-Louis Grinda, caracterizada por el mal gusto de muchas de sus escenas, razón por la que existía justificada expectación ante la nueva producción del destacado y serio Pablo Núñez, quien a través de sus trabajos a mostrado siempre buen gusto, imaginación y pertinencia con los argumentos.

Violeta (Nadine Koutcher), al inicio de laópera. foto efe

Violeta (Nadine Koutcher), al inicio de la ópera. foto efe

Su desafío era mayor, pues abordaba la régie, escenografía y vestuario, de una ópera favorita de todos los públicos, y que ha contado con magníficas puestas en escena, a lo largo de su historia; por ello es que no dudamos de calificar este trabajo, como totalmente logrado, demostrando que puede haber novedad, a partir de una propuesta, que se puede calificar de tradicional.

La escenografía, de gran belleza, nos traslada al ambiente de dos cortesanas elegantes, con ese dejo de grandilocuencia, propio de sus dueñas de casa, mientras que un gran contraste lo marca la casa de campo, de sobrias líneas y austera elegancia, más ostentosa, aunque hermosa es la casa de Flora que provocó un espontáneo aplauso del público, en la versión estelar-, mientras que, el dormitorio donde muere Violeta, ya evidencia el desplome económico de su dueña.

Violeta (Nadine Koutcher) y Alfredo (Serget Romanovsky) foto twitter

Violeta (Nadine Koutcher) y Alfredo (Sergey Romanovsky) en el primer actos. foto twitter

El vestuario, es hermoso y elegante, en los tonos rojos del coro femenino, y en el frac de los varones, mientras viste a Violeta de blanco, azul y negro, según el lugar de la acción.

Nos parece muy decidor, el que en la dirección de escena, haya hecho primar la contención emocional, muy propia de la época, donde el “deber ser” dominaba las emociones públicas, en ello fueron fundamentales las miradas, posturas de brazos y manos, tanto el como pararse en ciertas escenas, recordemos el segundo acto de Alfredo, mientras que como contraste, solo se permite tres estallidos emocionales en Alfredo, primero cuando conoce la huída de Violeta en el acto segundo; el encuentro de los amantes, en el último, y el arrebato de dolor de este al morir Violeta.

Alfredo (Sergey Romanovsky). foto amosantiago

Alfredo (Sergey Romanovsky). foto amosantiago

Núñez, logró una tensión vital, en todo el desarrollo, y los más importante, hizo creíble y emocionante el drama. Los conjuntos fueron estupendamente resueltos, incluyendo coro, bailarines y actores, siendo un éxito rotundo, la fiesta en casa de Flora, en la que invitados y gitanas bailarinas interactuaron naturalmente, mientras que los dos toreros, bailaron sobre mesas separadas entre los invitados.

Gitanas, de excelente cometido, en la fiesta en casa de Flora. foto Patricio Melo

Gitanas, de excelente cometido, en la fiesta en casa de Flora. foto Patricio Melo

La iluminación de Ricardo Castro, fue fundamental por lo sugerente.

La coreografía de Georgette Farías, excelente, copando muy bien el espacio, con sus graciosas y bellas bailarinas, mientras que fue virilmente poderosa con los toreros, ambos de estupendo cometido (Agustín Cañulef y Antonio Mouriño).

El Coro del Teatro Municipal (Jorge Klastornick), con el profesionalismo que se reconoce, tanto en voz como actuación, superando con maestría, un leve desajuste en el primer acto, producto de la velocidad impresa por la batuta.

Konstantin Chudovsky, dirigió, en forma muy emocional, sin dar tregua a la continuidad, aunque la velocidad de algunas partes, empañó en algunos momentos la limpieza de su dirección, destacaremos el cuidadoso acompañamiento de los cantantes, mientras mantuvo inalterable la calidad del sonido de la Filarmónica de Santiago.

Flota (Yeanethe Münzenmayer) y Violeta (Nadine Koutcher) en la fiesta. foto amosantiago

Flora (Yeanethe Münzenmayer) y Violeta (Nadine Koutcher) en la fiesta. foto amosantiago

Violeta lo cantó y actuó estupendamente, Nadine Koutcher, en un rol, que al parecer se aviene muy bien con su personalidad, transitó con soltura no solo por las enormes dificultades vocales de su diversas arias, asombrando en el primer acto, conmoviendo en las escena con el padre de Alfredo, siendo desgarradora en su “ámame Alfredo”, y en las escenas finales; la ovación con “pataditas” que le brindó el público, fue de total justicia.

El tenor ruso Sergey Romanovsky, fue un Alfredo que evolucionó emocionalmente desde el primer acto, donde se muestra inseguro del afecto de Violeta, luego fue el amante enamorado, que luego se encoleriza, al creerse engañado por ella en el segundo, para luego ser casi sardónico en el tercero, y por último desconsolado en el cuarto; debido a su presencia escénica, la interacción con la protagonista, fue de enorme realismo; Romanovsky canta con un fraseo cuidadoso en frases y palabras, y su voz sin ser potente, se proyecta sin dificultad el las escenas de conjunto.

Giorgio, el padre de Alfredo, fue cantado con gran presencia, y cuidadoso manejo del volumen, por Igor Golovatenko, quien triunfó plenamente en su clave segundo acto, siendo imponente, cuando reprende a su hijo, luego que este ofende a Violeta, en el tercero.

Giorgio, padre de Alfredo (Igor Golovatenko) y Violeta (Nadine Koutcher). foto holaciudad

Giorgio, padre de Alfredo (Igor Golovatenko) y Violeta (Nadine Koutcher). foto holaciudad

Yeanethe Münzenmayer, fue una correcta Flora, mientras que Leonardo Navarro, dio fuerza a Gastón, siendo excelente en lo vocal. El arrogante Barón Douphol, encontró un estupendo intérprete en Rodrigo Quinteros; destacaremos la presencia escénica y vocal de Ramiro Maturana, al recrear al Marqués D´Obigny, el Doctor Grenvil, fue muy bien cantado y actuado por Matías Moncada.

Sonia Vásquez cantó y actuó eficientemente, como Annina la criada de Violteta, el resto de los comprimarios, con gran profesionalismo.

Un reencuentro muy feliz, con una de las óperas más queridas por todos los públicos.

