AMERICAN STRING QUARTET.

LA PERFECCIÓN DEL AMERICAN STRING QUARTET.

Para algunos el formato de cámara representa una síntesis de todo aquello que la música quiere manifestar, argumento que se apoya en la intimidad que subyace en esta, tanto es así que algunos compositores incluso manifestaron que sus obras de cámara no debían interpretarse en conciertos públicos, solo ante pequeños círculos que apenas ampliaban al de los intérpretes.

Es así que el cuarteto de cuerdas se erige tal vez como la cumbre más perfecta del formato, pues en el, los compositores habrían llegado a manifestar sus más profundos y personales sentimientos.

Se da por entendido que Franz Joseph Haydn fue quien le dio la forma (estructura) que luego acogieron y desarrollaron compositores posteriores, quienes lo hicieron de acuerdo a la época y estilo que les correspondió vivir.

American String Quartet (Peter Winograd violín I, Daniel Avshalomov viola, Laurie Carney violín II y Wolfram Koessel chelo) foto ASQ

Entre los muchos conjuntos de cámara existentes, donde algunos de ellos han marcado época, se encuentra el American String Quartet, agrupación que desde su formación se le ha proclamado como uno de los mejores, debido a su refinada técnica y enfoque de los estilos.

En su visita anterior les escuchamos interpretando sextetos de cuerdas, en esta se volcaron a la intimidad del cuarteto, donde una vez más maravillaron por su exquisita musicalidad, afinación perfecta y la expresividad precisa en los estilos de cada obra que presentaron.

Franz Joseph Haydn. foto classicfm

Por supuesto que fue una obra de Haydn la que abrió el programa, se trató de su Cuarteto en Sol mayor, Op. 76, Nº 1, el que iniciaron con gracia cantabile en sus diálogos contrastantes; el segundo movimiento, Adagio sostenuto, mostró un íntimo diálogo entre el violín 1 y el chelo en su primera sección, mientras que en la central lo marcaron con una progresión expresiva de gran belleza. El Menuetto Presto que sigue fue de enorme perfección en sus articulaciones a pesar de su velocidad, mientras que un exquisito canto de los violines se opuso al pizzicato de la viola y el chelo en el trío del movimiento. El Finale fue de extraordinario virtuosismo particularmente en el violín 1 y el chelo.

Félix Mendelssohn. foto bio

Continuaron con el Cuarteto en Mi bemol mayor, Op. 12 de Félix Mendelssohn, enfrentado con mayor peso sonoro en su abigarrada estructura, en el evidenciaron una expresividad propia del romanticismo, la Canzzonetta que sigue, que recuerda fuertemente sus Canciones sin Palabras, la abordaron con la gracia de una canción popular, y la sección central mostró un exquisito pianissimo.

El Andante que tiene una forma más libre fue un lujo no solo en lo expresivo, también en contrastes y progresiones; el Molto allegro e vivace que finaliza, que nos remite a los típicos scherzo del autor fue una muestra superior del virtuosismo que este conjunto puede ofrecer, los presentes ovacionaron la versión.

Ludwig van Beethoven. foto youtube

Finalizaron con el Cuarteto en Do mayor, Op. 59, Nº 3 de Ludwig van Beethoven, que pertenece a la serie de los Razumovsky, en su versión mostraron toda su capacidad expresiva y musical ya desde la oscura introducción que conduce a un enérgico cantabile; el Andante con moto, tal vez una de sus partes más conocidas, que contrasta una elegante melodía de los violines con el pizzicato del resto en una perfecta fusión, encantó tanto como conmovió.

El tercero que pareciera un homenaje a Haydn, destacó por las intencionalidades y carácter danzable, el Allegro Molto final fue de extremo virtuosismo desde la fuga del inicio, pero sin restar en nada la expresividad en medio de dinámicas logradas progresiones dinámicas, la arrolladora versión fue saludada con una impresionante ovación, que finalizó cuando ofrecieron como encore una Cavatina del mismo Beethoven en una íntima versión.

American String Quartet. foto operaperu

Una visita que será recordada como una de las grandes visitas del año, en esta Temporada Internacional Fernando Rosas de la Fundación Beethoven.

Gilberto Ponce. (CCA)

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BALLET DE SANTIAGO TRIUNFANTE FLAUTA MÁGICA.

MOZART BEJART ENCUENTRO DE GENIOS.

Un verdadero acontecimiento se vivió el sábado recién pasado, con el estreno en Chile de La Flauta Mágica, la coreografía de Maurice Béjart para la bellísima ópera de Wolfgang Amadeus Mozart, esta verdadera obra maestra de la danza la pudimos observar y gozar gracias a que el mismo coreógrafo cedió los derechos a Marcia Haydée, quien con el auxilio de dos ex bailarines de Béjart remontaron con el Ballet de Santiago la magnífica creación.

Las Tres Damas de la Reina de la Noche, fascinadas con el desmayado Tamino, atrás parte del Dragón. foto Patricio Melo

Más de alguien podrá objetar el que seamos tan entusiastas en los calificativos, pero creemos que sería injusto no referirse en esos términos a esta Flauta Mágica, ya que nos encontramos ante una obra que reúne gran cantidad de principios estéticos universales donde la belleza triunfa sin contrapeso, que junto al uso de una adecuada mímesis, provoca un encuentro entre la poesía, música y la danza, en una obra que al igual que otras de índole superior se explica por sí misma, apelando tanto a sentimientos como a emociones, sin dejar de lado el humor

Pamina (Natalia Berríos) con uno de Los Tres Niños. foto Patricio Melo

Béjart plantea su obra como una mezcla entre fantasía, poesía y rito en la que expone entre otros elementos las relaciones hombre-mujer, las que para triunfar precisan pasar por múltiples pruebas, por ello es que al final la Reina de Noche no desaparece, se reencuentra con Sarastro apareciendo incluso vestida con los colores del Sol, que identifican a Sarastro.

Bien sabemos que Béjart acostumbra hacer un todo entre el ballet clásico y el moderno, potenciando ambos en una síntesis siempre novedosa, medios que en este caso le permiten llevar al público por los caminos tanto del cuento infantil, como por los de los simbolismos y las verdades universales, razones que explican el porqué este ballet encuentra tanta resonancia, pues sus destinatarios abarcan gran parte de la sociedad y cada segmento etario o intelectual los recibe y goza en su propio nivel.

