WEBERN, BERNSTEIN Y BEETHOVEN EN LA FILARMÓNICA.

SOBRESALIENTE CUARTO CONCIERTO FILARMÓNICO.

Bajo la dirección de Juan Pablo Izquierdo la Orquesta Filarmónica de Santiago presentó en su cuarta jornada un notable programa, confirmando ampliamente el altísimo nivel en que se encuentra el conjunto.

En este logro, sin duda alguna jugó un rol clave Juan Pablo Izquierdo, quien como en casa dirigió al conjunto que respondió con el mismo grado de compromiso obras de muy dispares lenguajes, las que no obstante tienen en común una sutil línea de espiritualidad.

Anton Webern. foto visionescriticas

La Passacaglia Op. 1 de Anton Webern, que no es la primera de las obras que compuso, todavía mantiene un fuerte lenguaje más bien pos romántico-expresionista que no presagia la atonalidad que manifestará posteriormente. Escrita para una gran orquesta requiere de un director que pueda desentrañar toda la riqueza temática en sus breves exposiciones, sacándolas a luz en medio del entramado polifónico orquestal.

La Orquesta Filarmónica de Santiago dirigida por Juan Pablo Izquierdo interpretan la Passacaglia de Webern. foto Josefina Pérez

Izquierdo transmitió su empoderamiento a sus músicos que respondieron con total atención y musicalidad a todos su requerimientos, esto es cuanto a balance instrumental, fraseos, articulaciones y contrastes dinámico- expresivos, asimismo se destacaron los elementos de carácter popular que tiene la obra que aluden a la música del cabaret alemán previo a la primera guerra mundial, rompiendo aquellas secciones de gran tensión.

Creemos que si saliera una grabación de la versión, esta se convertiría en un referente de interpretación, la respuesta del público fue particularmente entusiasta reconociendo el gran trabajo de los intérpretes.

El Compositor y Director Leonard Bernstein. foto britannica

Continuó el programa con Tres Meditaciones de la Misa de Leonard Bernstein, obra que en su original no es fácil de clasificar por lo ecléctico de su lenguaje, que va desde el Gregoriano hasta el Jazz y el Rock; estas meditaciones corresponden a Interludios de la obra, en arreglos del propio Bernstein primero para chelo y piano y posteriormente para chelo y orquesta, la estupenda solista de la Filarmónica Katharina Paslawski fue la intérprete.

Katharina Paslawski interpretando la obra de Bernstein. foto Josefina Pérez

Paslawski es dueña de un poderoso y bello sonido acompañado de su gran musicalidad, a ello agregaremos la perfección técnica mostrada a lo largo de las complejas secciones de la obra, por mencionar algunas sus dobles cuerdas, armónicos y pizzicato en una amplia gama dinámica, Izquierdo fue un acompañante perfecto complementando plenamente los diálogos entre la solista y la orquesta que plantean variados desafíos dinámicos y expresivos que deben observar total coherencia. Sin menoscabar otras secciones destacaremos, el pizzicato de la solista con el pianissimo de las cuerdas y el canto dramático y bello del chelo con el ostinato de las percusiones. El público cautivado por la versión ovacionó largamente a los intérpretes.

El cúmulo de bondades del concierto tuvo su culminación con la interpretación de la Sinfonía Nº 3 en Mi bemol mayor, llamada Heroica de Ludwig van Beethoven, obra considerada la primera escrita en estilo romántico, en todo caso lo cierto es que su autor abrió nuevos rumbos no solo por su extensión, también por los avances en cuanto a la forma, como la inserción de una Marcha fúnebre y considerar en ella un programa, reflejando en cierto modo la vida del héroe que quiere representar; Beethoven se refiere a Napoleón a quien admiraba por representar el fin del antiguo régimen, admiración que después se convertiría en repudio cuando este se autoproclamó emperador.

Busto de Ludwig van Beethoven. fofo wikipedia

La versión de la Filarmónica, puede considerarse de lo mejor que hemos escuchado, con un inspirado Izquierdo fue capaz de descubrir nuevos elementos que enriquecieron aún más la magnífica partitura.

El primer movimiento fue abordado con una contención casi apolínea que acentuó su carácter, logrado con fraseos y acentuaciones que resaltaron los contrastes dinámicos; otro factor de gran importancia fue el manejo de su progresión expresiva, que sutilmente se desarrolló a lo largo de todo el movimiento culminando en los acordes finales.

El público quedó arrebatado y casi en vilo para escuchar el segundo movimiento Marcha fúnebre, que fue abordado en tempo estricto pero muy expresivo, se dice que pretende reflejar la Humanidad que contempla la despedida del héroe. Aquí se enfatizaron conmovedores diálogos entre familias, en un perfecto balance sonoro, esta congoja instrumental se transmitió al público que se sumó al sentimiento que fluía desde el escenario, el clímax que antecede al final fue tan conmovedor como el desolado final del movimiento.

Juan Pablo Izquierdo dirigiendo la Sinfonía de Beethoven. foto Josefina Pérez

El tercero se inició con un sugestivo a la vez que expresivo pianissimo, que lentamente construye los elementos para el forte que sigue, sucediéndose contrastes de absoluta perfección; la emblemática sección de los cornos fue un lujo por su hermoso sonido, manejo dinámico ejemplar y absoluta musicalidad.

El movimiento final sintetizó las bondades de la versión, apareciendo ahora en varias secciones filigranas sonoras, en medio de un despliegue de exquisita musicalidad, por ello no fue extraño que al final el público estallara en ovaciones, gritos y pataditas celebrando la soberbia versión de Juan Pablo Izquierdo y la Filarmónica de Santiago.

Gilberto Ponce. (CCA)

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DON GIOVANNI ESTELAR 2018

VERSIÓN ESTELAR DE DON GIOVANNI.

Subió ahora al escenario del Municipal de Santiago, la versión del Elenco Estelar para la ópera Don Giovanni de Wolfgang Amadeus Mozart que cuenta con el genial texto de Lorenzo da Ponte.

Al ver por segunda vez la puesta en escena de Pierre Constant, que se apoya en la pesada escenografía de Roberto Platé, solo se logra disimular esa pesadez gracias al inteligente uso de las numerosas puertas, que a veces están completa o semiabiertas, incluso en ocasiones cerrándolas sonoramente siguiendo el ritmo de la música, también los sutiles cambios de iluminación como un vestuario pertinente y hermoso, del que solo disentimos en el utilizado por Doña Elvira en la escena final, cuyo pañuelo en la cabeza afea a nuestro juicio al personaje.

