LA EXCELENCIA DE LA CAMERATA DE SALZBURGO.

CAMERATA DE SALZBURGO ESTELAR.

La Temporada Internacional de CORPARTES, presentó uno de esos conciertos que no dudamos de catalogar de estelar, con un conjunto y un programa que satisfizo las más exigentes expectativas.

Entre otras razones tenemos que la Camerata de Salzburgo mostró a lo largo de toda su presentación, una exquisita musicalidad, y una sonoridad entrañable en su belleza, características que serán recordadas por largo tiempo.

La Camerata de Salzburgo agradeciendo al final de concierto. foto cineyliteratura

El conjunto dirigido desde el atril por el concertino Gregory Ahss abordó con la más completa solvencia un repertorio cuya base fue Wolfgang Amadeus Mozart, llegando al romanticismo de Borodin y al neoclasicismo de Stravinsky en versiones notables.

Alexander Borodin. foto biografiasyvidas

Un arreglo de Shane Woodborne para el Nocturno del Cuarteto en Re menor de Alexander Borodin abrió la presentación, obra en la que fue posible apreciar al afiatamiento y hermoso sonido de las cuerdas, a través de los diálogos cantábile de chelos, violas, violines y contrabajo en sus partes importantes, con un balance que destacó lo esencial de la obra, mientras que la expresividad se acentuó con sus precisos contrastes y fraseos.

Posteriormente Wolfgang Klinser, quien es integrante de la Camerata, interpretó el bellísimo Concierto para clarinete y orquesta en La mayor, K 622, obra que en algunas secciones anticipa sin duda el próximo romanticismo. Klisner posee un hermoso y robusto sonido, impecable musicalidad con fraseos y articulaciones con los que dialoga coherentemente con el resto de la orquesta.

Wolfgang Klinser interpretando el concierto de Mozart. foto corpartes

El melancólico Adagio, uno de los más famosos de Mozart, fue vertido con una expresividad natural que a veces emociona, en el la sección pianissimo fue enorme belleza.

El Rondó final mostró todo el virtuosismo del solista quien junto a la orquesta comunicaron todo un jubiloso optimismo de Mozart, a pesar que durante su composición el autor se encontraba en uno de sus momentos más dramáticos, poco antes de su prematura muerte; la brillante versión hizo estallar de fervor al público, consiguiendo como encore un exquisito arreglo de una parte de los Pinos de Roma de Respighi.

Luego ofrecieron una estupenda versión de la Suite Pulcinella de Igor Stravinsky, obra en la que el compositor volvió su mirada a la antigüedad barroca a partir de algunas melodías de Pergolesi, construyendo originalmente un ballet pantomima inspirado en la Comedia del Arte, género de gran éxito en el Renacimiento.

Igor Stravinsky. foto beethovenfm

Stravinsky otorgó nueva vitalidad a esta música incorporado su propio lenguaje, pero conservando el espíritu propio de la famosa Comedia del Arte, por ello la partitura es un desafío para cualquier orquesta, más si esta toca sin director.

Cada una de las partes de esta suite posee todas las características propias del compositor, esto es cambios súbitos de ritmo, secciones ostinato, y grandes exigencias instrumentales, qué decir de las planteadas para los bronces, todo en una orquestación que manteniendo el espíritu barroco acude recurrentemente a armonías modernas.

Para resolver la multiplicidad de escollos, el concertino Gregory Ahss se levantó en varias ocasiones para señalar los cambios de tempo y carácter, logrando siempre un preciso y perfecto balance sonoro, con impecables fraseos y diálogos, cuidadosos contrastes dinámicos y articulaciones, en una versión de una vitalidad arrebatadora, por ello enormes ovaciones premiaron la estupenda interpretación.

Wolfgang Amadeus Mozart. foto visionescriticas

Finalizaron soberbiamente con su interpretación de la Sinfonía “Haffner”, la número 35. K 385, que desde el formidable inicio presagió la suma de bondades de la versión, en la que cada familia brilló al máximo, introduciendo ahora trompetas de la época.

El Andante fue finamente alado en un tempo más ágil que lo tradicional, agregando mayor atractivo a esta parte, debemos señalar la belleza sonora de cuerdas y maderas.

El Menuetto fue abordado con enorme gracia, mientras que trío de esta parte trasuntó elegancia. Con un bello pianissimo se inició el Presto final, en el que dieron cuenta de todo el virtuosismo que cada instrumentista tiene, como no señalar los hermosos y musicales contrastes dinámicos, y el manejo de las acentuaciones que destacan los fraseos.

No podríamos dejar de mencionar el estupendo desempeño de la timbalista y de una precisión y estilo que la transformó en un gran sustento para el resto de la orquesta.

Sin duda alguna, presenciamos un espléndido concierto que la Camerata de Salzburgo nos trajo desde la cuna de Mozart.

Gilberto Ponce. (CCA)

 

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EL MESÍAS EN SAN IGNACIO.

EL MESÍAS DE HAENDEL POR LA UNIVERSIDAD ALBERTO HURTADO.

Siempre hemos destacado el interés del Instituto de Música de la Universidad Alberto Hurtado, por presentar programas no solo de calidad pues también ellos son desafiantes para los alumnos que enfrentan tales retos.

En esta oportunidad abordaron en su versión integral el celebérrimo oratorio de Georg Friedrich Haendel, El Mesías dirigido por Jessica Quezada quien además dirige el Coro del Instituto de Música de la UAH, lo hicieron junto a cuatro solistas y un pequeño conjunto instrumental, en la hermosa Iglesia de San Ignacio de Alonso Ovalle.

Georg Friedrich Haendel. foto operaonline

No resulta fácil hablar del desempeño del Conjunto Instrumental, debido a que por circunstancias de fuerza mayor, este se vio reducido solo a violín, oboe, violoncello y teclado, adicionando trompeta en tres números.

