CARMINA BURANA TRIUNFA EN EL MUNICIPAL.

PODEROSA Y TEATRAL CARMINA BURANA EN EL MUNICIPAL.

Difícil pensar que existan personas que no conozcan al menos la poderosa introducción de Carmina Burana el oratorio escénico de Carl Orff, que ha sido utilizada en innumerables eventos de la más variada índole, pero la obra completa triunfa sin contrapeso tanto como concierto o como ballet, llevando a legiones de espectadores a los lugares donde se programa.

Afiche de Carmina Burana. foto amazon

Bien podríamos pensar que tamaña utilización terminaría por agotar el interés, pero en contrario, se mantiene como una de las obras más populares de todos los tiempos, incluso se la ha considerado música adictiva, por crear verdadera necesidad de escucharla una y otra vez, y con públicos de todas las latitudes.

En nuestro país durante décadas estuvo asociada al Ballet Nacional, por la coreografía de Ernst Uthoff que triunfó no solo en Chile, también lo hizo ampliamente en el extranjero, coreografía que por razones que desconocemos la dirección del ballet, la retiró de su repertorio.

El compositor Carl Orff. foto operaandballet

No se crea que Carmina Burana por ser tan popular es una obra fácil, ya que es muy compleja en ritmos para la orquesta, muy exigente con el coro y a los solistas les impone monumentales desafíos en tesitura y expresividad, y por supuesto requiere de un director que pueda adentrarse no solo en lo técnico, fundamental es captar plenamente su espíritu.

Hemos escuchado muchas versiones ramplonas que poco aportan, y aunque siempre el público se rinde ante ellas, sus falencias de interpretación en esos casos dejan un sabor extraño.

El Municipal de Santiago, ofreció una serie de cuatro conciertos a cargo de la Orquesta Filarmónica de Santiago, el Coro del Municipal de Santiago, junto a tres solistas todos bajo la dirección de Pedro Pablo Prudencio.

El director Pedro Pablo Prudencio, dirigiendo la obra. foto municipal

Las ovaciones, gritos y pataditas que se extendieron por más de diez minutos dieron cuenta del impacto causado por esta versión, la última de las cuatro funciones.

Creemos que Pedro Pablo Prudencio ofreció una versión que se alejó de lo rutinario, buscando acentuar el carácter de los textos, que generalmente se agrupan en tres estrofas, esto significó cambios sutiles en el enfoque para cada estrofa, entregándole fuerza vital a la versión, del mismo modo, el como manejó los conceptos dinámicos entregó novedad a muchas secciones, tanto como algunos acelerando o retardando que incidieron en su extrema vitalidad.

Asimismo la prolongación de algunos finales en las percusiones, o en la vibración de las cuerdas jugaron un rol de gran expresividad, también destacaremos el hacer surgir algunos solos o grupos de instrumentos, que aportaron al enriquecimiento de la versión.

El Coro del Municipal de Santiago dirigido por Jorge Klastornick cumplió un poderoso a la vez que sutil rol, con inflexiones, acentuaciones y cambios dinámicos que se complementaron con una espléndida dicción, sería muy detallar la suma de logros.

La soprano Patricia Cifuentes a la izquierda, el barítono Javier Weibel a la derecha, junto a la Orquesta Filarmónica de Santiago y el Coro del Municipal de Santiago durante una de las funciones. foto beethovenfm

Aludíamos a las enormes dificultades para los solistas, en este caso creemos que los tres fueron muy adecuados para enfrentar sus partes; la soprano Patricia Cifuentes que a su hermosa voz, añade un exquisito manejo de los conceptos dinámicos, atacó con dulzura el inicio del Cours d´Amour, acompañada por un grupo de sopranos del coro cantando a la manera de voces blancas, luego puso la picardía necesaria en el dúo con barítono y coro, y deslumbró en toda la sección que antecede al final con sus exquisitos matices.

Javier Weibel, cantando en la primera sección Primo Vere. foto aboutsantiago

Javier Weibel el barítono, mostró gran despliegue en la tesitura manejando su bello timbre acentuó los textos de cada una de las estrofas que le toca cantar, aún más en la Taberna se dio maña en actuar al cura borracho, deleitando por la finura del retrato.

El tenor Patricio Saxton. foto visionescriticas

Algo similar realizó el tenor Patricio Saxton que asumió el lamento del cisne que se está asando para ser comido por los borrachos de la Taberna, el esquiva el falsete cantando con su voz que debe exigir al máximo, logrando perfilar plenamente su personaje.

Patricia Cifuentes. foto visionescriticas

El público siguió la versión con expectación y gran silencio para luego explotar en entusiasmo cuando aún no finalizaba el último acorde, mostrando así su beneplácito ante el desempeño del más alto vuelo artístico, mostrado por todos los intérpretes bajo la dirección de Pedro Pablo Prudencio en esta notable versión de Carmina Burana de Carl Orff.

Gilberto Ponce. (CCA)

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MÚSICA RENACENTISTA EN PROVIDENCIA.

VOX HISPANA VIAJA AL RENACIMIENTO.

El conjunto Vox Hispana formado por la soprano Magdalena Amenábar quien además asume percusiones, Oscar Ohlsen en laúd, Octavio Hasbún flautas dulces y cromorno y Gastón Recart en viola da gamba, ha realizado a lo largo de varios años un interesantísimo repertorio que abarca desde la Edad Media hasta el Barroco, pasando por el Renacimiento, en programas donde muchas veces incorporan elementos teatrales. Otra característica destacable del conjunto es lo ajustado con que enfocan los estilos, palpable en cada uno de sus programas los que no pierden nunca interés.

El programa que aludimos se llevó a efecto en la Catedral Castrense, recinto hasta el que llegó un entusiasta público aficionado a la música antigua y conocedor del grupo, pero un accidente imponderable dejó fuera a Gastón Recart, por consiguiente quedaron sin el soporte de la viola da gamba, ante ello los artistas reaccionaron como se hacía en aquella época donde otro instrumento asume su parte, en este caso el laúd, de espléndido cometido, que no tuvo tregua alguna, y el canto y las flautas se adecuaron espléndidamente al problema, dando la impresión que el programa era para esa combinación.

Magdalena Amenábar, Oscar Ohlsen y Octavio Hasbún, al fondo del Altar, la hermosa pintura de Pedro Lira. foto fundacionculturalprovidencia

En esta ocasión mezclaron obras para voz, algunas solo para instrumentos y se intercalaron textos que dieron luces sobre las obras, en este punto debemos destacar los exquisitos diálogos de la voz con el laúd o las flautas, en una fusión expresiva del más alto nivel.

La vasta experiencia de los artistas quedó ampliamente demostrada desde el convocante The Honie Suckle de Anthony Holborne, dando paso al sensible Full Fathom five de Robert Johnson cantado expresivamente por Magdalena Amenábar, que se contrastó con la vitalidad de Where the Bee Sucks del mismo Johnson.

