ÓPERA DE GLUCK EN LA USACH.

ORFEO Y EURIDICE DE GLUCK EN LA USACH.

Orfeo y Euridice, ópera de Christoff Willibald Gluck, primer paso en la reforma de la ópera barroca, es sin duda una las manifestaciones más hermosas en lo musical, debido a lo apolíneo de su estructura.

En este caso Gluck reduce la numerosa cantidad de personajes que posee el Orfeo de Monteverdi, a solo a tres, siendo el sustento de toda la obra el personaje de Orfeo acompañado a la manera griega por el coro.

Inicio de la ópera, a la derecha los mimos Euridice y Orfeo, al fondo la Orquesta Clásica USACH. foto Pablo González

Inicio de la ópera, a la derecha los mimos Euridice y Orfeo, al fondo la Orquesta Clásica USACH. foto Pablo Gutiérrez

El autor llamó a su trabajo ópera-pantomima, pues sería esa pantomima la que realizaría la alegoría del canto, en sus diversos interludios orquestales, esta proposición es desafiante porque debe equilibrar el protagonismo de los cantantes solistas, con la acción de bailarines o mimos.

Sin duda para el tiempo de Gluck, este aspecto permitió al publico comprender mejor aún lo cantado por los protagonistas, esto en cualquiera de sus versiones en alemán, francés o italiano.

Tuvimos la ocasión de presenciar la propuesta de los conjuntos de la USACH dirigidos por Nicolas Rauss, en una versión con muchas más luces que sombras, constituyéndose en un muy buen aporte a la difusión de la hermosa obra.

Otro momento del primer acto Euridice y Orfeo, cuando supuetamente él la busca desolado. foto Pablo González

Otro momento del primer acto Euridice y Orfeo, cuando supuestamente él la busca desolado. foto Pablo Gutiérrez

El concepto que Rauss tiene de la partitura, le lleva a una contenida y clásica contención, que bien puede sorprender en algunas de sus partes, no obstante logró de la Orquesta Clásica de la Universidad de Santiago, un sonido bastante homogéneo, brillantemente hermoso en las cuerdas que triunfaron ampliamente en su cometido, maderas y bronces algo disparejos en sonido, pero eficaces en el todo, no podemos dejar de destacar al primer flauta de la orquesta Diego Vieytes, que de memoria realizó una entrañable versión del famoso solo del tercer acto. Algunos ocasionales desajustes de pulso en la orquesta, particularmente en la Obertura, en nada empañaron el resultado total.

Tercer acto, el espíritu de Euridice se encuentra con su cuerpo amortajado. foto Pablo González

Tercer acto, el espíritu de Euridice se encuentra con su cuerpo amortajado. foto Pablo Gutierrez

Nos mereció dudas el que Rauss, haya llevado el comienzo del segundo acto siempre muy rápido en el coro y con un pulso muy lento y constante a Orfeo, cuando este dúo junto a la progresión del texto, incluso las indicaciones de la partitura indican cambios, tal vez se debió a la ubicación del coro, no lo sabemos.

El Coro de la Universidad de Santiago, que dirige Andrés Bahamondes realizó un interesante trabajo en lo musical, hermosas voces pero creemos que debe mejorar sustancialmente la fonética; sin duda algunos momentos de afinación poco precisa en el tercer acto, se debieron a su ubicación ( a un costado del escenario en las graderías) al no escuchar bien la orquesta, asimismo los desajustes con la orquesta en la primera escena del segundo acto, pudieron deberse a lo mismo, no obstante muy interesante resultó su gesticulación en el diálogo con Orfeo en esa misma escena.

El Coro USACH, en las graderías laterales. foto Pablo González

El Coro USACH, en las graderías laterales. foto Pablo Gutiérrez

El agotador rol de Orfeo lo cantó el experimentado tenor Rodrigo del Pozo, haciendo gala de enorme expresividad y musicalidad, él como experto en música antigua, enfrentó su papel con clarísima dicción otorgándole toda la sensibilidad necesaria. En sus dúos con Euridice cantada por Paulina González su voz se vio disminuida, pero no es problema de él, ya que la soprano posee una poderosa voz más propia de grandes roles en la ópera. Creemos que Rodrigo del Pozo tuvo uno de sus mejores momentos en la desoldada aria “He perdido a mi Eurídice” de exquisita expresividad.

Los solistas Rodrigo del Pozo (Orfeo), Paulina González (Euridice) y Carolina Grammelstorff (Amor), a la izquierda Nicolas Rauss el director. foto Pablo González

Los solistas Rodrigo del Pozo (Orfeo), Paulina González (Euridice) y Carolina Grammelstorff (Amor), a la izquierda Nicolas Rauss el director. foto Pablo Gutiérrez

Como dijimos el breve rol de Euridice (solo aparece en el tercer acto) fue cantado por la gran soprano Paulina González, poniendo al servicio de su papel todas sus condiciones histriónico-vocales, las que ha desarrollado en una gran cantidad de roles operáticos, su dúo con Orfeo cuando vuelven de infierno, fue de enorme expresividad.

Otro papel breve es el de Amor, presenta en el primer y tercer acto, lo cantó Carolina Grammelstorff, lo hizo con gracia y musicalidad, planteando un contrapunto con el resto de los personajes.

Tercer acto Nicolas Rauss dirigiendo hacia el Coro, en primer plano Orfeo. foto Pablo González

Tercer acto Nicolas Rauss dirigiendo hacia el Coro, en primer plano Orfeo. foto Pablo Gutiérrez

Participó además la Compañía Mimo Corpus Movens, que dirige Leopoldo Martínez, de la que se dijo haría más comprensible la historia, algo que en verdad solo en ciertos momentos fue logrado. Ellos utilizaron la desnudez propia de cuerpos pintados, y con solo tres mimos encarnaron a Orfeo, Euridice, Amor y una sola Furia, afortunadamente no se incorporó en escena el anunciado personaje “El Barquero”, mencionado en el programa, que no está en la ópera.

El Amor cantado (Carolina Grammelstorff) y en mimo (Daniela Pacheco). foto Pablo González

El Amor cantado (Carolina Grammelstorff) y en mimo (Daniela Pacheco). foto Pablo Gutiérrez

Creemos que los momentos más débiles de la puesta en escena correspondieron a los mimos; Orfeo (Gabriel Riquelme) es un héroe que lucha por recobrar a su esposa, aquí se lo mostró dubitativo y con movimientos más propios de una gárgola, encorvado y con expresividad plana, incluso cuando se recupera finalmente a su esposa, más parecía un padre con su hija, y sin mayor expresividad.

Orfeo y Euridice en el tercer acto. foto Pablo Gonzñalez

Orfeo y Euridice en el tercer acto, a la derecha Orfeo (Rodrigo del Pozo y Euridice (Paulina González). foto Pablo Gutiérrez

Euridice (Juliette Tillería) también fue plana en expresividad, y al comienzo al parecer era un alma que inquieta esperaba a su esposo, nos pareció que lo mejor de ella estuvo en la escena de los Espíritus, cuando se pasea entre la orquesta, y en el dúo con Orfeo cuando ambos viajan hacia la superficie. Amor y la Furia (Daniela Pacheco) fue en exceso sobreactuada, diferenciando poco sus dos roles.

En todo caso, es indudable el valor que tiene esta propuesta -a la que sin duda le faltaron los sobretítulos-, en particular por sus aspectos musicales encabezados por Nicolas Rauss, que fueron muy superiores a los escénicos.

Gilberto Ponce. (CCA)

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CORO DE LA UAI EN DIÁLOGO DE CULTURAS.

Por deferencia de la Crítica de Música señora Sylvia Wilckens, publicamos la crítica que ella realizara de este concierto, la que fue publicada en el Diario chileno-alemán Condor.

UN CONCIERTO DE EXTRAORDINARIO INTERÉS EN LA CATEDRAL   METROPOLITANA.

Al asistir a este muy singular acontecimiento en la Catedral, nunca nos imaginamos   cuánta sorpresa nos causaría escuchar a alumnos de la Universidad Adolfo Ibáñez en un concierto de tan alto nivel. Es asombroso lograr este resultado de esta categoría con un coro formado hace pocos meses, con alumnos que provienen de diversas facultades y cuyos conocimientos de lectura musical son prácticamente nulos. Por lo tanto, es de suponer que ha sido necesario para ellos aprender todas las partituras de memoria, lo que significa una asombrosa hazaña.

El Coro UAI en plena presentación.