Esta escasa combinación fue más que insuficiente en muchos pasajes corales, así como en algunas arias, reconocemos la solvencia de Hernán Muñoz en violín, pero fue inaudible en muchos momentos, algo similar ocurrió con el oboe de Guillermo Opazo; creemos que Roberto Becerra (violoncello) estuvo muchas veces fuera de pulso y con algunas evidentes desafinaciones, Yudalys Perdomo en teclado, fue de escaso aporte en lo musical, claro está que tuvo que luchar con un defectuoso instrumento en un fragmento extenso, solo discreto consideramos el aporte de Miguel Muñoz en trompeta; pero a favor de todos insistimos en la combinación a que se vieron enfrentados no fue la mejor.

Vista general del concierto en la Iglesia de Alonso Ovalle.

El párrafo anterior podría hacer pensar que el resultado general no fue bueno, nada más alejado de la realidad, pues en razón de las grandes dificultades que presenta este monumental oratorio, el saldo es ampliamente positivo.

Jessica Quezada con gesto firme y claro condujo la obra logrando momentos de gran belleza y musicalidad, el Coro preparado por ella, mostró gran solidez, con voces timbradas y seguras, salvando con facilidad los escollos que son muy numerosos, en particular la segunda parte que posee una gran cantidad de coros muchos de gran complejidad, como las frecuentes fugas.

Coro, solistas Camila Guggiana y Pamela Zavala y parte del Conjunto Instrumental.

Los solistas mostraron un desempeño algo disparejo, siendo a nuestro juicio la más débil la joven contralto Pamela Zavala, que posee un muy hermosa y gran voz, pero su enfoque de recitativos y arias es distante, con fraseo irregular que no permite apreciar su musicalidad, habrá que verla en otra obra y oportunidad.

Ariel Reyes el tenor posee un agradable timbre y su voz que fluye con facilidad, se ve que tiene muy claro lo que debe hacer y es expresivo, pero sus coloraturas no siempre son perfectas, y en sus agudos se alternan algunos precarios con otros sólidos.

Coro y parte del Conjunto Instrumental.

Nicolás Suazo el bajo, y que es el único que no pertenece a al Instituto de Música es dueño de una hermosa voz, además es extraordinariamente musical y su dicción es notable, su tesitura le permite transitar por agudos y graves sin cambiar el timbre, agregando a todas estas características una notable seguridad, que le permite frasear y articular con naturalidad, creemos que su mayor triunfo fue su monumental aria del final The trumpet shall sound, que cantó en forma espléndida.

En primer plano izquierda a derecha Yudalis Perdomo teclado Ariel Reyes tenor y Nicolás Suazo bajo.

La soprano Camila Guggiana posee un precioso timbre, con un volumen que maneja con destreza, su afinación es perfecta tanto como su forma de frasear, permitiéndose con absoluta naturalidad realizar variaciones en la repeticiones de frases, su rango en tesitura le entrega seguridad tanto en los graves como en sus impecables agudos, que maneja con variedad dinámica, entre sus muchos logros queremos destacar su aria Rejoice greatly cantada con una gran prestancia y musicalidad.

Un concierto que da cuenta de la seriedad del trabajo que vienen realizando estos alumnos del Instituto de Música UAH, el que fue reconocido por el público con grandes y entusiastas aplausos.

Gilberto Ponce. (CCA)

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UN RÉQUIEM DE VERDI EMOCIONAL.

REQUIÉM DE VERDI EN EL CEAC.

Nos correspondió presenciar la cuarta y última función del Réquiem de Giuseppe Verdi, que ofrecieron como concierto de Semana Santa, la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, junto al Coro Sinfónico y la Camerata Vocal de la Universidad de Chile (Director Juan Pablo Villarroel) y un cuarteto de solistas vocales, todos bajo la dirección de Leonid Grin.

Ahora bien, si en relación al primer concierto de la Sinfónica Nacional manifestamos nuestros reparos, ahora en esta presentación la orquesta mostró una franca recuperación, con un sonido más cuidadoso y en el caso de la dirección se observó mayor balance sonoro, las objeciones que podríamos hacer estuvieron en desajustes de pulso en las fugas de la obra, como la del Sanctus y en el Libera me Domine, así como que en el último tercio -seguramente debido al calor del escenario-, la afinación se resintió en los instrumentos, afectando en cierto modo la afinación del cuarteto solista en alguna sección a capella, pero estos detalles no opacaron un resultado a todas luces positivo.

Orquesta, Solistas y Coro dirigidos por Leonid Grin. foto Patricio Melo

Leonid Grin se dirigió al público para señalar que ofrecía el concierto en memoria de las víctimas de la tragedia ocurrida en Siberia (Rusia) pocos días antes donde murieron según planteó más de 400 personas, entre ellas gran cantidad de niños, no el menos de un centenar que oficialmente se dijo.

Con severo sentido emotivo dirigió el Introito, el Coro mostró bello sonido y certera expresividad en el Te decet Himnus a capella, el Kyrie que sigue se interpretó con sentido de súplica, destacándose el carácter del cuarteto vocal, pero ya el tenor Patricio Saxton mostró alguna inseguridad vocal.

Con enorme fuerza se interpretó el Dies Irae una de las partes más importantes y recurrente en esta obra, poderosos fueron los llamados de las trompetas, que el Coro respondió vigorosa y musicalmente.

El Coro Sinfónico y la Camerata Vocal de la Universidad de Chile, durante la presentación. foto Patricio Melo

Con acento teatral en su enfoque del texto, cantó luego Homero Pérez-Miranda el Mors stupebit, característica que mantuvo a lo largo de toda la obra, elevando el nivel de la expresividad general, algo similar realizó la magnífica Evelyn Ramírez en el Liber scriptum por su manejo de la progresión dramática encontrando en el Coro la respuesta más adecuada, debemos decir que la orquesta a esas alturas era un muy buen sustento.

