INAUGURACIÓN SINFÓNICA.

LA SINFÓNICA DA INICIO A SU TEMPORADA 2015.

Bajo la dirección se su director titular, Leonid Grin, la Orquesta Sinfónica de Chile, inauguró su Temporada 2015, en el Teatro del Centro de Extensión Artística y Cultural de la Universidad de Chile (Ex Baquedano).

Leonid Grin director titular de la Orquesta Sinfónica de Chile. foto ceac

Leonid Grin director titular de la Orquesta Sinfónica de Chile. foto ceac

Este debut, dejó sensaciones encontradas, dando la sensación que tal vez los ensayos, no habían sido suficientes para todas las obras, observándose en la orquesta, un sonido bastante irregular, con momentos magníficos y otros muy precarios, en particular, una afinación no siempre justa, transitando el sonido desde lo hermoso a lo sucio; incluso nos pareció, que en parte del programa, hubo un cierto desgano.

Aaron Copland. foto arthaus-musik

Aaron Copland. foto arthaus-musik

Este se inició, con una obra bastante popular de Aaron Copland, su famosa Fanfarria para un Hombre Común, escrita solo para bronces y percusión, la versión adoleció de unidad y equilibrio sonoro, y en cuanto a sonido, a fragmentos muy bellos, se sumaron otros muy defectuosos, los ataques no fueron siempre certeros, y los cortes de frases ambiguos, mientras que la percusión abusó del fortissimo; esto nos lleva a inferir, que sus ensayos no fueron insuficientes.

En una misma semana, las dos principales orquestas abordaron, la obra que siguió en el programa, y que sin duda, fue la que llevó, la mayor cantidad de público, pues parte de el, se retiró después de finalizada; nos referimos al Concierto Nº 1 en Si bemol menor, Op. 23, de Piotr Ilich Tchailkovsky, que fue interpretado al última hora, por Alexandr Markovich, reemplazando al solista original, que se enfermó.

Alexandr Markovich. foto visionescriticas

Alexandr Markovich. foto visionescriticas

Por ello creemos, que Markovich, que deslumbró el año pasado en su debut, con la Sinfónica, interpretando uno de los conciertos para piano de Prokofiev, no tuvo ahora la misma fortuna, tal vez por el escaso tiempo, para volver a internalizarlo, pues, aunque no cabe duda, que sí lo conoce muy bien, abusó del pedal en las partes de bravura, para disimular algunos yerros, como asimismo, sus tempos, fueron bastante cómodos.

El peso de ambas manos, no tuvo el suficiente balance, su poderosa izquierda, con auxilio del pedal, anuló en varias ocasiones, las melodías en las partes altas de la tesitura, que corresponden a la mano derecha, del mismo modo, varios de los hermosos y sutiles fragmentos en el extremo superior del piano, no tuvieron mayor perfil.

En el primer movimiento, se notó una gran desconexión de carácter y fraseos, entre solista y la dirección orquestal, respondiendo esta en general en forma dura.

En el segundo, las cosas mejoraron, en la primera sección (andantino), destacando la participación de la flauta solista, pero en las maderas, surgieron algunas desafinaciones, luego el solo del oboe, fue hermoso y musical, tanto como el del chelo solista; en la parte central rápida, se produjeron algunas confusiones en el solista y atrasos de pulso en la orquesta.

Piotr Ilich Tchaikovsky. foto research

Piotr Ilich Tchaikovsky. foto research

Muy hermoso sonido mostraron la cuerdas, en el cantábile del tercero, pero en general, tanto en el solista, como en la orquesta, fue evidente un cierto nerviosismo, que influyó en desajustes de pulso y sonidos duros, acentuándose las características antes descritas; no obstante, el brillante final de la obra, entusiasmó grandemente al público, llevado a Markovich a ofrecer dos encore, de carácter más popular, interpretados con sensibilidad y gracia.

No habría gustado escuchar a Markovich, en mejores condiciones, sin la prisa de esta ocasión, para aquilatar mejor, su gran musicalidad.

Finalizaron con una obra que en Chile, se interpreta bastante poco, no referimos a la Sinfonía Manfredo en Si menor del mismo Tchaikovsky, obra en la que sus resultados fueron mucho mejores.

Pintura de John Martin, que describe uno de los puntos del viaje de Manfredo. foto wikipedia

Pintura de John Martin, que describe uno de los puntos del viaje de Manfredo. foto wikipedia

Fue evidente una mayor cohesión en la orquesta, por ello, el sonido mejoró evidentemente; no obstante, creemos que Leonid Grin, se limitó a concertar bastante bien la obra, pero no se adentró mayormente, en lo programático, puesto que ella se basa en el poema homónimo de Lord Byron, que obliga a una versión que indague por el mágico viaje de su protagonista, que en busca de su redención, al parecer la logrará solo con la muerte; este viaje repleto de imágenes, habría requerido de un mayor significado; pero al menos la concertación de la obra, fue satisfactoria.

Lord Byron. foto theguardian

Lord Byron. foto theguardian

Punto aparte, fue la Sinfónica, que en medio de las grandes dificultades, de toda índole que la obra posee, puso todo de sí para que surgiera, lo emocional descriptivo que la envuelve.

Sus constantes cambios de ritmo y pulso, de carácter y dinámica, la transforman en un verdadero desafío para cualquier conjunto, y creemos, que los músicos sinfónicos, vencieron el desafío.

En todo caso, se agradece su inclusión en la Temporada (tal vez a propuesta de Leonid Grin), pues la vitaliza.

Gilberto Ponce. (CCA)

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