ELENCO INTERNACIONAL DE LA BOHEME DE PUCCINI.

VERSIÓN INTERNACIONAL DE LA BOHEME.

Alguien dijo al salir de la función de estreno, de la versión Internacional de La Boheme, de Giacomo Puccini : “que maravilla, la he visto desde niña, y me sigue emocionando, además con esa escenografía tan bella”, se refería a la diseñada por Nicola Benois en 1982, la misma que se ha presentado en cinco ocasiones, y como buena obra maestra que es, sigue conservando vigencia, fuerza y belleza, tal como ocurre con pinturas o esculturas de los grandes maestros.

Los bohemios

Los bohemios Colline (Oleg Budaratskiy) Marcelo (Vittorio Prato), Schaunard (Andrey Zhilikhovsky) y Rodolfo (Aquiles Machado) y dos niños del Coro Crecer Cantando, foto crecercantando

En cuanto a la ópera misma, esta se muestra tan vigente, como en su estreno, con sus melodías entrañables -algunas convertidas en verdaderos leitmotiv-, con su interesantísima orquestación, que crea atmósferas y provoca emociones.

Una de las virtudes de esta versión, es su elenco joven, que representa muy bien a ese grupo de despreocupados jóvenes bohemios, en sus avatares amorosos, que aún siguen interpelando a las audiencias.

Boceto del diseó de Nicola Benois, para el primer acto. foto latercera

Boceto del diseño de Nicola Benois, para el primer acto. foto latercera

La régie de Patrizia Frini, es muy pertinente al texto, incorporando con bastante acierto, un grupo de niños en los actos primero y cuarto, los del segundo pertenecen al original, su espontaneidad se convierte en aporte real; soluciona además eficazmente el complejo acto del Café Momus, con esa gran cantidad de heterogéneos personajes, que se mueven, bailan, compran y chismorrean en esa fiesta popular, al tiempo que   hace fluido el paso de la banda militar; en el acto final, provoca bien la sensación de desolación, que aflige a los amigos de Mimì, ante su agonía y muerte.

Musetta

Musetta (Catalina Bertucci), Marcello (Vittorio Prato), Mimì (Eri Nakamura) y Rodolfo (Aquiles Machado), en el Café Momus, segundo acto. foto aboutsantiago

La iluminación de Ricardo Castro, crea con sutileza los diversos ambientes, asimismo el vestuario del mismo Nicola Benois, refleja la época en que se desarrolla el drama.

El Coro del Teatro Municipal, dirigido por Jorge Klastornick, de gran performance en el segundo acto, y en su breve participación en el tercero. Del mismo modo en Coro de Niños Crecer Cantando, preparado por Cecilia Barrientos, lo hace con musicalidad y solvencia en canto y actuación.

Segundo acto

Segundo acto, en las afueras del Café Momus, solistas, coros adulto y de niños, junto a figurantes. foto crecercantando

La Orquesta Filarmónica de Santiago, fue dirigida por José Luis Domínguez, quien tomó tempos demasiado lentos en toda la primera parte, haciendo sonar la orquesta generalmente forte, y con una expresividad demasiado contenida, con poco vuelo, restando esencia dramática en muchos pasajes, esto a pesar que fue riguroso en marcar entradas, así como algunas inflexiones a la orquesta, estas observaciones, en ningún caso justifican, algunos abucheos, que se escucharon cuando, salió a saludar al final.

El elenco de solistas, fue bastante parejo en sus capacidades vocales y actorales, con la sola excepción de sus talentos naturales.

Scaunard

Schaunard (Andrey Zhilikovsky), Rodolfo (Aquiles Machado) y Colline (Oleg Budaratskiy) junto a la chimenea en el primer acto. foto aboutsantiago

El tenor venezolano Aquiles Machado, fue Rodolfo, mostrando hermosa voz y manejo dinámico, con agudos sólidos, y con un volumen perfecto para sus dúos con Mimì, que fueron tal vez sus grandes momentos, junto a su aria del primer acto, sin embargo encontramos que en ciertos momentos, su actuación es un tanto rígida y poco natural.

Eri Nakamura, la soprano japonesa, fue una convincente y conmovedora Mimì, supo captar las diversos estados emocionales y de ánimo de la protagonista, y con su poderosa y bella voz, le dio el arco dramático perfecto a una de las heroínas más queridas en la historia de la ópera, su aria “me llaman Mimì”, fue uno de sus grandes éxitos, al igual que sus dúos con Rodolfo.

El barítono Vittorio Prato, fue un convincente Marcello, captando todos los cambiantes estados de ánimo de su personaje, con su expresivo material vocal.

Colline

Schaunard (Andrey Zhilikovsky), Mimì (Eri Nakamura), Rofolfo (Aquiles Machado) y Marcello (Vittorio Prato) en el Café Momus. foto aboutsantiago

Musetta, la casquivana enamorada de Marcello, fue cantado por la soprano chilena Catalina Bertucci, en un excelente trabajo, con gran manejo de su bella, poderosa y hermosa voz, como además se trata de una estupenda actriz, su rol cautivó plenamente al público, que le brindó una de las grandes ovaciones de la noche.

Schaunard, fue el barítono moldavo Andrey Zhilikovsky, que perfiló estupendamente su personaje, tanto en lo vocal como en actuación.

El bajo Oleg Budaratskiy, fue Colline, en un desempeño algo menor, logró su mejor momento, en el cuarto acto, con aria, donde se despide de su abrigo para empeñarlo.

Rodolfo (Aquiles Machado) y Mimì, en la escena de la muerte de la protagonista. foto municipa

Rodolfo (Aquiles Machado) y Mimì (Eri Nakamura), en la escena de la muerte de la protagonista. foto municipal

El barítono Cristián Lorca, asumió solventemente en lo vocal, y muy gracioso como actor, los roles de Benoit, el dueño de la buhardilla donde viven los bohemios, y como Alcindoro, el viejo amante de Musetta.

Claudio Fernández fue un sólido Parpignol, al igual que Felipe Ulloa y Francisco Salgado, como Aduanero y Sargento, respectivamente.

A pesar de algunos reparos menores, una función de la inmortal Boheme, que fue largamente aplaudida.

Gilberto Ponce. (CCA)

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LA CALIDAD DEL LINCOLN QUARTET.