Tamino (Rodrigo Guzmán) y La Reina de la Noche, cuando le pide rescatar a Pamina. foto Patricio Melo

El marco escenográfico y el vestuario (Alan Burret) de sencillez y simbolismo austero, sirve de medio para que en sus dos niveles cortinajes abran o cierren entornos dramáticos, mientras que dos escaleras móviles permiten el flujo de personajes, la iluminación de Ricardo Castro es de una delicadeza y precisión que sin notarse crea los ambientes precisos, que complementa al vestuario que en un equilibrio y contraste cierra este círculo tan virtuoso como mágico.

El trabajo realizado por los repositores Christine Blanc y Juichi Kobayashi -quienes trabajaron largos años en la compañía de Béjart-, y el del Ballet de Santiago solo puede ser considerado de soberbio, pues en su magistral desarrollo llegaron a detalles ínfimos como aquellos movimientos de manos de preciso significado.

Tamino (Rodrigo Guzmán) llegando a las puertas del templo de Sarastro. foto Patricio Melo

En el ámbito de la danza misma, la compañía mostró una disciplina certera a la vez que grácil, con una perfección de movimientos increíble, hacemos notar que la coreografía no se limita a la repetición de esquemas, está siempre innovando a medida que se desarrolla el argumento, quisiéramos destacar algunos de los muchos logros visuales: el como construye o desconstruye el dragón del comienzo, luego la aparición de las Tres Damas de la Reina de la Noche (Esperanza Latuz, Katherine Rodríguez y Ethana Escalona) que bailando en punta, muestran su deslumbramiento por Tamino en el inicio de un desempeño impecable; así también es hermoso el juego cuando el Narrador le enseña el retrato de Pamina a Tamino; o el como se resuelven las Pruebas del Fuego y el Agua.

Pamina Natalia Berríos) y Tamino (Rodrigo Guzmán) se aprestan a la Prueba del Fuego. foto Patricio Melo

El impecable desempeño de la Compañía en grandes grupos, no puede olvidar aquel que les correspondió bailar en grupos pequeños, como los Tres Niños (Esdras Hernández, Emmanuel Vásquez y Gustavo Echevarría), Dos Soldados (Alexey Minkin y Luciano Crestto) o los Tres Esclavos (Simón Hidalgo, Carlos Inostroza y Sebastián Lizama) quienes lo hicieron con el más alto profesionalismo.

Béjart logra en esta Flauta Mágica un imposible, convertir la danza en el complemento perfecto de la música y el canto, valiéndose para ello de la grabación histórica de Karl Böhm, es así que a ratos pareciera que los movimientos y el canto fueran un todo indisoluble; a manera de ejemplo, el encandilamiento de Tamino ante el retrato de Pamina o sus dúos con ella, la arias de Papageno, la lujuria de Monostatos, los solemnes movimientos de Sarastro, o las arias de la Reina de la Noche.

Papageno (Lucas Alarcón) foto Patricio Melo

Los solistas recibieron al final una incontenible ovación, que fue sin duda fue más que merecida; comenzaremos mencionando un personaje que fue creado por Maurice Béjart, se trata de un Narrador que conduce la historia, haciéndola más comprensible para aquellos que desconocen la ópera, nos correspondió ver a Agustín Cañulef que realizó un sorprendente y estupendo trabajo no solo como bailarín, que en verdad lo es, pues con perfecta dicción llevó la historia, cambiando de voz para los diferentes personajes, haciéndolo con estupenda proyección.

Rodrigo Guzmán enfrentó un nuevo y extenuante desafío como Tamino, dando a conocer una nueva faceta como bailarín, ahora de apolínea serenidad, haciéndolo en forma muy expresiva a través de su notable presencia escénica, por supuesto como rindió al público este le tributó atronadores aplausos.

Natalia Berríos fue una grácil y poética Pamina bailando los sinuosos movimientos creados por la coreografía, frágil cuando es perseguida por Monostatos, conmovedora cuando cree que Tamino la abandonó, confusa cuando le piden que asesine a Sarastro, como suplicante ante este pidiendo el perdón para su madre, por ello cosechó otro gran triunfo en su carrera.

Tamino y Los Tres Niños cuando es conducido al templo de la Sabiduría. foto Patricio Melo

Andreza Randisek estuvo espléndida como la Reina de la Noche, puso toda su técnica y presencia escénica en la creación de su frío e imponente personaje, que le exige bailar siempre en punta, ganándose por su destreza y expresividad otra de las ovaciones de la velada.

Papageno el querible y simpático personaje, conquistó desde su entrada, por la platea, a los presentes, a su personaje se le pide una síntesis de baile clásico y moderno, por eso es que Lucas Alarcón, quien además tiene breves diálogos, cautivó tanto en las arias de Papageno, como al evidenciar sus temores que no duda en manifestar, tanto como aquellas enormes ganas de gozar la vida y encontrar a su Papagena, la que cuando llega les permite bailar un deliciosos y divertido dúo. Montserrat López fue su simpática Papagena.

Papageno (Lucas Alarcón) y Tamino (Rodrigo Guzmán). foto Patricio Melo

Miroslav Pejic bailó con enorme prestancia como Sarastro, llenado los espacios con su presencia, mientras que Carlos Aracena se convirtió en un libidinoso Monostatos de movimientos tan eficientes como sinuosos y reptilescos.

Escena final, en primer plano Los Tres Niños, luego Tamino y Pamina se inclinan ante La Reina de la Noche (Andreza Randisek) y Sarastro (Miroslav Pejic), detrás de ellos El Narrador (Agustín Cañulef) foto Patricio Melo

Sin duda que esta presentación da cuenta del altísimo nivel del Ballet de Santiago, mérito que le ha llevado a convertirse en un referente de la danza en nuestro continente, sin duda producto del acertado, creativo y profesional desempeño de su directora Marcia Haydée.

Saludo final del todo el elenco, se aprecian además Monostatos (Carlos Aracena) y Papagena (Montserrat López), cuarto y quinto de izquierda a derecha. foto Patricio Melo

Gilberto Ponce. (CCA)

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CELSO LÓPEZ INTERPRETA PENDERECKI.

PENDERECKI EN LA SINFÓNICA.

El doceavo concierto de la Temporada de la Orquesta Nacional de Chile, fue dirigido por el director ruso holandés Daniel Raiskin, ocasión en que el conjunto volvió a mostrar algunas de sus mejores facetas en particular un hermoso sonido general, y en cuanto al programa no cabe duda que el mayor interés estuvo en la interpretación del Concierto para violonchelo y orquesta de Penderecki.

