ELENCO INTERNACIONAL DE TOSCA.

TOSCA DE PUCCINI EN EL MUNICIPAL

La producción ofrecida por el Municipal de Santiago de la ópera Tosca de Giacomo Puccini -obra que ha conquistado a todos los públicos desde su estreno-, dejó una sensación agridulce en los espectadores, muchos de los cuales no dudaron en abuchear al staff de la producción una vez finalizada la versión.

Si bien concordamos que Tosca es un drama oscuro, nos parece que la obsesión por lo oscuro en el vestuario y escenografía termina por agotar, creemos que aplicar la ley de contrastes favorece cualquier desarrollo, aún más, el hecho que la escenografía (Wolfgang Gussmann) sea un cubo negro, obliga a entrar y salir por los extremos en una insistencia poco original que se acentúa con la iluminación de Ricardo Castro, quien sí tiene un logro importante en el último acto.

Angelotti (Jaime Moncada) llegando a la Iglesia. foto Edison Araya

El vestuario del mismo Gussmann, insiste en el negro y el gris, con pequeñas excepciones en Tosca y Cavaradossi, incluso uniforma en negro a mujeres y varones en la escena del Te Deum, conviertiendo la jubilosa celebración casi en rito fúnebre, incluso los pendones de la ceremonia son grises y negros, no nos cabe duda que hace 20 años en el estreno de esta minimalista producción, debe haber resultado novedosa e impactante, pero creemos que en la actualidad el efecto resulta demasiado pobre.

Llama la atención la importancia que se le otorga al cuadro de la Magdalena que Mario Cavaradossi está pintando en la iglesia, si bien este es uno de los detonantes de los celos de Tosca, pero de ahí que la pintura resulte intervenida por un niño, luego trasladada para tapar a los juguetones monaguillos, quienes sacan graciosamente sus cabezas por los lados, para enseguida arrojarla al suelo y pisotearla, para finalmente volver aparecer en el gran salón de Scarpia en el palacio Farnesse, solo para que el Barón y Tosca lo destrocen, nos parece excesivo.

El Sacristán (Sergio Gallardo) y Mario Cavaradossi (Leonardo Caimi) en la Iglesia. foto Edison Araya

La iglesia es identificada solo por una enorme estatua de la Virgen María, el salón del Barón Scarpia contiene únicamente una mesa en diagonal con pocos elementos, pero solitario aunque muy notorio se ve el puñal con que Tosca asesinará a Scarpia, en un recurso demasiado obvio, y por supuesto el cuadro de la Magdalena que solo aliviana la oscuridad de la escena.

Tosca (Melody Moore) y Mario (Leonardo Caimi) junto a la estatua del Vírge. foto Edison Araya

El tercer acto funde la explanada del castillo con la celda, con solo una abertura tipo ventana al fondo que permitirá el suicidio de Tosca, además una trampa en el suelo  permitirá la subida de Tosca hasta Mario, y posteriormente la subida y bajada de los fusileros de Mario Cavaradossi, sin duda nos parece este acto el mejor solucionado escenográficamente, tal vez gracias a la poderosa y efectiva iluminación.

La régie de Willy Decker tiene aciertos importantes tanto como elementos cuestionables, como su solución para el Te Deum y los desplazamientos del cuadro de la Magdalena, o el efusivo saludo de Mario con Angelotti, para luego preguntar quién eres tú, asimismo resulta extraño ver a un prisionero (Mario) sentarse burlonamente en la mesa de Scarpia, y aún más, servirse una copa de vino del mismo Barón, pero resuelve mejor la interacción entre Tosca y Scarpia, así como el expresivo gesto de Mario hacia Tosca, al comprobar que había sido fusilado de verdad.

Saludo de los Coros al final del primer acto. foto Edison Araya

Sorprendió al inicio del tercer acto, transformar al Pastor que canta cerca de la prisión en un ángel (alas incluidas) presente en la explanada de la prisión, independiente que la niña Constanza Wilson lo hiciera muy bellamente.

Konstantin Chudovsky logró de la Filarmónica de Santiago, hermoso sonido además de realzar los juegos melódicos particularmente en las maderas, tanto como sacar a luz frases que habitualmente no se realzan, fue muy atento en seguir a los cantantes, que a veces se excedieron en sus ritenutos, la poderosa orquestación de Puccini, que debe aplicar la dinámicas de la partitura, resultó en momentos excesiva para el volumen de los cantantes, pero sin duda apianar esos fragmentos, desvirtúa el objetivo del autor.

Tosca (Melody Moore) y el Barón Scarpia (Elchin Azizov) en el segundo acto. foto Edison Araya

La solvencia del Coro del Municipal de Santiago (Jorge Klastornick) se impuso una vez más, al tiempo que el debutante Coro de Niños del Municipal de Santiago (Cecilia Barrientos) lo hicieron estupendamente en lo vocal y con graciosa espontaneidad en actuación.

Consideramos que esta versión de Tosca adoleció de uno de sus componentes más potentes, esto es la emoción que fue demasiado dosificada, incluso las grandes arias solo fueron cantadas muy correctamente al igual que el potente Te Deum.

Aposento de Scarpia (Elchin Azizov), él al centro, a un costado con los esbirros Mario Cavaradossi (Leonardo Caimi)

Melody Moore que cantó como Floria Tosca posee una hermosa voz, que mostró poderosa en algunos fragmentos, en otros fue muy contenida, su actuación es dispareja, se la ve muy conciente de actuar pero no siempre natural, muestra de esto fue la escena con Scarpia cuando lo asesina, en contraste su aria Vissi d´arte fue de exquisita sensibilidad y belleza.

El joven tenor Leonardo Caimi fue un irregular Cavaradossi, él dueño de hermoso timbre tiene volumen discreto, observándose dificultades en el registro agudo, sin duda su gran momento fue E lucevan le stelle que cantó expresivamente, muy a favor su actuación es convincente.

Escena de la tortura, Tosca (Melody Moore) en el suelo, Mario (Leonardo Caimi) en brazos de los esbirros, que reciben instrucciones de Scarpia (Elchin Azizov). foto Edison Araya

El bajo Elchin Azizov fue un Barón Scarpia mucho más convincente en actuación, mostrando la maldad y lascivia del personaje, vocalmente posee una hermosa voz, pero el volumen es irregular, proyectó muy bien en el Te Deum pero en el clave segundo acto se mostró solo discreto.

Expresivo en actuación y muy bien vocalmente Jaime Mondaca como Angelotti, Gonzalo Araya fue muy solvente como Spoletta, más discreto el Sciarrone de Eleomar Cuello y muy sólido en voz y actuación David Gáez como el Carcelero.

El experimentado Sergio Gallardo mostró a un histriónico Sacristán con su excelencia vocal y actoral.

