EXITOSA APERTURA DE TEMPORADA DE ÓPERA

EL RETORNO DE LA FUERZA DEL DESTINO DE VERDI.

La Fuerza del Destino de Giuseppe Verdi es una sólida obra que da pistas de los caminos que el compositor transitará posteriormente. Trabajo en el que Verdi expone todos los elementos que se supone debe contener una ópera, no se trata solo de grandes cantantes, pues posee poderosos y complejos números corales, así como escenas que incluyen ballet y numerosos figurantes; más de alguien dirá que tal profusión de elementos, alarga en exceso la ópera, pero creemos que en ellos Verdi impone la ley de contrastes, necesarios en una obra de arte, según lo dictan algunas normas estéticas.

La Fuerza del destino transcurre en un largo lapso de tiempo, en medio de una serie de acontecimientos de carácter histórico, los que de algún modo aluden al nacionalismo imperante en algunos países europeos, movimiento al que Verdi adhería fuertemente, pero los acontecimientos que rodean a los protagonistas, poseen algo de inverosímiles, por ello la dirección de escena debe esforzarse por dar credibilidad, a elementos incluso algo truculentos. El otro elemento que atraviesa la obra es la religiosidad a la que recurren de una u otra forma protagonistas y pueblo. Como se ve una heterogénea mezcla de elementos, que obliga a una síntesis de todos los factores, otorgándole verosimilitud, este es el gran mérito de Stefano Vizioli a cargo de la régie, porque se aventuró en la modernidad y se atuvo pertinentemente a lo argumental.

Escena de conjunto de la Fuerza del Destino. foto Marcela González

La escenografía de Nicolás Boni ubica toda la acción en un teatro de características similares al Municipal, el que se va derruyendo durante el transcurso de la ópera, tal como ocurre en la historia con los personajes, por ello fragmentos de la estructura se van acumulando en el suelo, como recordando el pasado, los palcos son utilizados con precisión por el coro y los figurantes, y en un momento la pesada estructura se abre, para mostrar el cielo y permitir la salida de los protagonistas en dos escenas claves.

Leonora (Oksana Sekerina) y Don Álvaro (Giancarlo Monsalve) en el primer acto. foto Marcela González

Asimismo cobran importancia elementos como la camilla, que recibirá a Don Álvaro herido, la carreta colmada de muertos en batalla y el gran Cristo colgante en diagonal, que posteriormente se destruirá como parte del derrumbe paralelo del mundo interior de los personajes. Objetamos lo que consideramos un error, pues los palcos del teatro se topan con los bordes del escenario real, quedando fuera de la visión de gran parte del público, el fragmento que Leonora canta desde allí, mientras que al otro lado se coloca en una escena una cruz a la que se alude recurrentemente, pero gran parte del público no la ve; creemos que es necesario considerar esos factores, por respeto a todos los asistentes.

El Marqués de Calatrava (Jaime Mondaca) maldice a su hija Leonora (Oksana Sekerina) luego de ser herido de muerte accidentalmente por Don Álvaro. foto Marcela González

El vestuario de Monse Catalá de una gran belleza dentro de su sobriedad, muy acorde a la escenografía, el que fue realzado por la iluminación de Ricardo Castro. La dirección musical correspondió al italiano Giuseppe Grazioli, quien entregó un muy buena versión de la obertura, y en el resto de la ópera respetó permanentemente el pulso de los cantantes, acompañándolos eficientemente, pero sin lograr lograr mayores perfiles en la orquesta, sin resaltar los leit motiv, recurrentes durante la ópera, creemos además que algunos muy pequeños desajustes con el coro, en las escenas donde este no solo canta, pues debe moverse entre bailarines y figurantes, no empañan para nada el buen desempeño de la batuta. La orquesta, una vez más en su acostumbrado alto rendimiento, donde destacaron algunos importantes solos instrumentales

Preziosilla (Anna Lepkovskaja) foto Marcela González

El Coro del Municipal de Santiago que dirige Jorge Klastornick, dio muestras una vez más de su enorme calidad vocal y de toda su experticia como actores. Lamentablemente no se consigna en el programa de mano, el coreógrafo de las originales y bellas danzas, asimismo creemos que los figurantes fueron aporte fundamental en el realismo a las escenas masivas. La poderosa y hermosa voz de Oxsana Sekerina dio vida a Leonora, creemos que ella tiene la voz precisa para el rol, asumiendo en propiedad todas las variables dramáticas, un triunfo absoluto de ella fue su gran aria final, la que fue sobrecogedora, al final el público la ovacionó sin reservas.

Leonora y el Padre Guardiano (Maxim Kuzmin-Karavaev) foto Marcela González

Giancarlo Monsalve posee el físico y una presencia escénica adecuadas para el papel de Don Álvaro, no se puede objetar como evoluciona dramáticamente su personaje, y a pesar que tiene un hermoso timbre, su manejo vocal es bastante irregular, a veces sus agudos son fáciles y hermosos, pero otros se escuchan apretados y con otro timbre, factor que desconcierta, no obstante su honestidad como actor fue premiada con entusiastas aplausos.

Don Carlo de Vargas lo cantó Vitaliy Bilyy, su bello timbre de barítono, tanto como su sólida actuación perfilaron en propiedad al vengativo y hermano de Leonora; su dúo con Álvaro tanto como sus solos fueron de extrema musicalidad.

Álvaro es redimido, mientras el Padre Guardiano ora por Leonora y Don Carlo. foto Marcela González

Maxim Kuzmin-Karavaev otorgó toda la solemne sobriedad del Padre Guardiano a través de su hermosa y musical voz. Fray Melitone de Ricardo Seguel sirvió para que el barítono mostrara no solo hermosa voz, también toda la gracia requerida por el personaje.

Anna Lapkovskaja fue una histriónica Preziosilla, con espléndida voz y actuación. Asimismo gran trabajo vocal y en actuación mostraron Jaime Mondaca y Paola Rodríguez, como el Marqués de Calatrava y Curra la camarera de Leonora. Completaron el elenco Matías Moncada muy bien como Alcalde / Cirujano y Gonzalo Araya como un simpatiquísimo Maestro Trabuco.

Gilberto Ponce. (CCA)

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REQUIEM DE MOZART.

CONCIERTO DE SEMANA SANTA EN EL CEAC.

Ola Rudner director del Réquiem de Mozart. foto Patricio Melo

El tiempo previo a la Semana Santa, es ocasión propicia para que muchos conjuntos programen obras de carácter religioso, las que en general, atraen gran cantidad de público interesado en escuchar algunas de las obras religiosas más importantes de todos los tiempos.

El Centro de Extensión Artística y Cultural de la Universidad de Chile (CEAC) programó el celebérrimo Réquiem de Wolfgang Amadeus Mozart, una de las más bellas que se hayan escrito, que posee una profunda carga espiritual.

La Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, los solistas Andrea Aguilar, Marisol Hernández, Francisco Huerta y Sergio Gallardo, y los Coros Sinfónico y Camerata Vocal de la Universidad de Chile, dirigidos por Ola Rudner durante el concierto. foto Patricio Melo.

Fue interpretado por sus conjuntos la Orquesta Sinfónica Nacional junto al Coro Sinfónico y la Camerata Vocal, ambos de la Universidad de Chile, junto a cuatro solistas, todos bajo la dirección del maestro sueco Ola Rudner.

Más allá de todas las leyendas en torno a la obra, o de la validez de las partes que completó su discípulo Süssmayr, pues Mozart completó solo hasta un tercio del Lacrimosa, dejando escritas partes incompletas hasta el Agnus Dei, por ello al no haber fragmentos de Mozart para el final, recurrió a la música del comienzo (Introito y parte del Kyrie) agregándole los textos finales de la misa, a pesar de estos antecedentes, existe consenso que se trata de una obra maestra y fundamental en la historia de la música.

TLa soprano Andrea Aguilar y la mezzosoprano Marisol Hernández durante la presentación. foto Patricio Melo

Curiosamente el Teatro Baquedano no estaba completamente lleno, al menos en la primera de las cuatro funciones programadas, y aunque muchos asistentes manifestaban una gran expectación, otros estaban inmersos en sus celulares, actividad que curiosamente continuaron durante la ejecución de la obra.

El tenor Francisco Huerta y el bajo-barítono Sergio Gallardo. foto Patricio Melo

No resulta fácil escribir este comentario por la disparidad de elementos observados, el más importante sin duda la dirección de Rudner, de notable inexpresividad, aparentemente sin interesarle la relación texto-música, además creemos que no existió una progresión expresiva general, fueron números independientes; en otro aspecto nos parecieron arbitrarios los contrastes dinámicos de algunas partes, tanto como la insistencia en el pianissimo de las cuerdas – de hermoso sonido – en relación con el resto de la orquesta, factor que creemos incidió en algunas desafinaciones del coro, algo muy extraño en el conjunto.

A su favor diremos que fraseos y articulaciones de algunas partes, en particular las fugas, fueron de gran limpieza y claridad, existiendo así una estrecha relación entre el canto y los instrumentos. Asimismo en consideración a que es resorte del director la velocidad que imprime a las obras, creemos que algunas partes sufrieron excesivamente por la rapidez, resultando en extremo inexpresivas.

El cuarteto vocal, si bien fue bastante correcto, sobresalieron las voces de la soprano Andrea Aguilar de musical desempeño, tanto como la del tenor Francisco Huerta, muy correcta la mezzosoprano Marisol Hernández y en el caso del solvente bajo-barítono Sergio Gallardo, sin duda la obra no le acomoda, aunque expuso toda su musicalidad y experiencia.

Grupo de integrantes de los Coros Sinfónico y Camerata Vocal, miembros de la Orquesta y los solistas Francisco Huerta y Sergio Gallardo. foto Patricio Melo

Los Coros Sinfónico y Camerata Vocal, muy bien preparados por Juan Pablo Villarroel, mostraron voces timbradas y excelente dicción, destacaremos el brillo de los tenores, y como conjunto fueron capaces de cantar expresivamente, a pesar que la batuta no lo pedía.

La Orquesta Sinfónica Nacional mostró en general buen sonido, y siguió atentamente las indicaciones de Rudner, y aquellos números de pulso algo errático, se debió al gesto blando del director.

El primer número Introito, fue expresivo permitiendo mostrar lo timbrado de las voces del coro, la soprano solista lució su hermosa voz, el Kyrie que sigue destacó por la claridad de las articulaciones de la fuga en un gran trabajo mancomunado con la orquesta.

El Dies Irae, lo encontramos con fuerza y expresividad, con buen manejo de los contrastes; el Tuba mirum que sigue se inició con notables flaquezas del trombón, a pesar de ello el bajo perfiló muy bien su parte, luego se agregaron el resto de los solistas con muy buen desempeño vocal y flojamente el fraseo e intencionalidad de la orquesta.

Los cuatro solistas durante el concierto. foto Patricio Melo

Desbalanceado el sonido entre la orquesta y el coro se escuchó el Rex Tremendae, en el Recordare para solistas y orquesta, la batuta no fue clara y se sintió inseguro el sonido orquestal, mientras que los solistas estuvieron solo correctos debido a esa inseguridad.

Muy débil fue uno de los números más conocidos el Lacrimosa, el balance voces orquesta fue equívoco, con un deslavado resultado final. El Hostias fue superficial en expresividad y se produjeron varios desajustes entre coro y orquesta, seguramente debido a la velocidad impresa.

De gran fuerza fue el Sanctus y con muy buen resultado la fuga Hossana. A pesar de las buenas voces del cuarteto y de sus esfuerzos expresivos, estos apenas se esbozaron debido a la peligrosa velocidad impresa por la batuta en el bellísimo Benedictus. Solo correcto consideramos el Agnus Dei, algo que se superó ampliamente en la parte final con el ingreso de la soprano y las partes fugadas del coro y la orquesta de gran perfección, que provocaron entusiastas aplausos de los presentes, que agradecen poder escuchar en vivo una de las más grandes obras sinfónico-corales.

Un Réquiem de Mozart que alternó luces y sombras, que atribuimos a la batuta de Ola Rudner.

Gilberto Ponce. (CCA)

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EL LABORATORIO DEL BANCH II

Fragmento de «A mis soledades» de Rodrigo Opazo. foto Patricio Melo
Fragmento de "A mis soledades" de Rodrigo Opazo. foto Patricio Melo
Fragmento de «Inclinación Asertiva » de Amaru Piñones. foto Patricio Melo

EL LABORATORIO DEL BANCH.

En una iniciativa digna de elogio Mathieu Guilhaumon, director del BANCH, le encargó a siete integrantes de la Compañía crear igual número de coreografías, la que serían interpretadas por el resto de los bailarines.

El nombre de la iniciativa fue, como resulta lógico; LABORATORIO, esto es, el lugar para experimentar y tal vez a futuro descubrir a nuevos coreógrafos, ellos no tuvieron limitantes, salvo el no traspasar un límite de tiempo, teniendo a su servicio todos los elementos técnicos del ballet.

En la experiencia fue evidente la mayor intuición y talento de algunos en este campo, en otros hay que esperar a que sus ideas encuentren un cauce mejor, entre los aspectos a desarrollar, está es el como rematar los trabajos, ya que algunos, al final perdieron el vigor mostrado en parte de su desarrollo, del mismo modo se apreció un cierto interés por el juego aleatorio con resultados que pudieron ser mejores.
Como era de esperar siguiendo una tendencia actual en el arte, en la mayoría existe una conceptualización en las líneas argumentales.