Homero Pérez-Miranda bajo, Patricio Saxton tenor, Evelyn Ramírez mezzo y Andrea Aguilar, durante el concierto.
foto Patricio Melo

El trío siguiente Quid sum miser para soprano, mezzo y tenor, mostró mucho carácter y solidez tanto en la soprano Andrea Aguilar como en Evelyn Ramírez, pero el tenor Saxton mostró disparidades que hacen suponer que no se encontraba en plenas condiciones vocales.

La fuerza del inicio de Rex Tremendae para Coro y solistas se contrastó bellamente con la sensibilidad del angustioso pedido “Salva me”. Uno de los momentos más altos de la versión vino con el dúo Recordare, Jesu pie para soprano y mezzo que fue cantado por ambas con exquisita sensibilidad.

Coro y Orquesta durante la presenatación. foto Patricio Melo

Patricio Saxton volvió a mostrar su irregularidad en uno de los momentos más complejos para el tenor, hablamos de Ingemisco, tamquam reus, no obstante tuvo secciones bellamente cantadas. El Confutatis maledictis encontró en Homero Pérez-Miranda el bajo, un soberbio y expresivo intérprete.

Otro de los momentos más emotivos de la obra, es el bellísimo Lacrimosa, cuya melodía central el mismo Verdi la introdujo, con otro texto, en su ópera Don Carlo, los interpretes guiados por Leonid Grin lo hicieron solemne, bella y expresivamente, aquí debemos destacar el estupendo trabajo de la mezzo y el bajo, tanto como el Pie Jesu del Coro cantado estupendamente.

El Cuarteto Solista en ontro memento del concierto. foto Patricio Melo

El Domine Jesu Christe mostró algunas disparidades de afinación en la orquesta, aunque manteniendo tensión dramática, como sostén de las voces. Hostias otro de los momentos claves para el tenor, fue inseguro y tenso.

El doble coro que es el Sanctus, dio cuenta de la estupenda preparación del Coro, aunque el resultado al inicio fue con poco carácter, y con los pequeños desajustes con la orquesta en las partes fugadas.

El Agnus Dei fue otro de los grandes logros de la versión, con el impecable dúo en octavas de Andrea Aguilar y Evelyn Ramírez con la estupenda réplica del Coro.

Evelyn Ramírez descolló en su solo Lux aeterna con una sólida progresión expresiva, en el final de esta parte destacaremos la musicalidad de la flauta solista.

El impresionante Libera me de morte aeterna que cantó Andrea Aguilar nos mostró a una solista en plena madurez artística, tanto el desgarro en el desarrollo como su pianissimo final fueron de extraordinaria belleza, por ello no es de extrañar que el Coro respondiera con la misma intencionalidad emocional, llegando a conmover al público que aplaudió fervorosamente la versión.

El Director del Coro Juan Pablo Villarroel, los Solistas, el Director General Leonid Grin junto a la Orquesta y Coro, agradecen al final los aplausos del entusiasta público. foto Patricio Melo

Gilberto Ponce. (CCA)

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DON QUIJOTE TRIUNFA AMPLIAMENTE EN EL MUNICIPAL.

GRAN TRIUNFO DEL BALLET DE SANTIAGO CON DON QUIJOTE.

La coreografía de Don Quijote cuya música pertenece a Ludwig Minkus, es sin duda una de las que goza de mayor fama entre los aficionados al ballet, no siendo menor su atractivo para aquellos que no lo son, entre las razones están: contar una historia atractiva, a pesar que el Quijote es solo un personaje de enlace, con un argumento muy ágil que introduce elementos de humor, pero fundamentalmente lo es por la exigencia que tiene para las figuras principales, en múltiples, brillantes y hermosos solos o pas de deux.

Don Quijote (Jaime Pinto) y Sancho Panza (Pablo Aharonian), atrás en el pórtico Camacho (Miroslav Pejic) y la Compañía en un momento del Ballet. foto josefina Pérez

El Ballet de Santiago mostró toda su potencialidad en esta reposición de la exitosa coreografía de Jaime Pinto, de la que Marcia Haydée (Directora del Ballet de Santiago) dice que es una de sus favoritas, opinión fundada en el equilibrio formal que esta muestra entre las grandes escenas de conjunto en oposición a aquellas de lucimiento de solistas, sumando sus geniales chispazos de humor.

Clave en el éxito logrado es la sólida preparación de toda la compañía, que desde sus primeras figuras, cuerpo de baile hasta los aspirantes dieron cuenta de una prestancia escénica que abarcó hasta los más mínimos detalles, de los que hay muchos en este trabajo.

El marco escenográfico de Germán Droghetti, quien también diseñó el vestuario, además de funcional es de gran belleza, como no mencionar el equilibrio y los contrastes del vestuario, que se realzaron con la muy acertada iluminación de Ricardo Castro que creó intimidad en la habitación de Don Quijote, magia en el sueño del Quijote joven, tanto como en la escena de los Molinos de Viento, mientras entregó toda la brillante luminosidad propia de la península ibérica en las escenas colectivas.

Basilio (José Manuel Ghiso) y Kitri (Andreza Randisek) y la Compañía. foto Josefina Pérez

El acompañamiento estuvo a cargo de la Orquesta Filarmónica de Santiago dirigida por Pedro Pablo Prudencio en un trabajo de gran valor, pues fue capaz de hacer plenamente atractiva una partitura que consideramos no siempre inspirada, aunque sí totalmente funcional al ballet, algo que confirma la importancia de un muy buen maestro para rescatar lo mejor de una obra a veces débil. La adición de música de danzas de otros compositores le otorgó el contraste necesario, la orquesta le respondió con hermoso sonido y con el profesionalismo que destaca a este conjunto.