El Coro UAI en plena presentación.

Y hablando de hazaña debemos felicitar efusivamente la labor de su director, el profesor Gilberto Ponce, quien hace pocos años formó la agrupación que está integrada por alumnos de las dos sedes de la universidad, de Santiago y Viña del Mar.

¿ Cómo logra este director estos resultados con prácticamente legos de la música? Y hay que recalcar que los ensayos se limitaron a uno semanal durante tres meses y medio entre Santiago y Viña, pero esta es la realidad de muchos coros de estudiantes universitarios.

Para nosotros, se nos imaginaba estar escuchando alumnos que durante mucho tiempo actuaban juntos, pero la realidad es que sólo en pocos meses el director, con una habilidad profesional fuera de serie, logró presentar un programa variadísimo, con obras que incluían trozos del barroco, clasicismo, música religiosa y popular de Africa, América Virreinal y Europa, para finalmente presentar una de las primeras operas escritas en América (1749) en El Cuzco.

Altar del Monasterio de San Antonio Abad en El Cuzco, donde se realizó el estreno de "Venid, venid Deidades" foto tripadvisor

Altar del Monasterio de San Antonio Abad en El Cuzco, donde se realizó el estreno de “Venid, venid Deidades” de Fray Esteban Ponce de León. foto tripadvisor

Un programa tan variado en épocas y estilos, requiere intensísimos ensayos con coristas aficionados. Asombroso es además el hecho que Gilberto Ponce haya encontrado acceso a estas partituras escasas y difíciles de ubicar en el comercio musical. Todo esto requiere una dedicación fuera de serie de parte del director y confirma su seriedad profesional y su amor por la música. Mencionaremos además el hecho que el director dirigió todo el programa sin partitura.

Gilberto Ponce se formó entre otros maestros con el notable director alemán Volker Wangenheim, director de los Festivales Beethoven de Bonn y director de la Musikhochschule en Colonia, haciéndolo durante tres años. Además fue director del Coro de Cámara de la Universidad de Chile, con el que ganó diversos premios internacionales.

Últimamente hemos tenido la oportunidad de asistir a conciertos corales variadísimos, pero es éste coro, el de la UAI, es el que nos ha bridado el programa más original y único.

El alumno Matías Romero canta su solo en "Esa noche yo Bailá" junto al coro.

El alumno Matías Romero canta su solo en “Esa noche yo Bailá” junto al coro.

Comenzó con un Villancico “Esa noche yo bailá” de los esclavos negros en el sur de América, con el solista barítono Matías Romero, – excelente en voz, ritmo y dicción del dialecto de esos negros –acompañado de percusión. Luego del francés barroco Marc Antoine Charpentier un fascinante y melodioso SANCTUS de su ” Misa de Medianoche” con acompañamiento de órgano. Es admirable cómo estos dos jóvenes coros haciendo uno solo, logran adaptarse a los diferentes estilos – un loable mérito-.

Esta facilidad de adaptación del coro se demostró también en el “ Sanctus” de la “Missa Luba” proveniente del Congo interpretada con percusión. Las intérpretes femeninas se lucieron en este trozo.

El Coro UAI en pleno concierto.

El Coro UAI acompañado por Juan Pablo Navarro en pleno concierto.

Del Clasicismo :

De la misa llamada “Heiligmesse” de Franz Joseph Haydn, cantaron el “Goria” con teclado, en excelente estilo clásico y dicción. Luego se nos ofreció otro “Gloria”, ahora del Clasicismo americano obra muy sui generis perteneciente a la Misa en Fa del primer compositor mulato nacido en Brasil, José Joaquim Emérico Lobo de Mesquita (segunda mitad de 1700), acompañado de teclado. También este trozo, tan distinto y atrayente, pues en parte insinúa un ritmo de baile, fue muy bien interpretada con acertado estilo y ritmo.

El compositor José Joaquim Emerico Lobo de Mesquita. foto canta del-Rei

El compositor José Joaquim Emerico Lobo de Mesquita. foto canta del-Rei

Del repertorio religioso y popular:

La leyenda rusa de Stenka Razin (anónima) nos llevó a visualizar el ambiente de las extensas estepas heladas siberianas, fue entregada con intensa emocionalidad y espíritu típico, cantada en su idioma con admirable dicción. Una melodía bellísima plena de nostalgia eslava.

Luego vinieron dos trozos del “Romancero Gitano” con textos de Federico García Lorca y música de Mario Castelnuovo Tedesco, se trató de “Cristo Moreno” y “Crótalo”. En ellas se percibe una muy interesante mezcla de tonalidad con atonalidad, con ocasionales ritmos muy españoles, de difícil interpretación, y excelentemente bien lograda.  

En la última parte, el coro (un total de 40 coristas) nos brindó una espectacular interpretación de una de las primeras óperas escritas en América en El Cuzco en 1749. Se le llamó por su brevedad “Opera Serenata”.

La música pertenece a Fray Esteban Ponce de León, compositor nacido en Lima, y se titula “VENID, VENID DEIDADES.” – Fue dedicada y en homenje a Fernando Pérez de Oblitas, por haber sido nombrado Obispo del Paraguay.

Felipe Gutiérrez (Heraldo) junto al coro cantando la Ópera Serenata "Venid, venid Deidades"

El tenor Felipe Gutiérrez (Heraldo) junto al Coro cantando la Ópera Serenata “Venid, venid Deidades”

Se compone de 11 diferentes trozos, que relatan la rivalidad entre las ciudades Arequipa y El Cuzco, para saber cual de ellas contribuyó más en la formación del Prelado. Enuncia el juicio el Heraldo (el tenor Felipe Gutiérrez) con el coro, este tenor fue muy convincente, posee una atractiva voz y un gran espíritu histriónico.

Luego argumenta en el papel de Arequipa la soprano Magdalena Amenábar, con un recitativo y una aria, quien confirmó su musicalidad luciendo su bello timbre; el Coro canta una alabanza a Arequipa, luego y a pesar que le correspondía argumentar al Cuzco, interrumpe la Doncella de Arequipa cantada por Camila García, a favor de Arequipa en una hermosa y muy bien cantada aria.

Por fin la soprano Soledad Mayorga, como El Cuzco, puede cantar argumentado, ella lo hizo muy bien vocalmente y con gran expresividad. Continua el coro ahora con sus alabanza para El Cuzco. Sigue el coro de Deidades señalando al Cuzco que no se confíe. Por ello se presenta la Deidad Principal (María Fernanda Carter contralto) a dirimir la “sagrada cuestión” con un recitativo y dos arias, definiendo el Trofeo (una lira) para El Cuzco, lo hizo con excelente voz y muy expresiva; todo finaliza con el CORO FINAL “ Viva, Viva”, acompañado del tenor solista en una exultante y feliz entrega. La labor del coro en esta tan compleja ópera fue realmente sin tacha, en afinación exactitud rítmica y matización.

Agradeciendo los aplausos del público al final de la Ópera Serenata "Venid, venid Deidades" Juan Pablo Navarro teclado. órgano y percusión, Magdalena Amenábar, Felipe Gutiérrez, Soledad Mayorga, Camila García y María Fernanda Carter.

Agradeciendo los aplausos del público al final de la Ópera Serenata “Venid, venid Deidades” Juan Pablo Navarro teclado. órgano y percusión, Magdalena Amenábar (Arequipa), Felipe Gutiérrez (Heraldo), Soledad Mayorga (El Cuzco), Camila García (Doncella de Arequipa) y María Fernanda Carter (Deidad Principal).

Debemos felicitar al pianista y organista acompañante Juan Pablo Navarro, quien logró superar exitosamente las dificultades de tener que tocar en un instrumento defectuoso cuyas fallas sólo se constataron a última hora antes del concierto. Felicitaciones Juan Pablo!

Rara vez este tipo de presentaciones se nos hacen demasiado “cortas”, pero en este caso el entusiasta público habría deseado que siguiera y siguiera. Con razón, pues la vivencia que nos presentó el Coro de la UAI, no hace desear que el próximo año se repita la fortuna de volver a escucharlos.

Sylvia Wilckens.

(Círculo de Críticos de Arte de Chile)

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LA VIUDA ALEGRE EN EL MUNICIPAL DE SANTIAGO.

EL BRILLO DE LA VIUDA ALEGRE CON EL BALLET DE SANTIAGO.