Algo muy evidente que encontramos poco positivo, fue una constante oscuridad para casi todas las coreografías, habrá sido porque el teatro tiene pocos recursos o los iluminadores no poseen la experiencia necesaria? Esto finalmente termina por agotar el interés visual ya que todo resulta bastante plano en el escenario ,y como el vestuario tampoco buscó mayores contrastes, no se crearon los necesarios contrastes visuales.

Los bailarines llamados a este laboratorio fueron Rodrigo Opazo, Gema Contreras, Amaru Piñones, Valentín Keller, Enrique Faúndes, Nicolás Berrueta y Fabián Leguizamón, según el orden en que se presentaron los trabajos.

Un aspecto que tuvo tanto elementos positivos como negativos, fue la estructura del programa que se presentó sin interrupción, lo que redundó en una fluidez que no alargó demasiado la función, pero al mismo tiempo el público no pudo leer las reseñas antes de cada obra, que sin duda es muy importante en este tipo de trabajos, y aunque estas se hayan leído todas antes, bien podrían confundirse.

Sin bien el publico reaccionó discretamente con la mayoría de ellas, fue muy estimulante la ovación recibida por los noveles coreógrafos al final de la función.

“A mis soledades” de Rodrigo Opazo mostró una serie de juegos bastante interesantes de conjunto, los que al parecer eran las visiones de un personaje sentado en un sillón a un costado, no obstante creemos que a su obra le faltó capacidad de síntesis, al caer en reiteraciones que poco aportaron.

Ignacia Peralta fue la intérprete de Botar trabajo de Gema Contreras, que posee elementos de pantomima, como también un curioso acercamiento al pilates por la constante interacción con una gran pelota, la obra tiene logrados elementos de humor, que tal vez debieron ser más explotados, como el juego del foco que pareciera arrancar del tramoya y posteriormente su interacción con la bailarina.

Amaru Piñones, creó una de las coreografías con más elementos de danza con su “Inclinación asertiva” logrando mostrar aspectos de la sexualidad humana con enorme sutileza. Las escena de conjunto poseen gran plasticidad y hace un muy buen uso del espacio en una coreografía que mantiene siempre el interés.

¿De verdad no te importa? Creada por Valentín Keller es otro unipersonal que baila Facundo Bustamente, alude a lo mucho que se habla y poco que se hace en la conservación del medio ambiente, inteligentemente desarrollada, el personaje demuestra su interés por la naturaleza sacando de bolsas plásticas plantas, hasta que en un guiño al Rinoceronte de Ionesco el mismo queda con cabeza convertida en una, pero entonces desde arriba (el mundo) es inundado por deshechos plásticos. Su potente progresión dramática la convirtió en una de las más exitosas .

“Que tal si….” de Enrique Faúndez es otra de la coreografías que ahora critica una de las peores costumbres de la sociedad contemporánea; la permanente “conexión” de casi todos al aparatos tecnológicos, en un planteamiento donde se ve a las personas como contentas, pero completamente desconectadas entre sí, hasta que al final en un acto libertario, todos arrojan sus celulares para encontrar la felicidad.

Poético y visualmente hermoso es Kintsugi de Nicolás Berrueta, que desarrolla un interesante juego con unas telas semitransparentes, que finalmente serán dibujadas a la manera de la escritura japonesa.

“Bestia” el último de los trabajos, pertenece a Fabián Leguizamón, la que nos muestra con gran fuerza expresiva, el surgimiento de la “bestia” que existe en cada uno de nosotros, bajo el influjo de la luna llena en un primitivo ritual, que no deja de recordar, el argumento de la Danza fantástica de Saint-Saëns.

Una interesante experiencia que dio cuenta de la potencialidad de siete noveles coreógrafos.

Gilberto Ponce. (CCA)

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FILARMÓNICA DE SANTIAGO COSECHA GRAN TRIUNFO.

ESTIMADOS LECTORES, DEBIDO A PROBLEMAS CON EL SERVIDOR, NO SE HAN PODIDO INSERTAR FOTOS DEL CONCIERTO, LAS INCORPORAREMOS UNA VEZ SOLUCIONADO. LES ROGAMOS NOS EXCUSEN.

RESONANTE TRIUNFO DE IZQUIERDO CON LA FILARMÓNICA.

El segundo concierto de la Temporada 2019 de la Filarmónica de Santiago, fue dirigido por su director emérito Juan Pablo Izquierdo, con obras de Beethoven, Vila y Bartók, con señalado éxito.

La primera parte fue dedicada a Ludwig van Beethoven, escuchándose al inicio una hermosa versión de la Obertura del Ballet Las Criaturas de Prometeo, en una versión llena de contrastes, en la que las miniaturas sonoras fueron destacadas musicalmente; el rendimiento de la orquesta fue ejemplar en cada una de las familias.

Luego se escuchó el Concierto para piano y orquesta nº 3 en Do menor, op. 37 obra donde el autor avanza un poco hacia el romanticismo, pero conservando siempre la estructura del clasicismo, su intérprete fue el pianista italiano Filippo Gamba, quien al menos en la primera función, no dio cuenta de su importante currículo, ya que encontramos que tuvo un acercamiento más bien frío a la obra, pero lo más sorprendente fue su excesivo uso de ritenuto o ascelerando que en más de una oportunidad lo desfasó en relación al director y la orquesta.

Bien sabemos lo riguroso que es Izquierdo en cuanto a pulso, por ello su cara de desconcierto, algo igual ocurrió en la orquesta en varios momentos, pero a favor del solista no debemos olvidar que el intérprete es un ser humano y como tal puede tener malos días, y este pudo ser uno de ellos.

Los problemas mayores ocurrieron en el primer movimiento, donde las excesivas “libertades” del solista en relación a tempo y pulso, transformó la versión en algo lleno de inquietudes, incluso la cadenza, la consideramos poco expresiva y dura.

El segundo movimiento mejoró bastante la musicalidad de Gamba, logrando hermosos diálogos con la orquesta, que a su vez mostraba un bello sonido. El tercer movimiento que por su estructura impide tomarse licencias de pulso funcionó mucho mejor, y logró que las cualidades del solista fueran más apreciables.

La segunda parte se inició con la Elegía (In memoriam Béla Bartók) del chileno Cirilo Vila, se trata de una contundente obra que recrea el mundo sonoro de Bartók teniendo como modelo, la famosa Música para cuerdas y percusión del homenajeado, tiene un carácter muchas veces desgarrado, que Izquierdo acentuó al tiempo que destacaba con claridad las diferentes voces, acentuando en todo momento la mayor expresividad; los valores intrínsecos de la partitura, tanto como su estupenda interpretación consiguieron una muy entusiasta respuesta del público.

Algunos han acusado que la música del ballet El Mandarín maravilloso de Béla Bartók roza lo obsceno y lo decadente (las disonancias recurrentes fueron mal recibidas), por otro lado algunas de las representaciones como ballet, provocaron más de algún escándalo debido a la crudeza de su argumento; no obstante estas y otras reacciones, en la actualidad existe consenso que se trata de una de las obras maestras del siglo XX.