Primeramente la orquesta interpretó la Obertura Euryanthe de Carl María von Weber, obra que reemplazó a la de Wagner programada originalmente, debido a que el director Raiskin, en una actitud que nos parece extemporánea para los tiempos que se viven, no dirige Wagner debido a que él como judío, asocia al compositor con los horrores del período nazi. No sabemos que pensará de la orquesta que dirige Baremboim con músicos judíos, palestinos y árabes, o del hecho que en Israel en la actualidad no exista un veto a las obras de Wagner, en fin de todas formas respetamos su forma de pensar, la que no compartimos, la música está por sobre esas diferencias.

El director Daniel Raiskin. foto ceac

De la versión de la obra de Weber, pensamos no tuvo los ensayos suficientes, creemos que las otras deben haber ocupado gran parte de estos, por ello no estuvo a la altura de las bondades que esta tiene, con una introducción gruesa y poco sutil, en exceso ruidosa con forte descontrolados, con algunos notorios desajustes en su desarrollo y poco pulcra en sus detalles.

El compositor Krzysztof Penderecki dirigiendo una de sus obras. plateamagazine

Posteriormente las cosas cambiaron radicalmente con la interpretación del Concierto Nº 2, para violonchelo y orquesta de Krzysztof Penderecki, interpretado por un inspirado Celso López, obra que llevó a muchos interesados a escucharla, debido a lo poco frecuente que resulta interpretar al compositor polaco en nuestro país.

El concierto, que nos parece más bien un concertante para chelo y orquesta, reúne las características de un Penderecki que se ha alejado del lenguaje rupturista de sus primeras obras, aquí al igual que en muchas de otras, el autor mezcla diversos lenguajes estilísticos, constituyendo un todo equilibrado entre tonalidad y disonancia, bien lo ha expresado él mismo: “la música para mí es una sola, y utilizo aquello que creo necesario, sin importar si son secuencias gregorianas, tonales clásicas o contemporáneas, si expresan lo que deseo”.

Celso Lóprez y las Sinfónica en plena interpretación del concierto de Penderecki. foto ceac

La versión de Raiskin fue cuidadosa en el manejo de contrastes y texturas, tanto como en el balance entre solista y orquesta, del mismo modo trató las múltiples repeticiones, a veces casi obsesivas, acentuando progresiones y fraseos de una partitura magistralmente orquestada, que incluye un importante número de percusiones.

Celso López obtuvo un resonante triunfo, no solo por su musicalidad, también por la afinación, y el como resolvió los múltiples desafíos planteados por su autor, con hermoso sonido, sólido o dulce, meritorias dobles cuerdas y pizzicato, mezclando contrastes, siempre con inteligentes fraseos, por ello las ovaciones recibidas al final, mostraron claramente el reconocimiento del público al solista, y a la orquesta que dirigida por Daniel Raiskin que dieron todo de sí mismos, para su mejor éxito.

Celso López, Raiskin y la Sinfónica agradecen las ovaciones luego de interpretar el concierto de Penderecki. foto ceac

En la segunda parte se interpretó la Sinfonía Nº 7 en La mayor, Op. 92 de Ludwig van Beethoven, en una versión bastante energética, y en tempo bastante rápido, que fue de menos a más; si bien coincidimos que su espíritu está cerca de lo danzable, Wagner la denominó “apoteosis de la danza”, no por ello la velocidad es su impronta. Es así que el segundo movimiento perdió peso en lo cantabile, pero es destacable la sonoridad de las cuerdas en sus partes fuertemente melódicas.

Más cerca del carácter, estuvieron el tercero y el cuarto en los que la velocidad impresa por la batuta, exigió al máximo a los instrumentistas que respondieron admirablemente a los requerimientos, es así que no por la popularidad de la obra, sino que por la calidad mostrada por los músicos, que el público la ovacionó sin reservas.

Gilberto Ponce. (CCA)

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LA CENICIENTA CONTINÚA DE FIESTA.

VERSIÓN ESTELAR DE LA CENICIENTA.

En la hermosa y no menos poética escenografía de Ezio Toffolutti, que sigue manteniendo el vigor de su estreno, y de la mano de Frédérique Lombart en la dirección de escena, tuvimos oportunidad de presenciar el estreno de la Versión Estelar de La Cenicienta la bella ópera de Gioacchino Rossini.

Tisbe (Marcela González) y su hermana Tisbe (Yaritza Véliz) maltratan a Cenicienta (Evelyn Ramírez. foto Patricio Melo

Lombart dejó perfectamente en claro su idea de régie, la que replicó con los mismos detalles de la Versión Internacional, sin restar ninguno de los a veces mínimos pero importantes detalles, no cabe duda que su estupendo trabajo que parte del original de Jérôme Savary, no solo le hace justicia, lo enriquece. Qué importante sería contar con ella en otras producciones, trabajos de esta calidad no son frecuentes.

Don Magnífico (Sergio Gallardo) es enterado por sus hijas Tisbe y Clorinda que llegará un Príncipe a su casa. Foto Patricio Melo

La parte musical le correspondió al joven Pedro Pablo Prudencio, quien a nuestro juicio logró resultados de enorme calidad, evidenciados desde la brillante y chispeante obertura, donde ahora su introducción no tuvo ripios, y en el desarrollo de la ópera no solo fue cuidadoso con los cantantes, pues logró realzar aquellas frases instrumentales que complementan partes cantadas, algún momento de mínimo desajuste en un par de concertatos, que corrigió prestamente, no empañó en absoluto su estupendo desempeño, que lo perfila como un gran rossiniano.

El Príncipe Don Ramiro (Santiago Bürgi) conoce y se enamora de Cenicienta (Evelyn Ramírez). foto Patricio Melo

El rol protagónico recayó en Evelyn Ramírez, que fue simplemente de arrolladora calidad, con un volumen parejo en toda la tesitura, dándose el lujo de hacer variaciones en las coloraturas, cuando se trataba de otra estrofa, ensamblándose perfectamente con el resto del elenco, y utilizando su reconocida capacidad actoral, creó un personaje que fue ovacionado y con la mayor justicia.

Dandini (Patricio Sabaté) vestido de Príncipe, trata de escapar del asedio de Clorinda (Yaritza Véliz), atrás Don Magnífico (Sergio Gallardo). foto Patricio Melo

El Príncipe Don Ramiro fue cantado por el tenor argentino Santiago Bürgi, el que sin poseer un gran caudal de voz, enfrentó con sus medios las a veces endiabladas coloraturas y notas agudas, haciéndolo con musicalidad y prestancia, creemos que su actuación no es muy natural, no obstante dio perfectamente el personaje.

