NOVENA SINFONÍA DE BEETHOVEN.

LA VERSIÓN DE PEDRO PABLO PRUDENCIO PARA LA NOVENA DE BEETHOVEN.

Creímos necesario este título para el comentario de la Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven, pues consideramos que Pedro Pablo Prudencio, logró un enfoque renovado a la vez que muy interesante, en una de las obras trascendentales de la historia de la música.

Esta Sinfonía, es de aquellas obras que se escuchan una vez y quedan para siempre en la memoria, su impacto se mantiene intacto desde su estreno, es una obra maestra del genio de Bonn, ha resistido el paso del tiempo manteniendo su vigencia y vigor, pero aún más, sale airosa incluso en aquellas versiones ramplonas que no aciertan en la profundidad que posee, centrándose solo en la parte final del cuarto movimiento, que como sabemos está en el inconsciente colectivo y conmueve de todas formas.

Busto de Ludwig van Beethoven. foto wikipedia

Sin considerar aquellas versiones, afortunadamente existe una gran cantidad de excelentes, donde se descubren aportes en el enfoque engrandeciéndola cada vez más; incluso se debe considerar un detalle no menor, esta obra conmueve a personas de los más diversos orígenes y lenguas, y de todos los continentes, concretándose el deseo de su autor, que era que la humanidad comprendiera el mensaje que quería transmitir, por ello es que por primera vez decide incluir la voz humana en una sinfonía, para que no quedara duda del mensaje a transmitir.

Se trata de una invocación a la hermandad, a la que se convoca a toda la humanidad, por ello es que ha servido en todo tipo de celebraciones y eventos, recuérdese se interpretó cuando cayó el muro de Berlín, haciéndose con músicos de las dos Alemanias, junto a los otros países que participaron en la Segunda Guerra Mundial, toda esa masa, incluyendo un coro de niños que se sumó al adulto, lo hicieron bajo la dirección de Leonard Bernstein. Podríamos seguir detallando otras ocasiones emblemáticas, pero no abundaremos.

La Orquesta Filarmónica de Santiago dirigida por Pedro Pablo Prudencio en uno de los primeros movimientos de la sinfonía, atrás solistas y coro. foto Marcela González.

Beethoven se sirvió de muchas de sus obras para comunicar sus pensamientos éticos, morales y religiosos, entre ellos, su inmenso amor por la Libertad del Ser Humano, de ahí su conflicto con Napoleón, quien al auto proclamarse Emperador, abominó de sus principios libertarios que tanto significaban para Beethoven, por ello su decepción.

Podemos concluir que la Novena Sinfonía es una síntesis de los valores que inspiraron la vida de su autor, entre ellos su profundo deseo que la Humanidad transitara por caminos de Paz, Beethoven detestaba la guerra, pero le caben dudas que este deseo plasmado en música, pudiera cabalmente ser comprendido por los auditores, es así que encuentra la solución en la Oda a la Alegría el poema de Friedrich Schiller, de la que toma algunas de sus estrofas, permitiéndose agregar algunas palabras suyas, en el ingreso del barítono en la parte cantada; planteará entre otros pensamientos que “bajo el soplo de la Alegría, comprendamos que todos somos hermanos, además de hijos de un Padre bondadoso que vive más allá de las estrellas”, “abrazaos millones en un inmenso beso universal”, estos entre otros, eran los deseos de un hombre, que ya completamente sordo, anhelaba para todos los hombres.

El bajo-barítono Sergio Gallardo en el solo del cuarto movimiento. foto Marcela González.

Esta idea la desarrolla a lo largo de cuatro movimientos, en un continuo unitario, por más dispares que parezcan cada uno de ellos, donde desde el misterioso inicio, las ideas se desarrollan, con asombrosa genialidad.

