ROTUNDO ÉXITO EN EL SEGUNDO PROGRAMA DE LA FILARMÓNICA

                    PODEROSOS Y TRIUNFALES RAVEL Y SHOSTAKOVICH EN LA FILARMÓNICA.

Tan oscuras como conmovedoras, fueron las dos únicas obras que conformaron el segundo programa de su Temporada 2026 de la Orquesta Filarmónica de Santiago, que dirigió su titular Paolo Bortolameolli.

Una de las obras es una respuesta a los horrores de la Primera Guerra Mundial, mientras que la otra nos introduce en los temores de su autor, para no provocar una reacción negativa en la cúpula del Partido Comunista de la Unión Soviética y, en particular del dictador Josef Stalin, quien incluso instruía las directrices culturales de la Revolución.

               El pianista Pierre- Laurent Aimard y la Filarmónica interpretando Ravel. foto Alberto Díaz

Como vemos un programa de enormes sugerencias programáticas, donde quedó de manifiesto el sobresaliente estado de la orquesta del Teatro Municipal, algo que el público reconoció ruidosamente.

Primero se escuchó el emblemático Concierto para piano para mano izquierda en Re mayor de Maurice Ravel, que su autor escribiera especialmente para el joven pianista Paul Wittgenstein, que perdió su brazo derecho a raíz de las heridas recibidas en combate.

Partitura oscura donde las única luces aparecen en las breves alusiones al Jazz, forma que había fascinado a su autor, en un viaje a EEUU.

La obra es de colosales dificultades para su intérprete, tanto así, que si alguien desprevenido la escucha sin saber su nombre, puede pensar que se trata de una obra para ambas manos, es así de inteligente la composición donde las marcas para el pedal son precisas en cuanto a su uso.

El solista fue el francés Pierre- Laurent Aimard, que abordó la obra no solo con todo el arrojo necesario, pues dio cuenta además de todo el virtuosismo posible en ella, de fortes poderosos y sutiles piano, fraseando y articulando con inusitada perfección.

Nada del éxito conseguido habría sido posible si no hubiera contado con el estupendo acompañamiento de Paolo Bortolameolli y la Filarmónica, que se adentraron en el espíritu de la obra en un diálogo perfecto donde los contrastes dinámicos y de carácter fueron pertinentes y precisos, mientras que los breves solos instrumentales se insertaron con propiedad con el solista.

La composición fluyó con naturalidad desde el opresivo comienzo, articulándose luego en cada una de las secciones del único movimiento, capturando permanentemente la atención, para culminar en el apoteósico final que levantó al público en una larguísima y sostenida ovación tanto para el solista como para la orquesta y el .director.

Ante el clamor del público Aimard ofreció dos miniaturas del compositor György Kurtág, una para la mano derecha y la otra para la izquierda, de fuerte sentido emocional.

           Pierre- Laurent Aimard y Paolo Bortolameolli agradecen las ovaciones del público. foto Alberto Díaz

Finalizaron con el estreno en nuestro país de la Sinfonía Nº 4 en Do de Dmitri Shostakovich, obra que se estrenaría en 1936 después de su ópera Lady Macbeth, que había causado sensación entre crítica, público y los músicos, pero al mismo tiempo desagradó profundamente a Stalin quien ordenó la publicación de un editorial en el diario Pravda, el periódico oficial del régimen, criticándola con inusitada violencia calificándola de “caos en vez de música”, hecho que obligó a su autor a guardarla hasta su estreno recién en 1961 en Moscú ya en tiempos del jerarca Nikita Jruschov.

La obra recuerda en varios breves pasajes a la música de Mahler en medio de un ambiente expresionista con abundancia de disonancias en una forma muy libre y algo errática que sugiere una búsqueda constante, que logra desconcertar en sus constantes cambios melódicos y rítmicos en un primer movimiento que es bastante extenso.

Sin descanso emocional se pasa al segundo movimiento que ahora es bastante breve pero muy intenso, en el que utiliza una nutrida percusión.

Extenso es también el tercero, donde los cambios de carácter pasan desde la desolación a la ironía, incluyendo hasta un sarcástico vals, una apoteosis sonora antecede al final que lentamente llega al pianissimo, mientras un inquietante ostinato de dos notas acentúa la tensión.

Como vemos un enorme desafío para cualquier orquesta y por supuesto para el director que debe otorgar la unidad necesaria en una obra que es como rompecabezas de muchas piezas.

Paolo Bortolameolli y la Filarmónica, demostraron ampliamente estar a la altura del gran desafío, cada familia instrumental respondió con musicalidad y bello sonido a los precisos gestos e indicaciones de la batuta, que logró una versión unitaria y poderosamente expresiva, que mantuvo en vilo a una atenta audiencia que al final atronó en larguísimas ovaciones, para agradecer la magnífica versión.

Otro triunfo que agrega la Filarmónica de Santiago en esta Temporada 2026.

Gilberto Ponce (CCA)

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