LINCOLN QUARTET EN LA BEETHOVEN.

La presencia del Lincoln Quartet, en la Temporada Internacional de Conciertos Fernando Rosas de la Fundación Beethoven, vino a confirmar, que esta versión ha sido una de las más parejas en cuanto a calidad, pues en ella se han presentado conjuntos de la más alta jerarquía.

The Lincoln Quartet. foto twitter

The Lincoln Quartet. foto twitter

El conjunto formado por las hermanas Lei Hou y Qing Hou, en violines, Lawrence Neuman en viola y Ken Olsen en violonchelo, todos miembros permanentes de la Sinfónica de Chicago, muestra una solidez y afiatamiento que pareciera producto de solo dedicarse a la música de cámara, por la  madurez mostrada en cada una de las obras que tocaron.

Dmitri Shostakovich. foto biografiasyvidas

Dmitri Shostakovich. foto biografiasyvidas

El Cuarteto Nº 11 en Fa menor, Op. 122 de Dmitri Shostakovich, que inició su presentación, dio cuenta en sus siete breves movimientos, del magnífico uso de contrastes de todo orden que ellos pueden manejar; la obra que a ratos puede ser descriptiva en su carácter elegíaco, exige fraseos y articulaciones precisas, que realzan sus contrastes, así como finura en ataques y cortes, sin descuidar nunca el balance en sus increíbles pianissimo, o en sus poderosos forte, la maestría total culminó con la levedad del final provocando una enorme admiración.

Busto de Ludwig van Beethoven. fofo wikipedia

Busto de Ludwig van Beethoven. fofo wikipedia

Continuaron con el Cuarteto Nº 3 en Re mayor, Op. 18 de Ludwig van Beethoven, obra temprana que no elude la influencia de Haydn, por ello la versión acentuó la claridad clásica muy propia del estilo. Destacaremos la gracia de los contrastes dinámicos en el primer movimiento.

El Andante, destacó por su sensible y casi íntima expresividad, mientras que el tercero, Allegro, lo hizo por su cuidadosa contención emocional, propia del clasicismo.

El cuarto, Presto, dio cuenta de gran virtuosismo, mostrando la justa expresividad; no obstante, a pesar de lo notable de la versión, estimamos que a los violines les faltó más presencia sonora.

Anton Dvorak. foto youtube

Anton Dvorak. foto youtube

Finalizaron, con un de los cuartetos más populares de todos los tiempos, el Cuarteto Nº 12 en fa mayor, Op. 96, llamado Americano, en razón a que fue escrito en USA, y por recoger algunas melodías propias de Estados Unidos.

En el fue apreciable el peso sonoro con que lo enfrentaron, no solo por razones de estilo, ya que su expresividad así lo requiere a través de sus melodías, algunas entrañables, que ya pertenecen al inconsciente colectivo, creemos que los intérpretes mostraran un especial afecto por la obra, lo que realzó aún más su belleza.

La frases dedicada a cada instrumento, recibieron una musical dedicación sin perder jamás el preciso balance sonoro.

El Andante, fue tocado casi como una “canción sin palabras”, logrando cimas expresivas en un verdadero arco emocional, en sus diálogos entre instrumentos.

El Molto vivace, además de la gracia en sus contrastes dinámicos, recibió importantes cambios de carácter entre sus secciones, predominando un virtuosismo y goce exultante en la interpretación.

The Lincoln Quarte. foto eventsmusic

The Lincoln Quarte. foto eventsmusic

Los entusiastas aplausos, les llevaron a ofrecer como encore, una sensible versión de una Lullaby de Gershwin, ratificando cada uno de los valores mostrados por este estupendo Lincoln Quartet.

Gilberto Ponce. (CCA)

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ESTRENO DE ÓPERA DE CÁMARA EN EL GAM.

ESTRENO DE MOEBIUS ÓPERA DE MANUEL CONTRERAS VÁZQUEZ.

No dudamos, sobre la importancia que tiene el hecho, que en la actualidad se sigan estrenado obras nuevas, porque eso deviene en un enriquecimiento no solo de la música, también lo es de la cultura.

Si bien reconocemos los azaroso que es este camino, siempre serán bienvenidos, los nuevos aportes en este sentido, aunque las frustraciones tanto de compositores, como de público, son más frecuentes de lo deseable, seguramente por lo agotados que se encuentran muchos de los recursos, que irrumpieron en los albores del siglo XX, es que muchos creyeron marcar nuevos rumbos, pero solo unos pocos los lograron.

Lo anterior nos hace entender, la razón que ha llevado a algunos de los grandes, a indagar nuevamente, en estilos pasados, o bien haciendo síntesis entre los nuevo y lo antiguo.

El compositor Manuel Contreras Vazquez. foto ccesd

El compositor Manuel Contreras Vázquez. foto ccesd

Tal vez, en este punto se encuentren las razones, porque MOEBIUS, la ópera del chileno Manuel Contreras Vázquez, que se estrenó en el GAM, nos haya llamado poderosamente la atención, reconociendo en ella, un prolijo y talentoso trabajo, donde a nuestro parecer, funde elementos contemporáneos (creemos que alude, y bien a Penderecky) con algunos arcaicos, que le otorgan dinamismo contrastante.

Contreras es todavía joven, y sin duda busca aún lenguaje propio, tanto como nuevas posibilidades timbrísticas y de color.

Escena de MOEBIUS, en su estreno en Valparaíso.

Escena de MOEBIUS, en su estreno en Valparaíso, Camila García, Nancy Gómez, Cecilia Barrientos, junto al Ensamble FOJI, dirigido por Gonzalo Venegas. foto Cristian Parker

MOEBIUS, aparece rotulada como “ópera de cámara”, no obstante, más bien nos parece un logrado oratorio escénico, cuyo texto, del mismo Contreras, alude a la inmigración, y es asimilable a la poesía hermética, tanto como al existencialismo, sin poseer un desarrollo lineal, que permita una progresión dramática, mientras que los títulos de su partes, nos parecieron grandilocuentes, sin que signifiquen un aporte al concepto literario-musical.

No obstante, la instrumentación, que a ratos pareciera “pos expresionista”, crea atmósferas, mediante sugerentes timbres, con uso constantes de trémolos, que resuenan como pedales, en una especie de abigarrada polifonía.