Se entiende perfectamente el éxito que el Ballet de Santiago ha obtenido con sus presentaciones del ballet La Viuda Alegre, coreografía que con arreglos de la música de la opereta del mismo nombre de Franz Lehár, ocupó el escenario del Municipal de Santiago en días pasados.

Hanna  (Natalia Berríos) y Danilo (José Manuel Ghiso) en uno los momento brillantes de la fiesta. foto Patricio Melo

Hanna (Natalia Berríos) y Danilo (José Manuel Ghiso) en uno los momento brillantes de la fiesta. foto Patricio Melo

Música hermosa en arreglos muy bien concebidos, por John Lanchbery, con vestuario y escenografía de Peter Docherty que a pesar de provenir del estreno en 1975, conserva vigencia y belleza, y una compañía que confirma el porqué es una de las más importantes de America Latina, con un sólido cuerpo de baile y solistas en plena madurez danzística, justificando las largas ovaciones al final de espectáculo.

Camille (Rodrigo Guazmán) y Valencienne (Maite Ramírez) en uno de sus furtivo encuentros. foto Patricio Melo

Camille (Rodrigo Guazmán) y Valencienne (Maite Ramírez) en uno de sus furtivo encuentros. foto Patricio Melo

Creemos que uno de los grandes aciertos de Marcia Haydée su directora, es el de permitir a los solistas que además de respetar la coreografía, pongan su impronta personal en los roles, esto consigue versiones de gran potencia expresiva, en cada uno de los elencos que suben a escena.

Hanna (Natalia Berríos) y Danilo (José Manuel Ghiso) en la escena del sueño. foto Patricio Melo

Hanna (Natalia Berríos) y Danilo (José Manuel Ghiso) en la escena del sueño. foto Patricio Melo

Nos correspondió presenciar dos de ellos, lo que confirma lo dicho en el párrafo anterior, haciéndonos ver un notable relevo entre los solistas principales.

La Viuda Alegre, que es una comedia de equivocaciones de la mejor escuela, requiere no solo técnica, debido a que utiliza una cantidad enorme de complejos pasos y figuras, agreguemos que deben tener capacidad actoral particularmente en comedia haciéndolo con espontaneidad y fino humor, algo no menor pues muchas cosas suceden en el escenario simultáneamente, sin parecer extemporáneas, factor que se dio perfectamente, además el cuerpo de baile debe interactuar con cada elenco, como si lo hicieran siempre; elementos que fueron ampliamente logrados, justificando el suceso conseguido.

Hanna (Natalia Berríos) y el Barón (Miroslav Pejic) en la fiesta ofrecida a Hanna. foto Patricio Melo

Hanna (Natalia Berríos) y el Barón (Miroslav Pejic) en la fiesta ofrecida a Hanna. foto Patricio Melo

En esta oportunidad la Orquesta Filarmónica de Santiago fue dirigida por Pedro Pablo Prudencio, que se ha posicionado como un gran valor entre el público, razón que explica el caluroso aplauso con que fue recibido al ingresar en ambas funciones, él condujo con gesto claro y firme, realzando fraseos y articulaciones mientras que rubato y acelerando fueron de extrema pulcritud, acentuando aquellos temas que se encuentran casi en el inconciente colectivo por lo entrañables, que decir de la sutil finura del emblemático vals. Algo que redunda en la compañía y los solistas que bailan con tranquilidad, potenciando la calidad de cada uno de los bailarines.

La fiesta en el Maxim´s Danilo (José Manuel Ghiso) y dos damas. foto Patricio Melo

La fiesta en el Maxim´s Danilo (José Manuel Ghiso) y dos damas. foto Patricio Melo

La coreografía de Ronald Hynd, remontada en esta ocasión por Lyn Vella-Gatt, permite que el público comprenda perfectamente la seguidilla de enredos del argumento, que nos introduce en el mundo sofisticado de la socialité de fines de 1800 en el imaginario Pontevedro.

El país está en la ruina, y solo los impuestos que pagaría Hanna la Viuda al casarse con un pontevedrino, los salvaría, ese el eje de la historia cruzada por el romance de la infiel Valencienne con Camille, en una corte desesperada por casar a Hanna con el pontevedrino Danilo antiguo prometido de ella.

Elenco 2 del ballet Valencienne (Katherine Rodríguez) Camille (Emmanuel Vásquez) sorprendidos por Njegus (Edyson Araya), foto Patricio Melo

Elenco 2 del ballet Valencienne (Katherine Rodríguez) Camille (Emmanuel Vásquez) sorprendidos por Njegus (Edyson Araya), foto Patricio Melo

El primer elenco lo encabezó Natalia Berríos como Hanna en una poderosa creación de su personaje, altiva y señorial pues bien sabe que todos dicen amarla, pero solo quieren su dinero, no obstante no disimula su coquetería con Danilo, a quien ama de verdad; con técnica sobresaliente y perfecta, saltó desde la noble viuda a la campesina de antaño en la hermosa escena del sueño de Danilo, pasando por diversos estados emocionales en la escena de jardín y en la de Maxim´s, donde culminó en la excelencia en su pas de deux con Danilo, en el reencuentro. En ella todo fluye naturalmente, haciendo de la técnica solo un medio para lograr la emoción de su personaje.

Hanna (Andreza Randisek) con el Barón (Cyril de Marval) foto Patricio Melo

Hanna (Andreza Randisek) con el Barón (Cyril de Marval) foto Patricio Melo

Danilo el pontevedrino demasiado aficionado al alcohol, permitió a José Manuel Ghiso mostrar en plenitud su carrera en ascenso, su estupenda y segura técnica copa el escenario, transitando desde el despreocupado ebrio, hasta el desesperado enamorado que lucha por recobrar su antiguo amor; mostrando además la prestancia de un noble, que inútilmente trata de disimular su ebriedad, hasta el arrebato cuando trata de batirse a duelo con Camille, mostró muy bien el impacto al reencontrarse con Hanna, fue sutil en la escena del sueño y arrobadoramente romántico en la escena final, él y Natalia Berríos forman una de las grandes parejas en el ballet.

Hanna (Andreza Randisek) y sus invitados saludan la bandera de Pontevedro. foto Patricio Melo

Hanna (Andreza Randisek) y sus invitados saludan la bandera de Pontevedro. foto Patricio Melo

La coquetería desfachatada en su infidelidad, fue asumida plenamente por Maite Ramírez, al bailar como Velencienne creando un personaje de enorme simpatía, volcando en el toda su segura técnica, sus pas de deux con Camille fueron de gran factura.

Conocemos muy bien las dotes de comediante de Rodrigo Guzmán, que asumió en esta oportunidad como el seductor Camille, rol que calza muy bien a su personalidad permitiéndole mostrar su sólida técnica.

El marido de Valencienne, el engañado Barón que bailó Miroslav Pejic, fue dotado de un porte noblemente diplomático, primero suspicaz y al final con una dignidad de la mejor estirpe, donde las emociones no se traslucen a la sociedad.

Hanna (Andreza Randisek) y Danilo (Gabriel Bucher) en la fiesta. foto Patricio Melo

Hanna (Andreza Randisek) y Danilo (Gabriel Bucher) en la fiesta. foto Patricio Melo

Njegus el secretario del Barón fue caracterizado con divertida prestancia por Edyson Araya, quien actuó en ambos elencos.

El segundo elenco estuvo encabezado por Andreza Randizeck como Hanna, quien una vez más demostró el porqué ha llegado al lugar que ocupa actualmente en la danza, con su impecable técnica dotó su personaje de exuberante elegancia, con una enorme levedad en la escena del sueño con Danilo y en las escena finales donde se reencuentra con su verdadero amor; mostró además su prestancia al superar con soltura un cuasi accidente, con el grupo de varones que debía subirla en el final de una de las escenas.

El hermoso final Hanna (Andreza Randisek) y Danilo (Gabriel Bucher). foto Patricio Melo

El hermoso final Hanna (Andreza Randisek) y Danilo (Gabriel Bucher). foto Patricio Melo

Gabriel Bucher asumió un recio Danilo, tal vez no tan dado a la comedia, pero sí manifestando todas emociones por la que transita su personaje, es un gran partenaire, por lo que sus escenas con Hanna fueron muy convincentes y casi ensoñadas.

Pensamos que a su hermosa técnica de Katherine Rodríguez, le sumó una picardía que a ratos llegó al más fino humor bailando como Valencienne, la infiel esposa del Barón, nos parecieron estupendas sus escenas con Camille, que bailó con gran elegancia Emmanuel Vázquez, él dotó a su personaje más bien de un aura de juvenil candor romántico, en su enamoramiento sin límites por Valencienne, es otro de los bailarines que da firmes pasos para llegar a ser una gran figura.

