ESTRENO MUNDIAL DE BALLET REMECE AL TEATRO MUNICIPAL.
Uno de las grandes cuestiones que debe enfrentar la “Estética”, es el llamado “Problema de la Creación en el Arte”, concepto que representa múltiples interrogantes, entre ellas, el impulso creativo, las fuentes de inspiración, los recursos utilizados en la realización del objeto o hecho artístico y aunque sea un poco más obvio, el talento, aspectos que entre otros desembocan en una pregunta crucial, el porqué algunos productos se convierten en “Obras Maestras” mientras otros quedan como simples hechos artísticos
Escena de baile popular, Cuerpo de Baile 24/ 7 foto Alberto Díaz
Esta pregunta ha venido interpelado por siglos a artistas y creadores, y su respuesta propone más dudas que certezas, desafío fascinante que sin duda seguirá planteándose al Arte, a los públicos y creadores.
Es en estas interrogantes, – quedan muchas en el tintero- que reflexionamos sobre el “estreno mundial” de Orgullo y Prejuicio, el último trabajo presentado por el Ballet de Santiago que dirige César Morales, basado en la obra de Jane Austen, que ha sido objeto de múltiples ediciones como novela, siendo también llevada al cine tanto como a series de tv.
Coreografía que creemos está destinada a convertirse tal vez en una “Obra Maestra” de la Danza.
La Sra. Bennet (María Dolores Salazar) sus hijas y una amiga leen una carta foto Alberto Díaz
En ella se describe un mundo social que abarca diversas clases sociales, tanto como la muy británica forma de comportarse y relacionarse socialmente, donde miradas, pequeños roces de manos y posturas sociales reflejan deseos, frustraciones y emociones, todo en actitudes tan humanas como las pasiones – siempre discretas-, anhelos y prejuicios de una sociedad estrictamente regulada en lo social, mostrando así una amplia galería de seres humanos y sus pulsiones.
Este universo tan amplio pero a la vez cerrado, fue el enorme desafío planteado al equipo a cargo de llevar al escenario y a la danza, la compleja obra de Austen, aunque sin la pretensión de llevar la novela o el film a la propuesta, pero logrando tal éxito, que el público agotó y atestó todas las funciones en el Municipal.
La razón es simple, la puesta en escena es de una belleza que atrapa de principio a fin, y la historia es una síntesis que respetando la esencia, crea algo nuevo, al tiempo que, el desempeño del Ballet de Santiago, en los dos elencos que vimos, fue simplemente asombroso.
No cabe duda que este es un equipo de gran cohesión, pues no existe dicotomía alguna en sus propósitos que se ajustan plenamente al objetivo general.
Componen el equipo Kenneth Kindal como coreógrafo, quien a partir de lo neoclásico crea un producto que no pierde nunca interés, de inteligentes contrastes y progresiones expresivas, con novedosos y complejos pasos en los pas de deux, diferenciando muy bien los bailes populares de los de salón, todos con certera unidad, utilizando música original y arreglos de otras obras de diferentes compositores, trabajo realizada por Frank Moon, de quien conocíamos su musicalización para el ballet “Callas la Divina”, interesante es el uso que hace de arreglos de música de Beethoven y Schubert para momentos de contenido dramático.
Es preciso destacar la extraordinaria unidad entre coreografía y música, de notable precisión al seguir la historia.
La escenografía de Christopher Ash posee fluidez cinematográfica, creando y acotando espacios para las numerosas y diferentes escenas que contiene, y como además él es también es responsable de la iluminación, le permite crear una bella unidad que resulta siempre novedosa.
Completa el equipo Louise Flanagan creadora del sobrio, bello y pertinente vestuario.
El seductor oficial Wickman (Eduardo Díaz) y Lydia (Mariselba Silva) foto Alberto Díaz
Pedro Pablo Prudencio condujo en forma impecable a la Filarmónica de Santiago, en una partitura que fluye casi sin pausas mezclando estilos y formas musicales, siempre con hermoso y musical sonido, fluctuando entre lo poderoso y lo íntimo, acompañando cuidadosamente a los bailarines.
No fue extraño entonces lo ovacionado que fue su desempeño de parte del público, así como de un entusiasmado cuerpo de baile.