Leporello (Sergio Gallardo) es golpeado por Don Giovanni (Daniel Miroslaw) en una de sus tantas burlas. foto Marcela González G.

Ya señalamos que la régie que enfoca la ópera más hacia lo giocoso que a lo dramático, es otro factor que mantiene una constante tensión dramática, no obstante insistimos que el exceso de minimalismo escenográfico excluyó elementos importantes del drama; la tumba y estatua del Comendador en la escena del cementerio donde Don Giovanni en forma desfachatada le invita a cenar a su casa, la mesa de la cena donde se producirá el encuentro de Don Giovanni con el asesinado Comendador, que viene para castigar al “disoluto” llevándolo al infierno, asimismo el que este se escuche y no se vea, como señalando que se trata de la imaginación de Don Giovanni, le resta fuerza al clímax, perdiendo peso la moraleja final, si bien el burlador termina colgando en un infierno imaginario, reconocemos el impacto visual que produce.

Leporello (Sergio Gallardo) disfrazado de Don Giovanni, seduce a Doña Elvira (Pamela Flores) foto marcel González G.

La dirección orquestal correspondió a Pedro Pablo Prudencio, quien consiguió estupendos resultados de la Orquesta Filarmónica de Santiago sin replicar el enfoque de Cremonesi, pues algunos de sus tempo son un poco más lentos, resultando más cómodos para los cantantes, destacamos que en la obertura resalta vigorosamente las escalas ascendentes y descendentes que aparecerán en la escena final con ese maravilloso trío de voces graves (Comendador, Giovanni y Leporello) con el agregado de las voces masculinas del coro.

El Coro del Municipal de Santiago, volvió a encantar con su presencia escénica y calidad vocal.

Doña Anna (Oksana Sekerina) es consolada por Don Octavio (Santiago Burgi) foto Marcela González G.

Un elenco bastante parejo que incluyó tanto cantantes extranjeros como chilenos dio vida a este Don Giovanni cuya puesta en escena provocó opiniones encontradas, pero en general positivas

El barítono polaco Daniel Miroslaw fue Don Giovanni, el posee una figura que se aviene muy bien al personaje, enfatizando el aspecto del libertino e irresponsable al que solo le interesa seducir y gozar de la vida, su timbre es hermoso aunque su voz tiene poco volumen, sus grandes escenas fueron en la fiesta donde es castigado por los cortesanos y en el enfrentamiento imaginario con el Comendador.

Don Giovanni (Daniel Miroslaw) en una fiesta en su palacio, mientras llegan las “Máscaras” (Anna, Elvira y Octavio) foto Marcel González

El barítono chileno Sergio Gallardo fue un histriónico Leporello, tanto en lo corporal como en lo facial, sus grandes escenas fueron en la aria del Catálogo o cuando finge ser Don Giovanni, también la escena del cementerio y en la cena final.

La soprano rusa Oksana Sekerina fue una convincente Doña Anna, ella tiene una gran presencia escénica además de una muy bella voz muy adecuada para el rol, y en su interpretación se aprecia su gran musicalidad que aplica en los contrastes dinámicos, sus arias fueron conmovedoras.

Zerlina (Yaritza Véliz) coquetea con Masetto Eleomar Cuello) foto Marcela González

El tenor argentino Santiago Burgi fue un débil Don Octavio, su voz para este rol es muy pequeña y si bien tiene presencia escénica este factor no compensa la parte vocal.

La soprano chilena Pamela Flores como Doña Elvira se mostró en plena madurez vocal y actoral, mostrando a una Elvira que ha enloquecido de amor por Don Giovanni, no importándole humillarse, vocalmente acertó en las implicancias sicológicas del rol, y como actriz fue totalmente convincente.

Doña Elvira (Pamela Flores) ruega por el amor de Don Giovanni (Daniel Miroslaw) foto Marcela González

El bajo estadounidense Soloman Howard que ya había maravillado en la versión Internacional, en esta ocasión ratificó todas sus bondades vocales, que nos hacen desear escucharlo en otros roles.

Don Giovanni (Daniel Miroslaw) es llevado al infierno mientras Leporello (Sergio Gallerdo) trata de rescatarlo. foto Marcela González G.

Yaritza Véliz soprano chilena fue la encargada de representar a Zerlina, sin duda posee una muy hermosa voz y es musical, pero en esta ocasión su actuación la encontramos forzada, muy poco natural, como le hemos visto en otras producciones, pensamos que tal vez este papel no le es afín.

El barítono cubano Eleomar Cuello fue un Masetto sin demasiado perfil, vocalmente discreto al igual que actuación.

Moraleja final, Zerlina, Don Octavio, Doña Anna, Doña Elvira, Leporello y Masetto, señalan al público que ese será su final si actúan como Don Giovanni que cuelga detrás de ellos. foto Marcela González Guillén

La fuerza y belleza de la ópera, así como la honesta entrega de todo el elenco lograron que el público los ovacionara largamente.

Gilberto Ponce. (CCA)

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APERTURA DE TEMPORADA LÍRICA 2018 (INTERNACIONAL)

DON GIOVANNI ABRE TEMPORADA 2018. (VERSIÓN INTERNACIONAL)

Son muchos los aspectos que hacen del estreno de Don Giovanni de Wolfgang Amadeus Mozart, un éxito importante inaugurando la temporada lírica.

Acción durante Obertura, el Comendador y cófrades sevillanos de Semana Santa, mientras Don Giovanni y Leporello observan. foto Marcela Gonzalez Guillén

En la misma y pesada escenografía (Roberto Platé) que vimos para Las Bodas de Fígaro del año pasado, sube a escena esta puesta, que logra en buena medida alivianar la pesadez con recursos bastante simples, como son el jugar abriendo o cerrando las numerosas puertas del original, agregando una sugerente puerta negra al fondo del escenario, pero más importante consideramos el uso de la iluminación (Christophe Naillet según diseño de J. Rouveyrollis) que logra recrear los diversos ambientes que se requieren, a ello se suma el inteligente y contrastante vestuario (Emmanuel Peduzzi).