Gilberto Ponce. (CCA)

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DESLUMBRANTE TÉCNICA DE ISHAY SHAER.

RECITAL DE ISHAY SHAER EN LA BEETHOVEN.

Una gran impresión causó en el público, el pianista israelí Ishay Shaer, esta se debió a su notable virtuosismo e impecable digitación, presente a lo largo de todo el recital ofrecido, en la Temporada Internacional de Conciertos Fernando Rosas, que se realiza en el Teatro Municipal de Las Condes.

Ishay Shaer. foto joinnus

Ishay Shaer. foto joinnus

Con aspecto adolescente, sin gestos grandilocuentes que tanto satisfacen a cierto tipo de público, Shaer en contrario, acomete con musicalidad y profesionalismo su programa, dejando de lado cualquier esbozo de show.

Los tres autores incluidos, en su presentación, tanto como el enfoque que hace de sus obras, nos hacen concluir, que se encuentra en plena búsqueda de las versiones, que serían para él definitivas, por ello tal vez, tengamos apreciaciones diferentes con algunos de sus enfoques.

Ludwig van Beethoven. foto visionescriticas

Ludwig van Beethoven. foto visionescriticas

La presentación se inició con la Sonata en Re menor, op. 31 “La tempestad” de Ludwig van Beethoven, obra de carácter más bien discursivo, que se aparta bastante del patrón usual de las sonatas, y que requiere de una aproximación, que apunte tanto a la forma y sus elementos descriptivo-programáticos, así como al fondo.

Por ello creemos, es preciso seguir las indicaciones del autor en la partitura, en particular, en cuanto a articulaciones y fraseos, sin incorporar elementos como algunos stacattos, que aparecieron en el primer movimiento, un tanto ajenos al discurso, no obstante, pensamos que las tensiones fueron muy bien manejadas.

El Adagio, que sigue, mostró un manejo sobrio del cantabile, enlazando perfectamente sus secciones, en sus sutiles contrastes.

El tercero, Allegretto, que en manos de algunos pianistas resulta ramplón e insulso, fue ejecutado en esta ocasión, no solo con maestría técnica, pues le otorgó la expresividad justa, en un arco progresivo, en que los contrastes de los arrebatos emocionales del desarrollo, nos conducen luego a la placidez del tema inicial, que al replicarse, finaliza como en un suspiro.

Maurice Ravel. foto redmayor

Maurice Ravel. foto redmayor

 

Creemos que su mayor triunfo, lo alcanzó con la interpretación de Gaspard de la Nuit de Maurice Ravel, obra que en este momento, pareciera avenirse más con su carácter permitiéndole poner todo su virtuosismo, al servicio de los tres movimientos que posee.

Ondina, el primero de ellos, le permitió adentrarse en los más profundo del impresionismo, con gran claridad en las líneas melódicas, al tiempo que manejó diestra y expresivamente las tensiones, como aquella que conduce a un sólido fortissimo.

En Le Gibet, logró atmósferas sonoras en las sección melódica, mientras que con el ostinatto, que recrea una campana terrorífica, logró la fusión que le dio unidad mágica al todo.

El semblante de Shaer, reflejó goce total, al interpretar Scarbo, la sección final, donde cada fragmento descriptivo y contrastante, no solo era producto del teclado, también lo era por el gesto del intérprete, quien pudo exponer todo su virtuosismo, con inusitada y perfecta digitación; las estruendosa ovaciones hicieron justicia a la magnífica versión.

Frédéric Chopin. foto revizoronline

Frédéric Chopin. foto revizoronline

Finalizó con su versión para los 24 Preludios de Frédéric Chopin, en la que una vez más, dio muestras de su enorme virtuosismo, no obstante, y es nuestra opinión, no en todos, logró entrar en el pequeño mundo expresivo que representa; reconocemos que la integral de los preludios, es un desafío mayor, por la necesidad de dar unidad al todo, mediante la interpretación de cada una, de las a veces mínimas partes, razón por la que, algunos nos parecieron parcialmente logrados, aludiendo solo a lo externo y brillante.

Reconociendo el gran logro obtenido en, el número 5 por su expresividad, el 8 donde al virtuosismo agregó expresividad, el 12 por el brillo caso feroz conseguido, mientras que el 24 lo encontramos soberbio en todo aspecto. El hecho de no mencionar otros que nos parecieron de gran nivel, se debe a razones de espacio.

Ishay Shaer, durante su presentación. foto twitter

Ishay Shaer, durante su presentación. foto twitter

El encore ofrecido, dio cuenta de su afinidad con el impresionismo, ratificando el hecho que estamos ante un gran pianista.

Gilberto Ponce. (CCA)

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VERSIÓN ESTELAR DE TANCREDO DE ROSSINI.

BORTOLAMEOLLI ENCABEZA TRIUNFO ESTELAR DE TANCREDO.

Desde hace ya bastante tiempo que, los elencos conformados con una mayoría de cantantes nacionales, vienen ofreciendo jornadas del más alto nivel, y en esta oportunidad, al cantar en el estreno de las serie Estelar, de Tancredo, la ópera de Gioacchino Rossini, obtuvieron otro resonante suceso.

Esto no es casualidad, sin duda se debe al profesionalismo con que estos artistas enfrentan los desafíos, es por ello, que ahora y en una verdadera proeza, tres de ellos (E. Ramírez, P. Cifuentes y A. Rositsky), cantaron durante tres días seguidos, sus abrumadores roles, debido que reemplazaron a sus pares internacionales, por enfermedad de estos.

Tancredo (Evelyn Ramírez) y Amenaide (Patricia Cifuentes) foto Patricio Melo

Tancredo (Evelyn Ramírez) y Amenaide (Patricia Cifuentes) foto Patricio Melo

En la sobria escenografía de Daniel Bianco, cuyos ventanales y vitrales, nos remiten al Art Nouveau, se desarrolla este drama, de argumento un tanto inverosímil, en su ingenuidad, pero al igual que muchos otros, solo fueron redimidos por la música.

No entraremos en análisis de la producción, pues lo hicimos para la versión internacional, remitiéndonos entonces al elenco.