Consideramos notable la progresión dinámico expresiva de los dos Anónimos (S. XVI) Blow, blow thy Winter Wind y el ensoñado Greensleaves.

Un salto a las obras italianas se inició con dos obras de Claudio Monteverdi, el sensiblemente expresivo Si dolce´l tormento y el teatral Maledetto sia l´aspetto.

Uno de los momentos más altos del interesantísimo programa llegó más tarde con Amor dormiglione de la única representante femenina, una de las pocas compositoras de aquella época, se trata de la sorprendente Barbara Strozzi, que se cantó con gracia expresiva.

Amarilli mia bella de Giulio Caccini, que contó con la magnífica introducción en flauta de Octavio Hasbún, se complementó con el bello canto de Magdalena Amenábar, para llevarnos al espíritu gracioso y danzable de Al fonte al prato, también de Caccini.

Magdalena Amenábar, Oscar Ohlsen y Octavio Habún en otro momento de su concierto. fundacionculturalprovidencia

Las obras francesas de la última parte fueron un lujo de elegancia expresiva, destacamos el sentido teatral del Anónimo Hélas! Que je suis desolé, el sensual Le mois de Mai y el divertido juego de Je suis d´Alemagne.

Finalizaron la presentación con 3 Branles de Village de Robert Ballard y con el gracioso juego de Un jour que ma rebelle de Gabriel Bataille, que provocó los más extensos y entusiastas aplausos del público presente, reconociendo el como los artistas Magdalena Amenábar, Oscar Ohlsen y Octavio Hasbún, enfrentaron el atrayente programa, como parte del Ciclo de Conciertos de Parroquias que organiza la Corporación Cultural de Providencia.

Gilberto Ponce. (CCA)

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ORTIGOZA TRIUNFA CON RAYMONDA.

RAYMONDA EL RENACER DE UN CLÁSICO.

Una de las obras más renombradas del repertorio clásico del ballet, es Raymonda que con música de Alexandr Glazunov y coreografía de Petipa se ha mantenido desde su estreno como un ballet al que aspiran tener en su repertorio todas las compañías con prestigio.

Raymonda escena de conjunto. foto Edison Araya

No obstante lo anterior, la excesiva duración de la obra, de más de tres horas, una música que no es demostrativa de lo mejor de Glazunov, la que solo logra un interés mayor cuando alude el trabajo de otros compositores, además de poseer una coreografía que mantiene esa visión de épocas pasadas donde solo interesaba el baile femenino, en una serie de danzas y solos amables sin mayores exigencias, relegando a una mínima expresión la participación masculina, algo que en nuestro tiempo termina por atenuar el interés de los espectadores, que buscan el contraste femenino masculino, ya que no basta solo la participación de alguna una primera figura o algunos bonitos números de conjunto para mantener el interés.

Raymonda (Romina Contreras) junto a miembros de la corte en su habitación. foto Edison Araya

El Ballet de Santiago decidió acometer este gran desafío, encomendando la coreografía a Luis Ortigoza, quien con una visión más propia del siglo XXI decidió, y con gran fortuna revisar la partitura, acortando su duración eliminando los numerosos y extensos interludios que permitían cambios escenográficos, como también otras secciones de interés variable para darle mayor continuidad; asimismo le otorgó protagonismo al cuerpo masculino equiparando su importancia, incorporando algunas recias danzas para varones, pero manteniendo siempre la grácil belleza de las secciones femeninas; no creemos equivocarnos al considerar que Ortigoza se anota un enorme triunfo con su trabajo, que tiene como base en la clásica coreografía de Petipa.

Raymonda (Romina Contreras) y parte del cuerpo de baile. foto Edison Araya

Es así que este trabajo coreográfico para Raymonda de Luis Ortigoza fue considerado unánimemente como ganador del Premio del Círculo de Críticos, en la categoría Danza 2017, bien por quien fuera gran Bailarín Estrella del Ballet de Santiago, quien ahora incursiona con gran éxito como coreógrafo.

El trabajo de Ortigoza enfatiza el aspecto dramático en un continuo de notable progresión, que culmina con la fuerza y belleza del segundo acto.

La hermosa escena del sueño de Raymonda. foto Edison Araya

La escenografía y vestuario correspondieron al experto Pablo Núñez, quien logró aplausos del público al abrirse las cortinas en varias de las escenas, como forma de premiar la bellísima escenografía, el vestuario hermoso y certero en sus contrastes, a pesar que para función del estreno, no estaba completamente terminado; la iluminación de José Luis Ferruccio en niveles de excelencia creando ambientes, ensoñadora en la escena del sueño y brillante en las grandes escenas de conjunto.

Raymonda fue Romina Contreras, que sigue dando muestras del porqué ha llegado a este significativo sitial en la danza en nuestro país, convirtiéndose simultáneamente en una de las favoritas del público, algo nada fácil en una compañía con grandes estrellas.

Raymonda (Romina Conterras) ensoñada con el pañuelo que le dejó de recuerdo Jean de Brienne. foto Edison Araya

Ella transmite su personaje, que aunque de cuento infantil, le hace transitar por un mundo emocional, su amor por Jean de Brienne, tanto como las inquietudes que le asaltan con la aparición de Abderakhman, quien se le había aparecido en un sueño, mientras de Brienne luchaba en las cruzadas, la perfección de su baile tanto como el de sus numerosas variaciones, le ganaron enormes y merecidas ovaciones.

Una de la figuras ascendentes del Ballet de Santiago es Emmanuel Vásquez, quien tiene la apostura perfecta para Jean de Brienne, logrando comunicar sus sentimientos hacia Raymonda, tanto como su conflicto con Abderakhman, el duelo entre ambos fue recio y emocionante.

Jean de Brienne (Emmanuel väsquez) declara su amor por Raymonda (Romina Contreras) en la corte antes de partir a la Cruzadas. foto Edison Araya

Rodrigo Guzmán la gran figura de la compañía fue Abderakhman, sus características físicas de avienen perfectamente con su rol, y todos aquellos aspectos de carácter gimnástico y arrojo como aquellos de mayor sutileza, con Raymonda fueron espléndidamente logrados.

El público no escatimó ovaciones para estos antagonistas masculinos.

Abderakhman (Rodrigo Guzmán) pide matrimonio a Raymonda ante una estupefacta corte. foto Edison Araya

Los solistas y el cuerpo de baile del Ballet de Santiago lo hicieron con rigurosa disciplina, muy certero en las grandes escenas y en los grupos más reducidos.

La Orquesta Filarmónica de Santiago fue dirigida por José Luis Domínguez, quien luego de un muy desajustado inicio en la introducción, llevó en general un pulso blando sin tensión dramática en el primer acto, luego en el segundo su rendimiento le hizo justicia a la partitura, del sonido orquestal solo podemos decir que mantuvo su alto nivel.