El final del elenco 1 Hanna (Ntalia Berríos) y Danilo (José Manuel Ghiso. foto Patricio Melo

El final del elenco 1 Hanna (Ntalia Berríos) y Danilo (José Manuel Ghiso. foto Patricio Melo

El Barón fue asumido por Cyril de Marval, con un enfoque definitivamente más teatral, convirtiendo al marido engañado en un ingenuo personaje, al que su amor por su esposa le lleva a aceptar con dignidad su engaño, además jugó mucho mas a la comedia.

Los roles más breves a cargo de Gustavo Echevarría, Cristopher Montenegro, Fabrizio Montenegro, Romina Contreras, Elizabeth Espinoza, Noelia Sánchez y María Lovero, además de Emmanuel Vásquez alternándose en ambos elencos, lo hicieron con gran solvencia.

Sería injusto no mencionar la disciplina ejemplar del cuerpo de baile.

Dos elencos que dieron vida a un delicioso ballet, que encantó al público que aplaudió sin reservas a cada uno de sus participantes.

Gilberto Ponce. (CCA)

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VERSIÓN ESTELAR DE LA CONDENACIÓN DE FAUSTO.

LA ESTELAR CONDENACIÓN DE FAUSTO.

Creemos que el título lo dice todo, pues fue radical el cambio observado en la presentación del elenco Estelar de La Condenación de Fausto la ópera de Héctor Berlioz, que se presentó en el Municipal de Santiago.

Como dijimos en el comentario de la versión Internacional, se trata de una ópera muy compleja de presentar y con una estructura musical más cercana al oratorio que a la ópera, con largas escenas donde los personajes cavilan, por ello toda la expresividad queda a merced de la interpretación de los cantantes, y es en este aspecto donde la versión del elenco Estelar, logró establecer un contacto emocional con el público, transformando lo estático en algo vivo y dramático.

Brillante Baile Campesino en la escena 1. foto Patricio Melo

Brillante Baile Campesino en la escena 1. foto Patricio Melo

En el aspecto de la puesta en escena, volvemos a ratificar el mérito de Ramón López en escenografía, cuyos aciertos de vieron realzados con la actuación fluida y natural de los protagonistas.

Observamos algunos cambios en la puesta, como la aparición de unas momias tipo zombie, en la escena del pandemónium, que provocó hilaridad en parte de los asistentes, así como una mayor naturalidad y precisión en la escena de la taberna.

Fausto (Antonio Bürgi) cavilando en su estudio. foto Patricio Melo

Fausto (Antonio Bürgi) cavilando en su estudio. foto Patricio Melo

Del mismo modo, la primera escena, tal vez una de las más hermosas, adquirió mayor relevancia con la interacción de Fausto con las imágenes proyectadas, a modo de ejemplo, Fausto sigue con la vista y gestos el vuelo de las bandadas de pájaros, y se conmueve con los cantos y bailes campesinos.

Otro aspecto de interés es el como los personajes lograron interactuar entre ellos, revelando emociones, ironías, esperanzas y deseos, asumiendo el escenario y los pocos elementos de la minimalista escenografía; convincente la escena de amor entre Fausto y Margarita, tanto como los desafiantes diálogos de Mefistófeles con Fausto, o como este último se dirige a los parroquianos en la taberna, a sus huestes sean estos espíritus, silfos, fuegos fatuos o habitantes del inframundo.

Fausto (Antonio Bürgi) y Mefistófeles (Homero Pérez-Miranda) se encuentran por primera vez. foto Patricio Melo

Fausto (Antonio Bürgi) y Mefistófeles (Homero Pérez-Miranda) se encuentran por primera vez. foto Patricio Melo

Maximiano Valdés obtuvo un señalado éxito en esta función, perfilando estupendamente los temas esenciales de la música, logrando de la Filarmónica de Santiago el sonido a que el conjunto nos tiene acostumbrados, además en ningún momento se produjeron desajustes, acompañó secundando la expresividad de los solistas y realzó muy bien las partes corales y las de ballet, y en la compleja escena final que incluye además el coro de niños, ubicado en los palcos laterales superiores al lado de escenario, fluyó a la perfección, contrastándose perfectamente los timbres del coro adulto con el infantil.

Brander (Sergio Gallardo) cantando la Canción de la Rata a los parroquianos de la Taberna. foto Patricio Melo

Brander (Sergio Gallardo) cantando la Canción de la Rata a los parroquianos de la Taberna, a la izquierda Mefistófeles (Homero Pérez-Miranda). foto Patricio Melo

En cuanto al ballet, en este no se produjeron novedades, y se nos acentuó la idea que se incentivó la improvisación por lo confusas de algunas escenas, particularmente en las de los silfos y en el pandemónium, a gran distancia del acierto de la primera escena, con campesinos y soldados o con la plasticidad de los fuegos fatuos.

El Coro del Municipal, volvió a mostrar toda su potencialidad, bellísimo canto, musicalidad, expresividad y talento actoral, y volvemos a decirlo, se trata de un conjunto que es un lujo para cualquier teatro.

Margarita (Evelyn Ramírez) en su habitación. foto Patricio Melo

Margarita (Evelyn Ramírez) en su habitación. foto Patricio Melo

Antonio Bürgi, el tenor argentino que cantó el rol de Fausto, mostró su hermosa y expresiva voz, que aunque no es muy grande la maneja inteligentemente, preocupándose esencialmente de expresar el texto, y con ello las emociones que embargan al personaje, y como es naturalmente un estupendo actor, conquistó con facilidad al público, creemos y sin desmerecer nada, que sus mejores logros estuvieron en la primera escena en el ámbito natural, luego en su estudio, en la que pasa por diversos estados emocionales, como el cansancio de la falta de objetivos, la tentación de atentar contra su vida, el arrepentimiento al escuchar el canto de resurrección y su diálogo con Mefistófeles; posteriormente sus escenas con Margarita, desde cuando la sueña hasta la seducción, y posteriormente en la escena de La invocación de la Naturaleza.

Fuegos fatuos rodeando el lecho de Margarita (Evelyn Ramírez). foto Patricio Melo

Fuegos fatuos rodeando el lecho de Margarita (Evelyn Ramírez). foto Patricio Melo

Margarita fue asumida en forma espléndida por Evelyn Ramírez, la mezzosoprano chilena que confirma una vez más que es una de las voces más importantes de nuestro país, su bella y poderosa voz, acompañada de su natural musicalidad, convencen desde que se la escucha, además como posee gran talento como actriz, hizo de Margarita un personaje creíble y lleno de matices; sus escena de la canción del Rey de Thule, la Romaza posterior y sus dúos con Fausto fueron soberbios.

Escena de amor de Fausto (Antonio Bürgi) y Margarita (Evelyn Ramírez). foto Patricio Melo

Escena de amor de Fausto (Antonio Bürgi) y Margarita (Evelyn Ramírez). foto Patricio Melo

Homero Pérez-Miranda obtuvo un resonante triunfo como Mefistófeles, un papel que le queda a la medida para lucir toda su potencialidad vocal, dotando a su personaje de una verdadera galería de personalidades; astuto, cínico, irónico, desfachatado y adulador, con estupendo manejo escénico, permitiéndose interactuar con soltura maquiavélica con el resto de los personajes, genial en su aria de la Pulga, sugestivo en la escena de las invocaciones a espíritus, silfos y fuegos fatuos y potente en la escena del pandemónium.

Comienzo de Pandemonium donde Fausto es condenado, Fausto (Antonio Bürgi) y Mefistófeles (Homero Pérez.Miranda) y atrás un coro invoca a Virgen. foto Patricio Melo

Comienzo de Pandemonium donde Fausto es condenado, Fausto (Antonio Bürgi) y Mefistófeles (Homero Pérez.Miranda) y atrás un coro invoca a Virgen. foto Patricio Melo

Con mayor soltura y mejor vocalmente cantó ahora el rol de Brander, Sergio Gallardo, convirtiendo su aria de la Rata, en un gran éxito.

Una función larga y justamente aplaudida, reconociendo los grandes valores expuestos.

Gilberto Ponce. (CCA)

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LA CONDENACIÓN DE FAUSTO INTERNACIONAL.

LA CONDENACIÓN DE FAUSTO EN VERSIÓN INTERNACIONAL.