Doña Anna (Michelle Bradley) y El Comendador (Soloman Howard) foto Marcela González Guillén

Pero sin duda alguna es la dirección de escena (régie) de Pierre Constant la que incide mayormente en el éxito, con idea más cercana a lo giocoso en la actuación de los personajes, deja el dramma para las arias de Doña Anna ya que en las de Doña Elvira su espíritu es más irónico-burlesco.

Don Giovanni (Levent Bakirci) comprueba la muerte de El Comendador (Solomon Howard) foto Marcela González Guillén

Constant logra un continuo a ratos vertiginoso en el desplazamiento de los personajes, utilizando exhaustivamente todo el escenario, con el desplazamiento de diversos elementos por parte del coro o figurantes, con aciertos notables como la metáfora de las cuerdas con que Giovanni enreda a Zerlina, las mismas que después lo atarán cuando es castigado por los cortesanos al final del primer acto, no obstante creemos que el minimalismo que resuelve bien gran parte de la acción, deja con sensación de ausencia en el caso de la estatua de El Comendador o en la mesa del banquete donde el mismo personaje llegará invitado por Don Giovanni para castigarlo llevándolo al infierno, claro que el recurso final donde el burlador es colgado como castigo es a todas luces muy impactante. En todo caso estos cambios no se apartan del espíritu de la obra y no la desnaturalizan.

Don Octavio (Joel Prieto) y Doña Anna (Michelle Bradley) comprueban la muerte de El Comendaor padre de esta. foto M. G. G.

Attilio Cremonesi condujo a la Orquesta Filarmónica de Santiago, logrando como es su costumbre un sonido hermoso y transparente, con bellos contrastes dinámicos, pianissimo entrañables, que resultaron notables al ubicar el foso de la orquesta un poco más elevado que lo acostumbrado, permitiendo que la orquesta se apreciara mejor aún.

Magnífico como ya es costumbre estuvo el Coro del Municipal de Santiago (Jorge Klastornick) tanto en lo vocal, como en lo que ya son expertos, la actuación.

Doña Elvira (Paulina González) escucha abrumada la lectura del Catálogo de las conquistas de Don Giovanni, que le hace Leporello (Edwin Crossley-Mercer) foto M. G. G.

Don Giovanni fue asumido con todo el desborde erótico y desfachatado por Levent Bakirci, con una voz de hermoso timbre y un físico que le acompaña dio estupendamente el perfil del personaje.

Don Giovanni (Levent Bakirci) conquista a Zerlina (Marcela González) foto M. G. G.

Muy simpático, con movimientos de casi un mimo, con bella voz y convincente actuación fue el Leporello de Edwin Crossley-Mercer, destacaremos el aria del Catálogo y las escenas finales.

La soprano Michelle Bradley como Doña Anna crea perfectamente el personaje que se debate entre el deseo de vengar a su padre muerto por Don Giovanni, como -en lo insinuado por la régie– su enamoramiento del mismo burlador, debatiéndose en su deber ser, como novia de Don Octavio, Bradley posee un bella y muy expresiva voz, pero algunos momentos se desborda alejándose del estilo.

Doña Anna (Michelle Bradley) y Don Octavio (Joel Prieto) en el entierro de El Comendador. foto Marcela González G.

El tenor Joel Prieto que fue Don Octavio tiene un timbre bastante hermoso aunque pequeño, que fluye muy bien, su línea de canto se desdibujó en el segundo acto en el que sus agudos fueron bastante débiles, de su actuación diremos que solo es discreta.

Don Giovanni (Levent Bakirci) y Leporello (Edwin Crossley-Mercer) en el “banquete” esperando la llegada de El Comendador. foto M. G G.

La soprano Paulina González cantó como Doña Elvira, con espléndido resultado tanto en lo vocal, donde es impecable en graves y agudos así como en manejo dinámico, en actuación plasmó muy bien a la obsesiva mujer que una vez seducida por Giovanni, queda irremediablemente enamorada de él.

El breve pero fundamental rol de El Comendador (padre de Doña Anna) fue cantado por Soloman Howard, a su notable presencia escénica agrega una hermosa y poderosa voz.

Don Giovanni cuelga castigado por El Comendador. foto Marcel González Guillén

Marcela González fue una encantadora Zerlina, con gran desplante escénico, vocalmente impecable, con los que conquistó a los presentes, su novio enamorado Masetto lo encarnó Matías Moncada en un muy buen momento vocal y convincente en los actoral.

El Comendador (Soloman Howard) saluda al final, atrás a la iz. dos figurantes y Zerlina (Marcela Gonzñalez) a la der. Masetto (Matías Mocada) el acróbata que hace Don Giovanni colgado y dos figurantes. foto Marcela González Guillén

El público aplaudió ruidosamente una función de alto nivel que abrió la Temporada de Ópera 2018 en el Municipal de Santiago.

Gilberto Ponce. (CCA)

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LA EXCELENCIA DE LA CAMERATA DE SALZBURGO.

CAMERATA DE SALZBURGO ESTELAR.

La Temporada Internacional de CORPARTES, presentó uno de esos conciertos que no dudamos de catalogar de estelar, con un conjunto y un programa que satisfizo las más exigentes expectativas.

Entre otras razones tenemos que la Camerata de Salzburgo mostró a lo largo de toda su presentación, una exquisita musicalidad, y una sonoridad entrañable en su belleza, características que serán recordadas por largo tiempo.

La Camerata de Salzburgo agradeciendo al final de concierto. foto cineyliteratura

El conjunto dirigido desde el atril por el concertino Gregory Ahss abordó con la más completa solvencia un repertorio cuya base fue Wolfgang Amadeus Mozart, llegando al romanticismo de Borodin y al neoclasicismo de Stravinsky en versiones notables.

Alexander Borodin. foto biografiasyvidas

Un arreglo de Shane Woodborne para el Nocturno del Cuarteto en Re menor de Alexander Borodin abrió la presentación, obra en la que fue posible apreciar al afiatamiento y hermoso sonido de las cuerdas, a través de los diálogos cantábile de chelos, violas, violines y contrabajo en sus partes importantes, con un balance que destacó lo esencial de la obra, mientras que la expresividad se acentuó con sus precisos contrastes y fraseos.

Posteriormente Wolfgang Klinser, quien es integrante de la Camerata, interpretó el bellísimo Concierto para clarinete y orquesta en La mayor, K 622, obra que en algunas secciones anticipa sin duda el próximo romanticismo. Klisner posee un hermoso y robusto sonido, impecable musicalidad con fraseos y articulaciones con los que dialoga coherentemente con el resto de la orquesta.