Don Magnífico (Sergio Gallardo) reprende a Cenicienta (Evelyn Ramírez) por querer asistir al baile. foto Patricio Melo

Sergio Gallardo que fue Don Magnífico, demostró una vez más el porqué no solo ha conquistado al público de nuestro país, pues está desarrollando una gran carrera en el extranjero, es un gran bajo-barítono bufo, su actuación es sobresaliente, transita por todos los estados anímicos de su personaje y en lo vocal no solo maneja las coloraturas, también a la perfección los increíbles trabalenguas.

Alidoro (Matías Moncada) dice a Cenicienta (Evelyn Ramírez) que su sueño de ir al baile se realizará. foto Patricio Melo

Patricio Sabaté, que es considerado por el público como un verdadero símbolo de calidad, la mismo que lo hace saltar de Mozart, en la ópera anterior, a un Rossini con un desplante actoral de la mejor escuela, mientras que en lo vocal atrapa con su hermoso timbre y sus musicales fraseos; su Dandini le permitió mostrar dos facetas, la del criado gozoso de reemplazar al Príncipe, con guiños de gran comicidad, hasta el humilde criado que vuelve a sus funciones cuando el Príncipe reasume su cargo en propiedad.

Don Magnífico (Sergio Gallardo) es nombrado “Cantinero” en las bodegas del Príncipe. foto Patricio Melo

Matías Moncada a quien vimos en la versión internacional como Alidoro, reemplazando al enfermo Ricardo Seguel, mostró su talento vocal y hermoso timbre, mientras que en actuación lo apreciamos mucho más seguro y desenvuelto.

Alidoro (Matías Moncada) presenta en la fiesta a Cenicienta convertida en gran dama, ante la extrañeza de sus hermanastras. foto Patricio Melo

Yaritza Véliz, quien en el estreno se torció un pie, actúo con una bota muy bien disimulada por los vestuaristas, volvió a cantar junto a Marcela González como las histriónicas e insoportables Hermanastras, que con todas sus mañas y a ratos desopilante desempeño, al igual que en la versión internacional, volvieron a conquistar al público que las ovacionó.

Cenicienta (Evelyn Ramírez), perdona a Don Magnífico (Sergio Gallardo) las injusticias cometidas con ella. foto Patricio Melo

Una función que terminó con el público de pie agradeciendo una notable versión de La Cenicienta de Rossini.

El elenco agradece las ovaciones del público al final de la función. foto Patricio Melo

Gilberto Ponce. (CCA)

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SINFONÍAS DE CÁMARA DE SCHOENBERG EN EL GAM.

BORTOLAMEOLLI EXCELENCIA MUSICAL Y PEDAGÓGICA.

A escasos días de haber sido nombrado Director Asistente de la Sinfónica de Los Ángeles, que dirige Gustavo Dudamel, el joven director chileno Paolo Bortolameolli realizó en Santiago y otras ciudades una serie de conciertos con las más variadas agrupaciones y orquestas.

Paolo Bortolameolli. foto biobio

Con una carrera en ascenso Bortolameolli, continúa mostrando lo que consideramos sus mayores virtudes; estudio profundo de las obras que aborda, trabajo acucioso con los conjuntos que dirige, una gran formación cultural como sustento de sus enfoques, que se complementan con su gran intuición y talento.

La seriedad que muestra en cada presentación, debe haber sido sin duda uno de los factores que incidieron en su importante nombramiento, recordemos que el último chileno en alcanzar una altura semejante, fue Juan Pablo Izquierdo quien hace ya algunas décadas, fue nombrado asistente de Leonard Bernstein en la Filarmónica de New York.

Paolo Bortolameolli, detrás la imponente sede de la Sinfónica de Los Ángeles. foto mercurio

Pues bien una de estas tantas presentaciones la realizó en el GAM, en lo que sin duda transformó a este concierto en uno de los más importantes del año, lo realizó junto a la orquesta de cámara Solístico de Santiago, formada por miembros de la Filarmónica de Santiago, agregando para la segunda obra, un grupo importante de jóvenes y notables músicos.

El programa fue un desafío mayor, pues se interpretaron las dos Sinfonías de Cámara de Arnold Schoenberg, en la que tal vez haya sido una de las pocas oportunidades en que estas obras se han interpretado juntas, el caso es que ante una sala desbordante de un público ansioso, bajo la dirección de Bortolameolli se llevó a efecto la presentación.

Arnold Schoenberg. foto thefamouspeople

Bortolameolli posee un gran carisma personal, el que utiliza para realizar en forma clara y concisa explicaciones introductorias de las obras de sus programas, así lo hizo en esta oportunidad, y sus palabras resultaron más que pertinentes, por tratarse de obras desconocidas para muchos auditores, con un lenguaje musical que corresponde a uno de los padres de la música contemporánea, pero fundamentalmente además, porque no existió un programa de mano.

Ambas sinfonías recibieron precisas explicaciones, incluyendo la audición de fragmentos temáticos de la primera preparando entonces al público para su audición.

Afiche de la Orquesta de Cámara Solístico de Santiago. foto youtube

La versión de la Primera Sinfonía se realizó según el estreno realizado por el propio Schoenberg, cuarteto de cuerdas más contrabajo, y conjunto de maderas y cornos, señalaremos que el mismo autor, la dirigió posteriormente con un grupo mayor de cuerdas, existiendo versiones para orquesta completa.

Bortolameolli dio muestras de un profundo dominio de la partitura, manejando frases y semifrases de manera que llegaran nítidamente a los auditores, utilizando con precisión el balance para que las cuerdas no perdieran presencia.

Asimismo destacó tensiones y relajaciones, contando con la musicalidad y profesionalismo del espléndido conjunto, que respondió a su sentido de fraseo y expresividad, durante el desarrollo señalaremos algunos momentos que en su compleja polifonía instrumental, recuerdan fuertemente a Richard Strauss.

Si en la interpretación de la Primera Sinfonía fue evidente el absoluto compromiso de los intérpretes, este se ratificó en la versión de la Segunda Sinfonía, a la que concurrieron los invitados, para formar la orquesta de cámara que requiere la obra, sinfonía que en su estreno recibió algunas críticas, por haber abandonado supuestamente su autor el estilo de la primera, estilo que mostraba los caminos de un Schoenberg que estaba cambiando la música, la segunda es sin duda más posromántica, llegando al expresionismo, pero sin alcanzar el rupturismo de la primera.