Raymonda (Romina Contreras) ante la corte. foto Edison Araya

El Ballet de Santiago obtuvo un rotundo éxito en este renovado estreno de Raymonda, pues significó además una revitalización de uno de los clásicos de la danza de todos los tiempos, gracias a la creatividad artística de Luis Ortigoza.

Gilberto Ponce. (CCA)

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AÍDA ELENCO ESTELAR 2017

VERSIÓN ESTELAR DE AÍDA DE GIUSEPPE VERDI.

En la sugerente, poderosa y hermosa puesta en escena de Hugo de Ana, nos correspondió asistir al estreno de la versión Estelar, ocasión en que corroboramos las impresiones del estreno Internacional.

Escena Triunfal parte del Ballet. foto Candia-Hidalgo

Sin duda alguna, estamos frente a un acabado trabajo, que demuestra la enorme calidad creativa de Hugo de Ana, esta segunda oportunidad nos aportó otros detalles de la régie, de una precisión y buen gusto que sorprenden gratamente por ello.

Las sutilezas de la iluminación, en juego con vestuario y ambientes, el magnífico trabajo de los figurantes, de una elegancia y prestancia como lo fue en la escena de la habitación de Amneris, complementando al coro femenino, por solo detallar algunos.

Radamés (José Azocar) y soldados cuando es investido como jefe de los ejércitos. foto Candia-Hidalgo

El rigor de los bailarines, tanto como los gráciles movimientos del coro femenino en la escena triunfal, en fin podríamos seguir abundando en excelencias de una puesta en escena, que será recordada por mucho tiempo por la extraordinaria síntesis entre tradición y modernidad, algo en que de Ana es experto.

Amneris (Guadalupe Barrientos) y Aída (Mónica Ferracani) en la habitación de Amneris. foto Candia-Hidalgo

La Orquesta Filarmónica de Santiago fue dirigida en esta versión por Pedro Pablo Prudencio, quien le dio una impronta de mayor tensión musical por su manejo de las progresiones dinámicas y expresivas, tanto como su cuidadoso manejo de los cantantes, acentuando aún más el sentido dramático de la ópera, no olvidemos que Aída de Verdi es una ópera que exige adentrarse en los aspectos emocionales de algunos personajes, en este sentido es que pensamos que Prudencio tuvo rotundo éxito tanto en los soliloquios como en dúos y concertatos, sin olvidar la potencia espectacular de las grandes escenas, precioso el sonido de las trompetas en lo más alto del teatro, que cierra el arco sonoro impecable de la orquesta.

Radamés (José Azocar) recibe de Amneris (Guadalupe Barrientos) la espada sagrada, la acompaña Aída (Mónica Ferracani) junto a sacerdotes y soldados. foto Candia-Hidalgo

Los solistas conformaron un homogéneo y sólido elenco, ganándose mucho en los concertatos, pues fue posible escuchar nítidamente todas las voces.

Mónica Ferracani la soprano argentina fue un espléndida Aída, mostró una vez más su hermosa voz de cálido centro, poderosos graves y espléndidos agudos, agregando algo en que ella es experta, un manejo dinámico sobresaliente de sensibles piano.

Hace transitar su personaje por todas las instancias emocionales con naturalidad expresiva, por ello conmueve en la despedida de Radamés en esa dicotomía, que bien  desea que triunfe, pero sabiendo que ese triunfo es la derrota de su padre y pueblo, asimismo desgarra cuando Amneris descubre su amor por el soldado egipcio.

AÍda (Mónica Ferracani) desesperada antes del regreso de Radamés. foeo Candia-Hidalgo

Magnífica en la ambigüedad de la escena en las afueras del Templo de Isis, primero con su padre, y luego con Radamés a quien logra extraer el secreto militar, que lo llevará a juicio.

Amneris (Guadalupe Barrientos) y el Rey (Jaime Mondaca) en la escena Triunfal. foto Candia-Hidalgo

Radamés fue José Azocar, quien al parecer se está especializando en roles verdianos, abordó su papel con vigor y fuerza vocal, poderosos y seguros sus forte en su hermoso timbre, su papel no exige mayores contrastes emocionales, solo destacaremos su ímpetu al inicio cuando es elegido para comandar las tropas en contra de los etíopes, su desesperación al caer en cuenta que ha traicionado a su pueblo, también fue estoico ante Amneris cuando esta le pide que se arrepienta para ser salvado.

Radamés (José Azocar) no se arrepiente ante Amneris (Guadalupe Barrientos), para ser perdonado. foto Candia-Hidalgo

Mucho se ha dicho que esta ópera bien pudo haberse llamado Amneris, por la importancia del rol en la ópera, y creemos que esta afirmación bien la cabría con la soberbia interpretación que hizo de este papel Guadalupe Barrientos la mezzosoprano argentina debutante en el Municipal, ella es poseedora de una bellísima y poderosa voz, de potentes graves, sólido registro medio y espléndidos agudos los que maneja en amplia gama dinámica, pero no solo eso, su canto es de conmovedora expresividad, tanto como su actuación arrolladoramente convincente, vive intensamente su personaje conmocionando al público, que simplemente la ovacionó intensamente luego de su gran escena en el juicio de Radamés cuando maldice a los sacerdotes que condenaron a muerte a su amado; quisiéramos volver a escuchar a Barrientos en este escenario.

Amonasro (Cristián Lorca) y Aída (Mónica Ferracani) foto Candia-Hidalgo

Cristián Lorca fue un aguerrido Amonasro, sólido en lo vocal y convincente actuación. En una de las mejores presentaciones que le hemos visto, Homero Pérez-Miranda asumió como Ramfis, impecable en lo vocal y con su reconocida capacidad como actor.

Ramfis (Homero Pérez Miranda) y Amneris (Guadalupe Barrientos) foto Candia-Hidalgo

El Rey de Egipto nos mostró a un sólido Jaime Mondaca que mostró poderosa y expresiva voz.

Claudio Cerda muy bien en su breve pero clave rol del Mensajero, al igual que Sonia Vásquez, como la Sacerdotisa.

El público no escatimó sus manifestaciones de entusiasmo, ante la que tal vez sea el punto más alto de la Temporada Lírica 2017.

Gilberto Ponce. (CCA)

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ROTUNDO ÉXITO DE AÍDA EN EL MUNICIPAL.

TRIUNFAL RETORNO DE AÍDA DE GIUSEPPE VERDI EN EL MUNICIPAL.