Los roles principales fueron bailados por: Andreza Randisek que encarnó a Kitri, ella lo hizo con absoluta maestría técnica tanto en las partes de danza-teatro como en sus numerosos solos y pas de deux, con expresividad y gran presencia escénica, mostrando todo su ingenio para lograr concretar su amor con Basilio, que fue bailado por un sólido y expresivo José Manuel Ghiso, quien sigue dando seguros pasos para convertirse en gran figura, sus dúos con Andreza Randisek lograron grandes y merecidas ovaciones, su presencia escénica como actor es otro de sus factores de éxito.

Don Quijote (Jaime Pinto) ensoñado con Dulcinea (Romina Contreras). foto Josefina Pérez

Genial encontramos la caracterización de Jaime Pinto (coreógrafo) como Don Quijote, acertando plenamente en la inocente locura del “Caballero de la triste figura”, incluso en sus movimientos de anciano a veces inseguro al caminar.

Su fiel escudero Sancho Panza recayó en el simpático histrionismo de Pablo Aharonian, convirtiéndose en el complemento perfecto de Don Quijote.

El amanerado y arrogante Camacho, que pretende casarse con Kitri, contando para ello con la aprobación del padre de esta, lo bailó con la irónica gracia requerida Miroslav Pejic, logrando incluso carcajadas en algunas escenas.

Edison Araya caracterizó solventemente al Padre de Kitri, en sus inútiles intentos para que esta se enamore de Camacho.

Espléndida fue Natalia Berríos como Mercedes que con pasión y gracia perfiló a la gitana que hace pareja con el Gitano principal, rol que permitió a Rodrigo Guzmán desarrollar un personaje que le es particularmente afín, ambos cosecharon enormes aplausos en sus intervenciones.

El grupo de toreros de gran desempeño estuvo encabezado por Lucas Alarcón quien una vez más dio cuenta de su calidad como bailarín con una prestancia que lo convirtió en otro de los triunfadores.

Basilio (José Manuel Ghiso) y Kitri (Andreza Randisek) finalizando uno de sus brillantes pas de deux, mientras son observados por Camacho (Miroslav Pejic) atrás sentado. foto Josefina Pérez

En una de las escenas más hermosas, Don Quijote rememora sus tiempos de joven cuando conoce a su ideal Dulcinea, este papel de Quijote joven fue asumido por Emmanuel Vázquez, él posee todas la características para convertirse en un importante partenaire, pues además de ser un expresivo bailarín, tiene una poderosa y poética presencia escénica, su encantamiento por Dulcinea fue creíble sin duda, gracias al enorme talento y gracilidad de Romina Contreras (Dulcinea), quien continúa realizando una asombrosa carrera, pues ella combina técnica con expresividad siempre con una naturalidad donde la emoción y levedad de sus movimientos conquistan a los espectadores, como consecuencia al final esta pareja se llevó otra de las grandes ovaciones.

Una función aplaudida largamente y de pie por un público agradecido de presenciar una espectáculo del más alto nivel.

Gilberto Ponce. (CCA)

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DVORAK Y BRAHMS EN LA SINFÓNICA.

DEBUT SINFÓNICO CON MUCHAS DUDAS.

El primer concierto de su Temporada 2018 realizó la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile en el Teatro de Universidad de Chile (Ex Baquedano), el evento se realizó bajo la dirección de su Director Titular Leonid Grin, contando con un invitado de excelencia, el letón David Geringas.

Leonid Grin Director de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile. foto Patricio Melo

Dos obras de gran atractivo de público casi colmaron la sala, que mantiene una acústica muy desfavorable que destaca todos los errores y en general funde mal los sonidos, por ello es imprescindible que el director ponga especial cuidado en ese importante detalle para conseguir el balance adecuado. Creemos que como ahora la universidad es dueña del recinto, se podría modificar el escenario, ampliándolo hacia el fondo dándole además de amplitud, “aire” para que sonido fluya mejor.

En lo musical, la orquesta pareció no haberse sacudido aún de las vacaciones, pues mostró sonido crudo, no siempre afinado, incluso algo estridente en algunas familias, algo demasiado evidente en la primera obra, el hermoso y complejo Concierto en Si menor para violonchelo y orquesta, Op. 104 de Antonin Dvorak, en el que se apreciaron dos planos muy dispares, por uno la extrema musicalidad de David Geringas, quien posee bello sonido, fraseos y articulaciones precisas, demostrando que la obra es parte de él.

Antonin Dvorak. foto loffit

En el otro plano la dirección de Leonid Grin fue sin duda descuidada, en particular con el balance sonoro, sobre todo en aquellas frases con instrumentos a solo, donde en más de una ocasión taparon al solista, que decir cuando se trataba de familias completas, pero sin duda lo más evidente fue que no existió correspondencia entre la intencionalidad y fraseos del solista con los de la orquesta, que tampoco tenían uniformidad entre sí, los frecuentes rubato de la partitura fueron interpretados csi siempre en tempo, sin dejarse llevar por los que insinuaba el chelo de Geringas.

David Geringas y la Sinfónica Nacional dirgidos por Leonid Grin. foto Patricio Melo

Creemos que para el solista, una verdadera leyenda del violonchelo, debe haber sido muy incómodo las desafinaciones que se apreciaron en varias secciones, tanto como los ataques de frases poco precisos y duros en musicalidad, en este aspecto los cornos tienen un camino largo por recorrer, en el resto del Dvorak el desempeño de la orquesta fue muy irregular con fragmentos hermosos que luego contrastaban con defectos. No puedo dejar de mencionar un hecho lamentable; la música por el hecho de tratarse de un trabajo humano, puede ser afectada por errores involuntarios, los que un músico disimula al máximo, por ello no comprendemos la actitud de dos violines segundos, que ante una evidente falla, se rieron durante varios minutos.

David Geringas en otro momento del Concierto de Dvrak. foto Patricio Melo

El público aplaudió con gran entusiasmo el desempeño de David Geringas, quien con enorme musicalidad hizo justicia a la obra, es así que luego el solista dejó muy en claro su nivel de maestría con los dos encore que ofreció, pertenecientes a Pau Casals y a Johann Sebastian Bach.