Saludo final Constanza Wilson, Eleomar Cuello, Jaime Modaca, Elchin Azizov, Konstantin Chudovsky, Melody Moore, Leonardo Caimi, Sergio Gallardo, Gonzalo Araya y David Gáez. foto Edison Araya

Una Tosca que deja más dudas que certezas, cuya puesta en escena hizo volver los abucheos al Municipal.

Gilberto Ponce. (CCA)

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SEGUNDO CONCIERTO EN LA FUNDACIÓN BEETHOVEN.

HOFKAPELLE DE WEIMAR EN LA BEETHOVEN.

En el segundo concierto de la Temporada Internacional de Conciertos Fernando Rosas 2018, que anualmente organiza la Fundación Beethoven en el Teatro Municipal de Las Condes, se presentó la Hofkapelle Weimar dirigida por el violonchelista Peter Hörr.

La Hofkapelle Weimar durante su presentación. foto fundacionbeethoven

El conjunto integrado solo por cuerdas, presentó un interesante programa que permitió apreciar tanto su musicalidad como su cálido y hermoso sonido, en obras originales tanto como en acertados arreglos.

Gioacchino Rossini contaba solo con 12 años cuando compuso la Sonata para cuerdas Nº 4 en Si bemol mayor, según el propio autor escrita un poco a la rápida, solo en tres días para satisfacer la necesidad de hacer música en vacaciones, y como en el lugar solo había dos violines, violonchelo y contrabajo, simplemente la escribió para esa combinación.

Gioacchino Rossini. foto biografiasyvidas

La obra, que no fue muy del gusto de su autor, refleja en gran medida lo que a futuro será su estilo, ella es sin duda amablemente graciosa, y por cierto la creemos muy digna de ejecutarse en conciertos.

La versión fue cuidadosa en el desarrollo de los diálogos instrumentales, llamando la atención como el contrabajo conduce en cierto modo el segundo movimiento (Andantino) que recuerda fuertemente a las arias de ópera por su carácter cantábile, algo similar ocurre con el Allegretto final que tiene melodías muy líricas; al igual que en los movimientos anteriores el conjunto acentuó la claridad melódica y los diálogos entre voces.

foto musicaantigua

Siguieron con el Concierto para Cello y orquesta Nº 3 en La mayor de Carl Philipp Emanuel Bach, obra que en varios momentos recuerda el estilo de Gluck, fue interpretado por un excelente Peter Hörr, que posee un bello sonido además de una estupenda técnica, en la versión manifestó la expresividad clásica precisa, al tiempo que articulaciones y fraseos del chelista encontraron en el conjunto una estupenda respuesta.

La sensibilidad de Hörr sobresalió en el Largo maestoso, que es a la manera de una melodía acompañada de sensible carácter.

El chelista Peter Hörr. foto TLZ

En el tercero se pudieron observar bellos contrastes y precisas articulaciones en el conjunto, en su interacción con el solista que demostraba derroche técnico y gran expresividad en sus intervenciones. Una versión que nos habla claramente del estilo clásico que se estaba imponiendo y que los hijos de J. S. Bach estaban desarrollando.

Gustav Mahler. foto thegreatcourses

La segunda parte se inició con el bellísimo Adagietto de Quinta Sinfonía de Gustav Mahler, obra que a pesar de su brevedad y concisión goza de enorme popularidad, el original de la obra es para cuerdas y arpa, en esta ocasión el arpa se reemplazó por pizzicato de las cuerdas en un arreglo que conserva el espíritu del original, la versión fue calmadamente expresiva, como debe ser, llegando en momentos al dolor interior, el clímax fue de sobrecogedora belleza, y el final fue desvaneciéndose musicalmente en la nada, fue un goce para los mahlerianos presentes.

Hofkapelle Weimar. foto contintanorte

Finalizaron con el arreglo del mismo Mahler para orquesta de cámara del Cuarteto en Fa menor op. 95 (serioso) de Ludvig van Beethoven.

Este se caracterizó por el pulcro balance sin perder su intensidad expresiva, destacando la precisión en ataques y cortes. El Allegretto fue abordado con intencionalidad que despejó su carácter un tanto hermético, que se contrastó con los vibrantes diálogos del tercero en el que mostraron extraordinaria precisión en figuras y articulaciones.

El cuarto Larghetto expresivo- Agitato- Allegro, se enfocó con gran peso sonoro acentuando su expresividad y belleza.

El público ahora encendido, exigió dos encore que alivianaron la tensiones emocionalmente expresivas de las obras anteriores, se trató dos movimientos de dos de los Divertimentos de Wolfgang Amadeus Mozart tocados con infinita frescura y gracia, siendo ovacionados por los presentes.

Gilberto Ponce. (CCA)

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BRAHMS Y SHOSTAKOVICH EN LA FILAMÓNICA.

BRILLANTE SEXTO CONCIERTO FILARMÓNICO.

Otra jornada brillante, se vivió en el sexto concierto de la Temporada de la Orquesta Filarmónica de Santiago en el que se escucharon obras de Brahms y Shostakovich bajo la dirección de Konstantin Chudovsky.

Konstantin Chudovsky. foto IMG

El conjunto de la calle Agustinas sigue mostrando una calidad y hermoso sonido que sin duda son producto del gran profesionalismo que muestra cada uno de sus integrantes, y por supuesto de la responsabilidad de los maestros a cargo de las presentaciones.

En la primera parte se escuchó el hermoso y complejo Concierto para violín y orquesta. Op. 77 de Johannes Brahms, en el que participó como solista el concertino de la Filarmónica Richard Biaggini.

Johannes Brahms joven. foto classicalmusic

Considerado como uno de los grandes conciertos para violín, el concierto de Brahms superó ampliamente algunas controversias ocurridas con motivo de su estreno, asentándose como un gran desafío para todos los violinistas a través del tiempo.

La versión que escuchamos evitó objetivamente toda grandilocuencia, que muchas veces atenta contra el lirismo presente en el, y es en este concepto donde la dupla Biaggini Chudovsky logró uno de sus mayores éxitos, pues la sensible dirección fue el sustento para el lirismo tanto íntimo como a veces extrovertido que impuso Biaggini, es así que la batuta logró un balance sonoro que realzó cada uno de los diálogos con algunos instrumentos a solo.

Richard Biaggini. foto cineyliteratura

El noble sonido del solista y su musicalidad se acrecentaron con cortes y ataques perfectos de la orquesta, que decir del exquisito manejo dinámico del violín y su expresividad, así como la perfecta fusión entre los pequeños acelerando y retardando entre el conjunto y el solista.

La cadenza del primer movimiento permitió al solista hacer gala de su virtuosismo técnico y expresivo con sutiles pianissimo y sólidos forte.

Destacaremos el desempeño del oboe solista al inicio del adagio en su sensible introducción, este encontró su réplica en el violín que cantó con su instrumento en un movimiento que emocionó a los espectadores.