Hugo de Ana, tal vez uno de los más destacados hombres en el mundo de la ópera, confirmó algo indesmentible, aquello que dice que no son necesarios artificios intelectualoides, para conseguir un rotundo éxito como ocurrió con esta Aída que cierra la Temporada 2017, de Ana no la saca de su contexto para “actualizarla”, la moderniza valiéndose de la multimedia conservando su esencia, demostrando con largueza que la genuina creatividad puede siempre respetar el espíritu de los compositores, sin llevarla a manera de ejemplo desde Egipto al Bronx entre bandas de drogadictos.

Radamés (Alfred Kim) al centro presenta al Rey los prisioneros estíopes, en la Escena triunfal, a su derecha Ramfis (In-Sung Sim), a su izquierda Amneris (Marina Prudenskaya) un poco más abajo Amonasro (Vitaly Vilyy) e incada Aída (Cellia Costea) foto Carlos Candia

Los abucheos escuchados hace un tiempo en el Municipal, vienen ocurriendo y con gran frecuencia en muchos escenarios del mundo, y no porque los “tradicionalistas” se resistan a aceptar lo nuevo, creemos que solo están rechazando descontextualizaciones absurdas en las que muchas veces, parecieran estar en una constante búsqueda del feísmo.

Otro momento de la Escena Triunfal al fondo El Rey (Pavel Chervinsky) el Coro y parte de los Bailarines. foto twitter

En el caso de esta Aída nos parece importante resaltar lo provechoso que resulta unir los cuatro actos en dos, ya que mediante la multimedia no es necesario esperar por los cambios escenográficos, transformando su puesta en escena algo de ribetes cinematográficos, asimismo estamos convencidos que de Ana, piensa sus puestas en escena, según el concepto de la obra de arte total, que hace un todo indivisible entre música, danza, actuación, escenografía, vestuario e iluminación, donde nada queda al azar, al parecer para él nada ni nadie pierde significado, los movimientos de figurantes y bailarines son tan precisos como los de los cantantes principales.

Amneris (Marina Prudenskaya) y Aída (Cellia Costea) cuando Amneris logra saber del amor de Aída con Radamés. foto Carlos Candia

En esta producción la iluminación juega un rol tan potente como novedoso en la creación de ambientes, siendo muchas veces mágico en las escenas íntimas, como desbordante en las grandes escenas de masas con la omnipresente presencia del Sol, o acentuando la solemnidad de los templos.

Amneris (Marina Prudenskaya) en las afueras del Templo de Isis. foto Carlos Candia

Asimismo el poder de esta puesta logra que la omisión de la danza de esclavitos negros en la habitación de Amneris no tenga importancia, de igual forma la belleza y perfección de la coreografía se impone ampliamente al reemplazar la ceremoniosa Marcha Triunfal por el grupo de espléndidos bailarines.

La escenografía de gran funcionalidad en plano inclinado se cierra por los lados con muros de espejos inclinados, cerrando el fondo una gran pantalla reflectante y a la vez transparente que permite la creación de diversos ambientes, utiliza además dos trampas en los costados atrás y una gran rampa con espejo en su interior que se eleva en varios momentos, como en la escena del Templo de Vulcano que refleja imágenes casi dalinianas, y al final convirtiéndose en la tumba de Radamés y Aída, que además contiene los objetos usuales para el viaje al más allá.

Radamés (Alfred Kim) a presado por los guardias es llevado ante Amneris (Marina Prudenskaya). foto Carlos Candia

El vestuario tiene logros importantes en las masas y adecuado para identificar a los personajes principales, mientras que la régie es exhaustiva en detalles que dan coherencia y realismo a la trama.

Consideramos del más alto nivel el desempeño de los numerosos figurantes, incluido un grupo de haitianos que actúan como los prisioneros etíopes, que se complementan con el grupo de casi veinte estupendos bailarines en las coreografías de Leda Lojodice.

Amonasro (Vitaly Bilyy) y Aída (Cellia Costea) atras los prisioneros etíopes. foto Carlos Candia

La Orquesta Filarmónica de Santiago de espléndido sonido, fue dirigida por Francisco Rettig, que tuvo un desempeño muy correcto, con algunos desajustes entre el foso y el escenario que sin duda se corregirán en las funciones siguientes, asimismo consideramos que en ocasiones su pulso fue en exceso contenido restándole emocionalidad, como lo fue en la gran escena de Amneris en el último acto; asimismo los pianissimo fueron tales, que significó que algunos cantantes escucharan defectuosamente la orquesta, afectando momentáneamente su afinación, en otros momentos como la escena triunfal fue muy efectiva.

El Coro del Municipal (Jorge Klastornick) sorprendiendo como siempre tanto en escena como en los coros internos, nos preguntamos el porqué no sale a saludar al final, para recibir el reconocimiento del público.

Otro momento de la Escena Triunfal. foto Candia-Hidalgo

El elenco de cantantes es en general bastante parejo, solo con pequeñas diferencias vocales o de actuación. Fue encabezado por Cellia Costea, soprano de gran volumen y hermoso timbre, su Aída mostró un notable manejo dinámico, sus forte son sólidos y musicales, tanto como sus bellos pianissimo, sus solos fueron poderosamente expresivos, como en la segunda escena del primer acto, o su inspirado “Oh patria mía”, asimismo su dúos con Amneris, y aquel con su padre y posteriormente con Radamés cuando planean fugarse.

Aída (Cellia Costea) foto Carlos Candia

Alfred Kim el tenor coreano fue Radamés, asumiéndolo con su hermosa y poderosa voz, su Celeste Aída, lo sorprendió un tanto frío, pero posteriormente se hizo dueño total del personaje, los dúos con Aída en el intento de fuga y en la tumba en el final sobresalieron tanto como aquellos con Amneris.

Marina Prudenskaya que asumió como Amneris, mostró una voz de pequeño caudal, aunque de hermoso timbre, en el registro medio hacia arriba sobresale muy bien, pero en la tesitura baja, su voz es insuficiente, esto sin duda le restó sin duda perfil dramático a la escena del juicio a Radamés uno de los momentos claves de la ópera, algo similar ocurrió en la escena final cuando pide a los dioses por el alma de su amado.

Amneris (Marina Prudenskaaya) con sus doncellas, foto Carlos Candia

Amonasro se constituyó en un éxito más entre los muchos cosechados por Vitaly Bilyy, a su bella y poderosa voz suma carisma y una espléndida actuación.

In-Sung Sim cantó como Ramfis en una actuación impecable en lo vocal y actuación. El Rey que canta siempre desde atrás recayó en Pavel Chervinsky quien lo hizo con gran prestancia.

El director Francisco Rettig. foto biobio

Muy sólido en lo vocal estuvo Rony Ancavil que fue el Mensajero, tanto como Paola Rodríguez que fue la Sacerdotisa.

Una función que hizo volver la ovaciones al Municipal, con esta innovadora puesta de Hugo de Ana, quien rara vez ha defraudado, por eso fue extraño que no saliera a saludar al final pues se habría llevado el más grande reconocimiento de parte del público.

