VENGEROV DIRIGE A LA FILARMÓNICA DE SANTIAGO.

VENGEROV EN VERSIONES CONTRASTANTES CON LA FILARMÓNICA.

Grandes expectativas generó el debut, ahora como director, de Maxim Vengerov el eximio violinista ruso, que nos maravillara pocos días antes con su recital acompañado con piano en el mismo Municipal de Santiago.

Se sabía que su carrera como director le ha reportado grandes éxitos, por ello el interés en verlo en esta otra dimensión, con un programa de gran interés; el contraste entre obras de Mozart y Shostakovich, frente a la Filarmónica de Santiago que viene dando cuenta de gran sentido profesional y calidad de sonido.

Maxim Vengerov dirigiendo en Australia. foto

El resultado fue dispar, planteando grandes dudas en la primera de las obras, y por otro lado cosechando gran suceso en la segunda, los motivos son solo especulación, estos van desde poca afinidad del director con uno de los compositores, o que haya tenido pocos ensayos con una de ellas considerada de repertorio, por ello la preparación de la otra, habría sido mucho más exhaustiva.

La bellísima Sinfonía Nº 41 en Do mayor, K. 551 llamada Júpiter de Wolfgang Amadeus Mozart abrió el programa, en ella lo más destacable fue el hermoso sonido de la Filarmónica, pues la dirección de Vengerov fue en general muy plana, sin contrastes, poco fina e incluso hasta rutinaria, con un enfoque más romántico que clásico.

Wolfgang Amadeus Mozart, foto elpais

Llamó la atención la introducción del primer movimiento con un cambio de pulso en la sección de cuerdas solas, pero en el desarrollo no aparecieron detalles instrumentales tan propios de Mozart producto del grosor sonoro.

Falto de gracia y solo correcto en su formalidad fue el Andante cantábile que sigue, sin que mediara alguna tensión expresiva. El Allegretto siguiente fue tal vez en exceso contenido, con resultado blando sin observar progresiones expresivas o dinámicas, con finales de frases sin sustancia, en contrario debemos reconocer la belleza sonora de la orquesta que siguió rigurosamente las indicaciones de Vengerov.

El Molto allegro que finaliza la sinfonía fue enérgico y vital, mostrando hermoso sonido de las cuerdas en el pianissimo marcado por la partitura, pero en su desarrollo la vitalidad de tempo jugó en contra de la claridad en las figuras rápidas que resultaron en general confusas; sin duda esta versión quedó en deuda con una de las obras más importantes en la producción de Mozart.

En la segunda parte todo se revirtió con la interpretación de la Sinfonía Nº 10 en Mi menor, Op. 93 de Dmitri Shostakovich, maciza composición no solo en lo musical, pues abarca gran cantidad de elementos programáticos referidos al momento histórico en que fue compuesta.

Dmitri Shostakovich. foto visionescriticas

Ya desde la expresiva introducción se percibió el drástico cambio, con un Vengerov completamente empoderado de la obra, por ello certero en detalles y sugerencias que fueron tanto expresivas como musicales, al oscuro inicio le sucedió una poderosa progresión que condujo hasta la segunda sección de carácter más luminosa aunque irónica. La orquesta de respuesta brillante desarrolló todas las tensiones expresivas pedidas por Vengerov.

Maxim Vengerov en pleno concierto. foto Marcela González

El Allegro siguiente casi sarcástico en carácter, fue genial desde el inicio y en el desarrollo mostró absoluta claridad en las figuras y con una precisión rítmica general formidable.

Una vez más, en el Allegretto reaparece el carácter irónico, y a la vez desarrollando poderosos contrastes así como expresivos diálogos entre instrumentos y familias, el manejo de las tensiones y del arco expresivo general lo consideramos de excelencia.

La Orquesta Filarmónica de Santiago en pkeno, en otra presentación. foto Patricio Melo

Expresiva y oscura fue la introducción del cuarto movimiento Andante- Allegro que recibió una interpretación emocional, para luego concluir con la transparencia lograda en las partes más rápidas del Allegro insertas en progresiones dinámico expresivas que conducen al electrizante final que levantó en una enorme ovación al público, que reconoció la estupenda versión de Maxim Vengerov, frente a una inspirada Filarmónica, que tampoco dudó en reconocer su desempeño, incluso con “pataditas” que acrecentaron los larguísimos aplausos de un enfervorizado público.

Gilberto Ponce. (CCA)

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