Camila García y Cecilia Barrientos. foto Cristian Parker

Camila García y Cecilia Barrientos. foto Cristian Parker

El ensamblaje con las voces, está muy bien logrado, con el reiterado uso de letanías, cuyos textos y melodías se pasan de una soprano a otra, solo hacia el final, cuando se manifiestan agudamente, disonancias extremas, entre voces e instrumentos, extrañamente, la obra pierde fuerza.

Notable nos pareció el tratamiento vocal a capella, con sus alusiones arcaicas, tanto como la incorporación del ensamble instrumental, en vocalizaciones a la manera de un recitado coral.

La escenografía de Laura Bisotti, en base a estructuras metálicas abstractas, interesante de ver, pero incómoda en cuanto a la visión de las solistas, que a veces eran tapadas por ellas, encontramos acertada la iluminación de Elías Sepúlveda, tanto como la dirección escénica (régie) de Sidhartha Corvalán.

Cecilia Barrientos

Cecilia Barrientos, Camila García y al fondo Nancy Gómez. foto Cristian Parker

Pero, sin duda lo más notable, es el trabajo musical de los intérpretes, que es de un profesionalismo de la mejor escuela, las tres sopranos Nancy Gómez, Cecilia Barrientos y Camila García, en un trabajo excepcional, tanto en lo vocal, dicción y movimiento escénico, enfrentando las complejas disonancias con sobrado profesionalismo.

Camila García

Camila García, Nancy Gómez y Cecila Barrientos. foto Cristian Parker

El Ensamble Instrumental FOJI, excelente bajo la dirección de Gonzalo Venegas.

Creemos que este ha sido uno de los trabajos más importantes, en relación a la ópera, producidos en el último tiempo.

Nancy Gómez y parte de Ensamble Instrumental FOJI. foto Cristian Parker

Nancy Gómez y parte de Ensamble Instrumental FOJI. foto Cristian Parker

Gilberto Ponce. (CCA)

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MIRÓ QUARTET Y ANDRÉS DÍAZ.

VIAJE A LA EXCELENCIA.

En la Temporada Internacional de Conciertos Fernando Rosas, de la Fundación Beethoven, tuvimos la ocasión de gozar de verdadero festín de calidad, al escuchar al Miró Quartet, formado por Daniel Ching y William Fedkenheuer, violines, John Largess, viola y Joshua Gindele en violoncello, al que se agregó en dos de las obras presentadas, el chelista chileno residente en Norteamérica, Andrés Díaz.

Miró Quartet. foto emelin

Miró Quartet. foto emelin

De esta presentación, solo cabe alabar su exquisita musicalidad, en medio del más estricto estilo, hablar de aspectos técnicos es inoficioso, ellos están más allá de la técnica.

El programa, les permitió mostrar su versatilidad en cuanto a estilo, con conceptos maduros, que les hace tocar con la más completa certeza y verdad de los autores que enfrentan.

Luigi Boccherini. foto viografiasyvidas

Luigi Boccherini. foto biografiasyvidas

Comenzaron con el hermoso, a la vez que descriptivo Quinteto para cuerdas Nº 6 de Luigi Boccherini, llamado “Música Nocturna de las Calles de Madrid”, obra de extrema originalidad, producto de la influencia, recibida por su autor durante su residencia en España, que les permitió adentrarse, no solo en la gracia hispana, como en el fandango, también en lo elegante y casi sensual, a través de articulaciones y fraseos certeros, con sorprendentes diálogos entre algunos instrumentos, mientras otros acompañaban con delicados o incisivos pizzicato.

Alberto Ginastera. fot teatrocolon

Alberto Ginastera. fot teatrocolon

En seguida, se adentraron en otro tipo de acercamiento a lo popular, por lo danzístico, pero en un lenguaje contemporáneo, estamos hablando del Cuarteto de Cuerdas Nº 1, Op. 20 de Alberto Ginastera, obra en la que su autor, no elude para nada, la influencia que recibió gran parte de su obra del folclor argentino.

En el mostraron un peso sonoro contundente, con notable uso del balance sonoro, cuando mezclaban ostinatto con melodías eje, del mismo modo, contrastes dinámicos, les mostraron tanto sutiles, como brillantes; que decir del virtuosismo extremo del segundo movimiento, con sus complejos ritmos.

De atrayente aridez, fue el tercero en su polifonía desolada y casi atmosférica; el cuarto nos conduce a la ferocidad del malambo, danza muy recurrida por Ginastera, permitiéndoles mostrar toda su excelencia como intérpretes; una vez más el publico les ovacionó sin reservas.

Miró Quartet. foto wvxu

Miró Quartet. foto wvxu

Pero aún quedaba el final, con una de las que consideramos, de las más hermosas obras jamás escritas, donde su autor muestra, en forma casi impúdica, la intimidad de la a veces desolada vida, que le tocó vivir.

El Quinteto de Cuerdas en Do mayor, D. 956 de Franz Schubert, fue en esta versión una verdadera experiencia estética, tanto que mantuvieron al público en vilo, en particular en el indescriptiblemente hermoso Adagio, que es el tipo de obras, que uno desearía no terminara jamás, aún más en esta versión.

Franz Schubert. foto esmedici

Franz Schubert. foto esmedici

La solemne introducción, nos condujo al poderoso desarrollo del primer movimiento, de notable expresividad.

En el Adagio, de una belleza profunda y dolorosa, se entregaron sutilmente los temas, con el sustento de los contrasujetos, que aumentaban las tensión expresiva, cuesta describir lo sensible del diálogo entre el pizzicato de chelo, y las melodías del resto.

La sección central, fue tempestuosamente expresiva, para llegar a le reexposición del primer tema, con un pianissimo indescriptible, por hermoso y sensible.

El último, que transita de lo oscuro a lo popular, en una sucesión de sentimientos, que no dan tregua, dio cuenta del porqué este conjunto, ha alcanzado el lugar en que se encuentra; estudio, constancia, adentrarse en los compositores y su tiempo, para luego aplicar todo el talento y musicalidad que poseen.

Sin duda, las ovaciones recibidas, fueron un tributo a la excelencia.