El joven, que ya no promesa, pues creemos que ya es un verdadero profesional, Paolo Bortolameolli, asumió la dirección musical, entregando una visión unitaria, de principio a fin, manejando las progresiones dinámico expresivas, así como las tensiones propias de la partitura, con maestría, mano elegante y firme, tanto a la orquesta, como a solistas y coro.

Paolo Bortolameolli, foto paolobortolameolli

Paolo Bortolameolli, foto paolobortolameolli

Mostrando un acabado conocimiento de la obra, fue fiel acompañante de los solistas, manejando certeramente el balance sonoro, con una Filarmónica que repitió las excelencias del estreno internacional; asimismo la batuta, salvó prestamente, un inicio de desajuste, en el primer acto, con enorme tranquilidad.

Este, su debut como director de ópera en el Teatro Municipal, lo proyecta como otro de los directores emergentes, que sin duda dará que hablar.

En justicia, debemos insistir en la excelencia del Coro de Teatro.

Por una cuestión de físico, y prestancia escénica, la pareja protagónica, fue más convincente, en lo actoral, tanto como el resto del elenco, que realizó un fino trabajo.

Amenaide

Amenaide (Patricia Cifuentes), Argirio (Anton Rositsky) y Tancredo (Evelyn Ramírez) junto al Coro. foto latercera

La mezzosoprano Evelyn Ramírez, cantó el rol de Tancredo, asumiendo su personaje con su habitual profesionalismo, mostrando en lo vocal, toda su potencialidad y musicalidad, accediendo con seguridad a las exigentes coloraturas, mientras que fue de gran sensibilidad tanto en sus arias como en los dúos, realzando más aún su belleza.

Patricia Cifuentes, la soprano que cantó como Amenaide, mostró que este tipo de obras le acomodan si problema alguno, su línea de canto, el brillo de las feroces coloraturas, tanto como la expresividad vocal y sensibilidad en actuación, la señalan como una de las mejores en su cuerda, memorables fueron sus arias y dúos con Evelyn Ramírez, siendo conmovedora en la escena final.

Amenaide (Patricia Cifuentes) foto Patricio Melo

Amenaide (Patricia Cifuentes) foto Patricio Melo

El tenor ruso Anton Rositsky, no solo posee grandes condiciones de actor, tiene una hermosa y poderosa voz, y sus coloraturas son sólidas, razones que lo convirtieron en otro de los grandes triunfadores de la noche, cantando como Argirio, padre de Amenaide.

Orbazzano, el frustrado prometido de Amenaide, lo asumió con su hermosa voz y notable actuación Homero Pérez-Miranda.

Escena inicial del primer acto. foto Patricio Melo

Escena inicial del primer acto. foto Patricio Melo

Marcela González, cantó el otro rol travestido, el de Roggiero, el amigo de Tancredo, estupenda como actriz, logró una ovación, en su única y compleja aria.

Solo podemos alabar la presencia escénica de María José Uribarri, pues en lo vocal, poco se pudo apreciar, pues cantó con volumen mínimo, proyectando insuficientemente su voz, a pesar que Bortolameolli, hizo tocar a la orquesta, en pianissimo; tal vez se encontraba enferma, no lo sabemos.

Una función que fue larga y entusiastamente aplaudida.

Gilberto Ponce. (CCA)

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EXCELENCIA DE CÁMARA.

THE PHAETON PIANO TRIO EN LA BEETHOVEN.

Como parte de una temporada, que ha venido sorprendiendo, por la jerarquía de los conjuntos que ha presentado; en esta oportunidad, la Fundación Beethoven trajo hasta su Temporada Internacional de Conciertos Fernando Rosas 2016, a The Phaeton piano Trío, conjunto de extraordinaria musicalidad, demostrada a través del interesante programa que presentaron.

The Paeton piano trío. foto clubdelectores

The Paeton Florian piano Trío. Florian Uhlig piano, Peter Hórr violonchelo, Friedemann Eichhorn violín. foto clubdelectores

El conjunto solo se formó en el 2012, pero la experiencia internacional de sus integrantes, sobrepasa los 20 años, algo que sin duda se refleja en la calidad que exhiben; ellos son Peter Hörr en violonchelo, Friedemann Eichhorn, violín y Florian Uhlig en piano.

Franz Joseh Haydn. foto esmedici

Franz Joseh Haydn. foto esmedici

El programa se inició con el Trío en Do mayor, Hob. XV: 27 de Franz Joseph Haydn, interpretado en absoluto estilo clásico, de gran transparencia y finura, en el ya destacó el balance perfecto, algo que se mantuvo a lo largo de toda la presentación; destacaremos la elegancia cantabile del primer movimiento y el cuidadoso manejo de contrastes dinámicos.

Los diálogos del Andante que sigue, y la acentuación más popular, de la segunda sección; mientras que el piano, cobra gran relevancia en el tercero y final Presto, aquí Florian Uhlig fue soporte fundamental, permitiéndole mostrar todo su virtuosismo, secundado estupendamente, por el violín y el chelo.

Ludwig van Beethoven. foto beethovenplus

Ludwig van Beethoven. foto beethovenplus

El bellísimo Trío en Re mayor, Op. 71 Nº 1, llamado “Trío de los Espíritus” de Ludwig van Beethoven, que siguió su presentación, les hizo cambiar de estilo, otorgando un mayor peso sonoro a la versión; quisiéramos detenernos en el juego de voces y contrastes exquisitos, tanto como la intencionalidad expresiva, de su primer movimiento.

El Largo que sigue, mostró el bello diálogo de las cuerdas con el piano, de gran sutileza sonora, donde los rubato, fueron de total precisión; la fuerza expresiva, sirvió para contrastar el tercero (Presto), donde cada intérprete mostró toda su capacidad de virtuosismo, con ataques y cortes precisos y musicales.

Antonin Dvorak. foto esmedici

Antonin Dvorak. foto esmedici

Una de las obras más populares de Antonin Dvorak, su Trío en Si menor, Op. 90, llamado Dumky, cerró la brillante presentación, obra abordada tanto en carácter melancólico, como popular, en una mezcla entre severidad expresiva y desborde festivo.

Esta obra por su estructura, tiene múltiples cambios de pulso, tempo y carácter, cuestiones abordadas por los visitantes, con la mayor excelencia.