Wolfgang Klinser interpretando el concierto de Mozart. foto corpartes

El melancólico Adagio, uno de los más famosos de Mozart, fue vertido con una expresividad natural que a veces emociona, en el la sección pianissimo fue enorme belleza.

El Rondó final mostró todo el virtuosismo del solista quien junto a la orquesta comunicaron todo un jubiloso optimismo de Mozart, a pesar que durante su composición el autor se encontraba en uno de sus momentos más dramáticos, poco antes de su prematura muerte; la brillante versión hizo estallar de fervor al público, consiguiendo como encore un exquisito arreglo de una parte de los Pinos de Roma de Respighi.

Luego ofrecieron una estupenda versión de la Suite Pulcinella de Igor Stravinsky, obra en la que el compositor volvió su mirada a la antigüedad barroca a partir de algunas melodías de Pergolesi, construyendo originalmente un ballet pantomima inspirado en la Comedia del Arte, género de gran éxito en el Renacimiento.

Igor Stravinsky. foto beethovenfm

Stravinsky otorgó nueva vitalidad a esta música incorporado su propio lenguaje, pero conservando el espíritu propio de la famosa Comedia del Arte, por ello la partitura es un desafío para cualquier orquesta, más si esta toca sin director.

Cada una de las partes de esta suite posee todas las características propias del compositor, esto es cambios súbitos de ritmo, secciones ostinato, y grandes exigencias instrumentales, qué decir de las planteadas para los bronces, todo en una orquestación que manteniendo el espíritu barroco acude recurrentemente a armonías modernas.

Para resolver la multiplicidad de escollos, el concertino Gregory Ahss se levantó en varias ocasiones para señalar los cambios de tempo y carácter, logrando siempre un preciso y perfecto balance sonoro, con impecables fraseos y diálogos, cuidadosos contrastes dinámicos y articulaciones, en una versión de una vitalidad arrebatadora, por ello enormes ovaciones premiaron la estupenda interpretación.

Wolfgang Amadeus Mozart. foto visionescriticas

Finalizaron soberbiamente con su interpretación de la Sinfonía “Haffner”, la número 35. K 385, que desde el formidable inicio presagió la suma de bondades de la versión, en la que cada familia brilló al máximo, introduciendo ahora trompetas de la época.

El Andante fue finamente alado en un tempo más ágil que lo tradicional, agregando mayor atractivo a esta parte, debemos señalar la belleza sonora de cuerdas y maderas.

El Menuetto fue abordado con enorme gracia, mientras que trío de esta parte trasuntó elegancia. Con un bello pianissimo se inició el Presto final, en el que dieron cuenta de todo el virtuosismo que cada instrumentista tiene, como no señalar los hermosos y musicales contrastes dinámicos, y el manejo de las acentuaciones que destacan los fraseos.

No podríamos dejar de mencionar el estupendo desempeño de la timbalista y de una precisión y estilo que la transformó en un gran sustento para el resto de la orquesta.

Sin duda alguna, presenciamos un espléndido concierto que la Camerata de Salzburgo nos trajo desde la cuna de Mozart.

Gilberto Ponce. (CCA)

 

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EL MESÍAS EN SAN IGNACIO.

EL MESÍAS DE HAENDEL POR LA UNIVERSIDAD ALBERTO HURTADO.

Siempre hemos destacado el interés del Instituto de Música de la Universidad Alberto Hurtado, por presentar programas no solo de calidad pues también ellos son desafiantes para los alumnos que enfrentan tales retos.

En esta oportunidad abordaron en su versión integral el celebérrimo oratorio de Georg Friedrich Haendel, El Mesías dirigido por Jessica Quezada quien además dirige el Coro del Instituto de Música de la UAH, lo hicieron junto a cuatro solistas y un pequeño conjunto instrumental, en la hermosa Iglesia de San Ignacio de Alonso Ovalle.

Georg Friedrich Haendel. foto operaonline

No resulta fácil hablar del desempeño del Conjunto Instrumental, debido a que por circunstancias de fuerza mayor, este se vio reducido solo a violín, oboe, violoncello y teclado, adicionando trompeta en tres números.

Esta escasa combinación fue más que insuficiente en muchos pasajes corales, así como en algunas arias, reconocemos la solvencia de Hernán Muñoz en violín, pero fue inaudible en muchos momentos, algo similar ocurrió con el oboe de Guillermo Opazo; creemos que Roberto Becerra (violoncello) estuvo muchas veces fuera de pulso y con algunas evidentes desafinaciones, Yudalys Perdomo en teclado, fue de escaso aporte en lo musical, claro está que tuvo que luchar con un defectuoso instrumento en un fragmento extenso, solo discreto consideramos el aporte de Miguel Muñoz en trompeta; pero a favor de todos insistimos en la combinación a que se vieron enfrentados no fue la mejor.

Vista general del concierto en la Iglesia de Alonso Ovalle.

El párrafo anterior podría hacer pensar que el resultado general no fue bueno, nada más alejado de la realidad, pues en razón de las grandes dificultades que presenta este monumental oratorio, el saldo es ampliamente positivo.

Jessica Quezada con gesto firme y claro condujo la obra logrando momentos de gran belleza y musicalidad, el Coro preparado por ella, mostró gran solidez, con voces timbradas y seguras, salvando con facilidad los escollos que son muy numerosos, en particular la segunda parte que posee una gran cantidad de coros muchos de gran complejidad, como las frecuentes fugas.

Coro, solistas Camila Guggiana y Pamela Zavala y parte del Conjunto Instrumental.

Los solistas mostraron un desempeño algo disparejo, siendo a nuestro juicio la más débil la joven contralto Pamela Zavala, que posee un muy hermosa y gran voz, pero su enfoque de recitativos y arias es distante, con fraseo irregular que no permite apreciar su musicalidad, habrá que verla en otra obra y oportunidad.

Ariel Reyes el tenor posee un agradable timbre y su voz que fluye con facilidad, se ve que tiene muy claro lo que debe hacer y es expresivo, pero sus coloraturas no siempre son perfectas, y en sus agudos se alternan algunos precarios con otros sólidos.

Coro y parte del Conjunto Instrumental.