Gilberto Ponce. (CCA)

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DMITRI SHOSTAKOVICH LADY MACBETH.

LADY MACBETH PROBLEMA TRANSFORMADO EN EXITOSA PROPUESTA

A través de los siglos el arte se ha visto sometido a todo tipo de contingencias, algunas incluso han abortado proyectos, pero en casi todas las oportunidades el talento y perseverancia de sus creadores se han impuesto por sobre amenazantes avatares.

Quien no recuerda las paupérrimas condiciones en que Bach estrenó La Pasión según San Mateo, o los sucesivos cambios que Beethoven realizó en su Fidelio antes de ser reconocida como obra maestra, qué decir del estreno de La Consagración de la Primavera de Stravinsky, en fin podríamos detallar muchos ejemplos en la larga historia de la música, los que en algo se relacionan con el siguiente comentario.

Dmitri Shostakovich. foto greatcourses

El Municipal de Santiago tenía como uno de sus propuestas más importantes de su Temporada Lírica, el estreno de Lady Macbeth de Mtsensk la ópera de Dmitri Shostakovich, que fuera recibida con grandes alabanzas en su estreno en el mismo teatro el 2009.

La obra aclamada en todo el mundo, cuyo estreno también se vio afectado por la intervención de Stalin, quien después de escuchar sobre el clamoroso éxito en su estreno, la vio, provocándole tal reacción que la calificó como música “pornofónica”, cortando la racha de muchas anteriores y aclamadas representaciones. No es del caso analizar los cambios posteriores realizados por el compositor, que poco influyeron en la dirigencia soviética, a Stalin no solo le molestó la música, también el tema, la violencia del mismo y las provocativas insinuaciones políticas, e incluso nos atrevemos a conjeturar que el enorme machismo del dictador no soportó que la protagonista fuera quien dirigiera sin contrapeso tanto su destino como su sexualidad, aunque esto solo es una presunción.

Katerina (Eugenia Fuente) y Sergei (Enrique Folger) foto municipal

El estreno de la ópera en Santiago se vio obstaculizado por la huelga del sindicato de técnicos del teatro, llevando a las autoridades del Municipal y de acuerdo con el director de escena Marcelo Lombardero a presentar una versión que se llamó semi escenificada, en un escenario casi desnudo en cámara negra, sin cambios de iluminación, solo con sillas rojas para el coro, otras con respaldo negro para solistas, y todos vestidos de traje largo y smoking.

Puesto así, habría sido una función de concierto, como alegó en voz alta un espectador, en el estreno del Elenco Estelar, pero el gran cambio estuvo en los solistas que realizaron movimientos dramáticos de acuerdo al desarrollo del argumento, incluido el movimiento en sus ropas o la incorporación de algún elemento como pistolas u otros, el coro asimismo entró o salió con su disciplina acostumbrada, suponemos que todo lo anterior a partir de la plantilla de movimientos de Lombardero.

Pedro Pablo Prudencio director musical de Lady Macbeth. foto operamusica

El caso es que a poco andar, la escenografía y vestuario dejaron de ser fundamentales, cobrando primera importancia la sensacional música de Shostakovich, que se pudo apreciar plenamente en toda su magnitud, en este caso dirigida estupendamente por Pedro Pablo Prudencio, que con segura batuta llevó a la Filarmónica de Santiago por los habituales caminos de excelencia, él manejó tensiones y progresiones en un continuo que no dio tregua al público, con contrastes dinámicos certeros, consiguiendo del grupo el mejor sonido posible. Del mismo modo su trabajo en la concertación de solistas y coro, solo puede ser catalogado de notable.

Sergei (Enrique Folger), Zinovi (Pedro Espinoza) y Katerina (Eugenia Fuente) antes de asesinar a Zinovi. foto municipal

El Coro del Municipal de Santiago que dirige Jorge Klastornick, impecable como son siempre sus presentaciones.

El elenco de solistas, que mezcló cantantes internacionales y chilenos fue el complemento perfecto para el logro de un resultado del más alto nivel.

Imágen de la producción del 2009. foto masmunicipal

Katerina Ismailova la protagonista fue cantada por Eugenia Fuente, mezzosoprano argentina, quien creó no solo un personaje creíble que pasa por todas las pulsiones libidinosas y asesinas que conviven en ella, también mostró un hermoso caudal vocal de tremenda expresividad, se la vio deseosa y agresiva en la primera parte, siendo desgarradora al final, sin duda una voz que quisiéramos volver a escuchar en otro repertorio. La enorme y larga ovación que recibió, la convirtió en una de las grandes triunfadoras de la función.

El Pope (David Gáez) en el matrimonio de Katerina con Sergei. foto municipal

Su suegro Boris Ismailov fue abordado por Alexander Teliga el bajo ruso, que también participó en la versión del 2009, su personaje le muestra como un indiferente padre de Zinovi marido de Katerina, para luego no ocultar su deseo por ella, posteriormente será el sádico que azota implacablemente a Sergei, al descubrir que este es amante de Katerina, que desembocará en que resulte asesinado por esta, para finalmente convertirse en un imponente fantasma cuando desde la mitad de platea increpa a su esposa, tanto su poderosa voz como su actuación fueron efusivamente reconocidas por los asistentes.

Producción del 2009. foto tiempodemusica

Otro cantante que participó en la versión anterior fue el tenor argentino Enrique Folger, lo hizo como Sergei el amante y luego esposo de Katerina, su desplante y conocimiento de la ópera le hizo abordar espléndidamente su rol, primero embobado por Katerina, luego como el cómplice de esta, para finalmente abandonarla por una nueva conquista, su bella y expresiva voz, le convirtieron en otro de los favoritos del público.

Pedro Espinoza el tenor chileno fue Zinovi el pusilánime esposo de Katerina lo hizo con prestancia y voz segura. Solo en la escena final interviene Evelyn Ramírez como la nueva amante de Sergei, muy convincente en actuación además de su hermosa voz.

Producción 2009, atrás Enrique Folger como Sergei. foto visionescriticas

El resto fueron solo cantantes nacionales, muy bien Paola Rodríguez como Aksinya la mujer abusada del inicio y luego como una de las convictas, Gonzalo Araya creo un gran personaje en lo vocal y en actuación como Trabajador harapiento. No sorprende la prestancia escénica de Sergio Gallardo que fue Molinero y Jefe de Policía descollando en este último.

Sergei (Enrique Folger) coquetea con Sonyetka (Evelyn Ramírez) foto municipal

David Gáez fue mucho más convincente como Pope que como Viejo convicto. Los demás un excelente Claudio Cerda como un Invitado borracho, Javier Weibel, Gustavo Morales, Francisco Huerta y Matías Moncada, completaron un elenco que a pesar de las imprevistas dificultades logró un resonante éxito, en esta compleja Lady Macbeth, que bajo la dirección de Pedro Pablo Prudencio fue largamente ovacionada.