Sin desmerecer nada, destacaremos, el canto del chelo, de bellísimo y poderoso sonido, antes del ingreso del piano, en el Poco adagio, resuelto con gran sensibilidad.

The Phaeton piano trío. Friedemann Eichhorn, Florian Uhlig y Peter Hörr. foto twitter

The Phaeton piano Trío. Friedemann Eichhorn, Florian Uhlig y Peter Hörr. foto twitter

La elegancia de fraseo y la gracia de los pizzicato, en el Andante moderato; la fuerza a la vez que cantabile, del Allegro (V) y la profunda melancolía que inundó el final, que conmovió profundamente a los asistentes, que los ovacionaron sin reserva, logrando como encore, un arreglo de un movimiento de Beethoven, que confirmó el imperio que The Phaeton piano Trío, tiene en musicalidad.

Gilberto Ponce. (CCA)

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TANCREDO DE ROSSINI TRIUNFA EN EL MUNICIPAL.

PODEROSO ESTRENO DE TANCREDO DE ROSSINI.

La pregunta que queda flotando, luego presenciar el estreno de Tancredo, la ópera que Gioacchino Rossini, escribió con poco mas 20 años, es acerca de la genialidad creadora del joven, que supo plantear una serie de soluciones musicales del mejor nivel, no solo en cuanto los solos, con sus impresionantes coloraturas, pues asombra asimismo, con fragmentos como el concertato final del primer acto, con sus modulaciones amónicas; asimismo, llama la atención, la variada e interesante orquestación, presente a lo largo de toda la ópera.

Gioacchino Rossini joven. foto wikipedia

Gioacchino Rossini joven. foto wikipedia

No cabe duda, esta producción, será recordada, no solo por el hecho de constituirse en verdadero estreno, pues se cantó hace más de cien años en el escenario del Municipal, sin olvidar que también, perdurarán sus numerosas excelencias.

Isaura, en el banquete donde se firma la paz, al inicio de la ópera. foto Patricio Melo

Isaura (Florencia Machado), en el banquete donde se firma la paz, al inicio de la ópera. foto Patricio Melo

La primera de ellas, la producción a cargo de un equipo que sabe cosechar éxitos, el último fue con El Turco en Italia, de arrollador éxito, de público y crítica; nos referimos a Emilio Sagi, en la dirección de escena (règie), Daniel Bianco en escenografía, Pepa Ojanguren, vestuario y Eduardo Bravo iluminación.

Amenaide, y Argiriio su padre. foto agenciauno

Amenaide (Nadine Koutcher), y Argiriio (Yige Shi) su padre. foto agenciauno

Ellos realizaron una coherente propuesta, enmarcada en las bellas líneas de la escenografía de Bianco, que con sutiles movimientos, se abría o cerraba, creando los espacios de diversas escenas, contando para ello, con la sugerente iluminación de Bravo, de aciertos sorprendentes, en la creación de ambientes.

El vestuario de Ojanguren, acertadísimo, con claro equilibrio de colores, mientras que Sagi, le dio la necesaria credibilidad, con su manejo de actores y uso del espacio escenográfico.

Argirio (Yi Shi), Amenaide (Nadine Koutcher) y Tancredo (María Pizzolato)

Argirio (Yige Shi), Amenaide (Nadine Koutcher) y Tancredo (Mariana Pizzolato) foto Patricio Melo

Jan Latham-Koenig, condujo a la Filarmónica de Santiago, con mano firme, y con su reconocida musicalidad, logrando del conjunto no solo hermoso sonido (algo que no es novedad), marcó además frases de instrumentos a solo, en algunas arias, que complementaron perfectamente el discurso del canto, siendo además, sólido aliado tanto de los cantantes, como del Coro del Teatro Municipal, de sobresaliente participación, en su sección masculina; que importante es el hecho, que el teatro cuente con un coro de este profesionalismo, pues se constituye en un factor de seguridad, ante cualquier empresa, un logro de su director Jorge Klastornick, y de cada uno de sus miembros, que no solo cantan estupendamente, pues son excelentes actores.

Amenaide (Nadine Koutcher) es torturada, al creerla traidora de la patria. foto Patricio Melo

Amenaide (Nadine Koutcher) es torturada, al creerla traidora de la patria. foto Patricio Melo

Tancredo requiere de un grupo de cantantes belcantistas, de alto nivel, y no cabe duda que en esta ocasión, el elenco satisfizo todas las expectativas, por ello el público, interrumpió en reiteradas ocasiones, para aplaudir sin reservas, su desempeño.

Mariana Pizzolato, la mezzosoprano italiana, cantó el rol protagónico de Tancredo, mostrando además de su bellísimo timbre, su estupendo manejo de las coloraturas, además de su capacidad de enfrentar los dúos, solo en función de la música, y no de su lucimiento personal; si bien como actriz es poco expresiva, su trabajo vocal, hizo que el público la ovacionara en casi todas su intervenciones.

Escena previa a la batalla donde Tancredo (Mariana Pizzolato), quedará herido de muerte. foto Patricio Melo

Escena previa a la batalla donde Tancredo (Mariana Pizzolato), quedará herido de muerte. foto Patricio Melo

La soprano Nadine Koutcher, fue Amenaide, la enamorada de Tancredo, ella, dueña de un bello material vocal, de fáciles y sólidos agudos, que acompaña de una gran musicalidad, sorteó impecablemente las a veces endemoniadas coloraturas, logrando encender a los asistentes, a pesar que su actuación suele ser un tanto rígida, deslumbra vocalmente.

El padre de Amenaide, Argirio, lo cantó el tenor Yige Shi, quien posee las mejores características para roles rossinianos, con su timbre liviano, certero y musical, como además posee condiciones actorales importantes, logró posicionarse muy bien en su papel, fue otro de las grandes ovacionados.

Brindis por la paz de Argirio (Yige Shi) al comienzo de la ópera. foto cooperativa

Brindis por la paz de Argirio (Yige Shi) al comienzo de la ópera. foto cooperativa

Al resto de los personajes Rossini, les otorga menor importancia, aunque les entrega, salvo en el caso de Orbazzano, arias de importancia.

