RAVEL Y RACHMANINOV EN EL MUNICIPAL.

ALFREDO PERL Y LA FILARMÓNICA INAUGURAN TEMPORADA 2018.

Bajo la conducción de Konstantin Chudovsky la Orquesta Filarmónica de Santiago dio inicio a la Temporada oficial 2018 en el Municipal de Santiago, en un programa cuyo principal atractivo radicó en el contraste de estilos entre Ravel y Rachmaninov, presentado como “dos caras del modernismo” ya que las obras escuchadas se estrenaron en los comienzos del siglo XX.

Konstantin Chudovsky y la Filarmónica de Santiago. foto Marcela González

Si duda, el otro eje fuerte de atracción estaba en la presentación del Alfredo Perl el reconocido pianista chileno, quien ya se encuentra incursionando con señalado éxito en la dirección orquestal, en esta ocasión interpretando una de las obras más populares de la literatura del teclado, el segundo concierto para piano de Sergei Rachmaninov.

Ante una sala colmada de un público expectante el concierto se inició con una serena, musical y apacible versión de la Pavana para una Infanta difunta, todo conseguido a través de sutiles progresiones y contrastes sustentadas en un sólido emplaste de colores y atmósferas, su musical desarrollo hizo olvidar la entrada del corno en el primer compás de la obra.

Luego Alfredo Perl abordó el Concierto Nº 2, Op. 18 de Sergei Rachmaninov uno de los conciertos más populares de todos los tiempos, obra que en su romanticismo tardío lleva a muchos intérpretes a enfoques que resultan muchas veces insoportablemente sensibleros, es por ello que los grandes intérpretes rescatan de el la esencia expresiva en su musical desarrollo.

Alfredo Perl y la Filarmónica de Santiago dirigida por Konstatin Chudovsky. foto Marcela González

Si bien estaban dadas las condiciones para una estupenda versión, con Perl en plena madurez y la Filarmónica con Chudovsky mostrando bellísimo sonido, el resultado no satisfizo las expectativas, y creemos que a pesar de la calidad de los intérpretes, estos no encontraron la suficiente coherencia interpretativa, ya que sus enfoques nos parecieron de una contención formal en el caso de Perl que no explotó suficientemente la expresividad propia de la obra, algo que no tiene que ver con conceptos dinámicos los que aplicó rigurosamente; por otro lado Chudovsky y la Filarmónica acentuando el romanticismo expresivo que no siempre se encontró con el concepto del solista, pero además en varios enlaces de secciones se produjeron leves desajustes.

Pero no se crea que lo anterior abundó, pues en largos momentos no solo existió un balance sonoro perfecto lográndose excelencias expresivas en muchos de los diálogos entre solista y la orquesta que replicó musicalmente los frecuentes rubato que exige la partitura, asimismo los solos instrumentales, incluido el corno fueron de excelencia.

El segundo movimiento en su austero y poético carácter, permitió desarrollar mejor la expresividad de Perl que junto a los diversos solos instrumentales consiguieron una exquisita musicalidad.

Alfredo Perl, Konstantin Chudovsky y la Filarmónica de Santiago. foto Marcela González

El tercero se abrió bellamente dando paso posteriormente al tema de las violas de espléndido sonido, que se contrastó con el virtuosismo del mejor nivel de Perl, pero al que su fogosidad le jugó en contra produciéndose algunos ripios en digitación, no obstante nuevamente hubo secciones extraordinariamente logradas, como las progresiones dinámico expresivas, donde una de las cuales que conduce al final provocó una enorme ovación de los presentes, a raíz de ello Alfredo Perl ofreció como encore una exquisita versión de una las Sonatas de Scarlatti en un derroche de musicalidad, que tanto público como orquesta aplaudieron agradecidamente.

Konstantin Chudovsky y la Flarmónica de Santiago. foto Marcela González

En la segunda parte la Filarmónica mostró toda su potencialidad musical, exhibiendo el bellísimo sonido que ya acostumbra en las Suites 1 y 2 de Daphnis et Chloé de Maurice Ravel, en cada una de las seis parte que las componen, Chudovsky consiguió magia interpretativa en la creación de atmósferas, algunas de ellas de una sutileza ejemplar, asimismo ahondó en las sugerencias melifluas que caracterizan la obra, que contrastó con las poderosas secciones forte en un juego que maravilló en su perfección.

Cada una de las familias descolló en musicalidad y expresividad utilizando invariablemente hermoso sonido; sería injusto no mencionar el manejo de los rubato tan importantes en este tipo de repertorio, así como las progresiones dinámico expresivas.

La Danza general que finaliza la obra simplemente electrizó a un público que ovacionó largamente la brillante versión.

Gilberto Ponce. (CCA)

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