Se decidió incluir fotografías de la producción del 2009 y de la presente, para valorar más aún el trabajo realizado en esta oportunidad.

Gilberto Ponce. (CCA)

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EL EXCELENTE ENSEMBLE CAMÉLÉON

ENSAMBLE CAMÉLÉON TRIUNFA EN LA BEETHOVEN.

El Sexteto holandés de Cuerdas “Ensamble Caméléon” volvió a presentarse luego de cinco años en la Temporada Internacional Fernando Rosas, que anualmente organiza la Fundación Beethoven.

Ensamble Caméléon. foto downtherabbit

La agrupación se caracteriza por el sofisticado y heterogéneo repertorio que abordan, abarcando diferentes estilos, formas y autores, en el que triunfan gracias a la contundencia musical de sus integrantes, en esta visita volvieron a sorprender y cautivar a un público que no dudó en manifestar su admiración en cada obra que presentaron.

Sus integrantes son los violinistas Joris van Rijn y Sonja van Beek, los intérpretes en viola Joost Keizer y Joël Waterman, Johan van Lersel y Floris Mijnders en violoncello, y el contrabajista Wilmar de Visser que se alternaron en los dos quintetos que interpretaron, tanto como en la Sinfonía de Beethoven que ocupa un sexteto de cuerdas.

Luigi Boccherini. foto bibliolore

El hermoso y lírico Quinteto de cuerdas en Do mayor de Luigi Boccherini, con el que iniciaron su presentación dio cuenta desde los primeros compases la belleza de sonido que caracterizó toda su presentación, agreguemos la solidez de fraseos y articulaciones que son el medio para lograr una precisa expresividad, este Quinteto otorga al primer violín un cierto predominio, pareciendo a ratos violín acompañado por el resto, no obstante la sobriedad de Joris van Rijn le dio la presencia y elegancia justa en su primer movimiento.

Carácter un tanto popular posee el Menuett que sigue, el que interpretado con gracia galante, el Grave su movimiento lento, muestra algunas audacias armónicas que acentúan su oscuridad, fue interpretado con extrema expresividad.

El Rondó allegro con moto que finaliza permitió al chelista Johan van Lersel mostrar todo su virtuosismo en un movimiento chispeante cercano a la danza, virtuosismo que fue replicado por el resto, cerrando brillantemente la obra.

Antonin Dvorak. fotoredmayor

En un drástico cambio estilístico pasaron enseguida a interpretar el Quinteto en Mi bemol mayor, Op. 97 de Antonin Dvorak, que mostró mayor peso sonoro y expresivo, en un juego dinámico exquisitamente afiatado, el final del primer movimiento sorprendió por la sutil belleza del pianissimo.

El Allegro vivo que sigue fue virtuosamente ligero, con logrados fraseos y estupendo contrastes dinámicos, el trío del movimiento dio lugar a que el violista Joos Keiser mostrara un hermoso canto acompañado por el pizzicato del resto.

Una serena expresividad que recuerda al movimiento lento de la Sinfonía del Nuevo Mundo, es el inicio de la tercera parte Larghetto, que podemos comparar a un Nocturno donde las diferentes voces fluyen con inusitada belleza.

El Finale Allegro fue un lujo en progresiones, donde mostraron toda su capacidad como virtuosos intérpretes.

Ensemble Caméléon. foto visionescriticas

Durante el Romanticismo fue habitual que muchas grandes obras tuvieran transcripciones para grupos pequeños, para así poder interpretarlas en la intimidad de los salones, es el caso de la versión para sexteto de cuerdas de la Sexta Sinfonía Pastoral de Ludwig van Beethoven, que fue la obra con que finalizaron el concierto.

La adaptación corresponde al organista y compositor alemán Michael Gotthard Fischer, quien la realizó en 1809, sorprendiendo por su gran habilidad para suplir la instrumentación original, ya que los timbres de maderas, bronces y percusión son reproducidos con mucha cercanía por el sexteto de cuerdas.

Ludwig van Beethoven joven. foto themaggies

Alguien podrá objetar que se presenten grandes obras en esta combinación, pero creemos que es un aporte al conocimiento del como se practicaba la música en los salones del romanticismo, y si además estos arreglos tienen la calidad de este, nos parece sin duda instructivo; como no maravillarse del diálogo de las aves del segundo movimiento o el fluir del arrollo, o bien como soluciona la tempestad de verano y la acción de gracias del final, el público ovacionó la estupenda versión que ratificó la excelencia del Ensamble Caméléon.

Gilberto Ponce. (CCA)

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NOTABLE MONTEVERDI EN LA USS.

VÍSPERAS DE LA SANTÍSIMA VÍRGEN DE MONTEVERDI.

Una de las obras de carácter más espiritual que jamás se hayan compuesto, Las Vísperas de la Santísima Virgen (Vespro della Beata Vergine), de Claudio Monteverdi fue el último desafío abordado por la Orquesta Barroca Nuevo Mundo que dirige Raúl Orellana, los que junto a con un grupo de estupendos solistas vocales, la interpretaron en el Campus Los Leones de la Universidad San Sebastián.

Claudio Monteverdi. foto classical

La versión que escuchamos de corte minimalista en cuanto a intérpretes vocales, pues no contó con coro, tuvo un acertadísimo enfoque de Orellana, quien fue capaz de captar el espíritu de la obra, particularmente en diferenciar los momentos dramáticos de aquellos más espirituales, que están marcados por tempos y pulsos diferentes, algunos de ellos insertos en sus diferentes 13 partes que componen la obra.

Si bien creemos que hubo triunfos rotundos, estos se contrastaron con otros que fueron más allá del director sus músicos y cantantes, en primer lugar la deficiente acústica del lugar (Salón de Actos del Campus) que sin duda requiere de una urgente adecuación, como asimismo mejorar la iluminación del escenario y el recinto; la ubicación de este es excelente con gran conectividad, razón por la que creemos esta prestigiosa universidad debiera realizar esa inversión.

Orquesta Barroca Nuevo Mundo. foto musicantigua

Este aspecto redundó sin duda en los referentes auditivos tanto para instrumentistas como para cantantes, incidiendo en algunas desafinaciones en los instrumentos de viento como en algún pequeño desajuste en el ensamblaje general.

Otro aspecto que jugó en contra, fue la inconcebible actitud del bajo David Gáez que no se presentó en las funciones, produciendo un vacío en las imitaciones o respuestas con el otro bajo, y en otros concertados, no obstante debemos alabar la prestancia de los solistas y el director, para salvar la inusitada situación.