El tercero mostró al comienzo un sugestivo o pequeñísimo retardando en solista, al final de su primera frase, que acentuó el carácter un tanto zíngaro que tiene este movimiento; en su desarrollo podemos destacar una vez más los diálogos solista-orquesta y el manejo de las expresivas tensiones como en las progresiones, la estupenda versión provocó las más entusiastas reacciones del público que obligó a Biaggini a entregar fuera de programa un virtuoso Tzigane que ratificó todo su talento y musicalidad.

En la segunda parte interpretaron una soberbia versión de la Sinfonía Nº 5 en Re menor, Op. 47 de Dmitri Shostakovich, que creemos se convertirá en un referente en cuanto a versión, pues un Chudovsky inspirado acertó plenamente en el carácter dramático descriptivo que la sinfonía tiene, el que da luces sobre la controversia que se generó luego del estreno de su ópera Lady Macbeth del distrito de Mtsensk, que sirvió para que la dictadura de Stalin prácticamente prohibiera a Shostakovich, este según los dictados del “realismo socialista” había trasgredido las normas que debían construir el nuevo hombre, la respuesta del compositor vino con esta sinfonía donde sin apartarse de su estilo, aparentemente volvía a los oficial, el dictador se dio por satisfecho, por supuesto en su ignorancia musical no captó la ironía expuesta por el compositor.

El compositor Dmitri Shostakovich. foto es.medici

Poderosos chelos y contrabajos dieron comienzo a la obra con gran musicalidad en la primera frase, que da paso a un desarrollo lleno de sugerentes contrastes, en su carácter dramático, destacamos la intencionalidad de los perfectos fraseos que contribuyó a una espléndida claridad en el cruce de los diferentes temas.

Nuevamente chelos y contrabajos iniciaron perfecta y musicalmente el segundo movimiento que nos conduce a su irónico desarrollo, donde no podemos dejar de señalar la sutileza de los pianissimo y la perfección de los pizzicato, este fue otro de los triunfos de la versión.

El dramático, oscuro e intenso tercer movimiento alcanzó cimas expresivas, no podemos olvidar el bello sonido de las cuerdas en especial los violines, así el como la orquesta logró increíbles pianissimo que mantuvieron en vilo a los presentes, para luego concluir en el emocionante final del esta parte, que lleva a esa fanfarria gloriosa que da inicio a la cuarta parte y final, aquí Chudovsky logró perfectos acelerando y contrastes, en un continuo de progresiones dinámicas y expresivas, que al culminar en el poderoso final, logró que el público se pusiera de pie a ovacionar por más de cinco minutos a la Filarmónica de Santiago y a su director Konstantin Chudovsky, agradeciendo la magnífica interpretación.

Gilberto Ponce. (CCA)

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PAUL TAYLOR DANCE COMPANY.

PAUL TAYLOR DANCE COMPANY DESLUMBRA AL MUNICIPAL

La presencia en el escenario del Municipal de Santiago de la Paul Taylor Dance Company, será recordada como uno de los grandes eventos del año, compañía que sigue mostrando su vigencia invariable a lo largo de toda su existencia.

En el grupo no existen las estrellas, todos lo son debido a que cuentan con una técnica perfecta que hace que el espectador sienta la sensación que todo lo que se ve es de una naturalidad y facilidad enorme.

Si tuviéramos que definir su presencia, esta es al mismo tiempo de una levedad a ratos poética, contrastada con fuerza y vigor, todo complementado con su soberbia presencia escénica.

Momento de esplanade. foto Josefina Pérez

Sus desplazamientos copan y cierran espacios en un continuo de movimientos o pausas que asombran en su plasticidad, saltos y caídas incluido desplazamientos a ras de suelo son de inusitada perfección, es como si respiraran todos juntos insertos en un solo organismo.

Paul Taylor en su modernismo no abandona lo clásico y esto se traduce que sus coreografías son siempre novedosas en pasos y soluciones grupales, y a pesar que podría pensarse que se trata de danza pura, Taylor incluye algunos mensajes explícitos con los que transmite sensaciones y emociones, las que se complementan para una cabal comprensión, con una breve introducción argumental en el programa de mano, creemos importante señalar que tanto a mujeres como a varones se les exige lo mismo, diferenciándose solo en los acercamientos de parejas que requieren algunas coreografías.

Momento de Esplanade. foto Josefina Pérez

También podemos afirmar que en sus coreografías la danza se convierte en un todo con la música, siguiendo sus tensiones y relajaciones, agregando otro elemento que aporta perfección a la presentación.

Todo lo anterior se complementa con el vestuario y la iluminación así como con algún elemento escenográfico que contribuye a explicitar las ideas coreográficas agregando magia adicional.

Momento de PIazzolla Caldera. foto Josefina Përez

Esplanade fue la primera de las coreografías obra que cautiva por su energía juvenil, esta fue creada a partir de un mínimo incidente callejero nos lleva un poco a la vertiginosa actividad de una ciudad fijando la vista en algunos de los múltiples personajes que pululan en ciudades y parques, el vestuario de John Rawlings se complementa perfectamente con la iluminación de Jennifer Tipton.

Con apoyo de un gran panel de sugerente color pastel y una serie de simples lámparas colgantes creado por Santo Locuasto que también realizó el pertinente vestuario, la compañía nos presenta luego Piazzolla Caldera, la que basada en la partitura del músico argentino expones la génesis del tango en los burdeles de Buenos Aires a comienzos del siglo XX.

La fusión música danza propuestas resultan de gran atractivo tanto por la fuerza arrabalera de la coreografía, en su perfecto manejo de conjuntos, dúos y un singular solo femenino, que atraviesan este cruce de pulsiones amorosas, que arrebató al público.

Momento de Promethean Fire. foto Josefina Pérez

La coreografía final Promethean Fire, que utiliza los arreglos orquestales de Leopold Stokowski para obras de Bach, fue una perfecta fusión entre danza, música e imagen, la compañía vestida de negro con líneas grises en trajes similares para mujeres y varones, crearon fascinantes imágenes con el auxilio de la precisa iluminación que cierra o abre espacios, mientras los bailarines resuelven todo tipo de figuras algunas de gran dificultad.

Momento de Promethean Fire. foto Josefina Pérez

El contraste entre vestuario con el color de la piel de los bailarines que se realza con la iluminación (Jennifer Tipton), se transforma en un todo de carácter hipnótico tanto por los mensajes implícitos como explícitos del hilo conductor, logrando mantener casi en vilo a los espectadores, los que al finalizar ovacionaron sin cansarse a cada uno de los integrantes de la Paul Taylor Dance Company, en una velada que será recordada por mucho tiempo como de lo mejor en el campo de la danza.

Gilberto Ponce. (CCA)

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SHAKESPEARE EN TRES COMPOSITORES.

MÚSICA INSPIRADA EN SHAKESPEARE EN EL MUNCIPAL.