Paolo Bortolameolli ensayando con la Sinfónica de Concepción. foto corcudec

En ella se advierte una sujeción a la forma mucho más clara que en la precedente, aunque muestre un mundo dramático y oscuro. La danza grotesca e irónica del segundo movimiento de enorme dificultad rítmica, que recuerda algunos movimientos de algunas sinfonías de Mahler, recibió una interpretación que nos atrevemos a calificar de soberbia, en una complejidad que se disuelve súbitamente en remansos armónicos.

El director se movió a través de ella con intuición, planteando claramente todos los contrastes, encontrando en sus músicos no solo entusiasmo, también la calidad musical propia del desafío planteado.

Las largas ovaciones de pie, retribuyeron un trabajo de excelencia de Solístico de Santiago y el grupo de invitados, que dirigidos por Paolo Bortolameolli realizaron uno de los conciertos más significativos del año.

Gilberto Ponce. (CCA)

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LA CENICIENTA CONQUISTA EL MUNICIPAL.

BRILLANTE CENICIENTA EN EL MUNICIPAL.

Con una enorme ovación, finalizó la función del sábado recién pasado en el estreno de la Versión Internacional de la ópera La Cenicienta de Gioacchino Rossini, en el Municipal de Santiago, aplausos que reconocieron el desempeño de los cantantes tanto como su puesta en escena, que se constituyó en un goce de principio a fin.

Tisbe (Marcela González), Cenicienta (Josè María Lo Monaco) y Clorinda (Yaritza Véliz), las hermanastras humillando a Cenicienta. foto Patricio Melo

En un marco escenográfico de Ezio Toffolutti, que recrea en cierta medida esos mágicos cuentos infantiles, donde al abrir una página se elevaban paisajes o residencias con sus personajes, se llevó a cabo la régie de Jérôme Savary, que en esta ocasión fue extraordinariamente repuesta por Frédérique Lombart.

La iluminación de Ricardo Castro según diseño de Sébastien Bohm, contribuyó a mantener siempre el aura mágica, donde el vestuario del mismo Toffolutti de gran belleza cierra el círculo virtuoso.

Tisbe (Marcela González), El Mendigo (Alidoro disfrazado) en esta foto del ensayo general Ricardo Seguel, en el estreno cantó Matías Moncada, tratando de comprobar la bondad de las tres mujeres, Cenicienta (Josè María Lo Monaco) y Tisbe (Yaritza Veliz). foto Patricio Melo

Frédérique Lombart agregó a la régie original movimientos coreográficos tan acertados que, sin convertirse en protagonistas fueron el complemento perfecto a la acción, estos fueron ejecutados por bailarinas que equilibraron la presencia solo masculina del coro, con quienes interactuaron en varias ocasiones; debemos destacar la tormenta, tan propia de las óperas de Rossini, en la que las bailarinas realizaron un hermosa a la vez que sutil coreografía.

La meticulosa dirección de escena, llegó incluso a gestos faciales complementarios de los corporales, como de piernas y brazos, diferenciando cada personaje, es así que otorgó a las hermanastras la necesaria y ridícula presencia, contrastada con la serena sencillez de Cenicienta, le otorgó una cierta frescura a Dandini, realzando a la vez el atribulado arribismo de Don Magnífico, en severo contraste con la nobleza del Príncipe Don Ramiro, o la prestancia y humildad de Alidoro.

Llegada de los emisarios de El Príncipe anunciando que busca esposa, provocando la locura de las hermanastras, mientras observa Alidoro disfrazado de Mendigo. foto Patricio Melo

Sus guiños al cuento clásico, con una calabaza que presentan a Cenicienta cuando Alidoro le regala el vestido para el baile, o el divertido juego-enredo entre zapato de cristal y brazalete, son de potente efecto; en otro aspecto, de gran belleza plástica estimamos la escena de la cata de vinos, donde Don Magnífico será ordenado de “cantinero”.

En verdad podríamos seguir señalando numerosas virtudes de una producción que no por el hecho de ser tradicional, deja de presentar muchas novedades y aciertos en los variados juegos escenográficos.

La dirección musical estuvo a cargo de José Miguel Pérez Sierra, la que consideramos solo correcta, pues no logró resolver o sacar a luz muchas de las genialidades de la partitura orquestal, la que en muchos momentos se convierte en verdadero cómplice de los cantantes, su gesto amplio que tiende más bien a marcar pulsos, evita desajustes o los minimiza, pero creemos que este elenco merecía un manejo orquestal más fino, pues solo se limitó a un correcto manejo de contrastes forte-piano, pero sin mayor chispa y sin las sutilezas instrumentales de Rossini.

La sección Masculina del Coro del Municipal de Santiago dirigido por Jorge Klastornick, con la excelencia acostumbrada en lo vocal y en actuación.

El Príncipe Don Ramiro (Michele Angelini), disfrazado de criado conoce y se enamora de Cenicienta (Josè María Lo Monaco). foto Patricio Melo

Josè María Lo Monaco fue Angelina, la Cenicienta, ella es dueña de un hermoso timbre, aunque de reducido volumen en el sector medio, no obstante sus coloraturas son seguras y hermosas, su aria final fue notable por ello el público la aplaudió efusiva y calurosamente.

Don Ramiro el Príncipe encontró en Michele Angelini un intérprete con gran facilidad de coloraturas y agudos, las que despliega generosamente, si bien creemos que tiene presencia escénica, pensamos que a ratos le falta algo de naturalidad, aunque esto podría ser un requerimiento de la régie, pero igualmente su trabajo recibió una contundente ovación.

Pietro Spagnoli fue un gran Don Magnífico, debido a su poderosa genial actuación, que le hace transitar por diversos estados emocionales, vocalmente sin duda responde a todas las exigencias de su papel, por ello no extrañó el fervor que le prodigó el público.

El Mendigo transformándose en Alidoro. foto Patricio Melo

Joan Martín-Royo posee todas las condiciones para que su personaje Dandini, el criado que debe disfrazarse de Príncipe, conquiste totalmente al público, vocalmente impecable, con una simpatía arrolladora, gesticulación graciosa y atingente, es un cantante que quisiéramos ver en otras producciones, fue ovacionado al final.

Matías Moncada, que canta en la versión estelar, se vio obligado a reemplazar a Ricardo Seguel que se encontraba enfermo, este joven valor posee una hermosa y generosa voz, y su actuación se acrecienta, convincente como el Mendigo del inicio y luego como Alidoro que maneja gran parte de los enredos.

Simplemente geniales Yaritza Véliz y Marcela González como las hermanastras Clorinda y Tisbe, impecables en lo vocal y graciosísimas en lo actoral, se ganaron con justicia una enorme ovación del público.