No resulta particularmente fácil escribir un comentario crítico sobre La Condenación de Fausto de Héctor Berlioz, debido a que se mueve entre dos campos diferentes, uno como “leyenda dramática” y otro en menor grado como ópera, esto significa que no posee una estructura con una progresión dramática que vaya uniendo el argumento, convirtiéndose más bien en una sucesión de escenas, algunas muy independientes entre sí.

Maximiano Valdés. foto Patricio Melo

Maximiano Valdés. foto Patricio Melo

En contraste, nos encontramos con una partitura de méritos mucho mayores, de orquestación magnífica -que nos recuerda en muchos momentos la Sinfonía Fantástica del mismo Berlioz-, con elaborados y bellísimos coros, y algunos de los momentos estelares en música de ballet.

El hecho que se opte en muchas ocasiones por presentarla en forma de concierto, es indicativo de las grandes dificultades para llevarla a escena, y es en este punto donde radica el gran valor de haberla montado en la presente temporada de ópera del Municipal de Santiago.

Escena de los campesinos a enrolarse para la guerra. foto Patricio Melo

Escena de los campesinos para enrolarse a la guerra. foto Patricio Melo

Ramón López fue el encargado de liderar el desafío de la puesta en escena, asumiendo la dirección de cantantes, coro, figurantes, la escenografía y la iluminación, partiendo de un esquema escenográfico minimalista que consultó un gran espejo-pantalla inclinado al fondo del escenario, que permite la duplicación desde otra perspectiva de los movimientos de los personajes, y como esas imágenes se complementan con proyecciones, el efecto logrado en muchas ocasiones fue de extraordinaria belleza.

El ave de la muerte sobre los soldados. foto Patricio Melo

El ave de la muerte sobre los soldados. foto Patricio Melo

El vestuario de Loreto Monsalve fue muy adecuado para los personajes reales, y con ciertos reparos para Mefistófeles con una falda rojo oscuro y una especie de abrigo plateado oscuro, incluyendo guantes negros y zapatos plateados, en contraste muy original el vestuario de los fuegos fatuos, pero consideramos de dudoso gusto el vestuario de los personajes del pandemónium, en exceso kitsch, incluyendo zapatos plateados con terraplén; extraño nos pareció la visión de la vestuarista para el coro de ángeles del final con esas curiosas alas en la cabeza

Escena en la Taberna de Leipzig, Mefistófeles (Alfred Walker) y Fausto (Luca Lombardo) en primer plano. foto Patricio Melo

Escena en la Taberna de Leipzig, Mefistófeles (Alfred Walker) y Fausto (Luca Lombardo) en primer plano. foto Patricio Melo

Las coreografías de José Vidal elementales y al parecer incentivando la improvisación, algo que produjo momentos dudosos particularmente en la danza de los silfos, y en el exagerado desorden del pandemónium, en contrario en la primera escena encontramos muy bien resueltas las escenas de la boda campesina y posteriormente la alegoría de los jóvenes que se enrolan para ir a la guerra y morir en ella.

La dirección de Maximiano Valdés fue correcta, con algunos momentos muy logrados, como asimismo con ciertos desajustes, entre orquesta y coro, en particular en la escena final que incluye un coro de niños dirigido por Cecilia Barrientos.

Mefistófeles (Alfred Walker) canta el aria de la pulga. foto Patricio Melo

Mefistófeles (Alfred Walker) canta el aria de la pulga. foto Patricio Melo

Creemos que sin duda el gran triunfador de la jornada fue el Coro del Municipal de Santiago, que dirige Jorge Klastornick, bellas y timbradas voces, en particular en el coro masculino, que tiene un gran trabajo a lo largo de toda la obra, no desmerecemos en nada al femenino, pues en general fueron certeros y musicales, incluyendo los coros internos, los desajustes con la orquesta en algún momento, no fue su responsabilidad, de más está decir la absoluta solvencia que tienen en relación a la actuación.

Fausto (Luca Lombardo) duerme a orillas del río, mientras Mefistófeles (Alfred Walker) canta en una de las escenas hermosas de la puesta. foto Patricio Melo

Fausto (Luca Lombardo) duerme a orillas del río, mientras Mefistófeles (Alfred Walker) canta en una de las escenas hermosas de la puesta. foto Patricio Melo

En el ámbito de los solistas, nos pareció que el rol protagónico de Fausto, que cantó el tenor francés Luca Lombardo estuvo muy alejado de las exigencias del papel, su voz es irregular e ingrata en cierto registro, en particular en sus agudos y como actor no hizo nada por crear un personaje, parecía estar cantando notas sin preocuparle el sentido de la palabra, además obsesivo en mirar la batuta, restando naturalidad y tensión dramática a sus escenas.

Danza de Los Silfos. foto Patricio Melo

Danza de Los Silfos. foto Patricio Melo

Alfred Walker el barítono estadounidense, asumió con bastante seguridad vocal como Mefistófeles, sus dos grandes momentos, el aria de la pulga en la taberna de Leipzig, y luego la serenata en la habitación de Margarita, en las escenas finales le faltó más presencia vocal, su actuación es solo correcta, no sabemos si su cierta flema como actor, respondió a instrucciones del director de escena.

Danza de los Fuegos Fatuos. foto Patricio Melo

Danza de los Fuegos Fatuos. foto Patricio Melo

Margarita lo cantó la mezzosoprano polaca Ewelina Rakoca-Larcher, en primer término creemos que a su voz a pesar de su belleza, le falta timbre de mezzo, y su canto suele ser más bien inexpresivo y plano, incluso la balada del Rey de Thule, pasó sin mayor trascendencia; sus dúos con Fausto sin mayor conexión dramática con su supuesto enamorado.

Margarita (Ewelina Rakoca-Larcher) y Fausto (Luca Lombardo) foto Patricio Melo

Margarita (Ewelina Rakoca-Larcher) y Fausto (Luca Lombardo) foto Patricio Melo

Sergio Gallardo el bajo-barítono chileno cantó y actuó muy correctamente como Brander en la escena de la Taberna.

Fausto (Luca Lombardo) cae al infierno rodeado de los personajes del pandemonium y Mefistófeles (Alfred Walker) detrás de él. foto Patricio Melo

Fausto (Luca Lombardo) cae al infierno rodeado de los personajes del pandemonium y Mefistófeles (Alfred Walker) detrás de él. foto Patricio Melo

Una función con escenas muy logradas y otras en que la falta de tensión las volvió algo tediosas, en particular por lo inexpresivo de algunos cantantes y una batuta algo laxa en varias escenas.

Gilberto Ponce. (CCA)

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TRÍO FILARMÓNICO EN LA BEETHOVEN.

LA CALIDAD DEL TRÍO FILARMÓNICO.

En la penúltima fecha de la Temporada Internacional de Conciertos Fernando Rosas, que organizada por la Fundación Beethoven se desarrolla en el Teatro Municipal de Las Condes, se presentó el Trío Filarmónico, agrupación que integran Holly Huelskamp en violín, Katharina Paslawski violonchelo y Luis Alberto Latorre en piano, junto al afamado solista en viola Massimo Paris.

El Trío Filarmónico

El Trío Filarmónico; Holly Huelskamp violín, Luis Alberto Latorre piano y Katharina Paslawski chelo, en plena presentación. foto biobio

El Trío se conformó hace seis años, y viene desarrollando una intensa actividad cultural, caracterizada por una acentuada calidad, razón que les llevó a presentarse como invitados en esta temporada internacional, junto a notables conjuntos extranjeros, y los organizadores no se equivocaron con esta inclusión, pues su desempeño fue agradecido por el público con largos y cálidos aplausos.

El Trío en Sol mayor de Franz Joseph Haydn, que abrió la jornada, permitió observar no solo su musicalidad, afiatamiento y rigurosidad estilística, asimismo el cuidadoso manejo del balance instrumental, en una obra en la que la importancia que Haydn otorga al piano, hace creer a ratos, que las cuerdas fueran casi un agregado accidental.

Quisiéramos destacar la vitalidad con que enfrentaron la segunda sección del primer movimiento, mientras que el segundo fue tocado con gracia cantabile y lirismo en el piano y las cuerdas, en una parte donde la responsabilidad melódica es más compartida.

Holly Huelskamp. foto pinterest

Holly Huelskamp. foto pinterest

El tercero, “Rondó a la húngara” fue brillante y de gran virtuosismo, acentuando su característica popular de carácter gitano.