En esta oportunidad se escuchó la suite, que es una síntesis todas las características y dificultades del original, exigiendo por consiguiente una respuesta instrumental superior, y es esto precisamente lo que ocurrió con la inspirada versión de Juan Pablo Izquierdo y la Filarmónica.

Con un Izquierdo totalmente empoderado de la partitura, y con una orquesta que dio lo mejor de su capacidad, escuchamos una versión que acertó plenamente en el carácter, utilizando genialmente los contrastes dinámicos y expresivos, con sonido ora sutil ora contundente, con la mayor rigurosidad rítmica, sin olvidar los constantes cambios de tempo y pulso, así como las recurrentes polirrítmias. No podríamos dejar de mencionar la excelencia de cada uno de los numerosos solos instrumentales.

Las progresiones constantes así como los clímax se insertaron en un desarrollo coherente de principio a fin, obteniendo al finalizar una gigantesca ovación, que incluyó “pataditas” del público eufórico, a las que se agregó la orquesta en pleno, en uno de los grandes éxitos de la Filarmónica de Santiago conducida magistralmente por Juan Pablo Izquierdo.

Gilberto Ponce. (CCA)

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NUEVOS COREÓGRAFOS EN EL BANCH.

ESTIMADOS LECTORES POR UN PROBLEMA EN EL SERVIDOR NO SIDO POSIBLE INCORPORAR FOTOS EN LA CRÍTICA, CUANDO EL PROBLEMA SE RESUELVA LAS INCORPORARÉ. MUCHAS GRACIAS POR SU COMPRENSIÓN.

EL LABORATORIO DEL BANCH.

En una iniciativa digna de elogio Mathieu Guilhaumon, director del BANCH, le encargó a siete integrantes de la Compañía crear igual número de coreografías, la que serían interpretadas por el resto de los bailarines.

El nombre de la iniciativa fue, como resulta lógico; LABORATORIO, esto es, el lugar para experimentar y tal vez a futuro descubrir a nuevos coreógrafos, ellos no tuvieron limitantes, salvo el no traspasar un límite de tiempo, teniendo a su servicio todos los elementos técnicos del ballet.

En la experiencia fue evidente la mayor intuición y talento de algunos en este campo, en otros hay que esperar a que sus ideas encuentren un cauce mejor, así es que creemos que uno de ellos es el como rematar sus trabajos, ya que algunos al final perdieron el vigor mostrado en parte de su desarrollo, asimismo el interés por un cierto juego aleatorio tuvo resultados que pudieron ser mejores.

Como era de esperar siguiendo una tendencia actual en el arte, en la mayoría se aprecia la conceptualización en las líneas argumentales.

Algo muy evidente que encontramos poco positivo, fue una constante  para casi todas las coreografías, habrá sido porque el teatro tiene pocos recursos o los iluminadores no poseen la experiencia necesaria? Esto finalmente termina por agotar el interés visual ya que todo resulta bastante plano en el escenario ,y como el vestuario tampoco buscó mayores contrastes, no se crearon los necesarios contrastes visuales.

Los bailarines llamados a este laboratorio fueron Rodrigo Opazo, Gema Contreras, Amaru Piñones, Valentín Keller, Enrique Faúndes, Nicolás Berrueta y Fabián Leguizamón, según el orden en que se presentaron los trabajos.

Un aspecto que tuvo tanto elementos positivos como negativos, fue la estructura del programa que se presentó sin interrupción, lo que redundó en una fluidez que no alargó demasiado la función, pero al mismo tiempo el público no pudo leer las reseñas antes de cada obra, que sin duda es muy importante en este tipo de trabajos, y aunque estas se hayan leído todas antes, bien podrían confundirse.

Sin bien el publico reaccionó discretamente con la mayoría de ellas, fue muy estimulante la ovación recibida por los noveles coreógrafos al final de la función.

“A mis soledades” de Rodrigo Opazo mostró una serie de juegos bastante interesantes de conjunto, los que al parecer eran las visiones de un personaje sentado en un sillón a un costado, no obstante creemos que a su obra le faltó capacidad de síntesis, al caer en reiteraciones que poco aportaron.

Ignacia Peralta fue la intérprete de Botar trabajo de Gema Contreras, que posee elementos de pantomima, como también un curioso acercamiento al pilates por la constante interacción con una gran pelota, la obra tiene logrados elementos de humor, que tal vez debieron ser más explotados, como el juego del foco que pareciera arrancar del tramoya y posteriormente su interacción con la bailarina.

Amaru Piñones, creó una de las coreografías con más elementos de danza con su “Inclinación asertiva” logrando mostrar aspectos de la sexualidad humana con enorme sutileza. Las escena de conjunto poseen gran plasticidad y hace un muy buen uso del espacio en una coreografía que mantiene siempre el interés.

¿De verdad no te importa? Creada por Valentín Keller es otro unipersonal que baila Facundo Bustamente, alude a lo mucho que se habla y poco que se hace en la conservación del medio ambiente, inteligentemente desarrollada, el personaje demuestra su interés por la naturaleza sacando de bolsas plásticas plantas, hasta que en un guiño al Rinoceronte de Ionesco el mismo queda con cabeza convertida en una, pero entonces desde arriba (el mundo) es inundado por deshechos plásticos. Su potente progresión dramática la convirtió en una de las más exitosas .

“Que tal si….” de Enrique Faúndez es otra de la coreografías que critica una de las peores costumbres de la sociedad contemporánea; la permanente “conexión” con casi todos al aparatos tecnológicos, en un planteamiento donde se ve a las personas como contentas, pero completamente desconectadas entre sí, hasta que al final en un acto libertario, todos arrojan sus celulares para encontrar la felicidad.

Poético y visualmente hermoso es Kintsugi de Nicolás Berrueta, que desarrolla un interesante juego con unas telas semitransparentes, que finalmente serán dibujadas a la manera de la escritura japonesa.

“Bestia” el último de los trabajos, pertenece a Fabián Leguizamón, la que nos muestra con gran fuerza expresiva, el surgimiento de la “bestia” que existe en cada uno de nosotros, bajo el influjo de la luna llena en un primitivo ritual, que no deja de recordar, el argumento de la Danza fantástica de Saint-Saëns.

Una interesante experiencia que dio cuenta de la potencialidad de siete noveles coreógrafos.

Gilberto Ponce. (CCA)

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PRIMER CONCIERTO DE LA FILARMÓNICA DE SANTIAGO.

APERTURA DE LA TEMPORDA FILARMÓNICA EN EL MUNICIPAL.

Con un programa de obras rusas, se inauguró la Temporada 2019 de la Orquesta Filarmónica de Santiago en el Municipal de Santiago, ocasión en que la dirigió su director titular Konstantin Chudovsky.