Es así que, la doncella de Amenaide, Isaura, fue asumido por la mezzosoprano Florencia Machado, con estupenda actuación, y de hermosa a la vez que poderosa voz, su aria, fue recibida con el mayor entusiasmo por el público.

El otro rol travestido, Roggiero, amigo de Tancredo, fue cantado por la soprano chilena Yaritza Véliz, con estupenda actuación y resolviendo solventemente su importante aria, algún momento poco preciso en algún agudo, desapareció, con su prestancia.

Escena final, la muerte de Tancredo, ante la desolación general. foto estoy

Escena final, la muerte de Tancredo, ante la desolación de Isaura, Amenaide y Argirio. foto estoy

Orbazzano, el prometido impuesto de Amenaide, debe comunicar todos sus deseos y rabias, solo en recitativos, en ellos Pavel Chervinsky el barítono ruso, dio cuenta de hermoso y poderoso caudal de voz.

El emotivo final, uno de los dos escritos por Rossini, fue enorme impacto emocional y visual, en el que Tancredo muere en brazos de Amenaide, en lo que será su tumba funeraria, mientras la orquesta se disuelve en la nada, en una hermosa y expresiva imagen.

Gilberto Ponce. (CCA)

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RÉQUIEM ALEMÁN POR IZQUIERDO Y LA SINFÓNICA.

UN RÉQUIEM ALEMÁN DE BRAHMS.

Una de las obras sinfónico-corales más importantes, “Un Réquiem Alemán” de Johannes Brahms, fue interpretada, por la Orquesta Sinfónica de Chile, el Coro Sinfónico y Camerata Vocal de la Universidad de Chile, junto a dos connotados solistas, todos bajo la dirección de Juan Pablo Izquierdo, en el Teatro del Ceac, como parte de la Temporada oficial de la Sinfónica.

Johannes Brahms. foto wikipedia

Johannes Brahms. foto wikipedia

Ante un teatro, que no logró colmar sus aposentadurías, se escuchó una versión que tuvo luces y sombras, ya que al menos en la primera función, las cosas no resultaron, como seguramente todos desearon.

A nadie cabe duda, la solvencia y rigurosidad del maestro Izquierdo, pero es indudable, que a veces hasta los grandes, tienen días que no son los mejores, y con toda la admiración que le tenemos, creemos que este, fue uno de aquellos; seguramente, la segunda función mostró toda la potencialidad de Juan Pablo Izquierdo y de cada uno de los intérpretes

No sabemos si por falta de comprensión de los gestos del maestro Izquierdo, o tal vez qué, se produjeron varios desajustes de pulso en la orquesta, particularmente en las transiciones de tempo, algo similar ocurrió en dos breves momentos del coro, provocando una innecesaria tensión; en el otro extremo, hubo secciones de gran belleza y expresividad, para una versión que consideramos, más cercana a lo clásico, que a lo romántico, en la que, los rubato tan propios del estilo, casi no existieron.

La Orquesta Sinfónica de Chile, el Coro Sinfónico y la Camerata Vocal de la Universidad de Chile, Claudia Pereira, Patricio Sabaté y el director Juan Pablo Izquierdo, durante el concierto. foto.ceac

La Orquesta Sinfónica de Chile, el Coro Sinfónico y la Camerata Vocal de la Universidad de Chile, Claudia Pereira, Patricio Sabaté y el director Juan Pablo Izquierdo, durante el concierto.
foto.ceac

En esta obra, la orquesta no es un simple acompañante, es parte del entramado polifónico que Brahms propone, por ello creemos que a la orquesta se le pidió, que tocara demasiado piano en muchas ocasiones, perdiéndose el sustento necesario, para cerrar el círculo expresivo con el coro, ya que en aquellas ocasiones, donde orquesta y coro lo hicieron con el volumen necesario, el resultado fue espléndido.

Asimismo, creemos que la Sinfónica respondió solo en algunas ocasiones, a su nivel, al conseguir un sonido musical, hermoso y afiatado, mientras que en otras, este fue plano y poco expresivo.

El Coro Sinfónico y la Camerata Vocal de la Universidad de Chile, realizaron un importante trabajo, preparado por su solvente director Juan Pablo Villarroel, mostrando gran seguridad y con exquisita musicalidad en algunas partes.

La soprano Claudia Pereira. foto visionescriticas

La soprano Claudia Pereira. foto visionescriticas

Las Sopranos, tienen hermoso timbre, son muy seguras, pero en momentos un tanto duras en el canto; el momento de afinación precario, ocurrido en el primer coro, se debió sin duda a que no escuchaban bien a las cuerdas bajas, recordemos que los violines, no intervienen en esta parte; las Contraltos, son sin duda un lujo para el coro, bellísimo timbre y singularmente musicales, Brahms entrega a esta cuerda, pasajes de gran importancia, desafío al que respondieron en forma brillante.

Los Tenores, son seguros, pero sus voces se desperfilaron en momentos claves, y en el último coro, algunos de ellos tendieron a adelantar la figura rítmica, en la nota sostenida de inicio del tema.

Los Bajos son musicales, pero pensamos que en varias secciones, les faltó timbrar mejor sus voces.

Claudia Pereira, es una de las hermosas voces en la cuerda de soprano, pero sucedió algo extraño en ella, ese día cantó con poca expresividad, y sin el más mínimo rubato, en su aria acompañada del coro.

El barítono Patricio Sabaté. foto ceac

El barítono Patricio Sabaté. foto ceac

Patricio Sabaté, se repuso rápidamente, de su entrada falsa en el número 3, para luego conmover, con su espléndido fraseo, fonética perfecta y su reconocida expresividad, algo similar ocurrió con el penúltimo número; en ambas partes Sabaté dio el pie expresivo, para el ingreso musical de coro.

El comienzo del primer coro, fue de enorme belleza y muy emocionante, luego decayó la tensión expresiva; el segundo (Porque toda carne es como hierba) fue en general expresivo, pero en la reiteración del tema inicial en forte, más bien fue formal y poco pesante en coro y orquesta; en la segunda parte de este coro, ocurrieron algunos desajustes con la orquesta.

Luego del inicio débil del barítono, todo mejoró notablemente en la tercera parte (Señor, enséñame), la transición a la fuga fue excelente, pero la fuga misma, no fue tan lograda, por la sensación de un pulso no tan claro; aquí brillaron la sopranos del coro, mientras que tenores fueron débiles.