Creemos asimismo que en lo vocal faltaron más voces, en particular en aquellas partes de carácter antifonal que poseen mayor fuerza vocal tanto como en la audición de los Cantus Firmus gregorianos que son una constante en varias de sus partes, y mayormente en el Magnificat, que deben escucharse tanto como sustento o complementación de las líneas melódicas de los solistas.

El director y violinista Raúl Orellana. foto Twitter

Pero debemos destacar sin duda el absoluto profesionalismo de cada uno de los interpretes, que consiguieron un laudatorio éxito en una obra de extraordinaria dificultad.

Los solistas vocales fueron; Nora Miranda y Denisse Torre sopranos, Ana Navarro y Claudia Godoy mezzosopranos, Rodrigo del Pozo, Felipe Gutiérrez y Diego Arellano tenores y Patricio Sabaté barítono.

El primer número “Domine ad adjuvandum”, mostró la solidez musical del grupo, luego en el “Dixit Dominus” a seis voces e instrumentos, se acentúo acertadamente el carácter del texto.

Durante el concierto a la izquierda Raúl Orellana, atras Denisse Torre, Nora Miranda, Felipe Gutiérrz, Rodrigo del Pozo, Patricio Sabaté, Diego Arellano, Ana Navarro y Claudia Godoy, junto a la Orquesta Barroca Nuevo Mundo. foto Alejandro Held

Rodrigo del Pozo cantó seguidamente en gran forma y expresivamente el Motete “Nigra Sum” siendo muy riguroso en los contrastes dinámicos; el “Laudate Dominum” a ocho voces y órgano fue un verdadero triunfo vocal expresivo, el “Pulchra es” que fue cantado luego por Nora Miranda y Denisse Torre con impecable fraseo y afinación incluyendo acertadas inflexiones en los diferentes cambio de tempo.

Destacaremos los estupendos melismas de “Laetatus sum” cantado a seis voces muy vitalmente a la manera de una Antífona, luego los tres tenores Rodrigo del Pozo, Felipe Gutiérrez y Diego Arellano cantaron hermosa, expresivamente y con estupendo manejo de los melismas “Due Seraphim”.

La Orquesta Nuevo Mundo y los Cantantes Nora Miranda, Denisse Torre, Felipe Gutiérrez, Rodrigo del Pozo, Patricio Sabaté, Diego Arellano, Ana Navarro y Claudia Godoy. foto Alejandro Held

El “Nisi Dominus” fue muy sólido pero creemos que con más voces habría tenido aún más impacto; muy hermosamente cantó luego Patricio SabatéAudi coellum”, conmovedor en la parte con eco antes del tutti del coro. La acústica jugó fuertemente en contra del brillo de “Lauda Jerusalem”, que fue cantado en forma estupenda superando esta dificultad adicional.

La Sonata “Pro Sancta María” uno de los números más originales que alterna instrumentos con voces femeninas o niños, cantando solo el texto “Sancta María ora pro nobis” en un complejo rítmico de cambios de tempo, fue otro de los grandes éxitos, lo cantaron Nora Miranda, Denisse Torre y Claudia Godoy.

El Himno “Ave maris Stella” a pesar de lo genial de la interpretación y de la belleza de la obra, fue otro de los números que creemos merecía más voces.

La obra concluye con otras de las cimas de la música el “Magnificat” que en sus doce partes se interpretó y cantó estupendamente, destacaremos la perfección de los numerosos melismas, así como las imitaciones y algunas brllantes participaciones solistas; por supuesto debió ser muy irritante para Patricio Sabaté no encontrar la contraparte a su canto en el “Quia fecit”.

Todo el conjunto agradeciendo al final las ovaciones del público. foto Alejandro Held

No obstante creemos que a pesar de algunos inconvenientes, salvados con el mayor profesionalismo, se trató de una gran versión, que fue largamente ovacionada por los asistentes, quienes sin duda y al igual que este crítico, valoraron el trabajo del más alto nivel de Raúl Orellana y su Orquesta Barroca Nuevo Mundo junto al excelente grupo de cantantes para su versión de estas “Vísperas de la Santísima Virgen” de Claudio Monteverdi.

Gilberto Ponce. (CCA)

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MOZART Y BRAHMS EN LA FILARMÓNICA.

EL SONIDO DE LA FILARMÓNICA.

Las expresiones en los rostros de los asistentes al último concierto de la Orquesta Filarmónica de Santiago, lo decían todo, el concierto recién finalizado había sido un lujo de principio a fin; pero quisiéramos ahondar un poco más para comprender el porqué, pues creemos que parte de ese encanto está dado por el bellísimo sonido que la Filarmónica viene exhibiendo desde hace bastante tiempo, independiente del director que ocupe el podio, donde a veces nos podrá gustar o no alguna versión, no obstante la constante presente, sigue siendo la belleza sonora del conjunto, así sea en conciertos, ópera o ballet.

Konstantin Chudovsky Director titular de la Orquesta Filarmónica de Santiago dirigiendo la Sinfonía de Brahms. foto Sergio López

Sin duda los maestros que la han dirigida tienen gran responsabilidad en este logro, pero no se puede obviar un hecho de la mayor importancia, que es la tremenda pasión que cada músico de la orquesta pone al tocar cada una de las obras de sus programas, algo en que no cejan independiente del estilo, forma o compositor que les corresponda; bien por la orquesta, pero mucho mejor por la música de nuestro país.

El octavo concierto consultó dos obras, un Concierto para fagot y orquesta de Mozart y una Sinfonía de Brahms, las que Konstantin Chudovsky su director dirigió en el más acertado estilo.

Zilvinas Smalys tocando el Concierto para fagot de Mozart, con Chudovsly y la Filarmónica. foto Sergio López

El programa se inició con el hermoso Concierto para fagot y orquesta en Si bemol mayor, K. 191 de Wolfgang Amadeus Mozart, combinación no demasiado frecuente en nuestras programaciones, razón que desconocemos y consideramos injusta, en esta oportunidad el interprete fue el solista de la Filarmónica el lituano Zilvinas Smalys, en una versión del más alto nivel en musicalidad y estilo.

En el primer movimiento Smalys mostró ya un bellísimo sonido, espléndido manejo dinámico, fraseo elegante y precisas articulaciones, encontrando en la orquesta la contraparte precisa en cada uno de los diálogos. La cadenza fue un verdadero derroche de técnica y musicalidad.

El Andante que sigue, en que se alude fuertemente a la ópera Las Bodas de Fígaro del mismo Mozart, fue enfocado a la manera de un aria, donde la voz fue el fagot que lo hizo líricamente acompañado sutilmente por la orquesta, el final fue simplemente alado.

Visión general del Concierto para fagot con Zilvinas Smalys y la Filarmónica dirigida por Chudovsky. foto Sergio López

El Rondó final fue un exquisito juego de diálogos entre los intérpretes, el que al finalizar hizo explotar de entusiasmo al público, que con sus ovaciones consiguió como encore de Smalys, unas complejas y hermosas variaciones sobre “Non più andrai farfallone amoroso” de Las Bodas de Fígaro, en las que el solista mostró toda su amplia capacidad técnica y virtuosa.