En la segunda parte si bien el resultado final fue mejor que en la primera parte, este está aún bastante alejado de los niveles a que puede llegar la orquesta, es así que se escuchó otra obra maestra; la Sinfonía Nº 4 en Mi menor, Op. 98 de Johannes Brahms, en ella Grin pudo preocuparse solo de la orquesta y no como en Dvorak que debió conjugar también al solista.

Johannes Grahms. foto youtube

Luego de una hermosa entrada de las cuerdas, se llegó súbitamente a un forte bastante exagerado con articulaciones muy duras y sin mayor preocupación por el balance sonoro, sobresaliendo los errores se sonido de los cornos, asimismo el desbalance hizo muy confusos los fraseos, convirtiendo el primer movimiento en algo muy plano y poco expresivo.

En el Andante moderato que sigue, pasaremos por alto el ingreso de los cornos, debido a que este condujo a la expresiva sección del pizzicato que acompaña a las maderas, en uno de mejores momentos de la versión, en el desarrollo las cuerdas nos recordaron sus grandes logros.

La Sinfónica Nacional dirigida por Leonid Grin interpretando la Sinfonía de Brahms. foto Patricio Melo

El Allegro giocoso mejoró bastante en su primera parte, produciéndose luego algunas confusiones, así llegamos al Allegro enérgico e passionato, que no mostró una intencionalidad clara, al insistirse en la dureza con acentuaciones poco musicales, a pesar del entusiasmo puesto por buena parte de la orquesta.

Un concierto que plantea dudas y desafíos a la Sinfónica Nacional y a Leonid Grin su director, para superar los aspectos que necesariamente deben mejorar para alcanzar el nivel que el público espera del conjunto.

Gilberto Ponce. (CCA)

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VENGEROV DIRIGE A LA FILARMÓNICA DE SANTIAGO.

VENGEROV EN VERSIONES CONTRASTANTES CON LA FILARMÓNICA.

Grandes expectativas generó el debut, ahora como director, de Maxim Vengerov el eximio violinista ruso, que nos maravillara pocos días antes con su recital acompañado con piano en el mismo Municipal de Santiago.

Se sabía que su carrera como director le ha reportado grandes éxitos, por ello el interés en verlo en esta otra dimensión, con un programa de gran interés; el contraste entre obras de Mozart y Shostakovich, frente a la Filarmónica de Santiago que viene dando cuenta de gran sentido profesional y calidad de sonido.

Maxim Vengerov dirigiendo en Australia. foto

El resultado fue dispar, planteando grandes dudas en la primera de las obras, y por otro lado cosechando gran suceso en la segunda, los motivos son solo especulación, estos van desde poca afinidad del director con uno de los compositores, o que haya tenido pocos ensayos con una de ellas considerada de repertorio, por ello la preparación de la otra, habría sido mucho más exhaustiva.

La bellísima Sinfonía Nº 41 en Do mayor, K. 551 llamada Júpiter de Wolfgang Amadeus Mozart abrió el programa, en ella lo más destacable fue el hermoso sonido de la Filarmónica, pues la dirección de Vengerov fue en general muy plana, sin contrastes, poco fina e incluso hasta rutinaria, con un enfoque más romántico que clásico.

Wolfgang Amadeus Mozart, foto elpais

Llamó la atención la introducción del primer movimiento con un cambio de pulso en la sección de cuerdas solas, pero en el desarrollo no aparecieron detalles instrumentales tan propios de Mozart producto del grosor sonoro.

Falto de gracia y solo correcto en su formalidad fue el Andante cantábile que sigue, sin que mediara alguna tensión expresiva. El Allegretto siguiente fue tal vez en exceso contenido, con resultado blando sin observar progresiones expresivas o dinámicas, con finales de frases sin sustancia, en contrario debemos reconocer la belleza sonora de la orquesta que siguió rigurosamente las indicaciones de Vengerov.

El Molto allegro que finaliza la sinfonía fue enérgico y vital, mostrando hermoso sonido de las cuerdas en el pianissimo marcado por la partitura, pero en su desarrollo la vitalidad de tempo jugó en contra de la claridad en las figuras rápidas que resultaron en general confusas; sin duda esta versión quedó en deuda con una de las obras más importantes en la producción de Mozart.

En la segunda parte todo se revirtió con la interpretación de la Sinfonía Nº 10 en Mi menor, Op. 93 de Dmitri Shostakovich, maciza composición no solo en lo musical, pues abarca gran cantidad de elementos programáticos referidos al momento histórico en que fue compuesta.

Dmitri Shostakovich. foto visionescriticas

Ya desde la expresiva introducción se percibió el drástico cambio, con un Vengerov completamente empoderado de la obra, por ello certero en detalles y sugerencias que fueron tanto expresivas como musicales, al oscuro inicio le sucedió una poderosa progresión que condujo hasta la segunda sección de carácter más luminosa aunque irónica. La orquesta de respuesta brillante desarrolló todas las tensiones expresivas pedidas por Vengerov.

Maxim Vengerov en pleno concierto. foto Marcela González

El Allegro siguiente casi sarcástico en carácter, fue genial desde el inicio y en el desarrollo mostró absoluta claridad en las figuras y con una precisión rítmica general formidable.

Una vez más, en el Allegretto reaparece el carácter irónico, y a la vez desarrollando poderosos contrastes así como expresivos diálogos entre instrumentos y familias, el manejo de las tensiones y del arco expresivo general lo consideramos de excelencia.