El Municipal de Santiago, sigue sorprendiendo a su público en las Temporadas de la Orquesta Filarmónica de Santiago con programaciones originales y de gran interés, anteriormente obtuvo un resonante éxito con la presentación semi actuada de la breve ópera de Rimsky Korsakov, Mozart y Salieri, ahora nos introduce en la figura de William Shakespeare, presentando tres obras inspiradas en trabajos del bardo inglés, una de ellas con una pequeña escenificación.

El joven compositor Ignacio Salvo. foto latercera

Como primera obra Pedro Pablo Prudencio condujo a la Filarmónica, dirigiendo el estreno de la Obra ganadora del Primer Concurso de Composición del Municipal de Santiago, galardón que recayó en el joven compositor Ignacio Salvo de solo 23 años, quien en su obra La isla encantada recreó dos escenas de La Tempestad las que llamó; Ariel e Idilio (Miranda y Ferdinando).

La estupenda dirección de Pedro Pablo Prudencio destacó la transparencia de la composición y su cuidadosa orquestación, con ella Salvo consigue la creación de sugerentes atmósferas a través de recursos timbrísticos y la intercalación de pequeñas melodías en un logrado equilibrio, la dirección consiguió expresivas progresiones dinámicas. El Idilio nos muestra diálogos que describen a los personajes a quienes se asignan esquicios melódicos, algunos de ellos algo danzables.

El público recibió con bastante entusiasmo el estupendo trabajo de Ignacio Salvo, quien a pesar de su corta trayectoria ya conoce el significado del triunfo, pues ha ganado diversos certámenes.

Piotr Ilich Tchaikovsky. foto pinterest

Continuaron con una de las obras más populares de Piotr Ilich Tchaikovsky, la Obertura-Fantasía Romeo y Julieta, el conjunto mostró una vez más el bello sonido que les está caracterizando, en una versión con énfasis en lo dramático que dio cuenta de las contingencias que quiere reflejar su autor, la batuta logró dar plenamente el carácter solemne y oscuramente dramático del final, luego el público respondió con largos y cálidos aplausos.

Felix Mendelssohn. foto informandoyformando

Para cerrar el programa en la segunda parte se escuchó y tal vez por primera vez en nuestro país, la versión integral de la música que Felix Mendelssohn escribió para la celebérrima comedia de Shakespeare, Sueño de una noche verano, que consulta  actores, dos sopranos y coro femenino.

Pedro Pablo Prudencio dirigiendo Sueño de una noche de verano. foto Edison Araya

Recordemos que Mendelssohn era un adolescente cuando conoció la obra de Shakespeare, siendo tal su impresión que tan solo con 17 años escribió la Obertura, que sintetiza perfectamente el mundo mágico que se recrea en la obra, anticipando algunos de los temas que aparecerán después cuando el rey Federico Guillermo IV de Prusia le encargó componer la música incidental para Sueño de una noche de verano, que conserva todo el espíritu de la juvenil obertura, escrita casi 17 años antes.

Las sopranos Yaritza Véliz (izq.) y Tabita Martínez, sentado Héctor Noguera y sobre los pétalos Tita Iacobelli. foto Edison Araya

En la versión que escuchamos, sin duda que lo más logrado fue lo musical, Pedro Pablo Prudencio solo con algún olvidable leve desajuste, condujo con pulso firme las diversas secciones desde el logrado carácter contrastante de la Obertura, a la sutileza del Nocturno, el carácter casi impetuoso de la Marcha nupcial, tanto como en los melodramas que acompañan textos de actores, asimismo consideramos notable la participación de las sopranos Yaritza Véliz y Tabita Martínez y el Coro Femenino del Coro del Municipal de Santiago (Jorge Klastornick), que realzaron bellamente las dos partes en que participan.

Uno de los momentos más logrados en lo teatral, el final de la “tragi-comedia” de Píramo y Tisbe, Tita Iacobelli como Tisbe y Héctor Noguera, Píramo. foto Edison Araya

En relación a la semi teatralización de Fabiola Matte, quien también asesoró el guión, es donde encontramos algunas objeciones de forma; en ella actuaron Héctor Noguera y Tita Iacobelli, quienes asumieron algunos de los múltiples roles incluyendo algo de narración, pero como esta producción fue pensada para el Pequeño Municipal, creemos que la adaptación será de difícil comprensión para los niños, en primer lugar porque solo aparecen algunos de los muchos personajes y el salto entre las escenas no queda claro, solo el momento de teatro dentro del teatro con la Tragi-Comedia de Píramo y Tisbe existe sentido cerrado de escena, por otro lado la perfecta dicción de Héctor Noguera no encontró la correspondencia necesaria en Tita Iacobelli en particular por usar un remedo de voz infantil bastante irritante, que hizo que su dicción no siempre se entendiera.

El Coro Femenino del Municpal de Santiago. foto Edison Araya

La idea nos parece genial, pero creemos que habría sido mejor utilizar un narrador que enlazara algunos de los diálogos escogidos, para que los actores los interpretaran, no obstante estos factores no impidieron que el resultado final fuera altamente positivo considerando la seriedad de una propuesta que el público aplaudió entusiastamente.

Agradeciendo al final Tita Iacobelli, Jorge Klastornick, Héctor Noguera, Pedro Pablo Prudencio, Yaritza Véliz y Tabita Martínez. atras la Filarmónica de Santiago y el Coro. foto Edison Araya

Gilberto Ponce. (CCA)

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TERCERA SINFONÍA DE MAHLER EN EL CEAC.

LEONID GRIN DIRIGE LA TERCERA SINFONÍA DE MAHLER EN EL CEAC.

En el sexto concierto de la Temporada oficial de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, se escuchó una de las obras más monumentales de la historia de la música, nos referimos la Sinfonía Nº 3 en Re menor de Gustav Mahler, que Leonid Grin dirigió a una solista, la sección femenina de los Coros Sinfónico y Camerata Vocal de la Universidad de Chile y al Coro de Niñas del Colegio Almendral de La Pintana.

El compositor Gustav Mahler niño. foto diewelt

La vida de Mahler fue una verdadera odisea de carácter espiritual, pues a lo largo de ella el autor buscó intensamente en diversas fuentes un reposo trascendente, bien se sabe que desciende de una familia judía tradicional, no obstante se ve constantemente tensionado por el cristianismo, finalmente se bautizará como católico, pero sin abandonar ideas panteístas.

Sus obras reflejan este azaroso camino, dejando en claro la constante inquietud que en este ámbito vivió el compositor, tal vez esta sea la razón que le llevó a utilizar tanto la palabra en sus obras, recordemos que podemos encontrar textos orientales, cristianos y muchos de la tradición popular germánica, que se cruzan con algunos de Nietzsche o de Goethe.

Gustav Mahler. foto visionescriticas

Esta sinfonía es casi una síntesis de este vagar, y no es menor que haya llevado como subtítulo el de “La Gaya Ciencia” obra de Nietzsche y tome el Poema de la Medianoche de Así habló Zaratustra, para incorporarlo antes del movimiento donde utiliza un poema del ciclo  El cuerno mágico del Juventud, en un vuelco a lo cristiano.