El cuarto coro (Que amables son tus moradas), lo encontramos en exceso rápido, redundando en poca expresividad.

Todos los artistas agradecen los calurosos aplausos del público- foto ceac

Todos los artistas agradecen los calurosos aplausos del público-
foto ceac

El siguiente, para soprano con coro, Claudia Pereira la solista cantó con cierta distancia, con irregular manejo del vibrato, y tal vez, pedido por la batuta, en tempo estricto, perdiendo expresividad, el coro muy bien, en esa especie de reflexión que acompaña el solo.

Un gran momento, fue el número seis, en el que interviene además el barítono, de excelente cometido, el coro tuvo tal vez su mejor intervención, entrañables las partes de las contraltos, y en el tutti, impresionantes las preguntas, que el coro formula a la muerte, y la fuga fue resuelta brillantemente.

El número final (Bienaventurados los muertos), fue en extremo medido en expresión, mientras que la progresión dramática, fue poco convincente, aunque esta, en ninguún caso debe ser explosiva.

Gilberto Ponce. (CCA)

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IN FOCUS MOZART FILARMÓNICO.

DAVID SYRUS Y GUSTAVO MIRANDA-BERNALES  CON LA FILARMÓNICA.

El octavo concierto de la Temporada 2016, de la Orquesta Filarmónica de Santiago, llamado In Focus, Mozart, generó las más grandes manifestaciones de entusiasmo, de parte de los asistentes al Teatro Municipal.

El director inglés David Syrus. foto beethovenfm

El director inglés David Syrus. foto beethovenfm

Además, el programa permitió apreciar el desempeño de David Syrus, en un programa sinfónico, pues hasta el momento, le habíamos conocido, como un gran director de ópera, con éxitos rotundos en Billy Budd de Britten, La carrera de un Libertino de Stravinsky, y recientemente Auge y caída de la ciudad de Mahagonny de Weill.

En esta ocasión, se mostró como agudo conocedor del estilo mozartiano, además de entregar nuevas luces, en una obra de un compositor nacional.

La primera obra, el cuadro sinfónico La voz de las Calles, de Pedro Humberto Allende, da cuenta de la importancia que reviste el hecho, que un director extranjero conduzca obras chilenas, en razón a que su visión libre de prejuicios, o tradiciones de interpretación, bien puede significar un positivo y nuevo enfoque de la obra.

Pedro Humberto Allende. foto memoriachilena

Pedro Humberto Allende. foto memoriachilena

Syrus dio cuenta de una lectura diáfana, vital, enfatizando los diálogos entre familias o instrumentos, fraseando inteligentemente, para que se escucharan con claridad, los antiguos y diversos pregones callejeros, que Allende incorpora en su partitura, donde el autor le otorga al chelo, una importancia algo mayor, aquí debemos destacar el solo de Olga Levkina, de gran belleza sonora y musicalidad; el público aplaudió con entusiasmo mayor al acostumbrado, la estupenda versión.

Luego, se pasó a las obras dedicadas a Wolfgang Amadeus Mozart; en primer lugar el joven pianista chileno residente en New York, y con compromisos en diversos escenarios internacionales, Gustavo Miranda-Bernales, interpretó el Concierto para piano y orquesta Nº 17 en Sol mayor, K. 453, en una versión ajustadísima en estilo, mostrando impecable digitación, y sobre todo, con una expresividad propia del clasicismo, sin caer en esas efusiones románticas, que pueden ser muy del gusto de algún tipo de público, pero que no reflejan necesariamente el estilo.

Gustavo Miranda-Bernales. foto gustavomirandabernales

Gustavo Miranda-Bernales. foto gustavomirandabernales

En este cometido, Miranda-Bernales contó como aliado fundamental, la batuta de David Syrus, que realizó un acompañamiento, que realzó aún más la elegancia y claridad mozartiana, que fue precisamente una de las características del primer movimiento, incluyendo estupendo manejo dinámico y gracia en las articulaciones, que mostró Miranda-Bernales.

El enfoque del segundo movimiento, nos hizo recordar aquella afirmación de algunos estudiosos del genio de Salzburgo, que plantean, que para conocer en profundidad a Mozart, es preciso escuchar con detención los movimientos lentos de sus conciertos, en particular los de piano, pues allí se encuentran todos los mundos de angustia o desgarrados, que le tocó vivir.

En la sutileza de la introducción orquestal, conducida magistralmente por Syrus, encontramos mucho de lo descrito, conseguido a través del “canto” de las maderas, de muy hermoso sonido, que nos lleva luego al increíble y perfecto diálogo, entre solista y orquesta, en su serena expresividad, y exquisito juego dinámico, acentuando una explícita melancolía dolorosa.

Elegancia y gracia, se apreció en el tercer movimiento, en el que el bello sonido orquestal, fue correspondido por las sutiles variaciones dinámicas y de carácter del pianista.

La precisión de los diálogos piano-orquesta, no carentes de chispa y expresividad clásica, condujeron finalmente al brillante final, que como era de esperar, arrancó las más largas ovaciones, reconociendo la brillante interpretación de Gustavo Miranda-Bernales, tanto como la de la Filarmónica, certeramente conducida por David Syrus.

Wolfgang Amadeus Mozart. foto visionescriticas

Wolfgang Amadeus Mozart. foto visionescriticas

La Sinfonía Nº 41 en Do mayor, Júpiter del mismo Mozart, que finalizó el concierto, solo vino a confirmar la excelencia de Syrus dirigiendo Mozart; de ella destacaremos la expresividad algo contenida, propia del clasicismo, la enorme claridad de las figuras rítmicas, así como su manejo de los contrastes, asimismo las pequeñas diferencias de carácter y fraseo en las repeticiones temáticas, mientras mantuvo siempre un férreo balance sonoro, para dejar siempre lo esencial a la vista.

Estas y otras razones, nos hacen pensar, que esta versión ha sido, una de las mejores que nos ha tocado escuchar en vivo de esta emblemática sinfonía de Mozart.

Gilberto Ponce. (CCA)

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MÚSICA DESDE EL BÁLTICO EN LA BEETHOVEN.