La Orquesta Filarmónica de Santiago en pkeno, en otra presentación. foto Patricio Melo

Expresiva y oscura fue la introducción del cuarto movimiento Andante- Allegro que recibió una interpretación emocional, para luego concluir con la transparencia lograda en las partes más rápidas del Allegro insertas en progresiones dinámico expresivas que conducen al electrizante final que levantó en una enorme ovación al público, que reconoció la estupenda versión de Maxim Vengerov, frente a una inspirada Filarmónica, que tampoco dudó en reconocer su desempeño, incluso con “pataditas” que acrecentaron los larguísimos aplausos de un enfervorizado público.

Gilberto Ponce. (CCA)

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LOS NUEVOS CAMINOS DE ALFREDO PERL.

LOS NUEVOS LÍMITES DE ALFREDO PERL.

El primer concierto del Ciclo Grandes Pianistas del Municipal de Santiago fue inaugurado por Alfredo Perl con un programa que planteó desafíos de gran interés, los que nos hablan de nuevos límites que en el ámbito de la interpretación el solista se ha planteado.

Alfredo Perl. foto masmunicipios

Estos le han llevado a abordar repertorio de uno de los grandes de la música contemporánea Arnold Schoenberg, compositor que el pianista ubica como continuador de la obra de Brahms, pero bien sabemos que una cosa es plantear algo y otra muy diferente demostrarlo, y es esto precisamente lo que Perl ha logrado, la primera parte de su recital fue un Diálogo entre las Ocho piezas para, Op. 76 de Johannes Brahms y las Cinco piezas para piano Op. 23 de Arnold Schoenberg, las que se fueron alternando constituyendo un todo.

Arnold Schoenberg. foto visionescriticas

Esta proposición que a más de alguien puede resultar absurda por el abismo en cuanto a estilo que las separa, pero para sorpresa casi general, ambos lenguajes están mucho más conectados de lo que parecen, y este fue sin duda un de los grandes triunfos que cosechó Perl esa noche.

Johannes Brahms. foto guiadeviena

El solista consiguió darles unidad en sus diferencias y relacionó orgánicamente la expresividad de cada autor, algo que bien se puede pensar como imposible, pero Perl demostró que sí era posible, con su manejo sutil de la polifonía de Brahms para extraer la expresividad muchas veces poética que poseen estas piezas, contrastando la serenidad con la pasión, que encontró su contrapeso en las piezas de Schoenberg cuya dificultades técnicas y de ritmo son considerables, no obstante Perl las plasmó con absoluta seguridad, diferenciando su carácter con pasmosa digitación.

Alfredo Perl agradeciendo al público. foto Luis Hidalgo

Los largos aplausos reconocieron el sobresaliente trabajo de Perl que mostró tal vez por primera vez en nuestro país, este diálogo alternado entre estos compositores.

Franz Schubert. foto contrainfo

Los Impromptu Op. 90 y 142 de Franz Schubert se inscriben entre las obras más hermosas que se hayan escrito para piano, los del 142 fueron escritos al final de la vida de Schubert y muestran sin duda algunos de sus pensamientos más profundos en cuanto a sentimientos, de esta serie Alfredo Perl ofreció el en Fa menor Op. Póstumo, la versión fue de una serena expresividad manejando con sutileza las progresiones dejando casi en suspenso la sección que podríamos llamar de las preguntas, cuyo tema es llevado por la mano izquierda, la obra mostró al solista en un soberbio grado de inspiración.

Solo pianistas que se sienten muy seguros de sí mismos se atreven a finalizar un recital con una obra que termina en pianissimo, pues bien Alfredo Perl lo hizo al interpretar como obra final la Sonata Nº 15 en Fa mayor K. 533/ 494 de Wolfgang Amadeus Mozart obra de grandes dificultades técnicas y de interpretación la que fue ofrecida con transparencia, espléndida digitación y ajustadísima en estilo realzando la belleza abrumadora de la obra.

Wolfgang Amadeus Mozart. foto visionescriticas

Las diáfanas articulaciones destacaron las diversas secciones en el primer movimiento, señalemos la expresividad clásica del Andante en su elegante delicadeza, el Rondó final de gran finura en el manejo de sus contrastes, su carácter al modular a menor, todo envuelto en un virtuosismo de la mejor escuela, llevaron a los espectadores a responder con una enorme ovación, que obligó a Alfredo Perl a ofrecer como encore un delicioso vals de Kreisler en arreglo de Rachmaninov, que el público agradeció ruidosamente.

Gilberto Ponce. (CCA)

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LA EXCELENCIA DE MAXIM VENGEROV.

MAXIM VENGEROV UNA EXPERIENCIA MUSICAL.

El debut del violinista Maxim Vengerov en el Ciclo Espectáculos Extraordinarios del Municipal de Santiago, se convirtió en un evento más en una semana que será recordada como histórica en ese escenario, por la cantidad de estrellas que se presentaron en ella.

Maxim Vengerov y Shira Shaked durante la presentación. foto Edison Araya

Considerando la excepcional musicalidad, afinación perfecta,y un  manejo técnico asombroso por lo impecable de Maxim Vengerov, estas características  no habrían brillado como lo hicieron si no contara con el formidable acompañamiento de Shira Shaked, una pianista que se encuentra a la par de su potencialidad.

El programa consultó obras de Johannes Brahms, César Frank y Maurice Ravel, además de un sinnúmero de encores que enloquecieron al público.

Johannes Brahms en su juventud. foto bbcmusic

Las dos Sonatas para violín y piano de de la primera parte, evidencian a un compositor que fue además un gran pianista, por ello el peso y la dificultad del piano es de gran complejidad, considerando lo anterior señalemos el hecho que Brahms no subordina al piano, otorgándole tanto protagonismo como al violín, y es en este aspecto donde Shira Shaked fue el complemento estupendo para un solista como Vengerov.

La Sonata F.A.E. que dio inicio a la presentación cuenta con solo un movimiento Scherzo y en su concepción juvenil posee una desbordante fuerza en los diálogos entre ambos solistas, la obra fue presentada con potente vigor expresivo, dando por descontado la musicalidad de los intérpretes.