En la segunda parte se ofreció una excelente versión de la Sinfonía Nº 3 en Fa mayor, Op. 90 de Johannes Brahms, la obra tal vez la más lírica de sus cuatro sinfonías requiere de una particular sensibilidad en su interpretación, particularmente en su celebérrimo tercer movimiento.

No creemos equivocarnos demasiado al sostener que esta ha sido una las versiones más hermosas que hemos escuchado en vivo, Chudovsky logró de sus músicos una expresividad sin esa sensiblería que puede gustar a muchos, pero que se aleja del espíritu de Brahms, el sonido fue desde lo pastoso a lo sutil, pasando por toda la gama dinámica con absoluta musicalidad expresiva.

Konstantin Chudovsky dirigiendo la Sinfonía de Brahms. foto Sergio López

El primer movimiento mostró fraseos de gran claridad que permitieron escuchar cada tema de su polifonía, luciéndose cada familia en musicalidad y sonido, además el director cuidó cada progresión para no apartarse de su vital versión.

El Andante se inició con ese hermoso diálogo entre maderas, bronces y cuerdas, logrado a través del balance más adecuado a la vez que los contrastes dinámicos los manejó expresivamente.

El aludido tercer movimiento fue abordado en forma muy expresiva, con los rubato justos, Chudovsky logró que cada voz se escuchara claramente, destacaremos la reexposición del tema central cuando lo enfrenta el corno, quien lo hizo bellamente casi en pianissimo, cerrando el círculo expresivo y melancólico que envolvió el movimiento.

Enorme contraste se apreció en el movimiento final, donde se realzaron con naturalidad las progresiones dinámico-expresivas, cada familia rivalizó en calidad, brillantes maderas y bronces, con la solvencia de siempre el solista en timbal, mientras que además de su hermoso sonido las cuerdas mostraron certeros arcos en sus intervenciones.

Konstantin Chudovsky y la Orquesta Filarmónica de Santiago, agradeciendo las ovaciones del público. foto Sergio López

El habitualmente recatado público del Municipal perdió toda compostura ovacionando a voz en cuello la magnífica versión, y como sorpresa luego de varios minutos de incansables aplausos, Chudovsky se plantó frente a sus músicos para ofrecer una soberbia versión de la Danza húngara Nº 1 de Brahms, que casi enloqueció al público.

Gilberto Ponce. (CCA)

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VIRTUOSOS JAPONESES EN LA BEETHOVEN.

VIRTUOSISMO JAPONÉS EN LA BEETHOVEN.

El último concierto de la Temporada Internacional Fernando Rosas de la Fundación Beethoven, fue una muestra inconmensurable de virtuosismo a cargo de dos artistas japoneses, Seiya Ueno en flauta y Ryutaro Suzuki en piano, quienes mostraron a lo largo del interesante programa no solo musicalidad y estupendo acercamiento al estilo, terminando por maravillar al público con cada una de sus intervenciones.

Seiya Ueno. foto tkhunt

Seiya Ueno quien a pesar de su juventud ha ganado una importante cantidad de galardones en diversos concursos internacionales, mientras que son numerosas las salas y orquestas de primer nivel donde se ha presentado como solista, cosechando siempre un fervoroso éxito.

Igualmente joven es Ryutaro Suzuki quien posee un currículo tan importante como el flautista mostró como pianista una digitación y musicalidad simplemente asombrosas.

Ryutaro Suzuki. foto premiopiano

Ambos se complementan a la perfección tanto en intencionalidad como en fraseos y articulaciones, haciendo de las obras que interpretan un goce de escuchar, algo que fue evidente desde la primera obra del programa, la Sonata para flauta y teclado en Mi menor de Johann Sebastian Bach, en ella se apreció ya desde el primer movimiento el hermoso sonido que posee Ueno, luego en el Allegro siguiente mostraron coherentes fraseos y articulaciones, mientras que el fiato del flautista provocó admiración. Un enorme triunfo lograron en el Andante interpretado sensiblemente expresivo, mientras que Allegro final fue un lujo en los diálogos entre ambos, mostrando además enorme virtuosismo.

Seiya Ueno. foto ebravo

Drástico fue el cambio de estilo al interpretar luego Ma mère l´Oye (Mi madre la Oca) de Maurice Ravel, en arreglo del propio Seiya Ueno en el que acentuaron su carácter a ratos melifluo y oriental, haciéndolo con la más perfecta complementación, con gracia sutil o bien más concreta, difícil olvidar el ensoñado carácter del Diálogo entre la Bella y la Bestia, o el lánguido y expresivo final que incluye una progresión dinámica y expresiva de enorme impacto.

Esta versión utiliza al máximo los recursos técnicos de la flauta, los que fueron resuelto en forma brillante por Seiya Ueno, contando siempre con el musical y ajustado acompañamiento de Ryutaro Suzuki.

Ryutaro Suzuki. foto spectable

Ante los clamorosos aplausos los solistas interpretaron una brillante Fantasía de la ópera Carmen, también de la autoría de Seiya Ueno, que dejó atónito al público.

En la segunda parte se interpretaron dos Tríos, incorporándose como chelista el concertino de la Sinfónica Celso López, quien curiosamente no aparece en el programa de mano, creemos que a López sin duda le hicieron falta más ensayos con los dos invitados, ya que si bien tuvo momentos exitosos, en otros se le vio poco afiatado con la flauta y el piano, y a veces con afinación poco precisa, siendo para él una situación algo injusta, ya que los músicos invitados tienen tiempo tocando juntos, y con López deben haber sido a lo más un par de ensayos, sobre todo considerando que se trataba de obras de gran dificultad.

Celso López. foto biobio

Primero interpretaron el Trío en Si bemol mayor Op. 11 de Ludwig van Beethoven, escrito originalmente para clarinete, cello y piano, en el se apreció falta de afiatamiento con el cello, aunque en el primer movimiento se logró adecuado carácter, pero fue evidente una cierta incomodidad en los intérpretes, por ello y a pesar de algunos logros en su desarrollo, no seguiremos nuestro análisis.

Algo similar ocurrió con el bellísimo Trío para flauta, cello y piano en Do menor, Op. 66 de Felix Mendelsohn, obra de enormes dificultades para todos los intérpretes, aunque para el piano estas son monumentales, encontrando en Ryutaro Suzuki un intérprete formidable.

El extremo virtuosismo exigido por el autor maravilló a los presentes, debido a la respuesta de los intérpretes.

Las ovaciones llevaron a Seiya Ueno a interpretar como encore un ensoñado Debussy.

Gilberto Ponce (CCA)

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