A nuestro parecer, la siguiente obra el Trío en Si mayor Op. 1 de Johannes Brahms, el Trío Filarmónico alcanzo cotas de enorme calidad, en particular por la sensible y hermosa expresividad lograda; en ella desde el inicio se evidenció mayor peso sonoro, muy de acuerdo al estilo, no podemos dejar de señalar lo que nos pareció una particular sintonía de los intérpretes con la obra, que les permitió desentrañar espléndidamente la abigarrada polifonía que la caracteriza.

Katharina Paslawski. foto katharinapaslaeski

Katharina Paslawski. foto katharinapaslaeski

El segundo movimiento Scherzo destacó por el manejo dinámico y la precisión de las figuras rítmico melódicas, algunas verdaderas filigranas, al que se opuso la sección central de carácter cantabile.

Una verdadera joya fue el tercero Adagio, que recuerda fuertemente los Intermezzi del mismo Brahms, por el tratamiento del piano, luego durante su desarrollo los diálogos transportaron al público a zonas de enorme belleza, por la sensibilidad con que los enfrentaron, permitiendo con sutileza la aparición de voces (motivos) tanto en el piano como en las cuerdas, no dudamos de calificar de poética la interpretación.

Luis Alberto Latorre. foto ceac

Luis Alberto Latorre. foto ceac

Con desgarrada pasión abordaron el tercero, donde casi fue posible comparar el sonido con un tormentoso oleaje, que concluyó con el arrebatador final, que arrancó merecidas ovaciones de los asistentes.

Finalizaron con el Cuarteto con piano Op. 47 de Robert Schumann, incorporándose al conjunto el reconocido violista italiano Massimo Paris, esta obra que apela a un romanticismo diferente al de Brahms, no obstante exige un pulcro manejo dinámico que fue estupendamente logrado por los intérpretes.

Caracterizaremos de vibrante y cantabile su primer movimiento, mientras que el segundo destacó por el gran manejo rítmico y dinámico, que da paso a la gracia de su final.

En el tercero destacó Holly Huelskamp en el sensible y lírico tema central, luego en el Finale Vivace, brillaron tanto en los juegos “fugados” como en los virtuosos diálogos, que concluyen en la brillante Coda, que finaliza la obra; los largos aplausos premiaron el notable desempeño de cada uno de los intérpretes en una presentación en la que primó la excelencia musical.

Gilberto Ponce. (CCA)

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ÓPERA ACTÉON DE MARC ANTOINE CHARPENTIER.

LOGRADO ACTÉON DE LA UNIVERSIDAD ALBERTO HURTADO.

Hace ya varios años que el Instituto de Música de la Universidad Alberto Hurtado, viene ofreciendo una serie de espectáculos, el los que involucra a docentes y alumnos de la universidad jesuita; lo cierto es que en casi en todas las oportunidades, los resultados han sido de gran calidad, constituyéndose en un aporte a la cultura de la capital.

Actéon, ninfas y faunos. foto uah

Actéon (Lisandro Pelegrina), Ninfas y Faunos.

Uno de los ámbitos abordados es el de la ópera, donde casi siempre el resultado ha sido óptimo, por ello es que cuando se anunció el estreno de Actéon, la ópera pastoral de Marc Antoine Charpentier, se generó una expectativa que al final resultó completamente satisfecha, en particular porque el elenco contó como ya lo dijimos, solo con fuerzas universitarias.

Diana (Virginia Barrios) acompañada de Ninfas y faunos.

Diana (Virginia Barrios) acompañada de Ninfas y faunos, primera a la izquierda  Arthébuse (María Caparotta). foto Felipe Cuadra

El estreno se llevó afecto en el GAM, sala de reconocida buena acústica, en la que la Camerata Instrumental se ubicó en el altillo del escenario, mientras la acción de desarrolló en la parte baja del mismo, contando con una eficaz y original escenografía de Gustavo Acevedo, quien además diseñó el vestuario, de correcta alusión clásica, salvo en el severo quiebre con el personaje de Juno, a quien se vistió en traje blanco de dos piezas, y tacos del miemos color, asimismo consideramos un tanto excesivo el ornamento que adorna la cabeza de Diana.

Diana (Virginia Barrios) tomando el baño. foto Felipe Cuadra

Diana (Virginia Barrios) tomando el baño.

La escenografía contempla sol un árbol blanco que alude a la cornamenta de los ciervos y un gran velo transparente asume el bucólico paraje, donde llegará Actéon a cazar, sin saber que también ha sido el lugar escogido por Diana y su corte de ninfas y faunos, para tomar un baño asistida por dos doncellas, en ese plano se desarrollará la tragedia, pues Actéon, contemplará la belleza desnuda de Diana, y esta furiosa le transformará en ciervo, para luego ser devorado por sus perros.

Arthébuse (María Caparotta) y Ninfas.

Arthébuse (María Caparotta) Ninfas y Faunos. foto Felipe Cuadra

Jessica Quesada preparó al Coro del Instituto de Música UAH, que cantó en gran forma, con timbradas voces, incluso en las verdaderas piruetas vocales de algunos coros, donde solo en escasos momentos se produjo algún desfase con la orquesta, sin duda producto de la ubicación de la misma, pero no solo cantaron, fueron capaces de realizar algunas semi-danzas y actuar con bastante prestancia. 

Actéon (Lisandro Pelegrina) increpado por Diana (Virginia Barrios) y Ninfas y Faunos. foto Felipe Cuadra

Actéon (Lisandro Pelegrina) increpado por Diana (Virginia Barrios) y Ninfas y Faunos. foto Felipe Cuadra

La Camerata Instrumental del instituto de Música UAH, dirigida desde el violín por Felipe Hidalgo, cumplió una labor muy profesional, salvando todas la ornamentaciones y cambio de pulso y ritmo con musicalidad; Felipe Hidalgo muy alerta solucionó algunos de los escasos inconvenientes de pulso que se produjeron.

Actéon (Lisandro Pelegrina) junto a Ninfas y Faunos. foto Felipe Cuadra

Actéon (Lisandro Pelegrina) junto a Ninfas y Faunos.

La régie de Gonzalo Cuadra, fue muy adecuada al reducido espacio, logrando que el personaje de Actéon esbozara pasos de danza, solucionando asimismo los desplazamientos del Coro y su relación con Diana, Actéon y los otros personajes.

Lisandro Pelegrina fue un sólido Actéon, su voz de tenor se aviene muy bien a este tipo de música, al tiempo que posee presencia escénica; Diana encontró en Virginia Barrios en general una buena actriz, que maneja bastante bien su voz, con interesante manejo dinámico, particularmente en los cambios de ánimo, como fue sensual antes del baño, o con voz acerada en la ira.

Actéon (Lisandro Pelegrina) convertido en ciervo.

Actéon (Lisandro Pelegrina) convertido en ciervo.

Con interesante voz, aunque un tanto plana cantó María Caparotta como Arthébuse, Juno mostró a Pamela Zavala como una estupenda contralto, con algunos agudos un poco estridentes, pero de estupenda presencia escénica. Stefanía Alegre y Andrea Manque cantaron con musicalidad sus dos ninfas.

Juno (Pamela Zavala) junto a Ninfas y Faunos.

Juno (Pamela Zavala) junto a Ninfas y Faunos. foto Felipe Cuadra

Una producción que fue entusiastamente aplaudida por los presentes, que valoraron el aporte realizado por el Instituto de Música UAH.

Gilberto Ponce. (CCA)

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CICLO DE MÚSICA ANTIGUA UC.

CICLO DE MÚSICA ANTIGUA UC. EN EL GAM.

Tuvimos oportunidad de escuchar el segundo programa del Ciclo de Música Antigua, que organiza el Instituto de Música UC, en la acogedora Sala 1 del GAM.

En un programa llamado “El Delirio de las Liras”, el que fue de gran interés, se presentaron el joven tenor y viola gambista chileno Francisco Mañalich, que actualmente se perfecciona en Francia, junto al barítono francés Marco Horvat, recital en que volviendo al uso del como se practicó la música en parte de la Edad Media y el Renacimiento, ellos además de cantar, se acompañan con diversos instrumentos de cuerdas, pulsadas y frotadas.

Francisco Mañalich, cantando y tocando viola da gamba. foto youtube

Francisco Mañalich, cantando y tocando viola da gamba. foto youtube

El estilo aún bastante desconocido en nuestro país, salvo en la música popular, donde a nadie extraña, resultó de gran atractivo para el público, debido no solo a la constante interacción de ambos artistas, pues sus interpretaciones fueron siempre atrayentes y vitales.