Maxim Vengerov y Shira Shaked durante su presentación. foto Edison Araya

Esta primera obra sirvió de antesala para la enorme Sonata Nº 3 en Mi menor. Op. 108 del mismo Brahms, que en sus cuatro movimientos permitió que los solistas mostraran peso y carácter, además de solvente virtuosismo, en las  progresiones del primer movimiento, luego entregaron reconcentrado lirismo en el Adagio y en los dos movimientos finales gracia y fuerte expresividad, a ratos nos parecía estar escuchando una grabación por la perfección de la versión, en ella fraseos, articulaciones e intencionalidades fueron perfectas, con el violín de Vengerov complementándose totalmente con el piano de Shaked.

César Franck. foto photoconsortium

Un mundo diferente nos presentó la segunda parte con el particular lenguaje de César Frank, que siempre está rondando el romanticismo y el impresionismo, en esta obra el compositor le otorga al piano un rol más de acompañante que de protagonista, la obra cargada de serena melancolía permitió a Vengerov mostrar introvertida expresividad no exenta de lirismo; el libre y penúltimo movimiento “ Recitativo- Fantasía: bem moderato” permitió a los intérpretes dialogar en fraseos, dinámica y desarrollar musicales progresiones, para finalizar con el conocido y bastante popular Allegretto poco mosso, que no está exento de un agudo virtuosismo, movimiento que fue tan logrado que el público estalló en enormes aplausos.

Maurice Ravel. foto naxos

La última obra fue Tzigane de Maurice Ravel, en ella Vengerov maravilló con su arrolladora técnica pues las exigencias precisan que el solista exponga todo su virtuosismo, dobles cuerdas, pizzicato, fraseos y articulaciones por solo mencionar algunas, asombraron a un público que de pie ovacionaba sin cansarse, logrando de los intérpretes el más variado abanico de encores, que solo ratificaron el porqué Maxim Vengerov es considerado uno de las más grandes violinistas del momento, sin desconocer el sensacional trabajo como pianista acompañante de Shira Shaked.

Un concierto inolvidable de dos virtuosos cuya sencillez y simpatía es tan grande como su talento, calidad y musicalidad.

Gilberto Ponce. (CCA)

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RAVEL Y RACHMANINOV EN EL MUNICIPAL.

ALFREDO PERL Y LA FILARMÓNICA INAUGURAN TEMPORADA 2018.

Bajo la conducción de Konstantin Chudovsky la Orquesta Filarmónica de Santiago dio inicio a la Temporada oficial 2018 en el Municipal de Santiago, en un programa cuyo principal atractivo radicó en el contraste de estilos entre Ravel y Rachmaninov, presentado como “dos caras del modernismo” ya que las obras escuchadas se estrenaron en los comienzos del siglo XX.

Konstantin Chudovsky y la Filarmónica de Santiago. foto Marcela González

Si duda, el otro eje fuerte de atracción estaba en la presentación del Alfredo Perl el reconocido pianista chileno, quien ya se encuentra incursionando con señalado éxito en la dirección orquestal, en esta ocasión interpretando una de las obras más populares de la literatura del teclado, el segundo concierto para piano de Sergei Rachmaninov.

Ante una sala colmada de un público expectante el concierto se inició con una serena, musical y apacible versión de la Pavana para una Infanta difunta, todo conseguido a través de sutiles progresiones y contrastes sustentadas en un sólido emplaste de colores y atmósferas, su musical desarrollo hizo olvidar la entrada del corno en el primer compás de la obra.

Luego Alfredo Perl abordó el Concierto Nº 2, Op. 18 de Sergei Rachmaninov uno de los conciertos más populares de todos los tiempos, obra que en su romanticismo tardío lleva a muchos intérpretes a enfoques que resultan muchas veces insoportablemente sensibleros, es por ello que los grandes intérpretes rescatan de el la esencia expresiva en su musical desarrollo.

Alfredo Perl y la Filarmónica de Santiago dirigida por Konstatin Chudovsky. foto Marcela González

Si bien estaban dadas las condiciones para una estupenda versión, con Perl en plena madurez y la Filarmónica con Chudovsky mostrando bellísimo sonido, el resultado no satisfizo las expectativas, y creemos que a pesar de la calidad de los intérpretes, estos no encontraron la suficiente coherencia interpretativa, ya que sus enfoques nos parecieron de una contención formal en el caso de Perl que no explotó suficientemente la expresividad propia de la obra, algo que no tiene que ver con conceptos dinámicos los que aplicó rigurosamente; por otro lado Chudovsky y la Filarmónica acentuando el romanticismo expresivo que no siempre se encontró con el concepto del solista, pero además en varios enlaces de secciones se produjeron leves desajustes.

Pero no se crea que lo anterior abundó, pues en largos momentos no solo existió un balance sonoro perfecto lográndose excelencias expresivas en muchos de los diálogos entre solista y la orquesta que replicó musicalmente los frecuentes rubato que exige la partitura, asimismo los solos instrumentales, incluido el corno fueron de excelencia.

El segundo movimiento en su austero y poético carácter, permitió desarrollar mejor la expresividad de Perl que junto a los diversos solos instrumentales consiguieron una exquisita musicalidad.

Alfredo Perl, Konstantin Chudovsky y la Filarmónica de Santiago. foto Marcela González

El tercero se abrió bellamente dando paso posteriormente al tema de las violas de espléndido sonido, que se contrastó con el virtuosismo del mejor nivel de Perl, pero al que su fogosidad le jugó en contra produciéndose algunos ripios en digitación, no obstante nuevamente hubo secciones extraordinariamente logradas, como las progresiones dinámico expresivas, donde una de las cuales que conduce al final provocó una enorme ovación de los presentes, a raíz de ello Alfredo Perl ofreció como encore una exquisita versión de una las Sonatas de Scarlatti en un derroche de musicalidad, que tanto público como orquesta aplaudieron agradecidamente.