SOBERBIA PRESENTACIÓN DE LA KREMERATA BÁLTICA.

Ha sido una de las grandes sorpresas, que ha traído la Fundación Beethoven, a su Temporada Internacional Fernando Rosas, del Teatro Municipal de Las Condes, y como era lógico, terminó con el público ovacionando de pie.

La Kremerata Báltica. foto kursaal

La Kremerata Báltica. foto kursaal

Nos referimos a Kremerata Báltica, que dirige su fundador, el afamado violinista Gidon Kremer, quien para traspasar su gran experiencia, decidió fundar en 1997, este conjunto que cuenta con jóvenes instrumentistas de Estonia, Letonia y Lituania.

En su corta existencia, se han ganado un enorme prestigio, razón por la que grandes solistas vocales e instrumentales, no han dudado en actuar junto a esta estupenda orquesta de cámara.

Su director Gidon Kremer, sin duda es, lo más alejado a un divo, pues jamás busca protagonismo a través de piruetas virtuosas, en él, solo importa el hacer música, y de la grande, con su sonido hermoso y casi íntimo, muy acorde a las obras presentadas.

Gidon Kremer y la Kremerata Báltica. foto nytimes

Gidon Kremer y la Kremerata Báltica. foto nytimes

Su labor, se ha enfocado en la búsqueda del bello sonido que tiene la orquesta, logrando una musicalidad que les brota naturalmente, con ataques, cortes, acentos, fraseos y arcos de gran perfección, razón por la que cautivaron al público, con cada una de las obras que interpretaron.

El programa mezcló inteligentemente obras clásicas y contemporáneas, en un orden que sorprendió gratamente a los asistentes.

Mieczyslaw Weinberg. foto visionescriticas

Mieczyslaw Weinberg. foto visionescriticas

Comenzaron con el Concertino para violín y cuerdas, Op. 43 de Mieczyslaw Weinberg, caracterizada tanto por el bello sonido, como por su afiatamiento, manejando perfectamente el balance sonoro, entre solista y conjunto, con gran expresividad a la vez que mostrando elegantes pizzicato.

Giya Kancheli. foto wikipedia

Giya Kancheli. foto wikipedia

Siguieron con la Oración Silenciosa del georgiano Giya Kancheli, obra para violín, chelo y vibráfono, que destaca por su bello juego de timbres y atmósferas, en su lenguaje oscuro, ascético y moderno, aquí nos mostraron un lujo de crescendo y diminuendo, mezclado con súbitos contrastes dinámicos; la sutil y expresiva obra, en la que no solo destacó la interpretación de Kremer, también se admiró la solvencia y musicalidad, de la hermosa solista en chelo Giedre Dirvanauskaite.

Una gran sorpresa, se produjo en el público, cuando antes de iniciar la segunda parte, se pidió al público, no aplaudir, sino al final de las tres obras, ya que estas se interpretarían sin interrupción, la sorpresa estaba en que la segunda, era nada menos que Cuadros de una Exposición, a la que seguiría, una obra para violín solo.

Pero cuanta razón había en la petición, pues el arco expresivo conseguido en esta fusión, solo vino a maravillar aún más al público, al comprender el porqué de la petición.

El compositor Piotr Ilich Tchaikovsky. foto viisonescriticas

El compositor Piotr Ilich Tchaikovsky. foto viisonescriticas

La Serenata Melancólica de Piotr Ilich Tchaikovsky, en un arreglo de Desyatnikov, nos mostró la sensibilidad extrema de Kremer, en sus diálogos con el conjunto, con progresiones dinámicas, que solo llegan al mezzoforte, acentuando la profunda melancolía, que serenamente llega a la sutileza del final; todo mientras Gidon Kremer, hacía abandono del escenario discretamente, para dar paso al arreglo de Cohen/Pushkarev de los famosos Cuadros de una Exposición de Modest Mussorgsky, recordemos que el original es para piano, y posteriormente Maurice Ravel, la orquestó, en la mundialmente conocida versión.

Este arreglo, es solo para cuerdas y percusión, no obstante es de tal creatividad, en cuanto a la creación de timbres, así como en la inteligente incorporación de la percusión, que constantemente entrega novedad.

Kremerata Báltica. fofo nytimes

Kremerata Báltica, y Gido Kremer finalizando una obra, en otra presentación. foo nytimes

Bien se sabe de las grandes dificultades rítmicas que presenta la partitura, en sus doce partes, además del famoso Promenade, sin embargo, la versión de ejecutó, sin director, y con pasmosa perfección; fraseos musicales, ataques y cortes perfectos, arcos impecables, asombrosos pizzicato, y como si fuera poco, juegos dinámicos que iban del pianissimo al fortissimo, con la más absoluta naturalidad.

Modest Mussorgky joven. foto wikipedia

Modest Mussorgky joven. foto wikipedia

Es difícil establecer categorías, en relación a que número, fue mejor, por ello destacaremos la calidad de los solos instrumentales, violín (Dzeraldas Bidva), chelo (Giedre Dirvanauskaite) y los sorprendentes dos percusionistas (Andrei Pushkarev y Pavel Bialiayeu), que acometieron una gran cantidad de instrumentos.

Valentyn Silvestrov foto. allmusic

Valentyn Silvestrov foto. allmusic

El poderoso forte, con concluye, tuvo un decrescendo, mientras ingresó nuevamente Gidon Kremer, para interpretar la Serenata para violín solo de Valentyn Silvestrov, de inspirada y sutil quietud, que mantuvo en vilo a los presentes, tanto por la versión como por su poesía.

El público, de pie no cansó de ovacionar, hasta que el conjunto ofreció un sólido Piazzolla como encore.

Gilberto Ponce. (CCA)

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BERTOLT BRECHT Y KURT WEILL EN EL MUNICIPAL.

AUGE Y CAIDA DE LA CIUDAD DE MAHAGONNY.

Es indiscutible el legado cultural de Bertolt Brecht y Kurt Weill, quienes llegaron a proponer, una estética nueva en las artes de la representación, en donde los marginados de la sociedad, ocupan lugar protagónico.