Nicolás Suazo el bajo, y que es el único que no pertenece a al Instituto de Música es dueño de una hermosa voz, además es extraordinariamente musical y su dicción es notable, su tesitura le permite transitar por agudos y graves sin cambiar el timbre, agregando a todas estas características una notable seguridad, que le permite frasear y articular con naturalidad, creemos que su mayor triunfo fue su monumental aria del final The trumpet shall sound, que cantó en forma espléndida.

En primer plano izquierda a derecha Yudalis Perdomo teclado Ariel Reyes tenor y Nicolás Suazo bajo.

La soprano Camila Guggiana posee un precioso timbre, con un volumen que maneja con destreza, su afinación es perfecta tanto como su forma de frasear, permitiéndose con absoluta naturalidad realizar variaciones en la repeticiones de frases, su rango en tesitura le entrega seguridad tanto en los graves como en sus impecables agudos, que maneja con variedad dinámica, entre sus muchos logros queremos destacar su aria Rejoice greatly cantada con una gran prestancia y musicalidad.

Un concierto que da cuenta de la seriedad del trabajo que vienen realizando estos alumnos del Instituto de Música UAH, el que fue reconocido por el público con grandes y entusiastas aplausos.

Gilberto Ponce. (CCA)

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UN RÉQUIEM DE VERDI EMOCIONAL.

REQUIÉM DE VERDI EN EL CEAC.

Nos correspondió presenciar la cuarta y última función del Réquiem de Giuseppe Verdi, que ofrecieron como concierto de Semana Santa, la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, junto al Coro Sinfónico y la Camerata Vocal de la Universidad de Chile (Director Juan Pablo Villarroel) y un cuarteto de solistas vocales, todos bajo la dirección de Leonid Grin.

Ahora bien, si en relación al primer concierto de la Sinfónica Nacional manifestamos nuestros reparos, ahora en esta presentación la orquesta mostró una franca recuperación, con un sonido más cuidadoso y en el caso de la dirección se observó mayor balance sonoro, las objeciones que podríamos hacer estuvieron en desajustes de pulso en las fugas de la obra, como la del Sanctus y en el Libera me Domine, así como que en el último tercio -seguramente debido al calor del escenario-, la afinación se resintió en los instrumentos, afectando en cierto modo la afinación del cuarteto solista en alguna sección a capella, pero estos detalles no opacaron un resultado a todas luces positivo.

Orquesta, Solistas y Coro dirigidos por Leonid Grin. foto Patricio Melo

Leonid Grin se dirigió al público para señalar que ofrecía el concierto en memoria de las víctimas de la tragedia ocurrida en Siberia (Rusia) pocos días antes donde murieron según planteó más de 400 personas, entre ellas gran cantidad de niños, no el menos de un centenar que oficialmente se dijo.

Con severo sentido emotivo dirigió el Introito, el Coro mostró bello sonido y certera expresividad en el Te decet Himnus a capella, el Kyrie que sigue se interpretó con sentido de súplica, destacándose el carácter del cuarteto vocal, pero ya el tenor Patricio Saxton mostró alguna inseguridad vocal.

Con enorme fuerza se interpretó el Dies Irae una de las partes más importantes y recurrente en esta obra, poderosos fueron los llamados de las trompetas, que el Coro respondió vigorosa y musicalmente.

El Coro Sinfónico y la Camerata Vocal de la Universidad de Chile, durante la presentación. foto Patricio Melo

Con acento teatral en su enfoque del texto, cantó luego Homero Pérez-Miranda el Mors stupebit, característica que mantuvo a lo largo de toda la obra, elevando el nivel de la expresividad general, algo similar realizó la magnífica Evelyn Ramírez en el Liber scriptum por su manejo de la progresión dramática encontrando en el Coro la respuesta más adecuada, debemos decir que la orquesta a esas alturas era un muy buen sustento.

Homero Pérez-Miranda bajo, Patricio Saxton tenor, Evelyn Ramírez mezzo y Andrea Aguilar, durante el concierto.
foto Patricio Melo

El trío siguiente Quid sum miser para soprano, mezzo y tenor, mostró mucho carácter y solidez tanto en la soprano Andrea Aguilar como en Evelyn Ramírez, pero el tenor Saxton mostró disparidades que hacen suponer que no se encontraba en plenas condiciones vocales.

La fuerza del inicio de Rex Tremendae para Coro y solistas se contrastó bellamente con la sensibilidad del angustioso pedido “Salva me”. Uno de los momentos más altos de la versión vino con el dúo Recordare, Jesu pie para soprano y mezzo que fue cantado por ambas con exquisita sensibilidad.

Coro y Orquesta durante la presenatación. foto Patricio Melo

Patricio Saxton volvió a mostrar su irregularidad en uno de los momentos más complejos para el tenor, hablamos de Ingemisco, tamquam reus, no obstante tuvo secciones bellamente cantadas. El Confutatis maledictis encontró en Homero Pérez-Miranda el bajo, un soberbio y expresivo intérprete.

Otro de los momentos más emotivos de la obra, es el bellísimo Lacrimosa, cuya melodía central el mismo Verdi la introdujo, con otro texto, en su ópera Don Carlo, los interpretes guiados por Leonid Grin lo hicieron solemne, bella y expresivamente, aquí debemos destacar el estupendo trabajo de la mezzo y el bajo, tanto como el Pie Jesu del Coro cantado estupendamente.

El Cuarteto Solista en ontro memento del concierto. foto Patricio Melo

El Domine Jesu Christe mostró algunas disparidades de afinación en la orquesta, aunque manteniendo tensión dramática, como sostén de las voces. Hostias otro de los momentos claves para el tenor, fue inseguro y tenso.

El doble coro que es el Sanctus, dio cuenta de la estupenda preparación del Coro, aunque el resultado al inicio fue con poco carácter, y con los pequeños desajustes con la orquesta en las partes fugadas.

El Agnus Dei fue otro de los grandes logros de la versión, con el impecable dúo en octavas de Andrea Aguilar y Evelyn Ramírez con la estupenda réplica del Coro.

Evelyn Ramírez descolló en su solo Lux aeterna con una sólida progresión expresiva, en el final de esta parte destacaremos la musicalidad de la flauta solista.

El impresionante Libera me de morte aeterna que cantó Andrea Aguilar nos mostró a una solista en plena madurez artística, tanto el desgarro en el desarrollo como su pianissimo final fueron de extraordinaria belleza, por ello no es de extrañar que el Coro respondiera con la misma intencionalidad emocional, llegando a conmover al público que aplaudió fervorosamente la versión.