Las 19 obras ofrecidas, entre las que hubo también solos instrumentales, mantuvo siempre un necesario contraste de carácter, además contó con interesantes aportes de los artistas, en particular de las acertadas y a veces muy simpáticas intervenciones de Francisco Mañalich.

Este último mostró en plenitud su gran dominio de la viola da gamba, con certeros fraseos y nítidas dobles cuerdas, al tiempo que manejó sensiblemente el balance cuando además cantaba.

Marco Horvat, cantando y tocando teorba. foto francemusique

Marco Horvat, cantando y acompañándose. foto francemusique

Marco Horvat como experto laudista, teorbista entre otros instrumentos de cuerdas pulsadas, se acompañó con sobrada prestancia en las obras de contenido más popular; y cuando ambos lo hicieron a dúo mostraron un afiatamiento tal, que le otorgaron a muchas obras una vitalidad que se transmitió al público, que los celebró entusiastamente, por cierto que en ello contribuyó el hecho que las canciones tuvieran traducción simultánea en sobre títulos.

Francisco Mañalich tiene una voz de tenor clásica para la música antigua, maneja muy bien un justo y preciso vibrato, además creemos que su expresividad de amplio marco dramático, se ajusta al estilo de cada una de las obras; asimismo es preciso señalar el singular efecto que ambos logran cuando juegan con las onomatopeyas de algunas canciones.

Francisco Mañalich, acompañándose en guitarra barroca. foto blogs

Francisco Mañalich, acompañándose en guitarra barroca. foto blogs

Un aspecto que se deduce de algunas obras del programa, es el hecho que algunas alcanzaron gran fama en muchas partes de Europa, y sus melodías fueron objeto de diferentes letras, a veces muy alejadas del original, como es el caso de la canción picaresca que describe a la monja que entra al convento sin ninguna vocación, obra que posteriormente alguien convirtió en villancico navideño, que a su vez fue una de las melodías que utilizó Marc Antoine Charpentier como tema de una de las partes de su famosa Misa de Medianoche.

Marco Horvat, acompañándose de guitarra barroca. foto arcades

Marco Horvat, acompañándose de guitarra barroca. foto arcades

Nos permitiremos mencionar solo algunas de las obras que nos llamaron poderosamente la atención, sin desmerecer en ningún caso el resto; La locura de Henry de Bailly, Julia de Purcell, Ven mi Lira (Anónimo), aquella que describe los placeres de la Taberna, o bien la Lección de música en la que derrocharon vitalidad y humor, o el exquisito Pasacalle de Vita de Castaldi.

Un concierto (banquete) que causó gran suceso debido a la excelencia de sus intérpretes, Francisco Mañalich y Marco Horvat, quien además dirigió la puesta en escena.

Gilberto Ponce. (CCA)

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DE PANGUIPULLI CON AMOR Y CALIDAD.

UNA EXPERIENCIA MUSICAL ÚNICA, ORQUESTA DE PANGUIPULLI.

Siempre lo he afirmado con fuerza, porque estoy convencido que uno de los programas culturales más importantes jamás realizados en Chile, es la creación de la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles, que promovió el recordado y visionario Fernando Rosas.

Las dos Orquestas, Infantil y Juvenil de Pangupulli, dirigidas por Alexander Sepúlveda

Las dos Orquestas, Infantil y Juvenil de Pangupulli, dirigidas por Alexander Sepúlveda

Su labor silenciosa pero sonora musicalmente, ha llegado a miles de niños y jóvenes a través de los años, logrando algo que los políticos soñarían con conseguir; cambiar lentamente a niños y jóvenes, y por ende a sus familias y comunidades, haciéndoles mirar la vida y la sociedad con una mirada limpia y sin prejuicios, y por sobre todo creyendo en sus propias capacidades, en un trabajo que es comunitariamente solidario; todo en función de una meta que solo enriquece el espíritu. ¿Cómo cambiaría nuestro país si ese fuera un ideal colectivo?.

Alexander Sepúlveda dirigiendo en pleno concierto.

Alexander Sepúlveda dirigiendo en pleno concierto.

Afortunadamente en esta labor se han concertado tanto entidades privadas como públicas, que en un gesto del mejor altruismo y sin buscar ganancias de ningún tipo, ni afortunadamente políticas, han conseguido que la vida de muchos niños y jóvenes, sea definitivamente mejor.

En este marco, es que un grupo de empresarios privados de Panguipulli, se empeña en lograr y con mucho éxito la creación de una Orquesta Sinfónica Infantil y una Orquesta Sinfónica Juvenil, lo que después llega a la creación de un verdadero Centro de las Artes en Panguipulli, donde niños y jóvenes acceden a la música, danza y canto además de actividades en Artes Visuales, en la llamada Casona Cultural; no es menor que hasta el momento cerca de 800 niños y jóvenes han sido beneficiados solo en música, a ello debemos sumar, porque lo vimos en el concierto, a una solista en canto y dos estupendas bailarinas de poco más de diez años.

Maderas y Bronces de las dos Orquestas.

Maderas y Bronces de las dos Orquestas.

En celebración de sus diez años de labor, las orquestas realizaron una gira que culminó con un brillante y exitoso concierto en el Teatro Municipal de Las Condes, que les ha acogido con gusto en varias oportunidades.

La gira involucra a cerca de 90 músicos desde los 7 a los 22 años, todos impecablemente vestidos, hermosamente en rojo y negro las niñas, mostrando absolutamente todos, una seriedad enorme en su trabajo, traducida en una disciplina y musicalidad de la mejor escuela; cuantas veces hemos visto a profesionales con desgano, palabra que no existe en estas entidades.

Los estupendos Bronces de la Orquesta-

Los estupendos Bronces de la Orquesta.

Para este logro, sin duda que la formación y el trabajo previo que realiza su director Alexander Sepúlveda, es simplemente asombroso, para luego en el concierto con gesto sobrio y preciso conduce fraseos e intencionalidades, mientras maneja el balance instrumental con precisión.

El escucharles no solo provoca admiración por la calidad, pues sin duda termina por conmover, y como no hacerlo cuando algunos de estos músicos apenas alcanzan el suelo con sus pies, a un niño chelista, hay que ponerle una silla de jardín infantil, mientras toca su chelo para niños.

Las sopranos Magdalena Amenábar y Carolina Rojas, interpretando Mozart.

Las sopranos Magdalena Amenábar y Carolina Rojas, interpretando Mozart.

En este concierto, estos jóvenes tuvieron la fortuna de contar con una gran profesional, se trató de la soprano Magdalena Amenábar, quien sin duda fue un estímulo extra en interpretación.

Primero escuchamos a la Orquesta Sinfónica Infantil en obras de Bela Bartok, Román Fernando Gordo y Robert Schumann, todas interpretadas con expresividad y musicalidad.

Luego por la Orquesta Sinfónica Juvenil vinieron selecciones del Lago de los Cisnes de Tchaikovsky, de gran sensibilidad y precisión superando estupendamente los desafíos rítmicos, un cambio de estilo vino después con la selección de West Side Story de Bernstein, mostrando su versatilidad, encantador fue posteriormente el Vals de la Bella Durmiente, también de Tchaikovsky.

Con enorme entusiasmo y vigor se interpretó después Truenos y Relámpagos de Strauss, donde el público fue invitado a participar con palmas.

Dos momentos muy importantes en los musical se vivieron cuando intervino Magdalena Amenábar, primero en Lascia ch´io pianga de Haendel, interpretado muy sensiblemente por la soprano, que contó con un bello acompañamiento de las cuerdas.

Trío de Clarinetes.

Trío de Clarinetes.

Enseguida se incorporó otra soprano, alumna de la escuela de canto de Panguipulli Carolina Rojas, que cantaron exquisitamente un Duetino de Las Bodas de Fígaro de Mozart.

Sensible fue el Tema de Amor de Cinema Paradiso, para finalmente las dos orquestas, con más de 90 músicos en escena exaltaron al público con Pompa y Circunstancia de Elgar, la Tempestad de Smith y un Tributo a Michael Jackson, en el que intervinieron dos hermosas niñas de la Escuela de Danza.

Las dos Orquestas dirigidas lor Alexander Sepúlveda, agradecen los aplausos.

Las dos Orquestas dirigidas lor Alexander Sepúlveda, agradecen los aplausos con Truenos y Relámpagos.