Incluso los nombres de cada movimiento nos hablan de esa mirada panteísta y religiosa; 1.- “El dios Pan hace su entrada triunfal”, 2.- Lo que me dicen la flores de la pradera, 3.- Lo que me dicen los animales del bosque, 4.- Lo que me dice la Medianoche, sobre el poema de Nietzsche, 5.- Lo que me dicen la campanas de la mañana, sobre una poesía de carácter religioso, para finalizar con el sexto; Lo que me dice Dios o el Amor, como vemos una aventura expuesta con una enorme orquesta, una mezzosoprano solista y dos coros.

Leonid Grin dirigiendo la Sinfonía de Mahler. foto Patricio Melo

La versión de Leonid Grin tuvo una serie de valores en particular el carácter que imprimió a los diversos movimientos, donde plasmó en gran medida su trasfondo, sin embargo para el logro pleno de sus ideas tuvo en contra la deficiente acústica del Teatro del CEAC, que amplifica los errores instrumentales e impide conseguir balances entre familias, además como se trata de un escenario pequeño los coros se ubicaron de forma tal que no fue posible esa suerte de antifonía entre el coro adulto y el de niños, y aún más, según nuestro parecer al colocar a las niñas entre las sopranos y las contraltos, sus timbres se confundieron sin el necesario contraste en sus voces.

Sinfónica Nacional, Coro femenino de la Universidad de Chile, Coro de Niñas del Colegio Almendral de la Pintana, la mezzosoprano Nora Sourouzian dirigidos por Lenid Grin. foto Patricio Melo

Independiente de lo anterior es necesario consignar la estupenda preparación de ambos conjuntos, Juan Pablo Villarroel en el femenino y Marcela Serrano las niñas, que debieron tratar de suplir el timbre de los niños varones pedidos por Mahler.

Algo importante de destacar, es el enorme interés que provoca la programación de obras de Mahler, en esta oportunidad, al igual que en otras el teatro se encontraba atestado de un público ansioso de escuchar, particularmente esta sinfonía que ejecuta tan poco.

El extenso primer movimiento tuvo luces y sombras, con secciones de bello sonido y gran sentido del carácter, destacamos los unísonos de los cornos del inicio, poderosos y musicales, algún desliz de algunos en algún momento posterior no empañó el total, asimismo las partes del solista a lo largo de toda la obras, fueron notables.

La mezzosoprano Nora Sourouzian, en el cuarto movimiento. foto Patricio Melo

Si bien habría que destacar la excelencia algunos de los frecuentes solos instrumentales, lo más sensible fue el sonido crudo de algunas familias en algunos fragmentos, tanto como una afinación dudosa particularmente en chelos y contrabajos, agreguemos un balance instrumental donde maderas y bronces excesivos en sonido tapando muchas veces a las cuerdas, que en general tuvieron un gran rendimiento, los solos del concertino fueron hermosos y musicales.

Las partes más íntimas del segundo movimiento fueron un gran logro destacándose el oboe solista, además a nuestro parecer este movimiento fue uno de los más exitosos, en el tercero se destacó la musicalidad de la trompa de caza, que toca desde fuera del escenario, logrando un instante de magia.

Integrantes de los Coros participantes. foto Patricio Melo

Una de las partes más hermosas es el breve cuarto movimiento donde una mezzosoprano canta el texto de Nietzsche, que fue cantado por Nora Sourouzian, ella tiene una hermosa voz, muy afinada y estupenda presencia, pero su interpretación la encontramos un tanto inexpresiva sin lograr la trascendencia del texto, pero esto perfectamente puede una apreciación personal.

En el quinto además de la solista cantan los coros, su carácter fue logrado y la conjunción solista coros plenamente conseguida.

El apoteósico final. foto Patrcio Melo

El movimiento final, otro de los extensos, fue muy bien abordado por Grin desde la idea inicial que lentamente se desarrolla en expresividad para culminar en la gloriosa afirmación del sentido del Amor y Dios.

Una versión de la que se pueden objetar algunos elementos, pero que indudablemente refleja el sentido que Leonid Grin quiso darle de acuerdo a lo expuesto por Gustav Mahler.

Gilberto Ponce. (CCA)

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EL CRISTO DE ELQUI ESTRENO MUNDIAL.

ESTRENO DE “EL CRISTO DE ELQUI” DE MIGUEL FARÍAS.

Sin duda se trata de una buena noticia, en nuestro país se estrenó una nueva ópera de un compositor nacional, trabajo que para su autor tiene ya un precedente pues hace seis años, Miguel Farías estrenó “Renca, París y Liendres” obra que provocó polémica y que el Círculo de Críticos de Arte le entregó el Premio de ese año, en razón al aporte que significó para la música y arte de nuestro país.

Miguel Farías. foto visionescriticas

Ahora Farías trabajó junto al sociólogo Alberto Mayol, quien escribió el libreto sobre dos obras del renombrado escritor Hernán Rivera Letelier, se trata de “La reina Isabel cantaba rancheras” -sin duda su trabajo más importante-, y “El arte de la resurrección”, obras que aluden al norte de Chile, la primera sobre el prostíbulo que regentaba la Reina Isabel en la pampa nortina de las salitreras y la segunda sobre Domingo Zárate Vega quien recorriendo el norte se hacía llamar El Cristo de Elqui.

Hernán Rivera Letelier. foto duna

Este estreno mundial provoca sensaciones encontradas, algunas positivas y otras que nos merecen objeciones; comenzaremos analizando la composición cuyo lenguaje ecléctico no es rupturista, pero sí esencialmente atonal, encontrándose bastantes alusiones a Fernando García y al minimalismo de Philip Glass, sin olvidar la estupenda estilización de una ranchera, Farías incluye además recursos que acentúan timbres y algunas atmósferas, particularmente en la introducción del Prólogo donde utiliza unas mangueras para simular el viento de la pampa.

Alberto Mayol. foto cnnchile

Tratándose de su segunda incursión en el género lírico, extraña que el autor considere tan poco las tesituras de los cantantes, obligándolos a esfuerzos importantes para que su voz se escuche razonablemente pues en demasiadas ocasiones los abruma con una orquestación muy gruesa. Es así que cantantes notables como Patricio Sabaté o Evelyn Ramírez no logran mostrar plenamente sus virtudes, el personaje mejor tratado en lo vocal es Magalena a quien concede pasajes hermosos y de acuerdo a la tesitura de soprano.

Cardenal (Gonzalo Araya) y Obispos
Cardenal (Gonzalo Araya) y Obispos (Claudio Cerda y Eleomar Cuello) foto Marcela González

Consideramos que el uso casi permanente del ostinato tratado como pedal, termina agotando el recurso diluyendo su interés, asimismo estimamos que la obra no posee progresiones dinámico-expresivas que conduzcan a los necesarios clímax. En contrario, creemos que desde el punto de vista musical lo más atrayente es el inicio del tercer acto con el funeral de la Reina Isabel, que incluye al poeta y coro femenino.