El Director del Coro Juan Pablo Villarroel, los Solistas, el Director General Leonid Grin junto a la Orquesta y Coro, agradecen al final los aplausos del entusiasta público. foto Patricio Melo

Gilberto Ponce. (CCA)

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DON QUIJOTE TRIUNFA AMPLIAMENTE EN EL MUNICIPAL.

GRAN TRIUNFO DEL BALLET DE SANTIAGO CON DON QUIJOTE.

La coreografía de Don Quijote cuya música pertenece a Ludwig Minkus, es sin duda una de las que goza de mayor fama entre los aficionados al ballet, no siendo menor su atractivo para aquellos que no lo son, entre las razones están: contar una historia atractiva, a pesar que el Quijote es solo un personaje de enlace, con un argumento muy ágil que introduce elementos de humor, pero fundamentalmente lo es por la exigencia que tiene para las figuras principales, en múltiples, brillantes y hermosos solos o pas de deux.

Don Quijote (Jaime Pinto) y Sancho Panza (Pablo Aharonian), atrás en el pórtico Camacho (Miroslav Pejic) y la Compañía en un momento del Ballet. foto josefina Pérez

El Ballet de Santiago mostró toda su potencialidad en esta reposición de la exitosa coreografía de Jaime Pinto, de la que Marcia Haydée (Directora del Ballet de Santiago) dice que es una de sus favoritas, opinión fundada en el equilibrio formal que esta muestra entre las grandes escenas de conjunto en oposición a aquellas de lucimiento de solistas, sumando sus geniales chispazos de humor.

Clave en el éxito logrado es la sólida preparación de toda la compañía, que desde sus primeras figuras, cuerpo de baile hasta los aspirantes dieron cuenta de una prestancia escénica que abarcó hasta los más mínimos detalles, de los que hay muchos en este trabajo.

El marco escenográfico de Germán Droghetti, quien también diseñó el vestuario, además de funcional es de gran belleza, como no mencionar el equilibrio y los contrastes del vestuario, que se realzaron con la muy acertada iluminación de Ricardo Castro que creó intimidad en la habitación de Don Quijote, magia en el sueño del Quijote joven, tanto como en la escena de los Molinos de Viento, mientras entregó toda la brillante luminosidad propia de la península ibérica en las escenas colectivas.

Basilio (José Manuel Ghiso) y Kitri (Andreza Randisek) y la Compañía. foto Josefina Pérez

El acompañamiento estuvo a cargo de la Orquesta Filarmónica de Santiago dirigida por Pedro Pablo Prudencio en un trabajo de gran valor, pues fue capaz de hacer plenamente atractiva una partitura que consideramos no siempre inspirada, aunque sí totalmente funcional al ballet, algo que confirma la importancia de un muy buen maestro para rescatar lo mejor de una obra a veces débil. La adición de música de danzas de otros compositores le otorgó el contraste necesario, la orquesta le respondió con hermoso sonido y con el profesionalismo que destaca a este conjunto.

Los roles principales fueron bailados por: Andreza Randisek que encarnó a Kitri, ella lo hizo con absoluta maestría técnica tanto en las partes de danza-teatro como en sus numerosos solos y pas de deux, con expresividad y gran presencia escénica, mostrando todo su ingenio para lograr concretar su amor con Basilio, que fue bailado por un sólido y expresivo José Manuel Ghiso, quien sigue dando seguros pasos para convertirse en gran figura, sus dúos con Andreza Randisek lograron grandes y merecidas ovaciones, su presencia escénica como actor es otro de sus factores de éxito.

Don Quijote (Jaime Pinto) ensoñado con Dulcinea (Romina Contreras). foto Josefina Pérez

Genial encontramos la caracterización de Jaime Pinto (coreógrafo) como Don Quijote, acertando plenamente en la inocente locura del “Caballero de la triste figura”, incluso en sus movimientos de anciano a veces inseguro al caminar.

Su fiel escudero Sancho Panza recayó en el simpático histrionismo de Pablo Aharonian, convirtiéndose en el complemento perfecto de Don Quijote.

El amanerado y arrogante Camacho, que pretende casarse con Kitri, contando para ello con la aprobación del padre de esta, lo bailó con la irónica gracia requerida Miroslav Pejic, logrando incluso carcajadas en algunas escenas.

Edison Araya caracterizó solventemente al Padre de Kitri, en sus inútiles intentos para que esta se enamore de Camacho.

Espléndida fue Natalia Berríos como Mercedes que con pasión y gracia perfiló a la gitana que hace pareja con el Gitano principal, rol que permitió a Rodrigo Guzmán desarrollar un personaje que le es particularmente afín, ambos cosecharon enormes aplausos en sus intervenciones.

El grupo de toreros de gran desempeño estuvo encabezado por Lucas Alarcón quien una vez más dio cuenta de su calidad como bailarín con una prestancia que lo convirtió en otro de los triunfadores.

Basilio (José Manuel Ghiso) y Kitri (Andreza Randisek) finalizando uno de sus brillantes pas de deux, mientras son observados por Camacho (Miroslav Pejic) atrás sentado. foto Josefina Pérez

En una de las escenas más hermosas, Don Quijote rememora sus tiempos de joven cuando conoce a su ideal Dulcinea, este papel de Quijote joven fue asumido por Emmanuel Vázquez, él posee todas la características para convertirse en un importante partenaire, pues además de ser un expresivo bailarín, tiene una poderosa y poética presencia escénica, su encantamiento por Dulcinea fue creíble sin duda, gracias al enorme talento y gracilidad de Romina Contreras (Dulcinea), quien continúa realizando una asombrosa carrera, pues ella combina técnica con expresividad siempre con una naturalidad donde la emoción y levedad de sus movimientos conquistan a los espectadores, como consecuencia al final esta pareja se llevó otra de las grandes ovaciones.

Una función aplaudida largamente y de pie por un público agradecido de presenciar una espectáculo del más alto nivel.

Gilberto Ponce. (CCA)

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DVORAK Y BRAHMS EN LA SINFÓNICA.

DEBUT SINFÓNICO CON MUCHAS DUDAS.

El primer concierto de su Temporada 2018 realizó la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile en el Teatro de Universidad de Chile (Ex Baquedano), el evento se realizó bajo la dirección de su Director Titular Leonid Grin, contando con un invitado de excelencia, el letón David Geringas.