Konstantin Chudovsky dirigiendo, foto Marcela González

Nosotros concurrimos a la segunda función del concierto que se inició con la Marcha eslava de Piotr Ilich Tchaikovsky en una versión que consideramos solo correcta, pues en ella se deslizaron algunos pequeños desajustes y más de algún sonido crudo.

Un vuelco absoluto se dio desde la segunda obra, donde no solo Chudovsky demostró toda su capacidad expresiva, al haber captado en su totalidad el carácter de la segunda Suite del Ballet Romeo y Julieta de Sergei Prokofiev.

Sergei Prokofiev niño. foto musicweb

A lo largo de sus siete partes, la Filarmónica de Santiago hizo gala de su espléndido sonido en una interpretación superior, en la que el uso de contrastes dinámicos y expresivos, y la musicalidad de fraseos y articulaciones fue una constante, sin duda que en los logros debemos señalar el estupendo desempeño de los solos instrumentales.

Mencionaremos sin desvalorizar nada, algunos números; a manera de ejemplo la fuerza arrolladora de Montescos y Capuletos, realzada por sus contrastes dinámicos; los planos sonoros de Julieta, la joven. La Danza de los Saltimbanquis por su exquisita gracia y transparencia; el carácter angustioso y opresivo de Julieta antes de partir y toda la dramática sección final donde se combinan crescendo y diminuendo, con sutiles progresiones expresivas que acentuaron la emotividad. Es así que a pesar que el final culmina en un pianissimo, el público reconoció la excelencia de la versión y la ovacionó larga y entusiastamente.

El hecho de poder escuchar esta obra sin la coreografía, permite abstraerse para gozar plenamente de una partitura, que sin duda es una obra maestra.

Alfred Schnittke. foto masterandmargarita

La segunda parte nos hizo escuchar un estreno, se trató de la Suite De la almas muertas de Alfred Schnittke, escrita como música incidental para la obra teatral del mismo nombre de Nikolai Gogol, la que nunca llegó a representarse, debido a que su trama resultó demasiada satírica en su crítica social para la mentalidad soviética de la época, años después se pudo estrenar, pero solo la suite orquestal.

La música recoge todo el espíritu satírico del texto, resultando una especie de collage que recuerda a ratos la música para el cine, incluso con algunos esbozos circenses, todo mezclado con atmósferas tanto lúgubres como atmosféricas.

Chudovsky, a quien al parecer le gustan bastante las obras con algo de teatralidad, condujo con desparpajo y gracia esta suerte de lucha entre un pianista rebelde -al que incluso expulsa en un momento por no seguir la partitura-, mientras el director trata de dar forma a las diversas partes de la obra, una de las cuales incluye la participación de dos metrónomos marcando diferentes pulsos, la concertación de la partitura presenta algunas complejidades tanto rítmicas, como de fraseos y articulaciones, en medio de constantes contrastes de toda naturaleza.

Jorge Hevia en al piano y Konstatin Chudovsky in terpretando junto a la Filarmónica la obra de Schnittke. foto Marcela González

Algo similar ocurrió hace algunas temporadas con estreno de la semi ópera Mozart y Salieri de Nikolai Rimsky-Korsakov, donde Chudovsky consiguió un rotundo éxito, permitiéndole mostrar su faceta lúdica, algo que pareciera, le gusta y acomoda.

La respuesta de la orquesta fue notable y a muchos de ellos se les vio muy divertidos con la performance, Jorge Hevia plasmó muy bien su rol del rebelde pianista en su interacción con el director y a ratos con la orquesta.

Miembros de la Filarmónica de Santiago durante el concierto. foto Marcela González

El público luego de la sorpresa inicial entró en el juego rápidamente, escuchándose continuas risas, que finalizaron con una larga y agradecida ovación.

Sin duda un aporte, pues se logró conocer en vivo otra obra de Schnittke, que amplió el repertorio auditivo de muchos de los presentes.

Gilberto Ponce. (CCA)

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CARMEN DE BIZET DESDE EL MET DE NEW YORK.

BUENAS NOTICIAS DESDE NEW YORK.

El fin de semana asistimos a la transmisión en directo desde el MET de New York de la famosísima ópera Carmen de Georges Bizet, cuya fama y popularidad hacen que siempre logre llenar los teatros donde se presenta.

Escena en la Taberna de Lilas Pastia. foto metoperea

Precisamente y a pesar de la fecha, en plenas vacaciones, el Nescafé de las Artes estuvo desbordante de un público ansioso de ver una vez más, una de sus óperas favoritas.

La producción vista antes con Elina Garança en el rol titular, tiene una escenografía de carácter conceptual que pertenece a Rob Howell, usa un panel circular para recrear las diferente locaciones, pero sus resultados son disparejos, debido a que a veces interfiere movimientos tanto como restringe sus espacios, en el último acto fue más que evidente, en el desfile de las autoridades y el elenco de toreros, banderilleros y otros que tuvo resultados bastante pobres.

Escena de los Contrabandistas. foto metopera

Creemos en contrario que fue muy eficaz en la escena de los Contrabandistas, pues logra recrear muy bien los desfiladeros de las montañas donde transitan los contrabandistas. El vestuario también de Rob Howell, bastante acertado.

Pensamos que la dirección escénica de Richard Eyre, que acentúa los movimientos de comparsas y figurantes -todos de gran desempeño-, no logró en la mayoría de los cantantes principales la consecución de sus objetivos, debido a la debilidad actoral de algunos de ellos.

Louis Langrée a cargo de la dirección musical lo hizo con buenos resultados en todos los preludios e interludios, pero su pulso en largos trazos fue más bien laxo, y con demasiados desajustes en los concertados con solistas y coro.

Carmen (Clémentine Margaine) cuando conoce a Escamillo foto óperalatino

La joven mezzosoprano Clémentine Margaine fue una Carmen con una bella voz, pero con una actuación bastante fría, y lo que es más, mirando permanentemente al director restándole credibilidad en su actuación, algo demasiado apreciable en estas transmisiones, que acercan la cámara al rostro de los protagonistas, sus arias no fueron un soporte para el éxito que obtienen en otras presentaciones, tal vez esta función específicamente no fue plenamente lograda, a su favor pensamos que su juventud, le da oportunidad de trabajar mejor lo dramático y su interacción con los otros personajes, para aprovechar mejor su excelente material vocal.

Don José (Roberto Alagna) en el último acto. foto metopera

Roberto Alagna fue un Don José bastante distante, solo en el último acto tuvo la expresividad requerida, tal vez la razón que ese día no se encontraba en su mejor forma vocal, pues su canto fue en extremo cuidadoso y desafortunadamente tuvo en más de alguna oportunidad problemas de afinación.

Micaela (Aleksandra Kursak) y Don José (Roberto Alagna). foto youtube

Alexsandra Kursak fue, quien sin duda en esta función alcanzó la mejor performance entre los titulares, su bellísima voz y su excelente actuación la convirtieron en uno de los cantantes más ovacionados, no dudamos que con su juventud y calidad actual, tendrá un prometedor y un gran porvenir.