El público de pie logró como encore, Truenos y Relámpagos, cerrando una velada inolvidable. (Como recomendación, debieran incluir en el programa el nombre del Director)

Gilberto Ponce. (CCA)

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NUEVA APUESTA DEL TEATRO DE RANCAGUA.

ORFEO DE MONTEVERDI UNA PUESTA EN ESCENA DE MARCELO VIDAL.

Cuando por allá en 1607, Claudio Monteverdi compuso para su patrón el Duque de Mantua, la que llamó Fábula en Música Orfeo, solo pretendía añadir un espectáculo a las celebraciones del matrimonio de un sobrino del Duque, no obstante sin que fuera su propósito, estaba creando la que es considerada la primera ópera de la historia, ocasión en que se usó por primera vez el último instrumento creado hasta el momento, el violín.

 El formidable conjunto Les Sacqueboutiers. foto teatrorancagua


El formidable conjunto Les Sacqueboutiers. foto Alejandro Held

El porqué se la considera ópera, entre otras cosas porque sus coros y danzas son atingentes al argumento y no como agregados, además posee una estructura semejante a la que adquiriría la ópera en el futuro. Incluso con obertura, que Monteverdi llama Sinfonía, en verdad una Toccata para bronces y orquesta.

Largo sería enumerar los innumerables valores de la partitura, cuyo texto inspirado en la leyenda griega pertenece a Alessandro Striggio, solo nos remitiremos al análisis de esta puesta en escena nacida en el Teatro Regional de Rancagua, en colaboración con el Teatro Oriente de Santiago y que pertenece a Marcelo Vidal, director de la entidad rancagüina.

Sin duda que el gran valor de esta propuesta, está en el hecho que el Teatro Regional de Rancagua, continúa marcando hitos en la historia cultural chilena, con producciones, que gusten más menos, son siempre novedosas y envueltas en un aura de calidad permanente, por ello es que muchos santiaguinos y de otros lugares llegan al cómodo y hermoso teatro a presenciar sus espectáculos.

La Música (Amalia Montero) y la Ninfa Madelene Vásquez) foto Alejandr Held

La Música (Amalia Montero) y la Ninfa (Madelene Vásquez) foto Alejandr Held

La propuesta de Vidal, es contemporánea, y según se dijo en el lanzamiento hace unos meses, simbolizaría el mundo subterráneo de las minas y las usinas que representarían el infierno, donde Orfeo baja a rescatar a Euridice su esposa, algo que no queda para nada claro desde el punto de vista escenográfico, ya que el eje, una estructura metálica central es demasiado estática, a pesar que en ella se realizan juegos de luces -algunos de gran interés-; también existe un elevador por el que bajan o suben algunos personajes, mientras otros se desplazan desde el fondo de la estructura en una especie de silla-carro, y en otra estructura móvil se desplazan elementos; pero creemos que al reiterarse muchos de estos movimientos, terminan perdiendo su efecto.

Euridice (Evelyn Vergara) y Orfeo (Patricio Sabaté). foto Alejandro Held

Euridice (Evelyn Vergara) y Orfeo (Patricio Sabaté) cuando se casan. foto Alejandro Held

Incluso estamos convencidos, que la conjunción escenográfica con el vestuario, le restó a la obra el aura de leyenda mitológica, al concretizar su poética.

El vestuario de Anita Saavedra es desconcertante con su inusitada mezcla de estilos, y bastante feo en ocasiones, desperfila al personaje principal Orfeo con una cotidianeidad ramplona, a ella al parecer, le preocuparon más La Música, en un guiño a Cabaret, así como Plutón y Proserpina, algo gore, La Mensajera en tela gris aludiendo metal, o Apolo como rock star, mejor no mencionemos a Euridice, primero en un símil de oficinista y luego cuando en el infierno se la traen a Orfeo, en un deplorable “traje de novia”.

Para el Coro de pastores, fue como si hubiera pedido a sus integrantes, saquen algo usado de su armario y pónganselo, y cómo se explica el exceso de tatuajes?

Coro de espíritus (Coro NuevoMundo) foto Alejandro Held

Coro de espíritus (Coro NuevoMundo) foto Alejandro Held

Tuvimos la fortuna de presenciar una función en Santiago, y otra en Rancagua, y en verdad a pesar de la comodidad del Teatro Oriente, el tamaño del escenario y su acústica no resultan siempre favorables, por ello consideramos la versión rancagüina mucho más lograda, ya que permite desplazamientos más naturales de los personajes y el coro, además la orquesta al estar en el foso, tiene un sonido más envolvente.

Los dos magníficos cuerpos estables de Rancagua, la Orquesta Barroca NuevoMundo y el Coro NuevoMundo dirigido por Paula Torres, participaron junto al famoso Les Sacqueboutiers de Toulouse, en una amalgama perfecta, todos bajo la dirección de Eduardo Egúez, quien logró aspectos memorables en exquisitez musical, su manejo de las tensiones y de los juegos dinámicos, serán largamente recordados.

El Coro Nuevo Mundo, en un refinamiento ejemplar, tanto en fraseo, afinación y dinámica, además cumplieron con destreza sus desplazamientos incluyendo sus juegos de palmas en las danzas de la primera parte.

La Mensajera (Evelyn Ramírez) y Orfeo (Patricio Sabaté) llorando al saber que su esposa ha muerto. foto Alejandro Held

La Mensajera (Evelyn Ramírez) y Orfeo (Patricio Sabaté) llorando al saber que su esposa ha muerto. foto Alejandro Held

Patricio Sabaté como Orfeo, entregó una verdadera clase magistral en interpretación, haciendo crecer constantemente su personaje, destacaremos sus pianissimo, particularmente en Rancagua, de indescriptible belleza, particularmente en “Tu se´morta” y “Rosa de ciel”, su manejo dramático fue a ratos conmovedor.

Amalia Montero fue una hermosa y expresiva Música, permitiéndose incluso interactuar con el público en la platea de Rancagua, muy expresiva diferenció cada estrofa de acuerdo a la descripción del texto.

Evelyn Ramírez fue una sólida y expresiva Mensajera, acompañando en el dolor a Orfeo, toda la expresividad la volcó en lo vocal, pues tuvo poca oportunidad de moverse en el escenario.

La Esperanza (Luciana Mancini) foto Alejandro Held

La Esperanza (Luciana Mancini) foto Alejandro Held

Luciana Mancini, cantó dos roles, primero La Esperanza, que en uno de sus textos cita a la Divina Comedia del Dante, y luego como Proserpina la esposa de Plutón, en ambos destacó por su bella voz y gran expresividad.

También cantó dos papeles Eleomar Cuello, quien asumió primero como Plutón, personaje donde sus notas graves fueron casi inaudibles, y como Apolo, donde sí pudo desarrollar su hermoso material vocal.

Plutón (Eleomar Cuello) y Proserpina (Luciana Mancini) foto Alejandro Held

Plutón (Eleomar Cuello) y Proserpina (Luciana Mancini) foto Alejandro Held

Sergio Gallardo, también sufrió con las notas graves como Caronte el barquero, a quien se personificó como un borracho? y se lo vistió de peor forma, incluido un bate de béisbol en su mano. Euridice de Evelyn Vergara, no destacó mayormente en un rol, que no es de gran exigencia.

Caronte (Sergio gallardo) foto Alejandro Held

Caronte (Sergio Gallardo) foto Alejandro Held

La Ninfa de Madelene Vásquez muy bien en su breve papel.

Dispar fue el desempeño de los Pastores, nos referimos a los estudiantes de canto, Víctor Muñoz  Pastor 1, quien está muy en pañales como contratenor, aunque en Rancagua se le vio mejor; en contrario el tenor Martín Aurra Pastor 2, logró una gran desempeño, vocalmente expresivo, ajustado en las figuras rítmicas y muy afiatado en sus dúos con el barítono Franco Oportus Pastor 3, quien se superó ampliamente en Rancagua, haciéndolo con seguridad y musical.

Apollo (Eleomar Cuello) y Orfeo (Patricio Sabaté) al final de la ópera. foto Alejandro Held

Apollo (Eleomar Cuello) y Orfeo (Patricio Sabaté) al final de la ópera. foto Alejandro Held

Este Orfeo, fue una arriesgada apuesta, que resultó con grandes aciertos, sobre todo en lo musical, y plantea muchas interrogantes en lo visual.

Gilberto Ponce. (CCA)

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