Leonid Grin Director de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile. foto Patricio Melo

Dos obras de gran atractivo de público casi colmaron la sala, que mantiene una acústica muy desfavorable que destaca todos los errores y en general funde mal los sonidos, por ello es imprescindible que el director ponga especial cuidado en ese importante detalle para conseguir el balance adecuado. Creemos que como ahora la universidad es dueña del recinto, se podría modificar el escenario, ampliándolo hacia el fondo dándole además de amplitud, “aire” para que sonido fluya mejor.

En lo musical, la orquesta pareció no haberse sacudido aún de las vacaciones, pues mostró sonido crudo, no siempre afinado, incluso algo estridente en algunas familias, algo demasiado evidente en la primera obra, el hermoso y complejo Concierto en Si menor para violonchelo y orquesta, Op. 104 de Antonin Dvorak, en el que se apreciaron dos planos muy dispares, por uno la extrema musicalidad de David Geringas, quien posee bello sonido, fraseos y articulaciones precisas, demostrando que la obra es parte de él.

Antonin Dvorak. foto loffit

En el otro plano la dirección de Leonid Grin fue sin duda descuidada, en particular con el balance sonoro, sobre todo en aquellas frases con instrumentos a solo, donde en más de una ocasión taparon al solista, que decir cuando se trataba de familias completas, pero sin duda lo más evidente fue que no existió correspondencia entre la intencionalidad y fraseos del solista con los de la orquesta, que tampoco tenían uniformidad entre sí, los frecuentes rubato de la partitura fueron interpretados csi siempre en tempo, sin dejarse llevar por los que insinuaba el chelo de Geringas.

David Geringas y la Sinfónica Nacional dirgidos por Leonid Grin. foto Patricio Melo

Creemos que para el solista, una verdadera leyenda del violonchelo, debe haber sido muy incómodo las desafinaciones que se apreciaron en varias secciones, tanto como los ataques de frases poco precisos y duros en musicalidad, en este aspecto los cornos tienen un camino largo por recorrer, en el resto del Dvorak el desempeño de la orquesta fue muy irregular con fragmentos hermosos que luego contrastaban con defectos. No puedo dejar de mencionar un hecho lamentable; la música por el hecho de tratarse de un trabajo humano, puede ser afectada por errores involuntarios, los que un músico disimula al máximo, por ello no comprendemos la actitud de dos violines segundos, que ante una evidente falla, se rieron durante varios minutos.

David Geringas en otro momento del Concierto de Dvrak. foto Patricio Melo

El público aplaudió con gran entusiasmo el desempeño de David Geringas, quien con enorme musicalidad hizo justicia a la obra, es así que luego el solista dejó muy en claro su nivel de maestría con los dos encore que ofreció, pertenecientes a Pau Casals y a Johann Sebastian Bach.

En la segunda parte si bien el resultado final fue mejor que en la primera parte, este está aún bastante alejado de los niveles a que puede llegar la orquesta, es así que se escuchó otra obra maestra; la Sinfonía Nº 4 en Mi menor, Op. 98 de Johannes Brahms, en ella Grin pudo preocuparse solo de la orquesta y no como en Dvorak que debió conjugar también al solista.

Johannes Grahms. foto youtube

Luego de una hermosa entrada de las cuerdas, se llegó súbitamente a un forte bastante exagerado con articulaciones muy duras y sin mayor preocupación por el balance sonoro, sobresaliendo los errores se sonido de los cornos, asimismo el desbalance hizo muy confusos los fraseos, convirtiendo el primer movimiento en algo muy plano y poco expresivo.

En el Andante moderato que sigue, pasaremos por alto el ingreso de los cornos, debido a que este condujo a la expresiva sección del pizzicato que acompaña a las maderas, en uno de mejores momentos de la versión, en el desarrollo las cuerdas nos recordaron sus grandes logros.

La Sinfónica Nacional dirigida por Leonid Grin interpretando la Sinfonía de Brahms. foto Patricio Melo

El Allegro giocoso mejoró bastante en su primera parte, produciéndose luego algunas confusiones, así llegamos al Allegro enérgico e passionato, que no mostró una intencionalidad clara, al insistirse en la dureza con acentuaciones poco musicales, a pesar del entusiasmo puesto por buena parte de la orquesta.

Un concierto que plantea dudas y desafíos a la Sinfónica Nacional y a Leonid Grin su director, para superar los aspectos que necesariamente deben mejorar para alcanzar el nivel que el público espera del conjunto.

Gilberto Ponce. (CCA)

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VENGEROV DIRIGE A LA FILARMÓNICA DE SANTIAGO.

VENGEROV EN VERSIONES CONTRASTANTES CON LA FILARMÓNICA.

Grandes expectativas generó el debut, ahora como director, de Maxim Vengerov el eximio violinista ruso, que nos maravillara pocos días antes con su recital acompañado con piano en el mismo Municipal de Santiago.

Se sabía que su carrera como director le ha reportado grandes éxitos, por ello el interés en verlo en esta otra dimensión, con un programa de gran interés; el contraste entre obras de Mozart y Shostakovich, frente a la Filarmónica de Santiago que viene dando cuenta de gran sentido profesional y calidad de sonido.

Maxim Vengerov dirigiendo en Australia. foto

El resultado fue dispar, planteando grandes dudas en la primera de las obras, y por otro lado cosechando gran suceso en la segunda, los motivos son solo especulación, estos van desde poca afinidad del director con uno de los compositores, o que haya tenido pocos ensayos con una de ellas considerada de repertorio, por ello la preparación de la otra, habría sido mucho más exhaustiva.

La bellísima Sinfonía Nº 41 en Do mayor, K. 551 llamada Júpiter de Wolfgang Amadeus Mozart abrió el programa, en ella lo más destacable fue el hermoso sonido de la Filarmónica, pues la dirección de Vengerov fue en general muy plana, sin contrastes, poco fina e incluso hasta rutinaria, con un enfoque más romántico que clásico.

Wolfgang Amadeus Mozart, foto elpais

Llamó la atención la introducción del primer movimiento con un cambio de pulso en la sección de cuerdas solas, pero en el desarrollo no aparecieron detalles instrumentales tan propios de Mozart producto del grosor sonoro.