Escamillo lo cantó el barítono ruso Alexander Vinogradov, quien posee el físico preciso para el rol del torero, su timbre de voz es hermoso en una tesitura amplia, solo nos hubiera gustado que fuese más expresivo.

Llegada de Escamillo (Alexander Vinogradov) a la Taberna. foto interlochen

En los comprimarios es donde se dieron las otras buenas noticias, debido a que el papel de Dancairo uno de los contrabandistas, que fue cantado sobresalientemente por el barítono chileno Javier Arrey, quien viene desarrollando una muy interesante carrera internacional, en esta oportunidad lo hizo con su espléndida voz, y como posee naturalmente gran prestancia escénica, que complementa con una muy convincente actuación y naturalidad en el escenario, factores que sumados a su calidad vocal, no nos cabe la menor duda que tendrá un gran futuro en el mundo de la lírica.

Elenco de Carmen, en primer plano iz. a der. Frasquita (Sydney Mancasola) Escamillo (Alexander Vinogradov), Mercedes (Samantha Hankey), Micaela (Aleksandra Kursak), Carmen (Clémentine Margaine), Don José (Roberto Alagna) y Dancairo (Javier Arrey) foto robertoalagna

Del mismo modo, el papel de Frasquita cantado por la soprano Sydney Mancasola, fue otra de las revelaciones, de sólida y hermosa voz conquistó plenamente con un gran trabajo en el aspecto de actuación.

El resto de los comprimarios cantó y actuó en forma muy convincente.

Gilberto Ponce. (CCA)

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EXITOSA GALA DE ÓPERA EN EL MUNICIPAL.

ÓPERA MÍA LA GALA DEL MUNICIPAL.

“Ópera mía” se tituló la gala lírica que el Municipal de Santiago ofreció en este caluroso verano a los amantes del género, sin duda, estos son muy numerosos ya que el recinto se vio atestado de un público con muchos extranjeros, ansioso de escuchar muchas de sus obras favoritas.

La Orquesta Filarmónica de Santiago junto al Coro del Municipal de Santiago dirigidos por Pedro Pablo Prudencio en plena función. foto Marcela González G.

A la Orquesta Filarmónica de Santiago se unió el Coro del Municipal de Santiago que dirige Jorge Klastornick y un selecto grupo de cantantes todos bajo la dirección de Pedro Pablo Prudencio, quien el lunes recién pasado recibió el Premio de la Crítica 2018 por su labor en el ámbito de la ópera.

Pedro Pablo Prudencio. foto Marcela González G.

Lo primero que queremos resaltar es la seriedad con que se planteó el evento, nos ha tocado escuchar otras iniciativas similares en esta época, las que no obstante el éxito que consiguen, no siempre muestran la cuidadosa preparación de esta, precisamente porque son de verano, pero ahora los espectadores se encontraron con un espectáculo de primer nivel, con un interesante programa, que no hizo concesiones gratuitas, de cuidadosos detalles, partiendo desde la impecable vestimenta de la orquesta y el coro, siguiendo la hermosa iluminación cambiante según el carácter de las obras, una pulcra semi actuación de los cantantes, y por sobre todo una estupenda preparación musical.

Evelyn Ramírez cantando la Chanson Bohémienne, a la derecha Paulina González. foto Marcela González G.

Para que una propuesta de esta naturaleza funcione, es preciso contar con un programa que busque equilibrio y contraste entre las obras, algo muy logrado en esta oportunidad, además hacerlo con buen gusto, es así que en esta ocasión se escucharon arias y coros diversos además de una selección de partes de Carmen y El Trovador.

La Orquesta Filarmónica de Santiago, confirmó el estupendo nivel que ha venido mostrando desde hace mucho tiempo, bello sonido y musicalidad, la dirección de Pedro Pablo Prudencio mostró un empoderamiento total con el programa, produciendo poderosos y sólidos forte y bellísimos pianissimo, adentrándose además en el carácter de cada una de las obras todas de variada raigambre, manejando con sutileza a solistas y al coro, obteniendo junto a sus músicos resultados de enorme calidad.

Patricio Saxton y Paulina González cantando una parte de La Bohéme. foto Marcela González G.

El Coro del Municipal de Santiago dirigido por Jorge Klastornick, brilló con sus voces y exquisita musicalidad, tanto en sus intervenciones a solo como en las interacciones con los solistas en la selección de Carmen, en Cavallería Rusticana cambió el carácter y peso de su canto; la versatilidad la dejó en claro en sus jubilosas partes del Elixir de amor, tanto como en el Coro de los gitanos, y en el sobrecogedor Miserere de los hombres ambas de El Trovador, mostrando toda su potencia y musicalidad en la Escena triunfal de Aída de Verdi que fue uno de los grandes éxitos, incluyendo en la orquesta trompetas largas ubicadas en dos lugares diferentes del escenario en la Marcha triunfal.

Sergio Gallardo cantando como Dulcamara. foto Marcela González

En una Gala de ópera si los solistas no son solventes, todo queda solo en buenas intenciones, pero en esta, se dieron todas las condiciones para conseguir el ruidoso éxito que lograron.

La bella y cálida voz de Evelyn Ramírez conquistó desde su entrada en Carmen de Bizet, desarrollando luego una deliciosa y sensual Habanera, así como el desatado júbilo de la “Chanson Bohémienne” su parte final.

Evelyn Ramírez cantando La Habanera de Carmen. foto Marcela González G.

Patricio Sabaté con apostura casi arrogante y espléndida voz asumió la famosa Canción del Toreador, luego provocó las más entusiastas ovaciones con el aria de Fígaro, del Barbero de Sevilla de Rossini.

Patricio Sabaté cantando como el Toreador de Carmen. foto Marcela González G.

 Todo el histrionismo necesario, acompañado de su hermosa voz y una gran expresividad, fue lo que se apreció en Patricia Cifuentes, desde su ingreso -carcajada mediante-, como Musseta de la Bohéme de Puccini, para posteriormente conmover con el complejo “Qui la voce sua suave” de Los Puritanos de Bellini.

Patricia Cifuentes como Musseta. foto Marcela González G.

También de la Bohéme se escucharon en las voces de la magnífica Paulina González y Patricio Saxton, ella cantando una expresiva “Quando m´en vo” y luego, “Que gelida manina” de Saxton y “Mi chiamano Mimi”, para finalizar con el final del primer acto que ovacionó el público.

Paulina González, abordó en la segunda parte de El Trovator de Verdi primero “D´amor sull´ali rosee”, cantado con enorme expresividad, y luego con Patricio Saxton y el coro masculino un conmovedor Miserere, que casi hizo delirar al público.

Patricia Cifuentes cantando el aria de Los Puritanos. foto Marcela González G.