Don Magnífico en la foto Sergio Gallardo, que cantó en el ensayo general reemplazando al enfermo Pietro Spagnoli y las hermanastras acosan aCenicienta. foto Patricio Melo

Sin duda una versión que quisiéramos ver varias veces, para así apreciar mejor la gran cantidad de detalles de esta estupenda puesta en escena.

Gilberto Ponce. (CCA)

Aclaración; las fotos que me fueron enviadas desde el Municipal, corresponden al ensayo general, donde no cantaron por enfermedad; Pietro Spagnoli y Joan Martín-Royo, por esta razón no aparecen en las fotos de la crítica.

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HOMENAJE A CLAUDIO MONTEVERDI POR LA UAH.

MADRIGALES DE AMOR Y GUERRA DE MONTEVERDI EN EL GAM.

El Departamento de Música de la Universidad Alberto Hurtado, se ha caracterizado por venir realizando con sus alumnos las más diversas propuestas musicales, algunas de ellas escenificadas, permaneciendo siempre una constante, un señalado buen gusto y ajustado estilo.

El Chambelán de la Corte del Duque de Mantua, junto a los cantantes que actuarán ante el Duque.

Uno de los campos abordados ha sido el de la música antigua, que suponemos seguirá desarrollándose en forma óptima, con la incorporación a la universidad del prestigioso y experto violinista barroco Raúl Orellana.

En el GAM, y participando en canto solo alumnos de la universidad, se presentó como espectáculo homenaje a Claudio Monteverdi, una selección de sus libros de Madrigales, Scherzi Musicali y un fragmento de L´incoronazione de Poppea, todo bajo el título Madrigales de Amor y de Guerra, los que fueron acompañados por un conjunto instrumental barroco La Consonancia, de estupendo cometido encabezado por su director Cristián Gutiérrez, tiorba, Raúl Orellana y Álvaro Carreño violines, Luciano Taulis viola da gamba y Felipe Arias clavecín, junto a cuatro bailarines actores (Magnus Rassmussen, Betania González, Jorge Carrasco y Paulina Vielma) incluyendo a un actor y una actriz (Marcela Sáiz y Rodrigo Carrasco), con una puesta en escena de responsabilidad de Gustavo Acevedo, actuando todos bajo la dirección musical de la talentosa Jessica Quezada.

Chambelán y cantantes en pleno ensayo de su espectáculo.

En un marco escenográfico barroco, con algunos elementos movidos por los mismos cantantes, una precisa iluminación y bello vestuario, se escenificó un ensayo para representación que se realizaría ante el Duque de Mantua; no olvidemos que a instancia de este Duque, fue que Monteverdi creo Orfeo, considerada la primera ópera de la historia.

El talento del joven grupo de cantantes se puso a prueba, pues cantaron de espaldas al grupo instrumental, haciéndolo con increíble precisión tomando en cuenta que algunas de las obras son de compleja polifonía, factor que revela acuciosos ensayos.

Uno de los dioses interactuando con las ninfas.

La puesta en escena mezcla en un todo armónico a un grupo de cantantes, que serán ninfas y pastores, junto a un grupo de bailarines actores, representando a dioses que influirán en los humanos, todos coordinados por el chambelán de la corte, rol a cargo de la actriz y creadora del libreto Marcela Sáiz, que logró algunos importantes aciertos, incluso se permitieron un guiño a la Comedia del Arte, con la inclusión de un personaje cómico en múltiples roles.

Dúo de amor, ante los pastores y ninfas, atrás en lo alto el conjunto instrumental.

A partir de este formato se construyó el hilo argumental, que inteligentemente fue contrastando madrigales en sus más diversas combinaciones, algunos enlazados por danzas (Orquesografía de Arbeau), utilizando todo el escenario, incluida la parte superior, donde además se instaló el conjunto instrumental.

La serie de madrigales fueron cantados por un total de siete intérpretes, Jade Berk y Stefanía Alegre sopranos, Francisca Aravena mezzosoprano, Víctor Muñoz contratenor, Christian Moscoso tenor, Franco Oportus barítono y Kevin Mansilla bajo, los que mostraron tanto en sus intervenciones a solo, como en las diversas combinaciones vocales una sólida preparación, no obstante destacaremos la musicalidad entrañable de Stefanía Alegre y Francisca Aravena, la solvencia vocal y escénica de Víctor Muñoz y la calidez vocal de Kevin Mansilla; Jade Berk fue de conmovedora expresividad en su fragmentos a solo y Franco Oportus aportó indudable musicalidad, creemos que el más novato fue Christian Moscoso, en quien se aprecia un hermoso material vocal, pero aún demasiado tímido en actuación.

El grupo de dioses.

Del mismo modo debemos destacar la musical solvencia del grupo en las obras a capella, donde además de cantar actuaban, en las otras que fueron acompañadas por instrumentos, el pulso era más identificable.

Sin duda se trató de un valioso aporte al conocimiento de uno de los grandes compositores de la historia de la música, el que fue vigorosamente aplaudido por los asistentes que reconocieron las virtudes de este trabajo universitario.

Saludo final, en primer plano Jessica Quezada, Dirección general, Gustavo Acevedo, Dirección escénica, Magnus Rasmussen, Dirección Danzas y Marcela Sáiz, Libreto y Chambelán, atrás cantantes y bailarines, arriba el Conjunto Instrumental dirigido por Raúl Orellana.

Gilberto Ponce. (CCA)

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JAVIER CAMARENA DESLUMBRA EN CORPARTES.

JAVIER CAMARENA UNA FIESTA DE CANTO.

En la espléndida acústica del Teatro de CorpArtes (CA 660) se presentó una de las figuras de meteórico ascenso en la lírica, el tenor Javier Camarena, que ya había debutado en nuestro país, en el Teatro del Lago de Frutillar. Ahora al igual que hace dos años se presentó junto al estupendo pianista Ángel Rodríguez, en un recital dividido en dos partes, la íntima expresividad del lied en la primera y por supuesto arias de ópera en la segunda.

Javier Camarena y Ángel Rodríguez en pleno concierto.

Camarena simplemente enfervorizó a los asistentes, tanto por la belleza de voz, su extraordinario manejo de la dinámica, con pianissimo expresivos y bellos, sus crescendo y diminuendo naturales, así como el manejo de las coloraturas, tanto como por su facilidad al enfrentar agudos, características suficientes tal vez para otros, pero creemos que lo más importante en él es, su poderosa y expresiva fuerza interpretativa, con la que emociona cuando no conmueve.