Gilberto Ponce. (CCA)

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EXITOSA TRAVIATA DEL ELENCO ESTELAR.

LA TRAVIATA CON ELENCO ESTELAR.

Ante un Teatro Municipal repleto, se realizó el estreno de la versión con el Elenco Estelar, de la ópera de Giuseppe Verdi, La Traviata, función que finalizó con una enorme ovación, de un público entusiasmadísimo, que simplemente adora, a este, uno de los títulos más queridos de todas las audiencias.

Pedro Pablo

Pedro Pablo Prudencio en la conferencia de prensa previa al estreno estelar, junto a Omar Carrión y otros cantantes. foto twitter

No obstante el fervor mostrado, es preciso señalar que, esta función de estreno mostró luces y algunas sombras, las que seguramente en las otras funciones se perfeccionarán, en particular aquellas referidas a la naturalidad en la actuación de algunos de los cantantes, así como la seguridad en los pulsos, que al menos en un par de ellos, obligaron a Pedro Pablo Prudencio, a marcar casi ostentosamente, para evitar algún desajuste.

Ensayo acto 3

Ensayo final acto 3, en primer plano, Pedro Pablo Prudencio, y en el escenario al frente Violeta (Jaquelina Livieri) Giorgio (Omar Carrión) y Alfredo (Carlos Moreno Pelizari), comprimarios y el Coro. foto twitter

En todo caso, las virtudes de la bella puesta en escena, de Pablo Núñez, analizada para el elenco Internacional, casi disimuló estos pequeños reparos.

La dirección musical estuvo a cargo del talentoso y musical Pedro Pablo Prudencio, quien mostró sus grandes capacidades, concertando orquesta, coro y ballet, junto a un elenco, que por razones de tiempo, tiene una reducida cantidad de ensayos en el escenario, que se traduce en una cierta rigidez actoral, en aquellos que no tienen condiciones naturales de actuación, por lo que requerirían necesariamente, de mayor tiempo con el director de escena, así como acostumbrarse, a la batuta desde el foso. Pero esta es la realidad, que a pesar de ella, se han cosechado grandes éxitos en el escenario del Municipal.

No obstante, Prudencio logró un señalado éxito en esta ocasión, entregando una visión unitaria, adecuándose a las características de cada solista, convirtiéndose en un gran apoyo para cada uno, manteniendo además el excelente nivel de la Filarmónica de Santiago.

Primer acto

Primer acto El Barón Douphol (Pablo Castillo) Violeta (Jaquelina Livieri) Marqués D´Obigny (Eleomar Cuello) y Flora (Andrea Aguilar) foto elmostrador

Jaquelina Livieri la soprano argentina, que asumió como Violeta, es poseedora de una gran voz y facilidad en coloraturas, y le dio credibilidad a su personaje, pero avanzando la función, en algunos momentos sus agudos, no tuvieron el sustento necesario, tendiendo a calar, sin embargo, su capacidad de actriz, logró que estos pasaran a segundo plano, su final del primer acto, fue del mejor nivel, tanto como sus momentos previos a la muerte de Violeta.

Violeta en la fiesta en casa de Flora. foto biobio

Violeta (Jaquelina Livieri) en la fiesta en casa de Flora. foto biobio

Alfredo fue cantado por el tenor chileno Carlos Moreno Pelizari, de quien en verdad creemos, que no posee las condiciones para este rol, su voz es muy pequeña, con poca proyección, y en actuación tiene una larga carrera por delante. Además pareció inseguro, siendo uno de los cantantes, que tuvo que contener la batuta de Prudencio.

Omar Carrión, el barítono argentino, de gran trayectoria en el Municipal, fue Giorgio, el padre de Alfredo, haciéndolo con su habitual prestancia escénica, pero extrañamente, en varios momentos, tendió, o bien a atrasarse, o adelantarse, debiendo ser contenido por Prudencio, pero manejó su personaje con la sobriedad y emocionalidad necesaria.

Final acto 3

Final acto 3, Violeta (Jaquelina Livieri) en el suelo recibe un manojo de billetes de parte de Alfredo (Carlos Moreno Pelizari) ante el estupor de todos. foto elmostrador

Andrea Aguilar, la soprano chilena, dio vida a Flora, perfilando su personaje, no solo en lo vocal, que fue de alto nivel, también lo dotó de picardía sofisticada.

Muy interesante el perfil que Francisco Huerta, le otorgó a su personaje Gastón, tanto como el Barón Douphol de Pablo Castillo, de una casi insoportable soberbia.

Acertado como el Marqués D´Obigny de Eleomar Cuello, y con el dramatismo preciso en lo vocal y en actuación, estuvo David Gáez, como el doctor Grenvil; bastante bien en lo vocal, pero un tanto rígida en actuación fue Jessica Rivas como Annina.

El resto de los comprimarios, Gustavo Morales, Patricio Álvarez y Cristóbla Gutiérrez, con un prometedor profesionalismo.

Gilberto Ponce. (CCA)

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LA TRAVIATA DE PABLO NÚÑEZ.

LA TRAVIATA VUELVE EN TRIUFO AL MUNICIPAL.

La última vez que La Traviata subió al escenario del Municipal, fue el año 2009, en una discutible puesta en escena de Jean-Louis Grinda, caracterizada por el mal gusto de muchas de sus escenas, razón por la que existía justificada expectación ante la nueva producción del destacado y serio Pablo Núñez, quien a través de sus trabajos a mostrado siempre buen gusto, imaginación y pertinencia con los argumentos.

Violeta (Nadine Koutcher), al inicio de laópera. foto efe

Violeta (Nadine Koutcher), al inicio de la ópera. foto efe

Su desafío era mayor, pues abordaba la régie, escenografía y vestuario, de una ópera favorita de todos los públicos, y que ha contado con magníficas puestas en escena, a lo largo de su historia; por ello es que no dudamos de calificar este trabajo, como totalmente logrado, demostrando que puede haber novedad, a partir de una propuesta, que se puede calificar de tradicional.

La escenografía, de gran belleza, nos traslada al ambiente de dos cortesanas elegantes, con ese dejo de grandilocuencia, propio de sus dueñas de casa, mientras que un gran contraste lo marca la casa de campo, de sobrias líneas y austera elegancia, más ostentosa, aunque hermosa es la casa de Flora que provocó un espontáneo aplauso del público, en la versión estelar-, mientras que, el dormitorio donde muere Violeta, ya evidencia el desplome económico de su dueña.