Bertolt Brecht, autor del libreto de Auge y Caida de las Ciudad de Mahagonny. foto elsemanario

Bertolt Brecht, autor del libreto de Auge y Caida de las Ciudad de Mahagonny. foto elsemanario

Esta temática de fuerte contenido sociopolítico, fue una de las caras visibles del arte en la primera parte del siglo XX, por ello es que, la “Ópera de tres centavos”, de la dupla Brecht-Weill, marcó a generaciones, llegando a convertirse, casi en estandarte de las luchas de carácter social.

En este ámbito, se inscribe Auge y caída de la ciudad de Mahagonny, de ambos autores, estrenada ahora en la Temporada de ópera 2016, del Teatro Municipal de Santiago, opción no ajena a controversia, ya que muchos melómanos, la consideran solo un “musical”, de corte bastante oscuro, cercano al nihilismo y al existencialismo. No obstante, creemos en el valor que representa, subir al escenario del Municipal, este tipo de obras.

Kurt Weill, compositor de la música de Auge y Caida de la Ciudad de Mahagonny. foto masterworksbroadway

Kurt Weill, compositor de la música de Auge y Caida de la Ciudad de Mahagonny. foto masterworksbroadway

Sus personajes son estereotipos humanos, cuya vida solo tiene sentido en el hedonismo desenfrenado (donde el único delito, es no tener dinero), y por supuesto, el hecho que alguien, se atreva a rebelarse ante el sistema, tiene solo por destino la muerte, sin contar para nada, ni con amigos, incluso ni con el amor, que supuestamente creyó haber conseguido.

A ratos, parece una parábola, cercana a las bíblicas Sodoma y Gomorra, ya que Mahagonny se libra apenas de destruida por un huracán, para posteriormente, ser condenada a desaparecer, producto de la decadencia de sus propios actos.

Escena de la Taberna, donde Jimmy, no podrá pagar la ivitación a todos lo parroquianos. foto latercera

Escena de la Taberna, donde Jimmy (Nikolai Schukoff), arriba de la mesa, con Bill (Orhan Yildiz) y Jenny (María Vistoria Gaeta). foto latercera

Nos parece importante establecer que las pulsiones, poder, dinero y sexo, continúan igual de invariables en nuestro tiempo, de allí la sentencia que dice : el hombre es capaz de tropezar muchas veces con la misma piedra.

La música de Weill, no se ciñe a un patrón fijo en cuanto a estilo, recurriendo mucho a lo utilizado en el cabaret alemán del período entre guerras, con melodías de bastante similitud; por ello es que sobresalen el preludio cercano a lo expresionista, tanto como la alusión a la música de bronces de Gabrieli, y hasta con guiños a Wagner en un fragmento del inicio del segundo acto; pero sobre todo, siempre recuerda la Ópera de tres centavos, por la similitud estrófica de sus canciones, coros, algo de baile, solo con dos momentos similares a arias, en las voces de Jenny, en el segundo acto, y Jimmy, en la escena de la cárcel.

Escena de la Taberna. foto beethovenfm

Escena de la Taberna, Jimmy (Nikolai Schukoff), la Viuda Begbick (Susanne Resmark), Moses (Gregg Baker) y Fatty (Kim Begley) y Parroquianos (Coro). foto beethovenfm

La puesta en escena, pertenece al conocido y sólido equipo, formado por Marcelo Lombardero, en règie, Diego Siliano, escenografía y multimedia, y Luciana Gutman como vestuarista, con el apoyo de José Luis Fiorruccio en iluminación, trabajo del más alto nivel, tanto en su novedad, como en calidad de las soluciones multimediales, utilizando parte de la platea, como escenografía; valiosos resultan sus leves toques de humor, que alivian la tensión, tanto como los textos agregados en algunas partes, como en la escena del huracán, que contextualizan imágenes y la acción.

Escena de Prostíbulo. foto elmostrador

Escena de Prostíbulo. foto elmostrador

Las escenas de cabaret, los semi desnudos femeninos, y la violencia con las prostitutas, son de buen gusto y pertinentes, encuadrándose bien en los dos pisos del lugar, y en los cubículos transparentes, donde bailarinas lo hacen eróticamente; creemos un acierto, las coreografías de Ignacio González.

El elenco, que no requiere de grandes voces líricas, fue de gran solvencia y bastante parejo; la Viuda Begbick, lo cantó y actuó con estupendamente Susan Resmark, con toda la necesaria carga de cinismo; Jimmy fue Nikolai Schukoff, de excelente y convincente actuación, se le vio un tanto exigido en su aria de la cárcel; María Victoria Gaeta, fue Jenny, destacó por su sensualidad provocativa, vocalmente acertada, pero algo precaria en sus agudos; estupendamente caracterizados y muy solventes en canto fue el trío de amigos de Jimmy; Jakob. Bill y Joe, que cantaron Paul Kaufmann, Orhan Yildiz y Thomas Stimmel.

Escena del Juicio a Jimmy (Nikolai Schukoff) de espaldas frente a la Jueza Begbick (Susanne Resmark) y bailarinas. foto biobiochile

Escena del Juicio a Jimmy (Nikolai Schukoff) de espaldas frente a la Jueza Begbick (Susanne Resmark) y bailarinas. foto biobiochile

La Viuda Begbick, funda Mahagonny, con dos secuaces Fatty y Moses, muy bien actuados y cantados por Kim Begley y Gregg Baker, asimismo Paul Kaufmann canta certeramente como Tobby, en la escena del juicio.

El Coro masculino, cantando de espaldas a la orquesta, luego que el huracán no llegara a Mahagonny. foto elmostrador

El Coro masculino, cantando de espaldas a la orquesta, luego que el huracán no llegara a Mahagonny. foto elmostrador

El Coro del Teatro Municipal, dirigido por Jorge Klastornick, una vez más excelente, siendo capaz de desdoblarse en canto, a ratos lírico, como en el Himno, luego que huracán no destruyera la cuidad, y popular en las escenas de la taberna, o en el coro final, entre otros.

La Orquesta Filarmónica de Santiago, bastante reducida, tuvo un excelente cometido, muy afiatada, musical y en estilo, gracias a la sobresaliente dirección de David Syrus, que concertó el complejo todo, con rigor y musicalidad.

Gilberto Ponce. (CCA)

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