El abanico de compositores le obligó a recorrer estilos muy diversos, y sin duda, sale absolutamente triunfador, para eso cuenta con el acompañamiento soberbio de Ángel Rodríguez que aborda el repertorio con imperio propio de los mejores acompañantes, impecable dinámica, musicalidad exquisita, respira con el cantante y suple eficientemente la ausencia orquestal en las arias, fundiéndose en un todo con Camarena, que sin duda confía no solo en su profesionalismo, también en su intuición.

Agradeciendo aplausos, Ángel Rodríguez y Javier Camarena.

En forma serena y casi introspectivamente enfrentó los Tres Lieder de Ludwig van Beethoven, que tienen textos de Goethe, su versión transitó entre lo clásico y romántico, con un hermoso arco expresivo.

Posteriormente cantó Tres Sonetos de Francesco Petrarca, puestos en música por Franz Liszt, aquí el despliegue y exigencia al pianista es enorme no solo en lo técnico, también en lo expresivo, para ser soporte y complemento del canto, es así que en Pace non trovo (de los Sonetos a la muerte de Laura) mostró estupendamente las contradicciones y ansiedades de quien cae preso del amor, tanto como en Benedetto sia´l giorno, en que viendo por primera vez a la amada, se extasía en ella; o en el tercero con aquella especie de transfiguración al creer ver en la tierra a los ángeles, de más está decir que la versión de Javier Camarena arrancó ovaciones, ya que no era preciso conocer los textos pues la intencionalidad de Camarena, sirvió para adentrarse en el espíritu de cada canción.

Gaetano Donizetti. foto reprodart

La segunda parte fue solo arias de ópera, iniciándose con una serena y contenida Dies Bildnis de la Flauta Mágica de Mozart, seguidamente A te, o cara de Los Puritanos de Bellini con rubato preciso en una bella línea de canto, en que los agudos fueron naturales. Luego en Languir per una bella de La Italiana en Argel de Rossini, le permitió enfrentar brillantemente las coloraturas, para posteriormente emocionar con la expresividad del aria de Lucia de Lammermoor de Donizetti en una muestra del poderío de su voz.

Finalizando con uno de sus más grandes éxitos, Ah! mes amis, de La hija del regimiento del mismo Donizetti, cantado con extraordinaria vitalidad e histrionismo, haciendo delirar al público con la sucesión de agudos.

Los asistentes no querían retirarse, por ello vinieron cinco encore, primero el emocionante Pourquoi me reveiller de Werther de Massenet , concluyendo con varias obras más populares entre ellas dos de María Grever, Júrame y la Despedida, junto a un picaresco Yo vendo unos ojos negros, apoyado por el entusiasta público.

Sin duda una velada que solo puede ser definida como Una Fiesta de Canto.

Gilberto Ponce. (CCA)

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UNA EXQUISITA EUROPA GALANTE.

LA MAGIA DE EUROPA GALANTE.

Una jornada de lujo se vivió en el quinto concierto de la Temporada Internacional de Conciertos Fernando Rosas, que organiza anualmente la Fundación Beethoven, con la presentación del conjunto barroco Europa Galante, uno de los mejores exponentes a nivel mundial de la música de ese período.

El conjunto barroco Europa Galante. foto musicaAntigua

La justa y reconocida fama hizo que el Municipal de Las Condes se viera copado por un público que vio satisfechas todas sus expectativas, con la maestría del conjunto.

Cuatro compositores italianos ocuparon su programa, en el que los intérpretes demostraron tanto sus semejanzas como sus diferencias, las que a veces presienten el próximo clasicismo.

El director y violinista Fabio Biondi. foto listeners

Europa Galante presentó una formación instrumental de siete u ocho instrumentistas incluidos Tiorba y Clavecín, según fuera la necesidad de la obra, tal como ocurrió en Las Cuatro Estaciones donde se agregó un violinista, ya que Fabio Biondi su director fue el solista.

Arcangelo Corelli. foto palomavaleva

De uno de los iniciadores del barroco Arcangelo Corelli, interpretaron primero su Concerto Grosso Op. 6 Nº 4 en Re mayor, obra en la que se apreció la exquisitez de arcos y articulaciones desde el primer movimiento, marcado por el diálogo entre violines, luego y sin interrumpir pasaron al Adagio, en que destacó la elegancia de la tiorba de Giangiacomo Pinardi como base al resto de las cuerdas, en un delicioso juego dinámico expresivo; antes del Allegro final la clavecinista Paola Poncet realizó un enlace tan sutil como elegante, que luego concluyeron con notable virtuosismo.

Francesco Geminiani. foto seventeenth

El Concerto Grosso Op. 3 Nº 2 en Sol menor de Francesco Geminiani, les mostró con mayor peso sonoro y marcada intencionalidad en los diálogos en el Largo e staccato del comienzo, cantabile y profundo fue el dúo de violines del Adagio, tanto como vital y virtuoso fue el Allegro final.

Pietro Locatelli. foto baroquemusic

Con otro carácter y peso fue la interpretación del Concerto Grosso Op. 1 Nº 5 de Pietro Locatelli, sin duda el más cercano al clasicismo, por ello el Largo del comienzo fue expresivamente cantabile, contrastándose con el Allegro siguiente que mostró rigor rítmico en sus acentuaciones, el Largo posterior fue interpretado como si fuera un aria de ópera, para concluir con el jubiloso y perfecto Allegro final, que público a esas alturas aplaudía rendido ante la calidad del conjunto.

Las celebérrimas Cuatro Estaciones (Cuatro Conciertos para Violín cuerdas y continuo) de Antonio Vivaldi, finalizaron su presentación marcada por la absoluta solvencia de los visitantes.

Como se sabe estos conciertos, son probablemente uno de los primeros ejemplos de música programática, esto es, describe situaciones, paisajes, personajes o paisajes, que es lo que pretende Vivaldi al incorporar unos sonetos que aluden a cada una de las estaciones del año, la certeza de su autor no existe por ello incluso se les atribuye al mismo Vivaldi.

Fabio Biondi fue un espléndido intérprete, salvando con maestría todas las grandes dificultades técnica y expresivas, contando para el logro con la solvencia absoluta de sus músicos.

Destacaremos solo algunas de las mejores características; el bellísimo trío que describe varios pájaros en la Primavera, así como sutiles rubato que acentuaron la expresividad; el forte “ladrido” del perro guardián a cargo de la viola del segundo movimiento, tanto como la sutileza de la suave brisa; la importancia del solo de la tiorba en el tercero.