Violeta (Nadine Koutcher) y Alfredo (Serget Romanovsky) foto twitter

Violeta (Nadine Koutcher) y Alfredo (Sergey Romanovsky) en el primer actos. foto twitter

El vestuario, es hermoso y elegante, en los tonos rojos del coro femenino, y en el frac de los varones, mientras viste a Violeta de blanco, azul y negro, según el lugar de la acción.

Nos parece muy decidor, el que en la dirección de escena, haya hecho primar la contención emocional, muy propia de la época, donde el “deber ser” dominaba las emociones públicas, en ello fueron fundamentales las miradas, posturas de brazos y manos, tanto el como pararse en ciertas escenas, recordemos el segundo acto de Alfredo, mientras que como contraste, solo se permite tres estallidos emocionales en Alfredo, primero cuando conoce la huída de Violeta en el acto segundo; el encuentro de los amantes, en el último, y el arrebato de dolor de este al morir Violeta.

Alfredo (Sergey Romanovsky). foto amosantiago

Alfredo (Sergey Romanovsky). foto amosantiago

Núñez, logró una tensión vital, en todo el desarrollo, y los más importante, hizo creíble y emocionante el drama. Los conjuntos fueron estupendamente resueltos, incluyendo coro, bailarines y actores, siendo un éxito rotundo, la fiesta en casa de Flora, en la que invitados y gitanas bailarinas interactuaron naturalmente, mientras que los dos toreros, bailaron sobre mesas separadas entre los invitados.

Gitanas, de excelente cometido, en la fiesta en casa de Flora. foto Patricio Melo

Gitanas, de excelente cometido, en la fiesta en casa de Flora. foto Patricio Melo

La iluminación de Ricardo Castro, fue fundamental por lo sugerente.

La coreografía de Georgette Farías, excelente, copando muy bien el espacio, con sus graciosas y bellas bailarinas, mientras que fue virilmente poderosa con los toreros, ambos de estupendo cometido (Agustín Cañulef y Antonio Mouriño).

El Coro del Teatro Municipal (Jorge Klastornick), con el profesionalismo que se reconoce, tanto en voz como actuación, superando con maestría, un leve desajuste en el primer acto, producto de la velocidad impresa por la batuta.

Konstantin Chudovsky, dirigió, en forma muy emocional, sin dar tregua a la continuidad, aunque la velocidad de algunas partes, empañó en algunos momentos la limpieza de su dirección, destacaremos el cuidadoso acompañamiento de los cantantes, mientras mantuvo inalterable la calidad del sonido de la Filarmónica de Santiago.

Flota (Yeanethe Münzenmayer) y Violeta (Nadine Koutcher) en la fiesta. foto amosantiago

Flora (Yeanethe Münzenmayer) y Violeta (Nadine Koutcher) en la fiesta. foto amosantiago

Violeta lo cantó y actuó estupendamente, Nadine Koutcher, en un rol, que al parecer se aviene muy bien con su personalidad, transitó con soltura no solo por las enormes dificultades vocales de su diversas arias, asombrando en el primer acto, conmoviendo en las escena con el padre de Alfredo, siendo desgarradora en su “ámame Alfredo”, y en las escenas finales; la ovación con “pataditas” que le brindó el público, fue de total justicia.

El tenor ruso Sergey Romanovsky, fue un Alfredo que evolucionó emocionalmente desde el primer acto, donde se muestra inseguro del afecto de Violeta, luego fue el amante enamorado, que luego se encoleriza, al creerse engañado por ella en el segundo, para luego ser casi sardónico en el tercero, y por último desconsolado en el cuarto; debido a su presencia escénica, la interacción con la protagonista, fue de enorme realismo; Romanovsky canta con un fraseo cuidadoso en frases y palabras, y su voz sin ser potente, se proyecta sin dificultad el las escenas de conjunto.

Giorgio, el padre de Alfredo, fue cantado con gran presencia, y cuidadoso manejo del volumen, por Igor Golovatenko, quien triunfó plenamente en su clave segundo acto, siendo imponente, cuando reprende a su hijo, luego que este ofende a Violeta, en el tercero.

Giorgio, padre de Alfredo (Igor Golovatenko) y Violeta (Nadine Koutcher). foto holaciudad

Giorgio, padre de Alfredo (Igor Golovatenko) y Violeta (Nadine Koutcher). foto holaciudad

Yeanethe Münzenmayer, fue una correcta Flora, mientras que Leonardo Navarro, dio fuerza a Gastón, siendo excelente en lo vocal. El arrogante Barón Douphol, encontró un estupendo intérprete en Rodrigo Quinteros; destacaremos la presencia escénica y vocal de Ramiro Maturana, al recrear al Marqués D´Obigny, el Doctor Grenvil, fue muy bien cantado y actuado por Matías Moncada.

Sonia Vásquez cantó y actuó eficientemente, como Annina la criada de Violteta, el resto de los comprimarios, con gran profesionalismo.

Un reencuentro muy feliz, con una de las óperas más queridas por todos los públicos.

Gilberto Ponce. (CCA)

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DESLUMBRANTE TÉCNICA DE ISHAY SHAER.

RECITAL DE ISHAY SHAER EN LA BEETHOVEN.

Una gran impresión causó en el público, el pianista israelí Ishay Shaer, esta se debió a su notable virtuosismo e impecable digitación, presente a lo largo de todo el recital ofrecido, en la Temporada Internacional de Conciertos Fernando Rosas, que se realiza en el Teatro Municipal de Las Condes.

Ishay Shaer. foto joinnus

Ishay Shaer. foto joinnus

Con aspecto adolescente, sin gestos grandilocuentes que tanto satisfacen a cierto tipo de público, Shaer en contrario, acomete con musicalidad y profesionalismo su programa, dejando de lado cualquier esbozo de show.

Los tres autores incluidos, en su presentación, tanto como el enfoque que hace de sus obras, nos hacen concluir, que se encuentra en plena búsqueda de las versiones, que serían para él definitivas, por ello tal vez, tengamos apreciaciones diferentes con algunos de sus enfoques.