Uno de los Trabajadores junto al Cristo de Elqui (Patricio Sabaté) foto Marcela González

El libreto de Alberto Mayol es de gran simpleza y a veces una tanto “soso” con reiteraciones que resultan cómicas, en nuestra opinión el Prólogo sí tiene un desarrollo conducente, en el resto solo en contadas ocasiones se adentra en las estructuras operáticas, pero asimismo creemos que lamentablemente algunos fragmentos más dramáticos se diluyen con la dirección de escena que divaga entre la comedia y el drama.

La puesta en escena del experimentado Jorge Lavelli, se aleja de lo popular folclórico, y no pretende para nada recrear la luminosidad de las salitreras, solo muestra una cierta cercanía en el funeral de la Reina Isabel, donde se proyectan cerros secos, pero los personajes se mueven sobre un mullido “pasto verde”, en el resto predomina la oscuridad en espacios amplios.

Sabemos que en la actualidad las puestas en escena intentan alejarse de lo real, para plantear los conflictos interiores que “actualizan” las obras, pero en este caso era un estreno donde todo ocurre en el luminoso sol de las salitreras, salvo en las escenas del prostíbulo y la estación de ferrocarril.

En el Prostíbulo el Cliente (Pedro Espinoza) y la Reina Isabel (Evelyn Ramírez) atrás las prostitutas, foto Marcela González

En el tratamiento del vestuario (Graciela Galán) resulta contradictorio que en todos los personajes este sea más bien realista, y el Cristo de Elqui aparezca con algo similar a soldados eslavos, cuando existen fotos reales del personaje, por ello nos preguntamos si se fue tan puntilloso en el vestuario del Cardenal y los Obispos, o con la Reina Isabel, Magalena y Ambulancia, no lo fue con el protagonista.

Bastante recargadas y fellinianas las prostitutas de Isabel, pero cercanas al propósito de lo vulgar; la coherencia total estuvo en el vestuario de los santiaguinos que reciben al profeta, quien llega en un tren con múltiples focos en un efecto confuso.

Reina Isabel (Evelyn Ramírez) y Cristo de Elqui (Patricio Sabaté) en el prostíbulo. foto Marcela González

No obstante en líneas generales Lavelli logra un espectáculo que acierta en el movimiento de los personajes en el escenario, y sus guiños humorísticos cercanos al cien mudo, hacen sonreír sobre todo en los estereotipos de los personajes de iglesia. Otro momento de interés es el baile del caño (adelantándose en el tiempo) realizado por una bella y excelente bailarina acróbata, como espectáculo del prostíbulo.

La iluminación (Roberto Traferri y Jorge Lavelli) para la escenografía de Ricardo Sánchez Cuerda, es cuidadosa, pero exagerando la oscuridad.

Cristo de Elqui (Patricio Sabaté) y Magalena (Yaritza Véliz) foto Marcela González

La Orquesta Filarmónica de Santiago fue dirigida por Pedro Pablo Prudencio, quien logró una sobresaliente respuesta de sus músicos, certero en contrastes, fraseos y articulaciones, logrando crear atmósferas particularmente en los interludios, Prudencio mantuvo absoluto control tanto en el foso como con cada uno de los cantantes en el escenario; merecidísima la ovación recibida al final por el director y sus músicos.

El Coro del Municipal de Santiago que dirige Jorge Klastornick realizando una vez más una excelente presentación en lo vocal y en actuación.

Son quince los personajes que requiera la obra y señalaremos la solvencia actoral de Patricio Sabaté como Cristo de Elqui, quien debió lidiar con una tesitura extremadamente alta, pero logrando otro éxito más en su carrera; tampoco pudo lucir todas sus virtudes vocales Evelyn Ramírez, quien perfiló a una entrañable Reina Isabel quien canta una sentida “ranchera”, diremos que ella no tiene responsabilidad alguna en su jocosa “resurrección”.

Funeral de la Reina Isabel, el Poeta Mesana (Francisco Melo) y prostitutas. foto Marcela González

Yaritza Véliz como Magalena sí pudo exponer su hermosa voz, en un rol muy bien escrito vocalmente, Paola Rodríguez como la prostituta Ambulancia asumió profesionalmente su rol; muy histriónico y certero estuvo Gonzalo Araya como el Cardenal y flemáticamente cómicos los Obispos de Claudio Cerda y Eleomar Cuello; respondieron muy bien a lo satírico de sus personajes de policías Rony Ancavil y Javier Weibel, este último conformó también al sólido trío de trabajadores junto a Francisco Huerta y Jaime Mondaca; no extrañó el buen desempeño de Pedro Espinoza como el cliente del prostíbulo, mientras que Francisco Melo derrochó toda su experiencia actoral como el Poeta Mesana.

Un estreno que fue en general bien recibido por el público, que brindó una ovación a Hernán Rivera Letelier, quien saludó efusivamente al compositor Miguel Farías, más no así al libretista Alberto Mayol.

Gilberto Ponce (CCA)

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NATALIE CLEIN Y SERGIO TIEMPO DE EXCELENCIA.

INAUGURACIÓN ESTELAR NATALIE CLEIN Y SERGIO TIEMPO.

Las ovaciones que se escucharon en la inauguración de la Temporada Internacional Fernando Rosas de la Fundación Beethoven, dieron cuenta del enorme impacto que causó la presentación de dos estrellas de la música; la extraordinaria chelista Natalie Clein y el pianista Sergio Tiempo, ocasión en que se los pudo escuchar a dúo y como solistas.

Natalie Clein. foto visionescriticas

Es absolutamente inoficioso intentar señalar categorías en calidad, pues ambos demostraron todo su talento y musicalidad tanto en dúos como individualmente, en un programa interesantísimo con obras de comienzos del siglo XX.

Si bien podemos calificar de romántico el contenido del concierto, también es preciso notar lenguajes diferentes en cada obra, lo que enriqueció aún más la presentación.

Claude Debussy. foto discogs

Se escuchó primero la Sonata para violonchelo y piano en Re menor de Claude Debussy, obra que no es posible asimilar plenamente al impresionismo, por sus arrebatos románticos, cercanos a Chopin, y sus avances hacia un lenguaje más moderno, convirtiéndola en una obra de gran atractivo.

La estructura le otorga mayor protagonismo al chelo, lo que permitió que Natalie Clein desarrollara expresivos cantábile, logrados a través de su gran y hermoso sonido, contando con el ajustado acompañamiento de Sergio Tiempo. Su segundo movimiento Serenade plantea un precioso contraste entre el pizzicato del chelo con staccato del piano, tocado sensible y encantadoramente por ambos intérpretes. Lleno de contrastes y a ratos apasionado es el tercero en el que ambos derrocharon expresividad y virtuosismo.