Los dos elencos manifestaron incluso su propia personalidad al desarrollar sus personajes, lo que sin duda es una virtud del coreógrafo, ya que enriquece la obra.
Elizabeth (Laleska Seidel) y el Sr. Darcy (Christoher Montenegro) foto Alberto Díaz
Primera función 23/7
Laleska Seidel confirma una vez más, porqué se ha ganado el lugar que ocupa en la Compañía, desarrolló con gracilidad a la vez que con carácter a Elizabeth Bennet, puso su estupenda técnica al servicio de un personaje que debe cambiar de estados de ánimo frecuentemente, sus solos, pas de deux y grupales deslumbraron.
El Sr. Darcy fue asumido por Christopher Montenegro que se sigue afianzando en roles principales, posee presencia escénica y su técnica se depura cada vez más, tal vez por el hecho de ser el estreno, los nervios le impidieron mayor espontaneidad, sus pas de deux fueron muy buenos, pero creemos que les faltó más soltura, la misma que muestra en sus solos.
Milagros Perrella que fue Jane Bennet lo bailó con carácter y estupenda técnica, mientras que Felipe Arango mostró tanto carácter como sólida técnica bailando como el Sr. Bingley.
El Sr. Darcy (Christopher Montenegro) y Elizabeth Bennet (Laleska Seidel) foto Alberto Díaz
Ethana Escalona con Deborah Oribe bailaron con solidez a Mary y Kitty Bennet y el crucial rol de Lydia Bennet la hermana menor que se enamora del oficial Wickman, fue asumido por Lorena Borja, transitando desde la inocente enamorada, para luego ser sutilmente sensual en su encuentro amoroso. El seductor oficial fue asumido con prestancia y un cierto desenfado por Henry de Carvalho.
María Dolores Salazar dio muestras de su sabia experticia al asumir el papel de las Sra, Bennet en los dos elencos.
El aporte del fino humor inglés, estuvo a cargo del Sr. Collins, el enamoradizo que busca incansablemente esposa, encontrándola finalmente en Charlotte Lucas, ambos personajes fueron bailados con humor, gracia y simpatía por un genial Mauricio Serendero y una encantadora Noelia Sánchez en ambos elencos, Esdras Hernández aportó sensible carácter como el Sr. Bennet en los dos elencos, y Mariselba Silva fue una sólida Srta. Bingley.
Elizabeth bennet (Katherine Rodríguez) y el Sr, Darcy (Emmanuel Vásquez) foto Alberto Díaz
Función 24/ 7
Katherine Rodríguez puso al servicio de su rol como Elizabeth Bennet no solo su técnica, también su experiencia, creando un personaje creíble, con grácil elegancia y perfección, tanto que conmovió a los presentes que la ovacionaron.
Emmanuel Vásquez, como el Sr. Darcy fue notablemente expresivo, mientras desarrollaba con sobra prestancia sus conflictos, sus pas de deux con Rodríguez fueron notables, tanto como sus solos, por ello fue justa e igualmente ovacionado.
El Sr. Darcy y Elizabeth Bennet (Emmanuel Vásquez y Katherine Rodríguez) foto Alberto Díaz
Nos pareció de seria solvencia el trabajo de Martina Peccioloni como Jane Bennet, mientras que Gustavo Echevarría derrochó técnica, prestancia y expresividad al desarrollar a su Sr. Bingley, no es extraño que fuera ovacionado.
Mary y Kitty Bennet fueron asumidas con solvente expresividad por Ethana Escalona y Rosario Robledo.
Lydia la menor de las Bennet que tiene el affaire con oficial Wickman, lo bailó con gran expresividad Mariselba Silva, el seductor oficial fue asumido con arrojo por Eduardo Díaz, aunque el encuentro íntimo fue más bien recatado.
Encantadora como la Srta. Bingley estuvo Karen Chambers.
Todo el elenco del día 24 agradece las ovaciones del público. foto Alberto Díaz
Funciones que fueron ovacionadas de pie por el público agradecido, después de presenciar el nuevo estreno mundial del Ballet de Santiago, coreografía que creemos se transformará en un clásico de la Compañía, pues estimamos que posee características propias de una Obra Maestra.
Gilberto Ponce (CCA)