Ludwig van Beethoven. foto visionescriticas

Ludwig van Beethoven. foto visionescriticas

La presentación se inició con la Sonata en Re menor, op. 31 “La tempestad” de Ludwig van Beethoven, obra de carácter más bien discursivo, que se aparta bastante del patrón usual de las sonatas, y que requiere de una aproximación, que apunte tanto a la forma y sus elementos descriptivo-programáticos, así como al fondo.

Por ello creemos, es preciso seguir las indicaciones del autor en la partitura, en particular, en cuanto a articulaciones y fraseos, sin incorporar elementos como algunos stacattos, que aparecieron en el primer movimiento, un tanto ajenos al discurso, no obstante, pensamos que las tensiones fueron muy bien manejadas.

El Adagio, que sigue, mostró un manejo sobrio del cantabile, enlazando perfectamente sus secciones, en sus sutiles contrastes.

El tercero, Allegretto, que en manos de algunos pianistas resulta ramplón e insulso, fue ejecutado en esta ocasión, no solo con maestría técnica, pues le otorgó la expresividad justa, en un arco progresivo, en que los contrastes de los arrebatos emocionales del desarrollo, nos conducen luego a la placidez del tema inicial, que al replicarse, finaliza como en un suspiro.

Maurice Ravel. foto redmayor

Maurice Ravel. foto redmayor

 

Creemos que su mayor triunfo, lo alcanzó con la interpretación de Gaspard de la Nuit de Maurice Ravel, obra que en este momento, pareciera avenirse más con su carácter permitiéndole poner todo su virtuosismo, al servicio de los tres movimientos que posee.

Ondina, el primero de ellos, le permitió adentrarse en los más profundo del impresionismo, con gran claridad en las líneas melódicas, al tiempo que manejó diestra y expresivamente las tensiones, como aquella que conduce a un sólido fortissimo.

En Le Gibet, logró atmósferas sonoras en las sección melódica, mientras que con el ostinatto, que recrea una campana terrorífica, logró la fusión que le dio unidad mágica al todo.

El semblante de Shaer, reflejó goce total, al interpretar Scarbo, la sección final, donde cada fragmento descriptivo y contrastante, no solo era producto del teclado, también lo era por el gesto del intérprete, quien pudo exponer todo su virtuosismo, con inusitada y perfecta digitación; las estruendosa ovaciones hicieron justicia a la magnífica versión.

Frédéric Chopin. foto revizoronline

Frédéric Chopin. foto revizoronline

Finalizó con su versión para los 24 Preludios de Frédéric Chopin, en la que una vez más, dio muestras de su enorme virtuosismo, no obstante, y es nuestra opinión, no en todos, logró entrar en el pequeño mundo expresivo que representa; reconocemos que la integral de los preludios, es un desafío mayor, por la necesidad de dar unidad al todo, mediante la interpretación de cada una, de las a veces mínimas partes, razón por la que, algunos nos parecieron parcialmente logrados, aludiendo solo a lo externo y brillante.

Reconociendo el gran logro obtenido en, el número 5 por su expresividad, el 8 donde al virtuosismo agregó expresividad, el 12 por el brillo caso feroz conseguido, mientras que el 24 lo encontramos soberbio en todo aspecto. El hecho de no mencionar otros que nos parecieron de gran nivel, se debe a razones de espacio.

Ishay Shaer, durante su presentación. foto twitter

Ishay Shaer, durante su presentación. foto twitter

El encore ofrecido, dio cuenta de su afinidad con el impresionismo, ratificando el hecho que estamos ante un gran pianista.

Gilberto Ponce. (CCA)

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VERSIÓN ESTELAR DE TANCREDO DE ROSSINI.

BORTOLAMEOLLI ENCABEZA TRIUNFO ESTELAR DE TANCREDO.

Desde hace ya bastante tiempo que, los elencos conformados con una mayoría de cantantes nacionales, vienen ofreciendo jornadas del más alto nivel, y en esta oportunidad, al cantar en el estreno de las serie Estelar, de Tancredo, la ópera de Gioacchino Rossini, obtuvieron otro resonante suceso.

Esto no es casualidad, sin duda se debe al profesionalismo con que estos artistas enfrentan los desafíos, es por ello, que ahora y en una verdadera proeza, tres de ellos (E. Ramírez, P. Cifuentes y A. Rositsky), cantaron durante tres días seguidos, sus abrumadores roles, debido que reemplazaron a sus pares internacionales, por enfermedad de estos.

Tancredo (Evelyn Ramírez) y Amenaide (Patricia Cifuentes) foto Patricio Melo

Tancredo (Evelyn Ramírez) y Amenaide (Patricia Cifuentes) foto Patricio Melo

En la sobria escenografía de Daniel Bianco, cuyos ventanales y vitrales, nos remiten al Art Nouveau, se desarrolla este drama, de argumento un tanto inverosímil, en su ingenuidad, pero al igual que muchos otros, solo fueron redimidos por la música.

No entraremos en análisis de la producción, pues lo hicimos para la versión internacional, remitiéndonos entonces al elenco.

El joven, que ya no promesa, pues creemos que ya es un verdadero profesional, Paolo Bortolameolli, asumió la dirección musical, entregando una visión unitaria, de principio a fin, manejando las progresiones dinámico expresivas, así como las tensiones propias de la partitura, con maestría, mano elegante y firme, tanto a la orquesta, como a solistas y coro.

Paolo Bortolameolli, foto paolobortolameolli

Paolo Bortolameolli, foto paolobortolameolli

Mostrando un acabado conocimiento de la obra, fue fiel acompañante de los solistas, manejando certeramente el balance sonoro, con una Filarmónica que repitió las excelencias del estreno internacional; asimismo la batuta, salvó prestamente, un inicio de desajuste, en el primer acto, con enorme tranquilidad.

Este, su debut como director de ópera en el Teatro Municipal, lo proyecta como otro de los directores emergentes, que sin duda dará que hablar.

En justicia, debemos insistir en la excelencia del Coro de Teatro.

Por una cuestión de físico, y prestancia escénica, la pareja protagónica, fue más convincente, en lo actoral, tanto como el resto del elenco, que realizó un fino trabajo.