Antonio Vivaldi (caricatura). foto redmayor

El juego de tempo en el Verano, ora libre, ora justo al inicio, así como los precisos e increíbles contrastes en dinámica, la sutileza de los dos violines en el segundo contra el forte del resto, asimismo el virtuosismo enérgico y sobresaliente del solista Biondi en el tercero.

Las pequeñas virtuosas ornamentaciones del solista en el Otoño, tanto como nuevas acentuaciones, la belleza casi improvisada de la clavecinista Paola Poncet acompañada sutilmente por el resto en el Adagio Molto del Otoño, y por supuesto los juegos crescendo-diminuendo en el Allegro final.

Antonio Vivaldi. foto visionescriticas

Del Invierno, los musicales arpegios del clavecín y la tiorba mientras que el resto mostraba novedosos arcos. El canto del violín solo acompañado del pizzicato del resto, mientras que chelo marca solemnemente el ritmo en el segundo. El arrebatador final que incluyó musicales libertades del solista.

Las ovaciones consiguieron de Europa Galante como encore un estupenda versión del Canon de Pachelbel, sin duda una visita que marcará esta temporada.

Gilberto Ponce. (CCA)

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CUARTO FESTIVAL DE COREÓGRAFOS.

RITMO Y GRANDES GRUPOS TRIUNFAN EN FESTIVAL DE COREÓGRAFOS.

Con una gran convocatoria de público se realizó este año el Cuarto Festival de Coreógrafos, que el Ballet de Santiago viene realizando en el Teatro Municipal, la idea de Marcia Haydée para esta ocasión fue acotar a solo tres coreografías el encuentro, en la que participaron grupos importantes de bailarines pertenecientes al Ballet Nacional Chileno BANCH y a los anfitriones el Ballet de Santiago, los que incluso participaron conjuntamente en dos de ellas.

Momento de Noces de Mathieu Guilhaumon. foto Patricio Melo

Esta mezcla con compañías de estilos y técnicas tan diferentes, sin duda es enriquecedora, aunque puede resaltar las diversas formaciones de los conjuntos, pues al menos en Noces, quedó en evidencia esta diversidad.

El estreno de Noces (Bodas) coreografía de Mathieu Guilhaumon, director del BANCH con música de Igor Stravinsky, abrió la jornada participando en ella las dos compañías.

Consideramos que este es uno de los mejores trabajos que le hemos visto a Guilhaumon, para una coreografía que contiene citas casi textuales a los trabajos que Vaslav Nijnsky, realizara tanto para estas Noces como para la Consagración de la Primavera, recordemos que fue este el coreógrafo que trabajó con Stravinsky en sus respectivos estrenos.

En su desarrollo se alude tangencialmente al argumento original, dividiéndolo solo en dos partes, no en las tres originales del argumento.

El manejo que Guilhaumon hace del espacio es bastante interesante, y pretende que los bailarines representen un tanto vagamente a novios y sus padres, así como la ceremonia, esta contó con la participación de ambos cuerpos de baile con algunos solistas como una espléndida Romina Contreras (Novia) y Lateef Williams (Novio) que destacaron tanto en la delicadeza de Romina, como en la impulsividad casi agresiva de Lateef, en todo caso pensamos que estos novios interactuaron generalmente a demasiada distancia, mientras que las figuras de los padres quedaron casi sumergidos en la masa.

Momento de la primera parte de Noces. foto Patricio Melo

En los movimientos grupales de danza moderna, se apreció claramente la disciplina férrea del Ballet de Santiago, mientras que el BANCH acostumbrado a una mayor libertad en sus movimientos, no entró fácilmente en lo riguroso del trabajo de Ghilhaumon. No obstante la fuerza de la música como la de la coreografía y del trabajo conjunto, consiguió una muy entusiasta respuesta del público.

Cantata la coreografía de Mauro Bigonzetti, que fue estupendamente respuesta por Carlos Padro, siguió con el programa, esta fue bailada por el Ballet de Santiago, obra que además de grupo, requiere de solos, dúos, tríos, dos pas de Quatre y un pas de six. 

El Ballet de Santiago se ha adentrado con singular éxito en la danza contemporánea, como lo atestiguan varios de sus trabajos, y esta Cantata fue ocasión para ratificar este eclecticismo, dado que no solo deben bailar, también cantar y realizar diálogos hablados.

Momento de Cantata, coreografía de Mauro Bigonzetti. foto Patricio Melo

La música del Gruppo Musicale Assurd corresponde a la propia del sur de Italia, que se cantaba en 1700 y 1800, y posee una poderosa fuerza a ratos tan desgarrada como exultante, y es en este contraste donde triunfa rotundamente Bigonzetti, encontrando en los bailarines y solistas del Ballet de Santiago intérpretes del más alto nivel, debemos señalar que la iluminación de Ricardo Castro según el diseño de Carlos Cerri fue perfecta.

Andreza Randisek y compañía en Cantata. foto Patricio Melo

Sería largo detallar las bondades de este trabajo, por ello y a riesgo de ser injustos, señalaremos los pas de Quatre de María Lovero, Emmanuel Vásquez, Katherine Rodríguez y Lucas Alarcón, tanto como el segundo. El brillante solo de Andreza Randisek, el estupendo trío de Natalia Berríos, José Manuel Ghiso y Rodrigo Guzmán, tanto como el dúo posterior de los citados solistas. El público respondió vibrantemente al gran trabajo de la compañía.

Una obra maestra que convoca a multitudes cerró la velada, se trata de Bolero cuya música de Maurice Ravel fue magistralmente coreografiada por Maurice Béjart, en esta ocasión al Ballet de Santiago se agregaron algunas figuras del BANCH, contando asimismo con el formidable trabajo solista del bailarín del Ballet de Stuttgart, Friedemann Vogel.

Friedemann Vogel y el cuerpo masculino en Bolero. foto Patricio Melo

Béjart creó un hipnótico trabajo para la música de Ravel, cuyo eje es el solista que sobre la mesa redonda se convierte en el imán para el resto de los varones que se van integrando a medida de su avance, es aquí donde Vogel cautivó tanto con su presencia escénica, como por su impecable técnica y enorme expresividad, del mismo modo el resto de los varones mostraron una perfección y disciplina que maravillaron a los espectadores, que al final explotaron en larguísimas ovaciones, cerrando así este notable Cuarto festival de Coreógrafos.

Momento de Bolero. foto Patricio Melo

(Una observación aparte, será posible que a futuro se cuente con mejores registros grabados para que estos sean bien trabajados por los sonidistas, a manera de ejemplo, el Bolero comienza en pianissimo.)

Gilberto Ponce. (CCA)

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