Falto de gracia y solo correcto en su formalidad fue el Andante cantábile que sigue, sin que mediara alguna tensión expresiva. El Allegretto siguiente fue tal vez en exceso contenido, con resultado blando sin observar progresiones expresivas o dinámicas, con finales de frases sin sustancia, en contrario debemos reconocer la belleza sonora de la orquesta que siguió rigurosamente las indicaciones de Vengerov.

El Molto allegro que finaliza la sinfonía fue enérgico y vital, mostrando hermoso sonido de las cuerdas en el pianissimo marcado por la partitura, pero en su desarrollo la vitalidad de tempo jugó en contra de la claridad en las figuras rápidas que resultaron en general confusas; sin duda esta versión quedó en deuda con una de las obras más importantes en la producción de Mozart.

En la segunda parte todo se revirtió con la interpretación de la Sinfonía Nº 10 en Mi menor, Op. 93 de Dmitri Shostakovich, maciza composición no solo en lo musical, pues abarca gran cantidad de elementos programáticos referidos al momento histórico en que fue compuesta.

Dmitri Shostakovich. foto visionescriticas

Ya desde la expresiva introducción se percibió el drástico cambio, con un Vengerov completamente empoderado de la obra, por ello certero en detalles y sugerencias que fueron tanto expresivas como musicales, al oscuro inicio le sucedió una poderosa progresión que condujo hasta la segunda sección de carácter más luminosa aunque irónica. La orquesta de respuesta brillante desarrolló todas las tensiones expresivas pedidas por Vengerov.

Maxim Vengerov en pleno concierto. foto Marcela González

El Allegro siguiente casi sarcástico en carácter, fue genial desde el inicio y en el desarrollo mostró absoluta claridad en las figuras y con una precisión rítmica general formidable.

Una vez más, en el Allegretto reaparece el carácter irónico, y a la vez desarrollando poderosos contrastes así como expresivos diálogos entre instrumentos y familias, el manejo de las tensiones y del arco expresivo general lo consideramos de excelencia.

La Orquesta Filarmónica de Santiago en pkeno, en otra presentación. foto Patricio Melo

Expresiva y oscura fue la introducción del cuarto movimiento Andante- Allegro que recibió una interpretación emocional, para luego concluir con la transparencia lograda en las partes más rápidas del Allegro insertas en progresiones dinámico expresivas que conducen al electrizante final que levantó en una enorme ovación al público, que reconoció la estupenda versión de Maxim Vengerov, frente a una inspirada Filarmónica, que tampoco dudó en reconocer su desempeño, incluso con “pataditas” que acrecentaron los larguísimos aplausos de un enfervorizado público.

Gilberto Ponce. (CCA)

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LOS NUEVOS CAMINOS DE ALFREDO PERL.

LOS NUEVOS LÍMITES DE ALFREDO PERL.

El primer concierto del Ciclo Grandes Pianistas del Municipal de Santiago fue inaugurado por Alfredo Perl con un programa que planteó desafíos de gran interés, los que nos hablan de nuevos límites que en el ámbito de la interpretación el solista se ha planteado.

Alfredo Perl. foto masmunicipios

Estos le han llevado a abordar repertorio de uno de los grandes de la música contemporánea Arnold Schoenberg, compositor que el pianista ubica como continuador de la obra de Brahms, pero bien sabemos que una cosa es plantear algo y otra muy diferente demostrarlo, y es esto precisamente lo que Perl ha logrado, la primera parte de su recital fue un Diálogo entre las Ocho piezas para, Op. 76 de Johannes Brahms y las Cinco piezas para piano Op. 23 de Arnold Schoenberg, las que se fueron alternando constituyendo un todo.

Arnold Schoenberg. foto visionescriticas

Esta proposición que a más de alguien puede resultar absurda por el abismo en cuanto a estilo que las separa, pero para sorpresa casi general, ambos lenguajes están mucho más conectados de lo que parecen, y este fue sin duda un de los grandes triunfos que cosechó Perl esa noche.

Johannes Brahms. foto guiadeviena

El solista consiguió darles unidad en sus diferencias y relacionó orgánicamente la expresividad de cada autor, algo que bien se puede pensar como imposible, pero Perl demostró que sí era posible, con su manejo sutil de la polifonía de Brahms para extraer la expresividad muchas veces poética que poseen estas piezas, contrastando la serenidad con la pasión, que encontró su contrapeso en las piezas de Schoenberg cuya dificultades técnicas y de ritmo son considerables, no obstante Perl las plasmó con absoluta seguridad, diferenciando su carácter con pasmosa digitación.

Alfredo Perl agradeciendo al público. foto Luis Hidalgo

Los largos aplausos reconocieron el sobresaliente trabajo de Perl que mostró tal vez por primera vez en nuestro país, este diálogo alternado entre estos compositores.

Franz Schubert. foto contrainfo

Los Impromptu Op. 90 y 142 de Franz Schubert se inscriben entre las obras más hermosas que se hayan escrito para piano, los del 142 fueron escritos al final de la vida de Schubert y muestran sin duda algunos de sus pensamientos más profundos en cuanto a sentimientos, de esta serie Alfredo Perl ofreció el en Fa menor Op. Póstumo, la versión fue de una serena expresividad manejando con sutileza las progresiones dejando casi en suspenso la sección que podríamos llamar de las preguntas, cuyo tema es llevado por la mano izquierda, la obra mostró al solista en un soberbio grado de inspiración.

Solo pianistas que se sienten muy seguros de sí mismos se atreven a finalizar un recital con una obra que termina en pianissimo, pues bien Alfredo Perl lo hizo al interpretar como obra final la Sonata Nº 15 en Fa mayor K. 533/ 494 de Wolfgang Amadeus Mozart obra de grandes dificultades técnicas y de interpretación la que fue ofrecida con transparencia, espléndida digitación y ajustadísima en estilo realzando la belleza abrumadora de la obra.

Wolfgang Amadeus Mozart. foto visionescriticas

Las diáfanas articulaciones destacaron las diversas secciones en el primer movimiento, señalemos la expresividad clásica del Andante en su elegante delicadeza, el Rondó final de gran finura en el manejo de sus contrastes, su carácter al modular a menor, todo envuelto en un virtuosismo de la mejor escuela, llevaron a los espectadores a responder con una enorme ovación, que obligó a Alfredo Perl a ofrecer como encore un delicioso vals de Kreisler en arreglo de Rachmaninov, que el público agradeció ruidosamente.

Gilberto Ponce. (CCA)

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