Amenaide

Amenaide (Patricia Cifuentes), Argirio (Anton Rositsky) y Tancredo (Evelyn Ramírez) junto al Coro. foto latercera

La mezzosoprano Evelyn Ramírez, cantó el rol de Tancredo, asumiendo su personaje con su habitual profesionalismo, mostrando en lo vocal, toda su potencialidad y musicalidad, accediendo con seguridad a las exigentes coloraturas, mientras que fue de gran sensibilidad tanto en sus arias como en los dúos, realzando más aún su belleza.

Patricia Cifuentes, la soprano que cantó como Amenaide, mostró que este tipo de obras le acomodan si problema alguno, su línea de canto, el brillo de las feroces coloraturas, tanto como la expresividad vocal y sensibilidad en actuación, la señalan como una de las mejores en su cuerda, memorables fueron sus arias y dúos con Evelyn Ramírez, siendo conmovedora en la escena final.

Amenaide (Patricia Cifuentes) foto Patricio Melo

Amenaide (Patricia Cifuentes) foto Patricio Melo

El tenor ruso Anton Rositsky, no solo posee grandes condiciones de actor, tiene una hermosa y poderosa voz, y sus coloraturas son sólidas, razones que lo convirtieron en otro de los grandes triunfadores de la noche, cantando como Argirio, padre de Amenaide.

Orbazzano, el frustrado prometido de Amenaide, lo asumió con su hermosa voz y notable actuación Homero Pérez-Miranda.

Escena inicial del primer acto. foto Patricio Melo

Escena inicial del primer acto. foto Patricio Melo

Marcela González, cantó el otro rol travestido, el de Roggiero, el amigo de Tancredo, estupenda como actriz, logró una ovación, en su única y compleja aria.

Solo podemos alabar la presencia escénica de María José Uribarri, pues en lo vocal, poco se pudo apreciar, pues cantó con volumen mínimo, proyectando insuficientemente su voz, a pesar que Bortolameolli, hizo tocar a la orquesta, en pianissimo; tal vez se encontraba enferma, no lo sabemos.

Una función que fue larga y entusiastamente aplaudida.

Gilberto Ponce. (CCA)

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EXCELENCIA DE CÁMARA.

THE PHAETON PIANO TRIO EN LA BEETHOVEN.

Como parte de una temporada, que ha venido sorprendiendo, por la jerarquía de los conjuntos que ha presentado; en esta oportunidad, la Fundación Beethoven trajo hasta su Temporada Internacional de Conciertos Fernando Rosas 2016, a The Phaeton piano Trío, conjunto de extraordinaria musicalidad, demostrada a través del interesante programa que presentaron.

The Paeton piano trío. foto clubdelectores

The Paeton Florian piano Trío. Florian Uhlig piano, Peter Hórr violonchelo, Friedemann Eichhorn violín. foto clubdelectores

El conjunto solo se formó en el 2012, pero la experiencia internacional de sus integrantes, sobrepasa los 20 años, algo que sin duda se refleja en la calidad que exhiben; ellos son Peter Hörr en violonchelo, Friedemann Eichhorn, violín y Florian Uhlig en piano.

Franz Joseh Haydn. foto esmedici

Franz Joseh Haydn. foto esmedici

El programa se inició con el Trío en Do mayor, Hob. XV: 27 de Franz Joseph Haydn, interpretado en absoluto estilo clásico, de gran transparencia y finura, en el ya destacó el balance perfecto, algo que se mantuvo a lo largo de toda la presentación; destacaremos la elegancia cantabile del primer movimiento y el cuidadoso manejo de contrastes dinámicos.

Los diálogos del Andante que sigue, y la acentuación más popular, de la segunda sección; mientras que el piano, cobra gran relevancia en el tercero y final Presto, aquí Florian Uhlig fue soporte fundamental, permitiéndole mostrar todo su virtuosismo, secundado estupendamente, por el violín y el chelo.

Ludwig van Beethoven. foto beethovenplus

Ludwig van Beethoven. foto beethovenplus

El bellísimo Trío en Re mayor, Op. 71 Nº 1, llamado “Trío de los Espíritus” de Ludwig van Beethoven, que siguió su presentación, les hizo cambiar de estilo, otorgando un mayor peso sonoro a la versión; quisiéramos detenernos en el juego de voces y contrastes exquisitos, tanto como la intencionalidad expresiva, de su primer movimiento.

El Largo que sigue, mostró el bello diálogo de las cuerdas con el piano, de gran sutileza sonora, donde los rubato, fueron de total precisión; la fuerza expresiva, sirvió para contrastar el tercero (Presto), donde cada intérprete mostró toda su capacidad de virtuosismo, con ataques y cortes precisos y musicales.

Antonin Dvorak. foto esmedici

Antonin Dvorak. foto esmedici

Una de las obras más populares de Antonin Dvorak, su Trío en Si menor, Op. 90, llamado Dumky, cerró la brillante presentación, obra abordada tanto en carácter melancólico, como popular, en una mezcla entre severidad expresiva y desborde festivo.

Esta obra por su estructura, tiene múltiples cambios de pulso, tempo y carácter, cuestiones abordadas por los visitantes, con la mayor excelencia.

Sin desmerecer nada, destacaremos, el canto del chelo, de bellísimo y poderoso sonido, antes del ingreso del piano, en el Poco adagio, resuelto con gran sensibilidad.

The Phaeton piano trío. Friedemann Eichhorn, Florian Uhlig y Peter Hörr. foto twitter

The Phaeton piano Trío. Friedemann Eichhorn, Florian Uhlig y Peter Hörr. foto twitter

La elegancia de fraseo y la gracia de los pizzicato, en el Andante moderato; la fuerza a la vez que cantabile, del Allegro (V) y la profunda melancolía que inundó el final, que conmovió profundamente a los asistentes, que los ovacionaron sin reserva, logrando como encore, un arreglo de un movimiento de Beethoven, que confirmó el imperio que The Phaeton piano Trío, tiene en musicalidad.

Gilberto Ponce. (CCA)

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TANCREDO DE ROSSINI TRIUNFA EN EL MUNICIPAL.

PODEROSO ESTRENO DE TANCREDO DE ROSSINI.