Este concepto unitario fue captado perfectamente por Prudencio, quien está desarrollando una vertiginosa carrera como Director Residente de la Filarmónica de Santiago, dando muestras en lo sinfónico, ballet u ópera de su enorme talento, pero en esta ocasión el director introdujo un sello personal muy coherente con el espíritu de la obra, tomando algunos pulsos y tempos a velocidades inusuales enfatizando sus contrastes, con una gran insistencia en los dinámicos, planteando una gran dificultad para músicos y cantantes que respondieron formidablemente al desafío, otra demostración del estupendo estado en que se encuentra la Filarmónica de Santiago, sería largo detallar las excelencias instrumentales, mencionemos algunos detalles; la belleza del sonido de las cuerdas, sobresaliendo el “recitativo” de violonchelos y contrabajos, que anuncia lo que cantará el barítono, realzándolo con fraseos e intencionalidades y contrastes dinámicos, que no siempre se destacan; también lo certero de las maderas, la solidez de los bronces, en los que debemos destacar al corno solista, mientras que una vez más el solista en timbal mostró todo su impecable profesionalismo.

El mundo de contrastes del primer movimiento, ahora en pulsos y tempos más rápidos que lo usual pero enfatizando lo maestoso, crea un mundo lleno de contrastes con temas que de algún modo se enfrentan, fue resuelto certera y dialécticamente.

El cuarteto solista; Carolina García-Valentin soprano, María Luisa Merino mezzosoprano, Pedro Espinoza tenor y Sergio Gallardo bajo-barítono en el cuarto movimiento. foto Marcela González

El Scherzo que Beethoven puso como segundo movimiento, se entregó con energía brillante que se opuso a lo cantábile del trío, debemos alabar la musicalidad y precisión del solista en timbal, fundamental en esta parte.

Consideramos un gran acierto que el bellísimo y sensible tercer movimiento, mantuviera su poesía y expresividad, a pesar del alado tempo conque se enfrentó, que se contrastó eficazmente con las fanfarrias de las trompetas de la sección final. El cuarto que incluye la Oda a la Alegría fue un modelo del manejo de contrastes dinámicos y de tempo, logrando Prudencio acentuar el sentido del texto.

Solistas, Coro y Orquesta dirigidos por Pedro Pablo Prudencio en un fragmento del cuarto movimiento. foto Marcela González

Los cambios de pulso y tempo crearon una tensión expresiva en progresión, y su logro estuvo definido por la atención de músicos y cantantes, quienes tuvieron impecable rendimiento.

Otro momento del cuarto movimiento. foto Marcela González

La soprano Carolina García-Valentin cantó bella y expresivamente y al igual que el resto su fraseo permitió seguir perfectamente todas sus líneas melódicas, la mezzosoprano María Luisa Merino realzó con su hermosa voz, su parte que es fundamental en el equilibrio sonoro de los solistas, Pedro Espinoza el tenor cantó reciamente la marcha, una de las secciones heroicas de esta sección, y se fundió sólidamente con el resto de los solistas, no es extraño que Sergio Gallardo tuviera un gran resultado, su vasta experiencia le hizo triunfar no solo en el recitativo con el que se inicia la parte cantada, luego fue el sustento armónico cabal de los solistas.

Todos los intérpretes reciben la impresionante ovación final. foto Marcela González.

Pocas veces hemos escuchado una ovación tan sostenida en un concierto, todos debieron saludar numerosas veces, Pedro Pablo Prudencio recibió aplausos no solo del público (que al parecer le adora) también del resto de los músicos, lo mismo mismo ocurrió con la orquesta y por supuesto con el Coro del Municipal de Santiago que dirige Jorge Klastornick, al que se agregó el Crecer Cantando de Andrés Bahamondes, que cumplieron una espléndida actuación con voces sólidas y timbradas, estupenda dicción, afinación y expresividad.

Un gran concierto que da inicio a un año de celebraciones dedicadas a Ludwig van Beethoven.

Gilberto Ponce. (CCA)

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2 Respuestas a NOVENA SINFONÍA DE BEETHOVEN.

  1. Monica Labarca dijo:

    Que trabajo más maravilloso del Director Sr. Pedro Pablo
    Prudencio, que con su talento, conocimientos y pasión por
    la música nos da aliento para seguir adelante en momentos
    tan difíciles para Chile. Mis felicitaciones!

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