Sergio Gallardo hizo las delicias del público como Dulcamara del Elixir de amor de Donizetti, en el aria donde ofrece el falso elixir, exhibiendo todas sus cualidades de cantante bufo, luego junto a Francisco Huerta de gran desempeño el simpatiquísimo dúo “Voglio dire”.

Francisco Huerta y Sergio Gallardo cantando el dúo de El Elixir de amor. foto Marcela González G.

Era imposible que una gala operática no finalice con el celebérrimo Brindis de la Traviata de Verdi cantado por todos los solistas y el coro, al que se incorporó parte del público o tarareando o tocando palmas; el público eufórico se negaba a retirase, mientras todos los intérpretes saludaban una y otra vez, por ello se encendieron las luces del teatro y los artistas se retiraron.

Solistas, Coro, Orquesta y Director de la Orquesta saludan al eufórico público. foto Marcela González G.

Una Gala que superó ampliamente todas las expectativas, dejando a los presentes con la sensación de haber presenciado algo del más alto nivel.

Gilberto Ponce. (CCA)

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LA CANCIÓN DE LA TIERRA EN SANTIAGO A MIL.

LA CANCIÓN DE LA TIERRA CON BORTOLAMEOLLI Y LA SINFÓNICA.   

En el marco de las múltiples presentaciones del festival Santiago a Mil, se ofreció una versión de La Canción de la Tierra (Das Lied von der Erde) de Gustav Mahler, a cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional, dos solistas y la dirección de Paolo Bortolameolli, todo inserto en la imaginería de la Compañía Teatro Cinema.

Gustav Mahler. foto allmusic

Llamada por Mahler sinfonía, La Canción de la Tierra es una verdadera síntesis de los recursos del compositor, en particular en lo que algunos han llamado su soberbio manejo del lied apreciado en sus múltiples canciones, aquí Mahler da curso a sus deseos, aprensiones, temores y a veces esperanza, pero en esta obra ahonda más, universaliza sentimientos al utilizar poemas chinos de diversos autores (el famoso Li Tai Po entre otros) transfigurando sus textos en expresiones occidentales, donde las metáforas son a veces tan sutiles como ambiguas.

Paolo Bortolameolli dirigiendo. foto Patricio Melo

Utiliza para ello una gran orquesta, que al igual que otras obras, toca como tal solo en determinados momentos, en el resto a manera de contraste, usa solo lo pertinente a la descripción de los textos sin perder nunca la unidad.

Lo anterior nos hace comprender el porqué esta obra debe ser interpretada por directores con la suficiente madurez, para así no quedarse en la superficie de la simple lectura, son demasiadas las claves a descubrir, porque cada uno de sus seis movimientos, incluyen tanto poesía, descripción y filosofía.

Creemos que Paolo Bortolameolli ha alcanzado la madurez necesaria para enfrentarla con el éxito de esta oportunidad, y nos gustaría mucho poder oírla sin la interferencia de la puesta en escena, su trabajo con la Sinfónica revela un conocimiento mayor, tal vez por ello consiguió un notable resultado, mejoró importantemente el sonido instrumental, los violines recuperaron el pastoso y bello sonido, el resto de las cuerdas les acompañaron a la par, en el resto de las familias no obstante los reconocibles logros, aún persisten cosas por resolver.

Javier Weibel en la primera canción. foto Patricio Melo

Los cornos deben homogeneizarse, no basta solo la solvencia del solista, el resto de los bronces tienen una tarea similar para nivelar sus grandes momentos, en las maderas los solistas cumplieron un destacado y musical desempeño, salvo el dubitativo trabajo del flautín, tan importante en la obra.

Resultó muy interesante escuchar a la orquesta sin la cámara acústica, que funciona como una bocina que amplifica todo en exceso, particularmente los errores, el balance sonoro fue importantemente mejor.

Evelyn Ramírez y Javier Weibel asumieron los roles solistas, por supuesto de memoria ya que deben actuar insertos en las imágenes de la puesta, cantaron detrás de la orquesta y del telón donde se proyectan las imágenes, por lo tanto elevados sobre la orquesta.

Evelyn Ramírez en la sexta canción. foto Patricio Melo

El barítono Javier Weibel, respondió con la solvencia que le reconocemos, para un rol que canta habitualmente un tenor, no obstante salvo en las partes de orquestación más gruesa de la primera canción tuvo alguna dificultad de proyección, pero esto también ocurre con los tenores en las versiones en vivo, no obstante en cuanto al carácter de cada una de sus partes las abordó muy certeramente. El desgarro de la primera canción (Brindis por la miserias de la Tierra) que concluye con ese texto repetido varias veces; “Sombría es la vida, Oscura es la muerte”. En la tercera (De la juventud) captó muy bien la ambigüedad de sentimientos, tanto como el carácter de la quinta, (El borracho en Primavera), donde el ebrio bebe para olvidar todo aquello que le duele.

Evelyn Ramírez posee una prestancia admirable, por ello sorprende su capacidad como intérprete, así fue en la segunda canción (El solitario en Otoño) que añora el amor que le ha sido tan esquivo, mostrando la más profunda melancolía. En la cuarta canción (De la Belleza), o cuarto movimiento como le llama Mahler, Evelyn debe salir, según la propuesta de Teatro Cinema, vestida como una muñeca de teatro de títeres, cambiando el sentido de la canción, incluso al final se va con un jinete en caballo de madera, Evelyn se adentró en los textos y sus cambios de carácter, propios de quien piensa y observa imágenes (el poeta).

Evelyn Ramírez al inicio de la cuarta canción. foto Patricio Melo

En la canción final (La Despedida), el más extenso de todos los números y asimismo el más hermético y ambiguo, la solista tuvo momentos sobrecogedores, que se diluyeron con las imágenes poco pertinentes, las que además obligan a llevar un pulso bastante lento y parejo, su palabra final “eternamente” repetida quedamente, cerró el ciclo con una sensación de melancólica pregunta.

La puesta en escena de Teatro Cinema, una de las compañías más exitosas en sus propuestas, nos parece solo interesante, pues al parecer no pretende acercarse plenamente al carácter de la obra –una tarea demasiado compleja-, y creemos que busca más bien un impacto visual, que ingresar en su espíritu, con esto no queremos descalificar la propuesta, que es de impecable factura visual, solo nos preocupa que aquellos que desconocen la obra, se convenzan que esto es lo que quería Mahler, y que el impacto visual distraiga del discurso musical.

Javier Weibel y Evelyn Ramírez en el iris del ojo en la última canción. foto Paricio Melo

No obstante pensamos que la solución para la primera canción, es muy certero, con la copa de vino que cambia de tamaño y hasta hace llover vino, disolviendo las imágenes y entregar una copa real al solista cuando concluye.

Notable el inicio de El solitario en Otoño, y bellas las imágenes del resto, pero no queda perfectamente clara la melancolía. Encontramos demasiado cercano a la comedia el Borracho en Primavera, pero visualmente acertada. Muy hermosa la mirada a sus obras emblemáticas que hace Teatro Cinema en la cuarta canción (De la Belleza), transformando la escena en teatro de títeres, aunque se aleje del texto.