La pregunta que queda flotando, luego presenciar el estreno de Tancredo, la ópera que Gioacchino Rossini, escribió con poco mas 20 años, es acerca de la genialidad creadora del joven, que supo plantear una serie de soluciones musicales del mejor nivel, no solo en cuanto los solos, con sus impresionantes coloraturas, pues asombra asimismo, con fragmentos como el concertato final del primer acto, con sus modulaciones amónicas; asimismo, llama la atención, la variada e interesante orquestación, presente a lo largo de toda la ópera.

Gioacchino Rossini joven. foto wikipedia

Gioacchino Rossini joven. foto wikipedia

No cabe duda, esta producción, será recordada, no solo por el hecho de constituirse en verdadero estreno, pues se cantó hace más de cien años en el escenario del Municipal, sin olvidar que también, perdurarán sus numerosas excelencias.

Isaura, en el banquete donde se firma la paz, al inicio de la ópera. foto Patricio Melo

Isaura (Florencia Machado), en el banquete donde se firma la paz, al inicio de la ópera. foto Patricio Melo

La primera de ellas, la producción a cargo de un equipo que sabe cosechar éxitos, el último fue con El Turco en Italia, de arrollador éxito, de público y crítica; nos referimos a Emilio Sagi, en la dirección de escena (règie), Daniel Bianco en escenografía, Pepa Ojanguren, vestuario y Eduardo Bravo iluminación.

Amenaide, y Argiriio su padre. foto agenciauno

Amenaide (Nadine Koutcher), y Argiriio (Yige Shi) su padre. foto agenciauno

Ellos realizaron una coherente propuesta, enmarcada en las bellas líneas de la escenografía de Bianco, que con sutiles movimientos, se abría o cerraba, creando los espacios de diversas escenas, contando para ello, con la sugerente iluminación de Bravo, de aciertos sorprendentes, en la creación de ambientes.

El vestuario de Ojanguren, acertadísimo, con claro equilibrio de colores, mientras que Sagi, le dio la necesaria credibilidad, con su manejo de actores y uso del espacio escenográfico.

Argirio (Yi Shi), Amenaide (Nadine Koutcher) y Tancredo (María Pizzolato)

Argirio (Yige Shi), Amenaide (Nadine Koutcher) y Tancredo (Mariana Pizzolato) foto Patricio Melo

Jan Latham-Koenig, condujo a la Filarmónica de Santiago, con mano firme, y con su reconocida musicalidad, logrando del conjunto no solo hermoso sonido (algo que no es novedad), marcó además frases de instrumentos a solo, en algunas arias, que complementaron perfectamente el discurso del canto, siendo además, sólido aliado tanto de los cantantes, como del Coro del Teatro Municipal, de sobresaliente participación, en su sección masculina; que importante es el hecho, que el teatro cuente con un coro de este profesionalismo, pues se constituye en un factor de seguridad, ante cualquier empresa, un logro de su director Jorge Klastornick, y de cada uno de sus miembros, que no solo cantan estupendamente, pues son excelentes actores.

Amenaide (Nadine Koutcher) es torturada, al creerla traidora de la patria. foto Patricio Melo

Amenaide (Nadine Koutcher) es torturada, al creerla traidora de la patria. foto Patricio Melo

Tancredo requiere de un grupo de cantantes belcantistas, de alto nivel, y no cabe duda que en esta ocasión, el elenco satisfizo todas las expectativas, por ello el público, interrumpió en reiteradas ocasiones, para aplaudir sin reservas, su desempeño.

Mariana Pizzolato, la mezzosoprano italiana, cantó el rol protagónico de Tancredo, mostrando además de su bellísimo timbre, su estupendo manejo de las coloraturas, además de su capacidad de enfrentar los dúos, solo en función de la música, y no de su lucimiento personal; si bien como actriz es poco expresiva, su trabajo vocal, hizo que el público la ovacionara en casi todas su intervenciones.

Escena previa a la batalla donde Tancredo (Mariana Pizzolato), quedará herido de muerte. foto Patricio Melo

Escena previa a la batalla donde Tancredo (Mariana Pizzolato), quedará herido de muerte. foto Patricio Melo

La soprano Nadine Koutcher, fue Amenaide, la enamorada de Tancredo, ella, dueña de un bello material vocal, de fáciles y sólidos agudos, que acompaña de una gran musicalidad, sorteó impecablemente las a veces endemoniadas coloraturas, logrando encender a los asistentes, a pesar que su actuación suele ser un tanto rígida, deslumbra vocalmente.

El padre de Amenaide, Argirio, lo cantó el tenor Yige Shi, quien posee las mejores características para roles rossinianos, con su timbre liviano, certero y musical, como además posee condiciones actorales importantes, logró posicionarse muy bien en su papel, fue otro de las grandes ovacionados.

Brindis por la paz de Argirio (Yige Shi) al comienzo de la ópera. foto cooperativa

Brindis por la paz de Argirio (Yige Shi) al comienzo de la ópera. foto cooperativa

Al resto de los personajes Rossini, les otorga menor importancia, aunque les entrega, salvo en el caso de Orbazzano, arias de importancia.

Es así que, la doncella de Amenaide, Isaura, fue asumido por la mezzosoprano Florencia Machado, con estupenda actuación, y de hermosa a la vez que poderosa voz, su aria, fue recibida con el mayor entusiasmo por el público.

El otro rol travestido, Roggiero, amigo de Tancredo, fue cantado por la soprano chilena Yaritza Véliz, con estupenda actuación y resolviendo solventemente su importante aria, algún momento poco preciso en algún agudo, desapareció, con su prestancia.

Escena final, la muerte de Tancredo, ante la desolación general. foto estoy

Escena final, la muerte de Tancredo, ante la desolación de Isaura, Amenaide y Argirio. foto estoy

Orbazzano, el prometido impuesto de Amenaide, debe comunicar todos sus deseos y rabias, solo en recitativos, en ellos Pavel Chervinsky el barítono ruso, dio cuenta de hermoso y poderoso caudal de voz.

El emotivo final, uno de los dos escritos por Rossini, fue enorme impacto emocional y visual, en el que Tancredo muere en brazos de Amenaide, en lo que será su tumba funeraria, mientras la orquesta se disuelve en la nada, en una hermosa y expresiva imagen.

Gilberto Ponce. (CCA)

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