Sergio Tiempo. foto clarin

Natalie Clein introdujo luego la monumental Sonata para violonchelo solo, Op. 8 de Zoltán Kodály, aludiendo al hecho que tal vez sea esta el mayor desafío que pueda enfrentar un solista, algo que no cabe duda, pues se trata de un verdadero compendio de dificultades para el instrumento, en la que tal vez no queden más recursos y exigencias para su intérprete. Obra que inspirándose mucho en material de carácter folclórico y popular de Hungría, navega en un lenguaje ecléctico que no elude lo moderno, construyendo una obra muy atractiva tanto como exigente de escuchar para el público.

Zoltán Kodály. foto asociacionkodaly

Abrumadoramente perfecta fue la interpretación de Clein, como no recordar el exquisito manejo de contrastes dinámicos y de carácter, o el como frasea o articula, mientras con la mayor naturalidad entrega armónicos, dobles cuerdas, o esa mezcla de staccato con pequeñas melodías del segundo movimiento, para culminar en la expresividad y vertiginosidad del tercero, dando cuenta de todo su virtuosismo, lógicamente fueron incansables los aplausos.

Sergio Tiempo. foto visionescriticas

Vinieron luego las Cuatro partes de Romeo y Julieta de Sergei Prokofiev, las que permitieron ahora apreciar toda la potencialidad de Sergio Tiempo, un detalle que nos pareció del mayor interés fue la manera de tocar del pianista, a ratos con enorme fuerza (martellato) acentuando el estilo del lenguaje de Prokofiev, como lo fue en la Danza de los Caballeros (Montescos y Capuletos) y la Danza final (Mercutio) que se contrastó con el lirismo de las secciones dedicada a Julieta y la de las muchachas de las flores de lys.

Tiempo contrastó con musicalidad y carácter cada una de ellas, permitiéndose mostrar toda su perfecta digitación y virtuosismo.

Sergei Rachmaninov. foto youtube

Finalizaron con la Sonata para violonchelo y piano en Sol menor Op.19 de Sergei Rachmaninov, verdadero triunfo del romanticismo que permitió a los intérpretes alcanzar cimas de expresividad en la más completa comunión musical.

En ella es evidente que su autor fue un gran pianista, es así que el instrumento tiene gran preeminencia en la obra, no obstante están siempre presentes diálogos de carácter apasionado y muy expresivos.

Natalie Clein. foto theguardian

 

La obra a ratos recuerda las rapsodias juega con todo tipo de contrastes siendo de enorme exigencia algo que a Natalie Clein y Sergio Tiempo no les quita el sueño, son músicos de excelencia.

Las gigantescas ovaciones les llevaron a ofrecer un íntimo y hermoso Ernst Bloch, cerrando una magnífica velada de apertura.

Gilberto Ponce. (CCA)

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OBRAS DE BACH POR ORQUESTA Y CORO DE STUTTGART.

ACADEMIA BACH DE STUTTGART EN CORPARTES.

El cuarto concierto de la Temporada Internacional de Conciertos que organiza CorpArtes, tuvo como protagonista a la aclamada Academia Bach de Stuttgart, que está conformada por una orquesta y un coro, los que junto a cuatro solistas, actuaron bajo la dirección de Hans-Christoph Rademann, en un programa que consultó solo dos obras de Johann Sebastian Bach, la Cantata Nº 21 y el Magnificat en Re mayor.

La Akademia Bach de Stuttgart durante su presentación en CorpArtes. foto latercera

Sin duda será muy difícil olvidar el sonido de la orquesta y el coro, de una belleza, pureza de sonido y musicalidad excepcionales, en la orquesta que toca con instrumentos de época es preciso destacar el soberbio desempeño de la oboísta solista, tanto como las dos flautas traveseras, sin que desmerezca el resto, pues todos muestran una disposición hacia la música que se traduce en goce de escuchar.

Algo similar ocurre con el coro que a sus hermosas y timbradas voces agregan, precisión y extrema musicalidad, no obstante señalaremos la belleza de las voces de sopranos y tenores.

La dirección de Rademann nos parece un tanto manierista en la búsqueda de fraseos, intencionalidades y articulaciones, los que sin duda resultan perfectos, pero eso redunda en que en demasiadas oportunidades consigue una expresividad contenida y a veces plana; lo anterior es independiente al hecho que su gesticulación nos pareció excesiva, lo que provocó algún pequeño desajuste en más de algún compás, particularmente en la Cantata. Pero por favor no se entienda que estos reparos afectaron un resultado ampliamente valorado por los presentes.

En el caso de los solistas pensamos que ellos deben ser miembros del coro, debido a que su desempeño no destaca particularmente, no obstante creemos que la contralto Sophie Harmsen sobresale no solo por su hermosa voz, también lo es por extrema musicalidad y expresividad y sin mostrar problema alguno de tesitura.

Monumento a Johann Sebastian Bach en el patio de la Iglesia de Santo Tomás en Leipzig. foto languages

 

En relación a lo anterior, bien se sabe que Bach es de una exigencia enorme para las voces, no solo en solistas, también lo es para los coros, y es este el punto que provocó los mayores problemas para el resto de los solistas, esto en la extensión hacia las notas graves.

La soprano Miriam Feuersinger, tiene hermosa voz, pero su manejo dinámico y expresivo es irregular, con algunos momentos muy solventes en las arias, pero no destaca mayormente en los dúos.

Sin duda, el solista de más bajo desempeño es el tenor Patrick Grahl de timbre poco grato, irregular emisión, casi inaudible en el registro bajo, agregando pasmosa inexpresividad, incluso su actitud física es reflejo de estas características.

El bajo, más bien barítono Tobias Berndt, tiene un bello timbre y denota gran musicalidad, pero su volumen es escaso y presenta las dificultades en la tesitura baja.

Los momentos más destacados de las versiones los encontramos en el noble sonido instrumental de la Sinfonía de la Cantata, el primer coro de la misma por la claridad temática de las voces en la acentuación del texto, en un balance vocal perfecto.

La primera aria de soprano acompañada de un excepcional oboe, que sin duda contribuyó a que este fuera el momento más alto de la soprano.

El brillo del primer coro del Magnificat y la precisión de las coloraturas, el aria Et exsultavit spiritus meus de la contralto. El aria de la soprano Quia respexit por el musical diálogo entre la solista el oboe y el chelo. Brillante encontramos el coro Omnes generaciones tanto como el coro Fecit potentiam.

La Akademia Bach interpretando el Magnificat, de izquierda a derecha el tenor Patrick Grahl, la contralto Sophie Harmsen, la soprano Miriam Feuersinger y el barítono Tobias Berndt. foto clarin

El aria de contralto Esurientes por la expresividad del canto y el genial acompañamiento del dúo de flautas, junto a los dos coros finales.

Le fervorosos aplausos lograron que los invitados respondieran con dos encore; una bellísima versión del Coral de la Cantata 147 y una conmovedora versión del Dona nobis pacem de la Misa en Si menor.