Paolo Bortolameolli dirigiendo. foto Patricio Melo

Sin duda que la sexta canción (La Despedida) se descontextualizó en exceso, con la obsesión de la figura del teclado, interrumpida con el ojo en cuyo iris aparecen ambos cantantes, pero su desarrollo es errático haciendo perder la tensión tanto de la dirección orquestal como del público.

Sin embargo la originalidad de la propuesta, lo impecable de su resultado, hizo que el público, muchos desconocedores de la música de Mahler y los fanáticos de Teatro Cinema, ovacionara largamente a todos los intérpretes.

Javier Weibel, Evelyn Ramírez y Paolo Bortolameolli agradeciendo las ovaciones al final de la obra. foto Patricio Melo

Gilberto Ponce. (CCA)

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NOVENA SINFONÍA DE BEETHOVEN EN EL CEAC.

DOS CARAS DE LA NOVENA SINFONÍA DE BEETHOVEN EN LA SINFÓNICA.

Busto de Ludwig van Beethoven. foto visionescriticas

Con toda la expectación que provoca la interpretación de la Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven, el Teatro de la Universidad de Chile acogió una nueva versión a cargo de la Sinfónica Nacional, el Coro Sinfónico y la Camerata Vocal de la Universidad de Chile, que dirige Juan Pablo Villarroel y un cuarteto vocal, que calificamos de excelencia, todos bajo la dirección de la directora brasilera Ligia Amadio.

La Directora Ligia Amadio. foto Patricio Melo

La obra considerada como uno de los monumentos de la humanidad, la misma que abrió nuevos rumbos en la forma al introducir la voz humana en una sinfonía, no solo posee innumerables valores musicales, pues también apunta a lo más profundo de la ética, el sueño de un mundo donde todos los hombres nos sintamos hermanados, idea para nada fácil de reflejar en música, razón que indujo a Beethoven a tomar textos de F. Schiller, de su Oda a la Alegría, para explicitar mejor su intención, temía que el formidable discurso instrumental, no fuera lo suficientemente claro.

La Orquesta Sinfónica Nacional, el Coro Sinfónico, la Camenrata Vocal y los cuatro solistas durante el concierto. foto Patricio Melo

Es así que incluso se atreve a introducir incluso un breve texto suyo, en las primeras palabras del barítono, el impacto producido en su estreno se ha multiplicado a través de los años, manteniendo todo su vigencia desde su estreno en 1824.

Esta es la razón, porque nos encontramos ante una verdadera aventura, reflejo en cierto modo de la aventura humana, por ello dirigirla implica adentrarse en el mensaje humanista que tiene como sello, el que se inicia ya en el trémolo en pianissimo de las cuerdas del comienzo, para desde allí crear el desarrollo de la visión beethoveniana del mundo y sus esperanzas. El gran arco expresivo se inicia en el primer movimiento y culmina con el celebérrimo cuarto, donde cantan coro y solistas.

El bajo-barítono Sergio Gallardo. foto Patrico Melo

Creemos que en esta versión existieron dos caras, los tres primeros movimientos de resultados variables y hasta dudosos, y el cuarto que consideramos un triunfo absoluto.

Ligia Amadio, de una de solvencia indiscutida, sorprendió con su desempeño en los tres primeros movimientos donde existió un evidente olvido del balance instrumental, ofreciendo una dinámica generalmente forte, incluso en partes que son solamente armónicas, no melódicas, como fue el caso de los cornos (de insuficiente desempeño), que muchas veces taparon las partes melódicas de la cuerdas, en los dos primeros movimientos el sonido del timbal fue descontrolado en sus forte y creemos que los enlaces de secciones fueron descuidados. En contraste hubo un muy buen rendimiento de los instrumentos en sus intervenciones solistas, tanto como la musicalidad y afinación de los contrabajos.

La soprano Andrea Aguilar y la mezzoaoprano Guadalupe Barrientos y parte de la Sinfónica. foto Patricio Melo

El segundo movimiento fue bastante rutinario, sin gracia y con demasiados desajustes entre sus secciones, las partes a solo del fagot de gran musicalidad y hermoso sonido.

En el Adagio, Amadio consiguió un bello sonido de las cuerdas, que mostraron la musicalidad a que pueden llegar, pero su desempeño no encontró correspondencia en el resto de las familias, incluso el forte antes de finalizar, que marca un gran contraste con el resto del movimiento, pasó sin pena ni gloria.

El tenor Brayan Ávila, a su derecha Sergio Gallardo. foto Patricio Melo

El tormentoso inicio del cuarto fue adecuando en carácter, pero la progresión dinámica y expresiva que va exponiendo el tema de la alegría, no fue muy lograda, hasta que se produjo la entrada del barítono Sergio Gallardo, quien con una prestancia increíble hizo el gran llamado a descubrir los sonidos de la alegría que hermanará a los hombres, con estupenda voz, dicción impecable, pero sobre todo con el carácter preciso dio un vuelco en la interpretación.

Bien se sabe que Beethoven no transa en tesitura, y es habitual que alguno de los solistas cante al límite de sus posibilidades, sin descollar mayormente, no fue este al caso, cada uno de ellos tuvo un desempeño que solo calificamos de formidable.

Una sección del Coro y de la Sinfónica. foto Patricio Melo

Es así que otra de las partes emblemáticas la Marcha para tenor y coro masculino, el solista fue Brayan Ávila, quien lo hizo con bello timbre, impecable dicción, con la musicalidad que se le reconoce, sobresaliendo naturalmente con bella voz sobre el coro en la sección final, que es como debe ser.

Guadalupe Barrientos la mezzosoprano hizo brillar su parte con sus intervenciones, su hermosa voz y timbre se distinguió siempre en los concertados, la soprano Andrea Aguilar que completó el cuarteto, musical, bella voz y sin problema alguno en los descomunales agudos.

Un detalle no menor en este virtuoso cuarteto, del que pensamos que tal vez sea el mejor que hemos escuchado en vivo en nuestro país, es que aquí ninguno intentó lograr un protagonismo inútil, todos se pusieron lealmente en comunión con la música, esta fue la razón de la ovación que recibieron al final.

Visión general en uno de los primeros movimientos. foto Patricio Melo

El Coro Sinfónico y la Camerata Vocal mostraron que no solo les gusta la obra, la cantan con un fervor emocionante, estupendamente preparados por Juan Pablo Villarroel, lo hicieron con timbradas voces, estupenda dicción, musicalmente y con el carácter requerido.

Ligia Amadio ensambló con musical precisión un resultado que como era de esperar arrancó con exultantes muestras de entusiasmo, de parte de un público que al parecer seguirá gozando plena e intensamente con una de las mayores creaciones del genio humano, la Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven.

Gilberto Ponce (CCA)

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