Konstantin Chudovsky y la Flarmónica de Santiago. foto Marcela González

En la segunda parte la Filarmónica mostró toda su potencialidad musical, exhibiendo el bellísimo sonido que ya acostumbra en las Suites 1 y 2 de Daphnis et Chloé de Maurice Ravel, en cada una de las seis parte que las componen, Chudovsky consiguió magia interpretativa en la creación de atmósferas, algunas de ellas de una sutileza ejemplar, asimismo ahondó en las sugerencias melifluas que caracterizan la obra, que contrastó con las poderosas secciones forte en un juego que maravilló en su perfección.

Cada una de las familias descolló en musicalidad y expresividad utilizando invariablemente hermoso sonido; sería injusto no mencionar el manejo de los rubato tan importantes en este tipo de repertorio, así como las progresiones dinámico expresivas.

La Danza general que finaliza la obra simplemente electrizó a un público que ovacionó largamente la brillante versión.

Gilberto Ponce. (CCA)

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DOBLE TRIUNFO DE PUCCINI.

PUCCINI LOGRA SONORO DOBLE TRIUNFO EN SANTIAGO.

No es usual que en dos días seguidos nuestra capital se vea enfrentada a dos producciones de tanta calidad y orígenes tan dispares, como los vistos el viernes con Suor Angélica a cargo de un grupo entusiasta de jóvenes artistas chilenos y por otro lado la estupenda puesta en escena de Tosca del sábado en la transmisión en directo desde el Met de New York, con las dos haciendo justicia al espíritu que seguramente Giacomo Puccini deseó para ambas.

Monjas y Novicias. foto Riel independiente

Suor Angélica es un proyecto autogestionado por Jaina Elgueta y un grupo de musicales sopranos, mezzos y contraltos, que contaron con el apoyo de un pequeño y profesional grupo instrumental de solo tres violines, dos violas y dos violonchelos además de teclado, en una reducción donde las cuerdas tocaron las partes del original y el teclado de Bárbara Pavez asumió maderas y bronces, con un resultado a todas luces pucciniano por su profesionalismo; gran logro de los músicos y su director Nicolás González.

El Grupo Instrumental a la derecha el director Nicolás González. foto Diego Martínez

Suor Angélica es una obra de grandes tensiones emocionales apenas suavizadas con algunos momentos más relajados a cargo del grupo de novicias y monjas, las que deben enfrentar el drama de una de ellas, Suor Angélica quien por el hecho de haber sido madre fuera del matrimonio fue recluida en el Convento, donde se entera dos años más tarde que su hijo ha muerto, llevándola a cometer suicidio.

Monjas y Novicias en un momento de relajo. foto Diego Martínez

El hecho que se haya buscado una iglesia, encontrando la mejor disposición en la de Jesús Nazareno de Providencia le dio el ambiente preciso a esta puesta, destacándose el hecho de utilizar el altar y las naves laterales en forma inteligente y coherente, para ello contaron con una precisa dirección de escena de Álvaro Toledo, que junto a algunos interesantes efectos lumínicos a cargo de Ricardo Castro logró una poderosa progresión dramática; impresionante resultó el ingreso del hijo de la monja desde atrás con un foco que proyectaba su imagen en el altar, para encontrarse al fin con su madre muerta.

La Principessa (Jaina Elgueta) y Suor Angélica (Sonia Vásquez), cuando le comunica la muerte de su hijo. foto Riel independiente

Sin duda la acústica algo reverberante del templo impidió que los textos de algunas de las cantantes se entendieran mejor, tanto como que a veces el volumen instrumental fue demasiado alto en algunas secciones particularmente en el teclado, desperfilando algunas de las voces, circunstancias que no restaron en absoluto calidad al todo.

Suor Angélica (Sonia Vásquez) en las escenas finales. foto Diego Martínez

Los dos roles principales fueron asumidos por, la soprano Sonia Vásquez que cantó como Suor Angélica, ella posee una hermosa voz de gran caudal logrando emocionar con su canto, tanto que en el penúltimo soliloquio consiguió un enorme aplauso, luego en la escena del suicidio volvió a lograrlo, pero sin restarle mérito, creemos que es preciso que haga un trabajo actoral intenso, porque tanto facial como corporalmente tiene mucho camino que recorrer, superado este factor podría realizar una estupenda carrera.

El Hijo de Suor Angélica (Santiago Ordoñez) se encuentra por fin con su madre Suor Angélica. foto Diego Martínez.

La Pricipessa un personaje de características cercanas a la maldad, necesita no solo una voz amplia y poderosa, debe además retratar la maledicencia, Jaina Elgueta es dueña de esas características, su voz se escucha sin problemas en el registro grave y sus agudos son sólidos, además cuenta con una presencia escénica que la hizo triunfar ampliamente, logrando un suceso que se tradujo en una impresionante ovación a pesar de lo desagradable de su personaje; el desempeño del resto fue de gran profesionalismo.

El público que llenaba el recinto siguió el desarrollo en expectante silencio, ovacionando al final largamente este trabajo realizado con enorme calidad y gran entusiasmo.

Cerró el círculo de óperas de Puccini la estupenda puesta en escena de Tosca que vimos al día siguiente en el Teatro Nescafé de las Artes, que contó con la vigorosa y certera dirección escénica de David McVicar y una hermosa escenografía de John MacFarlane de novedosa tradicionalidad, en ella cantaron la soprano Sonya Yoncheva como una sólida, dramática y expresiva Floria Tosca, el potente Mario Cavaradossi cantado por Vittorio Grigolo, para culminar con un soberbio Scarpia que cantó Zeljko Lucic, todo habría sido perfecto si el sonido del segundo acto hubiera mantenido la calidad del primero y tercero, no obstante este inconveniente no logró impedir la gran satisfacción del público ante la producción.

Gilberto Ponce. (CCA)

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