Así Finalizó un concierto que será recordado por la belleza y musicalidad de la voces del coro tanto como el extraordinario sonido de la orquesta.

Gilberto Ponce (CCA)

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GRAN TRIUNFO DE ROMEO Y JULIETA EN EL MUNICIPAL.

ENCUENTRO DE MAESTROS, ROMEO Y JULIETA.

Cuando se produce un encuentro de obras maestras, solo cabe rendirse ante un resultado de excepción, y eso es precisamente lo que ocurre con el ballet Romeo y Julieta en el que coinciden dos de estas obras maestras, por un lado la formidable música de Sergei Prokofiev junto a la soberbia coreografía John Cranko para la inmortal historia de Shakespeare.

No obstante, esos factores no aseguran que el éxito corone ese encuentro, para ello es preciso contar con una Compañía muy solvente que complemente el trabajo de sólidos bailarines solistas.

Por ello es que creemos que una vez más, el Ballet de Santiago obtuvo un resonante suceso con su versión de Romeo y Julieta que en esta oportunidad fue remontado por Jane Bourne, debido a que tanto solistas como compañía mostraron el nivel que los ha posicionado entre lo mejor de América.

La escena de Baile donde Julieta conocerá a quien sus padres decidieron como su esposo. A la izquierda Paris (Cristopher Montenegro, Lady Capuleto (Marcela Goicoechea) y Lord Capuleto e invitados. foto municipal

Bien se sabe que la música de Prokofiev con su poderosa orquestación y todo su modernismo armónico, recrea a la perfección tanto los sentimientos de los personajes como las acciones de los múltiples personajes de la historia, pero cuidado no es solo marcar tempos al dirigirla, hay que ponderar balances instrumentales, manejar contrastes dinámicos y expresivos en una progresión que jamás detiene su tensión, y es en este aspecto donde se produjo el otro elemento del éxito conseguido, pues Konstantin Chudovsky condujo a una espléndida Filarmónica de Santiago en todos los vericuetos sensibles y expresivos de la partitura, fundiendo su sonido con lo que ocurría en el escenario, por ello no fue extraño que el público aplaudiera fervorosamente su desempeño al final de la función, debiendo Chudovsky levantar a sus músicos en el foso varias veces, para recibir el reconocimiento.

Reyerta en la Plaza del Mercado donde Teobaldo matará a Mercucio. foto municipal

La escenografía y vestuario de Elizabeth Dalton mantienen toda su belleza y fuerza, mostrando una vigencia propia de los grandes trabajos, Ricardo Castro realizó un gran trabajo de iluminación que destacó estupendamente los contrastes en el vestuario, solo creemos que la escena del Carnaval pudo más iluminada.

Romeo (Emmanuel Vásquez) y Julieta (Natalia Berríos) en un momento de la escena del Balcón. foto municipal

Romeo y Julieta, requiere de una gran cantidad bailarines que deben incluso en algunos de los breves roles mostrar todas su condiciones técnicas y de carácter, es así que destacaremos el desempeño de Lucas Alarcón en su rol de Mercucio, donde brilló en su desenfado burlón ante los Capuletos, su escena de la muerte fue notablemente expresiva y sensible; el carácter fuerte y arrogante de Teobaldo encontró en Miroslav Pejic el bailarín más adecuando; Marcela Goicoechea mantiene intacto su carisma y presencia escénica, por eso es que llena los espacios en el significativo papel de Lady Capuleto, emocionando con su desgarro ante la muerte de Teobaldo.

Teobaldo (Miroslav Pejic) hiere de muerte a Mercucio (Lucas Alarcón) foto municipal

Con gran presencia y prestancia escénica se desempeñó Cristopher Montenegro como Paris; de gran simpatía fue Francisca Moya como la Nodriza, mientras que Cyril de Marval fue un juvenil Fray Lorenzo, brillantes, sensuales y magníficas en la danza fueron; María Dolores Salazar como Rosalina y Katherine Rodríguez, María Lovero y Montserrat López como las tres gitanas, encontramos genial el desempeño de Gustavo Echevarría como el Rey del Carnaval y el sólido grupo que le acompaña.

Escena en la Plza del Mercado. foto municipal

Del resto de la compañía solo podemos alabar sin reservas su desempeño, de gran técnica, certeros en los movimientos colectivos, naturalmente expresivos, creemos que sus escenas de la Plaza del Mercado, el Gran Salón del Baile, fueron el complemento perfecto al sólido grupo de solistas.

Otro momento de la escena del Balcón Julieta (Natalia Berríos) y Romeo Emmanuel Vásquez). foto municipal

Cerramos este comentario con la sólida pareja principal Natalia Berríos como Julieta y Emmanuel Vásquez debutando como Romeo; la danza de Cranko además de sintetizar lo clásico y lo contemporáneo, establece una sólida alianza con lo teatral (danza-teatro) por eso es que a los protagonistas secundarios y en particular a los principales se les exige una expresividad que va más allá de lo usual, deben transmitir naturalmente la sucesión de emociones y sentimientos expuestos en la coreografía, deben transformarse en sus personajes, e idealmente conmover a los espectadores, es precisamente lo ocurrido con este elenco y en particular con Natalia Berríos y Emmanuel Vásquez, ella haciendo el mejor uso de su madurez como bailarina creó una entrañable Julieta, con todas las características adolescentes del personaje, como olvidar su alegría ante su primera gran fiesta donde conocerá a Paris a quien sus padres han elegido como esposo, luego su confusión al conocer a Romeo en esa misma fiesta, más tarde su espontánea negativa al matrimonio, o sus dudas antes de beber la pócima para aparentar estar muerta, y dejamos al final sus dos escenas cumbres, la del balcón y la escena final cuando muere junto a Romeo producto de la infeliz confusión, en ellas Natalia puso al servicio de una conmovedora emocionalidad, toda su estupenda técnica.

Escena del Balcón. foto municipal

Por su parte el Romeo creado por Emmanuel Vásquez, es el adolescente nato, loco de amor por Julieta, como tan idealista al creer que puede torcer el odio entre Montescos y Capuletos, el bailarín se encuentra dando significativos pasos para convertirse en un gran solista, certero en las escenas de conjunto, particularmente en la reyerta donde mata a Teobaldo, luego da cuenta de una enorme expresiva sensibilidad en la escena del balcón, que lo mostró como gran partenaire y finalmente conmoviendo en la escena final donde ambos mueren. La seriedad con la que Emmanuel Vásquez enfrenta sus desafíos sin duda le llevarán a consagrarse pronto.

La muerte de los amantes. foto municipal

La calidad de la función hizo que el público la ovacionara sin cansarse, agradeciendo el profesionalismo de todos los participantes en ella, un verdadero lujo como dijo una pareja de extranjeros a la salida del Municipal de Santiago.

Gilberto Ponce. (CCA)

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